deporte galego

La mantita de Franco

Antes de que chinos, estadounidenses y árabes abrieran mercados igual de golosos que irrechazables para los codiciosos clubes europeos, las pretemporadas tenían lugar sin lujosos vuelos privados ni actos promocionales de dimensiones colosales. Se jugaban unos cuantos partidos amistosos en varios centenares de kilómetros a la redonda y de vez en cuando se traspasaban fronteras para disputar un encuentro internacional. Célebres eran los duelos entre conjuntos latinoamericanos frente a europeos, choques que llamaban la atención por su exotismo y que a menudo servían para que algún jugador iberoamericano firmase un suculento contrato y se quedase a jugar en Europa.

El súmmum del futbol veraniego tenía lugar en España. Concretamente en dos ciudades que distan 1.000 kilómetros de distancia pero que se asemejan tanto en su fisionomía ligada al mar y al viento, sus profundas raíces liberales y hasta en su defensa contra el invasor inglés. Donde Coruña y Cádiz no se asemejan es en el clima, lluvioso en la villa gallega y soleado en la urbe andaluza. El caso es que en el mes de agosto ambas ciudades hospedaban durante un par de días a alguno de los mejores clubes del mundo bajo el auspicio del Trofeo Teresa Herrera en el caso de los primeros y del Trofeo Ramón de Carranza en el caso de los segundos.

La sana rivalidad entre ambos siempre existió. El Teresa Herrera se vanagloriaba de ser el decano. El trofeo Teresa Herrera fue creado en 1946 bajo el amparo del ayuntamiento de la ciudad para recaudar dinero en beneficencia para los hospitales herculinos. Su nombre proviene de una coruñesa del siglo XVIII que al fallecer donó todos sus bienes y patrimonio para construir el primer hospital moderno de Coruña. No será hasta la mitad de la década de 1980 cuando con el asentamiento y profundización del Sistema Nacional de Salud el trofeo deje de cumplir con esta labor.

Si el Teresa Herrera era la tradición, el Ramón de Carranza era la innovación. Su creación es menos loable. Simplemente fue fundado para obtener ingresos extras ante la construcción de un nuevo estadio en la ciudad gaditana. El Carranza (alcalde de Cádiz en época franquista y curiosamente nacido cerca de Coruña) fue creado en 1955 y pronto destacó por sus innovaciones. Si el Teresa Herrera era un duelo entre dos, el Carranza era cuadrangular. Si el Teresa Herrera se jugaba por la tarde, el Carranza se alargaba hasta la noche gracias a la luz artificial. Y si en el Teresa Herrera había prórroga, en el Carranza se lanzaban penaltis. Fueron los lanzamientos desde los once metros lo que hicieron del Carranza un icono universal. En 1962 el periodista Rafael Ballester introdujo una rompedora propuesta que en menos de una década ya formaba parte del librillo de normas de la FIFA.

En ese momento el Carranza estaba por encima del Teresa Herrera. Luego ya no. En Coruña el cartel solía ser más prestigioso. Por allí pasarían hasta quince diferentes ganadores del Balón de Oro, desde Eusebio o Luis Suárez hasta Cristiano Ronaldo o Kaká pasando por Beckenbauer, Cruyff y otras estrellas que no lo fueron caso de Kubala, Bergkamp o Roberto Rivelino. También, obvio, los Amancio, Bebeto o Mauro Silva con la camiseta del RC Deportivo. Ocurre que lo más excepcional fue el Teresa Herrera de 1959 que enfrentó al Botafogo contra el Santos. Hasta siete campeones del mundo sobre el campo (seis de ellos titulares en el Brasil campeón de 1958) liderados por Garrincha en caso del Botafogo y de Pelé en las filas del Santos. O Rei metió un gol y agasajó con varias asistencias en la victoria de los paulistas por 4-1. El encuentro fue un acontecimiento con eco por media Europa y se dice que hasta 46.000 coruñeses se apiñaron en un estadio donde apenas cabían 35.000 almas.

Pelé y compañía en Coruña

Y aun así, con todo, el Carranza insuflaba una modernidad de la que carecía el Teresa Herrera. Así que el Comité Organizador herculino le da una vuelta de tuerca al torneo. El formato se convierte en cuadrangular de forma definitiva permitiendo tres partidos a lo largo de un fin de semana. Dichos encuentros pasan a jugarse al anochecer y se traslada a inicios de agosto, coincidiendo con las fiestas de María Pita, los actos futboleros. Esta decisión es trascendental dado que hasta entonces el Teresa Herrera solía celebrarse el 29 de junio, día de San Pedro. Al llevarlo a la primera semana de agosto se asegura que los grandes equipos que están en pretemporada puedan acudir, se le da un apoyo extra a una climatología siempre dificultosa en la ventosa y lluviosa Coruña y se asegura la presencia de veraneantes. La gran mayoría de ellos son madrileños, hecho que hará que en los 70 y los 80 a Riazor se le conozca como el Pequeño Bernabéu. Por último, y no por ello menos importante, se establece como trofeo oficial una espectacular Torre de Hércules hecha completamente de plata que sustituye a la copa que se daba cuando el torneo se puso en marcha en 1946.

Para 1973 toma las riendas de la organización del torneo un nuevo equipo liderado por el concejal Manuel Gila y por Felipe Poncet, responsable de las instalaciones deportivas de la ciudad. La primera decisión que toman es vender abonos para el torneo buscando una recompensa económica y dejando a un lado el carácter benéfico del torneo. El caso es que para ese primer año de la nueva era se contrata al Atlético de Madrid y al Ajax de Johan Cruyff, que en la anterior primavera se había proclamado campeón europeo por tercer año consecutivo. En palabras de Gila hubo entonces que buscar a dos equipos “barateiros”, dado que los holandeses se habían llevado por delante más de la mitad del presupuesto. Se optó por dos equipos del Telón de Acero; el Spartak Trnava, campeón checoslovaco, y el Ujpest Dozsa, campeón húngaro. El Atlético se enfrentaría al Ujpest y el Ajax al Spartak Trnava, a la espera de una esperada final entre españoles y tulipanes.

El caso es que a diez minutos del inicio del torneo Manuel Gila recibe una llamada procedente de la Federación Española de Fútbol. Se le comunica que no pueden participar dos clubes comunistas en el torneo, por lo que el Teresa Herrera queda cancelado. Gila colgó el teléfono y sopesó las posibilidades. Tanto Athletic como Barça tenían esas fechas ocupadas. El Real Madrid saldría demasiado caro y el RC Celta no sería aceptado por el público herculino. La opción lógica sería el RC Deportivo, pero los blanquiazules acababan de descender a Tercera División. Sería infumable. Fue entonces cuando Gila se acordó de que un concejal del ayuntamiento, de apellido Guimaraens, jugaba al golf con el Generalísimo.

El Generalísimo Franco. El hombre del que ahora se cumple medio siglo de su fallecimiento.

Francisco Franco veraneaba en Meirás, a escasos kilómetros de A Coruña. Así que Guimaraens departió con el dictador entre hoyo y hoyo hasta que el Generalísimo dio su brazo a torcer. No sólo eso, consiguió el compromiso de Franco a acudir a presenciar la final del Teresa Herrera de 1973. Cabe señalar que a Francisco Franco nunca le gustó el fútbol, a pesar de que la leyenda siempre lo ha vinculado a los éxitos en blanco y negro del Madrid. Y cumple indicar, para los neonatos en historia contemporánea, que Francisco Franco era entonces un anciano de 81 años aquejado de párkinson, con fallos renales crónicos y que apenas un par de meses antes había dado plenos poderes al Almirante Carrero Blanco para continuar con una obra que él ya no era capaz de supervisar ni física ni psicológicamente. Así pues, parece fácil comprender que no le costase demasiado a Guimaraens el convencer a Franco.

Carmen Polo y Franco en Meirás

Total, que nos vamos al 3 de agosto y el Atlético de Madrid hace buenos los pronósticos y derrota al Ujpest por 4-2. Luego tendrá lugar la que es considerada la mejor semifinal en la historia del Teresa Herrera. En el minuto 60 el Ajax vence con suficiencia por 3-0 al Spartak Trnava con dos tantos de Johan Cruyff. En ese momento los tulipanes desconectaron totalmente del partido. A base de fuerza física e incursiones de sus extremos, los checoslovacos anotaron un repóker de goles en media hora para llevarse el triunfo en un sorprendente 3-5. El triunfo fue celebrado en las calles de la pequeña ciudad eslovaca de Trnava como si de un título se tratase. Cruyff, sustituido antes del final, ya estaba cuando se consumó la derrota duchado y camino del Hotel Atlántico. Estaba a otras cosas. Aquel fin de semana coruñés el reservado del Hotel Atlántico fue el testigo silencioso del acuerdo entre el señor Carabén y el señor Van Praag para cerrar el traspaso de El Flaco al FC Barcelona.

Pero esa es otra historia.

Para el 5 de agosto el Atlético de Madrid recibe al Spartak Trnava en la final del XXVIII Teresa Herrera. Francisco Franco y su mujer Carmen Polo presiden el palco de autoridades. Es una tarde de verano fresca en Coruña en la que vagamente se alcanzan los veinte grados. Carmen Polo acude de blanco y Francisco Franco con traje y corbata. El público va de manga corta en su mayoría, aunque todos llevan chaqueta a sabiendas que hará falta con el trascurrir del tiempo. El primer contratiempo tiene lugar antes de que se inicie el encuentro. Nadie contaba con que el Trnava jugase la final, así que no hay partitura del himno checoslovaco. Al director de la orquesta municipal coruñesa se le ocurre pedirle a parte de los jugadores del Spartka que tarareen el himno a capela. El avispado director de orquesta, de nombre Rogelio Groba, toma unos apuntes a mano de las notas y gracias a ello el himno checoslovaco puede sonar tras el español en honor al Atlético de Madrid.

Teresa Herrera 1973

Comenzó luego el partido. La primera parte finalizó sin goles, pero justo tras el descanso Javier Irureta, décadas más tarde entrenador victorioso con el RC Deportivo, adelantaba a los colchoneros. Poco después el Spartak empata el choque que finalizaría así tras 90 minutos. Habría entonces prórroga, dado que los penaltis seguían sin implantarse en el Teresa Herrera. Tras otra media hora de disputa, y 120 minutos en total, tocaba nueva prórroga. El reglamento de la competición establecía que tras la tercera prórroga el equipo que anotase un tanto se proclamaría campeón…una vez se disputasen todas las prórrogas que hiciesen falta.

Por entonces en Riazor hacía frío. Bastante frío. La niebla veraniega hacía su efecto. Es habitual que tras un día soleado la brisa marina haga su entrada por la bahía coruñesa a golpe de nubes bajas y un pequeño orballo. La de aquel día era espesa. Y Franco tenía frío.

El Generalísimo quería coger el coche y marcharse a su casa de Meirás.

Carmen Polo solicitó una mantIta para tapar las piernas de su marido.

No había manta.

Todos los presentes en el palco de autoridades preguntaban por una mantita. No la había. Una de las pocas mujeres presentes en el palco se mostró solicita para prestarle su chal al Generalísimo. Casi la matan con la mirada. Era Carmen Polo la que había pedido la mantita. Franco no podía mostrar ese momento de debilidad.

Como para aceptar un chal procedente de una mujer….

José Pérez Ardá, alcalde de A Coruña, propuso a un policía salir del estadio, cruzar la calle y llamar puerta por puerta hasta que alguien les dejase una manta en condiciones para cubrir las piernas del Caudillo. Pero no iba a dar tiempo. Carmen Polo, temida por todas las joyerías de España por asaltar sus mostradores a coste gratuito, arqueó las cejas y levantó la mano para comentarle algo al secretario personal del Generalísimo. Éste asintió con la cabeza y se acercó a hablar con Manuel Gila.

Había que acabar inmediatamente con el partido. Que se tiren unos penaltis y que Franco pueda marcharse cuanto antes.

Cuando Manuel Gila se levantaba de su asiento para acatar las órdenes, José Eulogio Gárate se adentró en el área checoslovaca y anotaba el tanto de la victoria atlética pasado el minuto 135 de encuentro.

Luis Aragonés, capitán colchonero, recibió con ayuda la gigantesca Torre de Hércules de 40 kilos de oro y plata de manos de un Francisco Franco que necesitó manos y manos de ayuda (normal, por otra parte) para dársela.

Y ya pudo entonces meterse en el coche oficial y volver a su palacio veraniego de Meirás.

Donde suponemos que dormiría arropado por un cálida y preciosa mantita.

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Manuel de Castro ‘Handicap’

1909. Un escritor, profesor y guionista de origen zamorano, Miguel de Zárraga, decide fundar en Vigo la primera publicación gallega de carácter deportivo. Llevará por nombre ‘Letras y deportes’ y no alcanzará ni el año de vida. Su repercusión histórica es, sin embargo, extraordinaria. Serán veinte números semanales desde que el primero eche a rodar un 18 de enero de 1909. Allí escribirán Camilo Bernárdez ‘Thedy’ y Manuel de Castro ‘Handicap’, dos de los primeros periodistas que se dedicaron en exclusiva a la información deportiva. Como anuncia su cabecera hay literatura, también se escribe sobre aviación o tiro de pichón, pero, fundamentalmente, hay fútbol. Desde entonces ‘Handicap’ pondrá en marcha mil y un proyectos y será el jefe de deportes de ‘Faro de Vigo’ desde la creación de la sección en 1912 hasta su fallecimiento.

1885. Manuel de Castro González nace en Vigo. Será en el eje Atlántico formado por Coruña, Vilagarcía (donde se documenta el primer partido de fútbol de España en litigio histórico aun no resuelto con Huelva) y Vigo donde surjan las primeras competiciones deportivas en Galicia. Es la esquina noroeste periférica, mas no aislada, dado que las innovaciones vienen entonces de Gran Bretaña y son los puertos de mar los primeros lugares a donde llegan esas novedades. La pujanza de Vigo es extraordinaria. Pasa de 15.000 habitantes en la última década del siglo XIX a 83.000 al inicio de la Guerra Civil. Quintuplica su población, desarrollo que solo Barcelona puede igualar en esa época. Ese tejido social explica la aceptación y el éxito del fenómeno deportivo en la comarca viguesa y revela porque al adolescente Manuel acabará picándole el gusanillo del ‘sport’. Los beneficios sociales e higiénicos del deporte serán acogidos con efusividad por una población joven y urbana. A la altura de 1936 Vigo será la ciudad de España con más gimnasios por habitante.

1924. De la mano de su hermano, el ex-futbolista y atleta Fernando de Castro, Manuel funda la sección del Celta Atletismo. ‘Handicap’ había quedado prendado del espectáculo atlético de los Juegos Olímpicos de Paris a donde acudió como corresponsal tras 52 horas de viaje en tren. Ya había sido corresponsal en Amberes 1920 y lo será en Ámsterdam 1928. Escribió alabanzas sobre los estadios europeos, el juego de la selección de fútbol uruguaya y la capacidad de sacrificio de los atletas escandinavos y estadounidenses. Hubieron de pasar cuatro décadas hasta que en 1972 un periodista deportivo gallego fuese enviado nuevamente como corresponsal a unos Juegos Olímpicos.

1916. Nace ‘Vida Deportiva’, la primera publicación ‘sport’ con estética moderna. ‘Handicap’ está en la treintena, es administrador, redactor jefe y también es el cronista estrella en ‘Faro de Vigo’. ‘Handicap’ es la cabeza pensante de una publicación que apuesta decididamente por la fotografía y con un claro afán de expansión. ‘Vida Deportiva’ se vende en la calle Príncipe de Vigo, pero también en la Real coruñesa, en Santiago, Irún, Bilbao, Barcelona y Madrid y cuenta con una sección dedicada al deporte portugués. Es en ‘Vida Deportiva’ donde ‘Handicap’ reclama la creación de un Colegio de Árbitros. Sus deseos se harán efectivos en diciembre de ese mismo año. Por el colegio vigués se nombrarán a sus dos primeros miembros; Raúl López y Manuel de Castro. Porque ‘Handicap’, además de futbolista, directivo, periodista o seleccionador, también fue árbitro.

1922. Seleccionador, sí. Porque ‘Handicap’ fue seleccionador. La selección gallega de fútbol juega su primer partido. Será frente a Castilla (por entonces incluye a Madrid) y gana por 4-1. El partido se disputa en Vigo y se pretende que la selección esté formada por once futbolistas del Vigo FC dado que el presidente del club y de la federación gallega son la misma persona. ‘Handicap’, a la suerte seleccionador, se niega y exige que la totalidad de Galicia esté representada en tan magno acontecimiento.

1920. Es en Amberes. Juegos Olímpicos. Allí debuta la selección española de fútbol. Lo hará con notable éxito. Alcanzará una medalla de plata. No volverá a pisar el pódium hasta Barcelona 92. Aquel equipo estaba formado por 21 integrantes; 13 vascos, 4 catalanes y 4 gallegos, fiel reflejo de la pujanza del fútbol periférico en la España de entonces. En aquel tiempo había entrenador y seleccionador. El primero era una suerte de preparador físico. El segundo era quien decidía la alineación. Aquellos 21 muchachos fueron seleccionados tras una serie de pruebas y partidos amistosos celebrados en el campo de Coya de Vigo. Los responsables de la selección fueron Luis Colina, secretario de la Federación Española de Fútbol, Alberto Martín, periodista del madrileño ‘Eco de los sports’, y…Manuel de Castro ‘Handicap’.

Después, el 9 de octubre de 1921, España disputó su primer partido en territorio nacional en el Estadio de San Mamés ante un lleno de 10.000 espectadores. Fue frente a la entonces campeona olímpica Bélgica. La selección española venció por 2-0 con sendos goles del delantero del Barça Paulino Alcántara. España vistió de blanco para permitir que Bélgica jugase con su tradicional camiseta roja. El seleccionador fue Manuel de Castro. ‘Handicap’ fue seleccionador nacional en diferentes etapas entre 1920 y 1927. Fueron diez partidos saldados con nueve victorias y una derrota. Ni Aragonés ni Del Bosque ni ningún otro técnico tienen un porcentaje de triunfos tan elevado como el vigués. Lástima que su única derrota fuese contra Italia en 1924 impidiendo la presencia de España en los Juegos Olímpicos de Paris de ese verano.

Manuel Castro González | Real Academia de la Historia
Handicap

1939. Acaba la Guerra Civil. Había cerrado ‘Sprint’, la última gran idea de ‘Handicap’. Una publicación deportiva bajo el auspicio de ‘Faro de Vigo’ y que competía con ‘Sport’ de ‘El Pueblo Gallego’. En ‘Sprint’, con abundantes fotografías, especiales con portadas a color y llena de publicidad, ‘Handicap’ cultiva una sana rivalidad con A Coruña, consciente de que es en el enfrentamiento regional donde está el futuro. Desde sus columnas impulsaría la rivalidad entre Dépor y Celta, aunque siempre evitando «choques desagradables entre la afición de dos pueblos que no debieran ir más allá de los límites de una rivalidad deportiva”. Sin embargo, utilizaba el sarcasmo con frecuencia y suya es la frase de “cuando se quiere a un hijo, aunque se porte mal, hay que hablar bien de él”. Acabada la guerra, y con un ‘Faro de Vigo’ que a duras penas sobrevive con cuatro páginas diarias, todos estos sueños parecen saltar por los aires.

1903. Manuel de Castro figura entre los primeros futbolistas vigueses. Son los trabajadores del Cable Inglés los que se animan a jugar partidos de exhibición donde el Velódromo, en el muelle del malecón vigués. Manuel y sus hermanos son algunos de los nativos interesados en ese nuevo pasatiempo venido de Gran Bretaña. ‘Handicap’ cuando escribe, Manuel cuando juega, contará como había que llevar y retirar los palos que hacían de porterías en cada partido. Fue ‘Handicap’ desde joven también directivo y tesorero y así, cuando en 1903 se funde el Vigo FC (después Real Vigo Sporting) y pase a jugar sus partidos en el campo de Coya, ‘Handicap’ hará de jugador y directivo a partes iguales. Un par de años después, en 1905, en la cercana Bouzas, entonces a las afueras de la ciudad, se funda el Real Fortuna de Vigo.

1944. Ante la apertura de la I Exposición Industrial de Galicia en los jardines vigueses de Eijo Garay, ‘Handicap’ acude el día anterior de la inauguración para seguir de cerca las pruebas de iluminación de la misma. Cuando salía de uno de los pabellones, su pie quedó atrapado en las vías del conocido como tren del puerto, atropellándolo una locomotora que maniobraba en ese momento. Manuel de Castro fallece en el acto. Dos días después Vigo rendía pleitesía a uno de sus más valiosos hombres, a la persona que impulsó la creación del Real Club Celta de Vigo. La muerte le sobrevino inesperadamente a los 60 años.

1919. Ese año desaparece el Real Club Coruña incapaz de adaptarse a un profesionalismo incipiente. En la ciudad herculina la hegemonía va a ser para el RC Deportivo que tendrá capacidad para gobernar Galicia. A ‘Handicap’ ya le rondaba la idea por la cabeza por entonces, pero tras ese suceso lo tendrá meridianamente claro. No hay sitio en Vigo para dos equipos y es necesaria una fusión. A través de ‘Faro de Vigo’ comenzará una campaña con el título ‘Todo por Vigo y para Vigo’ que cristalizará cuatro años más tarde.

1956. Cristina tendrá unas palabras cariñosas hacia su padre. Recuerda que era un hombre callado al que le gustaba hablar a través de su pluma. Fumador empedernido, le encantaba quedarse escribiendo hasta tarde en un sillón instalado en el comedor de la casa familiar. Lagartija, que era el nombre cariñoso con el que fue bautizada por su padre, había hecho ese domingo el mismo ritual que realizaba cuando era pequeña y acompañaba a su padre a Balaídos. Visita a Pi y Margall, donde la familia tenía una pequeña huerta, paseo por calle Príncipe, con parada incluida en el fotomatón y comida en el Gran Hotel. Pero aquel día su padre no estaba. Hacía diez años que no estaba. Aquel día Cristina, acompañada por su hermano Manuel, había acudido a las afueras de Balaídos para inaugurar un busto con el nombre de su padre. Después vendrá el bautizo de la calle que lleva al coliseo celeste. Lástima que estas cosas siempre lleguen tarde.

1928. Balaídos. En marzo de 1923 ya había escrito ‘Handicap’: “La fusión de Vigo y Fortuna habrá de traernos un gran campo de fútbol capaz de llenar nuestras necesidades y con ello la visita de mayor número de equipos nacionales mejorando la forma de nuestro equipo. Con ese gran campo, apoyado por todo lo que vale y significa algo en el deporte local, ya podríamos traer como Barcelona, Bilbao y Madrid cuantos equipos extranjeros viniesen a nuestro país”. Con 22.000 asientos, en 1928 el sueño de ‘Handicap’ se hacía realidad. Se sentará en el palco el día de la inauguración de Balaídos en un sonoro triunfo del Real Club Celta ante el Real Unión de Irún por 7-0.

2011. El ferrolano Álex López recibe el primer premio a mejor jugador del RC Celta de la temporada. El galardón es escogido con los votos de los socios y aficionados celestes. El moañés Iago Aspas suma ocho entorchados hasta la fecha. Es llamativo que el trofeo no lleve el nombre de Pahíño, Manolo, Gudelj o Mostovoi. El trofeo al mejor jugador del RC Celta lleva el nombre de Manuel de Castro ‘Handicap’.

1923. A mediados de mayo, en la casa de un tal Bustelo, compartieron mesa y mantel Ventura Lago, a la sazón presidente del Real Vigo Sporting (antes Vigo FC), Pepe Bar, fundador del Real Fortuna y Basilio Poncet, presidente de la Federación Gallega de Fútbol. Los tres acordaron que ‘Handicap’ presentase un proyecto de fusión de ambos clubes vigueses delante de la Federación Española de Fútbol con sede en Madrid. Dicha argumentación fue elaborada por Manuel de Castro a finales de junio y se le dio de plazo hasta el 31 de agosto de dicho año para aportar toda la documentación necesaria.

Desde mediados de la década anterior ‘Handicap’ había comenzado a trabajar en la idea de una fusión del Real Fortuna y el Vigo Sporting, que fracasaría en su primer intento en 1915. Pero el 10 agosto de 1923 se llegaba al acuerdo entre las partes y el 23 de agosto de 1923 se fundaba el Real Club Celta. Fieles a las ideas del galleguismo desarrolladas por la Xeración Nós y perfeccionadas en las tesis del atlantismo y del celtismo de Vicente Risco, se escoge como escudo la Cruz de Santiago, los colores celeste y blanco de la bandera gallega y el nombre de Real Club Celta en una terna en la que también estuvieren presentes Breogán FC, Club Galicia, Real Club Olímpico o Real Atlético FC. Justo un mes más tarde, en el campo de Coya, el Real Club Celta de Vigo derrota por 8-2 al Boavista FC portugués dando inicio a una historia que a la hora de escribir estas líneas llega a la centuria.

Escudo Celta de Vigo: Historia, Significado y Heráldica
Real Club Celta

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Tito Margaride

“Siempre he creído, y lo sigo creyendo, que no hay en el mundo plaza más bella que la de Siena. La única que me ha hecho dudar es la de Santiago de Compostela, por su equilibrio y aire juvenil, que no permite pensar en su edad venerable, sino que parece construida el día anterior por alguien que hubiera perdido el sentido del tiempo”. Gabriel García Márquez.

En tan bella plaza cosechó Jesús González Margaride una de sus primeras victorias de renombre. Era la carrera pedestre de Santiago que desde 1978 se había convertido en referencia atlética del noroeste ibérico. Para Tito Margaride era una victoria especial que tuvo como colofón su primera convocatoria para defender los colores de la selección española en un torneo internacional. Sería en mayo de 1991 y lo haría disputando los 5.000 metros.

Margaride: sueño roto en Budapest – Vida Atlética de Galicia
Dorsal 1173

Tito Margaride se había aficionado al atletismo siendo un niño. Nacido y criado entre pastos, vacas y días plomizos, Tito se pasaba las tardes corriendo por carreiros de su Pontenova natal. Allí, entre minas abandonadas, hermosas iglesias y el nacimiento del más al norte aclamado río Eo, corría aquel niño que pronto llamó la atención del médico de la villa. Se trataba del pontevedrés Mariano Castiñeira, traumatólogo que recaló junto a su esposa en A Pontenova en 1978 cuando Margaride contaba con once años. Mariano había sido atleta en su juventud, entonces rondaba la cuarentena, y gustaba de estirar las piernas al acabar sus consultas. Pronto vería como a su espalda se situaba aquel imberbe al que era incapaz de dejar atrás hasta que cierto día le propuso cogerlo bajo sus alas y convertirse en su entrenador.

El primer día Tito apareció con botas y pantalón vaquero. Mariano arrancó la moto bordeando el Eo y hubo de ir frenando al aspirante hasta que, al cabo de una hora, Mariano dio por finalizada la sesión. Tito le hizo una reverencia, le dio las gracias, lo trato de usted y quedaron en el mismo lugar y a la misma hora para el día siguiente. Cuando en la siguiente tarde Mariano aparezca con un chándal a estrenar como regalo para el chaval, solo la timidez de Tito y el respeto a aquel desconocido harán que no se acabe ahogando en un mar de lágrimas.

Poco a poco Tito irá progresando y con el tiempo se trasladará a la capital lucense con el objetivo de hacerse profesional. Para entonces Mariano además de entrenador e íntimo amigo, será también el chófer que lo lleve de A Pontenova a Lugo las veces que haga falta. Tito sufría, pero disfrutaba, contenía esa sensación tan placentera que tienen todos los atletas de regocijarse con el dolor. Pronto se especializó en 5.000 y 10.000 metros convirtiéndose en uno de los atletas más prometedores de España y campeón gallego en dichas especialidades.

Para 1992 el objetivo de Margaride era clasificarse para los Juegos Olímpicos de Barcelona. Lo intentaría en los 5.000 metros. A inicios de año ocupaba el quinto lugar en el ránking nacional con 13’28’’57 a escasa distancia del plusmarquista español que era el soriano Abel Antón con 13’21’’86. Con el tiempo Antón sería bicampeón del mundo de maratón, mas entonces era corredor de pista. Tan sólo había tres plazas para los españoles, siempre y cuando consiguiesen la marca mínima, y a la altura del mes de junio Margaride veía que era incapaz de ascender en el ránking. Lo intentó en un mitin en Sevilla donde logró marca personal, pero le fue inútil. Antonio Serrano y Martín Fiz iban a ser los que acompañasen a Antón.

Como decía era junio. Faltaban menos de dos meses para el inicio de los Juegos Olímpicos y Margaride decidió jugárselo todo a una carta e intentar la mínima para participar en los 10.000 metros. En la distancia de los 10 kilómetros el nivel nacional era modesto, por lo que Margaride vio que tendría opciones. El problema es que ya eran escasas las pruebas donde podría intentar esa marca y ninguna de ellas tendría lugar en España. Mariano, su entrenador, le habló de una carrera en Budapest para el día 18. Tendría que ir por su cuenta y riesgo y pagarse el viaje y al alojamiento ya que la RFEA (Real Federación Española de Atletismo) no acudiría con ninguno de sus atletas. Margaride aceptó el reto y allí se fue él solo. Su mujer, embaraza de ocho meses, quedará en Galicia, al igual que Mariano, quien por asuntos laborales tampoco puede desplazarse de A Pontenova.

Una vez aterrizado en Hungría, Margaride se desplaza a su hotel. Al día siguiente tendrá lugar la carrera. Será a las 19.00 horas. Por la mañana Tito Margaride decide desayunar y dar una vuelta por la ciudad para desentumecer las piernas y prepararse para la batalla vespertina.

Una corriente se adueña del cuerpo de Tito. Desde los pies a la cabeza una explosión de dolor lo invade hasta que cae desplomado en medio de la calle.

Está consciente. La gente lo mira. Le gritan.

Tito quiere hablar.

No puede.

El tiempo se para.

Los recuerdos se desvanecen.

Cinco días más tarde Tito Margaride aterriza en el aeropuerto santiagués de Lavacolla. Lo hace en un avión ambulancia procedente de Budapest. Es noche cerrada. Allí está su mujer, su eterno Mariano y el secretario de deportes de la Xunta de Galicia. Al poco la ambulancia arranca rumbo al Hospital Provincial de Lugo.

Tito Margaride había sufrido una trombosis del tronco basilar.

Nunca más volverá a caminar.

Margaride: sueño roto en Budapest – Vida Atlética de Galicia
Margaride

Fueron unos días horribles. Solo, a miles de kilómetros de casa. Sin nadie que lo abrazase. Sin nadie que lo entendiese. Consciente de lo que ocurría, pero incapaz de comunicarse. Son tiempos sin mensajería instantánea. Pasaron 36 horas hasta que alguien del hospital de Budapest que sabía castellano consiguió contactar con la Embajada española para desde ahí poder avisar a la familia de Margaride.

Y luego vino la lucha. La lucha para repatriar al atleta lucense. La RFEA no quiso saber nada del asunto. Argumentaba que el viaje se había hecho por iniciativa personal del atleta y que no podían costear un avión medicalizado. Viendo que pinchaba en hueso, Mariano Castiñeira pretendió que la RFEA enviase un médico federativo a Budapest en compañía de un familiar, a lo que también se negó el organismo.

Visto que tiene el no por castigo, Mariano decide contratar por su cuenta y riesgo un avión, así como pagar de su bolsillo a un médico y un ATS húngaros para que viajen hasta Santiago acompañando a Margaride. Serán 14.000 euros de la época. Una pasta. La suerte para el bueno de Margaride es que Mariano Castiñeira es un hombre desahogado económicamente. Con el tiempo Mariano pleitearía para recuperar ese dinero, pero el fallo favoreció a la RFEA dado que se entendía que el accidente cardiovascular de Tito no había tenido lugar durante la celebración de un evento deportivo.

Comenzó entonces una lucha. Fueron miles de horas de rehabilitación en el Hospital de Lugo. Margaride no podía mover el lado derecho del cuerpo, por lo que lo primero fue aprender a escribir con la izquierda. Su entrega fue total. Por las mañanas tocaba sesión hospitalaria y por la tarde fisioterapia en casa. Por el camino el nacimiento de su hijo. Y los Juegos de Barcelona que, por desgracia, hubo que ver por televisión.

Pero Tito, que hasta entonces había sido un chico callado e introvertido cuya única felicidad era correr entre castiñeiros y carballos, de repente se convirtió en un simpático contertulio. Como un bebé que comienza a hablar, sus balbuceos pronto se convertían en risas. Donde todo el mundo esperaba ver tristeza y pena se encontraba ternura y felicidad.

No fue de extrañar que la Federación Gallega de Atletismo quisiese homenajear a Margaride con una fiesta atlética cuyos beneficios serían para Tito y su familia. Seria en la pista universitaria de atletismo de Santiago de Compostela. Allí acudieron todos los que tendrían que acudir. Sandra Myers, Alejandro Gómez, Andrés Díaz, Julia Vaquero o Isaac Viciosa. Y sobre todo Martin Fiz y Fermín Cacho, quien tras haber logrado el oro en 1.500 metros en Barcelona no dudó en dedicárselo al bueno de Margaride.

Quien no patrocinó ni acudió al evento fue la RFEA.

Margaride: sueño roto en Budapest – Vida Atlética de Galicia
Tito Margaride y Fermín Cacho

Era 1993. Apenas un año después del accidente cardiovascular. Tito disfrutó del espectáculo junto a su esposa y su hijo en la tribuna del estadio universitario. Y allí se dio la sorpresa. Margaride tomó el micrófono, agradeció el recibimiento y dijo encontrarse bastante bien y llevar una vida tranquila. Tan sólo que aquel hombre se pusiese en pie y dejase unas palabras ya era motivo de satisfacción generalizada.

Recuperado parcialmente de la trombosis solicitó una plaza para minusválidos en la Diputación de Lugo donde aún hoy sigue trabajando. Pero Tito no estaba conforme. Su sueño era acudir a unos Juegos Olímpicos. Y aquel ex campeón gallego de 5.000 metros no iba a cejar en su empeño.

Parcialmente paralizado de su pierna derecha y acompañado de su inseparable técnico, comenzó un entrenamiento intensivo que lo llevara a los Juegos Paralímpicos de Atlanta 1996. Lo que no había sido realidad en Barcelona se convertiría en un hecho en la capital de Georgia. En Estados Unidos consiguió un diploma olímpico al finalizar séptimo en los 5.000 metros para discapacitados físicos. En Sídney 2000 repitió diploma al ser octavo en los 800 metros y logró una medalla de bronce en los 1.500 metros.

Lo que el magnífico Abel Antón nunca consiguió fue logrado por Tito Margaride.

Una medalla olímpica.

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Cuando Arsenio estuvo en Maracaná

Entonces no existía Arteixo. Eso es moderno. Sostenida por la AC-552, a un lado y al otro de la carretera se asentaron construcciones deficientes en la loca carrera en busca del urbanismo que llevó a miles y miles de aldeanos en pesquisa del progreso. Mas tarde llegó el polígono industrial, luego Inditex y hoy Arteixo es una caótica y pujante ciudad dormitorio de A Coruña.

Seguramente los más jóvenes y los no tan jóvenes no sepan que antes de Arteixo estaba A Baiuca. En un mapa o en un atlas de los 90 aun encontraremos el topónimo de A Baiuca donde hoy topamos Arteixo. En A Baiuca estaba y está el balneario y estaba y está el ayuntamiento. Hoy sobrevive como un barrio, alejado del ajetreo de los camiones, de los vehículos y de la carretera principal. Perdura como la zona más bella de la villa, con su río, su paseo verde y alguna que otra casa señorial, la del médico, la del abogado, la del profesor o la del dueño de la sala de fiestas y del balneario.

Y allí, en A Baiuca, está todavía la casa familiar de Arsenio Iglesias. Hoy imponente y bella, antaño una ‘sobeira’, pequeña, húmeda y escasa de luz, rodeada de barro y charcos en invierno y de arena y piedras con el buen tiempo. Allí nació en 1930 Arsenio Iglesias Pardo.

Menor de nueve hermanos, Arsenio pasó horas trabajando en el agro y otras tantas corriendo detrás de pelotas de trapo. Horas y horas descalzo por las leiras y fochancas de A Baiuca. Con 16 años tuvo la fortuna de llamar la atención de periodistas coruñeses y ojeadores del RC Deportivo. Por entonces el club herculino cubría de cuando en cuando los 15 kilómetros que van desde la capital hasta a A Baiuca y se entrenaba en las instalaciones del balneario. Ficha entonces Arsenio por el Ciudad Jardín, club modesto de la ciudad mientras empieza a trabajar en los trolebuses de Coruña. Al año siguiente es contratado por el Bergantiños de Carballo que militaba en la tercera categoría nacional e inicia los estudios de perito industrial al mismo tiempo que trabaja en la línea de montaje de los trolebuses.

De ahí fichará por el Fabril. Es un interior fuerte, técnico y con carácter. Pasa del juvenil al segundo equipo como una exhalación y tras apenas seis partidos le llega la oportunidad con el primer equipo. Temporada 1951/52. Camp Nou. Barça vs Dépor. Ganan los de casa por 6-1, pero Arsenio marca el gol deportivista. A partir de ahí fueron 13 años en Primera en una época donde había menos equipos y menos futbolistas por escuadra, lo que hace más meritorio el registro que en la actualidad. Arsenio Iglesias llegó a ser internacional B, jugó partidos de Copa de Europa con el Sevilla FC, fue leyenda en el Granada CF, donde logró un subcampeonato de copa, y disputó su última temporada con el Real Oviedo al que salvó del descenso con un gol en la última jornada en San Mamés.

Pero Arsenio es deportivista. Es coruñés. Su ídolo era Juan Acuña. Porque Arsenio quería ser portero. En 1945, cuando Arsenio aun soñaba con ser futbolista, la selección española disputó un partido amistoso en Coruña. El motivo era la inauguración del estadio de Riazor. Se concentraron en el balneario de A Baiuca. Y allí estaban todos. Acuña. Eizaguirre, César, Gaínza, Zarra…ahí supo Arsenio que quería dejar de trabajar la leira y pisar el césped.

Muere a los 92 años el exrojiblanco Arsenio Iglesias | Ideal
Arsenio (agachado, primero a la derecha)

Pero para triunfar Arsenio hubo de emigrar. Y no fue el único. Cerca de un millón de gallegos probaron fortuna en América tan sólo entre 1945 y 1960. Hubo muchos más antes y aun habría cierto goteo en años posteriores. No era para tanto extraño que el RC Deportivo fuera llamado a gritos por esos miles de gallegos para jugar unos cuantos partidos en tierras sudamericanas.

El 14 de junio de 1954 un autocar puso rumbo a Lisboa desde el centro de A Coruña. Viajaban 16 jugadores, entre ellos dos veteranísimos. Uno era Ángel Zubieta, un colosal mediocentro internacional que había hecho carrera en Argentina tras escapar de España con 18 años al iniciarse la Guerra Civil. Tras tres lustros de exilio había vuelto a España para finalizar su carrera en el Dépor. El otro era Pahíño, un delantero centro de tronío que hubo de abandonar el Madrid ante la llegada de Di Stéfano. El joven Arsenio también iba rumbo a Portugal. Que aquel niño descalzo de A Baiuca fuese a subirse a un avión solo era un milagro de los que el fútbol sabe cumplir. Iban también los periodistas Orestes Vara, el masajista, el tesorero del club y Antonio Martínez Rumbo, presidente del RC Deportivo. A base de empanadas y entonaciones más o menos afortunadas de la Rianxeira llegaron a Lisboa, donde el día 16 tomaron un avión con destino a Montevideo, con escalas en Recife y Rio de Janeiro.

El día 20, en el colosal estadio Centenario de Montevideo, el Club Nacional iba a enfrentarse al RC Deportivo. El partido fue suspendido por fuertes lluvias y se jugó el 4 de julio con victoria local por 2-1. Días después el Dépor empató en el CA Peñarol (2-2) con gol de Arsenio e igualó (1-1) con Rampla Juniors. Por el camino actos, ofrendas, homenajes y comidas. Luego derrota por 2-1 en Buenos Aires ante River Plate y empate a dos goles contra San Lorenzo de Almagro.

Pero el plato fuerte es el día 25 de julio. El día de Galicia. Santiago Apóstol. Flamengo vs RC Deportivo. Maracaná. El más legendario de los estadios. Allí iba a estar aquel chaval de A Baiuca. 40.000 espectadores, la inmensa mayoría gallegos, vieron la derrota blanquiazul por 4-1. Eso era lo de menos. Otero; Ortega, Rodolfo, Tomás; Moll, Lechuga; Corcuera, Sara, Pahíño, Arsenio y Moreno fueron los elegidos. Tres días después fue el Fluminense el que venció a los coruñeses por 3-0.

El breve paso del legendario Arsenio Iglesias por el Sevilla
Arsenio (1957/1958)

El Dépor no venció en Maracaná. Ni en ninguno de los siete partidos de la gira. La oportunidad de romper el maleficio no tendría lugar hasta cerca de cuarenta años después. Hasta el 24 de marzo de 1993.

Por entonces Arsenio Iglesias era el entrenador del Dépor. Del Superdépor. Tras años de sufrimiento en Segunda, Arsenio había ascendido a los coruñeses a Primera y por entonces eran la revelación de la temporada al ocupar la tercera posición de la tabla. Lo hacían gracias a Mauro Silva y Bebeto, dos internacionales brasileños que habían sido fichados el año anterior.

Antes de tomar rumbo a Europa, Bebeto jugaba en el Vasco da Gama, club por el que había firmado para cubrir el ocaso de Roberto Dinamite, la leyenda vasquense que sumaba 711 goles en 1140 partidos. Dinamite había tenido un fugaz paso por el FC Barcelona, sin embargo el grueso de su carrera se había desarrollado en Brasil. Aquel día de marzo tendría lugar su partido homenaje y su amistad con Bebeto fructificó en que los deportivistas fueran los invitados de honor.

La expedición partió del aeropuerto de Alvedro rumbo a Madrid tras ganar 5-0 al Burgos CF en partido de Liga. Iban todos y Mauro y Bebeto tenían la prebenda de viajar con sus familias. De Madrid llegaron a Río de Janeiro donde sorpresivamente fueron recibidos con fanfarria. Luego se supo que la fanfarria era por la selección sub-20 brasileña que también estaba en el aeropuerto carioca y que acababa de proclamarse campeona del mundo de la categoría.

Cuando la expedición llegó a Brasil se llevó un gran chasco. Había múltiples periodistas buscando declaraciones de Mauro y hasta había quien narraba los entrenamientos de Bebeto en directo, pero la expectación por el resto del grupo fue nula. Luego Aldana y Claudio tuvieron que hacer el camino inverso y volver a España porque acababan de ser convocados por la selección para jugar un trascendental partido contra Dinamarca clasificatorio para el Mundial 1994.

Pero la verdadera decepción tuvo lugar al arribar a Maracaná. Estaba tal cual lo recordaba Arsenio. Y eso no era bueno. Estaba viejo, abandonado. La hierba estaba alta, los accesos anticuados y desatendidos y las gradas necesitaban una mano de pintura. Pero era lo de menos. Era Maracaná. Arsenio prohibió la playa y los jugadores se quedaron sin chapuzón en Copacabana. Había que ganar el partido.

Ante 50.000 espectadores el RC Deportivo formó con Liaño; Mariano, Albisteguí, Djukic, Ribera, Nando; José Ramón, Mauro Silva, Fran; Marcos Vales y Bebeto. Por el Vasco da Gama también formo Zico, estrella del Flamengo y gran rival de Dinamite, quien por un día vestiría la camiseta blanquinegra de Vasco. El Dépor ganó con claridad el duelo por 0-2 con goles de Bebeto y Nando.

Tras el partido Roberto Dinamite regaló un reloj a cada uno de los presentes y tuvo lugar una fiesta en la discoteca Scala, un local propiedad de Chico Recarey, un empresario originario de Coristanco, un pueblo de la provincia de A Coruña. Fue una fiesta, un amistoso, un partido para recordar para un club modesto como el RC Deportivo. Para Arsenio Iglesias fue una segunda vez. La segunda vez que pisaba Maracaná. Y está vez quería lograr la victoria.

“Queríamos quedar bien, representábamos a Galicia. Yo no vine a Maracaná a tirar el prestigio”. Arsenio Iglesias, ex jugador y ex entrenador del RC Deportivo.

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El Mundial de Clubes que nunca se jugó (2000-2001)

El objetivo primordial de la FIFA es ganar dinero. A través del Mundial obtiene la mayor parte de sus ganancias. Ese es el eje. Pero hay múltiples competiciones. Con la ayuda de ellas se obtienen réditos de derechos audiovisuales, patrocinios, entradas y hospitalidad. También se consigue una buena tajada con la licencia de productos, conocido en el argot como ‘branding’. Y es bueno que la FIFA gane dinero. Sin el dinero no podría llevar al fútbol a todos los rincones del planeta. La FIFA sostiene federaciones minúsculas, protege socialmente a ex futbolistas, construye escuelas y promueve el fútbol femenino.

La FIFA tiene seis hijos. Cuatro son pobres y necesitan a la FIFA para sobrevivir. Son mayoría, por lo que papá FIFA está siempre atento a sus súplicas y necesidades y, a cambio, cuando tiene algún problema sabe que siempre podrá contar con su apoyo. Esos hijos se llaman Concacaf (41 federaciones), CAF (54 federaciones), AFC (47 federaciones) y OFC (14 federaciones). Es decir, África, Norteamérica-Caribe, Asia y Oceanía. Tiene también la FIFA dos hijos rebeldes. Uno es contestario. No tiene muchos posibles, pero sus fieles son legión y su poder entre las masas es fascinante. Ese vástago se llama Conmebol (10 federaciones) y representa a Sudamérica. El otro hijo es rico y poderoso. Su fortuna es igual a la del padre y sueña con tomar las riendas de la empresa familiar para poder gestionarla a su antojo. Ese retoño responde al nombre de UEFA (55 federaciones) y representa a Europa.

Durante un siglo la UEFA y la Conmebol se consideraron dueños del mundo. No sin razón gestionaban el pasado y el presente del fútbol. Allá por 1960 crearon una competición que enfrentase anualmente a los campeones de América y de Europa para dictaminar cual era el mejor equipo del mundo. Era lógico. No había nada comparable fuera de ese marco. Aquel primer trofeo fue logrado por el Real Madrid al derrotar en dos partidos al CA Peñarol. Hubo empate sin goles en Montevideo y en Madrid el Real venció por un claro 5-1. Los merengues se proclamaron campeones de la primera Copa Intercontinental.

La FIFA, que ni pinchaba ni cortaba en ese trofeo, se negó a dar el título de campeón del mundo a los ganadores de la contienda. Era un torneo entre dos confederaciones. Nada más que eso. Aunque para los aficionados el vencedor de la Intercontinental fuese el mejor club del mundo, para la FIFA eso era irrelevante. Despechados, en 1980 la Conmebol y la UEFA firmaron un convenio con la empresa Toyota. La Intercontinental se disputaría a partido único en Japón aumentando considerablemente los premios y los beneficios. Mercedes que, por supuesto, no gestionaría la FIFA.

REAL MADRID Campeón de la Copa Intercontinental 1960
Real Madrid. Intercontinental 1960

Todo cambió a finales del siglo pasado. La FIFA se propuso sustituir la Copa Intercontinental por la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Durante diez días del mes de enero del año 2000 ocho conjuntos lucharían por conseguir el reinado del fútbol global. Estaban los seis campeones de las distintas confederaciones (Manchester United, Vasco de Gama, Necaxa, Al-Nassr, Raja Casablanca y South Melbourne) a los que se añadieron dos conjuntos a mayores para completar ocho escuadras y poder formar dos grupos de cuatro equipos. Los invitados fueron el Real Madrid, al que la FIFA reconoció como mejor club del siglo XX, y el SC Corinthians, por ejercer de anfitrión. Y es que el campeón brasileño tendría que estar presente en un torneo cuya final tendría lugar en el incomparable Maracaná.

El objetivo de la FIFA era eliminar la Intercontinental y ocupar su lugar. La FIFA debe apoyar la expansión del fútbol a nivel global, tanto por una cuestión moral, como política, como monetaria. Pero tanto la UEFA como la Conmebol se negaron a ello. La Copa Intercontinental seguiría en pie. Y así lo hizo. Apenas un mes antes el Manchester United había logrado el título de 1999 y en diciembre del 2000 sería el Boca Juniors el que vencería al Real Madrid. A ojos del gran público ambos conjuntos eran los reales campeones del mundo.

El caso es que la FIFA puso en marcha su Copa del Mundo de Clubes. Y el varapalo fue considerable. El torneo apenas tuvo repercusión fuera de Brasil. United y Madrid jugaron a medio gas y no lograron clasificarse para la final. Los ingleses tan sólo consiguieron vencer al South Melbourne en un duelo intrascendente. Los españoles no lograron disputar la final por diferencia de goles y perdieron el partido por el tercer puesto ante el Necaxa mexicano. El torneo fue ganado por penaltis por el Corinthians ante el Vasco da Gama tras un aburrido empate sin goles. Que el vencedor fuese un equipo invitado no daba demasiada credibilidad al torneo. En aquel Corinthians destacaban Dida, Vampeta, Luizao y un veterano Freddy Rincón.

Campeonato Mundial de Clubes de la FIFA Brasil 2000™
Corinthians 2000

Visto el fiasco, para 2001 la FIFA decidió llevar el torneo al verano. Los grandes clubes europeos habían protestado por lo apretado del calendario. Pero ese no era el problema. Las pérdidas económicas fueron terribles y la FIFA pensó que disputar el torneo a finales de julio, cuando las grandes ligas están paradas, le permitiría obtener la atención de los aficionados.

Así que la FIFA subió la apuesta. Serían 12 los participantes. Se formarían tres grupos de cuatro equipos. Los vencedores y el mejor segundo se enfrentarían en las semifinales. La final tendría lugar en el Santiago Bernabéu. Y es que España sería la anfitriona. La FIFA confió en la ambición de dos hombres. Uno era Florentino Pérez. Recién nombrado presidente del Real Madrid, tenía la intención de convertir al club blanco en una empresa capaz de generar ingresos a nivel global. El otro era Augusto César Lendoiro. Había llevado al modesto RC Deportivo a codearse con los grandes de Europa y soñaba con poder mantener eternamente ese estatus y llevarse un trozo del pastel.

Habrían de participar dos equipos por confederación. Los campeones de todas ellas y un segundo espada también victorioso. Por ejemplo, de la UEFA irían el Real Madrid (campeón de Europa) y el Galatasaray SK (campeón de la Copa de la UEFA). De la Conmebol estaba Boca Juniors (campeón de la Libertadores) y el SD Palmeiras (subcampeón de la Libertadores). A estos había que añadir a Los Ángeles Galaxy y Olimpia de Honduras (Concacaf), Jubilo Iwata y Al-Hilal (AFC) y Zamalek SC y Hearts of Oak (CAF). El representante oceánico sería el Wollongong Wolves australiano. Únicamente se renunció a un segundo club de Oceanía para dar entrada al RC Deportivo, que acudiría como invitado.

En marzo de ese año tuvo lugar el sorteo. El grupo A, liderado por Boca y RC Deportivo, jugaría sus partidos en Riazor (A Coruña) y San Lázaro (Santiago). El grupo B comandado por Palmeiras y Galatasaray, en el Vicente Calderón de Madrid. El grupo C, gobernado por Real Madrid y LA Galaxy, tendría como sede el Santiago Bernabéu. La final se disputaría el 12 de agosto de 2001 en el coliseo blanco.

Jamás llegó a disputarse el torneo. En medio del estallido de la burbuja de las .com y del crack de las televisiones de pago por visión, ningún medio audiovisual pujó por llevarse los derechos de la competición. En mayo quiebra ISL, la empresa que gestiona la organización del torneo. La FIFA pierde 5.500 millones de dólares y tiene un muerto encima de la mesa. Decide indemnizar a los participantes y posponer el torneo hasta el año 2003. En 2003 se pospondría ‘sine die’.

Mientras la Copa Intercontinental sigue con sus andanzas, aunque también está tocada. Desde que en diciembre de 1995 se abrió la libre circulación de jugadores en Europa las plazas para foráneos quedaron en exclusiva para los astros que venían de Sudamérica. Año a año los grandes equipos argentinos y brasileños ven como los adolescentes que formaron siendo niños escapan a Europa donde esperan forjar una próspera carrera. Solo Boca Juniors (2000 y 2003) pudo romper la hegemonía de Europa en un torneo que hasta había perdido interés entre los aficionados japoneses.

En 2005 llegaría el reemplazo. Ahora si la Copa Mundial de Clubes tendría la aceptación de UEFA y Conmebol. Se jugaría en Japón, no habría grupos y el número de partidos sería limitado. Mientras los campeones de otras confederaciones se enfrentan entre sí en rondas previas, tanto el campeón de Europa como el de Sudamérica esperan rival en las semifinales. Se mejoran los premios económicos y el asunto queda zanjado. Sao Paulo FC venció a Al-Ittihad (3-2) y Liverpool FC a Deportivo Saprissa (3-0) para luego luchar por un título que se decantó para los brasileños por 1-0. Hubo que esperar hasta 2010 para ver una final sin representante sudamericano. Aquel año el Internazionale milanés venció por 3-0 al TP Mazembe congoleño. Nunca un equipo europeo ha faltado a una final y desde 2012 no pierden una.

No sería hasta el año 2017 cuando la FIFA consideró a los 25 clubes que ganaron al menos una vez la Copa Intercontinental (1960-2004) como legítimos campeones del mundo. Así pues, en el palmarés conjunto iniciado en 1960 por el Real Madrid encontramos a dos campeones del mundo oficiales para el año 2000. Son Boca Juniors como campeón de la Intercontinental y SC Corinthians como ganador de la primera Copa del Mundo de Clubes.

Quien nunca será campeón del mundo es el RC Deportivo. Para 2001 hubo Copa Mundial de Clubes. Pero solo en nuestra imaginación.

UN DÍA COMO HOY EL DEPORTIVO SOÑÓ CON GANAR EL MUNDIAL DE CLUBS | Onda Cero  Radio
El Mundial que nunca se jugó

“¿Qué es la vida? Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Calderón de la Barca.

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Delio Rodríguez

Era el verano de 1986. Los vecinos de Ponteareas nunca habían visto nada semejante. El vendaval no procedía de los vientos del ‘Nordés’ ni de las lluvias del Atlántico. Esa ventolera estaba siendo provocada por las aspas de un helicóptero. Cuando la unidad móvil de Antena 3 Radio pilotada por el comandante Lucas tocó tierra, dos hombres de modesta talla bajaron del aparato. Uno era el periodista José María García. El otro era el ciclista Álvaro Pino, flamante vencedor de la Vuelta a España 1986.

Álvaro Pino se convertía en una celebridad nacional a la altura de Marino Lejarreta y sólo superado por Pedro Delgado. Su victoria, la de un gallego de Ponteareas, sirvió para sacar del olvido a otro gallego, y también de Ponteareas, que años atrás había ganado la Vuelta a España. Un hombre que vivía en el anonimato regentando una tienda de material deportivo en la cercana ciudad de Vigo. Ese hombre, poseedor de alguno de los récords más fastuosos de la Vuelta a España, era un tal Delio Rodríguez.

Fue en 1935 cuando Delio se hizo notar por vez primera. Tenía entonces 21 años. Formó parte de los contendientes en la Vuelta al País Vasco junto a figuras del momento como Gino Bartali o Mariano Cañardo. Luego, al año siguiente, pudo competir en la Vuelta a España quedando antepenúltimo de 26 participantes. Puede parecer causa menor, pero el simple hecho de conseguir participar en una gran carrera era digno de consideración. Es una época donde el número de plazas disponibles era limitado y era el propio deportista el que debía asumir el coste del desplazamiento sin saber si obtendría triunfos que le reportaran beneficios por el sacrificio.

Como le ocurrió a tantos otros, el año 1936 fue crucial para cortar una carrera deportiva que se antojaba prometedora. Delio debe cumplir con el servicio militar y quedará asignado al llamado bando nacional dado que Galicia pronto caerá a favor de las directrices de Franco. Son casi tres años de guerra de los que se librará el resto del clan Rodríguez. Emilio, Manolo, Pepe y Pastor nacerán en la década de 1920, por lo que conseguirán mantenerse en casa alejados de las balas. Todos ellos, con mayor o menor fortuna, acabarán siendo ciclistas. Incluso Eurita, la única mujer de la familia, llegará a ganar una carrera en 1943. Pero nos estamos adelantando a los acontecimientos.

Delio Rodríguez Barros retomará su carrera y será en el año 1940 cuando gane sus dos primeras pruebas, la Vuelta a Álava y la Madrid-Salamanca-Madrid, iniciando así una concatenación de triunfos que le llevará a sumar un total de 139 victorias totales o parciales hasta su retirada en 1950. 39 de esas 139 victorias serán logradas en únicamente seis ediciones de la Vuelta a España, un récord que se antoja inigualable.

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Delio Rodríguez

Su primera gran actuación tiene lugar en junio de 1941. Tan sólo 32 participantes se animan a competir en la primera Vuelta a España tras el fin de la Guerra Civil. Con medio mundo en armas, por supuesto no hay presencia foránea. Es una Vuelta pobre, de carreteras agrietadas, parajes secos y escasez de víveres en cada pueblo. Se canta el ‘Cara el Sol’ al inicio de cada etapa y no existen los patrocinios. La carrera es capicúa; se inicia en Madrid, da la vuelta al país y finaliza en la capital de España. Los ciclistas compiten como independientes, sin ordenes de equipo, ni más ayuda que la de sus escuálidas piernas.

El vencedor, tanto en 1941 como en 1942, es Julián Berrendero. En 1941 lo hace apenas tres meses después de salir de la cárcel, acusado de no afecto al Régimen. El escalador madrileño había ganado el premio de la montaña en el Tour en 1936 y había aprovechado para instalarse en Francia al iniciarse la Guerra Civil. Con el inicio de la II Guerra Mundial decidió volver a España y, aunque su fama le llevaría a la libertad, hubo de pasar unos meses entre cuatro paredes. Pero si Berrendero es el vencedor, Delio es la sensación. Gana 20 etapas (12 en 1941 y 8 en 1942) y logra vestir el maillot blanco de líder en muchas de ellas. En el 42 competirá defendiendo los colores del RC Deportivo, club de fútbol que junto a otros como el FC Barcelona o el RCD Español, deciden formar agrupaciones ciclistas ante el tirón del deporte de las dos ruedas.

El récord de doce triunfos de Delio en 1941 se mantuvo en pie durante 36 años hasta que fue superado por el belga Freddy Maertens. Se trataba Delio de un fantástico rodador, un tipo de ciclista poco común en España, capaz de ganar carreras tanto al sprint como en las pruebas contra el crono y capacitado para superar la media montaña (de hecho en su palmarés hay dos triunfos en la subida al Naranco). Su carrera se vio cercenada por coincidir en el tiempo con la etapa más aislacionista del Franquismo, pero no cabe duda que sería un gran opositor a competir en carreras de un día de ámbito internacional.

Con los años más duros de la II Guerra Mundial y con una España que se moría de hambre, la Vuelta no volvió a ponerse a rodar hasta 1945. Fueron tres años de sequía, pero de los que Delio se resarcirá con su triunfo más lustroso.

La Vuelta a España de 1945 comenzó el 10 de mayo, escasamente 48 horas después del fin de la guerra en Europa. En sentido contrario a las agujas del reloj se salía de Madrid para volver a la capital. Fueron 51 los participantes. 43 de la casa y ocho portugueses, el único país capaz, tanto por ideología como por logística, de enviar corredores a España. En la primera etapa Julián Berrendero se hace con el liderato al atacar en el Alto de los Leones, al poco de salir de Madrid, y sumar más de seis minutos de ventaja. No era situación ideal para el periódico católico ‘Ya’ el cual se había encargado de preparar y sufragar los gastos de organización. El favorito ya era líder destacado tras poco más de 200 kilómetros de los cerca de 4.000 que había que recorrer.

Y la situación inconcebible se refrendó en la segunda etapa. Camino de Cáceres, la lluvia arrecia con fuerza y hace barro unas carreteras en las que el asfalto escasea y los agujeros abundan. Delio Rodríguez se marcha fugado junto a otros corredores y con su potencia y su costumbre a rodar bajo esas condiciones se queda sólo en el Alto de Béjar. Ayudado por la diosa fortuna que se ceba con los demás favoritos a base de caídas y pinchazos, Delio vuela en el llano que le lleva a Cáceres y se viste de líder con cerca de media hora sobre el segundo clasificado.

A partir de ahí Delio se dedicará a ganar las etapas al sprint y a mantener a raya a los escaladores en las etapas de montaña. Podría parecer un triunfo menor, pero nada más lejos de la realidad. Delio mantiene la ventaja y gana la general con 29’58’’ de diferencia sobre Berrendero, quien fue incapaz de recortarle minuto alguno a Delio en toda la Vuelta. Aun hoy sigue siendo la mayor diferencia entre primero y segundo que se ha dado en la Vuelta a España. Y todo parece indicar que el registro se mantendrá inalterable con el paso del tiempo.

Loor de multitudes

Al año siguiente Delio no podrá repetir triunfo y se tendrá que conformar con un quinto puesto, aunque la familia Rodríguez Barros podrá celebrar el triunfo en el premio de la montaña de Emilio. Es Emilio muy distinto a Delio, en el sentido de que su fuerza está en las ascensiones y su debilidad se vislumbra a la hora de rodar con potencia. Ambos hermanos coexistirán durante unos cuantos años, de tal forma que en 1947 Delio acabe tercero en la general y sumando ocho etapas y Emilio finalice cuarto a un paso del pódium logrado por su hermano. Aquella Vuelta comenzó como Delio de líder hasta que en el Alto de Arrate fue incapaz de mantenerse con los mejores y se vio penalizado con diez minutos de sanción por agarrarse a un coche a un paso de coronar la cima del monte guipuzcoano.

Ese fue el fin deportivo de Delio (1916), el más grande del clan Rodríguez Barros. Su hermano Pastor (1922) consiguió meterse entre los quince primeros de la Vuelta en dos ocasiones. Manuel (1926) fue segundo en la Vuelta a España de 1950, la cual fue ganada por Emilio (1923), quien también sumó otro triunfo en el Gran Premio de la Montaña. Es Emilio, con esa victoria en la Vuelta y un total de seis etapas parciales, el hermano más laureado por detrás del gran Delio.

Parlamento Ciclista - Se cumplen 100 años del nacimiento de Delio Rodríguez  - El Baúl de los Recuerdos
Delio, Emilio, Manuel y Pastor

Pero tanto Emilio como Manuel puedan presumir de algo con lo que Delio nunca pudo soñar. En aquellos años de hambre y miseria en los que los corredores deambulaban por España en busca de vino para sus bidones porque el agua escaseaba, era impensable cruzar los Pirineos para cruzar el Tour. Cuando Francia vuelva al ruedo en 1946 a nadie se le ocurriría invitar a un equipo español para competir en el Tour. Los patrocinadores como Galindo o Pirelli se limitaban a dar material a sus ciclistas y poco más. Y la Federación Española de Ciclismo tenía vetada su presencia en Europa, al igual que cualquier otro organismo controlado por el aparato franquista.

Así que cuando en 1949 Jacques Goddet decida abrir la mano e invitar a un equipo español al Tour de Francia recordando a aquellos locos de la montaña que en la década de 1930 habían encandilado al público galo, será motivo de celebración en toda España. La Federación prometerá un saco de 75 kilos de azúcar para cada participante. Oro blanco para la España famélica de entonces. Ninguno de aquellos valientes recibirá compensación alguna. Ni en forma de monedas ni en forma de azúcar. El oro blanco se perdió en el mercado negro mientras los ciclistas surcaban las carreteras francesas. El caso es que Emilio fue uno de aquellos seleccionados (acabó corriendo el Tour tres veces y únicamente finalizando la prueba en una ocasión). Manuel lo haría en dos ocasiones a inicios de los años 50 (su mejor posición fue un 44º puesto). Mientras que Delio, ya al borde de la retirada, tuvo que dejar el ciclismo sin disputar nunca la prueba fetiche por excelencia.

Lo cierto es que fue tan nefasta la actuación española en el Tour de 1949 que al año siguiente la Federación decidió no enviar a ciclista alguno allende los Pirineos. Tocado el prestigio del ciclismo nacional, el diario ‘Ya’ decidió a finales de 1950 dejar de financiar y organizar la Vuelta a España. No volvió a haber prueba ciclista de tres semanas hasta 1955 cuando Alejandro Echevarría, director de ‘El Correo Español-El Pueblo Vasco’ asumió el control de la Vuelta y la dotó de modernidad. Instauró el maillot amarillo, buscó nuevas llegadas, asumió los patrones de exigencia del Tour, llevó la Vuelta a zonas turísticas y sacó el inicio y el fin de Madrid para llevar el fin de fiesta al País Vasco. Desde entonces, desde ese 1955, la Vuelta se ha celebrado de forma anual e ininterrumpida.

Nace así la edad de oro del ciclismo español. Con Bernardo Ruiz, Loroño, Bahamontes y más tarde Pérez Francés, Julio Jiménez, Fuente o Ocaña. Todo lo ocurrido antes de 1955 queda en el olvido. Delio decidió retirarse en 1950 y cuando en 1955 Emilio tenga su primera oportunidad de defender su título logrado un lustro atrás ya será un ciclista alejado de sus grandes años.

Cheste acoge la llegada de la carrera CIFESA – Bandú – Cheste
Recuerdos

Delio Rodríguez falleció en Vigo víctima de un cáncer de próstata en el año 1994. En 2019, para conmemorar el 25 aniversario de su fallecimiento, se organizó una marcha cicloturista desde Madrid a Valencia en recuerdo de una carrera que se disputó a inicios de los años 40 y que Delio logró ganar en tres ediciones consecutivas. Es el único recuerdo existente para el ciclista que más etapas ha ganado en la historia de la Vuelta a España y del que los organizadores actuales poco o nada quieren saber. Un ciclista de Ponteareas, localidad que con Delio (1945), Emilio (1950) y Álvaro Pino (1986) es la población española con más vencedores distintos de la Vuelta a España. Algo descomunal para un ayuntamiento de apenas 20.000 habitantes.

Palmarés Vuelta a España de Delio Rodríguez (cabe tener en cuenta que de 1936 a 1954 sólo se pudieron organizar ocho ediciones de la Vuelta)

Vuelta 1936 (24º) 0 etapas

Vuelta 1941 (4º) 12 etapas y 2 días como líder

Vuelta 1942 (7º) 8 etapas

Vuelta 1945 (1º) 6 etapas y 18 días como líder

Vuelta 1946 (5º) 5 etapas y 1 día como líder

Vuelta 1947 (3º) 8 etapas y 11 días como líder

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¿Por qué Uruguay lleva cuatro estrellas de campeón del mundo en la camiseta?

Camino del siglo del inicio del primer Mundial de fútbol, únicamente ocho naciones pueden presumir de ser campeonas mundiales. A la más reciente España (1), se le unen Inglaterra (1), Argentina (2), Francia (2), Alemania (4), Italia (4) y la plusmarquista Brasil (5). Falta uno en la lista; Uruguay. Tiene 2 Mundiales de fútbol (1930 y 1950) y sin embargo 4 estrellas están cosidas sobre el escudo que adorna su camiseta. Cualquier charrúa dirá que su país ha ganado 4 Copas del Mundo de fútbol. Y los más ‘frikis’ hasta argumentarán que tienen 5 títulos en su palmarés. De ser así, no habría nación más laureada en la historia del fútbol.

¿Cómo es que Uruguay tiene cuatro estrellas en su camiseta? Un viaje a la Wikipedia nos dará una rápida respuesta. Dos obedecen a sus títulos de la Copa del Mundo y las otras dos dan fe de sus triunfos en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928. Pero eso no es motivo suficiente. El fútbol fue por primera vez disciplina olímpica en 1908, repitió en 1912 (ambas con victoria de Gran Bretaña) y se refrendaría en Amberes 1920 con triunfo de la anfitriona Bélgica ante España. Así pues, ¿por qué se ha de reconocer las victorias de Uruguay en esos dos Juegos Olímpicos como victorias mundiales y no sucede lo mismo con las anteriores?

Debemos retroceder al año 1921. Por aquel entonces tuvo lugar el congreso de la FIFA en el que fue elegido presidente el francés Jules Rimet. Era Jules Rimet un hombre empecinado. Abogado de profesión y árbitro aficionado, nunca jugó al fútbol pero demostró unas dotes organizativas y políticas de primer nivel. Su deseo era crear una Copa del Mundo de fútbol. Pero era un deseo a medio plazo. Sabía que ante la negativa inglesa a participar y con un mundo en proceso de reconstrucción tras el fin de la I Guerra Mundial, debía esperar unos cuantos años. Apostó por una solución de compromiso. La decisión que tomó en aquel congreso de 1921 era que mientras ese momento llegara “la Federación Internacional reconocerá el Torneo Olímpico de Fútbol como un Campeonato del mundo amateur si éste es organizado conforme a los reglamentos”. Así entonces, la competición de fútbol de 1924 a celebrar en los JJ.OO de Paris iba a tener rango de Copa del Mundo.

En aquellos tiempos el fútbol sudamericano era un desconocido. Fueron escoceses los que llevaron el juego a los puertos de Montevideo y de Buenos Aires. Y este hecho es significativo, dado que a diferencia de los ingleses, los escoceses propugnaban un juego de pase y movimiento. Pronto los hijos de la inmigración italiana y española convertirían aquello en un fútbol dinámico donde la garra y el gambeteo iban de la mano.

La selección de fútbol de la República Oriental del Uruguay era la vigente campeona de América. Pero que un país del otro lado del charco viajase a Europa se antojaba harto complicado. Había que afrontar un largo y pesado viaje en barco y solicitar una ausencia de un par de meses en el puesto de trabajo para poder prepararse y competir. La competición sólo daba permiso a la participación de amateurs, aunque era por todos sabido que la mayoría de los futbolistas cobraban bajo cuerda.

Atilio Narancio, presidente de la federación charrúa, vio en los JJ.OO de 1924 la oportunidad de elevar el nombre de su país a los altares. Vendió varias de sus propiedades para sufragar una expedición que iba a convertir en el sueño de su vida. Convenció a los más escépticos con una serie de partidos amistosos para sacar cuartos y, esencialmente, prometió la gloria eterna a los jugadores que viajasen con él a Francia.

La selección uruguaya desembarcó en el puerto de Vigo el 6 de abril de 1924 con una calurosa bienvenida de los aficionados gallegos, la inmensa mayoría de ellos con familiares repartidos por el país sudamericano. Era la primera vez que una selección sudamericana de fútbol viajaba a Europa. Y causó sensación. Disputaron nueve partidos amistosos en España, para saldar el consabido balance de cuentas, y salieron victoriosos en todos ellos. Impresión causaron las contundentes victorias ante el Real Madrid y Athletic de Bilbao, los dos grandes equipos del momento. Habían viajado en tercera clase en un barco que tardó mes y medio en cruzar el Atlántico, pero ya se vislumbraba que volverían a casa con billete de primera.

Vigo, con la selección de Uruguay - Faro de Vigo
Vigo. 6-IV-24. Llegan los uruguayos

De Madrid a París serían unas 30 horas de tren y más de 3.000 espectadores (una cifra considerable en la época) verían la fácil victoria de los exóticos uruguayos ante Yugoslavia (7-0) en el primer partido del torneo. Después vencieron a Estados Unidos (3-0), Francia (5-1), Holanda (2-1) y a Suiza en la final (3-0). Uruguay había arrasado. El impacto fue tal que se estima en cerca del millón de mapamundis se vendieron en París y alrededores tras la victoria uruguaya, para poder así ubicar al pequeño país latinoamericano en el mundo. No era para menos, Paris contaba con más habitantes que la totalidad del Uruguay. En Montevideo se decretó fiesta nacional y se emitieron sellos conmemorativos. No era una victoria deportiva, era un éxito cultural y una prueba de que las jóvenes naciones sudamericanas podían competir con los viejos estados europeos.

Toda Europa, salvo los orgullosos y profesionales ingleses, celebró el triunfo uruguayo como un triunfo del refinamiento. Las imágenes de la época nos enseñan lo que hoy conocemos como estilo sudamericano. Pases al primer toque y decenas de gambetas. Con un ritmo y una velocidad notablemente inferior al fútbol del siglo XXI, pero muy alejado del prototipo inglés de fuerza, balón el aire y todos al área.

Fue tan extraordinaria la actuación de aquella selección charrúa, que al acabar la final el público parisino que abarrotaba el Estadio Olímpico de Colombes (ahora ya no eran 3.000 sino 45.000 almas) irrumpió con una sonora ovación. Pierre de Coubertin (presidente del COI) se dirigió al seleccionador uruguayo y le propuso dar una vuelta al campo para que los jugadores fuesen saludando al público. Había nacido la ‘vuelta olímpica’. No sólo eso. Un par de meses después, Uruguay disputó un partido amistoso ante Argentina para conmemorar el triunfo. Al cuarto de hora de partido, el delantero argentino Cesáreo Onzari anotaba un gol directo desde saque de esquina. Era el primer tanto que Uruguay encajaba tras ser proclamada campeona olímpica y aquel gol fue bautizado por la prensa como “el gol a los olímpicos”. De ahí nació la expresión ‘gol olímpico’ para referirse al tanto anotado directamente desde saque de esquina. Un término que surgió de la admiración por esa gran selección.

Juegos Olímpicos 1924 - AUF
«Campeones del mundo». 1924

Tal y como afirmé líneas atrás, los jugadores uruguayos eran amateurs, aunque por todos es sabido que los casos de profesionalismo encubierto eran evidentes en muchas disciplinas. Donde más en el fútbol, que había crecido de tal manera que hacía sombra a los propios JJ.OO. Esto fue notorio en Ámsterdam en 1928. Los uruguayos volvieron a lograr la presea de oro tras vencer sucesivamente a Holanda (2-0), Alemania (4-1), Italia (3-2) y a Argentina (2-1) en el encuentro por el título y tras un partido de desempate, en una antesala de la final de la Copa del Mundo de dos años después. Sin embargo, fue esta una victoria mucho más costosa, ya que los equipos europeos acudieron con los mejores jugadores de sus ligas, todos ellos falsos amateurs.

El COI, consciente de que era imposible controlar el amateurismo en el fútbol, prescindió de la disciplina balompédica en 1932. Recuperó el fútbol en 1936 bajo la estricta norma de prescindir de futbolistas profesionales la cual se mantendría vigente hasta 1988 imponiendo, eso sí, unas restricciones de edad, convirtiéndose el fútbol en los JJ.OO en una especie de Mundial sub-23. La FIFA se desmarcó de esa decisión, dejo de considerar los JJ.OO como competición mundial y pudo poner en marcha el proyecto que tenía en mente.

Fue entonces cuando Jules Rimet decide crear una competición propia a celebrar cada cuatro años, que se alternase con los JJ.OO y que llevaría el nombre de Copa del Mundo. La aprobación del primer Mundial tuvo lugar en un Congreso Extraordinario de la FIFA celebrado en el salón del Consejo del Ciento de Barcelona en 1929. Dado que Uruguay era la vigente campeona olímpica se dio por hecho que sería el país organizador, aunque Hungría e Italia también presentaron su candidatura. Al final el Mundial de 1930 se celebraría en el país sudamericano con tan sólo 13 países inscritos. Las naciones europeas (excepto Francia, Bélgica, Rumanía y Yugoslavia) se negaron a acudir esgrimiendo motivos económicos y de calendario.

El boicot no tuvo efecto. El Mundial de 1930 fue un éxito y detrás del primero vendrían todos los demás. La organización uruguaya fue ejemplar. Todas las fuerzas vivas de la nación y los cerca de 2 millones de habitantes que entonces tenía el pequeño país latinoamericano se volcaron en el Mundial y en la construcción del estadio Centenario, que fue bautizado con ese nombre porque en 1930 la competición futbolística iba a coincidir en el tiempo con los fastos por la celebración del centenario de la Independencia de Uruguay. Por cierto, las cuatro tribunas del estadio están bautizadas con los evocadores nombres de América, Colombes, Ámsterdam y Olímpica, un homenaje a los éxitos futbolísticos del país.

Uruguay ganó aquel Mundial de 1930 al igual que había vencido en los JJ.OO de 1924 y 1928. Pelé cuenta como el único jugador que ha ganado 3 Mundiales (1958, 1962 y 1970), pero es un dato no del todo cierto. Hasta 6 jugadores uruguayos fueron vencedores en las 2 ediciones de los JJ.OO y en el primer Mundial. El capitán del combinado era Jose Nasazzi, un fenomenal central apodado ‘El Mariscal’ y que era temido por los delanteros. La figura del equipo era Héctor Scarone, uno de los mejores puntas del mundo en la década de 1920 y que jugaría en Europa en el FC Barcelona y en el Inter de Milán. El acompañante de Scarone era Pedro Petrone, máximo goleador en los JJ.OO de Paris. El centro del campo era comandado por José Andrade, un mediocentro rocoso que está considerado por los historiadores como el primer gran jugador de raza negra. Y nos faltan dos extremos, ambos de origen español. Por un lado estaba Santos Urdinarán, apodado ‘Vasquito’. El otro extremo era Pedro Cea, uno de los jugadores más aclamados al desembarcar la expedición uruguaya en Vigo porque había nacido en el pueblo gallego de Redondela antes de emigrar con sus padres al país charrúa (también era nacido en Redondela Lorenzo Fernández, que fue campeón olímpico en 1928 y del mundo en 1930).

Pero aún hay más. Si el lector recuerda, en el primer párrafo de este artículo anunciaba que los más ‘frikis’ dan a Uruguay 5 títulos de la Copa del Mundo. Y éste último, además, vale doble.

Uruguay es el único país que cuenta con una Copa de Oro de Campeones Mundiales.

En diciembre de 1980, con motivo de los 50 años de la creación del primer Mundial, la FIFA organizó una competición a lo que solo podían acudir aquellos equipos que habían sido campeones mundiales (en aquel entonces eran Uruguay, Italia, Brasil, Alemania, Inglaterra y Argentina). Los ingleses, fieles a su legendaria flema, renunciaron a ir, por lo que la FIFA invitó a Holanda por haber sido subcampeona en 1974 y 1978. Se formaron dos grupos con tres equipos saliendo finalistas los vencedores de grupo. A la final se clasificaron Uruguay, que ejercía de país anfitrión, y Brasil. En la finalísima, disputada el 10 de enero de 1981, los uruguayos vencieron por 2-1 con goles de Barrios y Vitorino haciendo inútil el tanto del brasileño Sócrates.

He aquí el pentacampeonato uruguayo.

Según los estatutos de la FIFA en 2030 se debe celebrar una nueva Copa de Oro de Campeones Mundiales. El problema es que 2030 también es año de Mundial y el calendario internacional está mucho más saturado de lo que estaba en 1980. Veremos lo que Infantino y compañía inventan, pero mientras tanto, y a la espera de saber quién ganará el Mundial de Qatar, Uruguay puede seguir presumiendo de tener 4+1 Copa del Mundo de fútbol.

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La Liga de 22

Con una negligencia sanitaria por un lado y una chapuza deportiva por el otro, a la hora de escribir este artículo la Liga de Fútbol Profesional (LFP) está inmersa en un batiburrillo de dimes y diretes que inexorablemente acabaran en una decisión de compromiso y en un cúmulo de denuncias. En Fuenlabrada, bien por desidia o bien bajo extorsión, Alicante (Elche), Madrid (Rayo), Soria (Numancia) o Coruña (Deportivo) esperan con ansia una solución que pusiese fin a la liga de Segunda que todavía se mantiene en parálisis por culpa del coronavirus. Desde Coruña, con una pizca de pánico, un cuarto de cabeza y un lote de corazón, se solicita una Liga de 24 recordando a la famosa ‘Liga de 22’, la, hasta el momento, gran chapuza del fútbol hispano.

‘La Liga de 22’ no es más que, como su propio nombre indica, un campeonato regular de 22 equipos. La particularidad radica en que las grandes ligas europeas se manejan en una horquilla de equipos que van desde los 16 hasta los 20. Superar la veintena no entra dentro de lo estipulado. Mas durante dos campañas, 1995-1996 y 1996-1997, la Primera División de España contó con 22 conjuntos, tras un rocambolesco verano donde la presión popular y mediática quebraron el dictamen de las leyes.

Pero antes de revivir aquel tumultuoso mes de agosto de 1995 conviene alejar un poco más el foco. En 1990 el Gobierno de Felipe González lanzó el proyecto de la conversión de los clubes deportivos profesionales en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). Esto implicaba un plan de saneamiento (con dinero público, por supuesto) que salvaguardara a unos clubes que estaban en el colapso financiero. Por entonces los futbolistas tenían dos sueldos, el oficial (A) y el extraoficial (B). En la práctica, los Lopera, Lendoiro o Gil siguieron haciéndolo en los 90, pero hasta la creación de las SAD era práctica común a todos los clubes sin excepción. Paulo Futre, estrella del Atlético a caballo entre los 80 y los 90, llegó a afirmar que cobraba en B el doble de lo que ganaba en A.

Únicamente aquellos clubes que en el trienio 1989-1992 hubiesen presentado balance positivo podían negarse a convertirse en SAD. Esto implicaba que seguían siendo propiedad de los socios, o, lo que es lo mismo, podían –y pueden- seguir siendo opacos con sus finanzas y no presentar cuentas de resultados a un consejo de administración. Fue el caso de CA Osasuna, Athletic de Bilbao, FC Barcelona y Real Madrid, aunque en el caso de los blancos, y según todos los indicios, gracias al beneplácito gubernamental, ya que sus cuentas habían sido debidamente maquilladas.

Para julio de 1992 todos los clubes de Primera y Segunda salvo los cuatro citados eran SAD. Otros, caso del Real Murcia o el CD Málaga, no lograron reunir los avales necesarios y fueron descendidos administrativamente. Así pues, las cuentas comenzaron a ser auditadas y los pagos en B eliminados. Y eso dio lugar a problemas. A enormes problemas. Las cuentas no salían. Por lo menos, las oficiales no salían. Además, los clubes tuvieron que invertir cientos de millones en modernizar sus estadios para sustituir las plazas de pie por los asientos, y todo ello con un contrato televisivo que aún era incipiente y estaba a años luz de lo que depararía el futuro.

Este complejo proceso tenía prevista su finalización en 1995. Ese año la LFP exigió a todos los clubes presentar un aval del 5% de su presupuesto para posibles deudas futuras antes del 1 de agosto de aquel año. La noticia bomba saltaba cuando al comenzar el mes se descubre que ni RC Celta de Vigo ni Sevilla FC han presentado dicho aval. La norma es clara. Si no se presenta el aval el club de turno descenderá administrativamente a Segunda División B.

El shock en Vigo y Sevilla es brutal, y contrasta con la alegría desmesurada en Albacete y Valladolid. Y es que esos dos conjuntos castellanos habían descendido a Segunda por deméritos deportivos, pero tras la resolución de la LFP se decide que se mantengan en Primera en detrimento de gallegos y andaluces.

El Sevilla FC reaccionó con rapidez y al día siguiente envió el aval correspondiente. En caso del RC Celta la respuesta fue mucho más tibia. Abdujeron desde Vigo que el aval estaba en camino, pero la realidad es que el tiempo pasó y nunca llegó. En todo caso, la LFP no admitió el aval sevillano al estar fuera de plazo. A la causa no ayudó la actitud de Luis Cuervas, presidente sevillista, que aquel 1 de agosto espetó a la prensa: “No hay cojones para echarnos”.

A partir de ahí el caos.

Sevilla FC y RC Celta decidieron acudir al Consejo Superior de Deportes (CSD) el cual remitió a los clubes a presentar una denuncia en los tribunales. La estrategia era clara, primero acudir a los tribunales deportivos y luego a los ordinarios, pero era una estrategia lenta. En menos de un mes tenía que empezar la temporada 1995/96 y la LFP decidió ponerse de lado y esperar a que las aguas volvieran a su cauce.

Llegó el día 3 y miles de personas salieron a las calles sevillanas y viguesas a mostrar su indignación. En la capital andaluza se cifraron en 30.000 los manifestantes y en la ciudad olívica en 25.000. Fue la mayor manifestación que hubo en Vigo en toda su historia. Ni en la Transición, ni en los duros 80 de la reconversión industrial de los astilleros, ni cuando el desastre ecológico del Prestige. Nunca tanta gente salió a la calle como para defender al RC Celta. Esto da para una pequeña reflexión acerca de la importancia social del fútbol, el poder de la masa y los estómagos agradecidos.

Donde caben 20, caben 22 - Odio Eterno Al Futbol Moderno
Portugueses dando las gracias al rey de los turcos

En esas movilizaciones llamaron la atención el apoyo de aficionados del Dépor y del Betis, rivales enconados de celtistas y sevillistas. El clamor popular era tal que Pérez Rubalcaba, por entonces ministro de la Presidencia, llegó a afirmar que “no se puede castigar a la gente”. El Gobierno, a través del CSD, presionó para la readmisión de los morosos, por lo que a la LFP no le quedaba más remedio que recular y readmitir a ambos equipos. Pero, y ahí el gran inconveniente, eso implicaba redescender a Real Valladolid y Albacete Balompié.

El mes de agosto transitaba y la solución parecía lejos de producirse. Para mayor dificultad ni Real Madrid ni FC Barcelona eran partidarios de una ‘Liga de 22’, dado que llevaban un par de temporadas reclamando la reducción de equipos a 18. En esas estamos cuando la LFP anuncia una sesión extraordinaria y televisada para el 16 de agosto.

Poco después del anuncio, las fuerzas vivas de cada ciudad se ponen en marcha. En Vigo, el Ayuntamiento fleta autobuses gratuitos para que unos 5.000 gallegos estén presentes en la sede de la LFP y hagan fuerza ante la salomónica decisión. En Sevilla se habla de “humillación” y de defender “un legado de abuelos y de padres” y se solicita a Renfe, a la Diputación de Sevilla y a la Junta de Andalucía que abonen billetes gratis para acudir a Madrid.

Con miles de fanáticos a las puertas, los presidentes de los clubes de Primera y Segunda acudieron a una reunión que se tornaba maratoniana. A pesar de que el apoyo a la ´Liga de 22´ no era mayoritario, la amenaza de indemnizaciones millonarias por parte de los patrocinadores y de las televisiones ante la suspensión judicial del inicio de la próxima Liga hicieron rectificar a la mayoría de los clubes, incluidos Real Madrid y FC Barcelona, a los que no les quedó más remedio que aceptar un trágala.

La imagen de la asamblea es la de Ramón Mendoza y Joan Gaspart, presidentes de Madrid y Barça, votando al unísono a favor de la ‘Liga de 22’ tras encogimiento de hombros y mueca de desagrado. Pero la actuación estelar fue la de José María Caneda, el histriónico presidente de la SD Compostela, que afirmaría en su intervención: “Los señores del Gobierno y del CSD son unos capullos. El Compostela no acepta, pero traga, pero que no nos la envaine Cortés Elvira (presidente del CSD) ni ningún capullo por ahí”. Destacada también la sentencia de la matriarca María Teresa Rivero, presidenta del Rayo Vallecano: “Como mujer y madre de familia numerosa votaré una solución que traiga paz, orden, bien social y entendimiento para lograr alegría y satisfacción para todos los patriotas”.

Por votación unánime la LFP decidió que los cuatro equipos (Sevilla FC, RC Celta, Real Valladolid y Albacete Balompié) se iban a mantener en Primera División. Fue una sesión dura y compleja en la que se creaba la ‘Liga de 22’. Esta cantidad de equipos se mantendría durante la temporada 1995-1996 y la 1996-1997, pero en esta última se decretó que descenderían un total de cuatro clubes de forma directa mientras que ascenderían dos. Para la 97/98 se volvería a la normalidad, pero desde entonces sería la Segunda División la que se quedaría con el sambenito de ‘Liga de 22’, a no ser que la propuesta del Dépor prospere y el sambenito se eleve a 24 conjuntos.

Por cierto, de los cuatro clubes implicados en aquella ‘Liga de 22’, tan sólo el Albacete Balompié descendería a Segunda al finalizar la temporada. Fue también la última temporada con límite de jugadores comunitarios y la primera en la que los jugadores llevaron un dorsal fijo en las camisetas. Y, para los niños y los coleccionistas, hubo que añadir un suplemento en el álbum de cromos de Panini para acomodar en el libro a los futbolistas de los 22 equipos.

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La Liga del Dépor

Una muchedumbre de 50.000 personas se amontonó en la Plaza de María Pita para festejar el título de Liga del RC Deportivo de La Coruña. Todos los futbolistas cargaban con una resaca formidable y un inmundo pelo color pollo, obra y gracia del peluquero de Djalminha. El día anterior algún futbolista llegó a temer por su vida. El citado Djalminha tuvo cerca de veinte personas encima de él. Según confesó, llegó a perder el aire durante unos segundos. Otros, como Makaay, tuvieron que regalar la camiseta a un aficionado para que ejerciera de escolta privado y lo llevase a base de patadas y empujones a los vestuarios. Y es que la fiesta de la Liga del Dépor fue de las gordas. Muy gorda. Fue una fiesta que sumaba seis años de espera.

Tras perder la Liga de 1994 con el penalti más famoso de todos los tiempos, el Dépor cosechó el título copero de 1995. Aquel modesto equipo que se dio en llamar Superdépor se habituó a las primeras plazas del fútbol español. Lo haría de forma casi ininterrumpida durante algo más de una década. Y digo casi, porque el último día del cierre de mercado veraniego de 1997 el FC Barcelona pagaba 4.000 millones de pesetas (24 millones de euros) y se hacía con Rivaldo, el eje insignia del nuevo proyecto blanquiazul. Esa puñalada a última hora provocó un cataclismo en el Dépor, que hizo de la campaña 1997/98 una temporada de transición.

Para remediarlo, en 1998 el Dépor nombraba como nuevo entrenador a Javier Irureta. El vasco, que había dirigido entre otros al Real Oviedo o a la Real Sociedad, acababa de sellar una gran temporada en el RC Celta, así que tras su fichaje por el Dépor se convirtió en persona ‘non grata’ en el sur de Galicia. Irureta, vivo ejemplo de escolarización jesuitina, fue elegido por Lendoiro con dos misiones. La primera convertir un vestuario que parecía la ONU en un grupo unido. La segunda revivir la mística de Arsenio. Tras los mediáticos Toshack y Carlos Alberto Silva, la idea de Lendoiro era contratar a un entrenador de perfil bajo, tranquilo y que tuviese mano izquierda.

E Irureta lo consiguió. Aunque no cómo él pensaba.

En los siete años que el vasco estuvo en el banquillo deportivista logró que todos los jugadores se uniesen contra él. Irureta mantuvo cohesionado al equipo porque nadie era capaz de aguantarlo. Las súplicas eran variadas. Djalminha, Fran o Molina manifestaron que su exceso de conservadurismo impidió que el Dépor lograse más éxitos. Makaay o el Turu Flores se quejaban de que nunca jugaban en su posición natural. Capdevila o Pandiani que los méritos de los entrenamientos no importaban. Y los que callaban en público criticaban en privado. Irureta no dejó amigos, pero logró lo imposible, conseguir la unión de un equipo a través del odio a su entrenador.

Y no conviene restar mérito al hombre que tuvo que lidiar con Diego Tristán y consiguió sacarle jugo durante un par de temporadas.

El caso es que Irureta clasifica al Dépor para la Copa de la UEFA en su primera temporada y las expectativas para la segunda son las mismas. Repetir clasificación europea. Para ello el Dépor vende a jugadores importantes como Ziani, Bonnissel, Manjarín o Armando y ficha entre otros a Víctor, un futbolista de banda que había destacado en el Real Madrid, Jokanovic, un pivote defensivo procedente del Tenerife, y especialmente al delantero holandés Roy Makaay. De 24 años de edad, y también ex futbolista del Tenerife, no era del agrado de Irureta. Y de hecho, nunca lo fue. Pero en el primer partido de Liga anotó un ‘hat-trick’ en la victoria por 4-1 ante el Alavés, convirtiéndose en uno de los favoritos de la afición y convenciendo al técnico vasco de su valía.

Los blanquiazules empezaron fuerte en casa y flojeando fuera. Fue un indicio de lo que iba a deparar la temporada. El Dépor ganó 16 de los 19 partidos que disputó en Riazor. Una bestialidad. Sólo el Numancia y el Racing de Santander salieron de Coruña con los tres puntos. O mirado desde otro prisma, el Dépor sólo ganó cinco partidos como visitante en la temporada 99/00. 21 triunfos en total. Cinco victorias menos de las que necesitó el Barça para proclamarse campeón la campaña pasada. Y le valió.

Aquella Liga se inició con un duelo por el liderato entre el FC Barcelona y el Rayo Vallecano. Sí, han leído bien. Los madrileños hicieron un primer tercio de campeonato excepcional para acabar desfondándose en la segunda vuelta. Pero a finales de octubre el Dépor fascinó con una prestigiosa victoria ante el Barça del odiado Rivaldo con dos goles de Makaay, un sufrido triunfo en el Carlos Tartiere de Oviedo gracias a un penalti transformado por Djalminha y una fácil conquista (5-2) ante el Sevilla en casa con tres goles de Pauleta. Era la jornada decimosegunda y el Dépor se colocaba en el liderato.

Y ya no lo abandonaría.

El Depor enganchó una racha de siete victorias consecutivas que le llevó a liderar la clasificación con un colchón de ocho puntos de distancia. La última de ellas fue ante el RC Celta, por entonces segundo clasificado, al que derrotó por 1-0 en un derbi gallego bronco y duro, que pasaría a la historia por una actuación teatral digna de Broadway.

Total, que el Dépor se presenta en la segunda vuelta como líder, amarrando en casa lo que pierde fuera. Entre las derrotas fuera se incluyó una dolorosa en Soria ante el Numancia con gol mal anulado a Songo’o, el portero deportivista, que subiera a rematar un córner a la desesperada en la prolongación. Los esquemas de Irureta son conocidos por todos de cabo a rabo. En Riazor sale con dos pivotes, Mauro Silva y Flavio Conceiçao, y coloca a Djalminha de enganche por detrás de Makaay. Si el partido se tuerce sitúa al delantero holandés en una banda y saca a Pauleta o al Turu Flores en la punta del ataque. En los partidos lejos de Riazor, o cuando toca amarrar el resultado, sacrifica a Djalminha para colocar un ‘trivote’ en el que el elegido suele ser Jokanovic. El famoso ‘trivote’ de Irureta será la piedra angular de la famosa unión del vestuario. La unión del odio común ante el entrenador irundarra.

Que al Dépor le sirviera ese plan tan conservador para ganar la Liga obedece a sus aciertos, pero también a los errores de los rivales. El RC Deportivo triunfó con 69 puntos y 11 derrotas (7 en la segunda vuelta). La diferencia entre el campeón y el sexto clasificado (Alavés) fue de tan solo ocho puntos. En la famosa Liga de los 100 puntos, el Real Madrid aventajó al sexto clasificado (Levante) en 45 puntos, más diferencia que entre el Dépor y el último de la 99/00 (Sevilla) que acabaron separados por 41 puntos. Esto no resta mérito a los herculinos. La clasificación tan sólo es la fotografía de su tiempo. Lendoiro, el mandamás de los coruñeses, siempre ha defendido que la Liga del Dépor tiene más mérito que las de la Real Sociedad o las del Athletic en los 80, porque el RC Deportivo la ganó en un mercado internacional de futbolistas expansivo.

Antes del esperado desenlace hubo varios momentos para el recuerdo. El primero tuvo lugar en Riazor ante el Real Madrid. Por entonces los coruñeses vapuleaban a los madrileños cada vez que se asomaban al Atlántico. Esos duelos solían emitirse en horario de máxima audiencia en Canal Plus, canal televisivo de pago que contaba con una infraestructura de cámaras fantástica que llevaba los lugares más recónditos del estadio al hogar del telespectador. Djalminha, igual de impresentable que de genio, lo sabía, y gustaba de hacer algo especial en esos partidos. Rodeado de cuatro jugadores del Real Madrid, a Djalminha se le ocurrió salvar el escollo con un disparate perpetrado con el tacón con el que pretendía realizar un autopase por encima de su cabeza y de la de sus defensores. El balón, por equivocación, acabó en Víctor y la jugada en intrascendente, pero el recuerdo ha pervivido con el nombre de ‘lambretta’.

https://www.youtube.com/watch?v=XjixZWxmuyw

Al acabar la primera parte Raúl, entonces uno de los mejores delanteros del mundo, se fue a buscar a Djalminha para preguntarle porque hacía tonterías. El brasileño contestó: “Tú metes goles, pero yo soy jugador de fútbol”.

Genio y figura.

Aquel choque ganado por el Dépor por 5-2 fue la primera vez que en Coruña se volvió a creer que se podía ganar la Liga. Faltaban todavía 15 jornadas pero el Dépor iba como un tiro. Y fue justo entonces cuando los fantasmas del 94 volvieron a aparecer.

El Dépor era incapaz de ganar fuera de casa y, mientras, el FC Barcelona apretaba el ritmo. Parecía un ‘deja vú’ del 94. Por detrás el Real Madrid se desfondaba y se centraba en la Copa de Europa que acabaría ganando por octava ocasión, y el Real Zaragoza ascendía a la tercera posición liderado por el serbio Savo Milosevic.

Las meigas salieron del armario en la jornada 35. El Barça pasaba por encima del Atlético en el Calderón (0-3) el mismo día que el Dépor visitaba Balaídos para enfrentarse al RC Celta. Los vigueses no se jugaban nada y hubo petición en los medios para un pacto de no agresión entre los gallegos. Pero no iba a ser así. Había muchas rencillas abiertas entre los dos equipos. Celta y Dépor no son Real Sociedad y Athletic. El partido se jugó a cara de perro y acabó con sufrida victoria viguesa por 2-1. Tras la catástrofe, sería la segunda y última vez que Lendoiro bajó a un vestuario a hacer una `’santiaguina’ para animar a sus jugadores. El presidente estaba reviviendo el agónico final de Liga de 1994 y sentía que la Liga se le escurría entre sus dedos.

Quedaban 3 jornadas. El Dépor aventajaba en dos puntos al Barça y en cinco al Zaragoza…y tenía que recibir a los maños en Riazor. Tocaba ayuda divina. Y la hubo. El Barça jugaba en el Camp Nou ante el Rayo Vallecano. Un trámite. Pero el mismo equipo que en la primera vuelta era un matagigantes y en la segunda un corderito, hizo la machada y silenció el coliseo azulgrana (0-2). Si el Dépor ganaba al Zaragoza era virtualmente campeón.

Todos los goles tuvieron lugar en la segunda parte. Los maños se adelantaron, pero el Dépor le dio la vuelta al partido primero con un gol de Makaay a centro de Fran y luego con un disparo raso desde fuera del área de Djalminha. Es el 2-1. El que escribe, por entonces quinceañero, se levantó junto a los otros 35.000 presentes en Riazor para celebrar no un gol, sino un título de Liga. Pero es entonces cuando aparece el diablillo en la oreja izquierda del brasileño. En la celebración del tanto Djalminha se saca la camiseta, recibe la segunda tarjeta amarilla y es expulsado. Gilipollas. Quedan 10 minutos y el Dépor se echa atrás. Muy atrás. El Zaragoza empata (2-2) y gracias. Hubo ocasiones para perder.

Llegamos así a la penúltima jornada donde el Dépor pone el trivote, el cuatrivote y lo que haga falta para amarrar un empate en Santander. Apenas cruza el centro del campo. Pero es suficiente. Éste Barça no es el de Cruyff y tampoco pasa del empate ante la Real Sociedad. Son tres de ventaja sobre catalanes y aragoneses. 

Para que el Dépor se proclamase campeón le bastaba un empate en casa ante un equipo que no se jugaba nada. Era un viernes. 19 de mayo de 2000. En 1994 el Dépor tenía que ganar, o al menos igualar el resultado del Barça. En el año 2000 al Espanyol no le interesaba el partido. En 1994 al Valencia tampoco. Pero a diferencia de los levantinos, los periquitos nunca iban a aceptar una prima procedente de Can Barça.

Pero el Dépor sí que lo propuso. Según se supo después, tres días antes del partido y tras una comida en el Playa Club – un restaurante de moda situado a escasos metros de Riazor -, cuatro pesos pesados (Fran, Donato, Mauro y Djalma –según la rumorología-) se subieron a un Mercedes con las lunas tintadas junto al presidente Lendoiro pidiéndole que le diera una prima a los periquitos para firmar el empate. Al parecer Lendoiro rechazó la idea y exigió a sus chicos que ganasen el partido.

La realidad es que el Dépor no sufrió. Cuentan que, fiel a su estilo, Irureta no realizó ninguna arenga antes de saltar al campo. No hizo falta. De eso ya se encargó Coruña durante toda la semana anterior. De hecho los jugadores hasta disfrutaron. El Espanyol se comportó con honor. Defendiendo ordenadamente y atacando cuando podía, pero sin mordiente, ánimo ni velocidad. A medio gas. Aun así, Riazor enmudeció a mediados de la primera parte cuando Naybet hizo un más que posible penalti sobre Tamudo que García Aranda no quiso ver.

Pero ni aun así se hubiese propagado el miedo en Riazor. Sólo se necesitaron cuatro minutos para que Víctor lanzara un córner y Donato buscando el primer palo peinara el balón y anotara el 1-0 que otorgaba infinita tranquilidad a los blanquiazules. Donato esbozó esa sonrisa que le hizo ganarse a los coruñeses que se mostraron escépticos cuando el Dépor firmó a un rechoncho defensa de 31 años al que no había renovado el Atlético de Madrid por sus continuas lesiones musculares. Aquel 19 de mayo Donato iba camino de los 38 años y aún aguantaría tres temporadas más como eje de la defensa del Deportivo más glorioso de todos los tiempos.

Riazor había explotado como si de la Bombonera se tratase. Una lluvia de papelitos cubrió el verde mientras Donato le dedicaba el gol a su amigo Orejuela, compañero en el Atlético de Madrid y que estaba ingresado por una delicada operación. Donato sabía que iba a marcar. Orejuela le había dicho que iba a anotar un gol. Esas cosas que siempre se dicen, pero pocas veces se cumplen. Pero esta vez sucedió. Lo cierto es que Víctor siempre sacaba los córners al primer palo. No necesitaba hacer ninguna señal. Donato sabía lo que tenía que hacer.

Pero es que luego ocurrió lo que nadie esperaba. El RC Celta se adelantaba ante el FC Barcelona en el encuentro que a la misma hora se disputaba en el Camp Nou. Nunca antes y nunca después se celebró con tal fuerza un gol celeste en Riazor.

Al fantasma de Djukic sólo le faltaban cinco minutos para fenecer. Manuel Pablo corre la banda, realiza un recorte en la línea de fondo y envía un centro al primer palo que Roy Makaay convierte en su vigesimosegundo gol de la temporada.

https://www.youtube.com/watch?v=_c1qb4plWfc

La segunda parte fue una fiesta. Un despiporre. Y hasta el Espanyol mantuvo su honra, porque atacó con ansía y tuvo un par de buenas ocasiones. Pero daba igual. El Dépor conseguía una Liga que la fortuna le debía. Una Liga que fue querida por toda España. Incluso, quizás, hasta en algún lugar de Vigo.

La victoria del RC Deportivo en la Liga 1999/00 es una hazaña difícilmente repetible. Desde que la Ley Bosman permite la libre circulación de futbolistas continentales no ha vuelto a haber un ganador liguero tan inesperado en una de las grandes ligas europeas. Tan sólo los triunfos del Kaiserlautern (97/98) o Wolfsburgo (08/09) en la Bundesliga o del Leicester en la Premier (15/16) puede comparársele. Pero a diferencia de estos conjuntos, el triunfo del Dépor no fue fruto de una gran temporada. Fue el resultado de una constancia de años de trabajo que no sólo le otorgó una Liga (2000), sino 4 subcampeonatos (1994, 1995, 2001 y 2002) y 2 copas del rey (1995 y 2002).

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La España vacía

El campo y la ciudad no son más que dos formas antagónicas de entender la vida. Una se autoproclama moderna y civilizada y a la otra la etiquetan como atrasada e ignorante. Obviamente son estereotipos. Pero los estereotipos esconden realidades. Un choque empeñado en afrontar el contraste y la asincronía. La lucha de la España vacía no es sino la lucha del reconocimiento.

Como todo gallego, y como buena parte de los españoles, no soy más que un urbanita que tiene sus raíces en el rural. Y un urbanita no es más que un pueblerino acomplejado. Hay urbanitas que trasfiguraron sus raíces para convertir los vaqueros y las botas en ropa de asfalto. En otros lugares del globo ocultaron los pololos y los bombachos en el armario pero por dignidad los sacan a relucir cuando hay que tirar de orgullo. En España los trajes regionales han sido relegados al trastero ante la vergüenza y el escarnio del urbanita retraído. Al final los zocos, las polainas o la pañoleta no son más que la imagen del mal, el arquetipo del pasado, del ser humano que hemos dejado atrás.

La que se ha dado en llamar la España vacía representa el 53% de la superficie del país en la que apenas vive el 15% de la población. Menos del 10% si se suprimen las capitales de provincia. Hablamos de poco más de 4 millones y medio de seres humanos cuando en el otro 47% del territorio habitan 43 millones. En toda Europa tan sólo el interior de Irlanda presenta una densidad de población más baja.

Para los ortodoxos la España vacía son la Castilla manchega y la Castilla leonesa, Extremadura, La Rioja y Aragón. Pero la España vacía es toda aquella que no conoce el mar. Aquella que entre duros inviernos y ásperos veranos ha asustado a los que hemos renegado del esfuerzo y hemos apostado por el adjetivo perezoso. La España vacía también es la Andalucía agreste, los pueblos de montaña del Cantábrico y de los Pirineos, y también la Galicia más íntima, la Galicia olvidada de Lugo y Orense.

El resultado es un retrato de un país acostumbrado a vivir en la particularidad y la extrañeza, que apenas se reconoce a sí mismo, repleto de zonas geográficas que comparten muy pocos elementos en común. Algunas ni siquiera el idioma. Pero tampoco su historia ni sus características climáticas, lo que propicia que arquitectónicamente los pueblos del norte no tengan nada que ver con los del sur. Una guerra con un bando que mira a Europa, a la modernidad y a las reformas, enfrentado a otro de valores tradicionales y reaccionarios que reclama solamente no ser olvidado.

Y ahí está el fútbol. El fútbol es orgullo y sentimiento de pertenencia. Incluso en comunidades fragmentadas y cosmopolitas, donde ya no existe ni la integridad ni la uniformidad, sea esta cultural, racial o hasta religiosa, el club de fútbol sigue magnificando al pueblo o a la pequeña ciudad. Cuando Guipúzcoa se resquebrajaba a gritos, golpes y a tiros, el campo de Atocha se llenaba de abrazos inconcebibles entre personas que sólo tenían en común las paradas de Arconada y los goles de Satrústegui. Pero es en las villas y en las ciudades de la España vacía donde el fútbol representa una esperanza pra salir de la podredumbre. Para lugares como León, Huesca, Jaén, Logroño o Burgos no hay mejor forma de ser escuchados y reconocidos que a través de sus años de gloria en Primera División.

El CD Orense (en adelante usaremos el hoy reconocido CD Ourense) es uno de esos equipos que durante un breve periodo de tiempo consiguió que su modesta ciudad pasase a ser centro del panorama nacional y que en Madrid o en Barcelona se prestase atención a lo que ellos consideran un villorrio de interior.

Ourense es una de esas ciudades provinciales que se ha peleado con el mar. A la sombra de las Rías Baixas, de la Galicia simpática y amable, de la soleada del buen beber y del mejor comer. Alejada de la oscuridad, la libertad, la historia, el misterio y la literatura de Santiago. Apartada de la comercial y bulliciosa Coruña. Ourense, como su hermana norteña Lugo, está en ese rincón que no viene en las guías de viaje. Ambas se tiran a brazos del Miño para precipitarse en Galicia. Pero si bien a Lugo le sobra para pertrecharse a occidente del Bierzo, a Ourense no le es suficiente. Lo que en Lugo es verde al mirar a su derecha en Ourense se va convirtiendo en marrón. Lo que en Lugo es humedad en Ourense es secarral. Ourense es la puerta a Castilla, una puerta que le beneficia y que la penaliza ¿Quién quiere conformarse con una impostora teniendo Galicia tan cerca?

Como todas las ciudades que se tiran al turismo para sobrevivir, Ourense ha diseñado millones de euros en un centro turístico amable y coqueto en el que Las Burgas saludan al paseante. Amable y acogedora, Ourense es otra de esas ciudades pequeñas o pueblos grandes, con elevada media de edad y sin el glamour del Corte Inglés.

Y como toda ciudad Ourense cuenta con un club de fútbol. Un club sin demasiado éxito, ya desaparecido y hoy refundado. Más bien mal refundado, porque en una ciudad en la que malamente sobrevivía un club profesional ahora malviven dos en la misma categoría, una pésima receta que también ha sido aplicada en lugares como Salamanca o Logroño. A diferencia de estas dos últimas, la ciudad de Ourense no ha podido nunca saborear las mieles de la Primera División. Pero en la temporada 1967/68 el CD Ourense tuvo la temporada perfecta. Nunca antes ni nunca después un equipo de fútbol de categoría nacional ha logrado algo similar. El récord del CD Ourense sigue siendo inalcanzable.

LA TEMPORADA PERFECTA

En la campaña 67/68 el CD Ourense militaba en Tercera División. Por aquel entonces era la tercera categoría del fútbol español. Para hacernos una idea de la diferencia es menester indicar que en la actualidad sumamos 122 clubes entre Primera (20), Segunda (22) y los cuatro grupos de Segunda B (80). En 1968 había 50 clubes entre Primera (16) y los dos grupos de Segunda (32) y luego ya se pasaba directamente a Tercera División. Grosso modo los grupos en Tercera se dividían por regiones autonómicas como en la actualidad, pero el menor número de equipos profesionales hace comprender como por entonces tenía más pedigrí que en el presente competir en Tercera.

Tras varias temporadas en Segunda el CD Ourense había descendido a Tercera en 1965. Desde entonces había encadenado ejercicios meritorios para acabar claudicando en la fase de ascenso. En la temporada 67/68 conformaba un grupo gallego de 16 equipos en donde destacaba la SD Compostela, el CD Lugo, los filiales del RC Deportivo y del RC Celta y equipos antaño relevantes como el CD Lemos.

La temporada comenzó un 10 de septiembre con victoria a domicilio en Monforte ante el CD Lemos por 0-2. Los ourensanos tardaron ocho jornadas en encajar su primer gol en contra para finalizar la primera vuelta con 14 victorias. Faltó un partido por disputarse, ante el CD Lugo, que hubo de suspenderse por culpa de una fuerte nevada en la ciudad amurallada.

Como no podía ser de otro modo la segunda vuelta fue mucho más complicada, porque todos sabían del récord y todos querían acabar con la famosa racha. A medida que se sucedían las victorias el equipo iba acaparando minutos en las radios nacionales y haciéndose un hueco en la prensa deportiva editada en Madrid.

Todo fue de color de rosa hasta la jornada 27, apenas cuatro antes de la conclusión del campeonato. Jugaban en Vigo ante el Rápido de Bouzas y aunque el CD Ourense dominó el choque no pudo anotar el gol de la victoria (0-1) hasta los instantes finales. Misión cumplida. 27 de 27. Lo mismo sucedió en la siguiente fecha. En el barrio de O Couto, que da nombre al estadio, el CD Ourense recibía al CD Lugo. Era el tiempo de descuento y el marcador era de empate a un gol. Córner a favor de los ourensanos que es ejecutado muy cerrado y bota entre el poste y el portero rival hasta que es sacado malamente por el guardameta lucense. El árbitro mira a su linier y concede el tanto. Gol olímpico. La afición rojilla estalla de alegría y el récord cada vez está más cerca. 28 de 28.

La penúltima fue un trámite ante el otro equipo de la ciudad, el Atlético Orense (5-0) para en la última jornada visitar el antiguo estadio de Santa Isabel de Santiago. El rival era la SD Compostela, segundo clasificado del campeonato y que tan sólo había encajado una derrota, lógicamente, ante los aurienses en la primera vuelta.

El 29 de abril de 1969 Santa Isabel estaba a rebosar con más de 2.500 aficionados llegados desde Ourense para completar la gesta. Matías Prats padre comandaba la expedición de Televisión Española encargada de filmar el partido. Fue un partido duro y tenso vigilado por la aguda lluvia que cayó en Santiago, y que no se resolvió hasta que Tunez anotaba el gol que sellaba el récord del CD Ourense (0-1). Cuando el colegiado pitó el final del partido hubo invasión de campo y los jugadores, como manda la tradición, acabaron sin camiseta. “Es un récord único, nadie lo va a igualar”, contestaba profético Carballeda a las preguntas de los periodistas. Carballeda fue el pichichi de la categoría con 38 tantos, la gran mayoría de ellos rematados de cabeza tras los centros de Pataco, el jugador de más clase de aquel conjunto que acabaría fichando por el Atlético de Madrid.

La hazaña se había consumado. 30 partidos jugados y 30 partidos ganados. 98 goles a favor (3,26 por partido) y 7 en contra (0,23 por partido). Al término del choque se leyó por megafonía un telegrama de Juan Antonio Samaranch, por entonces Delegado Nacional de Deportes, concediendo al club la Medalla de Plata al Mérito Deportivo.

Y sin embargo la temporada perfecta acabó en fracaso. Como campeones de su grupo de Tercera debían afrontar dos eliminatorias para poder ascender a Segunda. En primera ronda cayeron en Barcelona ante el Condal en lo que fue la primera derrota de la temporada, pero consiguieron darle la vuelta a la eliminatoria en el partido disputado en O Couto. En la ronda definitiva perdieron ante el Ilicitano (lo que hoy sería el Elche B) al empatar sin goles en casa y caer por 2-1 en tierras alicantinas.

Aquel equipo formado casi en exclusiva por gallegos es motivo de orgullo para los ourensanos. Destacaba el portero lucense Roca, el defensa Paredes, apodado ‘Gladiador’ y que acabó jugando en el Pontevedra CF y en el Real Valladolid en Primera. En el centro del campo estaba el vigués Pito y el extremo de Xunqueira de Espadañedo Cortés que un año después firmaría por el RC Deportivo. Las estrellas eran los ya citados Carballeda, un delantero pontevedrés que nunca volvería a rendir a tan estratosférico nivel, y Carlos Couceiro ‘Pataco’, un juvenil ourensano que llegó a formar parte de la plantilla del Atlético campeona de la Copa Intercontinental en 1974 aunque de manera testimonial.

El CD Ourense llegó a celebrar 67 partidos invicto en Liga sumando encuentros de la temporada anterior y de la posterior. Sumó además, con fases de ascensos incluidas, cuatro años sin perder en el estadio de O Couto. Fernando Bouso, el técnico en aquellos años consiguió 80 victorias en sus 98 partidos al frente del club. En todas sus temporadas el CD Ourense fue campeón de su grupo de Tercera, y después de dos liguillas sin premio logró ascender a Segunda en 1969 tras eliminar al Athletic B en San Mamés.

Fueron los años dorados de un conjunto que, al igual que el Pontevedra CF también triunfante de la época, tuvo una segunda y fugaz época gloriosa a finales de los 90. Seguramente la década de los 60 fue el cénit del fútbol gallego. Sí, es cierto, en el cambio del siglo el RC Deportivo reinaba en España y el RC Celta practicaba el juego más hermoso del momento, pero ambos lo hacían gobernados por brasileños, holandeses, rusos o argentinos. En los 60 las plantillas de coruñeses y vigueses contaban con un buen puñado de gallegos. A ellos se sumaban el Pontevedra CF del ‘hai que roelo’, las hazañas ourensanas y los grandes mitos futbolísticos del momento (Marcelino, Amancio o Luis Suárez) habían nacido en esta esquina de la Península Ibérica.

 “La palabra provincia remolca un imaginario que tiene una catedral gótica, unos soportales, un paseo arbolado, señoritas recatadas que salen de misa, salones con tapetes y casinos mercantiles donde se juega al tresillo y se lee la prensa de Madrid con un día de retraso. Escenas que pueden situarse lo mismo en Burgos que en Ceuta que en Murcia que en Cuenca que en Gerona. No importan el clima o el paisaje, que no alteran el ideal platónico. Desde las grandes ciudades las provincias son un ser y un estar uniforme e intercambiable, igual de feo, católico y sentimental en la montaña que en el llano o en la costa (…) Así las concibió Javier de Burgos y han hecho muy bien su papel de modernización y vertebración (…) Prácticamente inalteradas desde 1833 (las provincias) en un país incapaz, en doscientos años, de mantener regímenes políticos duraderos, enzarzado en cuatro guerras civiles, tres coloniales y una de liberación nacional, con siete constituciones democráticas y varios estatutos y fueros impuestos.”  Sergio del Molino en el libro ‘Lugares fuera de sitio’.

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