eurocopa

Villalonga

PSG vs Arsenal. Luis Enrique vs Mikel Arteta. Un club francés y otro inglés. Dos entrenadores españoles. Uno de ellos se convertirá en campeón europeo. Ambos representan estos tiempos. Aunque Luis Enrique triunfó en el FC Barcelona y dirigió a la selección española, su mili como técnico tuvo lugar en Roma y es Paris el lugar que lo ha coronado como uno de los mejores técnicos del último medio siglo. Arteta nació en Donostia y se crio como futbolista en Barcelona, pero pronto emigró a Gran Bretaña. Allí lleva un cuarto de siglo. Comenzó como segundo de Pep Guardiola y concluirá en este mes de mayo su octava temporada como técnico del Arsenal FC.

Si Luis Enrique resulta el vencedor sumará tres títulos (ganó en 2015 con el FC Barcelona y en 2025 con el PSG). Si lo hace Mikel Arteta será el séptimo entrenador hispano en lograr el éxito europeo. Y no son muchos. Seis (o siete) en 70 años de Copa de Europa. Seis (o siete) con 20 títulos logrados entre Madrid y Barça. Pep Guardiola tiene tres coronas (FC Barcelona en 2009 y 2011 y Manchester City en 2023) y Rafa Benítez consiguió un trofeo en 2005 con el Liverpool FC. A partir de ahí únicamente hay tres técnicos españoles a mayores. Y aquí lo curioso. De los 15 títulos logrados por el Real Madrid exclusivamente seis de ellos (menos de la mitad) llevaron la batuta de un técnico de la casa. Vicente del Bosque (2000 y 2002) salió victorioso en dos ocasiones, las mismas que Miguel Muñoz (1960 y 1966), quién antes había sumado otras tres como jugador. Arteta, Luis Enrique, Guardiola, Benítez y Del Bosque son de sobra conocidos por cualquier aficionado al fútbol. Incluso suenan campanas a lo lejos cuando se nombra a Miguel Muñoz, a pesar de que el interlocutor sea un miembro de la Generación Z.

Al que pocos conocen es a José Villalonga.

Nacido en Córdoba en el invierno de 1919, José Villalonga Llorente soñaba con ser portero de fútbol. De niño imitaba a Ricardo Zamora en las porterías del colegio de la Sagrada Familia próximo a la Basílica de San Pedro. Su primer club federado se llamará Once Rojo y con 16 años militará como segundo portero en el Racing de Córdoba (antecesor del Córdoba FC) ayudándolo a subir a Tercera. Corría el año 1936.

Estalla la Guerra Civil.

Villalonga lo tiene claro y se alista como voluntario. Se une a los sublevados. O a la Cruzada de Liberación Nacional. Y es que José Villalonga es militante falangista de primera hora. En mayo de 1937 participará en la batalla de Pozoblanco, una contraofensiva republicana que fue debidamente olvidada por la historiografía franquista. Villalonga es herido por una bala que le entra por la tibia y le sale por la bóveda plantar. Permanecerá hospitalizado hasta el final del verano. Recuperado, pasará a formarse como oficial en Marruecos y alcanzará el grado de alférez participando en la ofensiva de Mérida en la que el general Queipo de Llano y sus tropas, Villalonga incluido, barrerán el frente de Extremadura logrando el total control del sur de España y, de paso, vengar la derrota sufrida en Pozoblanco en la primavera anterior.

José Villalonga

Finalizada la Guerra Civil, el ya teniente Villalonga es enviado a la Academia Militar de Toledo. Es entonces cuando decide estudiar educación física. Obtendrá el título de profesor siendo el primero de su promoción. Dos años después adquiere el título nacional de entrenador de fútbol. Estamos en 1949. Dos años después, en 1951, el Real Madrid lo contrata para dirigir a su equipo juvenil. El éxito es absoluto y se le ofrece ser también el preparador físico del primer equipo. Villalonga acepta y solicita una excedencia en el Ejército Español.

¿Y por qué? ¿Por qué un desconocido como Villalonga?

El Madrid llevaba veinte años sin ganar una Liga. Acababa de estrenar el Nuevo Chamartín, la culminación de todo el esfuerzo de reconstrucción del club tras la catástrofe de la Guerra Civil fruto de la visión futurista de Santiago Bernabéu. Con estadio nuevo el equipo no arranca y Bernabéu decide darle el mando a Juan Ipiña, el futbolista que más veces había vestido de blanco. Lo primero que hizo Ipiña fue sugerir a Bernabéu que incorporara al organigrama del club a un erudito de la preparación física que conocía en Toledo. Villalonga pertenecía a la primera generación de especialistas españoles en el campo de la formación que habían salido de la escuela militar de Toledo, pionera en la enseñanza de un concepto nuevo de instrucción deportiva. No era cosa de Franco. Tampoco de la República. Fuera fundada en los años 20 convergiendo en ella los principios germanos de culto al cuerpo y pasión por la naturaleza con las nuevas tendencias del deporte como ocio urbano y negocio para la incipiente clase media.

Resultó que Ipiña, capitán durante la década de 1940, no funcionó bien como técnico y Bernabéu apostó por un ex entrenador del FC Barcelona. Se trataba del uruguayo Enrique Fernández. En su primera temporada, que también fue la primera de Di Stéfano, se ganará la Liga. En la segunda el asunto no funcionaba. El Madrid no arrancaba y a inicios de diciembre veía como Athletic y Barça se escapaban y a duras penas aguantaban la tercera posición en una lucha mano a mano con el Sevilla FC.

El 10 de diciembre de 1954 José Villalonga era nombrado entrenador del Real Madrid. Apenas contaba con 35 años.

Villalonga prioriza lo físico sabiendo que dispone de un potosí de virtuosismo en un plantel irrepetible; la ambición es controlar el juego gracias a Di Stéfano, quién abandona el área para buscar el balón en el centro del campo ejerciendo de mediocentro. A partir de ahí despliegue físico tanto en defensa como en ataque y que los artistas lleven la voz cantante.

Villalonga tenía fama de discreto, de prudente y de buen pastor de hombres. Como Del Bosque o como Zidane, se le puede catalogar como el primero de una raza de entrenadores con amplia mano izquierda. No siempre sale bien. A veces se pone a conducir un autobús a alguien con la L y el conductor (pongamos que se llama Arbeloa) acaba dejando el volante y saltando por la borda dejando que el bus se estampe. No obstante, el asunto al Real Madrid suele salirle bien. Técnicos que saben seducir a sus pupilos y que conectan con las estrellas dándoles manga ancha para expresar sus habilidades. De José Villalonga se decía que más allá de hacer correr a sus futbolistas, no tenía ni idea de dirigir a un equipo de fútbol.

Y también, como en el caso de Del Bosque o Zidane, José Villalonga llega al banquillo del Real Madrid como segundo plato. Como parche temporal. Para nada fue temporal. Estuvo dos años y medio en el banquillo del Real Madrid. 30 meses que cambiarían la historia de la entidad merengue para siempre. En únicamente 105 partidos oficiales logró 2 Ligas, 2 Copas Latinas y 2 Copas de Europa. A 17 partidos por trofeo. Conquistó en su primer año la Liga y la Copa Latina, por entonces una competición que reunía a los campeones de España, Italia, Francia y Portugal. En 1957 volvería a sumar ambos títulos, en la que sería la última edición de la citada Copa Latina.

Y fue la última dado que en la campaña 1955-56 se puso en marcha la primera edición de la Copa de Europa. A ella acudió el Real Madrid como vigente campeón liguero. Y saldría campeón al derrotar al Stade Reims en la final. En la siguiente temporada repetiría alirón al vencer a la Fiorentina por 2-0 en el Santiago Bernabéu. Aquel equipo es una máquina de jugar al fútbol gracias al virtuosismo de Di Stéfano. Ocurre que también lo es porque es capaz de mantener un ritmo alto de juego durante los 90 minutos, algo poco corriente en aquel entonces, debido a los métodos de entrenamiento físico de Villalonga.

Di Stéfano y Villalonga

Celebrado el triplete Liga, Copa Latina y Copa de Europa, el Real Madrid emprendió una lucrativa gira veraniega por Sudamérica. Entre partido y partido a José Villalonga le llegó la oferta de renovación de su contrato. Al volver ni siquiera se presentó en el despacho de Santiago Bernabéu. Decidió escribirle una carta exhibiendo su negativa por la oferta y su agradecimiento por la oportunidad dado un lustro antes.

El motivo de la desaprobación era económico. No podía ser de otra forma. Pero también era cuestión de poder. Villalonga pidió ser además de entrenador ser el director deportivo y ocuparse de los fichajes, y eso era una línea roja para Bernabéu. El puesto, por cierto, era entonces ocupado por Ipiña. Lo cierto es que, al igual que Florentino, Bernabéu consideraba que el entrenador era un actor irrelevante. Ocurre que a diferencia de Florentino que patinó cuando prescindió de Del Bosque, Zidane o Ancelotti, Bernabéu acertó con el argentino Luis Carniglia (otras dos Copas de Europa) y con Miguel Muñoz (otro par de trofeos europeos).

Oficial franquista, Villalonga era de armas tomar y decidió dejar plantado al Madrid en la cima de su éxito. Se fue a Zaragoza a obtener los galones de comandante de infantería y, una vez conseguidas las estrellas, pasó a ocuparse de las categorías inferiores de la selección española de fútbol. En esas estamos cuando al poco de iniciarse la campaña 1959-60 el Atlético de Madrid destituye a su entrenador y le ofrece el cargo a Villalonga. Acepta. Gana el primer partido en San Sebastián y en el segundo arranca un empate contra su ex Real Madrid. Ese año ganó la Copa del Generalísimo. La primera en la historia del Atlético de Madrid. Al año siguiente será la segunda. Dos temporadas y dos copas. Y las dos logradas ante…el Real Madrid.

Así que Villalonga en apenas cinco temporadas como entrenador suma 2 Ligas, 2 copas, 2 copas de Europa y 2 Copas Latinas. Casi nada al aparato. Es el verano de 1962 y le ofrecen ser seleccionador nacional.

España venía de fracasar en el Mundial de Chile 1962. El comandante Villalonga purgó al equipo que fue al Mundial entre grandes polémicas. Pasó la guadaña y la pieza más conocida fue Francisco Gento, capitán y leyenda blanca. Le llovieron palos. Pero Villalonga no se achantó. Clasificó a España para la fase final de la Eurocopa. Por entonces sólo la disputaban cuatro equipos. Semifinales y final. España como anfitriona. Santiago Bernabéu. En la final España vs Unión Soviética. Franco en el palco. Villalonga, camisa vieja de Falange y Medalla de la Vieja Guardia en el banquillo. Ganó España. No lo volverá a hacer hasta 2008. Ya como teniente coronel, Villalonga clasificó a España para el Mundial de Inglaterra de 1966 y pondría punto final a su carrera como seleccionador tras caer en la primera fase.

Pasó entonces a dirigir la Escuela Nacional de Entrenadores hasta que, en 1973, con apenas 53 años, murió de un infarto. Se fue un grande, aunque muy, muy, muy pocos lo recuerden. En apenas una década como entrenador logró ocho títulos, entre ellos 2 Copas de Europa con el Real Madrid y una Eurocopa con la selección española. Levantó un trofeo en todas y cada una de las temporadas en las que se sentó en un banquillo y cosechó éxitos con España, algo que tan sólo Luis Aragonés (longevo y con menos títulos), Luis De la Fuente (sin experiencia en clubes) y Del Bosque pueden presumir. Si nos atenemos a palmarés y a porcentaje de títulos por temporada entrenada, tan sólo Pep Guardiola y Vicente Del Bosque pueden hablarle de tú a tú a José Villalonga.

Ahí es nada.

España 1964

“En España somos grandes cuando somos 100; más, nos entrematamos”. Max Aub, escritor español de origen francoalemán.

Otras historias relacionadas

La quinta Copa de Europa del Real Madrid (el partido del siglo en Hampden Park)

Kopa Brand (cuando Raymond Kopà se convirtió en sindicalista)

Cuando Di Stéfano jugó en el Espanyol (de como Bernabéu despidió a La Saeta)

El caso Di Stéfano (cuando Barça y Madrid se pelearon por el fichaje deLa Saeta en dos artículos)

Una de entrenadores (como los entrenadores tienen fecha de caducidad)

Leer más

El día que Molina fue un extremo izquierdo

El reloj marcaba entonces el minuto 76 de partido. Quedaba un escaso cuarto de hora para el final del encuentro. Juanma López, central de la selección, no puede continuar. Ha caído lesionado. En aquel partido amistoso los contendientes habían establecido un total de cinco cambios y seis jugadores en el banquillo en una convocatoria total de 17 futbolistas. La selección española había utilizado cuatro de los cinco cambios disponibles. Quedaban dos futbolistas en el banco. Uno era Sergi Barjuán, lateral izquierdo del FC Barcelona. Se tornaba el cambio lógico. El problema es que, bien por dejadez administrativa o bien por exceso de confianza, nadie había inscrito a Sergi para el acta del partido.

El único futbolista disponible era el guardameta suplente. José Francisco Molina.

Molina era entonces el portero titular del Atlético de Madrid. Semanas después del bizarro suceso se proclamará campeón de Liga y de Copa del Rey con el club rojiblanco además de Trofeo Zamora como el portero menos goleado de La Liga. Era un guardameta con buenos reflejos, pero no especialmente seguro bajo palos. Su fuerte en todo caso gravitaba sobre un excepcional juego de pies, virtud antes desconocida y ahora admirada. La FIFA acababa de prohibir que los porteros cogiesen el balón con las manos tras un pase atrás de un compañero y de repente las habilidades de Molina pasaron a cuadriplicar su valor. Canterano valencianista, había destacado en el Albacete Balompié antes de convertirse en un portero-líbero en el Atlético de Radomir Antic.

El caso es que cuando era un niño Molina había sido centrocampista, de ahí su buena salida de balón con los pies, por lo que la disyuntiva se tornaba más clara. O España afrontaba el último cuarto de hora de partido con un jugador menos y ensayaba una estrategia de encuentro con diez hombres para futuros eventos, o Molina ejercía de sorpresivo futbolista de campo.

Así entonces Molina saltó con el número 13 al terreno de juego. Era un 24 de abril de 1996. Estadio Ulevaal de Oslo. Partido amistoso. Noruega-España. Clemente colocó a Molina como extremo izquierdo y tan solo le dio una consigna; que estuviese tranquilo y que corriese la banda. Era además el debut con España de Molina.

El debut como internacional español del portero valenciano iba a ser como futbolista de campo.

Con el 13 en la espalda, Molina se pegó a la banda izquierda tal y como le había ordenado el seleccionador. Tan malo fue el partido de España aquella fría noche que el único disparo del partido a puerta sería del ojiplático portero. El golpeo vendría en la media luna del área. Un derechazo de Molina que salió a escasos centímetros del palo derecho de la portería noruega.

«Yo hice lo que tenía que hacer. Lo que hace un entrenador. Porque yo en la selección era entrenador y en ese partido se me planteó esa situación, sólo estaba José Molina para jugar, le pregunté si quería y él aceptó encantado como lo que es, un profesional, porque su objetivo era ayudar a la selección. Un entrenador calzonazos y baldragas que no vale para nada seguramente que no lo hubiera hecho. Y algún periodista tampoco”, soltó Clemente. Las críticas fueron sangrientas. Eran años de cuchillos afilados. De La Morena contra García. Prisa contra todos. El tiki-taka antes del tiki-taka contra el patapún arriba de toda la vida.

La decisión de colocar a Molina como jugador de campo era excéntrica, ocurre que también era cierto que era la única opción disponible. Pero a Clemente se le tenían muchas ganas. Habituales eran los partidos donde saltaba al campo con cuatro centrales, reconvirtiendo a dos de ellos como centrocampistas o colocaba como delantero centro a jugadores que jamás habían jugado en esa posición. La bomba estallará en la Eurocopa disputada ese mismo verano en Inglaterra donde el seleccionador y un periodista de la Cadena SER llegarán a las manos.

Aquella España de Clemente, aquella España de hormigón armado, sobrevivió varios años a base de buenos resultados y una fe ciega del vestuario hacia su seleccionador. En el Mundial de 1994 y en la Eurocopa de 1996 el equipo aguantó hasta cuartos, pero la caída fue inevitable tras el estrepitoso fracaso de España en el Mundial de Francia 1998.

Molina nunca más jugó un partido internacional con Clemente como seleccionador. Fue convocado para la Euro 1996 y el Mundial 1998 como tercer portero y no disputó minuto alguno. Eran tiempos de escasas rotaciones y los amistosos se tomaban con mayor seriedad que en la actualidad. La oportunidad para Molina llegaría tras la destitución de Clemente y la elección de José Antonio Camacho como técnico de España.

Retirado Zubizarreta, Camacho apuesta por Molina en detrimento de Cañizares y del imberbe, pero favorito de público y crítica, Iker Casillas. Los últimos siete partidos antes de la Eurocopa 2000 los juega el portero valenciano que afronta como titular el primer encuentro de aquella Euro precisamente ante Noruega. En Rotterdam, España es ampliamente favorita frente a los nórdicos, pero el resultado no varió del 0-0 inicial, hasta que mediada la segunda mitad hay una falta lejana a favor de Noruega. Molina salta con puño cerrado a por el balón, pero mide horriblemente su salida y la cabeza de un tal Iversen se le adelanta para impactar con el esférico e introducir mansamente el balón dentro de la portería española. España perdió el partido y si duras habían sido las críticas de la prensa tras el esperpento de Oslo, ahora tocaba una carnicería publica de proporciones apocalípticas.

Cante por soleá

Santiago Cañizares pasó a ser el titular en el siguiente partido. Molina no volvió a jugar un encuentro con la selección española. Alargaría felizmente su carrera en el RC Deportivo para luego retirarse en su tierra en las filas del Levante UD. Lo hizo con un título liguero en su palmarés, dos copas y nueve internacionalidades, la primera y la última de ellas contra Noruega. Una como extremo izquierdo y la otra tras una cantada extrema.

Otras historias de la selección española

¿Qué futbolista ha sido más veces internacional con España? (una historia contrafactual que va de Zamora a Sergio Ramos)

¡A mí, Sabino, que los arrollo! (el debut plateado de España y el origen de la furia)

El último partido de la República (duelo de tronío antes de que estallase la Guerra Civil)

Twitchenrique (sobre la etapa de Luis Enrique como seleccionador nacional)

Leer más

Panenka

Hay una abundante literatura y articulista deportiva acerca del penalti de Panenka. No creo necesario explicar que es un penalti a lo Panenka. Hasta mi esposa, que escapa del fútbol como el sol de la noche, sabe que es un disparo un tanto ridículo que de cuando en cuando hace Sergio Ramos. Es tan famoso ese retazo de detonación que su fama incluso ha llegado al mundo del coaching motivacional. Existe un libro aclamado de marketing y comunicación personal que se titula El penalti de Panenka, y utiliza aquel gol calificado por Pelé como “la obra de alguien que solo puede ser un genio o estar loco” para dar las claves a la hora de triunfar en los negocios.

El libro considera a Antonín Panenka un ejemplo de creatividad aplicada con éxito en su negocio. Grosso modo saca cinco conclusiones válidas para cualquier profesión:

1. Hay que trabajar: Panenka llevaba meses practicando el lanzamiento en los entrenamientos y se preparó para ejecutarlo en el momento adecuado. Demostró frialdad y precisión para ridiculizar a Sepp Maier, el mejor portero del momento.

2. Cuestionemos siempre las cosas: Lo más fácil es seguir igual. Siempre hay que estar alerta y desconfiar de lo que nos dicen. Nadie hubiese considerado inteligente lanzar un penalti con un toque suave, elevado, por el centro de la portería.

3. Debemos estar preparados para las críticas: Panenka ensayaba en los entrenamientos frente a Ivo Viktor, guardameta de la selección checoslovaca. Como entretenimiento estaba muy bien, pero Viktor le había amenazado con retirarle la palabra si se atrevía a lanzar una pena máxima como lo hacía durante el adiestramiento.

4. La creatividad es rentable: Fue un gol que, como tantos otros, dio un triunfo en una tanda de penaltis, pero no era un lanzamiento a vida o muerte. Checoslovaquia ganaba 4-3 en la tanda por lo que de fallar aun habría opción de victoria para los bohemios. Pero ese disparo cautivó al mundo y pasó a la posteridad con mucha más relevancia que la victoria. La fama de Panenka es eterna.

5. Surgirán imitadores: Si tienes éxito y eres creativo crearás una marca que será imitada. Desde entonces cientos de futbolistas ejecutan las penas máximas al estilo Panenka.

Panenka

Antonín Panenka no era rápido ni agresivo, era creativo. Hizo algo irreverente e insólito. Aquel centrocampista que jugaba en el Bohemians de Praga hizo honor al nombre del club en el que pasó la mayor parte de su carrera obligado por un régimen comunista que le impidió aceptar las ofertas que le llegaron de Occidente. Panenka es un penalti. Lo es por su gracia y también a su pesar. “Me siento muy orgulloso de ser inventor de algo, pero también me siento preso por ese penalti”, dijo en cierta ocasión Panenka para una revista homónima.

A decir verdad, lo de Panenka no fue nada sorprendente. Llevaba un par de años apostando cervezas y tabletas de chocolate con Zdenek Hruska, arquero y compañero de equipo en el Bohemians, tras los entrenamientos. De las apuestas se pasó a los amistosos y de los amigables a los encuentros de la liga checoslovaca. Panenka calcula que lanzaría unos 30 penaltis con su peculiar estilo y que tan sólo una vez el portero logró adivinar sus intenciones. Pero eran tiempos de agendas y bolígrafos no de redes sociales y plataformas televisivas. La locura de Panenka no tenía un altavoz que lo hiciese universal.

La oportunidad le llegó en 1976 a los 27 años. Checoslovaquia se había clasificado meritoriamente para una fase final de la Eurocopa que por entonces estaba reservada para tan sólo cuatro equipos. Aquella Eurocopa estaba destinada a un postrero duelo entre Cruyff y Beckenbauer. Sería la última oportunidad del genio neerlandés y de muchos de su grupo de locos melenudos de convertir en un título su fastuoso fútbol total. Para la RFA, con sus mitos superando la treintena, era el fin de fiesta a un ciclo que los había coronado como campeones mundiales un par de años antes. Los teutones pasaron con trompicones a la final tras deshacerse de Yugoslavia. Los naranjas contaban con hacer lo mismo, pero cayeron en la prórroga ante Checoslovaquia. La sorpresa fue mayúscula. Los centroeuropeos contaban con Viktor, Ondrus, Nehoda, y especialmente con un fino estilista desconocido en Occidente. Un trescuartista llamado Antonín Panenka.

Si tocaba lanzar un penalti Panenka tenía decidido que esa Eurocopa sería el lugar indicado para hacerlo. Confesaría que estaba deseando llegar a los penaltis contra Países Bajos para poner en práctica su método revolucionario, por lo que a pesar de la victoria el desenlace tuvo un punto de decepción para el bigotudo centrocampista. Quiso el destino que la final tuviese un guion parecido al de la semifinal. Checoslovaquia se adelantó pronto y, aunque Alemania recortó al descanso, los checos vencían por 2-1. Como de costumbre los teutones iban a trompicones y como siempre pusieron el rodillo a funcionar doblegando a Viktor tras innumerables intentos gracias a un gol en el minuto 89 del marrullero Hölzenbein. Como en la semifinal tocaba prórroga.

En esta ocasión Panenka vio cumplido su deseo y tras otra media hora de dominio alemán el partido se iba a decidir en la tanda de penaltis. Panenka inmediatamente pidió lanzar el quinto de la tanda convencido de que su lugar estaba en el Olimpo.

El método del punto fatídico sustituía al mucho más cruel del lanzamiento de moneda que aún estuvo vigente en las competiciones internacionales hasta 1969. Checoslovaquia comenzó lanzando y acertando. Las transformaciones irían dándose hasta que en el cuarto intento le toque al alemán Uli Hoeness. No quería tirarlo. Mandó el balón al cielo de Belgrado. Panenka pondría en marcha su idea con red de seguridad sabiendo que de fallar el quinto y definitivo penalti Checoslovaquia aun seguiría por delante.

El silbato suena. Pequeña carrerilla. Antonín avanza. Maier dobla las rodillas hacía su izquierda. Panenka acaricia el balón. Su bota atrapa el esférico como cuchara en plato de sopa. En lugar de sacar un cañonazo de sus botas Panenka orientó su cuerpo hacia la derecha y lanzó un balón bombeado por el centro de la portería. Con un ligero toque el esférico realizó una parábola que se dirigía lentamente al centro de la portería. Maier, tirado en el césped, observaba incrédulo lo fácil que habría sido pararla. El balón no había llegado a la red cuando Antonín levantó los brazos. Sabía que sería gol. Lo sabía mucho antes de haber lanzado. Había pasado a la historia.

Fue un gol de truhan. Un gol de poeta. No es solo la caricia del golpeo. Es el golpe de cadera. La ojeada al firmamento. El espasmo, el gesto, la mirada que engaña al portero. Si Panenka hubiese fallado ese penalti hubiese sido tildado de tonto en Occidente. De traidor a la patria más allá del Telón de Acero. Sí, Pelé tenía razón, pero por partida doble. Panenka era igual de genio que de loco.

Media Europa trató de llevarse a aquel equipo por la vertiente capitalista de la vida, pero no hubo manera. A Panenka le dejaron marchar a los 32 años en la cuesta abajo de su carrera. Jugó cuatro años en el Rapid de Viena donde pudo ganar dinero y hasta un par de títulos, así como alcanzar una más que meritoria final de la Recopa de Europa.

Panenka sólo volvió a tirar un penalti suave con parábola una vez más. Fue tres años más tarde del archifamoso y también lo fue vistiendo la camiseta de Checoslovaquia. El rival era Francia y el partido clasificatorio para la Eurocopa de 1980. Panenka usó otra vez el guante de terciopelo para engatusar a Dominique Dropsy, meta francés.

Son tan sólo once metros. Once metros de responsabilidad donde el lanzador no tiene nada que ganar. Para el portero es todo vencer. Si no lo para no es su culpa. Si lo para es un héroe. Tan sólo el guardameta sale perdiendo cuando el gol es una afrenta. Cuando el lanzamiento es una afrenta. Cuentan que Maier no esquivaba la pregunta, pero si tu intención era tener una entrevista con el legendario portero alemán y no obtener monosílabos como respuestas mejor no nombrar a Antonin Panenka.

Sepp Maier (la víctima)

“Siempre que en una entrevista le preguntaban por mi gol, se lo tomaba un poco mal. Creo que yo soy una espina para él. Después vi que esta reacción era por culpa de lo que decían los periodistas occidentales. Decían que, Panenka, un don nadie, le había dejado en evidencia. Yo no le ridiculicé.» Antonin Panenka sobre Sepp Maier.

“La inspiración está muy bien, pero tiene que llegar trabajando”. Pablo Picasso.

Otras historias de la Eurocopa

El equipo más aborrecido de todos los tiempos (la epopeya griega en la Eurocopa 2004)

A propósito del despropósito de la vacunación (una Eurocopa en tiempos de Covid)

Cuando Italia ganó una Eurocopa gracias a una moneda (la gota que colmó el vaso para que loe empates se decidiesen con una tanda de penaltis)

Historia contrafactual de la Eurocopa 2008 (¿Qué hubiese pasado si Luis Aragonés no hubiese sido el seleccionador español en Austria y Suiza?)

Leer más

Historia contrafactual de la Eurocopa 2008

España había hecho un buen partido. Un muy buen partido. El mejor de aquella Eurocopa. El cuento de siempre. El dominio había sido español de principio a fin. Italia se dedicó a contemporizar y a buscar su ‘kairós’, su momento oportuno. Hubo infinidad de ocasiones durante todo el encuentro, un par de decisiones más que controvertidas del árbitro y unas cuantas manos salvadoras de Buffon. Así se llegó a la prórroga con empate a cero. Ambos equipos esperaron agazapados a que los espantosos penaltis hiciesen su aparición. Dani Güiza falló el cuarto. Iker Casillas fue incapaz de atajar el lanzamiento de Di Natale. Cuando Cesc mandó a un costado el quinto y Buffon adivinó sus intenciones, la suerte estaba echada.

Italia se clasificaba para las semifinales de la Eurocopa de 2008 de Austria y Suiza. España quedaba eliminada en cuartos de final. Otra vez. Otra de tantas veces.

No habría fin del maleficio. Ni lluvia de oro en Sudáfrica.

Los jugadores cariacontecidos pasan por zona mixta. Palabras vacías. Jugamos como siempre y perdimos como nunca. Ah, no, no. Al revés. Jugamos como nunca y perdimos como siempre. Por la sala de prensa pasa Luis Aragonés. Se le estaba esperando cuchillo en mano. La sangre llegará al rio, inundará el mar y provocará un maremoto allá a donde llegue. A Luis hace mucho que se le tienen ganas. Se le espera desde aquella tarde en Suecia en la que le puso una cruz a Raúl González Blanco, el ‘7’ de España. Los periodistas ensayan un monográfico. ¿Va a dimitir? La respuesta es una patada a seguir, pero en su interior Luis sabe que está sentenciado. No hay más preguntas. Bueno, las hay. Pero son idénticas. Cambia la letra, pero es la misma música. Aragonés no explota por vete tú a saber qué. Está apuntito. Mordedura continua de labios. Pero aguanta. En el fondo aquello no cambia nada. Su idea era ya dimitir pasase lo que pasase. Aunque España hubiese ganado la Eurocopa. Estaba quemado y cansado, pero no era el momento de decirlo. No pensaba darle ese gustazo a los plumillas.

Esa noche Ángel María Villar pasa por los micrófonos de la COPE para ser entrevistado por José Antonio Abellán. Considera un buen resultado llegar a cuartos de la Euro. En el fondo es lo habitual y el rival era Italia, vigente campeón mundial. Sin embargo, Villar deja entrever que el ciclo de Aragonés se da por finalizado. En la SER José Ramón de La Morena y Paco González excusan a Luis de la derrota y claman por la inconsistencia, las corruptelas y la falta de proyecto de Villar, el cual lleva tres décadas en la poltrona.

No es sorpresa que apenas cuatro días más tarde Luis Aragonés comparezca ante los medios de comunicación para presentar su dimisión. Lo hace en soledad, sin más compañía que la de su segundo, José Armando Ufarte. No hay nadie de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) presente en el acto. Ni la hay ni se le espera. Luis se marcha con elegancia y deja una reflexión en el aire que será la comidilla de tertulias periodísticas y charlas de bar el resto del verano.

¿Qué es lo que queremos ser? ¿Toro o torero?

Es cierto que Luis Aragonés fue canterano del Real Madrid?
Luis Aragonés

Fuera César Luis Menotti el que acuñara esa expresión unas cuantas décadas más atrás y pronto el siempre hábil Jorge Valdano la hizo suya. Y es que ese era el sempiterno problema de España. Un país cuyos futbolistas han sido históricamente técnicos y pequeños y con gusto por el juego de ataque, pero a los que siempre se les ha exigido pundonor, sacrificio y portento físico. Las legendarias hazañas de la ‘Furia Roja’, del Athletic de Zarra o del Madrid de Di Sréfano configuraron el arquetipo. Jugador valiente, atrevido y técnico, capaz de levantar al público de sus asientos tanto a través de la finta como tras una entrada en área propia.

Esa dicotomía que encumbraba a los Butragueños de turno a la vez que los hacia sospechosos de indolencia, fue siempre la realidad de la selección española de fútbol. ¿Toro o torero? ¿Furia o técnica? ¿Catenaccio o jogo bonito?

Cuando Luis Aragonés es elegido seleccionador nacional en 2004 lo tiene claro. España tiene que ser torero. Las categorías inferiores de la selección llevan años logrando títulos a base de técnica y de un fútbol ofensivo de posesión. Así es como debe manejarse la absoluta. O así cree Aragonés. Pero es comulgar con ruedas de molino. Tiene que tener paciencia. Su revolución es inexistente, hasta que la pronta eliminación en el Mundial de 2006 le da la excusa para hacer lo que verdaderamente está deseando plantear.

Cuando en el primer partido tras el Mundial, un encuentro clasificatorio para la Eurocopa de 2008, España se estrelle en Belfast ante Irlanda del Norte, Luis Aragonés dará un volantazo de 180 grados. Michel Salgado, Cañizares y Raúl no volverán a jugar con ‘La Roja’. Los tres representan al toro y nunca al torero. Lo de Raúl será un debate nacional, especialmente cuando apenas un mes más tarde España vuelva a caer con estrépito, esta vez en Suecia. Fernando Torres y David Villa, los elegidos para la punta de ataque, serán incapaces de tirar a puerta.

Aquello se había zanjado con una rueda de prensa conjunta en la que Raúl pedía paz y daba su bendición a regañadientes a Aragonés. Con esa calma chicha se había llegado a la Eurocopa, pero estaba claro que la eliminación en cuartos ante Italia iba a cambiar nuevamente el ‘statu quo’.

Otra vez tocaba empezar de cero.

Raúl González, el '7' de España - Tribuna Madridista
Raúl ‘el 7 de España’

Tras la Eurocopa había que iniciar el camino de clasificación para el Mundial 2010. Sería en La Condomina murciana ante Bosnia. Pero antes habría que encontrar seleccionador. La terna estaba entre cuatro candidatos; Vicente del Bosque, Quique Sánchez Flores, Joaquín Caparrós y Juande Ramos. Aunque el verdadero sueño de la RFEF, y de buena parte de la prensa, era convencer a Rafa Benítez, por entonces con una relación de vino y rosas con el Liverpool FC. Benítez tenía pedigrí madridista y llevaba una década triunfando a base de orden y disciplina primero en España y más tarde en Inglaterra. Se contactó con el madrileño, pero amablemente declinó la invitación.

Lo de Vicente del Bosque era una boutade financiada con apoyo mediático del Grupo PRISA. Estaba claro que, tras haber sido torero, ahora tocaba ser toro. Como cualquier plan de estudios o económico que se precie, toca cambio con cada legislatura. Villar, apoyado por sus acólitos de la prensa, estaba a favor de volver a la mano dura. Gustaban, y mucho, el par de pelotas de Caparrós, pero el sevillano estaba entonces dirigiendo al Athletic. A Caparrós le iba la marcha. Estaba loco por coger el mando de ‘La Roja’, pero Caparrós, aparte de dos pelotas, era hombre de palabra. Tenía contrato con el Athletic y deseaba cumplirlo.

La opción fácil era Sánchez Flores. Estaba sin equipo, era joven y contaba con buena prensa. Pero su trayectoria se limitaba a una buena temporada en Getafe y luces y sombras en Valencia. Conseguir a Juande Ramos era más factible. Tras triunfar con el Sevilla FC había rescindido unilateralmente su contrato para firmar con el Tottenham en 2007. Había logrado ganar la Carling Cup con los londinenses en la temporada 07/08, pero el curso liguero había resultado irregular. Juande tenía un pie fuera de White Hart Lane.

Es por eso que no fue demasiado difícil conseguir un acuerdo satisfactorio con el Tottenham que se libraba del carísimo contrato de Juande. Harry Redknapp pasaba a ser técnico de los Spurs y Juande Ramos sería el nuevo seleccionador español.

Qué fue de Juande Ramos, el ex jugador y entrenador de fútbol? - Televisión  - COPE
Juande Ramos

La revolución es inmediata. Hay cinco notables bajas respecto a los que habían sido convocados para la Eurocopa. Son Marcos Senna, David Villa, Cesc Fábregas, Jesús Navas y David Silva. Juande mantiene el núcleo, pero vuelve a convocar a David Albelda y a Joaquín, quien pega una rajada monumental contra Luis Aragonés, llama a Javi Navarro, uno de sus pretorianos de cabecera, convoca al navarro Raúl García, al catalán Raúl Tamudo…y también a Raúl González Blanco. El ‘7’ del Madrid, el ‘7’ de España.

La cosa sale bien y se gana con suficiencia a Bosnia. En realidad, el grupo de clasificación de España para el Mundial no es excesivamente complicado y tan sólo inquieta la presencia de los siempre irregulares turcos. España logra la clasificación con claridad a pesar de una derrota en Estambul y un sorprendente empate en Coruña ante Bélgica, pero lo trascendental no es lo qué sino el cómo. Si la España de Aragonés había jugado con cinco jugadores puramente ofensivos por delante de Marcos Senna, la de Juande Ramos apuesta por un 4-2-3-1 con notables precauciones defensivas.

Así, si en aquel fatídico empate ante Italia del 23 de junio de 2008 habían jugado Casillas; Ramos, Puyol, Marchena, Capdevila; Senna; Iniesta (Cazorla), Xavi (Cesc), Silva; Villa y Torres (Güiza); para el 16 de junio de 2010, en el primer partido del Mundial 2010, Juande Ramos decidió alinear a Casillas; Azpilicueta, Ramos, Puyol, Fernando Navarro; Albelda, Xabi Alonso; Joaquín, Raúl García, Raúl y David Villa.

Juande había vuelto a convocar a Villa y le había dado el puesto de ‘9’ colocando a Raúl en una banda ejerciendo de capitán espiritual del grupo. Fernando Torres era suplente al igual que Xavi e Iniesta, en una decisión que provocó ríos de tinta en la prensa catalana. Más polémica había sido la exclusión de la lista de Sergio Busquets, que había completado una gran campaña en el Barça y de Pedrito, que había hecho lo propio bajo el patrocinio de Pep Guardiola. A Piqué ni estaba ni se le esperaba, dado que jamás había congeniado con el seleccionador. En la convocatoria sorprendía la entrada del delantero del Getafe CF Roberto Soldado en lugar de Juan Mata y también de Álvaro Negredo, quien había anotado 11 goles con el Sevilla FC aquella campaña. Otro acalorado debate recalaba en quien debía ocupar la portería, dado que Pepe Reina había disputado los dos partidos amistosos previos al Mundial en lugar de un irregular Iker Casillas.

Finalmente Casillas fue de la partida, tal y como acabamos de escribir. España ganó en un partido horrendo a Suiza con gol de Soldado a escasos minutos del final. Después venció a Honduras con tantos de Villa y Raúl García. El problema es que en el último partido del grupo Chile venció con claridad a España (1-3), en un duelo en el que Juande decidió dar descanso a varios titulares y dar una oportunidad a Xavi, Iniesta y Torres.

Las críticas fueron feroces por el tropiezo, culpando de falta de sangre a los sustitutos. El desliz mandaba a España por el lado complicado del cuadro. Chile sumaba seis puntos al igual que España, pero contaba con mejor diferencia de goles. Por lo que en el cruce de octavos tocaba jugar ante Brasil. Juande Ramos repitió el mismo once que en el encuentro inaugural ante Suiza. Tan sólo Arbeloa sustituía a Azpilicueta quien debía cumplir sanción. España planteó un partido al contraataque. Se parapetó atrás y jugó a la defensiva. Las dos, tanto España como Brasil, pecaban de vacas sagradas y de falta de ambición, pero la lógica dictaba que tendría que ganar aquella selección que apostase por tener el balón. España dejó todo a expensas de la escasa imaginación de Raúl García y ni Villa tuvo espacios ni Raúl era el más indicado para jugar a la contra. Cuando Luis Fabiano y Kaká pongan el 0-2 en el marcador, Torres, Cesc y Soldado saldrán en busca de un milagro que no llegará. Iniesta, sentenciado por su escaso rendimiento ante Chile y por sus continuos problemas de cuádriceps, no llegará ni a calentar.

España quedaba eliminada del Mundial en octavos de final.

Kaká recuerda el éxito de Brasil en 2002: "No teníamos una idea precisa de  la magnitud" | Flashscore.es
Kaká, verdugo español

Semanas más tarde Raúl anunciaba que se retiraba de la selección nacional. Contaba con 33 años. No solo dejaba ‘La Roja’ sino que comenzaba una nueva aventura en Alemania, en las filas del Schalke 04. También anunciaba su retirada de la selección Carles Puyol. Apenas sumaba 32 primaveras, pero ya había dicho antes de viajar a Sudáfrica que su cuerpo había dicho basta y que tocaba descansar durante los veranos.

Quizás el relevo de Puyol pudiese ser Gerard Piqué. Y pudiese ser, ya que tras la destitución de Juande Ramos tocaba buscar nuevo seleccionador. En este caso el elegido fue Rafa Benítez que acababa contrato con el Liverpool FC y no iba a ser renovado por los ingleses. Esa temporada había sido horrenda y la luna de miel de Benítez en la Premier tocaba a su fin.

Con Benítez habría que afrontar otra fase de clasificación para la Eurocopa en la que nuevamente España tendría que partir como toro a la espera de que alguien tuviese arrestos para convertirla en torero y los resultados refrendasen el cambio de apuesta.

Y mientras a seguir sufriendo y a seguir cayendo eliminados en cuartos de final.

Otras historias contrafactuales

¿Qué futbolista ha sido más veces internacional con España? (una historia contrafactual de la selección española)

Un balón de oro para los europeos (Una historia del Balón de Oro alternativa desde 1995)

Los siete balones de Oro de Pelé (cuando Pelé y Maradona no podían ganar Balones de Oro)

Historia contrafactual del Balón de Oro (los años perdidos de 1930 a 1956)

Fútbol con fronteras (una historia contrafactual de la Copa de Europa con límite de extranjeros)

Historia contrafactual del Balón de Oro de los porteros (1930-2021)

Historia contrafactual del Balón de Oro de los defensas (1930-2022)

Leer más

¿Por qué Lev Yashin es tan famoso?

Allá por diciembre de 2020, cuando el otoño fenecía y el invierno reclamaba su lugar, ‘France Football’ escogió el mejor once de la historia que haya parido el fútbol. Entre los elegidos estaban Beckenbauer, Messi, Maradona o Pelé. No hubo discusión. Si la hubo entre los que vieron con malos ojos que Matthaüs residiese en ese once, que Cruyff o Di Stéfano no lo estuviesen, o que Platini quedase relegado al tercer mejor equipo mientras Rijkaard ocupaba una posición de privilegio en el segundo. Para gustos colores. Todos, desde Garrincha a Cristiano Ronaldo, nos han dejado momentos para el recuerdo. Algunos más y otros menos, pero de todos hay testimonio audiovisual que atestigua sus logros.

El jurado de ‘France Football’ puso como punto de partida precisamente eso; el testimonio audiovisual. Un fútbol moderno que nació tras la II Guerra Mundial con el Mundial de Brasil y el inicio de la Copa de Europa. Quedaron en el camino Scarone, Andrade, Meazza, Sindelar o Josef Bican. Y, sin embargo, y aunque hay filmaciones que atestiguan su grandeza, resulta fascinante que uno de los 33 escogidos sea un completo desconocido para el gran público.

Ni siquiera es uno más entre los 33 escogidos. Forma parte del once ideal y, a pesar de la existencia de Buffon, Neuer, Casillas, Kahn, Banks, Zoff o Maier, su inclusión en ese equipo de leyenda fue prácticamente aceptada por unanimidad. Todos los componentes de estos tres onces históricos o bien han ganado el Mundial o bien la Copa de Europa. O mejor aún; ganaron ambos títulos. Tan sólo hay una excepción. Un futbolista que no pasó de un cuarto puesto en un Mundial. Un hombre que nunca disputó un partido de Copa de Europa. Un deportista que nunca jugó ni en una gran liga ni en un gran equipo. Un futbolista del que apenas se conservan partidos completos con su presencia, salvo los que disputó con su selección en cuatro Mundiales diferentes.

Y con todo, además de ser incluido en el ‘Ballon d’Or Dream Team’ por ‘France Football’, es considerado por la FIFA el mejor portero del siglo XX y es el único guardameta en la historia que ha sido galardonado con el Balón de Oro.

Es Lev Yashin. ‘La Araña Negra’.

Una leyenda.

Pero, ¿por qué es una leyenda? ¿Por qué Lev Yashin es tan famoso?

Como toda gran leyenda, Lev Yashin murió y resucitó en repetidas veces. En Chile, allá por 1962, Yashin acumuló pifia tras pifia. Acudía a aquel Mundial la Unión Soviética como gran ‘vedette’ tras haber salido victoriosa de la primera Eurocopa de la historia, pero la actuación de su gran portero fue más que modesta. En la primera fase un desconocido colombiano le clavó un gol olímpico. No fue lo peor. La URSS quedó eliminada en cuartos ante Chile con dos goles encajados desde fuera del área en los que dio la sensación de que Yashin pudiese haber hecho bastante más.

Los medios soviéticos culparon a Yashin de la debacle y pronto fue acusado de traición a la patria, una ligereza muy común dentro de las murallas del Kremlin. Las críticas traspasaban el Telón de Acero. ‘L’Equipé’ declaró que estaba acabado y en Inglaterra comentaban que la exageración de su fama era producto de la propaganda comunista. Presionado por las críticas, el camarada Yashin volvió de Chile decidido a retirarse. Se encontró con un grupo de aficionados que tiraban piedras contra su apartamento. Contaba con 32 años.

“Los goles sufridos acechan, siempre. Uno no recuerda los que salvó, sino los que le metieron. El guardameta que no tenga ese tormento interno, no tiene futuro”, diría Yashin en cierta ocasión.

Pasaron las semanas hasta que un día, aburrido en su casa de campo, se acercó el parque Petrovsky, al noroeste de Moscú, donde se encontraba el estadio del Dinamo. Saludó a sus compañeros, se puso los guantes y empezó el entrenamiento.

Al año siguiente Lev Yashin era elegido por ‘France Football’ el mejor futbolista del mundo por los mismos periodistas que el año anterior le habían dado por acabado. Ese mismo año ganó la Liga soviética, fue elegido mejor jugador de la URSS y, con el tiempo, los camaradas le harán entrega de la Orden de Lenin. Como colofón, fue seleccionado para formar parte del combinado mundial que se enfrentó a Inglaterra con motivo del centenario del nacimiento del fútbol.

Estaba muerto, pero resucitó. Aquella temporada disputó 37 partidos en los que únicamente encajó seis goles. ¡6 goles!

Fue esa la última ocasión en la que Yashin hubo de resucitar. Pero antes fueron muchas otras.

AS Historia on Twitter: "Lev Yashin, "La Araña Negra", es el único portero  agraciado con el Balón de Oro, fue en 1963. #FotografiAS  https://t.co/eZ9vWr599Z" / Twitter
Balón de Oro 1963

Yashin era ‘La Araña Negra’, un apodo que ejemplifica la sintonía que mantenía con el arco. Vestido de negro, de brazos infinitos, parecía un ser mitológico con seis extremidades superiores. Yashin era un personaje majestuoso que logró ser archivado en las memorias y en los libros como el primero, el mejor y el más singular e independiente. Lev Yashin no sólo paraba balones a ras de su portería, sino que definió biológicamente al portero ideal. Era grande, sobrio, sereno, ágil, potente y flexible. Un biotipo entonces poco común y que desde entonces es el canon del arquero perfecto.

Y además infundía respeto. Un gigante vestido de negro de manos enormes y elástico como un conejo que siempre tenía una sonrisa en la cara y felicitaba al atacante cuando le marcaba un fastuoso gol. Cuando el gran Eusebio, el delantero del momento, bata a Yashin en el Mundial de 1966, correrá presto a pedir disculpas al gigante soviético. Meterle un gol a Yashin será motivo de orgullo, pero también de dolor por mancillar la memoria de una leyenda. Gerd Müller, el cañonero de los 600 goles, nunca consiguió batir a Yashin. Lo decía con rabia, pero también con el alivio de no haber cometido un sacrilegio.

Durante una gira amistosa en el Cáucaso en 1950, sufrió un gol desgraciado del Traktor Volgogrado. Era su primer partido con el Dinamo Moscú después de destacar en la estructura juvenil. Tenía 21 años recién cumplidos. En una salida mal calibrada, colisionó con un defensa de su equipo, y la pelota le castigó al pasarle por un lado. Yashin soportó las bromas de sus compañeros Konstantin Beskov y Vasily Kartsev, los dos jerarcas de la plantilla. Pocas semanas después, debutó en partido oficial contra el Spartak Moscú y sufrió otra desdicha idéntica. Volvió a chocar con un compañero al salir a un centro, se tragó el balón y otro ridículo hizo su aparición. Después, un general de la NKVD, la policía secreta, entró en el vestuario y explotó: “Hay que borrar del equipo a este idiota”. Cuatro goles encajados en diez minutos en su siguiente partido, jugado a los tres meses, contra el Dinamo Tbilisi clavaron la daga definitiva en el alma de Yashin.

Yashin estaba muerto, pero se preparaba para su segunda resurrección.

Su actuación había sido tan lamentable que no es que lo mandasen al banquillo, es que directamente lo invitaron a dedicarse a otra cosa. Lev cambió los guantes por el stick y pasó a integrar la nómina del Dinamo en su modalidad de hockey sobre hielo. Pronto se labró una fama como excelente portero y tres años más tarde ganaba la liga soviética y era reclamado nuevamente para el equipo de fútbol. Lev obedeció y, de pronto, el Dinamo contaba con un portero de fútbol con una capacidad de reacción y de reflejos nunca antes vista. Habilidades motrices. Gracias al hockey agudizó la percepción del ojo, ganando una velocidad de reflejos que luego trasladó al fútbol. Con el hockey, pulió también su técnica, su cobertura de ángulos estrechos y se convirtió en un gigante de 190 centímetros de agilidad felina.

Lev Yashin, la leyenda de la "Araña Negra"
Una araña sobre el hielo

Pero la leyenda de Yashin no se basaba solo en unas condiciones físicas portentosas. Yashin comprendía y leía el juego. Ordenaba a sus compañeros donde y como colocarse en unos tiempos donde el portero era atrezo e incluso los entrenadores raramente salían del banquillo durante los partidos. Yashin añadió a sus condiciones innatas una reinterpretación de la labor del portero. Custodiaba los espacios, salía fuera del área y lanzaba contraataques antes de que ningún defensa pensase siquiera que existía esa posibilidad. Célebres eran sus despejes de cabeza fuera del área que primero aglutinaban murmullo del respetable y luego acalorados aplausos cuando Yashin se atusaba el pelo y se volvía a colocar la gorra.

Era un arquero diferente. Mientras la mayoría rechazaban los disparos, él fue pionero al empezar a atajar los balones cuando nadie lo hacía, cobijándolos entre sus brazos y denegando la opción al rebote. En aquella época los metas temían alejarse de su jaula y Yashin entendió que desligarse de aquellos tres postes reducía espacios y tiempo para pensar al delantero. Como también fue el primer valiente en atreverse a salir por alto a los balones aéreos y despejarlos con los puños, algo nada habitual por entonces. Y a todo eso, por si fuera poco, se le suma su condición de parapenaltis.

Hay autores que consideran que una figura como Yashin solo podría haberse dado en la Unión Soviética. El portero es alguien para el que lo más importante es la victoria del equipo. Es una figura anticapitalista que se sacrifica por los demás. Lo cierto es que todos los equipos soviéticos de cualquier deporte evitaban la búsqueda de estrellas y construían el juego en base a un orden milimétrico y automatizado que llevase a la victoria a través de la socialización de todos sus componentes. El portero es ese mito que siendo único e individual sólo tiene éxito si a través de su discreción es capaz de salvar al equipo. No es extraño que la URSS pariese grandes porteros (Yashin, Rudakov, Dassaev -todos ellos rusos-) y ningún gran ‘9’, el jugador egoísta por excelencia. Los grandes atacantes que hubo (Blokhin y Belanov) eran, y no casualmente, ucranianos.

En una sociedad tan uniforme, el portero era una de las escasas expresiones posibles y el objetivo era eliminarlo. Existía una canción, aun hoy cantada en muchos campos rusos, que decía: “Portero, prepárate para la batalla, detrás de ti esta nuestra frontera”. Es el último baluarte ante el extranjero. Como el as de la aviación o el astronauta, el portero es un ser individual al servicio de un todo. “La sensación de ver a Gagarin volar por el espacio solo es superada por parar un penalti”, diría Yashin en la cima de su éxito.

Porque ‘La Araña Negra’ es un hijo del comunismo. Nacido en 1929, huérfano de madre a los seis años, su infancia transcurrió entre las locuras sádicas de Stalin y la penumbra de la Gran Guerra Patriótica contra los nazis. Ahí Lev Ivanovich Yashin iba a experimentar su primera resurrección. Desde niño trabajó en una fábrica aeronáutica y sobrevivió a base de cigarrillos mostrándose como un adolescente trabajador y educado. Fumador empedernido lo será toda la vida (incluso en los descansos de los partidos) y defenderá el uso de la nicotina hasta su muerte, porque fue el tabaco lo que le salvó de morir de hambre cuando era pequeño. Aquellos diez cigarros diarios se complementaban con unos buenos vasos de vodka. Así se entiende que aquel niño acabase siendo un adulto con problemas de acidez que resolvía el bicarbonato y que falleciese con apenas 60 años por culpa de un cáncer de estómago.

Conoció el fútbol en la fábrica, jugando como delantero. Pero su imponente altura, sus largos brazos y su elasticidad en el salto sedujeron a los jefes de la planta y le impusieron la portería. En 1949, después del servicio militar, fue reclutado por el Dinamo Moscú. Nunca se quitaría esa camiseta, ni siquiera, en numerosas ocasiones, ni para jugar con la Unión Soviética, pues muchos partidos con la selección los disputó con la letra ‘D’ bordada en su imborrable jersey oscuro. Ese otoño, solo unos meses antes del salto a la escuadra principal, el nombre de Yashin se abrió hueco en el fútbol de la capital soviética cuando en su primera exhibición impulsó la victoria del juvenil sobre el primer equipo en las semifinales de la Copa Moscú.

Luego vino su caída y su exitoso paso por el hockey. Llegó a estar seleccionado para disputar el Mundial de la especialidad en 1954, pero renunció porque su intención era triunfar en el fútbol. Tenía cerca de los 25 años cuando a Yashin le permitieron volver a defender la portería del Dinamo en su versión 11 contra 11. Tardó solo unos meses en alcanzar la selección, en seducir a todo un país y en asimilarse como el rostro de una institución como el Dinamo Moscú. Jugó allí 22 temporadas; ganó las ligas de 1954, 1955, 1957, 1959 y 1963; levantó las copas de 1953, 1967 y 1970; fue internacional soviético 73 veces; ejerció de figura clave en el oro olímpico de Melbourne 1956 y en la Eurocopa de 1960; disputó los Mundiales de 1958, 1962, 1966 y con 41 años aún fue tercer portero de la URSS en el de 1970. Con el Dinamo dejó la portería a cero en el 48% de sus partidos. En más de 200 partidos. En total, una carrera de 813 encuentros (dos con la selección FIFA) y 150 penaltis parados.

Son sus portentosas actuaciones con la Unión Soviética lo que le convirtieron en un icono. Se dio a conocer al mundo en los Juegos de Melbourne de 1956 y dos años después ya era referencia en el Mundial de Suecia. Desde ese 1958 a 1961 Yashin vivió un trienio mágico coronado por la consecución de la Eurocopa de 1960 donde emergió como figura indiscutible de un equipo de orden mecánico. La final ante Yugoslavia junto al duelo de cuartos frente a Hungría en el Mundial 1966 perviven como sus dos mejores actuaciones internacionales. Por el camino su traspiés en 1962 y su tercera resurrección incluyendo un subcampeonato europeo en 1964. Por cierto, en aquella cruzada ideológica entre franquistas y comunistas de 1964 Lev Yashin saltó al campo con una sudadera que portaba el escudo de su tan querido Dinamo moscovita.

Lev Yashin, guantes para un Balón de Oro - Blogs - Fútbol Emotion
La Araña Negro a color

Para crear el mito Yashin ayudaron sus éxitos en la Eurocopa, pero en especial su gran actuación en el Mundial de 1966, el primero filmado a color. La URSS quizás no se dio cuenta de ello, pero Yashin era un subproducto capitalista tan potente como el Sputnik o los rifles Kalashnikov. En plena Guerra Fría Lev Yashin era conocido por la prensa occidental como “la cara sonriente del comunismo”.

Era “la cara sonriente del comunismo”, pero era, esencialmente, ‘La Araña Negra’. El negro galvanizó su postura y creó un estándar repetido hasta la saciedad, hasta que las marcas comerciales empezaron a introducir el color en la vestimenta del guardameta. Iribar o Zoff serían clones de Yashin, tanto por planta y elasticidad como por estética. La leyenda dice que jugó durante dos décadas de negro y que sólo usó un puñado de jerséis en su carrera. Lo cierto es que Yashin usaba los tonos oscuros porque consideraba que eran más efectivos ante los atacantes, pero no siempre eran negros. Uso el azul oscuro en múltiples ocasiones, pero tanto las fotos como las filmaciones en blanco y negro, se encargarían de oscurecer todos los recuerdos. Yashin es un uniforme oscuro invisible para el rival.

Quizá para que Occidente comprenda la grandeza de Yashin es necesario relatar una anécdota. Santiago Bernabéu quedó prendado de muchos de los futbolistas integrantes de la selección soviética, pero, sobre todo, del hombre encargado de evitar los goles rivales. En la celebración del título por la Eurocopa 1960, en un restaurante cercano a la Torre Eiffel, Bernabéu ofreció un cheque en blanco al gigante soviético. Para el pope merengue Lev Yashin no tenía precio. La oferta acabó en papel mojado, ya que en aquellos tiempos ver a un soviético traspasando el Telón de Acero para jugar en otro país era más complicado que llegar a la Luna.

Yashin era querido y amado. Todo lo que tenía de grande lo tenía de bonachón. Era accesible, desprovisto de arrogancia o altivez y no había niño al que no le firmase un autógrafo. Cuando le preguntaban si era el mejor siempre negaba con la cabeza y daba el nombre de Beara, guardameta de la selección yugoslava. También tenía palabras de cariño para Grosics o Sokolov, dos pioneros en las salidas fuera del área de los porteros (como Carrizo en Argentina). En sus días libres solía acercarse a charlar con los arqueros juveniles del Dinamo y les daba consejos siempre que le preguntaban.

Como decía falleció joven. Era 1990. Mas tarde vendrá su estatua de bronce, antes la Orden de Lenin o el bautizo con su nombre al estadio del Dinamo. Hasta será la imagen en los posters oficiales del Mundial de Rusia de 2018, fiel reflejo de la importancia del mito en el patrimonio de una nación. Contaba su viuda que cuando ganó el Balón de Oro un chef francés le obsequió con un balón de chocolate. Mandó conservarlo y allí se mantiene, sereno e imperecedero, como la leyenda del portero más famoso de todos los tiempos.

“El portero es un jugador, no un tercer poste”. Lev Yashin.

Otras historias sobre deporte soviético

Auge y caída de Nikolai Starostin (la increíble historia del hombre que introdujo el fútbol en la Unión Soviética en dos artículos)

¿Por qué en Lituania se juega al baloncesto? (como el basket ayudó a propagar el nacionalismo lituano)

Cuando Italia ganó una Eurocopa gracias a una moneda (como el azar dejó a la URSS sin jugar una final de Eurocopa)

La gimnasta eterna (la historia de Oksana Chusovitina, la gimnasta soviética que competiría por tres países diferentes)

El partido de la muerte (la epopeya del FC Start en medio de la ocupación nazi de Kiev)

Leer más

Vanguardia y horror en el Donbass Arena

En el verano de 2012 la selección española de fútbol completó un cuatrienio inigualable. Conquistó una segunda Eurocopa consecutiva para añadir al que había sido su primer Mundial. La victoria se fraguó en una redonda final en la que bailaron a Italia por 4-0 en, quizás, el mejor encuentro enarbolado por esa maravillosa generación de futbolistas. Tan magna exhibición fue perpetrada en Kiev, en un histórico estadio cercano al siglo de existencia, pero recientemente remodelado para exhibir la prosperidad y la pujanza de la moderna Ucrania. Se reconstruyó el anillo inferior, se techaron todas las gradas, se creó un palco de lujo y se edificó un hotel de 13 plantas adjudicado a la empresa Sheraton anexo al coliseo.

No fue tarea fácil semejante loor a la modernidad. Ucrania tuvo que organizar la Eurocopa de la mano con Polonia y vencer a Italia en la votación propuesta por la UEFA. Tras apenas dos décadas de existencia como nación independiente, para los ucranianos era una oportunidad única para demostrar al mundo que el comunismo era un asunto del pasado y para implorar a la Unión Europea un puente que les permitiese cruzar a Occidente. Hubo que gastar una ingente cantidad de dinero en acondicionar estadios, construir redes de transporte y crear plazas hoteleras, y hasta varios ministros acabarían dimitiendo ante el cataclismo económico creado por el shock financiero de 2008.

Con todo, la organización fue exitosa y, durante un mes, Ucrania (y Polonia) fueron el centro de Europa. Uno de esos lugares felices en aquel verano fue Donetsk, una ciudad de cerca de millón de habitantes y capital de la región del Donbass, comarca situada al este de Ucrania y de mayoría rusófila. En Donetsk se jugaron tres partidos de la primera fase (incluyendo dos derrotas ucranianas) y el partido de cuartos de final y la semifinal disputada por España ante Francia y Portugal, respectivamente. Era el colofón para un estadio en el que la celebérrima Beyoncé había dado un concierto para inaugurar la nueva era.

Apenas tres años de vida tenía el Donbass Arena, un coloso para 50.000 espectadores que emerge en el interior del parque Lenin, una imponente colección de naturaleza y escultura con reminiscencias del Parque Güell. Erigido como una copia a menor escala del Allianz Arena (como tantos muchos después) consta con un techo ovalado que se camufla con el paisaje y le da aspecto de platillo volante, mucho más acentuado cuando las tinieblas hacen su aparición y el milagro de la luz artificial ilumina la ciudad.

Fotos de Concursos, Cielo, Que, Azul., Eurocopa 2012 - Imagen de © Leonardi  #7230741
Donbass Arena

Cuando el Donbass Arena se inauguró se cumplían dos décadas de la caída del Muro de Berlín y cerca de nueve decenios desde la muerte de Lenin. El estadio, instalado en el parque bautizado en honor al hombre que hizo carne el ideal comunista, está rodeado por un entorno forestal donde cada árbol conmemora a un miembro fallecido en la Gran Guerra Patriótica. La Guerra Patriótica es como denominan los rusos a la II Guerra Mundial. Concretamente a los años que van desde 1941 a 1945, cuando la URSS y la Alemania Nazi utilicen los ideales y las ambiciones del pueblo para destruir millones de vidas humanas. El otro bienio, el que va de 1939 a 1941, es convenientemente borrado de la historia para hacer desaparecer el pacto de amistad que imperó esos años entre Stalin y Hitler.

Y es que el Donbass es una región eminentemente prorusa. Cuando en 2014 las tropas rusas ocupen Crimea tras la llamada revolución del Euromaidán lo harán certificando la clara división del país. Mientras el oeste de Ucrania vote a favor de los partidos proeuropeos (más del 85%) las regiones del este limítrofes con Rusia (tanto el Donbass como Crimea) apenas apoyarán en un 20% a los candidatos favorables a la integración con la Unión Europea.

Uno de esos ucranianos filorusos era el multimillonario Rinat Ajmetov. Rubio, de nariz aguileña y mirada firme, Ajmetov amasó su fortuna comprando sociedades mineras de la cuenca del Don, y su fama adquiriendo la propiedad del FK Shakhtar Donetsk en 1996. El Shakhtar había sido un equipo irrelevante durante el período soviético y su estatus tampoco hubo de mejorar con la independencia ucraniana. No será hasta 2002 cuando el Shakhtar gane su primera liga.

Lithuanian to head the company of Ukraine's richest man Rinat Akhmetov -  the Lithuania Tribune
Rinat Ajmetov

Desde entonces el crecimiento será imparable. El Shakhtar ganará ocho ligas en una década y tocará el cielo al lograr la Copa de la UEFA de 2009 meses antes de la inauguración del Donbass Arena. Lo hará con Mircea Lucescu en el banquillo y con una acertada política de fichajes basada en cazar a jóvenes promesas brasileñas y ofrecerles el escaparate del Shakhtar para progresar en Europa. Fernandinho, Alex Teixeira, Fred, Douglas Costa, William o Luiz Adriano son algunos de los que portaron la zamarra naranja de los mineros del Donbass.

Tras la inauguración del Donbass Arena y la instalación perpetua en la fase de grupos de la Champions League, el objetivo del Shakhtar era asentarse en la élite europea y convertirse en el equipo referencial de Europa del Este. Pero los sueños de grandeza se toparon con la realidad política del país y con una guerra a punto de estallar.

El Shakhtar estrena su palmarés europeo | UEFA Europa League | UEFA.com
La gloria europea

En 2013 se destapó una serie de escándalos de corrupción que hicieron tambalear a Viktor Yanukovich, presidente ucraniano. El problema de fondo es que Yanukovich era prorruso y había paralizado varios acuerdos económicos y de seguridad con la Unión Europea. Las manifestaciones y protestas fueron aumentando hasta convertirse en disturbios. Será en febrero de 2014 cuando estalle el llamado Euromaidán, una revolución ciudadana que hizo dimitir a Yanukovich, el cual, inmediatamente, buscó cobijo en la vecina Rusia.

El problema es que mientras en Kiev y buena parte de Ucrania Yanukovich era odiado, para los rusófilos del Donbass y de Crimea lo que se había cometido era una traición. Entre los dolidos estaba Rinat Ajmedov que había financiado generosamente las campañas electorales de Yanukovich. Alentado por ese apoyo rusófilo, Vladimir Putin ordenará a las tropas rusas ocupar Crimea y bombardear el Donbass ante la callada por respuesta de Occidente. Las democracias tardarán ocho años en darse cuenta de la realidad de una guerra que ya contaba con cerca de 20.000 muertos.

Desde ese verano de 2014 la vida se paraliza en el Donbass. Ese otoño los jugadores brasileños del Shakhtar aprovechan la disputa de un partido ante el Olympique de Lyon para huir y no volver a Ucrania. Días después dos bombas estallan en la entrada principal del Donbass Arena haciéndolo inservible. Las guerrillas acabarán también con el suministro de energía del estadio y quemando las instalaciones deportivas anexas al recinto.

Al Shakhtar no le quedó más remedio que exiliarse para continuar con su actividad deportiva. El equipo fijo su sede en Kiev. Allí se entrenaba a diario, pero debía desplazarse a Lviv (Leópolis) para jugar sus encuentros como local. Más de 1.000 kilómetros separan a Donetsk de Lviv. Pero la diferencia va más allá del kilometraje. Situada a apenas 70 kilómetros de la frontera polaca, Lviv es la ciudad más proeuropea de Ucrania. Desmoralizado, falto de apoyo en las gradas y con continuos abucheos y desplantes, los resultados del Shakhtar cayeron en picado. En 2017 decidieron mudarse nuevamente, en este caso a Járkov, a unos 45 kilómetros de Rusia y lugar de una de las batallas más inhumanas de la II Guerra Mundial. En Járkov el Shakhtar se encontró con mayores dificultades logísticas, pero con un público más dócil. En esas estaban cuando el Covid-19 hizo su aparición y la plantilla del Shakhtar tuvo que hacer un tercer y último traslado, en este caso a la capital Kiev.

Por entonces Ajmetov había comprendido la peligrosidad de aliarse con los intereses rusos. Por culpa de la guerra en el Donbass había perdido el control de varios de sus activos. Dejó de aparecer en público y optó por un perfil más bajo. Entre bambalinas promovió varios acercamientos entre el gobierno ucraniano y el ruso y, cuando percibió que el acuerdo era inverosímil, decidió apostar fuertemente por Ucrania.

Cuando el 24 de febrero de 2022 comience la ofensiva rusa el Donbass Arena pasará a ser un centro logístico para el ejército ruso. Ajmetov, que en el pasado llegó a financiar un golpe de Estado contra el gobierno ucraniano presidido por Zelenski, declaró que todo su poder financiero estaría enfocado a la ayuda a los desplazados, tanto para ayudar a los refugiados como para conseguir comida o medicamentos para aquellos que decidiesen quedarse en Ucrania, bien por compromiso, o bien por necesidad.

Ajmetov también anunció que se llevaría su poder industrial desde el Donbass hasta Mariupol, y si esta ciudad portuaria también era ocupada, no cejaría hasta encontrar un lugar desde el que seguir combatiendo la ocupación. Ayudó también a que los activos brasileños del club abandonasen Ucrania comprometiéndose a liberarlos de sus relaciones contractuales si lo considerasen necesario.

Mapas de la situación de la invasión de Rusia a Ucrania
Ucrania en guerra a finales de febrero de 2022

Hasta trece futbolistas brasileños militaban esta temporada en el Shakhtar Donetsk. El día 24 se reunieron todos ellos en un hotel de Kiev junto a sus familias mientras pedían auxilio al embajador brasileño. Entre ellos estaba Maycon, futbolista carioca de 24 años que llevaba un lustro deambulando de un lado a otro de Ucrania defendiendo los intereses del Shakhtar. El caso más complicado fue el del delantero Junior Moraes que, nacionalizado ucraniano desde 2019, es internacional por su país de adopción. Según la orden del presidente Zelenski ningún varón ucraniano entre 18 y 60 años puede abandonar el país y tiene que estar dispuesto a combatir contra los rusos si es llamado a filas. Moraes tuvo que salir de incógnito por la frontera camino de Moldavia y desde allí tomar un bus hasta Paris y volar hacia la libertad a través del aeropuerto Charles de Gaulle. Para salvaguardar su honor hizo una donación de miles de euros para ayudar a las víctimas de la guerra.

A la hora de escribir estas líneas se antoja inverosímil ver al Shakhtar en la próxima edición de la Copa de Europa. Para los habitantes de Donetsk el concierto del Beyoncé en el Donbass Arena es un recuerdo en blanco y negro. O quizás no. Igual es en un vivida luz de colores que los retrotrae a aquel verano de 2012 cuando España bailó a Italia en la final de una Eurocopa que convirtió a Ucrania por unos días en el centro del planeta y la llevó en volandas a la modernidad y a la prosperidad.

“Con humanidad y democracia nunca han sido liberados los pueblos” Adolf Hitler.

«Crimea, Ucrania y Leningrado. Después, Moscú» Adolf Hitler.

¿Democracia? ¿Creen que quiero para Rusia la democracia que tiene Irak? Vladimir Putin.

«Aquel que no echa de menos a la Unión Soviética es que no tiene corazón» Vladimir Putin.

«La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre con excepción de todos los demás» Winston Churchill.

«Los fascistas del futuro se llamaran a si mismos antifascistas» Winston Churchill.

Otras historias relacionadas

El partido de la muerte (cuando unos futbolistas del Dinamo de Kiev retaron a los nazis)

Cuando Corea del Norte era noticia por el fútbol (la épica victoria coreana ante Italia de 1966)

El último partido de la RDA (la caída del Muro y el último partido internacional de la Alemania del Este)

El nazi bueno (la increíble historia de Bert Trautmann, mejor portero de Inglaterra y soldado nazi a través de un par de artículos)

Auge y caída de Nikolai Starostin (misería y gloria en dos partes del futbolista más importante de la URSS)

Evasión o victoria (Stallone y Pelé en la historia hollywoodiana del FC Start a través de dos artículos)

Lutz Eigendorf (el asesinato del Beckenbauer del Este)

A los 30 años de la Guerra de Yugoslavia (el desmembramiento de un país a través de un partido de fútbol y uno de baloncesto en dos reportajes)

Copa Mitropa, el torneo que tuteó a una guerra (el trofeo antecesor de la Copa de Europa que feneció víctima de la II Guerra Mundial)

Leer más

Cuando Italia ganó una Eurocopa gracias a una moneda

En el momento de escribir estas líneas Italia e Inglaterra están a 48 horas de disputar la final de la Eurocopa. Para los italianos sería la segunda. Para los ingleses la primera. Será el fin de fiesta de una Eurocopa que empezó mal. Aplazada un año por la pandemia, con restricciones de público y dispersa en distintas sedes por culpa de una mala idea de Michel Platini. Después se enderezó con partidos entretenidos, buen juego, igualdad absoluta y eliminatorias al borde del colapso cardiaco.

Finlandia y Macedonia del Norte fueron las debutantes de una Eurocopa en la que Cristiano Ronaldo batió el récord de goles de la competición. No destacó por su juego de pies el astro portugués, sino por un juego de manos que le costó a Coca-Cola una pérdida de 4.000 millones de dólares en bolsa. Portugal se fue a casa antes de tiempo, como Alemania y Francia. Los tres conformaron un grupo con 12 títulos europeos y mundiales que daba miedo, pero acabó dando pena.

Suiza pasó a ser noticia por mor del fútbol por vez primera desde 1954 y Escocia consiguió llegar al siglo XXI. La UEFA dejó reivindicar a Ucrania sus derechos sobre Crimea. Muy a su pesar también dejó a Neuer reivindicar los derechos LGTBI a pesar de la negativa húngara. Austria brilló liderada por un futbolista negro mientras su máximo goleador era sancionado por un gesto racista.

Holanda ya no es Holanda. Ahora es Países Bajos. Holanda maravillaba con sus extremos. Países Bajos intenta agradar con tres centrales y dos laterales. En Bélgica destaca el otro Hazard, pero el resultado es igual de decepcionante que de costumbre. El mejor jugador del mundo en los últimos 18 meses mete 3 goles pero su Polonia se va para casa a las primeras de cambio. El eterno futuro jugador del Real Madrid no marca ningún gol, falla un penalti, pero sigue siendo el ídolo de la Francia futbolística.

Del Real Madrid no hay jugador alguno en España. La selección cambió Bilbao por Sevilla, anduvo llorando vacunas, empezó sin Busquets y con un seleccionador insoportablemente chulesco y ha acabado ilusionando con unas semifinales y tres prórrogas antológicas. Morata pasó de Salinas a Villa y de Villa a Salinas de un día para otro.

Inglaterra y Dinamarca dieron más de lo que se esperaba. Fuera de las islas los ingleses nunca ilusionan, pero por una vez parece que han cumplido con las expectativas que tenían dentro de sus fronteras. Dinamarca ha ilusionado y ha sobrepasado expectativas dentro y fuera de sus límites. Estuvieron a punto de llorar a un muerto y acabaron siendo semifinalistas con un seleccionador que igual no sabe mucho de bloque bajo ni de bloque alto, pero que se sacó el doctorado en coaching durante la Eurocopa.

Gane o pierda la final, para Italia la Eurocopa es un punto de inflexión en su tradición futbolística. Suma más de 30 partidos sin perder y juega los partidos con un extraño optimismo. Ha abandonado el ‘catenaccio’, aunque mantiene el espíritu y el oficio si es menester.

Decía al inicio que puede ser la segunda Eurocopa para Italia. Sea lo que sea, ninguna podrá ganar en originalidad a la primera. Una Eurocopa en la que el triunfo se logró gracias a una moneda.

— ITALIA Y LA MISTERIOSA MONEDA DE LA EUROCOPA 1968 —

La fase final de la Eurocopa 1968 se disputaría en Italia, con semifinales en Florencia y Nápoles y finalísima en Roma. Eran tiempos de apogeo del ‘catenaccio’. Tiempos en los que primaban los sistemas defensivos, los marcajes al hombre y se había reforzado sobremanera la preparación física. Era el llamado fútbol fuerza. Fue el último gran torneo sin tarjetas, las cuales pronto se harían indispensables ante un juego que rayaba la violencia.

Por entonces la fase final sólo contaba con cuatro equipos. La Eurocopa era un fin de fiesta comprimido en cuatro días. Antes había grupos de clasificación y una ronda de cuartos de final a ida y vuelta. En uno de esos duelos Inglaterra vencería a España con claridad con victoria en Wembley y en el Bernabéu. Los otros clasificados eran Italia, la Unión Soviética y Yugoslavia, que pasó por encima de Francia en cuartos y había vencido a Alemania en el grupo de clasificación.

Yugoslavia repetiría machada en semifinales al eliminar a Inglaterra, por entonces vigente campeón mundial, con un gol de Dzajic. En Nápoles Italia y la URSS se enfrentaban ante la presencia de más de 75.000 tifosis. A pesar de jugar en casa los italianos partían como víctimas. Habían sido humillados por Corea del Norte en el Mundial anterior mientras que la URSS había jugado las semifinales mundialistas dos años atrás y era la vigente subcampeona europea.

Eurocopa 1968 | Semifinales | Italia fue finalista ante la URSS porque en  el sorteo salió 'cara' - AS.com
Italia vs URSS. 1968

Las dos selecciones completaron un partido aburridísimo en el que ambas escuadras se dedicaron a eliminar al rival, por lo que el resultado final fue un esperado 0-0. La media hora de prórroga tampoco sirvió de nada y el marcador se tornó en inamovible.

Como comentaba fue éste el último gran torneo sin tarjetas. También fue el último sin sustituciones. Los once iniciales, salvo el portero lesionado, eran intocables y tenían que resistir hasta el fin. Tal fue el caso de Gianni Rivera que aguantó tocado en el campo como simple figura decorativa.

Fue también el último gran torneo sin tanda de penaltis. Tras un empate lo habitual era jugar un segundo encuentro tras 48 horas. En este caso la organización decidió que tras 120 minutos de igualada fuese el azar el que designara al finalista. Tschenscher, el colegiado alemán, reunió en el vestuario de San Paolo a Facchetti y a Shesternev, capitanes de Italia y la URSS respectivamente. La moneda salió del bolsillo del español Agustín Pujol, que ejercía de delegado de la UEFA en el encuentro. La moneda voló y cayó al suelo y Facchetti gritó triunfalmente ¡testa!. Había salido cara. Los jugadores de Italia volvieron exultantes al terreno de juego y el público napolitano comprendió con rapidez que su selección jugaría la final. La prensa titularía ‘otro milagro de San Gennaro’.

Sobre la moneda se han escrito mil historias. Unos dijeron que era una pieza de coleccionista con una cara con un balón y otra con una portería. Otros que era un franco francés en desuso y los más que era una moneda de 100 liras. La versión oficial es que era una moneda de cinco francos suizos con la figura de Helvetia (la imagen femenina que representa Suiza en la cara) y la cruz de la bandera en la otra inscripción.

Tampoco hay acuerdo acerca de si la moneda se lanzó al aire una o dos veces. Lo que sí parece cierto es que el árbitro no la cazó al vuelo y cayó al suelo, desde donde fue recogida y mostrada a los capitanes. Otra versión indica que la primera pieza se perdió en las rendijas de una ducha. De ahí que unos digan que se usó una segunda moneda. Quizá la de 100 liras o quizá la pieza de coleccionista.

Final de la Eurocopa 1968 - Wikipedia, la enciclopedia libre
Shesternev (i) y Facchetti (d)

Shesternev comentaría que no entendió nada de lo que se habló durante ese trascendental sorteo. Se torna creíble por las lenguas allí presentes, más poco verosímil porque la elección de un sorteo a cara o cruz es un idioma universal. Las suspicacias quedaron instaladas en el imaginario colectivo para la posteridad cuando años después, en un reportaje realizado por la UEFA, Facchetti comentó que él había escogido cruz. Si escogió cruz, ¿por qué saltó al campo gritando ¡Testa, testa! Abbiamo vinto? (¡Cara, cara! Hemos ganado).

Un simple lapsus de la edad. Un serpenteo de la memoria.

Tras el milagro, apenas 72 horas después, Italia y Yugoslavia se vieron las caras en Roma. Desde el primer momento el juego ofensivo de los eslavos se impuso antes unos italianos que estaban exhaustos tras los 120 minutos napolitanos. Al descanso, Yugoslavia vencía por 0-1 con otro gol de Dzajic y sumaban numerosas ocasiones. En la segunda parte los plavi reclamaron hasta tres claros penaltis que el colegiado decidió omitir. No hizo lo mismo con una falta más que dudosa al borde del área al poco del final que Italia, por obra de Domenghini, aprovecharía para lograr el empate definitivo.

Esta vez no había moneda de la suerte. Dos días después ambos equipos se volvieron a citar en el Olímpico de Roma en la repetición de la final. Era un día de semana y apenas se cubrió la media entrada. El seleccionador italiano cambió a la mitad del once inicial mientras que su homólogo yugoslavo solo modificó a uno de sus hombres. Lo pagaría caro. Gigi Riva adelantó a los ‘azzurri’ a los 12 minutos en un evidente fuera de juego que otra vez fue omitido por un claro arbitraje casero. El causante, en este caso, el español Ortiz de Mendíbil.

A la media hora Anastasi ponía el 2-0 con un latigazo desde fuera del área. Fue el fin del partido. Yugoslavia tendría la posesión y las ocasiones desde entonces hasta el fin de los 90 minutos, pero las buenas paradas de Dino Zoff y el peso del cansancio, al prácticamente calcar la alineación del encuentro anterior, pasaron factura.

https://www.youtube.com/watch?v=Sg1dAqaaeNs

Italia se proclamaba por vez primera en su historia campeona de la Eurocopa. Lo hizo ante su público, con arbitrajes caseros y con un juego compacto y ultradefensivo. Pero ni los ánimos de la afición italiana, ni los colegiados tendenciosos, ni la oda al ‘catenaccio’ fueron los principales causantes del triunfo. Fue el azar, reencarnado en moneda de cinco francos suizos, la que hizo a Italia campeona de la Eurocopa.

Otras historias del fútbol italiano

1990. Italia signora del calcio (el culmen del fútbol italiano)

El partido del siglo (El antológico Italia-Alemania en México 70 en dos artículos)

La tragedia de Superga (como un accidente de avión se llevó por delante al Grande Torino)

Antes de que Nápoles amase a Maradona (los difíciles primeros meses de Maradona en la ciudad de San Gennaro)

Una historia del catenaccio (origen, evolución, penas y triunfos del arte de defender)

La semana mágica de Paolo Rossi (como Italia ganó el Mundial 82 gracias a un chico tocado por una varita mágica)

Leer más

A propósito del despropósito de la vacunación

Ahora que ya nos hemos alejado en el tiempo y los árboles que no nos permitían ver el bosque han sido talados, conviene hacer una reflexión a propósito del despropósito de la vacunación de la selección española de fútbol. Una chapuza de matrícula de honor donde se han visto involucrados el Gobierno de la Nación, la Real Federación Española del Fútbol y políticos y periodistas de distinta categoría. Reveladora, por lo que a mí respecta, la actuación del gremio deportivo del cuarto poder dejando a la altura del betún a todo aquel que en algún momento ha ejercido la profesión.

Antes de que a una semana del inicio de la Eurocopa, allá por el 6 de junio, la noticia saltase con el positivo por Covid-19 de Sergio Busquets, ningún medio informativo se preocupó de tratar la posible vacunación de la selección española. Sería el mes de febrero cuando los medios se manifestaron ante dicha posibilidad como algo baladí e insustancial. Rubiales, presidente de la RFEF, declararía, cuando la tormenta estaba en su auge, que llevaba dos meses luchando para obtener el visto bueno del Gobierno, el cual negó la mayor. No es que la palabra del Gobierno vaya a misa, de hecho no suele ni pisarla, pero es más fiable que la de Rubiales teniendo en cuenta que ningún medio ni periodista se hizo eco de dichas peticiones o exigencias hasta que todo estalló.

Lo cierto es que antes de que Busquets diese positivo el mundo del periodismo deportivo estaba a otras cosas. Unos comentando que “la selección no representa a España porque no lleva a nadie del Real Madrid” o “Laporte es un francés que ni siente el himno, ni el escudo, ni la camiseta” y otros replicando que “preguntar a un jugador si se siente español es xenofobia” o argumentando que “los jugadores que mejor rinden en la selección son aquellos a los que no les importa España”.

En esto estaba la materia gris de este país cuando estalló el positivo. La noticia pilló a los jefazos de la prensa con fin de semana de asueto. Con Eurocopa y Juegos Olímpicos en el horizonte había que aprovechar entre el fin de la Liga y el inicio de la competición para coger unos días libres. Del mismo modo los futbolistas contaron con unos exiguos días de descanso antes de penetrar en la burbuja de Las Rozas. Y aquí vino el problema, ya que Sergio Busquets estuvo en contacto con un positivo y, fruto de ello, llegó el contagio.

Es probable, querido lector, que no sepa que ese fue el motivo del contagio. La noticia fue dada con sordina en ‘La Razón’ y ‘ABC’ y también en ‘La Sexta’, para luego ser replicada a lo bajini en otros medios. Pronto se tapó. No hay que estudiar Ciencias de la Información para saber porque dos periódicos de editorial conservadora con sede en Madrid son los únicos que explican los motivos del positivo del centrocampista catalán del FC Barcelona. Un poco más avispado hay que estar para saber porque ‘La Sexta’ destapa la información. Dado que los derechos televisivos de la Eurocopa los tiene Mediaset (Telecinco y Cuatro), lo que para éstos será cerrar filas contra cualquier información negativa, para Atresmedia (La Sexta y Antena 3) es una oportunidad de dañar a la competencia.

Será Mediaset quien desvele un par de días después la inmensa preocupación en el seno de la RFEF tras el positivo de Diego Llorente y el más que probable de Thiago Alcántara. Y es que el centrocampista del Liverpool FC es el compañero de habitación de Busquets. Atresmedia nos contará que el verdadero motivo de la preocupación fue la salida a cenar en un restaurante madrileño de los ya citados.

Todo esto sucedía mientras la RFEF y el mundo periodístico deportivo mostraba su indignación y su preocupación ante la falta de respuesta del Gobierno y la negligencia mostrada al no haber vacunado a la selección. El aficionado medio se enervaba con tales comentarios pero, alguno, más reflexivo, se preguntaba. ¿Cómo pudieron ir a cenar a un restaurante cualquiera si están en una burbuja?, ¿cómo se le puede dar un fin de semana libre a miembros de una burbuja?, ¿cómo hacen vida en común si nos dijeron que comen por separado y que no comparten duchas en el vestuario?

Preguntas que no obtuvieron respuesta.

Crece la polémica tras positivo por COVID para Sergio Busquets, ¿Le  pidieron cuarentena a España?
De salud bien, gracias

Una vez que Sergio Busquets fue apartado del grupo y comenzaron las rutinas de entrenamiento individuales y los protocolos PCR para el resto de la expedición, se montó la marimorena. Inmediatamente se exteriorizó la indignación de la RFEF y se inició una campaña exprés a favor de la vacunación clamando por el buen nombre de España y su prestigio internacional. Se contaron un par de gruesas mentiras que conviene examinar antes de seguir con la cronología de los hechos:

A) España es el único país que no ha vacunado a su selección: Mediaset lo soltó a las primeras de cambio y luego hubo efecto rebote y rectificaciones varias. Lo cierto es que Italia y Turquía eran las únicas dos selecciones vacunadas entre las 24 participantes al inicio del campeonato. En Alemania, Austria, Eslovaquia, Chequia o Inglaterra se descartó por completo la vacunación y en Francia, Polonia o Portugal se le dio libertad a cada jugador para que se vacunase por su cuenta y riesgo si así lo desease. Dinamarca, Finlandia o Suecia también descartaron la posibilidad y ésta última aceptó con resignación y estoicismo los casos de coronavirus. En Bélgica y en los Países Bajos se les fueron ofrecidas, pero los propios jugadores las rechazaron ante el temor de sufrir efectos secundarios en los primeros partidos. En Rusia se vacunó al cuerpo técnico y a algún miembro de la expedición por cuestión de edad, pero no así a los futbolistas.

B) Los olímpicos fueron vacunados por el Gobierno: Es una media verdad. El COI (Comité Olímpico Internacional) se puso en contacto el año pasado con los Gobiernos de todo el mundo para establecer un protocolo de vacunación con todos los deportistas olímpicos. Para ello el COI se ofreció a pagar el doble de precio del mercado por cada vacuna inyectada a un deportista. Algunos países, caso de España, donaron esa plusvalía a países subdesarrollados y asumieron ellos mismos la vacunación de los deportistas. Todos los deportistas de los más de 200 países del COI estarán vacunados en Tokio por iniciativa privada, programada hace un año y ejecutada hace un par de meses.

Fueron estos los dos ejes sobre los que pivotó un debate banal y pestoso que dio lugar a diferentes consideraciones políticas. “Se les inmuniza en función de su cuenta corriente”, dijo una ministra del Gobierno español como apóstol, apóstola u apóstole de la miseria. Como si esas 60 vacunas fuesen a destrozar el erario público o como si se las fueran a quitar a unas viejecitas del bolso. El debate no es ese. Ahí se equivoca la izquierda. Como el debate no es que haya que vacunarlos por patriotismo y porque “defienden la honra, el orgullo y la decencia de España en el extranjero”, como argumenta la derecha mal llamada patriótica con verborrea chatarrera. Alimentando las llamas de la pira separatista.

¿Se tenía que haber vacunado a la selección española de fútbol? Si se quería haber vacunado a la selección se tendría que haber hecho hace un par de meses. La RFEF insiste en que así lo solicitó en repetidas ocasiones y en las mismas su solicitud fue denegada. Sanidad dice no saber nada y al ministro de Cultura y Deportes (sí, existe) nadie le vio el pelo hasta hace unos días. El problema es que nadie sabía hace 60 días quién iba ir a la Eurocopa. Ni siquiera Luis Enrique. Que le pregunten a Robert Sánchez. La opción de haber vacunado a la selección hace dos meses era irrealizable (imagínense haber vacunado al entonces intocable Sergio Ramos o a Aymeric Laporte para que luego fuese requerido por Francia).

El COI decidió vacunar a todos los deportistas con marcas mínimas para ir a Tokio, aun sabiendo que algunos de ellos no disputarían los Juegos Olímpicos. ¿Habría que haber vacunado a todos los futbolistas seleccionables? ¿A todos los futbolistas de élite? Llevamos desde marzo de 2020 en esta situación y se han disputado campeonatos nacionales e internacionales. Año y medio de nueva normalidad en el que hemos visto situaciones absurdas e incomprensibles. Futbolistas que comparten mascarilla en el banquillo para luego echarse el aliento a la cara mientras juegan. Entrenadores que dan instrucciones con máscara y luego organizan comidas de confraternización con decenas de personas. Clubes que separan a sus jugadores en hoteles y vestuarios y luego les permiten libre albedrio la noche antes y la noche después del partido. O campos vacíos de lloros y alegrías para luego celebrar títulos en reuniones multitudinarias de futbolistas y aficionados. ¿Y ahora nos rasgamos las vestiduras por un positivo?

Los futbolistas no han hecho nada que no hayan hecho la mayoría de los mortales en estos tiempos de pandemia. Pero ya hace un par de milenios se sabía que la mujer del César no solo debe serlo, sino parecerlo. O en la versión moderna, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. La selección española de fútbol no es un conjunto de futbolistas, sino los seleccionados para representar a España en una competición internacional. Eso implica privilegios, pero también obligaciones. Si esos futbolistas nos representan (guste o no guste), también lo hace el Rey, los miembros del Gobierno o hasta el alcalde de tu pueblo (guste o no guste). Y también Rafa Nadal. O Ferran Adriá. O Blas Cantó en Eurovisión. Y ninguno fue vacunado ‘ad hoc’.

El problema, claro está, es que la vacunación es de carácter público. Justo cuando el caso Busquets estalló la prensa anunciaba que ‘El Corte Inglés’ empezaba a vacunar a aquellos empleados que por tramo de edad aún no habían sido vacunados, como antes hicieron o harán otras empresas. La RFEF (de base pública y fondos privados) pudo haber tomado esa decisión y no lo hizo, sencillamente porque nadie pensó en la vacunación hasta el fatídico domingo 6 de junio.

También pudo haber buscado la vacunación grupal la UEFA, pero no quiso. Sus criterios tendrían pero decidieron apostar por la responsabilidad individual y flexibilizar al máximo sus normas. Permitieron modificar la convocatoria hasta el pasado sábado a las 21:00 horas, cuando ya la Eurocopa contaba con cuatro partidos en liza, algo totalmente extraordinario. Lo cierto es que aunque el medallero es por países, los Juegos Olímpicos son una competición individual donde un positivo trastoca cuatro años de trabajo. La Eurocopa es una competición de equipo en la que se establece que con la mitad de los integrantes en condiciones (13/26) se permite seguir compitiendo.

Y es que en previsión de positivos por coronavirus la UEFA permitió extender las listas a 26 futbolistas cuando lo habitual era llevar a 23 seleccionados. Del mismo modo llevan año y medio permitiendo cinco cambios en los partidos y el aplazamiento sin coste deportivo alguno en caso de un brote que afecte a más de la mitad de la plantilla. Esas son las reglas, fueron conocidas y así fueron aceptadas y permitidas. No vale ahora quejarse.

Luis Enrique perdió el mismo día que dio la lista. Y él lo sabía. Y le daba igual. Esnob con tendencia a la confrontación, quizás algo bueno saque de tanto lio como amante que es del buen fango. Pero al no llevar a 26 jugadores y ante el miedo a una réplica del terremoto Busquets, surgió el pánico. Hubo que buscar culpables e iniciar una vacunación a toda pastilla.

Explicado ya los motivos por los cuales la selección de fútbol no fue vacunada a inicios del mes de mayo, volvamos a la semana del 7 de junio y sigamos con la cronología de una esperpéntica vacunación.

Aquel lunes el ministro de Cultura y Deporte asegura que en 24 horas la selección será vacunada a lo que contestará la titular de Sanidad al día siguiente para corroborar sus palabras y, 24 horas más tarde – ya en miércoles -, asegurar que no es competencia del ministerio y que debe ser la Comisión de Salud Pública la que tiene que tomar la decisión en función de criterios clínicos. Ese día la selección sub-21 de fútbol sustituye a la absoluta en un amistoso ante Lituania que RTVE decide emitir por ‘Teledeporte’ en vez de por ‘La 1’ ante la indignación de la RFEF. Rubiales manifestará pena por lo que él considera “falta de apoyo a la selección”. Mientras, los que debieron ser en principio 26 y se quedaron en 24 son ahora 24-2+4+1+1+11=39, en tres burbujas paralelas. Y Luis Enrique, siempre por encima del bien y del mal, manifestando que volvería a convocar a 24 en vez de a 26.

Y a todo esto, ¿qué hacía el mundo del periodismo deportivo? Pues poca cosa. Porque mientras la parodia nacional aumentaba la RFEF sacaba un comunicado que rezaba lo siguiente: “Se ha reforzado la burbuja y se mantienen las distancias”. ¿Cómo que se ha reforzado la burbuja? ¿Es que se puede reforzar una burbuja?

Es que no ha habido burbuja. Ni en Las Rozas, ni en la Liga, ni en la Copa de Europa ni tampoco la habrá en la Eurocopa. ¿Burbuja en la Eurocopa? Ni la competición se disputa en una única sede, ni todos los futbolistas están recluidos en un mismo complejo hotelero. Ni siquiera en la misma ciudad. Ni siquiera se prohíben los días libres en el exterior. La UEFA establece un protocolo que cada selección cumple o no cumple, porque la culpa es poca y el control es mínimo.

Ese control podría venir del periodismo. Es exasperante y frustrante para la profesión ver como la beligerancia es ausente cuando el fútbol hace su aparición. Los periodistas deportivos ejercen de palmeros incapaces de criticar todo aquello que rodea al juego. Corrupción, apuestas, exigencias contractuales, discusiones o ausencias a los entrenamientos o hasta denuncias sexuales nunca son motivo de investigación. El periodista vive del ego, de la oportunidad de la exclusiva, de la amistad con tal y con cual. Y meterse con uno o con otro resta poder de decisión.

La política se acerca al periodismo por interés. Necesita de los medios para exponer su argumentario y su apoyo mediático para derribar al rival. Desde el más humilde hasta el más poderoso. Los deportes minoritarios también se afanan por buscar al periodista, pero no ocurre así con el fútbol de élite, donde el contacto es a la inversa. El medio y el periodista tratan al futbolista como ídolo intocable besando el suelo que pisa. La crítica sólo se produce en la derrota, y el chivo expiatorio nunca es el sistema, siempre un particular, generalmente un extranjero fácilmente criticable por no ser objeto de entrevista.

Cada presidente, cada club o cada futbolista de élite cuentan con su grupo de palmeros. También los directivos o incluso el estamento arbitral. Pero nadie osa arremeter contra los dejes y los fallos del sistema. Contra el fútbol como un todo. Contrasta esto con la facilidad con la que se suelta el látigo en la política, donde cada error es pagado con suma beligerancia. A pesar de su abuso de poder, su lengua viperina y su ego desmedido, de vez en cuando se echa de menos al rey de la noche. Al menos mostraba credibilidad y contaba las verdades del barquero.

Y así los palmeros se pusieron “al servicio de España y del fútbol español” para solicitar que a los futbolistas se les pusiese la vacuna de Janssen, la de una única dosis. Todo alimentado por unas oportunas declaraciones de Luis Enrique en las que manifestaba sus dudas sobre una vacunación que podría causar efectos secundarios en los futbolistas.

Se establece que en la mañana del jueves 11 la expedición española, compuesta por unas 60 personas, sería vacunada con Pfizer en una primera dosis por sanitarios del Ejército, siendo la segunda el 1 de julio, con tal desatino que, cuando tocase la segunda dosis, los jugadores podrían estar luchando por ganar la Eurocopa o bañándose en las aguas de Bali. Si el objetivo era inmunizarlos para mejorar la convivencia y restar preocupaciones a los ya preocupados futbolistas, que baje Dios y lo vea.

Tras más profusos debates y exclusivas varias (la SER y la COPE peleando por ver quien lo dijo primero) hay una nuevo giro de guión. La RFEF se niega a vacunar a sus futbolistas con Pfizer y exigen la monodosis de Janssen. Se pospone todo para el viernes y en caso de que el Gobierno no ceda se decidiría no vacunar a los futbolistas.

¿Pero no era tan trascendental vacunarlos?

Y nuevamente lo importante se deja de lado y nadie hace las preguntas necesarias. Ningún medio (incluidos los generalistas) se preguntan porque si el Comité de Sanidad Pública recomendó Pfizer en 24 horas se cambia de decisión para suministrar la monodosis de Janssen. Con la cantidad de mentiras, medias verdades y contradicciones con las que las diferentes autoridades nos llevan obsequiando año y medio ya nada sorprende, pero si el Comité de Sanidad Pública considera que la más segura es la de Pfizer no habría nada más que añadir. Entiendo que todo el mundo quiere pincharse con una sola dosis, pero entiendo también que cuando a los españoles de entre 20 y 30 años les toque vacunarse les pondrán Janssen. ¿O dirán que no es recomendable por sus efectos secundarios?

El caso es que al final fue la monodosis de Janssen la elegida y el viernes 11 de junio el día de autos. Como se ve, no había preocupación alguna por los efectos secundarios, tan solo presión mediática para evitar las dos dosis. En realidad se le administró Janssen a los futbolistas vírgenes y una dosis de Pfizer a aquellos que, o bien habían pasado el coronavirus o bien ya se les había administrado una dosis.

Sí, querido lector, otro tema tratado con sordina y en el que no se ha profundizado. Si usted ha pasado el Covid-19 y tiene más de 65 años le pondrán dos dosis. Si tiene menos de 65 años deben pasar seis meses desde que tuvo el Covid-19 para ser vacunado. ¿No ha sido así? Normal. En la práctica se le pone doble dosis a todo el mundo. Pero si usted es futbolista ni hace falta esperar seis meses ni tampoco una segunda dosis. Y sí, querido lector, hay futbolistas que ya tenían una dosis. O bien porque en el país en el que trabajan los protocolos sanitarios lo establecían, o bien porque tiraron de billetera y se vacunaron por decisión propia.

La Selección se vacuna a tres días de su estreno en la Eurocopa 2020 ante  Suecia en Sevilla - Eurosport
Todo por España

El pasado lunes el balón asomó y las vísperas turbulentas se olvidaron. O por lo menos lo hicieron hasta que Morata se hinchó a fallar goles y los pitos superaron a los aplausos. Las tertulias periodísticas debatían sobre si habría que cambiar a Morata por Gerard Moreno en el segundo partido y también sobre si es patriótico o no silbar a un delantero de la selección española. En ninguna de esas tertulias escuche que la inquina a Morata, además de por su falta de gol, quizás fuese porque un par de días antes había censurado a los que criticaban la vacunación de la selección en una entrevista. “Hay una España que apoya y otra que no”.

Quizás, sólo quizás, el enfado de la afición se deba no sólo a que la pelotita no entre sino a semejante esperpento. Quizás, la gente se pregunte como no se ha vacunado a la selección española femenina de baloncesto que ha perdido a Alba Torrens y a Tamara Abalde por culpa del Covid-19 en vísperas del inicio del Eurobasket. Torneo que, además, se va a disputar en tierras españolas. Quizás no muevan ni tanta gente ni tanto dinero como los chicos del fútbol, pero en la última década han defendido la marca España consiguiendo tres Eurobasket y el subcampeonato mundial y olímpico. Pero ni el Gobierno ni, por supuesto, el mundo del periodismo deportivo han puesto el grito en el cielo.

Con Llorente y Busquets incorporados al grupo sólo los designios del balón nos dirán como será recordada esta chapuza. Que la selección masculina de fútbol es uno de los mayores argumentos de cohesión nacional y representación internacional es innegable (de ahí que catalanes o vascos se afanen por hacer lo mismo). Que se haya favorecido de forma chapucera y vertiginosa su vacunación era esperable y hasta entendible. En Francia se canceló el toque de queda durante una noche por la disputa de la semifinal de Roland Garros entre Djokovic y Nadal. Nada nuevo bajo el sol.

Mas el fútbol debe entender que, lenta pero inexorablemente, está perdiendo el contacto con la realidad. El foco suele ponerse en la volatilidad de los jóvenes, su aprecio por la inmediatez y su incapacidad para consumir un producto deportivo de larga duración. Pero el otro gran problema radica en que la distancia entre seguidores y futbolistas cada vez es más grande. El fútbol fue creciendo de la mano de la sociedad. Pero hace décadas que mientras la curva social o bien se mantiene o bien desciende, la del fútbol crece sin descanso alcanzando proporciones estratosféricas.

Los debates se centrarán en si tenían que haber sido vacunados o no. O en si son unos privilegiados millonarios o unos representantes de España en el mundo. O si 60 vacunas deben ser pagadas con fondos públicos o con fondos privados. Y mientras todo eso ocurre el fútbol y los futbolistas seguirán alejándose de la realidad, perdiendo adeptos y alimentando frustraciones.

Siempre y cuando la pelota no entre…

Otras reflexiones futboleras

Como escoger el nombre de un equipo de fútbol (sobre el porqué del nombre de los clubes)

Una historia de provincias ricas y provincias pobres (la España vacía alrededor de un balón)

Paris (cómo a la capital de Francia no le hace falta el fútbol para brillar)

A propósito del VAR (la herramienta tecnológica que ha cambiado el fútbol para siempre)

Cláusula de rescisión (una fórmula de fichajes única de España)

Expresiones del lenguaje deportivo (estar en fuera de juego y otras expresiones populares)

Fútbol postnacional (identidad tribal y nacional en un estudio sociológico)

La filosofía del Athletic (¿por qué en el Athletic sólo juegan futbolistas vascos?)

El fútbol en el futuro (como será el fútbol en 2050)

El aficionado al fútbol (pasión e identidad grupal como forma de combatir la soledad postindustrial)

La Liga del asterisco (un retrato del fútbol en tiempos del coronavirus)

Cómo de obsceno es el sueldo de un futbolista (la escalada sin fin de los nuevos millonarios del balón)

El portero es negro, los centrales gabachos, la estrella es un moro y el que mete los goles es un sudaca (¡pero daría mi vida por mi equipo!)

Leer más

El equipo más aborrecido de todos los tiempos

Hay equipos que son queridos y otro que son aborrecidos. Lo son por varios motivos. La razón más primitiva para querer es el amor irracional inculcado desde la inocencia de la niñez. La razón más primitiva para aborrecer es el odio irracional inculcado desde la inocencia de la niñez. Pero hay muchos más motivos. Puedes recordar con afecto a un jugador, una alineación o a un club porque ganaban siempre o porque jugaban bien. O porque te parecen unos tipos serios y con principios. O porque te parecen gamberros y divertidos. Cuestión de gustos. Las mismas razones valen para odiar. Puedes odiarlos porque ganaban siempre, porque jugaban tan bien que repugnaban de lo perfectos que eran o simplemente porque aburrían a las ovejas. O porque eran caóticos y groseros. Hay un sinfín de gustos y hay un sinfín de razones.

Pero siempre hay uno que se lleva la palma. Que no gusta a nadie. Sólo tienen adeptos entre los suyos y hasta ellos lo hacen a escondidas, avergonzados de tan indigno amor. Existe cierto equipo que grabó su nombre a fuego junto a la realeza mundial del balompié. Ver su nombre en un palmarés o bien te deja incrédulo o bien te da nauseas. ¿En serio?, ¿cómo puede ser que estos tipos ganaran esta copa? Hay un equipo, concretamente una selección nacional, que está en el olimpo del sinsentido de los campeones. Un equipo que es aborrecido por todos los aficionados al fútbol. Por lo menos por aquellos que no son griegos de nacimiento. Hablamos, como no, de la selección griega campeona de la Eurocopa de 2004.

Tres lustros después seguimos sin entender como una selección con jugadores de medio pelo pudo ganar un título continental. Con esa misma base de jugadores Grecia no se llegó a clasificar ni para el Mundial de 2002 ni para el de 2006. Tampoco logró jugar la Eurocopa del año 2000 y para la de 2008, por lo menos, llegó a clasificarse para defender su título aunque, como era de esperar, quedó eliminada en primera ronda.

Pero en 2004 ganaron. Nikopolidis; Seitaridis, Kapsis, Dellas, Fyssas; Giannakopoulos, Zagorakis, Katsouranis, Basinas; Vryzas y Charisteas. El entrenador era el alemán Otto Rehhagel. No busquen estrellas del Barça, Madrid, Bayern, United, Juve o bichos de ese calibre. La mayoría fueron jugadores mediocres. Los más afortunados lograron ser relevantes en ligas de cierta importancia como la holandesa o la portuguesa.

Pero vayamos al inicio. La Eurocopa de 2004 se disputó en Portugal a lo largo y ancho de ocho ciudades. Se inauguraron estadios fastuosos y se remodelaron clásicos como el Da Luz lisboeta, donde se celebró la final. Participaron 16 selecciones en la fase final en las que entraron como sorpresas Letonia y Grecia. Los helenos ya dieron la campanada en la fase de clasificación al pasar como primeros de su grupo, relegando a España a una repesca en la que los ibéricos superaron con claridad a Noruega.

Los favoritos eran los de siempre. Francia defendía título, Alemania era la actual subcampeona mundial, Portugal era la anfitriona y luego estaban Países Bajos o Italia. Como outsider destacaba la República Checa con una generación irrepetible respaldada por Pavel Nedved. Inglaterra tenía más nombre que juego y España era un querer y no poder como de costumbre.

Grecia era candidata a perder todos sus partidos.

En el Grupo A había dos plazas para cuartos a repartir entre los favoritos Portugal y España, la peligrosa Rusia y los descartados de Grecia. Pues bien, en el partido inaugural del campeonato Grecia derrotó a una miedosa Portugal (1-2) aprovechando un gol al poco del inicio y un penalti. Consumada la sorpresa, cuando un remate de Charisteas certifique el empate ante España en el segundo partido (1-1) los helenos estarían ya clasificados para cuartos de final. Con Rusia fuera, España y Portugal se jugaron la última plaza en un fatídico encuentro decantado del lado luso gracias a un derechazo de Nuno Gomes.

Como España estaba acostumbrada a hacer aguachirri, más allá de los Pirineos la sorpresa fue relativa. En cuartos de final Grecia se midió a Francia. Tan sólo aquellos que quisieran tirar el dinero a la basura hubiesen apostado por los helenos. Rehhagel ordenó a sus chicos que se colgasen del larguero, pusiesen dos líneas de cinco jugadores más allá del área grande y a sufrir y a correr. Francia salió como una moto en la primera parte y Zidane, Henry y compañía tuvieron sus oportunidades, pero se estrellaron contra los espartanos. En la segunda parte el cansancio hizo mella y, en un saque de esquina, Charisteas conectó un violento cabezazo y daba el pase a semifinales a los griegos (0-1).

Aquello pasaba a ser una broma pesada. Una broma aburrida y detestable.

En semifinales el rival era la República Checa. Por nombre podría parecer un partido nivelado. Nada más lejos de la realidad. Los checos habían hecho trizas a Países Bajos (3-2) – tras remontar un 0-2 -, Alemania (2-1) y Dinamarca (3-0) con un fútbol primoroso. Todos los aficionados neutrales deseábamos la victoria centroeuropea. Nedved, Rosicky, Poborsky, Baros y Koller eran una máquina perfecta de ataque.

O lo eran hasta que se encontraron con el muro griego. Otra vez la misma táctica usada contra Francia y otra vez el mismo resultado. Los checos salieron en tromba hasta que poco antes del final de la primera parte Pavel Nedved se tuvo que retirar lesionado. Aun así tuvieron un par de ocasiones claras en la segunda mitad, pero el partido acabó con empate sin goles y se tuvo que jugar una prórroga. Fue entonces cuando Grecia, por primera y única vez en todo el torneo, decidió jugar al ataque. Rehhagel dio entrada a Tsartas, el único fantasista griego y habitual suplente. Grecia estiró líneas y la defensa checa (flojísima en comparación al ataque) hizo aguas. Tsartas botó un centro cerrado y el central de la AS Roma Traianos Dellas anotaba de cabeza el gol de la victoria (0-1).

Grecia no sólo se había cargado a una favorita, ahora se cargaba a la cenicienta. De traca. Y es que la República Checa era ese equipo querido, simpático y adorable que esperas que de la sorpresa. La victoria griega era la victoria del débil. Sí. Pero de un débil que vencía de forma sucia, soporífera y vergonzosa. Legítima, pero odiosa.

En la final el fútbol austero griego se volvía a medir a Portugal. Fue una Eurocopa capicúa con partido inaugural y final idéntico. Los lusos eran favoritos. Como no. Jugaban en casa y contaban con la base del FC Porto reciente campeón europeo (Carvalho, Maniche, Deco) y con dos fueras de serie, uno en el ocaso de su carrera (Figo) y otro en el inicio de su leyenda (Cristiano Ronaldo). Portugal había eliminado a Inglaterra y a Países Bajos y había ido de menos a más en el torneo. Grecia, como de costumbre, tenía la orden de maniatar y desesperar hasta el extremo al rival.

Sorprendentemente Grecia jugó con descaro, si se puede entender como descaro, cambiar su habitual 4-5-1 por un 4-4-2. Adelantó líneas y presionó en medio campo a Portugal. Al igual que en el partido inaugural los lusos no pudieron con los nervios. El partido fue horrible y apenas hubo ocasiones.

El gol fue otra vez a balón parado. Basinas botó un córner y Ricardo y Costinha se hicieron un lío a la hora de despejar. Angelos Charisteas aprovechó la indecisión para cabecear a puerta vacía y poner el 0-1 en el marcador en el minuto 57 de partido. Sin alardes, montados en la épica del estajanovismo, Grecia consiguió la Eurocopa. Rehhagel inculcó a su equipo mentalidad alemana de orden y eficacia y supo (aún no se sabe cómo) esconder sus defectos. Fueron siete partidos en un mes perfecto. Fue inaudito. Los marcajes defensivos individuales fueron pulcros y Kapsis y Dellas parecían la reencarnación de Beckenbauer y Baresi. Grecia fue la selección que menos remató a puerta entre todos los contendientes, pero su calma y su efectividad fue digna de elogio.

Theo Zagorakis fue elegido el mejor jugador del torneo porque había que elegir uno. Sería quinto en la votación del Balón de Oro de ese año. No era un niño. Estaba a punto de retirarse. Es un mito en el ‘poderosísimo’ AEK de Atenas. Fracasó en sus aventuras en el Calcio y en la Premier.

Michalis Kapsis, el tipo que secó a Pauleta, Raúl o Henry, hizo carrera en el Olympiakos y en el Apoel de Nicosia. Dellas, su compañero de zaga, fue apodado ‘el coloso de Rodas’, tuvo un año bueno en la AS Roma y luego se dedicó a deambular por la liga griega. Nikopolis, aquel portero con pinta de funcionario de correos, se convirtió en leyenda del Olympiakos al igual que el correoso Giannakopoulos. Basinas lo fue del Panathinaikos antes de intentar con escaso éxito triunfar en España en las filas del RCD Malllorca. Un pelín mejor le fue a Seitaridis en el Atlético de Madrid. Mucho peor le resultó a Vryzas, delantero titular, que no pasó de Segunda División con el RC Celta.

El hombre con más cartel de los griegos era Angelos Charisteas, el autor de gol de la victoria en la final. Era joven y con más de 1,90 era un delantero ideal para equipos amantes del fútbol directo. Se convirtió en un clásico de la Bundesliga y de la Eredivisie, pero siempre en papeles secundarios y con pobres registros goleadores.

Charisteas gol final 2004La Paradinha
Y Charisteas se convirtió en un dios

El artífice de semejante atentando contra el buen juego fue el verdadero triunfador de esta historia. Otto Rehhagel es, quizás, el único alemán que tiene barra libre en cualquier chiringuito de playa en Grecia. El ‘Rey Otto’ era un veteranísimo entrenador que cogió las riendas de la selección griega en una suerte de prejubilación para acabar logrando lo imposible.

Fue un verano inolvidable para el estatus social de los griegos. A la alegría colectiva por el triunfo en la Eurocopa se le unió la celebración de los Juegos Olímpicos en Atenas. Grecia, un país en continua crisis, eminentemente occidental pero geográficamente aislado en Oriente, entraba con honores en el siglo XXI. Cuando al año siguiente los griegos se proclamen campeones de Europa en baloncesto (el verdadero deporte rey en tierras helenas) el éxtasis será apoteósico.

“Me da igual que digan que somos defensivos. No puede ser casualidad que hayamos ganado dos veces en un mes a los portugueses (…) Este es un grupo con un espíritu competitivo inigualable y una increíble pasión (…) Sabemos que jugar al contraataque es el único camino a la victoria. En 2004 hubo un milagro. Y un milagro se repite cada 30 años, nada más”. Otto Rehhagel.

Eurocopa 2016: Euro '04: Grecia o cómo convertirse en campeón de Europa con  lo mínimo
Zeus, Poseidón, Hades…Charisteas, Zagorakis…

Otras historias de Eurocopas y Mundiales

Vacaciones (cuando Dinamarca cambió la playa por el título de la Eurocopa)

Clemente, Villar y la hecatombe de Chipre (un Mundial desastroso y una derrota bochornosa)

Cuando Corea del Norte era noticia por el fútbol (cuando 11 amateurs derrotaron a Italia)

De la gloría al ridículo (la tragedia de Inglaterra e Italia tras ser campeonas del mundo)

El partido del siglo (Goles y una prórroga legendaria en las semifinales del Mundial 70 en dos artículos)

Ohne worte ¡Alemania K.O! (Cuando Alemania perdió en Rusia su legendaria infalibilidad)

Croacia. Hija aventajada de Yugoslavia (Las raíces del subcampeonato croata en 2018)

Rusia 2018 (Una mirada distinta al Mundial de 2018)

El asesinato de Andrés Escobar (narcotráfico, apuestas y fútbol en el autogol más trágico de la historia)

El Brasil del 70 (la delantera de los cinco ‘10’ a través de dos artículos)

Leer más