FIFA

El inventor de los números (1ª parte)

Se supone que en las cavernas a alguien le dio por contar el número de lobos, osos, rinocerontes o hipopótamos. Usarían los dedos. Supongo. O conchas. O piedras. O palos de madera. Suponemos. Pero el caso es que fueron los babilonios los que dejaron registro en tablillas de arcilla de unos símbolos que podríamos llamar números. Casi al mismo tiempo un pueblo próspero y comerciante necesitaba algo más que eso para plasmar las grandes transacciones que realizaban. Eran los egipcios. Y necesitaban escribir millones. Agruparon sus símbolos en base a diez y permitieron hacer grandes operaciones.

El tema es que tanto los egipcios, como luego los chinos, los griegos y los romanos usaban símbolos. Habían conseguido agrupar grandes cantidades, pero el sistema era complejo y farragoso. El método romano, aún usado hoy, se mantuvo en primacía en el mundo occidental para la contabilidad de las empresas hasta el siglo XVIII. Era simple y efectivo para sumas y restas, pero inabarcable para grandes operaciones con multiplicaciones o divisiones. Todos estos sistemas mantenían, eso sí, un símbolo común; el 1. Todas las civilizaciones representaron el 1 con un palo, pictograma universal. Pero, como comentaba, el fallo radicaba en que era un sistema farragoso para grandes operaciones. Y de ahí derivaba otro problema. La inexistencia del 0. Sin este número no existirían las operaciones algebraicas. Y no era lo único. Al colocarse el 0 a la derecha de la cantidad aumenta su valor sin tener que aumentar los grafismos.

Lo del 0 fue cosa de los hindúes. Allá por el siglo VII a los matemáticos de aquellas tierras les dio por utilizar el cero no sólo como cantidad nula sino como sumando de números positivos y negativos. Los árabes adquirieron el conocimiento y gracias a la yihad lo expandieron por los tres continentes. De este modo cuando Al-Juarismi (Alghoritmi en latín) lo introdujo en Europa a través de Al-Andalus en el siglo IX, los números, tal y como los conocemos en la actualidad, pasarán a llamarse arábigos. No obstante, tal y como señalé antes, los romanos mantuvieron su hegemonía hasta tres siglos más tarde. Fue entonces cuando Gerardo de Cremona tradujo al latín el libro matemático de Al-Juarismi y los números arábigos adquieren notoriedad. Y aun con todo, habría que esperar hasta la invención de la imprenta para que los números romanos claudicasen.

¡A contar!

El fútbol reglamentado, cuya fecha de nacimiento data de 1863, sufrió en la década de 1920 el que seguramente haya sido su cambio más trascendental. La regla del fuera de juego fue modificada pasando de ser tres los futbolistas que tenían que estar entre el atacante y la línea de fondo para señalar el fuera de juego a ser únicamente dos. Al ser uno de esos dos el portero en la práctica dejaba en uno contra uno el pitar o no pitar la infracción. La regla fue modificada para contrarrestar un juego que se había vuelto tedioso al pitarse decenas de fueras de juego por partido. Tan sólo uno de los defensores tenía que adelantarse para que el delantero cayera en la infracción.

Con la nueva regla el defensor tenía que pensarse muy y mucho en anticiparse dado que, si fallase, aunque sólo fuera por una décima de segundo, el delantero rival quedaría en un mano a mano contra el portero. La idea inicial de la FA (Football Association) era impulsar el juego ofensivo. En un primer momento lo consiguió aumentándose el número de goles por encuentro. No obstante, la alegría ofensiva tuvo su reverso tenebroso. Ante el pánico de encajar goles, varios técnicos decidieron retrasar a un mediocampista a posiciones defensivas. Por vez primera en la historia del fútbol se pasaba de luchar por la victoria a luchar por no perder. El cambio en la regla del fuera de juego le dio al balompié años de fútbol ofensivo (de 1925 a 1955 se incrementaron año a año el número de goles por partido) pero por otra parte impulsó la creación de sistemas defensivos, líberos, carrileros donde antes había extremos y cerrojazos que ya nunca nos abandonarán como teoría táctica.

El primer gran teórico defensivo que el fútbol parió fue Herbert Chapman. Hasta entonces no existían entrenadores. Eran ex futbolistas que funcionaban como preparadores físicos y que se limitaban a dar la alineación. Los jugadores eran autosuficientes y su objetivo era marcar el mayor número de goles posibles. Herbert Chapman era uno de esos ex jugadores, pero su mentalidad era distinta. Tras el fin de la I Guerra Mundial se convirtió en técnico del Huddersfield Town y pronto llamó la atención por sus innovadoras ideas que entonces eran consideradas estrafalarias. Propuso la instalación de luz artificial en los campos, se mostró a favor de que la radio entrara en los estadios de fútbol, programó partidos amistosos contra equipos europeos superando el aislacionismo inglés, introdujo los masajes en los entrenamientos y obligó a que el segundo equipo jugase con el mismo sistema táctico que el primer equipo.

Y fue lo del sistema táctico lo que cambió todo lo antes establecido. Fue el primero que dotó al fútbol de musculatura estratégica. Chapman detecta el agujero creado por el cambio en la táctica del fuera de juego y retrasa a un centrocampista pasando del 2-3-5 universal usado por todos los equipos a un 3-2-5. El sistema pasará a ser conocido como WM y cambiará de forma radical la manera de entender el fútbol. Aunque en la práctica es ofensivo, el 3-2-5 se convierte en un 3-4-3 en juego posicional y hasta en un 5-2-3 en fase defensiva. El sistema se caracterizaba por la incrustación de un central en la defensa para detener al delantero contrario, ampliando el espacio de actuación de los laterales, que podrían contener a los extremos rivales. Chapman advirtió la importancia de los espacios libres a la espalda y ensayó con la ocupación de los laterales en el mediocampo en fase de ataque y con jugar con los extremos a pierna cambiada para aprovechar los lanzamientos desde fuera del área.

La WM era rompedora, pero a ojos actuales era profundamente estática. Cada jugador ocupaba una zona determinada del terreno de juego y no podía actuar libremente fuera de ella. Por tal motivo, en Sudamérica rechazarán a la WM para primar el juego de regates y filigranas. Por ello Alfredo DI Stefano cambiará con lo conocido en gran parte de Europa al salir de su posición de delantero centro a cualquier parte del campo haciendo estallar en mil pedazos a la WM. Antes lo habían hecho austriacos o húngaros, pero con el altavoz de la Copa de Europa, Di Stéfano lo hará universal y firmará el acta de defunción de la WM.

Chapman (al centro)

Chapman gana dos ligas con el modesto Huddersfield antes de ser contratado por una millonada por el Arsenal FC en 1925. En el club londinense perfecciona sus ideas y da pábulo a alguna otras. Impulsa la instalación de un marcador en el estadio de Highbury, la dotación de megafonía en el campo o la creación de las distintivas mangas blancas que luce el Arsenal en su camiseta. Chapman consideraba que la gran mayoría de clubes jugaba de rojo (lo cual es cierto), por lo que quiso dotar al Arsenal de algo característico que los diferenciase de todos sus rivales.

Y Chapman hizo algo más. Una genialidad. Solicitó por activa y por pasiva serigrafiar números en las camisetas de los jugadores. Chapman consideraba que poner números en el dorso de las zamarras era una manera práctica y sencilla de que el espectador que acudiese al campo distinguiese a los jugadores fácilmente. Chapman se basaba en la facilidad de su sistema (sistema que ya todos imitaban desde que firmara por el Arsenal) para colocar a los jugadores en el campo. Los defensores tenían los números del 2 al 4 (central derecho, central izquierdo y defensa central), los centrocampistas el 5 y el 6 (centrocampista defensivo derecho e izquierdo) y los delanteros del 7 al 11 (extremo derecho, interior derecho, delantero centro, interior izquierdo, extremo izquierdo). El portero, lógicamente, llevaba el 1.

La FA dio su brazo a torcer para la temporada 1928/29. El 25 de agosto de 1928 el Arsenal FC se enfrentó al Sheffield Wednesday con los números bordados en la parte trasera de sus camisetas. Esa misma jornada, también en Londres, el choque entre el Chelsea FC y el Swansea City también contó con la misma innovación. Fue un éxito tremebundo. «Me imagino que la idea ha llegado para quedarse. Todo lo que se requería era un pionero y Londres lo ha suministrado”, se podía leer en el Daily Mail. En la temporada siguiente todos los clubes de la liga inglesa contaban con números en sus camisetas.

En honor a la verdad hay que hablar de otros pioneros. La primera vez que se tiene constancia del uso de los números en las camisetas de fútbol fue en un partido jugado en 1914 en un encuentro amistoso entre English Wanderers contra el Corinthians londinense. Después hay referencias de otro uso de los números en la selección argentina en un amigable en 1923 y en encuentros de una liga de Estados Unidos en 1924.

Todos ellos fuegos de artificio, banco de pruebas. Pero la revolución iba a ocurrir de manos de Chapman. Para 1930 era obligatorio en toda Inglaterra, aunque aún tardaría varios años en imponerse en el resto del mundo. En diciembre de 1932 el seleccionador Hugo Meisl rechazó portar números en un amistoso que Austria iba a jugar frente a Inglaterra en Wembley. Aquello fue visto como una descortesía en la Gran Bretaña. La FIFA recomendó el uso de números, aunque no lo haría obligatorio hasta años después. En el Mundial 1954 instauró la obligatoriedad de llevar un número fijo durante todo el torneo a los 22 seleccionados por cada equipo.

El hombre de las mil ideas aun tendría otra idea más. Entonces no existían los ojeadores. Los encuentros ante rivales se hacían muchas veces a ciegas, especialmente cuando el rival era foráneo. La mejor manera de saber cómo se organizaba tu rival era fijarte en los números. El que portaba el número 11 tenía que ser un zurdo rápido y habilidoso y el que llevaba el 2 un defensa diestro fuerte y que iba bien de cabeza. Así que Chapman decide cambiar el orden de los números de cuando en cuando para despistar al rival. Le da el 5 a un central y el 4 a un centrocampista o el 6 a un interior y el 8 a un centrocampista defensivo. De inmediato otros clubes ingleses como Everton FC y Manchester City adoptaron dicha estrategia e incluso, y en más tardías fechas, se verá hacer lo mismo al primer gran Real Madrid o a la selección de Brasil.

Los vestigios del sistema permanecen hasta el día de hoy. La formación 4-4-2, que tras la WM es la más repetida en la historia del balompié, generalmente enumera a los jugadores siguiendo el sistema estándar de derecha a izquierda. Sin embargo, mientras que en países como España, Italia o Alemania el 4 y el 5 obedecen al central en Inglaterra el 6 sustituye al 5 en la posición de central, rastro de las ideas de Chapman. Del mismo modo el 10 suele ser para uno de los delanteros, mientras que en la mayor parte de Europa el 10 es centrocampista y el delantero es el número 11.  

A partir de esa base cada país tiene sus particularidades. En Brasil triunfó el sistema 4-2-4 que acabará evolucionando en 4-3-3. El 6 en Brasil tradicionalmente es usado por un lateral izquierdo y el 3 por un defensa central. En Argentina el 4 es el centrocampista organizador. Lo que fue común a cada país fue el dar el número 12 al primer sustituto y el 13 al segundo. Esta excepción se da en los países católicos donde se considera maldito (el número de Judas) y el 13 le toca al portero suplente. Ese pobrecillo que nunca salta al campo.

Ballack…un 13 protestante

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El objetivo primordial de la FIFA es ganar dinero. A través del Mundial obtiene la mayor parte de sus ganancias. Ese es el eje. Pero hay múltiples competiciones. Con la ayuda de ellas se obtienen réditos de derechos audiovisuales, patrocinios, entradas y hospitalidad. También se consigue una buena tajada con la licencia de productos, conocido en el argot como ‘branding’. Y es bueno que la FIFA gane dinero. Sin el dinero no podría llevar al fútbol a todos los rincones del planeta. La FIFA sostiene federaciones minúsculas, protege socialmente a ex futbolistas, construye escuelas y promueve el fútbol femenino.

La FIFA tiene seis hijos. Cuatro son pobres y necesitan a la FIFA para sobrevivir. Son mayoría, por lo que papá FIFA está siempre atento a sus súplicas y necesidades y, a cambio, cuando tiene algún problema sabe que siempre podrá contar con su apoyo. Esos hijos se llaman Concacaf (41 federaciones), CAF (54 federaciones), AFC (47 federaciones) y OFC (14 federaciones). Es decir, África, Norteamérica-Caribe, Asia y Oceanía. Tiene también la FIFA dos hijos rebeldes. Uno es contestario. No tiene muchos posibles, pero sus fieles son legión y su poder entre las masas es fascinante. Ese vástago se llama Conmebol (10 federaciones) y representa a Sudamérica. El otro hijo es rico y poderoso. Su fortuna es igual a la del padre y sueña con tomar las riendas de la empresa familiar para poder gestionarla a su antojo. Ese retoño responde al nombre de UEFA (55 federaciones) y representa a Europa.

Durante un siglo la UEFA y la Conmebol se consideraron dueños del mundo. No sin razón gestionaban el pasado y el presente del fútbol. Allá por 1960 crearon una competición que enfrentase anualmente a los campeones de América y de Europa para dictaminar cual era el mejor equipo del mundo. Era lógico. No había nada comparable fuera de ese marco. Aquel primer trofeo fue logrado por el Real Madrid al derrotar en dos partidos al CA Peñarol. Hubo empate sin goles en Montevideo y en Madrid el Real venció por un claro 5-1. Los merengues se proclamaron campeones de la primera Copa Intercontinental.

La FIFA, que ni pinchaba ni cortaba en ese trofeo, se negó a dar el título de campeón del mundo a los ganadores de la contienda. Era un torneo entre dos confederaciones. Nada más que eso. Aunque para los aficionados el vencedor de la Intercontinental fuese el mejor club del mundo, para la FIFA eso era irrelevante. Despechados, en 1980 la Conmebol y la UEFA firmaron un convenio con la empresa Toyota. La Intercontinental se disputaría a partido único en Japón aumentando considerablemente los premios y los beneficios. Mercedes que, por supuesto, no gestionaría la FIFA.

REAL MADRID Campeón de la Copa Intercontinental 1960
Real Madrid. Intercontinental 1960

Todo cambió a finales del siglo pasado. La FIFA se propuso sustituir la Copa Intercontinental por la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Durante diez días del mes de enero del año 2000 ocho conjuntos lucharían por conseguir el reinado del fútbol global. Estaban los seis campeones de las distintas confederaciones (Manchester United, Vasco de Gama, Necaxa, Al-Nassr, Raja Casablanca y South Melbourne) a los que se añadieron dos conjuntos a mayores para completar ocho escuadras y poder formar dos grupos de cuatro equipos. Los invitados fueron el Real Madrid, al que la FIFA reconoció como mejor club del siglo XX, y el SC Corinthians, por ejercer de anfitrión. Y es que el campeón brasileño tendría que estar presente en un torneo cuya final tendría lugar en el incomparable Maracaná.

El objetivo de la FIFA era eliminar la Intercontinental y ocupar su lugar. La FIFA debe apoyar la expansión del fútbol a nivel global, tanto por una cuestión moral, como política, como monetaria. Pero tanto la UEFA como la Conmebol se negaron a ello. La Copa Intercontinental seguiría en pie. Y así lo hizo. Apenas un mes antes el Manchester United había logrado el título de 1999 y en diciembre del 2000 sería el Boca Juniors el que vencería al Real Madrid. A ojos del gran público ambos conjuntos eran los reales campeones del mundo.

El caso es que la FIFA puso en marcha su Copa del Mundo de Clubes. Y el varapalo fue considerable. El torneo apenas tuvo repercusión fuera de Brasil. United y Madrid jugaron a medio gas y no lograron clasificarse para la final. Los ingleses tan sólo consiguieron vencer al South Melbourne en un duelo intrascendente. Los españoles no lograron disputar la final por diferencia de goles y perdieron el partido por el tercer puesto ante el Necaxa mexicano. El torneo fue ganado por penaltis por el Corinthians ante el Vasco da Gama tras un aburrido empate sin goles. Que el vencedor fuese un equipo invitado no daba demasiada credibilidad al torneo. En aquel Corinthians destacaban Dida, Vampeta, Luizao y un veterano Freddy Rincón.

Campeonato Mundial de Clubes de la FIFA Brasil 2000™
Corinthians 2000

Visto el fiasco, para 2001 la FIFA decidió llevar el torneo al verano. Los grandes clubes europeos habían protestado por lo apretado del calendario. Pero ese no era el problema. Las pérdidas económicas fueron terribles y la FIFA pensó que disputar el torneo a finales de julio, cuando las grandes ligas están paradas, le permitiría obtener la atención de los aficionados.

Así que la FIFA subió la apuesta. Serían 12 los participantes. Se formarían tres grupos de cuatro equipos. Los vencedores y el mejor segundo se enfrentarían en las semifinales. La final tendría lugar en el Santiago Bernabéu. Y es que España sería la anfitriona. La FIFA confió en la ambición de dos hombres. Uno era Florentino Pérez. Recién nombrado presidente del Real Madrid, tenía la intención de convertir al club blanco en una empresa capaz de generar ingresos a nivel global. El otro era Augusto César Lendoiro. Había llevado al modesto RC Deportivo a codearse con los grandes de Europa y soñaba con poder mantener eternamente ese estatus y llevarse un trozo del pastel.

Habrían de participar dos equipos por confederación. Los campeones de todas ellas y un segundo espada también victorioso. Por ejemplo, de la UEFA irían el Real Madrid (campeón de Europa) y el Galatasaray SK (campeón de la Copa de la UEFA). De la Conmebol estaba Boca Juniors (campeón de la Libertadores) y el SD Palmeiras (subcampeón de la Libertadores). A estos había que añadir a Los Ángeles Galaxy y Olimpia de Honduras (Concacaf), Jubilo Iwata y Al-Hilal (AFC) y Zamalek SC y Hearts of Oak (CAF). El representante oceánico sería el Wollongong Wolves australiano. Únicamente se renunció a un segundo club de Oceanía para dar entrada al RC Deportivo, que acudiría como invitado.

En marzo de ese año tuvo lugar el sorteo. El grupo A, liderado por Boca y RC Deportivo, jugaría sus partidos en Riazor (A Coruña) y San Lázaro (Santiago). El grupo B comandado por Palmeiras y Galatasaray, en el Vicente Calderón de Madrid. El grupo C, gobernado por Real Madrid y LA Galaxy, tendría como sede el Santiago Bernabéu. La final se disputaría el 12 de agosto de 2001 en el coliseo blanco.

Jamás llegó a disputarse el torneo. En medio del estallido de la burbuja de las .com y del crack de las televisiones de pago por visión, ningún medio audiovisual pujó por llevarse los derechos de la competición. En mayo quiebra ISL, la empresa que gestiona la organización del torneo. La FIFA pierde 5.500 millones de dólares y tiene un muerto encima de la mesa. Decide indemnizar a los participantes y posponer el torneo hasta el año 2003. En 2003 se pospondría ‘sine die’.

Mientras la Copa Intercontinental sigue con sus andanzas, aunque también está tocada. Desde que en diciembre de 1995 se abrió la libre circulación de jugadores en Europa las plazas para foráneos quedaron en exclusiva para los astros que venían de Sudamérica. Año a año los grandes equipos argentinos y brasileños ven como los adolescentes que formaron siendo niños escapan a Europa donde esperan forjar una próspera carrera. Solo Boca Juniors (2000 y 2003) pudo romper la hegemonía de Europa en un torneo que hasta había perdido interés entre los aficionados japoneses.

En 2005 llegaría el reemplazo. Ahora si la Copa Mundial de Clubes tendría la aceptación de UEFA y Conmebol. Se jugaría en Japón, no habría grupos y el número de partidos sería limitado. Mientras los campeones de otras confederaciones se enfrentan entre sí en rondas previas, tanto el campeón de Europa como el de Sudamérica esperan rival en las semifinales. Se mejoran los premios económicos y el asunto queda zanjado. Sao Paulo FC venció a Al-Ittihad (3-2) y Liverpool FC a Deportivo Saprissa (3-0) para luego luchar por un título que se decantó para los brasileños por 1-0. Hubo que esperar hasta 2010 para ver una final sin representante sudamericano. Aquel año el Internazionale milanés venció por 3-0 al TP Mazembe congoleño. Nunca un equipo europeo ha faltado a una final y desde 2012 no pierden una.

No sería hasta el año 2017 cuando la FIFA consideró a los 25 clubes que ganaron al menos una vez la Copa Intercontinental (1960-2004) como legítimos campeones del mundo. Así pues, en el palmarés conjunto iniciado en 1960 por el Real Madrid encontramos a dos campeones del mundo oficiales para el año 2000. Son Boca Juniors como campeón de la Intercontinental y SC Corinthians como ganador de la primera Copa del Mundo de Clubes.

Quien nunca será campeón del mundo es el RC Deportivo. Para 2001 hubo Copa Mundial de Clubes. Pero solo en nuestra imaginación.

UN DÍA COMO HOY EL DEPORTIVO SOÑÓ CON GANAR EL MUNDIAL DE CLUBS | Onda Cero  Radio
El Mundial que nunca se jugó

“¿Qué es la vida? Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Calderón de la Barca.

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El escándalo Qatar

La FIFA decidió que, en diciembre de 2010, de una tacada, se eligiesen los países candidatos para el Mundial 2018 y el Mundial 2022. Para el primero se presentaron España y Portugal por un lado y Bélgica y Países Bajos por el otro en pretensiones conjuntas. De forma independiente también estaban Inglaterra y Rusia. Dado que se daba por hecho que el Mundial volvería a Europa y que la UEFA apoyaba abiertamente la candidatura anglosajona se contaba con que el Mundial tendría lugar en Inglaterra. Sorprendentemente el vencedor fue Rusia.

Para 2022 los elegidos eran Estados Unidos, que, con Clinton y Obama como embajadores, eran los archifavoritos, así como Australia, que jugaba la baza de llevar por vez primera el Mundial a Oceanía. No contaban las candidatas asiáticas las cuales eran Japón, Corea del Sur (ambas con escasas opciones porque en 2002 ya habían organizado un Mundial de forma conjunta) y Qatar.

Y ganó Qatar.

Si. Ganó Qatar.

La pregunta es; ¿cómo narices ganó Qatar?

Former FIFA president Sep Blatter says Qatar hosting the World Cup is a  'mistake' - ABC News
The winner is…

Para lograr ser país organizador de un Mundial debes convencer a una mayoría de miembros del comité ejecutivo de la FIFA. Dichos miembros son un total de 24. Son los 24 dioses del fútbol. Ni Pelé, ni Messi ni Zidane. Esos 24 son los verdaderos dioses. La familia de la FIFA es como la familia de ‘El Padrino’, pero con peores personas.

Uno de esos miembros del comité ejecutivo era Chuck Blazer. Neoyorkino, hombre de negocios, en 1989 accedió al cargo de presidente de la Concacaf (Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de fútbol). Fue el impulsor y creador de la Copa de Oro de selecciones, así como de la Liga de Campeones de la Concacaf. Blazer también instaló las oficinas de la organización en una planta de la torre Trump de Nueva York, la decoró con mármol e hizo alquilar una habitación a la orden de 5.500 dólares al mes a cargo de la Concacaf para cobijo de sus dos gatos. Pronto se convirtió en uno de los brazos derechos del suizo Joseph Blatter, quien en 1998 fue designado como presidente de la FIFA.

En Zúrich, en una fastuosa sala de juntas situada dos pisos bajo tierra, en el edificio de la FIFA, al menos dos veces al año esos 24 hombres, quienes se alojaban en hoteles impecables y degustaban comidas extraordinarias, se debatía sobre como expandir el fútbol por todo el planeta para seguir lucrando el negocio. Blazer, que acabaría siendo confidente del FBI, declararía que cada uno de los allí presentes salía de esas reuniones con al menos 20.000 dólares de la caja fuerte de la FIFA en metálico.

Pero no adelantemos acontecimientos.

Los 24 miembros de la FIFA tienen como cometido la obligación de viajar por el mundo adelante visitando los países candidatos a albergar el Mundial y debatir con los posibles organizadores el plan de actuación. Las dádivas y agasajos forman parte del ritual. Cuando la expedición futbolística arribe en Moscú reparará en que todos los ministros rusos harán un corrillo y colmen de aplausos al personal mientras Vladimir Putin espera al otro lado de la fastuosa sala con los brazos abiertos. En Inglaterra sería la reina Isabel II la que expanda sonrisas y abandone, en cierto modo, el estricto protocolo, dejando que aquellos hombres de negocios se lleven una taza de té del Palacio de Buckingham a modo de souvenir.  

En Qatar no había paseos por museos extraordinarios ni visitas a monumentos de cientos o miles de años. En Qatar lo que había era un calor insoportable que rondaba los 50 grados en verano, kilómetros y kilómetros de arena, ausencia total de estadios de fútbol y el único monumento digno de ver eran los pozos petrolíferos. No obstante, lo que si había era dinero. Mucho dinero. La candidatura de Qatar no tenía ningún tipo de límite monetario.

La persona encargada de manejar ese fondo ilimitado era Mohammed Bin Hammam. El presidente de la Federación de Futbol de Qatar ya había logrado convencer a los asiáticos de apoyar la candidatura de Blatter a la presidencia de la FIFA en 1998, pero eso era ‘pecata minuta’ en comparación con el ingenioso proyecto que ahora tenía en mente. A través de diez testaferros diferentes se encargó de dirigir diferentes pagos para asegurarse de que la candidatura de Qatar 2022 fuese la elegida.

Bin Hammam se resigna a que FIFA lo declare culpable
Bin Hammam

En primer lugar, viajó a Angola. Era enero de 2010. Faltaban once meses para la elección de la sede mundialista. Allí se celebraba el congreso de la CAF (Confederación Africana de Fútbol). Aquel año un benefactor había donado dos millones de dólares a la CAF. Era el emirato qatarí. Luego Bin Hammam dio órdenes a sus testaferros para que le diesen un millón de dólares en metálico a cada uno de los tres miembros de la CAF que formaban parte del comité ejecutivo de la FIFA. ¿Por qué un millón y no un millón y medio?, dicen que contestó uno de los dirigentes. Y así fue. Por 4,5 millones de dólares en total Qatar se aseguró los votos de los representantes africanos.

Luego viaje a Nueva Zelanda, a visitar al único representante del comité ejecutivo de la confederación más pequeña. Trato hecho. Y después más de los mismo con la Unión Caribeña de Fútbol. Aquí se contenta a los 25 miembros, que no tienen ni voz ni voto, pero que forman frente común en la Concacaf. El pago es irrisorio. 40.000 dólares en sobres individuales a cada uno y trabajo hecho.

Pero con esto no llegaba. Para decantar la balanza hacia falta el voto a favor de los representantes europeos, la delegación más numerosa. Y había un grave problema. Existía un acuerdo tácito de que los qatarís se encargarían de mover el voto a favor de Inglaterra en 2018 si los hijos de la Gran Bretaña hacían lo propio a favor de Qatar para 2022.

El problema es que por medio estaban los rusos. Y sí, ahora Vladimir Putin es el demonio con rabo y cuernos, pero entonces era íntimo de Angela Merkel y de las demás cancillerías europeas. Y los rusos también tienen dinero. Mucho dinero. Entre bambalinas Rusia hizo los deberes y se aseguró ser sede para 2018. Caída en desgracia Inglaterra, se daba por sentado que Estados Unidos sería el ganador para 2022.

Y allí se reunieron. En Zúrich. Un 2 de diciembre de 2010. Cada comité tenía quince minutos de presentación final ante una sala repleta de personalidades, desde miembros de familias reales a mandatarios y ex mandatarios como Bill Clinton o David Cameron. Luego habría una primera votación en la que el último en número de votos quedaría eliminado y así sucesivamente hasta que quedase un mano a mano del que saldría el vencedor.

Pero la decisión ya estaba tomada antes de que tuviesen lugar las presentaciones. Todo se había decidido una semana antes.

Por entonces el presidente de la UEFA era Michel Platini. Campeón de Europa con la Juventus y de la Eurocopa con Francia, tres veces Balón de Oro, había sido enormemente aplaudido al acceder al cargo. Se decía, y no sin razón, que era un soplo de aire fresco que un exjugador fuese directivo. Platini, además, era de la vieja escuela. Un hombre que había criticado duramente a la FIFA como jugador cuando se jugaba a casi 40 grados a los dos de la tarde durante el Mundial de México. Una de sus primeras medidas como dirigente de la UEFA había sido facilitar el acceso a las competiciones europeas de los países más modestos y posicionarse abiertamente contra el VAR.

Resultó que Platini recibió una llamada. Se trataba de Nicolas Sarkozy, entonces presidente de la República Francesa. Se le citaba a una cena en el Eliseo a la que también acudiría Hamad Al Thani, emir de Qatar. En la cena se habló de fútbol, pero esencialmente de economía. Se insinuó que si la UEFA apoyase la candidatura de Qatar quizás Francia se beneficiase en el futuro garantizándose suculentos contratos de infraestructuras en Oriente Próximo.

Platini, quien tenía idea de votar a Estados Unidos, se vio obligado a cambiar el sentido de su voto. Cuando el ídolo francés Zinedine Zidane forme parte de la delegación qatarí que se presentó en Zúrich aquel 2 de diciembre, la suerte estaba echada. Joseph Blatter abrió el sobre y los allí presentes quedaron en shock. Qatar, un país de apenas dos millones de habitantes y de casi 50 grados veraniegos, acogería el Mundial de 2022. Minutos más tarde Bill Clinton rompía de un puñetazo el espejo de su lujosa suite y exigía tener una conversación privada con Michel Platini.

El otrora astro francés declinó la invitación.

La caída del rey Platini se gestó en casa de Sarkozy junto al emir de Catar  | Vanity Fair
Sarkozy, Al Thani y Platini

Lo que después se supo es que Qatar compró Airbus fabricados en la ciudad francesa de Saint Nazaire a razón de 20.000 millones de euros. Luego hubo otros 50.000 millones invertidos en infraestructuras a cargo de empresas galas.

Quizás hoy, tras la bravuconada de Putin, no se entienda este cambio de aliados, pero es que hace apenas nada, hace simplemente un lustro, la política europea miraba con ojos golosos hacia el este. A Rusia al norte, Qatar al sureste y China a lo más lejos. Hoy parece un error colosal. Ayer era un acierto estratégico.

No solo eso. La familia real qatarí decidió invertir en el decaído fútbol francés, por entonces la sexta liga en importancia de Europa. Compraron una cadena de televisión, financiaron las ligas nacionales de baloncesto y balonmano y convirtieron al Paris Saint Germain en un gigante mundial. Fruto del acuerdo, Nasser Al-Khelaifi se convirtió en presidente del PSG y desde entonces el emirato qatarí ha invertido unos 2.000 millones de euros en el club parisino.

Todo esto fue consecuencia de aquello. Y es que aquello provocó un cirio. Pero esto se supo después. Antes hubo que tirar de la manta.

La garganta profunda fue Chris Eaton, jefe de seguridad de la FIFA durante apenas un par de años. Hombre recto, integro, presentó su dimisión en cuanto imaginó todo lo que allí se cocinaba. Se puso en contacto con el FBI estadounidense sin pruebas, pero si con fundamentos. Simplemente les dijo que siguieran el rastro del dinero y les sugirió quien de los 24 miembros del comité sería tan débil como para sucumbir a un par de preguntas.

Ese hombre débil era Chuck Blazer, aquel presidente de la Concacaf del que habíamos hablado. Nunca había pagado impuestos y se llevaba en crudo el 10% de todos los contratos que negociaba. El FBI lo tuvo muy fácil para sacarle un trato. Le colocaron un micrófono en un llavero, le dijeron que soltara el llavero en una de esas reuniones rodeadas de abundante comida y así tirase de la manta.

El lugar elegido fueron los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Allí estarían todos. Y lo harían en un ambiente distendido. En los JJ. OO hay fútbol, pero es un actor secundario del evento. No fue difícil que con unas cuantas copas de más unos cuantos se soltasen la lengua. Tuvieron que pasar tres años más para que en una redada del FBI en el Hotel Bar au Lac de Zúrich fuesen detenidos seis miembros del comité ejecutivo.

Acorralada, la FIFA contrató a un investigador interno. El Informe García (Michael García era el encargado de tan sucia tarea) admitía el fraude masivo en el seno de la entidad, aunque argumentaba que nunca se habían comprado votos, que todo eran regalos y que la FIFA había sido víctima de interferencias políticas. García sostenía que la FIFA había sido fundada por voluntarios que amaban y querían proteger el juego, mientras que en los últimos años su único objetivo había sido el de amasar dinero.

Cuando Blatter tuvo acceso al Informe García se negó a hacerlo público, pero, presionado por el Comité de Ética de la FIFA, se vio incitado a dimitir. Lo hizo en 2015. Y lo hizo tras ser reelegido. Se dio el gusto de ganar las elecciones internas para luego dimitir. Una muestra más de lo podrido del sistema.

Blatter vuelve a señalar a Sarkozy como responsable de que el Mundial se  dispute en Qatar
El tío Gilito

Joseph Blatter jamás entró en la cárcel, aunque sigue inhabilitado para ocupar cualquier cargo relacionado con la FIFA. Siempre ha negado la mayor y considera una tropelía injusta que el FBI llevase una operación anticorrupción en un país europeo como Suiza. Para Blatter todo se basa en una operación de envidia y venganza estadounidense por no haber sido elegida sede del Mundial 2022. Michel Platini tampoco piso la cárcel, pero tuvo que dejar la presidencia de la UEFA y también sigue inhabilitado para ocupar cargo alguno en el mundo del fútbol. En 2018 admitió que también hubo sobornos para designar a Francia sede del Mundial 1998.

A raíz de aquello el diario ‘Der Spiegel’ sacó a la luz que tanto en Alemania 2006 como en Sudáfrica 2010 los sobornos también formaron parte del pack mundialista.

La FIFA siempre había sido capaz de controlar su destino. Bin Hamman y la delegación de Qatar no inventaron nada. Fue la FIFA la que con sus corruptelas inventó la norma. Lo que hace la elección de Qatar diferente al resto es que las injerencias no se basaron únicamente en sobornos, sino en compromisos políticos de primer nivel.

A fin de cuentas, con o sin sobornos, Francia, Alemania o Rusia tienen capacidad y tradición para albergar un Mundial. Hasta Sudáfrica puede formar parte de este saco como una operación de justicia ante la olvidada y exprimida África. La corruptela por la elección de Qatar como sede mundialista salió a la luz porque es un sin sentido mayúsculo. Un país de apenas 11.000 km cuadrados (Asturias), con 2’5 millones de habitantes de los que únicamente el 15% son nativos, donde hubo que construir estadios de fútbol ex proceso y donde hasta el año 2008 no hubo una liga de fútbol profesional.

Y lo más sangrante. Un país que ha obligado a darle una vuelta al calendario del fútbol mundial para evitar el verano y competir en los agradables 25 o 30 grados del diciembre qatarí.

Y todo gracias a Nicolas Sarkozy. El único de los tres grandes personajes de esta historia que pisó la cárcel. Acusado de tráfico de influencias e intento de soborno a un juez. Fueron tres años de condena, aunque únicamente estuvo siete meses en la cárcel. Y lo fue por aceptar dinero libio para financiar su campaña política. No fue condenado por el ‘Qatargate’. A fin de cuentas, la FIFA sabe bien como proteger a los suyos.

“La corrupción es peor que la prostitución. La prostitución pone en duda la moral del individuo, mientras que la corrupción pone en peligro la moral de todo el país”. Karl Kraus, escritor checo.

“Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad”. Séneca, filósofo romano.

Otras historias rodeadas de injerencias

Auge y caída de Nikolai Starostin (como el aparato comunista quiso acabar con el padre del fútbol en Rusia a través de dos artículos)

Deportistas que se pasaron a la política (carreras de oradores de los que antes sudaban la camiseta)

Cláusula de rescisión (la historia de unos jugadores que eran propiedades de los clubes)

Lutz Eigendorf (el asesinato del Beckenbauer del Este)

Patrimonio del Estado (como a Eusebio no le dejaron salir de Portugal)

La gimnasta eterna Oksana Chusovitina (la lucha contra la leucemia de una madre coraje)

A propósito del despropósito de la vacunación (sobre el Covid y las prebendas de los deportistas)

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