deporte galego

El penalti de Djukic

14 de mayo de 1994. Coruña. Noche fría, aunque parece que no lloverá. Se superan por poco los 10 grados centígrados. En torno a las 22.15 horas de la noche. Minuto 43 de la segunda parte. Minuto 88 de partido. Fran se dispone a ejecutar un lanzamiento de esquina a la derecha del palo defendido por González, guardameta del Valencia. El balón vuela hasta el centro del área y es despejado por un zaguero valencianista fuera de los límites del terreno de juego. Fran corre presto a poner el balón en liza de nuevo. Es un saque de banda a unos 30 metros de la portería rival. El Dépor ataca hacia el fondo de pabellón, justo enfrente de donde se sitúan los seguidores más radicales del club blanquiazul. Justo en la parte delantera de la explanada que va a llevar a la playa de Riazor, el mismo arenal que da nombre al bello estadio insertado en el corazón de la capital herculina desde 1944.

Al principio fue Lendoiro. Empresario desde niño, eterno aspirante a suceder a Fraga, acabó salvando al RC Deportivo de la desaparición en 1988 y lo convirtió en su cortijo particular y en el equipo más querido de España. Fran, José Ramón y Arsenio ya estaban. Los tres daban la nota ‘enxebre’ al invento. El primero de ellos, ‘O neno’, se convertiría en el mejor futbolista zurdo de España en los 90 a pesar de las cabezonadas de Javier Clemente. Luego vendría Djukic en un golpe de suerte durante un viaje a Belgrado. Más tarde arribaron las gangas. Jugadores rechazados que llegan al Dépor a coste cero. López Rekarte (Barcelona), Nando y Voro (Valencia) o Aldana (Real Madrid). Pero el plato gordo se cocinó en Brasil. En el verano de 1992 Lendoiro se lió la manta a la cabeza y se fue en búsqueda de Mauro Silva y de Bebeto. El primero era un mediocentro que, si bien era internacional, jugaba en un equipo desconocido y era incapaz de tirar a puerta aun estando delante de la portería rival. El segundo formaba con Romario la dupla atacante de Brasil y estaba a punto de firmar por el Borussia Dortmund. Lendoiro pagó, y pagó bien (de aquellos polvos vienen estos lodos), pero lo que decantó la balanza fue la mujer de Bebeto. Una semana de abril Lendoiro se la llevó a Coruña y le enseñó la fantástica ensenada de Riazor. Bebeto y su familia vieron en Coruña un pequeño Río de Janeiro. La suerte para Lendoiro es que las meigas se llevaron la lluvia durante unos días y aquel abril hizo un tiempo esplendoroso en esa esquina de Galicia.

Fran saca de banda y se apoya en López Rekarte que le devuelve el esférico al primer toque sin siquiera dejarla caer al suelo. Fran controla con la derecha y juguetea con la izquierda mientras intenta avanzar hasta el área rival. Hombro con hombro es encimado por un defensa ché que parece jugarse la vida en el envite, cuando lo único que ha puesto en liza es el honor, si eso existe. En una fracción de segundo Fran encuentra un pasillo libre y envía un balón mortal a las tripas del área para la carrera de Mauro Silva. El brasileño controla a trompicones y avanza hasta la línea de fondo buscando un centro imposible con el que sus notables cualidades defensivas no están familiarizadas. Un valencianista le niega esa posibilidad y decide volver a retrasar el esférico que llega a pies de Alfredo. El pequeño centrocampista tiene unas décimas de segundo para colocar el balón en posición, poner un mal centro a la olla y rezar para que alguien lo cace.

En la temporada 1992/93 nació el SuperDépor. Concretamente nació tras una victoria en Riazor ante el Real Madrid por 3-2 tras ir perdiendo por 0-2 en el descanso. Aquella temporada el equipo coruñés acabaría tercero y se convertiría en el segundo equipo de todos los españoles. El tobillo mágico de Bebeto se proclamó máximo goleador y las seguras manos de Liaño el portero menos goleado. Pocos esperaban que el milagro se repitiese en la siguiente temporada, pero, tras una victoria en la duodécima jornada ante el FC Barcelona, el RC Deportivo se colocó en el liderato. Y ya no lo soltó más.

El centro de Alfredo no es lo suficiente fuerte ni lo suficiente débil y desciende lánguidamente hasta el punto de penalti, donde, por increíble que parezca, no hay nadie. Por allí asoma Bebeto preparado para armar la pierna pero al levantar la cabeza advierte que tiene una muralla de defensores entre él y la portería. Con un sutil gesto con el exterior del pie desplaza el balón a Nando que avanza hacia el área como caballo desbocado directo a disparar a gol con todas sus fuerzas. Nando intenta controlar, pero se le va demasiado largo, y, en ese momento, justo cuando entra dentro del área, aparece la pierna del valencianista Serer. López Nieto señala el punto de penalti. Iban 43 minutos y 27 segundos de la segunda mitad. 88 minutos y 27 segundos del último partido de la Liga. Del último de los 38 partidos disputados por el RC Deportivo en la Liga. El último de los 3.420 minutos de una temporada.

En una Liga con dos puntos por victoria el Dépor se aferraba a la media inglesa; ganaba en casa y empataba fuera. Tenía una sólida ventaja pero el Barça apretaba fuerte. De los últimos 14 partidos los azulgranas ganaron 12 y empataron 2. Por el camino Johan Cruyff aprovechaba las ruedas de prensa para meter presión a los gallegos. Y surtía efecto. A falta de seis jornadas la ventaja era de seis puntos. En la jornada 35 el RC Deportivo empató ante el descendido Lleida y el Barça vapuleó al Celta en Vigo (0-4). Tres jornadas y dos puntos de distancia. Luego el Dépor tampoco pudo pasar del empate en otro presumible fácil encuentro ante el Rayo (0-0) mientras que el Barça nuevamente sacudía a su rival (4-0 al Sporting). Faltaban dos jornadas y había igualdad de puntos, una igualdad que favorecía al RC Deportivo, pero la sensación en el ambiente es que la Liga se escurría entre los dedos.

Riazor salta de alegría tras la señalización del penalti. En Coruña se tiran fuegos y hay quienes ya se empiezan a dar los primeros baños en la fuente de Cuatro Caminos. En el campo, Bebeto se santigua y se arrodilla mientras brotan unas lágrimas por su rostro. Sus compañeros son más cautos, pero las cámaras de televisión captan unas cuantas sonrisas. En el palco, las tres gabardinas y los tres orondos estómagos de Manuel Fraga, Francisco Vázquez y Augusto César Lendoiro se regocijan por un éxito que piensan tomar como propio. En Barcelona, con el partido ya decidido, las caras de incredulidad de los radioyentes van desde Nuñez y sus acólitos del palco hasta el más humilde socio ataviado con bufanda azulgrana. Mientras, pocos observan como Miroslav Djukic se mantiene en solitario y pensativo un poco más allá del punto de penalti.

A pesar del cansancio mental del equipo las cuentas aún cuadraban. Quedaban dos jornadas y el Barça tenía que visitar el Bernabéu. Con Cruyff de entrenador el Barça nunca había ganado al Madrid en su casa, pero escogió el mejor momento para romper el maleficio. Con un tanto de Guillermo Amor (0-1) los catalanes se ponían provisionalmente como líderes. Era sábado. Al día siguiente el Dépor jugaba en Las Gaunas ante el Logroñés. 8.000 coruñeses poblaban las gradas del vetusto estadio con capacidad para 15.000 almas. Se fletaron autobuses para festejar un título contando con la victoria del Real Madrid, pero al final salieron igualmente contentos porque los goles de Manjarín y Donato dieron la primera victoria fuera de casa (0-2) en dos meses. Quedaba una jornada y el Dépor dependía de sí mismo. Jugaba en casa ante el Valencia que estaba perdido en mitad de la tabla. El Barça se enfrentaba en el Camp Nou al Sevilla que se jugaba acceder a la Copa de la UEFA. Al Dépor le valía igualar el resultado del Barça para ser campeón. Si ganaba sería matemáticamente campeón pasase lo que pasase en la Ciudad Condal. Dependía de sí mismo.

Arsenio Iglesias camina pensativo a lo largo y ancho de la pista de atletismo que rodea el banquillo local. El técnico coruñés lleva todo el año pregonando la paciencia y enfriando una euforia que considera desmedida. En sus entrañas sabe que hay muchas opciones de fallar el penalti. El especialista en los lanzamientos era Donato, pero a mediados de la segunda parte había sido substituido por Alfredo con la intención de dotar de más mordiente ofensiva al equipo. La lógica dictaminaba que Bebeto fuese el lanzador. Pero el astro brasileño, libélula en el área, también lo era de carácter. Había fallado un par de penas máximas durante la temporada y ya había pedido a Arsenio no tirar más penaltis. Luego se diría que se escondió, pero realmente nunca fue una opción real para tirarlo. Nunca quiso hacerlo y nunca tuvo la orden de hacerlo. Otro tema es si debería haberlo hecho. En el ejército un coronel no puede delegar en un sargento. Por mucho que quiera hacerlo. Así pues el encargado era Djukic. El serbio solía aguantar hasta el final los penaltis y tiraba indistintamente a izquierda o a derecha sin ajustar al palo. Había anotado uno unas jornadas antes en el Calderón, pero en la memoria también estaba uno que había fallado ante Buyo y que le había dado la victoria al Real Madrid en un choque en el Bernabéu.

La semana fue eufórica en Coruña. Los niños fuimos el día antes del partido con la cara pintada de azul al colegio. Había banderas blanquiazules por toda la ciudad. Todo era blanquiazul. Las hormigoneras, las cariñosas pescaderas de la plaza de abastos, las simpatiquísimas chicas del Corte Inglés, el ayuntamiento, La Voz de Galicia o Estrella Galicia. Todo tenía un lazo azul. Había banderolas que festejaban el título de Liga. Como diría Mourinho una década más tarde en otro sueño, esta vez europeo, “os veo un poco creciditos”. Y era verdad. El Dépor estaba sin gasolina y paralizado por la responsabilidad. La primera parte fue horrenda, pero las noticias desde Barcelona eran positivas. El Sevilla ganaba 1-2. La gente festejaba el título y en el campo el equipo se echaba atrás y amarraba el empate. El problema es que al poco de iniciarse la segunda mitad, Koeman, Guardiola, Stoichkov, Romario y compañía sacaron la apisonadora y dieron la vuelta al partido. El Barça ganaba 5-2 y se puso presto a la espera. Quedaban 20 minutos y el Dépor trataba de dar un paso adelante pero se veía incapaz. Bebeto tuvo una cerca de boca de gol pero poco más. El partido agonizaba y sobre la segura victoria se ceñía una negra sombra.

Hacía falta un milagro.

El cronómetro ya se acercaba al final del tiempo reglamentario cuando Djukic se acercó con tranquilidad al punto de penalti. Fueron doce pasos para atrás hasta situarse encima de la línea que marca el inicio del área grande. Hizo un rápido gesto con un par de dedos para eliminar unos cuantos molestos mocos de la nariz y luego puso las manos en jarra. Toda su expresión corporal indicaba nervios y tensión. Cuando 25 años después uno observa las imágenes sabe que Djukic tenía que fallar ese penalti. Las piernas rígidas, los hombros tensionados y una búsqueda incesante de las manos a cualquier punto de la cara. Djukic coge aire, tanto aire como si fuese a perder la respiración por un instante. Luego lo suelta en una explosión impetuosa sin mirar atrás. En la portería, González arquea las piernas y coloca las manos entre ellas preparado para saltar a un lado o al otro. Está concentradísimo. Sorprendentemente concentrado. Deseando ser la bruja que rompe el cuento de hadas. Luego se sabrá que cobró 14 millones de pesetas (unos 85.000 euros de la época) vía Barcelona por parar el penalti. Pero era su trabajo. No se los pagaron por dejárselo meter. Se los pagaron por pararlo. Fuese ético o no, él hizo lo que tenía que hacer. López Nieto pita, Djukic coge carrerilla y lanza un disparo amarra tegui, flojo, a la derecha de González, que adivina la trayectoria y para con suma facilidad. Ya antes de lanzar Djukic sabe que ha fallado. Ya antes de lanzar tapa la cara con sus manos y clama a las alturas por su error. González proyecta su brazo al cielo y levanta el puño en señal de triunfo, lo que le generará el odio eterno de los coruñeses y de media España. En el gesto no hubo ética alguna, sólo odio pesetero.

Un lamento corre por Riazor. Los jugadores del Dépor bajan los brazos y ni siquiera intentan la heroica en los segundos restantes. Varios valencianistas se tiran al suelo y celebran el fallo (a razón de 7 millones de pesetas por cabeza, unos 42.000 euros de la época). En el palco, la pena y el quebranto de Lendoiro es inversamente proporcional a la alegría y el regodeo de Núñez. Cuando López Nieto pita el final, Djukic es de los primeros que se desploma en el campo. Un aficionado se tira a su lado y le da ánimos. Los demás enfilan el túnel de vestuarios en shock. No hay lágrimas. Aún no. Todavía están en shock. La gente salta al campo y acompaña a sus ídolos mientras le susurran al oído que no ha pasado nada. Que ha sido un sueño. Que el penalti ha sido gol. Que son campeones. Pronto el manto de Riazor estará cubierto por miles y miles de coruñeses. Pronto la fuente de Cuatro Caminos será lugar de celebraciones. De agrias celebraciones. De sonrisas comidas por las lágrimas. Será el lugar donde se venere el éxito del SuperDépor, un club humilde, que a pesar de la derrota acababa de hacer historia.

Al año siguiente se rompería el maleficio en una agónica final copera ante el Valencia. Un acto de justicia poética. Luego vendría el tan deseado título liguero para despedir el siglo XX. Pero la espina del penalti de Djukic permanecerá inalterable al paso del tiempo. Nunca antes se había decidido una gran liga de fútbol con un penalti en el último minuto del último partido de la última jornada de la temporada. Y nunca jamás se volverá a repetir.

https://www.youtube.com/watch?v=UEog2Uxnio4

“Mucho que decir y poco que contar (…) Estaba escrito así. El equipo ha corrido, no ha jugado bien. Tuvo muchos atrancos, quizás estuvo demasiado nervioso. Nos ha faltado marcar un gol. Llevamos el peso del partido pero no con buen tono. ¡Qué le vamos a hacer! ¡No pudo ser! (…) los chicos se han dejado la piel, han sido cabeza todo el año, los han desestabilizado, los han puesto nerviosos, han hecho lo que han podido y lo han hecho bien. Ha sido una pena. Es triste y es duro. Porque esto es una vez en la vida y no pudo ser (…) No puedo contestar a preguntas porque no sé qué decirles (…) He pasado muy mal día, pero ahora estoy muy entero. Alguno de los jugadores lo están pasando muy mal. Siento una gran tristeza por esas gentes de la calle que veía todos los días, esa gente mayor y esos niños y que yo pensaba que podíamos desilusionarnos, porque podía pasar esto. No es la primera vez que pasa y ha pasado. Fuimos a fallar un penalti cuando no había tiempo ni para respirar. Que Dios reparta suerte”. Arsenio Iglesias en la rueda de prensa posterior al partido. No hubo preguntas. Los periodistas callaron al unísono y aplaudieron al técnico herculino.

Leer más

La aldea gala del hockey

Cuando Julio César conquistó la Galia y anunció al Senado su triunfo, olvidó (por su propio interés) mencionar que en la región de Bretaña quedaban una serie de pueblos a los que nunca llegó a dominar. De hecho, pasarían décadas antes de que fuesen romanizados. Bajo ese argumento, y con un toque de chauvinismo, se creó el maravilloso cómic de Astérix, en cuyas páginas un grupo de irreductibles galos se enfrentan a las hordas del ejército romano.

Aunque se considera que el hockey como deporte nació en Chicago, la modalidad sin hielo y sobre pista de madera (que es la que conocemos en estas latitudes) pronto se hizo muy popular en Francia y Suiza. Esto hizo que en el norte de Italia y en el norte de España (zonas limítrofes con estos Estados), pronto fuese aceptado en las villas fronterizas. De hecho, décadas antes de que se constituyese la Real Federación Española de Patinaje (RFEP) en 1946, ya en Cataluña existía una liga y una federación propia desde 1928. En otros lugares con larga afición y muy alejados geográficamente, caso de Portugal o Argentina, parece ser que influyeron mucho las corrientes migratorias que se produjeron a mediados del siglo XX.

El hockey a patines no es olímpico. No lo es debido a que es un deporte minoritario. Muy minoritario. Se estima que se practica en 30 países, menos de la sexta parte de los Estados en los que los humanos dividimos el globo terráqueo. Y únicamente cuenta con 70.000 licencias en todo el mundo. Para hacernos una idea de lo insignificante de esas cifras, consta saber que sólo en España hay más de 700.000 licencias para futbolistas.

Se debe destacar que más del 10% de esas licencias (9.000) están localizadas en Cataluña. Pero no son sólo jugadores, en Cataluña están las mejores fábricas de sticks, las empresas que proporcionan los patines y revistas de hockey que son traducidas a varios idiomas. Colapsan el mercado global.

Si hay un deporte en el que Cataluña es autosuficiente, ese es el hockey.

Más datos. De las 49 ediciones disputadas de la División de Honor (OK Liga) hasta la fecha, 42 se las han llevado equipos catalanes. Pero es que de las 76 ediciones que se han disputado de la Copa del Rey, 65 también han sido celebradas por conjuntos catalanes. Pero no es sólo eso. De las 54 ediciones de la Copa de Europa, la repartición por naciones es muy simple. 47 España, 6 Portugal y 1 Italia. No obstante, lo correcto sería decir que Cataluña ha ganado 41 títulos y 6 los ha ganado el resto del Estado.

Como le ocurría a Julio César con la aldea gala, hay un grano en el culo en el Imperio Romano del hockey. Esas 7 ligas restantes, 9 de las 11 Copas que faltan en el registro y las otras 6 Copas de Europa, han sido para un equipo gallego. Un equipo de la otra punta de la Península Ibérica, el Hockey Club Liceo de A Coruña.

¿Pero cómo es posible que una ciudad periférica situada a más de 1.000 kilómetros de la elite del hockey mundial haya creado un equipo tan poderoso?

El HC Liceo no nació como una idea publicitaria, ni fue el capricho de un nuevo rico. Es el nombre de un club fundado por cuatro amigos coruñeses en 1972, siendo el más conocido de todos Augusto César Lendoiro, que si bien no ostentaba el título de presidente, sí que lo era de facto. Su fundación coincidió en el tiempo con la organización en A Coruña del Mundial de Hockey. Y es que el deporte del stick tenía larga tradición en la ciudad. Parece ser que el catalán José María Sastre introdujo el hockey en A Coruña en los años 40 del siglo pasado mientras ejercía el servicio militar en la ciudad herculina. Pronto se hizo amigo de Vicente Cucarella, por aquel entonces director técnico del RC Deportivo, dando pie a la fundación de la sección de hockey del RC Deportivo. La sección se desintegrará definitivamente en 1979, precisamente el mismo año en el que el HC Liceo se convierte en el primer equipo gallego de la OK Liga.

El HC Liceo fue fundado en el colegio laico que lleva el mismo nombre. 15 años antes lo había hecho el AA Dominicos, en el colegio católico del mismo nombre y que junto al HC Liceo y el Cibeles de Oviedo son los únicos equipos no catalanes que han ganado la Copa del Rey.

En 1976 la plana liceísta se desplazó a Oviedo para presenciar varios encuentros del Mundial. Allí contactaron con Carlos Gil, máxima figura de la selección argentina. Tenía una oferta del FC Barcelona, pero, sorpresivamente, aceptó jugar en el HC Liceo que por aquel entonces militaba en la Segunda División. Y es que Gil era licenciado en electrónica y se le ofreció un puesto de profesor en el colegio, por lo que sacrificó sus opciones en el hockey para asegurarse un futuro más allá de las pistas de un deporte que era cuasi que amateur.

A partir de ahí, la perfecta combinación de audacia frente a temor, y de suerte frente a desgracia, tan necesaria en cualquier negocio próspero, hizo que el HC Liceo pasase de ser un club de colegio a una potencia mundial.

El año del ascenso, en 1979, el HC Liceo contrató a dos profesionales portugueses que residían en Porto y que los viernes se desplazaban a Coruña o a donde fuese menester para jugar el partido correspondiente de la jornada. Todo era artesanal y familiar. El equipo se salió y en varias ocasiones llenaron un pabellón con 6.000 espectadores, doblando la asistencia media en un partido de la OK Liga.

Al año siguiente, el HC Liceo se propuso contratar a los dos mejores jugadores del momento, el argentino Martinazzo y el portugués Cristiano. La osadía de sus directivos, el patrocinio de la recién creada Caixa Galicia y el apoyo de la masa social de A Coruña, ávida de éxitos deportivos, provocó que ganaran el título de Copa del Rey y en 1982 la Recopa de Europa.

Todo era anormalmente extraordinario. Con Martinazzo también llegó al equipo un nuevo entrenador, el catalán Pedro Gallén. Volaba regularmente a A Coruña los miércoles, pasando los lunes y los martes en su Voltregá natal para atender a la empresa familiar. Los entrenamientos del martes los dejaba a cargo de su ayudante. Tan sólo los dos fichajes mediáticos eran profesionales, el resto compaginaban el hockey con un trabajo rutinario.

La fiebre verdiblanca era incesante. En 1982 se consiguió lo inimaginable. El HC Liceo superaba en socios al RC Deportivo de la Coruña. Los niños tenían posters de deportistas con patines y palos de madera en sus habitaciones. La recaudación del Palacio de los Deportes triplicaba al del estadio de Riazor. Una ciudad de poco más de 250.000 habitantes competía de tú a tú con el FC Barcelona y hacía minúsculas a todas las villas catalanas donde el hockey era una religión. La envidia pronto se hizo evidente y el HC Liceo fue tratado con fogosa hostilidad en sus quincenales viajes a Cataluña. Era un equipo con argentinos, portugueses, el sevillano Carlos Figueroa (el raro del grupo) y el resto eran catalanes. Había un par de gallegos en el fondo del banquillo para hacerse la foto. No le pertenecía ganar. No tenía tradición.

Pero la fiebre seguía. En 1983 lograron la OK Liga, siendo el primer equipo no catalán en lograrlo. Las entradas para los encuentros ante el FC Barcelona se agotaban con un par de semanas de antelación y los choques eran seguidos con pasión en la recién estrenada Televisión de Galicia. Luego vendría la Copa de Europa de 1987 y la de 1988. Y empezó a crecer el gusanillo en los niños. Empezó a haber gallegos en la primera plantilla. Los clubes catalanes hacían ofertas a los jugadores del HC Liceo. Todas las tardes, los jugadores de la primera plantilla impartían clases gratuitas a los chavales y a las chavalas de A Coruña que se acercaban al Palacio de los Deportes de Riazor.

Hoy, el HC Liceo es el rival por antonomasia del FC Barcelona, aunque nunca han vuelto a Coruña aquellos años dorados de exaltación popular a caballo entre las décadas de los 80 y los 90. El boom por el hockey se fue apagando al mismo tiempo que el RC Deportivo se asentaba y triunfaba en el fútbol español. Sin embargo, aquellos niños de ayer hoy son adultos. Equipos como el Cerceda o el Ordes (poblaciones inferiores a los 10.000 habitantes) son asiduos en la segunda categoría y en ocasiones deben ceder su plaza en la élite cuando logran el ascenso ante la imposibilidad de costear un vuelo quincenal a Cataluña. El AA Dominicos pelea por recuperar recuerdos del pasado, y otros como el Club Hockey Compostela, suelen alcanzar las fases finales de las competiciones nacionales con sus equipos de cantera.

Leer más

Escollendo ao mellor deportista de Galicia (2ª parte)

Tódalas clasificacións teñen un punto subxectivo, pero tendo en conta os condicionantes xa explicados vamos a enumerar aos cinco mellores deportistas galegos da historia:

5. Ramiro Amarelle (fútbol, Ponteceso 1977): Pouco coñecido, Amarelle foi o impulsor do fútbol praia en España e referencia mundial no cambio de século. A modalidade de praia e moi reducida dentro das competicións FIFA. Nos primeiros anos era unha especie de cemiterio de elefantes onde xogadores retirados competían en verán. Amarelle, aínda que formado nos xuvenís do Deportivo, dedicou toda a súa carreira ao fútbol praia. Gañou títulos en España e Italia e foi elixido dúas veces mellor xogador mundial (2003 e 2008) e catro veces mellor futbolista europeo.

4. Pedro Campos (vela, Cuntis 1950): Primeiro como competidor e agora como director técnico, Campos comezou a navegar dende moi novo pola ría de Arousa. Agora que está tan en boga o turismo sostible él foi, artífice para uns e culpable para outros, de converter a Sanxenxo en lugar de vacacións e regatas. Foi sete veces campión do mundo en vela en diferentes categorías entre 1976 e 1994. A pesar de que hai regatistas galegos con presea olímpica a importancia de Campos radica en ser un pioneiro e saber dar o paso entre competidor, adestrador e promotor.

3. David Cal (piragüismo, Pontevedra 1982): Con un ouro olímpico e catro medallas de prata estamos ante o olímpico mais laureado de España e porén de Galicia. ¿Entón porque non é o primeiro na lista? Primeiramente, como piragüista pode participar en diferentes probas facilitando os seus éxitos fronte a outros deportes. Por outro lado, aínda que Galicia é potencia no mundo da piragua, falamos dun deporte que unicamente preocupa ao gran público cada catro anos.

Ademais dos seus éxitos olímpicos, Cal posúe un ouro mundial, tres pratas e un bronce. O caso de Cal tamén é un éxito do programa deportivo galego, xa que o de Aldán formouse no Centro Galego de Tecnificación Deportiva.

2. Luís Suárez (fútbol, A Coruña 1935): O que impide a Luís ser considerado o mellor é que nunca foi considerado coma tal a nivel mundial. É o único Balón de Ouro español (1960), e ademais foi segundo (1961,1964) e terceiro (1965) noutras ocasións, pero naqueles anos esta distinción estaba reservada unicamente aos mellores de Europa. Pelé ou Garrincha, por exemplo, non formaban parte desta terna. Inda así, falamos dun dos mellores xogadores de fútbol da historia e xunto a Eusebio, Pelé ou Bobby Charlton o mellor futbolista da década dos sesenta.

Suárez formouse no fútbol modesto da Coruña e debutou no Deportivo antes de ser contratado polo Barcelona e posteriormente polo Inter de Milán converténdose na fichaxe máis cara da historia naquel momento. Colectivamente conseguiu unha Eurocopa con España, 2 Copas de Europa co Inter e títulos de Liga en España e en Italia. O paradoxo con Suárez é que é máis valorado no país transalpino ca na súa propia terra.

1. Javier Gómez Noya (tríatlon, Basilea 1983): É certo que o seu deporte é considerado minoritario. Tamén o é que falamos dunha disciplina da que unicamente nos acordamos cada catro anos e os galegos facémolo tamén nos campionatos porque temos varios representantes da nosa terra. Pero tamén o é que é o único deportista xunto a Amarelle que unanimemente foi elixido como mellor deportista do mundo, no caso de Gómez Noya ata en nove ocasións (e aínda lle queda corda polo menos ata 2020).

A diferenza co fútbol praia, o tríatlon é un deporte en alza con excelentes prestacións televisivas e cun número crecente de practicantes. Noya empezou practicando natación en Ferrol con moi bos rexistros a nivel nacional e con 15 anos decide probar nun tríatlon no que acaba no segundo posto. Tivo que esperar tres anos para competir por culpa dunha anomalía cardíaca, pero unha vez obtido o permiso médico a súa traxectoria mostrouse imparable. Actualmente é quíntuplo campión mundial (récord), catro veces campión europeo e unicamente se lle resiste a proba olímpica na que so puido ser prata en Londres 2012.

Leer más

Escollendo ao mellor deportista de Galicia (1ª parte)

En contra da opinión xeneralizada, Galicia foi lugar de modernidade no que ao deporte se refire. Os estudos demostran que dende finais do século XIX e ata o inicio da Guerra Civil en 1936, Galicia formaba xunto a Euskadi, Cataluña e focos puntuais en Madrid, o xermolo deportivo no conxunto do Estado. Vigo (que tras Barcelona foi a cidade que máis aumentou en poboación nos primeiros 25 anos do século XX) era un lugar de referencia en clubs deportivos, nomeadamente fútbol, atletismo e ciclismo.

As conexións marítimas que Galicia tiña co Reino Unido e con América fixeron que o deporte se espallase rapidamente por todo o litoral do país. Pola contra, as malas conexións co resto da Península provocaron esa sensación de atraso respecto ao Estado e Europa. Deste xeito, coa chegada do Franquismo e a eliminación da modernidade no feito deportivo, Galicia quedou como lugar secundario e illado respecto a crecente profesionalización e expansión de diferentes disciplinas.

É por iso que para encontrar a deportistas galegos de relevancia temos que agardar na maior parte dos casos ao século XXI. Ata entón encontramos dous stándares moi tipificados; por un lado ao do deportista feito a sí mesmo, o que se coñece como xeración espontánea. Nun segundo caso falamos de membros de deportes colectivos que alcanzaron a notoriedade en clubs das grandes cidades españolas, nomeadamente Madrid e Barcelona.

—–¿Qué é un deportista galego?—–

O primeiro que se cabe preguntar é que é ser galego. Sendo obxectivo sería todo aquel nado dentro do territorio de Galicia. Sendo subxectivo sería todo aquel que se sinte galego na súa forma de pensar e de actuar. Máis o problema é como determinar isto último. Hai persoeiros nados na Galicia que fixeron a súa fama fora da nosa terra. Hai galegos que sempre falan en castelán. Ou tamén hai galegos que propoñen unha independencia e móstranse insultantes con aqueles que non a queren. Calibrase o sentimento en función dunha resposta política. É un tema que xera controversia.

Podemos dicir entón que galego é aquel que nace en Galicia e así evitamos problemas. Máis engadiríamos outros. Javier Gómez Noya naceu en Basilea, así que sendo obxectivo non podería ser considerado galego, aínda que é evidente que é un deportista que leva impregnado a categoría de galego en tódalas súas fazañas deportivas. Porén, Thiago Alcántara naceu en Vigo por circunstancias do destino. Mazinho, seu pai, xogaba no Celta e el naceu na cidade olívica. É galego de nacemento, pero nin familiar nin profesionalmente pódese considerar un futbolista patrio.

É por iso que decidín que para esta clasificación vamos a considerar galegos a tódolos aqueles deportistas que viviron os seus anos de formación en clubs deportivos de Galicia. Isto leva a considerar galegos a Gómez Noya pero tamén a Fernando Romay, a pesar de que a nosa imaxe do pivote coruñés sexa en Madrid, xa sexa nun plató de televisión ou coa camiseta do conxunto branco.

Desbotamos neste xeito a outros grandísimos deportistas que aínda nacendo na nosa terra e sentíndonos orgullosos non podemos chamalos galegos porque non se formaron en Galicia, sinxelamente naceron aquí e punto. O caso máis representativo é o de José Pedro Cea, Bicampión olímpico de fútbol con Uruguai, campión mundial en 1930 e tricampión da Copa América (unha vez como adestrador) podería ser perfectamente o mellor deportista galego da historia. Mais, aínda que nado en Redondela, sendo un bebé emigrou coa súa familia ata Montevideo onde pasou toda a súa vida. Tamén destaca o ciclista gañador de varias etapas do Tour e terceiro en 1974 Vicente López Carril, asturiano de corazón pero nado na Coruña en 1942 debido ao traballo de seu pai. E no fútbol compre destacar a José Ufarte, un dos mitos do Atlético de Madrid, que aínda que pontevedrés de nacemento aos 11 anos emigrou a Brasil. De feito fixo carreira no Flamengo antes de voltar a España para xogar no equipo colchoneiro.

—–Os 10 mellores deportistas—–

Con todo isto en conta vamos a clasificar aos 10 mellores deportistas galegos da historia. Hai moitos condicionantes. Primeiro; non se poden comparar deportes colectivos e individuais, e dentro dos mesmos hai disciplinas de maior repercusión ca outras. Incluso dentro de diversas disciplinas hai diferentes probas (por exemplo un atleta pode gañar varias medallas en distintas distancias e un xogador de balonmán só pode gañar unha). Tamén se tivo en conta a aquel deportista considerado polos diferentes organismos o mellor do mundo, de Europa ou de España, e no caso dos deportes colectivos o que lograra –cun papel significativo- conseguir ditas distincións dentro dun equipo.

Quedaron moitos no tinteiro. Severino Reija, Fran, Michel Salgado, Álvaro Pino, Luís Otero, Manolo Aller, Fran Vázquez ou Julia Vaquero tamén poderían formar parte da seguinte lista. Non obstante, estes son os elixidos:

10. Chus Lago (alpinismo, Vigo 1964): Quizais é a única que non debería formar parte da lista, pero é a representante galega por antonomasia do deporte feminino. Foi a terceira muller que escalou o Everest sen osíxeno e a primeira española que chegou ata o Polo Sur.

9. Delio Rodríguez (ciclismo, Ponteareas 1916, Vigo 1994): Aínda que descoñecido polo gran público mantén o récord de vitorias de etapas na Vuelta a España con 38 triunfos. Gañou a proba en 1945 e acabou cinco veces entre os dez primeiros. A Guerra Civil e a II Guerra Mundial cortaron a súa traxectoria.

8. Amancio Amaro (fútbol, A Coruña 1939): Balón de Bronce en 1964 e buque insignia do Real Madrid a cabalo entre os 60 e os 70. Gañou 9 ligas e a Copa de Europa de 1966. Coa selección española tamén logrou unha Eurocopa.

7. Fernando Romay (baloncesto, A Coruña 1959): Dúas veces campión de Europa, 7 veces triunfador de Liga e medalla de prata nos XX.OO de Os Ánxeles. Durante unha década foi titular indiscutible no Real Madrid e na selección española.

6. Óscar Pereiro (ciclismo, Mos 1977): É o claro exemplo do deportista que mediaticamente tería que estar nos tres primeiros postos da lista. Só tivo un par de anos de traxectoria esplendorosa, pero nun deles conseguiu a vitoria no Tour de Francia, o primeiro galego e un dos sete españois que o lograron en mais de 100 anos.

E por hoxe nada máis. No seguinte artigo indagarei polo miúdo na traxectoria dos cinco primeiros da miña particular lista.

Leer más