culturismo

Premios Laureus (Historia contrafactual 1930-2026)

Cuando este artículo salga a la luz Lionel Andrés Messi Cuccittini estará a punto de acudir en Oviedo a la entrega del Premio Princesa de Asturias del Deporte. Supongo que será la primera y la última vez que acuda a Vetusta, dado que nunca se ha enfrentado al Real Oviedo como futbolista. El caso es que recibirá uno de los escasos galardones deportivos con los que aún no había adornado su palmarés. No es moco de pavo. El Príncipe de Asturias es un prestigioso reconocimiento y el más distinguido en España y América Latina. Creado en 1987, premia a deportistas, ya sea de forma individual o colectiva, primando la trayectoria antes que la gloria en un año puntual.

Al otro lado del globo, The Asian Awards está considerado el más acreditado de la comunidad asiática. Abarca negocios, ciencia y arte y, por supuesto, cuenta con categoría deportiva. Ocurre que fueron creados en 2010 y, aunque exitosos, todavía no cuentan con el peso que la tradición otorga a este tipo de festejos.

No había unos Oscar del deporte. Es complejo equilibrar a deportistas de diferentes disciplinas. Mucho más yuxtaponer un deporte colectivo con uno individual. Y más aun mezclar machos y féminas. Con todo, en el año 2000 se crearon los Premios Laureus (Academia Laureus World Sports). El invento nació en Montecarlo bajo el padrinazgo de Nelson Mandela y el dinero de Mercedes-Benz. Ahora es un bicharraco de más de 150 millones de espectadores a nivel mundial en el que hay decenas de patrocinadores que convencen a metrópolis de medio mundo para ejercer de anfitriones. El jurado, eso sí, está formado por 60 deportistas de reconocido prestigio.

El caso es que en esta historia contrafactual me he propuesto galardonar a los mejores deportistas de todos los tiempos año a año. Empresa harto complicada. Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál cómo el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual de los Premios Laureus he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1920. ¿Motivo? Tras finalizar la I Guerra Mundial el deporte pasa a ser centro social y económico en Estados Unidos, nuevo amo del planeta. La profesionalización es una realidad y el beisbol, el fútbol americano y el boxeo mueven cantidades ingentes de dinero. Luego, en 1924 se celebran en Paris los primeros Juegos Olímpicos modernos, aquellos que los catapultaron hacia la fama mundial y que darían el pistoletazo de salida para construir un evento de masas planetario.

Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. En la primera mitad del siglo XX el centro del universo deportivo es Estados Unidos. Los deportes antes citados, y otros como golf o tenis, son los que mueven tanto fama como dinero. También las estrellas olímpicas son dignas de admiración a nivel global. Será tras la II Guerra Mundial cuando Europa pueda competir de tú a tú con las estrellas estadounidenses y cuando el fútbol se expanda de tal forma que, fenómenos como Pelé o Maradona procedentes del Cono Sur, se conviertan en iconos igual de seguidos y admirados desde Nueva Zelanda a Canadá. Pero eso tardará en el tiempo. Paavo Nurmi, Joe Louis, Babe Ruth o Joe Dimaggio serán hegemónicos durante años por ser grandes campeones, pero también por contar con escasa competencia global.

Babe Ruth (1921, 1929, 1931, 1932 y 1933)

Para realizar este listado he tenido en cuenta el palmarés olímpico, así como los campeonatos mundiales de diferentes disciplinas. También revistas generalistas como Time, deportivas como Sports Illustrated o periódicos como L’Equipé. Y también, por descontado, la influencia de los diferentes deportes y su seguimiento a través de los cinco continentes. Y es que no es lo mismo ganar cinco mundiales de ping-pong o de voleibol que ganar únicamente un torneo de Wimbledon o un oro olímpico en los 100 metros lisos. Tampoco es lo mismo brillar de forma individual y lograr ganar un Tour de Francia tras 21 días de esfuerzo individual a lograr la victoria en un campeonato del mundo gracias al apoyo de tus compañeros de equipo.

Eddy Merckx (1971)

Hay años donde es tal la cantidad de grandes campeones que coinciden con sus éxitos que es inevitable dejar a alguno en el olvido. Es tal el caso del golfista ganador de cinco grandes Byron Nelson (1941), de Arnold Palmer (1960), vencedor de siete grandes, Severiano Ballesteros (1984), triunfador en cinco majors y de Jack Nicklaus, considerado el mejor golfista de siempre pero que coincidió en el tiempo con bestias deportivas de todas las disciplinas en diferentes años. Es el golf un deporte muy agradecido en lo individual, pero sin excesiva influencia entre el pueblo. Así ocurre en la natación y en casos como los de la germana Kristin Otto (seis medallas de oro en 1988), Ian Thorpe (cinco oros olímpicos), Caleb Dressel (nueve oros olímpicos) o Léon Marchand (héroe francés con cuatro oros en 2024). Y lo mismo podría decirse de la gimnasia, caso del bielorruso Vitaly Scherbo (seis oros en 1992).

Existen también leyendas en deportes minoritarios de distinto pelaje. Jon Jones (artes marciales mixtas), Tony Hawk (skater) o el inglés Steve Redgrave (remo). Y luego hay leyendas del deporte rey que, aun así, no consiguen superar a otros fenómenos interplanetarios. Son Ferenc Puskás (1954), estrella del Real Madrid y de la selección húngara, el holandés Johan Cruyff (1974) y el alemán Franz Beckenbauer (1974), el extraordinario 1984 del francés Michel Platini y el también glorioso 1998 de Zinedine Zidane.

El tenis es, sin duda, el deporte más beneficiado. Se trata del colectivo individual con más adeptos a lo largo de los cinco continentes. Con todo, gigantes como Roy Emerson (12 Grand Slams), Chris Evert (18 grandes), André Agassi (ocho Grand Slams) o Jannik Sinner (cinco Grand Slams de momento) no han tenido cabida en esta lista al coincidir su mejor año con otros aún más extraordinarios. También quedan fuera oros olímpicos como la estadounidense Wilma Rudolph (1960), el keniata Kipchoge Keino (1968), el ruso Serguei Bubka (1988), el cubano Javier Sotomayor (1996), la australiana Cathy Freeman (2000), la croata Janica Kostelic (2002), el keniata Kenenisa Bekele (2008), la estadounidense Lindsey Vonn (2010), la jamaicana Shelly-Ann Fraser-Pryce (2020) y el esquiador noruego Johannes Klæbo (2026). Todos palidecieron ante otros éxitos olímpicos, futbolísticos o tenísticos. Especialmente dolorosa ha sido la exclusión del británico Mo Farah, doble campeón olímpico en 5.000 y 10.000 metros en 2012 y 2016.

He dejado también fuera a cuatro leyendas de la NBA como Kareem Abdul-Jabbar, Shaquille O’Neal, Kobe Bryant y Dirk Nowitzki. También han estado en la terna para finalmente quedarse fuera un icono del boxeo como Mike Tyson o Wayne Gretzky, leyenda del hockey sobre hielo. También el neozelandés estrella de los All Blacks Jonah Lomu (1995) y el bicampeón de la NFL Payton Manning.

Para finalizar comentar tres decisiones que pueden ser controvertidas. Le he dado el galardón de 1999 a Lance Armstrong, quien ganó el Tour de Francia tras superar un tumor testicular con metástasis. Aunque es cierto que le fue desposeído el título por dopaje, también lo es que hizo del ciclismo un deporte popular en Estados Unidos y que su imagen ayudó a vender 80 millones de pulseras cuya recaudación, junto a otra multitud de actos benéficos, sumó más de 500 millones de dólares para financiar la investigación oncológica. Por otro lado, he otorgado ex aequo los premios de 1985 y 1987 a Magic Johnson y a Larry Bird, dado que no se puede entender la globalización de la NBA sin comprender la rivalidad entre esos dos feroces competidores, primero enemigos y más tarde amigos. Hice lo mismo en 1977 con Alberto Juantorena (400 y 800 metros) y Edwin Moses (400 vallas), quienes estuvieron largos años imbatidos y que pertenecen a una época donde los atletas eran portadas de periódicos.

Para 2026, presente año, a pesar de haber habido Juegos Olímpicos de Invierno y siendo penado para lo individual el extraordinario desempeño global de la selección española en el Mundial de Estados Unidos, he decidido premiar a Armand Duplantis. Atleta sueco de 26 años, ganador en tres ocasiones del premio al mejor atleta del mundo y dos veces oro olímpico, este verano se proclamó por séptima vez campeón del mundo en salto de pértiga estableciendo por ¡decimoquinta ocasión! en su carrera un récord del mundo.

Armand Duplantis (2026)

Así pues, vamos con la lista de los ganadores al premio de mejor deportista del mundo. Además de haber sido grandes deportistas muchos de ellos pertenecen a la época más romántica y artesanal del deporte. Sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.

1920 Paavo Nurmi (Finlandia) Atletismo

1921 Babe Ruth (USA) Beisbol

1922 Paavo Nurmi (Finlandia) Atletismo

1923 Jim Thorpe (USA) Fútbol americano

1924 Paavo Nurmi (Finlandia) Atletismo                     

1925 Paavo Nurmi (Finlandia) Atletismo

1926 Bobby Jones (USA) Golf

1927 René Lacoste (Francia) Tenis

1928 Johnny Weissmüller (USA) Natación

1929 Babe Ruth (USA) Beisbol

1930 Bobby Jones (USA) Golf

1931 Babe Ruth (USA) Beisbol

1932 Babe Ruth (USA) Beisbol

1933 Babe Ruth (USA) Beisbol

1934 Fred Perry (Inglaterra) Tenis

1935 Fred Perry (Inglaterra) Tenis

1936 Jesse Owens (USA) Atletismo

1937 Joe Louis (USA) Boxeo

1938 Don Budge (USA) Tenis

1939 Matthias Sindelar (Austria) Fútbol

1940 Joe DiMaggio (USA) Beisbol

1941 Joe DiMaggio (USA) Beisbol

1942 Günder Hagg (Suecia) Atletismo

1943 Joe Louis (USA) Boxeo 

1944 Joe Louis (USA) Boxeo  

1945 Günder Hagg (Suecia) Atletismo

1946 Joe Louis (USA) Boxeo

1947 Joe DiMaggio (USA) Beisbol                

1948 Fanny Blankers-Koen (Países Bajos) Atletismo

1949 Fausto Coppi (Italia) Ciclismo

1950 Jackie Robinson (USA) Beisbol

1951 Sugar Ray Robinson (USA) Boxeo

1952 Emil Zatopek (Chequia) Atletismo

1953 Rocky Marciano (USA) Boxeo

1954 Roger Bannister (Inglaterra) Atletismo

1955 Mickey Mantle (USA) Beisbol  

1956 Larisa Latynina (Ucrania) Gimnasia

1957 Alfredo Di Stéfano (Argentina) Fútbol

1958 Pelé (Brasil) Fútbol

1959 Pelé (Brasil) Fútbol

1960 Abebe Bikila (Etiopía) Atletismo            

1961 Pelé (Brasil) Fútbol      

1962 Wilt Chamberlain (USA) Baloncesto

1963 Bill Russell (USA) Baloncesto 

1964 Don Schollander (USA) Natación

1965 Muhammad Ali (USA) Boxeo

1966 Muhammad Ali (USA) Boxeo   

1967 Muhammad Ali (USA) Boxeo   

1968 Bob Beamon (USA) Atletismo 

1969 Rod Laver (Australia) Tenis

1970 Pelé (Brasil) Fútbol

1971 Eddy Merckx (Bélgica) Ciclismo

1972 Mark Spitz (USA) Natación

1973 Billie Jean King (USA) Tenis 

1974 Muhammad Ali (USA) Boxeo

1975 Muhammad Ali (USA) Boxeo

1976 Nadia Comaneci (Rumanía) Gimnasia 

1977 Alberto Juantorena (Cuba) Atletismo

          Edwin Moses (USA) Atletismo

1978 Björn Borg (Suecia) Tenis                 

1979 Björn Borg (Suecia) Tenis

1980 Björn Borg (Suecia) Tenis

1981 John McEnroe (USA) Tenis

1982 Joe Montana (USA) Fútbol americano

1983 Martina Navratilova (Chequia) Tenis

1984 Carl Lewis (USA) Atletismo 

1985 Larry Bird (USA) Baloncesto

         Magic Johnson (USA) Baloncesto

1986 Diego Maradona (Argentina) Fútbol

1987 Magic Johnson (USA) Baloncesto

          Larry Bird (USA) Baloncesto 

1988 Steffi Graf (Alemania) Tenis  

1989 Diego Maradona (Argentina) Fútbol 

1990 Diego Maradona (Argentina) Fútbol 

1991 Michael Jordan (USA) Baloncesto

1992 Michael Jordan (USA) Baloncesto

1993 Michael Jordan (USA) Baloncesto

1994 Serguei Bubka (Ucrania) Atletismo

1995 Miguel Induráin (España) Ciclismo

1996 Michael Johnson (USA) Atletismo

1997 Michael Jordan (USA) Baloncesto

1998 Michael Jordan (USA) Baloncesto 

1999 Lance Armstrong (USA) Ciclismo

2000 Tiger Woods (USA) Golf  

2001 Tiger Woods (USA) Golf

2002 Ronaldo (Brasil) Fútbol

2003 Jonny Wilkinson (Inglaterra) Rugby

2004 Hicham El Guerrouj (Marruecos) Atletismo

2005 Yelena Isinbayeva (Rusia) Atletismo

2006 Roger Federer (Suiza) Tenis  

2007 Roger Federer (Suiza) Tenis

2008 Michael Phelps (USA) Natación 

2009 Usain Bolt (Jamaica) Atletismo                  

2010 Rafael Nadal (España) Tenis

2011 Lionel Messi (Argentina) Fútbol  

2012 Usain Bolt (Jamaica) Atletismo

2013 Lebron James (USA) Baloncesto

2014 Cristiano Ronaldo (Portugal) Fútbol              

2015 Serena Williams (USA) Tenis 

2016 Michael Phelps (USA) Natación

2017 Stephen Curry (USA) Baloncesto 

2018 Tom Brady (USA) Fútbol americano

2019 Eliud Kipchoge (Kenia) Atletismo           

2020 Lebron James (USA) Baloncesto   

2021 Katie Ledecky (USA) Natación

2022 Lionel Messi (Argentina) Fútbol    

2023 Novak Djokovic (Serbia) Tenis

2024 Simone Biles (USA) Gimnasia

2025 Tadej Pogaçar (Eslovenia) Ciclismo

2026 Armand Duplantis (Suecia) Atletismo

Ali (1965, 1966, 1967, 1974 y 1975)

Deportistas con más premios Laureus de todos los tiempos

1. Babe Ruth (1921, 1926, 1929, 1932 y 1933) 5

1. Muhammad Ali (1965, 1966, 1967, 1974 y 1975) 5

1. Michael Jordan (1991, 1992, 1993, 1997 y 1998) 5

2. Paavo Nurmi (1920, 1922, 1924 y 1925) 4

2. Pelé (1958, 1959, 1961 y 1970) 4

3. Joe Louis (1937, 1943, 1944 y 1946) 4

3. Joe DiMaggio (1940, 1941 y 1947) 3

3. Björn Borg (1978, 1979 y 1980) 3

3. Diego Maradona (1986, 1989 y 1990) 3

Jordan (1991, 1992, 1993, 1997 y 1998)

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Balón de oro alemán (el mejor entre 1930 y 2026)

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Especial Navidad: Entrevista a Schwarzenegger

Fue campeón de culturismo, héroe de acción, gobernador de California y camino de los 80 años se ha convertido en activista contra el cambio climático. A Arnold Alois Schwarzenegger le acaban de poner un marcapasos tras someterse a tres cirugías de corazón abierto. Porque es humano. Arnold es humano. El tipo que encarnó a Conan a El último gran héroe y quien fue Depredador y Terminator es humano. No lo parece al contemplar sus 188 centímetros de altura y sus 110 kilos de músculo. Solo con estrechar su mano con la tuya convierte tu autoestima en un valor que oscila entre el cero y la nada. Pero después Arnold tira de sonrisa y te desarma con la mirada. Así nos recibe en su despacho de su mansión a las afueras de Los Ángeles.

Arnold

Mister Dato (P): ¡Felices Fiestas!

Arnold Schwarzenegger (R): ¡Igualmente para ti y todos tus lectores!

P: Me siento sobrecogido. Temo que si le hago alguna pregunta incómoda me pegue un guantazo que me obligue a pasar las fiestas con mi dentista.

Schwarzenegger (R): (Ríe). No te preocupes. De hecho, es una pregunta que me molesta, pero no pienso matarte a hostias. Puedes quedarte tranquilo.

P: ¿Por qué le molesta?

Schwarzenegger (R): Es que no soy un tipo duro. Soy un tipo fuerte. ¿Recuerdas mis películas? ¿Cuándo hago de malo?

P: En Terminator…pero luego Terminator es bueno.

Schwarzenegger (R): Exacto. Fui Hércules, Conan o Terminator. Bestias físicas de noble corazón. ¿Y Mentiras arriesgadas? Un marido abnegado. Y seguro que recuerdas cuando hacía comedias tronchantes con Danny De Vito. Soy fuerte, pero no soy malo. Hice una de Navidad en la que tenía que ir hasta el Polo Norte a buscarle un regalo a mi hijo.

P: Oído cocina. ¿Sabe qué? Es la primera persona que entrevisto en estos especiales navideños que está viva. Siempre me voy al otro mundo para buscar al entrevistado, pero con usted he hecho una excepción.

Schwarzenegger (R): ¡Poco ha faltado! He sobrevivido a tres cirugías a corazón abierto. En todo caso lo que me acabas de decir no sé si tomarlo como un honor. Te diré algo. La muerte no me intimida. Lo que apesta definitivamente es la vejez. Y creo que, tal vez, estoy sufriendo por eso más que nadie, porque me miro en el espejo y recuerdo que fui alguien que hacía flexiones de banca con 500 kilos de peso sobre mis hombros.

P: ¡Si está usted hecho un chaval! ¡Con el dedo meñique podría tumbarme a mí al suelo y me dobla en la edad!

Schwarzenegger (R): Es muy sencillo, si se sacude, es grasa. Y a ti se te sacude.

P: ¡Hombre, gracias!

Schwarzenegger (R): Es la verdad. Yo estoy viejo y tú eres joven y no estás en forma. Lo cierto es que de repente llegas a una edad en la que ves que tu cuerpo ya no tiene esa forma, aunque tal vez esté mejor que otras personas de mí misma edad. ¿Y qué? Eso me afecta aún más porque sabía lo que podía hacer antes. Todos los días entreno aferrándome a eso, pero también sé que cuando se produce menos testosterona en el cuerpo masculino se engendra menos músculo y, por lo tanto, se necesita mucho más esfuerzo y te lesionas con facilidad. Cuando envejeces, de repente, tienes pequeños problemas de salud y mi vulnerabilidad siempre ha sido el corazón. Lo tengo que vigilar con mucho cuidado. Sin embargo, me siento afortunado de estar en forma y de poder hacer ejercicio todos los días. Me encanta montar en bicicleta todas las mañanas.

P: ¿Por qué sigue machacándose en el gimnasio? Entiendo que quiera estar en forma, pero los tiempos de Míster Olympia ya pasaron. Además, su última operación de corazón ha sido hace apenas unos meses.

Schwarzenegger (R): ¿Por qué he desayunando hoy? Desayuné hoy, desayuné hace diez años, ¿por qué sigo desayunando? ¿Por qué sigo durmiendo? Dormí hace veinte años, dormí hace diez años. Todavía duermo todos los días y todas las noches. El entrenamiento es una parte muy importante de mi vida. Es así de simple. Nada cambiará hasta que muera.

P: ¿No tiene debilidades?

Schwarzenegger (R): Todos los días escucho a alguien decir que está gordo pero que no es capaz de adelgazar. Me odiaría a mí mismo si yo tuviera ese tipo de actitud, si yo fuese tan débil. Sólo se triunfa en la vida con constante esfuerzo.

P: Me han dicho que fuma un puro al día. Eso es una debilidad.

Schwarzenegger (R): No lo considero una debilidad. Será malo para mi salud, nunca para mis músculos. Me gusta el dulce, pero tampoco lo considero una debilidad. ¡Soy austríaco! Helado, strudel de manzana, galletas, chocolate negro con nueces crujientes… Si viene alguien de visita y me trae dulces, estoy en el cielo (ríe).

P: Nacido en Austria, pero asentado en Estados Unidos. No se puede ni imaginar la de veces que he tenido que rectificar al escribir su apellido.

Schwarzenegger (R): Nací en un pueblecito austriaco. Fui un niño pobre. Mi padre era policía, pero durante la guerra había servido a los nazis. Tenía problemas mentales. Supongo que una mezcla de lo que le hicieron pasar y lo que él le hizo pasar a otros. El favorito era mi hermano mayor porque además siempre hubo dudas de si yo era hijo legítimo. El caso es que tanto mi padre como mi hermano eran alcohólicos enfermizos y ambos murieron jóvenes. No teníamos nada. Recuerdo la alegría de mi madre cuando compramos nuestro primer frigorífico. Yo tuve claro mi destino desde siempre. Quería una vida diferente. Tenía ambición y no quería respirar ese ambiente nocivo el resto de mi vida. ¡Quería ser rico! Y para eso hay que ir a Estados Unidos.

P: Sin embargo, fue su exigente padre el que le convino a hacer deporte. Deseaba que siguiera sus pasos y se formase para militar o policía.

Schwarzenegger (R): Mi madre quería que estudiase, pero seguí el consejo de mi padre. El ejercicio se convirtió en una obsesión, al punto de sentir que me enfermaría si me perdía un entrenamiento. Pero no te engañes. Mi padre quería que jugara al fútbol. Cuando vio lo de las pesas frunció el ceño. Pensaba que era asunto de homosexuales.

P: ¿Iba para futbolista?

Schwarzenegger (R): Soy austriaco. A mí no me hables de fútbol americano o de béisbol. Nunca he acabado de entender cómo funciona el fútbol americano. De joven practiqué curling y fútbol. No se me daba mal, pero cuando contaba con quince años mi entrenador me dijo que tenía las condiciones idóneas para fortalecerme en el gimnasio. Fue entrar y descubrir las pesas y sentí que ese era el camino que me iba a llevar a América. Había entonces culturistas que triunfaban en Hollywood haciendo películas de romanos y de aventuras. Mi objetivo era convertirme en el hombre más fuerte del mundo y así poder llegar a ese mundo.

P: Debutó en el cine haciendo de Hércules y fue Míster Olympia siete veces seguidas en los años 70. Hizo que el fisiculturismo fuese reconocido y hoy el Arnold Classic que usted promociona es un evento planetario. ¿Cómo le explicaría a un mundano que es eso del culturismo?

Schwarzenegger (R): El culturismo es como cualquier otro deporte. Para tener éxito, debes dedicarte cien por cien al entrenamiento físico, mental y a la dieta. Las últimas tres o cuatro repeticiones son las que hacen que el músculo crezca. Esa área del dolor divide el campeón de alguien que no es un campeón. Eso es lo que la mayoría de las personas no tienen, las agallas para seguir adelante y decir que van a pasar por el dolor sin importar lo que pase.

P: Y la fortaleza mental.

Schwarzenegger (R): Claro. Tu mente es el límite. Mientras que la mente puede imaginar el hecho de que puedes hacer algo, lo puedes hacer, siempre y cuando realmente lo creas. La fuerza no viene de ganar. Cuando pasas por dificultades y decides no rendirte, eso es la fuerza. Lo peor que puedo ser es lo mismo que los demás. Lo odio.

P: Parece usted un manual de autoayuda. Aprovechando esto último que me acaba de decir me viene al pelo para hablar de su carrera política. Es usted un ferviente liberal y un luchador implacable contra el socialismo y, sin embargo, es abierto en cuestiones sociales y un activista contra el cambio climático.

Schwarzenegger (R): Fui gobernador de California y sólo el haber nacido en Austria me ha impedido ser presidente estadounidense. Antes, la gente se burlaba de mi acento y ahora es mi marca registrada; no tienen que verme para saber que soy yo quien habla. Pero recuerdo mis inicios en los que todo el mundo se burlaba de mí por ser austriaco. ¡Y fíjese ahora! Tengo una fortuna de 450 millones de dólares ¡Eso sólo se consigue en Estados Unidos! ¡Adoro este país! Me gustaría asegurarme de que un niño negro que vive en Atlanta o un latino de Baltimore pueda tener las mismas oportunidades que yo tuve cuando vine a este país. Yo disfruté de un gran sistema educativo, pude obtener un préstamo, comprar un apartamento y echar raíces.

P: No parece el discurso del líder de su partido, el señor Donald Trump.

Schwarzenegger (R): Soy un hombre hecho a mí mismo y eso es un cumplido. Pero a la vez quiero dejar claro que ser un hombre hecho a sí mismo no quiere decir que nadie me ayudase. Mis padres me ayudaron. Mis maestros me ayudaron. Mis entrenadores me ayudaron. Cuando llegué a Estados Unidos me dejaron dinero y un piso, también me ayudaron los agentes y los productores con los que me introduje en el mundo del cine y también me ayudaron los casi seis millones de votantes que me convirtieron en Gobernador de California. ¿Cómo podría decir que me hice Gobernador yo solo? Esto no es una dictadura.

P: Reitero. Parece usted demócrata y no republicano.

Schwarzenegger (R): Lo más importante del liderazgo es tener una visión muy clara de hacia dónde quieres llegar. Esto lo experimenté de primera mano en el fisiculturismo; siempre tuve una visión muy clara de la competencia, los premios y como aumentar el respeto por los culturistas. Y lo mismo se aplica en la política. La clave es dejarle claro a la gente lo que sientes y lo que te apasiona. Trump es sólo una persona. El Partido Republicano tiene un problema de liderazgo. Si yo me pudiese presentar mi liderazgo sería claro. Liberalismo económico a ultranza, respeto a las minorías y luchar contra el cambio climático.

P: Usted es aficionado al Sturm Graz, un modesto club austriaco. Rebautizaron el estadio con su nombre en 1997, pero apenas nueve años más tarde le retiraron el honor. Creo que la política tuvo algo que ver con ello.

Schwarzenegger (R): Las ideas socialistas tan comunes en Europa. Eso fue lo que pasó. El asunto es que en California tenemos pena de muerte y en 2005 tuvimos que ejecutar a un preso. Me tildaron de bárbaro en una campaña contra mi persona liderada por los comunistas. Ellos lo quisieron así. Cuanto más inteligentes nos volvemos, más tontos nos sentimos. Hay algunas personas que se quejan de la privacidad cuando se vuelven famosas, pero yo nunca me he sentido incómodo. Mucha gente se muere de ganas por tener atención. Yo estoy recibiendo toda la atención del mundo sin necesidad de ir al psiquiatra para ello.

P: Siguiendo con el tema fútbol. Me han dicho que simpatiza con el Barça, pero que su jugador favorito es Cristiano Ronaldo.

Schwarzenegger (R): Jugué a fútbol hasta los 15 años, de portero, de centrocampista y de defensa. No sé hasta dónde habría llegado, pero por muy bueno que sea un futbolista necesita apuntalar los músculos de su espalda o de sus piernas. Cristiano Ronaldo es el Terminator del fútbol. Tiene un cuerpo perfecto y una musculación que le permitiría practicar cualquier deporte. Pero sí, amo a la ciudad de Barcelona, sus playas y el Camp Nou.

P: Lo suyo no es el baloncesto, pero en Conan compartió escenas con Wilt Chamberlain, el afamado ex jugador de la NBA. Tengo entendido que nunca antes se había sentido tan pequeño.

Schwarzenegger (R): ¡Ya lo creo! Era 1984. Chamberlain medía más de 2’10. Era un hombre de gimnasio. No me podía creer que tuviera casi 50 años. Tenía tanta fuerza que jugueteaba con la espada como quien juega con un cuchillo.

P: ¿Cómo era su entrenamiento entonces? Ya sé que ahora sigue yendo al gimnasio, pero como era el día a día de Arnold Schwarzenegger cuando tenía 30 años y era el hombre más fuerte del mundo.

Schwarzenegger (R): Cinco horas de entrenamiento diario, practicar las poses y aprender sobre nutrición. Creo que la fuerza física no me viene a la mente cuando pienso en mí. Es más bien un producto secundario de haber sido levantador de pesas y fisiculturista. Pienso que todo lo que he logrado se debe al poder de mi voluntad y a mi capacidad de visualizar los objetivos con mucha claridad y luego ir tras ellos sin descanso. Ahora es distinto. No tengo que seguir una rutina inamovible. La única ventaja de envejecer es que te vuelves más amable y menos egoísta. Cuando uno es joven siempre piensa en su propio mundo y luego, de repente, empieza a pensar en los demás. Te aseguras de que otras personas también puedan mejorar sus vidas.

P: La nutrición es ahora un mantra. Cuando usted comenzó no era así.

Schwarzenegger (R): Para nada. En mi época todo consistía en comer filetes y huevos. Buscar una ingente cantidad de proteínas. Yo lo cambié todo. Quemaba miles y miles de calorías por lo que no importaba tanto si comía comida basura. Luego descubrí que era crucial. Estuve una vez en una granja de cocodrilos en Louisiana y me dijeron que les daban comida de calidad porque así los animales eran más mansos, no se peleaban entre ellos y no se rascaban la piel. Fue entonces cuando descubrí que lo que comemos tiene un impacto tremendo en nuestra vida.

P: Una última antes de despedirnos. Algo de lo que arrepentirse ahora que estamos en época de perdón y buenas voluntades.

Schwarzenegger (R): Sí. En primer lugar, serle infiel a mi mujer. En segundo haber tomado esteroides. En mi época de culturista no estaban prohibidos. Conozco a compañeros que fallecieron por culpa de ellos. Yo siempre lo hice bajo supervisión médica, pero me alegra que ahora se considere dopaje y animo a todos los que hagan deporte a que nunca usen las drogas. Es el camino fácil.

P: Sayonara, baby.

Schwarzenegger (R): Hasta la vista, baby.

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