periodismo

Reyes de la noche (2ª parte)

Eurocopa 1996. Fue la última vez que periodistas y futbolistas compartieron hotel de concentración. En cada rueda de prensa de Javier Clemente, seleccionador nacional, acudían los 23 convocados a ver como Javi la emprendía a insultos ante las amenazas de los plumillas. Clemente era íntimo de García. De La Morena no podía verlo delante. El primero recibía información de primera mano, el segundo estaba deseoso en acabar con ambos. En cierto momento Clemente le tirará el micrófono de la SER al suelo a Jesús Gallego, entonces meritorio de la cadena, lo insultará y alzará el puño para pegarle. Nunca llegará el impacto a producirse. Dio lo mismo. Fue portada en el AS y el Grupo Prisa poco menos que tildó de terrorista a Clemente. El follón, por supuesto, estaba servido.

El puñetazo (i); Relaño (director del AS -derecha-)

Fue el punto más álgido de una guerra mediática nauseabunda donde los dos reyes tenían su propia guardia de corps que atizaba de lo lindo. Ese año García se dedica a insultar a De La Morena cada noche hasta el punto de que en su desesperación perderá el sentido común. Es habitual que los periodistas, durante la temporada, disputen una liga de medios en paralelo a la liga profesional. Suelen complementar los equipos con exfutbolistas ya retirados que ejercen de comentaristas. No era el caso entonces. Todos los exfutbolistas declinaban amablemente la poco gustosa invitación. Tras uno de esos broncos encuentros, García dedicó buena parte de su programa a leer el acta arbitral en el que se reseñaba del comportamiento violento de varios periodistas de la SER expulsados por roja directa. Aquello no tenía sentido ninguno y demostraba la desesperación del que, durante dos décadas, había sido el número uno.

García hasta perdió el toque con la Casa Real en 1999 cuando tuvo que esperar en directo al Príncipe Felipe en un incomodísimo silencio para felicitar a los ganadores del Mundial de fútbol sub-20. Aquello no tuvo perdón. Cuatro años atrás, Miguel Induráin, tras ganar su quinto Tour, había estado esperando pacientemente en un hotel parisino a que el Rey Juan Carlos I entrase en la COPE con García mientras los periodistas de la SER allí reunidos no paraban de tirarle cosas a la cara y clamaban porque colgase el teléfono. En el 99 las tornas han cambiado. La cosa no funciona. García marcha de la COPE y es la voz cantante de Telefónica Sport, conglomerado mediático con el que pretende hacer frente a Prisa. Exige pleno control, pero sólo se lo dan en la radio y no tiene voz ni voto en las decisiones corporativas. Se siente traicionado por Telefónica y por José María Aznar, al que nunca le perdonará que no le diese el mismo apoyo que Felipe González le había dado a Prisa. Pero es que Aznar no se casa con nadie y menos con un muerto viviente. García sigue teniendo momentos de lucidez como cuando consigue detener una huelga de Iberia en riguroso directo o como cuando lucha contra Florentino Pérez por la recalificación de la ciudad deportiva blanca, pero ya no es su tiempo. Se retira sin despedirse en 2002 en los micrófonos de Onda Cero con medio millón de oyentes, tres veces menos con los que contaba apenas una década más atrás.

De La Morena es el rey. En 1995 alcanzará una primera posición que ya nunca dejará y llegará a rozar los dos millones de oyentes con la huida de García. No le viene bien. El programa coral, la risa, el lenguaje soez, todo va en aumento. ‘El Larguero’ sirve de imitación para los demás y también para los programas deportivos nocturnos televisivos. Y De La Morena se ve desubicado. Quiere hacer algo más personal, algo más íntimo, quiere denunciar, investigar, algo a lo que le obligaba su rivalidad con García. En 2010 lo echan de la SER, no tanto por malos resultados, sino porque no concuerda con la línea editorial tan desenfadada de la cadena. Al igual que García dará sus últimos coletazos en Onda Cero siendo no ya el segundo, sino el tercero de las madrugadas deportivas.

El último De La Morena

Había sido una batalla tan épica como grotesca. Tan brillante como soez. José María García hablaba pegando patadas al diccionario y al código penal. El objetivo no era tener la mejor entrevista, sino el primer invitado. Conseguir que el deportista de turno fuese el primero en salir a las 00.00 horas era el ‘lev motiv’ de la rivalidad. Para ello se hacía de todo, desde secuestrar telefónicamente al invitado o colocar una grabación en antena simulando un falso directo.

Que García era el emperador del insulto es algo fuera de discusión. El Tribunal Supremo y el Constitucional le condenaron por llamar a Ramón Mendoza “zafio”, “histérico”, “tonto”, “tontito”, “pobre y ruin”, “presidente con el pelo blanco y la conciencia negra”. Sobre De la Morena, García dijo cosas como: “En todos los pueblos hay un tonto, y éste es el tonto de Brunete”, “está loco” o “en vez de acabar conmigo, igual el tontito acaba derrotando él mismo al imperio del monopolio del Grupo Prisa”.

De la Morena también se quedó a gusto: “García es un delincuente acostumbrado a extorsionar, manipular y chantajear”. ”García es el pistolero de la noche. El drama de este país es que ha pasado de la dictadura de Franco a la de José María García. Tiene bajo su bota a todo el mundo del deporte”. “La radio de García ha sido siempre radio hostias”, además de las constantes alusiones a su rival como «pequeñín» o «superratón». Incluso llegó al paroxismo de llevar al estudio a una persona vestida de butanero al que entrevistó como si se tratase de García.

Retrocedamos y demos unos cuantos pasos atrás. 1981. José Ramón De la Morena tenía 24 años cuando entró en la SER como becario… de José María García. El día que le hicieron la prueba, De la Morena (que vive en Brunete, a 22 kilómetros de la capital) apareció en Madrid a las tres de la madrugada. Le habían citado a las 06.00 a.m. pero los nervios le hicieron ser más que puntual. Al final no lo recibieron hasta las 11 de la mañana. “Pasé ocho horas dando vueltas por la Gran Vía. Yo no tenía ni idea de nada, venía del pueblo, pensaba que, si llegaba un minuto tarde, le darían mi puesto a otro”, recordaba De la Morena entre risas.

Aquel día le dieron el puesto, aunque la ironía es que aquel chaval de pueblo acabaría siendo el azote de García. En ‘El Larguero’ llegará a tener una sección en la que se dedicaban varios minutos diarios a mofarse de García. De la Morena se convertirá en un soldado de Polanco, defendiendo durante años la postura de Prisa y amparando acciones que poco o nada tienen que ver con el periodismo. En 1994, en plena guerra, Prisa llegará a comparar a García con Hitler en una polémica campaña.

El fanático hitleriano de García

Volvamos al inicio de esta historia. 1996. El ‘sorpasso’ se había dado el año anterior, pero en 1996 se enfanga del todo. Antonio Asensio (Antena 3-Grupo Zeta), asesorado por García, comienza a hacer ofertas a los equipos de Primera División de forma individual por sus derechos de retransmisión, algo que hace saltar el tablero de juego, ya que los derechos los venía explotando Prisa, a través de Canal Plus, que los negociaba directamente con la Liga.

Era fétido y obsesivo. Parte del equipo de De la Morena se dedicaba a escuchar en directo a García y seleccionar fragmentos de sus alocuciones para acumular munición y viceversa. Pero es una locura que beneficia a De la Morena, quien en el cuerpo a cuerpo sale ganando. Su audiencia, más juvenil, más gamberra, disfruta con las burlas a García. Llena el estudio de público; la mayoría son estudiantes universitarios. Están admitidos los aplausos, las risas y el pataleo. García se niega a aceptar que eso sea un programa deportivo y lo califica de circo. Tiene las de perder. Cuando dice algo en contra de ‘El Larguero’ inmediatamente es replicado por De La Morena, el cual cuenta con la ventaja de las carcajadas de la chavalada en el estudio. García sigue a solas con sus silencios y su micrófono. De La Morena se transforma en líder al convertir a García en el protagonista de su programa. Otra curiosa ironía.

A García sus excesos acabaron pensándole, pero hay que reconocer que era él solo contra el mundo. Tenía sus influencias, pero ni siquiera dentro de su propio grupo empresarial recibía el apoyo que necesitaba. El ejército de Pancho Villa como García le llamaba. Prisa era un ejército que funcionaba coordinado liderado no sólo por un general, sino por varios. El cambio de guardia definitivo se dio con el fichaje de Figo en el año 2000 por el Real Madrid. García sostiene que es humo, que es mentira. Cuando el capitán del Barça va camino del Bernabéu, tal y como adelanta De La Morena, toda España es consciente de quien es el nuevo rey de la noche.

Hoy García y De La Morena han hecho las paces. Ambos han afirmado que aquellos excesos no tenían ni pies ni cabeza. Mas, lo cierto, es que no era una guerra entre ellos dos, era una guerra empresarial de dimensiones colosales entre poderes fácticos que usaron para su propio beneficio el ego de los dos periodistas que revolucionaron el sentido de la radio española.

“Muchas noches, cuando competía con García y acababa el programa, me sentía sucio y pringoso”. José Ramón de La Morena.

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Reyes de la noche (1ª parte)

¿García o De La Morena? ¿Y tú de quién eres? No era pregunta extraña en la España de los 90. No eran políticos, no eran futbolistas, no eran estrellas del papel couché, no eran intelectuales (ojalá), no eran cantantes ni tampoco eran políticos. Y en el fondo eran todo eso y más. Eran dos de los hombres más influyentes del país, hacedores de opinión, fedatarios de la realidad.

José María García llega a la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) a finales de los 70 tras una destacada trayectoria que se inició en el diario Pueblo y que dio paso a Televisión Española (TVE). Las peripecias de García dan para escribir una enciclopedia, pero para el caso que nos ocupa lo que interesa es saber que García se pone a dirigir una sección deportiva a las 00.00 horas, una franja intempestiva, que gracias a su genio crece en audiencia y en duración. Su éxito se basa en que García es una mosca cojonera crítica con el poder y lo hace a través de un lenguaje directo y cautivador en el que abundan el uso de coletillas como su icónico “buenas noches, saludos cordiales”. Ese periodista indomable, pronto se convierte en una estrella que pasa por encima del propio medio.

Esa lucha contra el poder lo lleva a un enfrentamiento directo con el ministro Pio Cabanillas al que García tacha continuamente de payaso y mentiroso. Fontán. director de la SER (cuyo 25% era propiedad del Estado) le solicita una rectificación, a lo que García responde con un silencio absoluto en su programa para finalizarlo con un: “del señor Cabanillas ni pio”. El cese es fulminante. No tarda en encontrar trabajo. En ese mismo instante Martín Ferrand decide poner en marcha Antena 3 Radio. Antonio Herrero, Encarna Sánchez y José María García serán las caras visibles del nuevo proyecto. En mayo del 82 echa a rodar esa nueva emisora de la que García es el buque insignia con un grupo de periodistas deportivos entre los que destacan Javier Ares, Gaspar Rosety, Paco García Caridad, Cristina Gallo, Pipi Estrada o Andrés Montes.

La primera gran cobertura de García es el Mundial del 82, pero lo será en secreto. Antena 3 Radio emite en Frecuencia Modulada (FM) ante la ausencia de postes repetidores en Onda Media (OM). Por entonces los transistores en FM eran escasos y salvo en las grandes ciudades García y compañía son anónimos. Pero en apenas un par de años el fenómeno García revienta España. Escuchar a García se convierte en un acto de culto y tener una radio con FM lo más de lo más. Sintonizar Antena 3 se vuelve algo contracultural, algo prohibido que fascina a jóvenes y mayores.

García convierte su programa de medianoche en un fenómeno social. La sintonía de ‘Supergarcía’, una canción de amor de Simple Minds escogida por él mismo, se convierte en historia viva de la radio. No fue el caso de la elección del nombre del programa que fue impuesto por Martín Ferrand, dueño de Antena 3 Radio, sabiendo que el tirón de García era imparable. Por su puesto, el ‘Butano’ no puso objeción alguna a aquel aumento desmesurado de su ego.

José María García consigue arrastrar a mediados de los 80 una audiencia más allá de la medianoche que supera de largo el millón y medio de oyentes. Una barbaridad. Su tono crítico e incisivo hace que el pueblo lo adore y los temerosos le teman. García era un personaje público, quizás el periodista español más famoso de todos los tiempos. A finales de los 80 cobraba unos seis millones de euros anuales. Pero no era el dinero, sino el poder lo que lo hacía temible. Se suele decir que el poder de un periodista se mide en función de quien te coja el teléfono. En el despacho de García se han firmado contratos de futbolistas y se han reunido ministros. A García se le cuadraba hasta el Rey.

Un helicóptero, Rajoy y las acciones del Dios de La Vuelta: “A Franco le  ponían los peces para pescar y a José María García los ciclistas” | Relevo
José María García

Por entonces la SER estaba sumida en la depresión. Contaba con el doble de emisoras que A3 Radio pero había tirado la toalla y tras la marcha de García dejó de hacer el programa deportivo de la medianoche. Se mantenía el del mediodía y el de la media tarde que conducían indistintamente los jóvenes Paco González y José Ramón de La Morena. Por allí también estaban Manolo Lama, José Joaquín Brotons o Roberto Gómez. Corría el año 1988 cuando, desesperada, la SER contrató como jefe de deportes a Alfredo Relaño, hasta entonces en El País.

A Relaño le gusta el estilo de De La Morena. Su lenguaje de pueblo, sus historias personales y, esencialmente, las entrevistas intimistas en las que se habla poco o nada con el deportista. Relaño le propone dejar el mediodía para intentarlo por la noche. De La Morena acepta sin demasiado convencimiento, pero con la idea de pasárselo bien mientras pueda. Ese estilo desenfadado y personalista es completamente distinto al crítico e íntimo de García. Pero funciona. Lo diferente primero se instala, y luego, si es bueno, funciona.

En septiembre de 1989 echó a andar ‘El Larguero’, nombre escogido entre Relaño y De La Morena en un juego de palabras entre largar por hablar y que hay que pasar por debajo del larguero para meterle un gol a la competencia. La sintonía fue un empeño personal de De La Morena que no gustó a nadie, salvo al dueño de la SER, quien fue el que dio el visto bueno ante la incredulidad de los demás.

‘El Larguero’ funciona con celeridad. Es un programa coral en el que De La Morena dirige, pero delega. García podía echarse hora y media hablando él sólo sin dar paso a ningún compañero. De La Morena conecta con la audiencia, en especial con los jóvenes, con cierto aire de paleto e ignorante, con entrevistas muy personales y negando la importancia de su programa. Se hacen famosas sus intervenciones en las que anima a la audiencia a retozar con la pareja y luego, si hay tiempo, pues ya encenderán el transistor.

José Ramón de la Morena, a un paso de abandonar la Cadena Ser y fichar por  Onda Cero
De La Morena

García pronto se pone a la defensiva y comienzan los improperios al uno y al otro lado. Con la mitad de emisoras que la SER, García decide dirigirse a su antigua cadena como el “Imperio del monopolio” y a su nuevo rival como “un muchacho imberbe”. De La Morena acusa a García de “mafioso” y de “millonario”. Es la punta del iceberg. Con el paso de los años el tono subirá hasta niveles insospechados al punto de que uno acuse al otro “de ser un vizconde al le gustan los toros, pero mucho más los toreros” (lo tilda de bizco y gay) a lo que el interpelado contestará “que por mucho que me gusten los toros por lo menos no me acuesto con una vaca” (llama gorda a su mujer).

Pero De La Morena todavía no tiene tanto poder y se pasa de frenada. En el verano de 1990 se enciende y arremete contra empresarios y medios por permitir que García cobre seis millones de euros al año. La SER, por convicción o por obligación, decide suspenderlo durante un año de empleo y sueldo y su lugar como sereno del deporte es ocupado provisionalmente por Paco González. El cambio no funciona y en septiembre de 1991 De La Morena vuelve con más ganas y con más autoridad que nunca.

La versión oficial sostiene que el ‘casus belli’ llega en una entrevista que García concede a la revista Tiempo en junio de 1990 en la que se refiere a De la Morena como «un muchachuelo que llegó a la SER para intentar tirarme». En respuesta, De la Morena estalla, le dedica varios minutos de descalificativos en ‘El Larguero’ y por primera vez la opinión pública se hace eco del enfrentamiento. Lo cierto es que las hostilidades entre García y Prisa (García siempre consideró que su rival eran Prisa y el Gobierno, no De la Morena) ya venían larvadas en otros episodios.

El día que De la Morena y García firmaron la paz
García vs De La Morena

Un mes antes, en mayo, Alfredo Relaño y García casi acaban a tortas durante una etapa asturiana de la Vuelta. Tuvieron un encontronazo a la salida del Hotel Reconquista, en Oviedo, y Relaño golpeó sin querer el cigarro que García llevaba en la boca, provocando una lluvia, literal y figurada, de chispas sobre la camisa del rey de las ondas. Entre los compañeros se propagó el rumor de que Relaño había puesto en su sitio de un bofetón a García: «Fue más un toque sin querer que una hostia. Yo me agobié. Pensaba que García montaría el pollo en su programa (aunque no lo hizo), y pedí a mis compañeros perfil bajo, pero ellos me animaban y me invitaron a champán”, recordaba años después Relaño. Hubo otros dos incidentes ese verano que emponzoñaron la relación entre García y De la Morena. El primero incluye la polarización del Real Madrid y la Operación Nécora contra el narcotráfico de Baltasar Garzón. Hasta ese momento, Ramón Mendoza estaba en el bando de los equidistantes, en tanto que atendía a las dos emisoras: por un lado, era amigo de García y no olvidaba que sin su apoyo no habría ganado las elecciones del Real Madrid, pero por el otro tenía una silla en el consejo de Prisa desde 1985 y le debía cierta lealtad a Polanco. Sucede que, entre los detenidos de la Nécora, en junio del 90, está Carlos Goyanes, íntimo y socio de García y directivo del Real Madrid. García abogará sobre su inocencia en antena (de hecho, Goyanes será absuelto) y exige a Mendoza que no lo cese. El jefe del Real Madrid decide no hacerle caso y García le pondrá la cruz de por vida. García hará lo mismo con el Madrid, aun siendo él aficionado blanco de cuna.

Pero la gota que colma el vaso llega en el Mundial de Italia 90. Luis Suárez, seleccionador español, firma un acuerdo económico para entrar todos los días en la SER y dar unos apuntes sobre como avanza la competición. García, amigo de Suárez (tenía más contactos que el Papa) revienta en directo y acusa a Suárez de haber vendido a la selección “por un plato de lentejas”. De La Morena responde asegurando que García está comprado por los poderes fácticos y que es un periodista a sueldo de los poderosos.

Eso es demasiado para De La Morena. Aun no es nadie. El director de la SER era, con todo, amigo de García. González, Lama y compañía aún no tenían pedigrí y Pepe Domingo Castaño, el otro que por allí andaba, era un hombre de radio, divertido, que quería de todo menos gresca. José María García tenía más poder que todos juntos.

Por ahora.

Así, como hemos dicho, De La Morena es apartado durante unos meses de la primera línea de la radio para volver con la temporada futbolística de 1991. No era una vuelta más. Era un golpe empresarial de proporciones bíblicas. En aquel 1991 Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno, se ve obligado a dimitir por un caso de corrupción y por vez primera en una década el Felipismo hace aguas. Acosado por la derecha política y mediática, el Gobierno ordena a sus medios afines apretar las clavijas al rival. De La Morena, quien había sido suspendido por atizar a García, vuelve a los micrófonos con el objetivo de derrumbarlo. Para ello Prisa lanza toda su maquinaría contra A3 Radio, la cual, en la primera ola del EGM de 1992 superará a la Cadena SER, hecho irrepetible en la historia de la radio española. Los oyentes españoles se habían tirado a la derecha tras década y media de oda al socialismo.

Mismamente, con el beneplácito del gobierno socialista, en la primavera de 1992 el grupo Prisa compra A3 Radio finiquitando a base de dinero a la competencia. Años después la operación acabará siendo declarada ilegal por el Tribunal Supremo, pero la realidad del momento es que A3 Radio deja de ser independiente. Como tantos otros García deja la cadena “por falta de credibilidad”, por lo que no podrá cubrir los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, hecho que considera el disgusto profesional más grande de su vida.

Tras un verano en el que la SER recupera el olimpo (A3 Radio desaparecerá apenas un par de años más tarde absorbida y descuartizada por el conglomerado de Prisa), el 14 de septiembre de 1992 José María García retorna a las ondas bajo el paraguas de la Cadena COPE (Cadena de Ondas Populares Españolas). La emisora de la Conferencia Episcopal se encontraba entonces en quiebra técnica, pero pronto García retornará esa realidad. ‘Supergarcía’ comenzara aquel primer programa con una entrevista a Diego Armando Maradona. Más que una entrevista fue una felación, pero no del periodista al entrevistado, sino del entrevistado al periodista.

El poder de García estaba intacto.

¿Hasta cuándo?

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Manuel de Castro ‘Handicap’

1909. Un escritor, profesor y guionista de origen zamorano, Miguel de Zárraga, decide fundar en Vigo la primera publicación gallega de carácter deportivo. Llevará por nombre ‘Letras y deportes’ y no alcanzará ni el año de vida. Su repercusión histórica es, sin embargo, extraordinaria. Serán veinte números semanales desde que el primero eche a rodar un 18 de enero de 1909. Allí escribirán Camilo Bernárdez ‘Thedy’ y Manuel de Castro ‘Handicap’, dos de los primeros periodistas que se dedicaron en exclusiva a la información deportiva. Como anuncia su cabecera hay literatura, también se escribe sobre aviación o tiro de pichón, pero, fundamentalmente, hay fútbol. Desde entonces ‘Handicap’ pondrá en marcha mil y un proyectos y será el jefe de deportes de ‘Faro de Vigo’ desde la creación de la sección en 1912 hasta su fallecimiento.

1885. Manuel de Castro González nace en Vigo. Será en el eje Atlántico formado por Coruña, Vilagarcía (donde se documenta el primer partido de fútbol de España en litigio histórico aun no resuelto con Huelva) y Vigo donde surjan las primeras competiciones deportivas en Galicia. Es la esquina noroeste periférica, mas no aislada, dado que las innovaciones vienen entonces de Gran Bretaña y son los puertos de mar los primeros lugares a donde llegan esas novedades. La pujanza de Vigo es extraordinaria. Pasa de 15.000 habitantes en la última década del siglo XIX a 83.000 al inicio de la Guerra Civil. Quintuplica su población, desarrollo que solo Barcelona puede igualar en esa época. Ese tejido social explica la aceptación y el éxito del fenómeno deportivo en la comarca viguesa y revela porque al adolescente Manuel acabará picándole el gusanillo del ‘sport’. Los beneficios sociales e higiénicos del deporte serán acogidos con efusividad por una población joven y urbana. A la altura de 1936 Vigo será la ciudad de España con más gimnasios por habitante.

1924. De la mano de su hermano, el ex-futbolista y atleta Fernando de Castro, Manuel funda la sección del Celta Atletismo. ‘Handicap’ había quedado prendado del espectáculo atlético de los Juegos Olímpicos de Paris a donde acudió como corresponsal tras 52 horas de viaje en tren. Ya había sido corresponsal en Amberes 1920 y lo será en Ámsterdam 1928. Escribió alabanzas sobre los estadios europeos, el juego de la selección de fútbol uruguaya y la capacidad de sacrificio de los atletas escandinavos y estadounidenses. Hubieron de pasar cuatro décadas hasta que en 1972 un periodista deportivo gallego fuese enviado nuevamente como corresponsal a unos Juegos Olímpicos.

1916. Nace ‘Vida Deportiva’, la primera publicación ‘sport’ con estética moderna. ‘Handicap’ está en la treintena, es administrador, redactor jefe y también es el cronista estrella en ‘Faro de Vigo’. ‘Handicap’ es la cabeza pensante de una publicación que apuesta decididamente por la fotografía y con un claro afán de expansión. ‘Vida Deportiva’ se vende en la calle Príncipe de Vigo, pero también en la Real coruñesa, en Santiago, Irún, Bilbao, Barcelona y Madrid y cuenta con una sección dedicada al deporte portugués. Es en ‘Vida Deportiva’ donde ‘Handicap’ reclama la creación de un Colegio de Árbitros. Sus deseos se harán efectivos en diciembre de ese mismo año. Por el colegio vigués se nombrarán a sus dos primeros miembros; Raúl López y Manuel de Castro. Porque ‘Handicap’, además de futbolista, directivo, periodista o seleccionador, también fue árbitro.

1922. Seleccionador, sí. Porque ‘Handicap’ fue seleccionador. La selección gallega de fútbol juega su primer partido. Será frente a Castilla (por entonces incluye a Madrid) y gana por 4-1. El partido se disputa en Vigo y se pretende que la selección esté formada por once futbolistas del Vigo FC dado que el presidente del club y de la federación gallega son la misma persona. ‘Handicap’, a la suerte seleccionador, se niega y exige que la totalidad de Galicia esté representada en tan magno acontecimiento.

1920. Es en Amberes. Juegos Olímpicos. Allí debuta la selección española de fútbol. Lo hará con notable éxito. Alcanzará una medalla de plata. No volverá a pisar el pódium hasta Barcelona 92. Aquel equipo estaba formado por 21 integrantes; 13 vascos, 4 catalanes y 4 gallegos, fiel reflejo de la pujanza del fútbol periférico en la España de entonces. En aquel tiempo había entrenador y seleccionador. El primero era una suerte de preparador físico. El segundo era quien decidía la alineación. Aquellos 21 muchachos fueron seleccionados tras una serie de pruebas y partidos amistosos celebrados en el campo de Coya de Vigo. Los responsables de la selección fueron Luis Colina, secretario de la Federación Española de Fútbol, Alberto Martín, periodista del madrileño ‘Eco de los sports’, y…Manuel de Castro ‘Handicap’.

Después, el 9 de octubre de 1921, España disputó su primer partido en territorio nacional en el Estadio de San Mamés ante un lleno de 10.000 espectadores. Fue frente a la entonces campeona olímpica Bélgica. La selección española venció por 2-0 con sendos goles del delantero del Barça Paulino Alcántara. España vistió de blanco para permitir que Bélgica jugase con su tradicional camiseta roja. El seleccionador fue Manuel de Castro. ‘Handicap’ fue seleccionador nacional en diferentes etapas entre 1920 y 1927. Fueron diez partidos saldados con nueve victorias y una derrota. Ni Aragonés ni Del Bosque ni ningún otro técnico tienen un porcentaje de triunfos tan elevado como el vigués. Lástima que su única derrota fuese contra Italia en 1924 impidiendo la presencia de España en los Juegos Olímpicos de Paris de ese verano.

Manuel Castro González | Real Academia de la Historia
Handicap

1939. Acaba la Guerra Civil. Había cerrado ‘Sprint’, la última gran idea de ‘Handicap’. Una publicación deportiva bajo el auspicio de ‘Faro de Vigo’ y que competía con ‘Sport’ de ‘El Pueblo Gallego’. En ‘Sprint’, con abundantes fotografías, especiales con portadas a color y llena de publicidad, ‘Handicap’ cultiva una sana rivalidad con A Coruña, consciente de que es en el enfrentamiento regional donde está el futuro. Desde sus columnas impulsaría la rivalidad entre Dépor y Celta, aunque siempre evitando «choques desagradables entre la afición de dos pueblos que no debieran ir más allá de los límites de una rivalidad deportiva”. Sin embargo, utilizaba el sarcasmo con frecuencia y suya es la frase de “cuando se quiere a un hijo, aunque se porte mal, hay que hablar bien de él”. Acabada la guerra, y con un ‘Faro de Vigo’ que a duras penas sobrevive con cuatro páginas diarias, todos estos sueños parecen saltar por los aires.

1903. Manuel de Castro figura entre los primeros futbolistas vigueses. Son los trabajadores del Cable Inglés los que se animan a jugar partidos de exhibición donde el Velódromo, en el muelle del malecón vigués. Manuel y sus hermanos son algunos de los nativos interesados en ese nuevo pasatiempo venido de Gran Bretaña. ‘Handicap’ cuando escribe, Manuel cuando juega, contará como había que llevar y retirar los palos que hacían de porterías en cada partido. Fue ‘Handicap’ desde joven también directivo y tesorero y así, cuando en 1903 se funde el Vigo FC (después Real Vigo Sporting) y pase a jugar sus partidos en el campo de Coya, ‘Handicap’ hará de jugador y directivo a partes iguales. Un par de años después, en 1905, en la cercana Bouzas, entonces a las afueras de la ciudad, se funda el Real Fortuna de Vigo.

1944. Ante la apertura de la I Exposición Industrial de Galicia en los jardines vigueses de Eijo Garay, ‘Handicap’ acude el día anterior de la inauguración para seguir de cerca las pruebas de iluminación de la misma. Cuando salía de uno de los pabellones, su pie quedó atrapado en las vías del conocido como tren del puerto, atropellándolo una locomotora que maniobraba en ese momento. Manuel de Castro fallece en el acto. Dos días después Vigo rendía pleitesía a uno de sus más valiosos hombres, a la persona que impulsó la creación del Real Club Celta de Vigo. La muerte le sobrevino inesperadamente a los 60 años.

1919. Ese año desaparece el Real Club Coruña incapaz de adaptarse a un profesionalismo incipiente. En la ciudad herculina la hegemonía va a ser para el RC Deportivo que tendrá capacidad para gobernar Galicia. A ‘Handicap’ ya le rondaba la idea por la cabeza por entonces, pero tras ese suceso lo tendrá meridianamente claro. No hay sitio en Vigo para dos equipos y es necesaria una fusión. A través de ‘Faro de Vigo’ comenzará una campaña con el título ‘Todo por Vigo y para Vigo’ que cristalizará cuatro años más tarde.

1956. Cristina tendrá unas palabras cariñosas hacia su padre. Recuerda que era un hombre callado al que le gustaba hablar a través de su pluma. Fumador empedernido, le encantaba quedarse escribiendo hasta tarde en un sillón instalado en el comedor de la casa familiar. Lagartija, que era el nombre cariñoso con el que fue bautizada por su padre, había hecho ese domingo el mismo ritual que realizaba cuando era pequeña y acompañaba a su padre a Balaídos. Visita a Pi y Margall, donde la familia tenía una pequeña huerta, paseo por calle Príncipe, con parada incluida en el fotomatón y comida en el Gran Hotel. Pero aquel día su padre no estaba. Hacía diez años que no estaba. Aquel día Cristina, acompañada por su hermano Manuel, había acudido a las afueras de Balaídos para inaugurar un busto con el nombre de su padre. Después vendrá el bautizo de la calle que lleva al coliseo celeste. Lástima que estas cosas siempre lleguen tarde.

1928. Balaídos. En marzo de 1923 ya había escrito ‘Handicap’: “La fusión de Vigo y Fortuna habrá de traernos un gran campo de fútbol capaz de llenar nuestras necesidades y con ello la visita de mayor número de equipos nacionales mejorando la forma de nuestro equipo. Con ese gran campo, apoyado por todo lo que vale y significa algo en el deporte local, ya podríamos traer como Barcelona, Bilbao y Madrid cuantos equipos extranjeros viniesen a nuestro país”. Con 22.000 asientos, en 1928 el sueño de ‘Handicap’ se hacía realidad. Se sentará en el palco el día de la inauguración de Balaídos en un sonoro triunfo del Real Club Celta ante el Real Unión de Irún por 7-0.

2011. El ferrolano Álex López recibe el primer premio a mejor jugador del RC Celta de la temporada. El galardón es escogido con los votos de los socios y aficionados celestes. El moañés Iago Aspas suma ocho entorchados hasta la fecha. Es llamativo que el trofeo no lleve el nombre de Pahíño, Manolo, Gudelj o Mostovoi. El trofeo al mejor jugador del RC Celta lleva el nombre de Manuel de Castro ‘Handicap’.

1923. A mediados de mayo, en la casa de un tal Bustelo, compartieron mesa y mantel Ventura Lago, a la sazón presidente del Real Vigo Sporting (antes Vigo FC), Pepe Bar, fundador del Real Fortuna y Basilio Poncet, presidente de la Federación Gallega de Fútbol. Los tres acordaron que ‘Handicap’ presentase un proyecto de fusión de ambos clubes vigueses delante de la Federación Española de Fútbol con sede en Madrid. Dicha argumentación fue elaborada por Manuel de Castro a finales de junio y se le dio de plazo hasta el 31 de agosto de dicho año para aportar toda la documentación necesaria.

Desde mediados de la década anterior ‘Handicap’ había comenzado a trabajar en la idea de una fusión del Real Fortuna y el Vigo Sporting, que fracasaría en su primer intento en 1915. Pero el 10 agosto de 1923 se llegaba al acuerdo entre las partes y el 23 de agosto de 1923 se fundaba el Real Club Celta. Fieles a las ideas del galleguismo desarrolladas por la Xeración Nós y perfeccionadas en las tesis del atlantismo y del celtismo de Vicente Risco, se escoge como escudo la Cruz de Santiago, los colores celeste y blanco de la bandera gallega y el nombre de Real Club Celta en una terna en la que también estuvieren presentes Breogán FC, Club Galicia, Real Club Olímpico o Real Atlético FC. Justo un mes más tarde, en el campo de Coya, el Real Club Celta de Vigo derrota por 8-2 al Boavista FC portugués dando inicio a una historia que a la hora de escribir estas líneas llega a la centuria.

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Puede ser un sargento, un brigada o un subteniente. Caza mayor es teniente o comandante. Palabras mayores. El modus operandi se inicia con una vigilancia exhaustiva que oscila entre las semanas o los meses. El objetivo es detectar problemas. Los económicos son los distinguidos. Puedes estar atrapado en deudas o sencillamente deseas mejorar el nivel de vida de los tuyos. Luego están los que meramente son ambiciosos de por sí. O los que no tienen por divisa ni el honor ni la bandera. El caso es dar con un elegido. Detectadas las debilidades, primero la amistad y la codicia y luego, una vez hechizado, el miedo que pronto pasará a ser pánico.

Una vez acabada la caza mayor toca apresar a la caza menor. Suele ser más simple. Ante todo, porque hacen falta menos billetes y menos arrestos. En segundo lugar, porque cuentas con la autoridad y el terror que el oficial impone en el subordinado. Es entonces cuando puede descargar el alijo. Una y otra vez. Captadas las ovejas negras dentro de la Guardia Civil la banda de narcos puede operar a su antojo.

Hay más implicados. Muchos más. Marineros, amas de casa, estanqueros, camioneros, pelagatos variados o empleados de banca que callan, guardan y financian, pero, una vez manoseada la autoridad, todo es mucho más simple. Así funcionó en las Rías Baixas de los 80, así funciona en la actualidad en el Campo de Gibraltar y así operaban, operan y operarán los narcotraficantes tanto en España como en buena parte del globo.

Y con todo hay redadas. Y cuantiosas. Y los narcos caen y los capos acaban en la cárcel. El problema es que el trono está siempre caliente. En todo caso, repito, hay redadas. De vez en cuando el teniente corrupto debe hacer alguna operación y el narco le entrega alguna pieza prescindible para salvaguardar las formas. Pero en las muchas simplemente no puede mantener el control.

No puede porque hay gente que es intocable. Guardias miedosos que no quieren saber nada del asunto o guardias honrados que antes darían la vida que aceptar sobornos. Los más son los que podríamos llamar guardias felices, que disfrutan con su tranquila vida y prefieren mirar para otro lado y cerrar los ojos ante lo que intuyen, pero, angustiados por su conciencia, se ven en la obligación de contarlo cuando lo saben. Son estos los más peligrosos. A los miedosos y a los honrados no se les intenta tocar, pero son los guardias felices, los que conforman la silenciosa mayoría, los que pueden joder la operación. El oficial corrupto tiene que colocarlos en un segundo plano en una acción contra el narcotráfico o simplemente apartarlos deliberadamente de conversaciones o del acceso a papeles que son comprometidos. Porque éstos no sabes cómo respiran. Ni se van a apartar como los miedosos, ni los vas a mandar a hacer otras operaciones de más enjundia como a los honrados. A los otros, a los que conforman esa silenciosa mayoría, los tienes que tener cerca y arriesgarte a que, simplemente, hagan bien su trabajo.

En 2014 el FC Barcelona y el Atlético de Madrid se enfrentaron en el Camp Nou en la última jornada de Liga. El empate bastaba a los colchoneros para obtener el título dos décadas después de su último alirón. Lo lograron (1-1), aunque por el camino Mateu Lahoz anuló un gol por fuera de juego de Leo Messi que le hubiese dado la victoria y el trofeo al Barça.

Desde la ‘cova’ (si, en Barcelona también hay ‘caverna’ como en Madrid y también hay palcos elitistas convertidos en reservados para tejer corruptelas) se vocifera que de haber existido compraventa de árbitros a favor del Barça no se hubiera anulado ese gol a Leo Messi.

El Barça, Gaspart, Laporta o Bartomeu (o a algún directivo al que le carguen el muerto), pónganle el nombre que quieran, es el capo. Es el delincuente. José María Enríquez Negreira el teniente corrupto. Mateu Lahoz, tan buen árbitro como prepotente y cargante, es un guardia civil de los que darían la vida antes que aceptar sobornos. Comprar al teniente no implica tener todo el control. Pero que no tengas todo el control no quiere decir que no puedas realizar tu negocio.

Quién es Enríquez Negreira, el ex árbitro que cobró 1.4 millones del  Barcelona por servicios de asesoramiento | Goal.com Espana
Enríquez Negreira

El árbitro nació como cura, como juez de paz. Fútbol a lo largo, dos palos en el horizonte y un hombre de negro para dictar sentencia. Respetable y respetado. Si el fútbol nació en 1863 el árbitro lo hizo en 1891. Hasta entonces un representante de cada equipo, dos en total, discutían las decisiones comprometidas. Cuando el juego pasó de ser juego a lo más importante de los menos importante, se vio que así no se iba a ningún lado. Se designó un juez neutral y los dos representantes se hubieron de convertir en jueces de línea.

Así fue desde entonces hasta hace bien poco. El árbitro era mayor para imponer respeto. Y era malo. Lo era porque no era profesional. Era periodista, médico, abogado, profesor o quizás policía. Siempre una profesión liberal que le permitiese ausentarse dos o tres días de cuando en cuando para cumplir con su hobby.

Era normal que aquel hombre de negro se equivocase. Lo era porque no era su oficio, aunque lo pareciese, y lo era porque dos ojos siguiendo a veintidós personas, un balón y miles en las gradas escudillando lo que haces es harto complicado. La imagen que tenemos del árbitro es la de un enterrador vestido de negro, sin gracia ni salero y una profunda barriga cervecera. Era así hace 100 años y era así hasta hace poco más de dos décadas. Al Enríquez Martínez, allá a inicios de los 80, le puso de mote José María García ‘míster angulas’ porque el afamado periodista cazó al electico colegiado metiéndose en un lujoso restaurante un platazo de angulas un par de horas antes de un partido en La Romareda.

Esa es otra. El árbitro era tratado con palmitas. No es nada nuevo. Un representante del equipo que ejercía de local solía ir a recibirlo al aeropuerto, taxi pago, estancia en un buen hotel y comida y reloj de regalo. Nada nuevo bajo el sol. Sin televisión o con televisión de pascuas en ramos, miles de almas gritando y un acojone generalizado. ¿Quién es el guapo que iba a pitar en contra del conjunto de casa? Que el valiente levante la mano.

La llegada de la televisión por pago y las decenas de cámaras cambiaron el panorama. También las gradas de asiento. Jugar fuera o en casa no es como antaño. Todo son tapetes verdes, ya no hay ultras y el juez está sobreprotegido. Hasta se cuidan. Ya no hay árbitros gordos y el negro ha pasado a mejor vida. Colores por doquier. Y tienen ayuda. Primero vino el cuarto árbitro, luego la sala VAR, la VOR y un ejército de jueces que deben hacer el trabajo de uno sólo. Y lo hacen peor. Los jueces de línea bajan los brazos a sabiendas de que sus decisiones serán corregidas. Y el árbitro duerme tranquilo sabiendo de que ahora la culpa caerá sobre esos señores de la sala brumosa que habitan en algún lugar de las gradas.

LaLiga Santander 2019 - 20: Los árbitros plantean reducir la presencia en  la sala VOR y mamparas de separación | Marca.com
¿Árbitros?

No se entiende que en un negocio millonario los impartidores de justicia sigan sin ser profesionales. Si el mejor árbitro del mundo es chileno, ¿por qué no arbitra en Inglaterra o en España? Son las federaciones las que manejan los árbitros mientras que las ligas son entidades privadas independientes. He aquí un problema que afecta a todos los países. ¿Cómo entender que si la Premier tiene la mejor liga del planeta no cuente con los mejores árbitros? Con ello se mejoraría la calidad y, de paso, desaparecerían las suspicacias.

Porque suspicacias las hay. La norma indica que un colegiado no puede arbitrar a ningún equipo de su tierra. Un madrileño jamás pitará a Madrid o Atlético, pero tampoco al Leganés o al Rayo Majadahonda. El tal Enríquez Negreira, catalán, nunca pudo arbitrar al Barça. Con esto, se dice, hay neutralidad. Tontería supina. Como si nacer en Cudillero o en Salou impidiese a uno ser del Madrid. Según el CIS los blancos (39%) y los azulgranas (25%) suman el 64% de los forofos en España. Y son muchos más. Porque luego están los que tienen a Madrid o Barça como segundo equipo porque por mucho que adores al Hércules pocas alegrías tendrás en tu vida. Con lo cual, más allá de fallos o errores deliberados, lo que trabaja es el subconsciente. Y hay opciones, muchas opciones, de que toque dirigir un partido de tu equipo favorito ante una atmósfera sobrecogedora de 70 o 80.000 personas y, ante la duda, ya será tu psique quien tome la decisión.

La mayoría de las veces no hay que pagarle a nadie. La mayoría de las veces los colegiados se equivocan inconscientemente a favor de Real Madrid o del FC Barcelona. Algunos hasta benefician al Atlético, el más llorón de los llorones. Son todos los demás los que tienen que ejercer el verdadero derecho del pataleo.

Y con todo, de vez en cuando toca pagar.

El Barça de Laporta bate al de Bartomeu en deuda a corto plazo
Laporta y Bartomeu

“Ya han salido los sepulcros blanqueados, las ratas de sacristía, los blanqueadores de los de siempre, los miserables que han sacado la cabeza de su madriguera de roedores con la lujuria descontrolada de quien apunta el delito ajeno sabiendo perfectamente el funcionamiento del mismo. Ya sabemos quiénes son, los serviles del régimen, los que no hacen periodismo real sino que trabajan como portavoces encubiertos del primer gran club estado que ha tenido el fútbol: el entretenimiento de un régimen dictatorial que tenía al Madrid como el circo necesario para complacer los fines de semana de la población (…) una parte de la España periodística está completamente contaminada por la peste bubónica del poder, y la revuelta debe ser precisamente contra ese ejército de la calumnia que aprovecha las mierdas que nosotros debemos resolver para hundirnos aún un poco más”. Esto es lo que decía ‘L’Esportiu’ cuando el asunto Negreira salió a la luz, nada extraño en un periódico deportivo que desde 2017 luce un lazo amarillo en su portada. Lo llamativo es lo que su editorial decía a continuación:

“Es preocupante ver a Laporta encubriendo a Bartomeu, el presidente de la herencia envenenada, porque resulta que realmente no está protegiendo la verdad, sino que se está cubriendo los hombros porque si tiras atrás llegas a su primer mandato, donde curiosamente, en la directiva estaba el triunvirato de Laporta, Rosell y Bartomeu. Dicho de otro modo, el Laporta del 2023 está salvaguardando el honor del Laporta del 2003 (…) El Barça hace y hará bien en protegerse, pero convendría también que aclarara varios interrogantes para disipar la sombra de duda que genera el caso. La clave no es que el club reciba asesoramiento arbitral. Lo hacen la mayoría, ya sea con empleados en nómina o contratando servicios externos. El problema es el precio desmedido que se ha pagado por el servicio y al que se ha pagado. Que Enríquez Negreira fuera vicepresidente del comité técnico de árbitros mientras una empresa suya cobraba por asesorar a un club genera un conflicto de intereses muy difícil, si no imposible, de justificar (…) La relación es cara, fea y, aunque la investigación se centra entre el 2016 y el 2018, varias directivas reconocen que se prolongó durante muchos años, con distintos mandatos y distintos presidentes. Esto es lo primero que debería aclarar el Barça. ¿Cuándo empezó todo? Han pasado auditorías, se han analizado detalles y han salido facturas entre anecdóticas y ridículas. Y hasta ahora nada había trascendido de eso. Si realmente hace tantos años que dura, ¿lo sabían todos los presidentes? ¿Sabían que la empresa que tenía contratada era propiedad de un cargo arbitral en activo? Éticamente, al menos, cuesta explicar (…) sólo el hecho de relacionar el club y el estamento arbitral en un caso que se está investigando obliga al club a proteger la honorabilidad y la reputación. Con contundencia, y con las explicaciones que haga falta. Cuanta más luz ponga, mejor. No basta con apelar al victimismo”.

Por muchas vueltas que se le dé es difícil explicar lo del asunto Enríquez o caso Negreira, como más les guste. No se le puede adivinar otro fin al dinero que el Barça le estaba dando al vicepresidente del Comité de Árbitros que el que todos estamos pensando. Tampoco ayuda que el periodo de pagos denunciado desde el primer día por SER Catalunya de 2016 a 2018 coincide al milímetro con los 746 días que estuvo el Barça sin recibir un penalti en contra. Un compadreo institucionalizado desde 2001 a 2018, que, casualidades de la vida, finalizó justo cuando Negreira dejó su cargo como vicepresidente.

Investigaciones periodísticas y judiciales seguirán su trabajo pero los años de gloria del Barça, años en los que hasta el madridista más recalcitrante admitía haber visto el fútbol más armonioso jamás conocido, años en los que hasta en la intimidad el líder de los Ultra Sur gritaba con orgullo los goles de Iniesta y Xavi por haberle dado a España su primer y único Mundial, están quedando manchados por fichajes adulterados, espionaje entre compañeros, prebendas, tráficos de favores y negocios entre futbolistas y directivos. El Barça ganó ligas de forma honrada pero por culpa de unos patanes la mancha será eterna.

Y no es cosa de la caverna madridista. La noticia fue dada por el programa ‘Que t’hi jugues’ de SER Catalunya y pronto difundida con celeridad por medios catalanes y simpatizantes del barcelonismo. Porque los pagos parece que vienen de lejos, de 2001, con lo cual no es cosa de un presidente corrupto sino de una línea institucional, de un modus operandi que se remonta atrás en el tiempo.

Ni La Moreneta, en un soberbio acto de fe, puede creerse que el pastizal empleado por el Barça para sobornar a Negreira fuese para otra cosa que obtener un retorno basado en un trato de favor. Lo chusco, y ese es otro tema, es que el tal Enríquez Negreira fuese un listo y no hiciese tanto como prometía. Igual no hubo tantos favores como el Barça pretendía. Es probable. Porque, así y todo, en todos estos años ni el Barça ha ganado todas las ligas ni siempre los árbitros se han equivocado a su favor. Recordemos que hay árbitros, y son la mayoría silenciosa, que como los guardia civiles son intocables. ¿Negreira fue más listo que Laporta y compañía? ¿Fue un vende humos sin demasiada influencia? Pues seguramente sí. Pero eso no excluye de delito.

¿Cómo puede ser que se una auditoria descubriese que Laporta gastó 24 euros en una pollería con la tarjeta del club y que nadie en todos estos años supiese que Enríquez Negreira facturase siete millones de euros? Dicen las hordas barcelonistas que lo hacen todos los clubes. Es cierto, pero las ramas no dejan ver los árboles. El Madrid tiene como asesor a Megia Dávila, un ex árbitro sin cargo alguno, he ahí la diferencia. Y según han manifestado estos días diferentes directivos de Primera todos los equipos cuentan con una figura de este tipo que les indica si fulano o mengano es más propenso a sacar tarjetas, si es dialogante o si ese fin de semana le va a dar por sancionar las manos. El sueldo de estos asesores externos ronda los 25.000 anuales. Al parecer Enríquez Negreira guardaba 500.000 por año trabajado.

El complejo de inferioridad que Cruyff denunció cuando arribó en el 74 y que en buena parte consiguió eliminar con el Dream Team parece instalado en la conciencia del barcelonismo. Da la sensación de que como en el palco del Bernabéu hay tanta influencia el Barça se ve en la necesidad de igualarlo. A pesar de los increíbles éxitos deportivos de los últimos años se entiende que ese complejo de inferioridad solo puede ser rebatido en el palco. La mente enfermiza del entorno del Barça cree que sin tráfico de influencias nunca serán tan poderosos como el Madrid. Como un círculo vicioso retroalimentado por el nacionalismo catalán, lo importante no son tus triunfos, sino pasar por encima de tu alter ego capitalino.

Lleva tantos años el Barca subido a un relato enfermizo que acepta el caso Negreira como hecho ocurrido y vergonzoso, pero con la autoridad de no tener que dar ninguna explicación. El silencio por bandera. Y nadie levantará la voz. Nadie. Si el Barça fuese descendido administrativamente a Segunda ríete tú de las manifestaciones del 11-S. Jamás hubo tanta gente en la calle en Vigo y en Sevilla que cuando allá por los 90 celestes y sevillistas estuvieron a un tris de bajar a 2ºB vía decreto judicial. Ni reconversión industrial, ni crisis, ni muertos, ni nacionalismo. Lo que mueve el cotarro es el fútbol. El sentimiento.

Es el caso Enríquez Negreira como mínimo un inmoral conflicto de intereses. Lo dirá la justicia, no la deportiva, sino la ordinaria (tela marinera lo de este país que tiene más miedo a meterse con un club de fútbol que con un cartel de la droga). Los indicios son demoledores, aunque las pruebas atentan más contra Enríquez Negreira que contra el FC Barcelona. Por ahora se ha cazado al teniente de la Guardia Civil y, aunque todo se intuye, no hay forma de cazar al delincuente. Solo el paso del tiempo dictará sentencia. Hasta quizás tengan razón en Barcelona y todo es producto de la envidia madridista ante la mejor época de la historia blaugrana. Pues hasta quizás. En estos años el Barça ganó 22 títulos nacionales y el Madrid únicamente 10 contando minucias como las supercopas. Pero el caso es que todo esto cheira mal, muy mal. El seny, el mès que un club, está tocado. Con una sombra muy fea sobre el tramo de su historia que más títulos nacionales concentró y con una serie de jugadores maravillosos e irrepetibles que están entre los mejores que ha parido el fútbol mundial.

Y es que la mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo.

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Especial Año Nuevo: Entrevista a Albert Einstein

Paciente y metódico, Albert Einstein me recibe con una mezcla de despiste y parsimonia. Lleva un jersey roído, unos pantalones que le quedan excesivamente grandes y, a su inconfundible bigote, le acompaña un pelo que hace mucho tiempo que no visita un peine. Es un honor entrevistar al físico que desarrolló la Teoría de la Relatividad y que es considerado el padre de la bomba atómica, a pesar de ser un firme defensor del pacifismo y del federalismo mundial. Estimado el científico más relevante en la historia de la humanidad junto a Isaac Newton tiene, además, el logro de ser el único científico capaz de convertirse en un icono social.

Einstein S.A.: la desconocida faceta de inventor del Nobel
Einstein

Misterdato (P): Es un honor que me haya recibido señor Einstein. Tengo que confesarle que, aunque sé que usted es un pilar básico para el desarrollo de la humanidad, no comprendo en exceso sus teorías. Siempre se dice que usted y Newton cambiaron los paradigmas conocidos. Y si bien la Teoría de la Gravedad es comprensible, no lo es tanto la de la Relatividad. ¿Podría explicarme lo de E=mc²?

Einstein (R): ¿Me puede usted explicar cómo se fríe un huevo?

P: Sí, claro.

Einstein (R): Pues hágalo, pero imagine que yo no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego.

P: Eso es imposible.

Albert Einstein (R): Si usted no tiene unos conocimientos de física y de matemáticas previos no puedo ayudarle. Es suficiente con que sepa que el sistema de posicionamiento GPS que usa continuamente es posible gracias a la Teoría de la Relatividad.

P: Sin embargo, aunque todo el mundo le conoce por dicha teoría, usted ganó el Premio Nobel por sus contribuciones al efecto fotoeléctrico.

Einstein (R): Correcto. Gracias a ello ustedes pueden usar un láser, desarrollar el código de barras, crear placas solares o algo tan banal como entrar en un ascensor o encender una farola en función de si una persona está o no está cerca. También desarrollé el Teorema de Fluctuación-Disipación cuyas ecuaciones son usadas diariamente en Wall Street.

P: Sinceramente no tengo ni idea de que me está hablando. Yo soy periodista deportivo.

Einstein (R): No entiendo entonces el motivo de esta entrevista.

P: No le falta razón…Querría hablar con usted un poco de deporte. Es algo que suelo hacer en fechas navideñas con personajes relevantes que no están ligados al mundo deportivo.

Einstein (R): La Navidad…

P: Sí. Creo que usted tiene sentimientos encontrados con el mundo religioso. Según algunos usted es ateo. Para otros es la prueba de que hay científicos que creen en Dios.

Einstein (R): Esto sí que es fácil de explicar. Procedo de una familia judía y fui criado en la doctrina de la Fe. Pero, como comprenderá, eso de que el pueblo judío es el elegido es pura superstición. En mi opinión la Biblia es una colección de leyendas venerables donde la palabra de Dios es la expresión y el producto de las debilidades humanas.

P: Por lo tanto, usted es ateo.

Einstein (R): No comprendo esa diferenciación entre religión y ciencia. La mente humana, no importa cuán altamente capacitada esté, no puede comprender el universo. Somos como un niño pequeño entrando en una biblioteca cuyas paredes están cubiertas hasta el techo de libros en diferentes idiomas. Intente usted penetrar en los secretos de la naturaleza y, detrás de todo lo perceptible, siempre encontrará algo sutil, intangible e inexplicable. Esa es mi religión. No hay leyes sin un legislador. Mi religión es una admiración hacía ese ilimitado espíritu superior.

P: ¿Agnóstico?

Einstein (R): De acuerdo.

P: Antes de entrar en materia y hablar de deporte me gustaría hacerle una última cuestión. Al igual que unos dicen que es religioso y otros que es ateo, también hay quien le considera un asesino por crear la bomba atómica y otros un pacifista por oponerse a su uso.

Einstein (R): En primer lugar, yo no creé nada. A través de mis teorías se desarrolló la bomba atómica. En segundo lugar, yo soy un pacifista convencido, pero cuando los nazis llegaron al poder me puse al servicio de los Estados Unidos para, a través del Proyecto Manhattan, crear una bomba atómica que acabase con la barbarie nazi.

P: Y después se arrepintió.

Einstein (R): Sí, creo que fue una gran desgracia. Yo escapé de Alemania porque Hitler era la encarnación del mal. Imagínese lo que me hubiese obligado a hacer si me hubiese puesto a su servicio. Usar la bomba contra el nazismo era un mal menor. Una vez eliminado Hitler no era necesario tener la bomba. Además, me di cuenta de que una vez creada una se podían crear muchas más. Me llamaron comunista cuando dije que si nosotros la teníamos también la tenían que tener los rusos, pero creía firmemente que sería bueno para el bienestar mundial. De hecho, se ha demostrado que el miedo de unos ha sido igualado por el miedo de los otros. Pero ya se sabe lo que es correcto no siempre es popular y lo que es popular no siempre es correcto. También le digo otra cosa. Roosevelt no hubiese lanzado la bomba. Fue cosa del pusilánime de Truman.

P: Hablemos si le parece sobre el deporte. Tengo entendido que usted considera al béisbol el rey de los deportes.

Einstein (R): Yo no tenía ni idea de lo que era el béisbol hasta que llegue a Nueva York en 1933. Era la época de Babe Ruth y los Yankees y quedé fascinado por el juego. Para mí es el rey de los deportes porque es bellísimamente complejo. Le diré más. Usted aprenderá la relatividad más rápido que yo aprenderé los entresijos del béisbol.

P: Me parece harto complicado. Creo que también le gustaba andar en bicicleta.

Einstein (R): En eso se equivoca. Yo dije que la vida es como andar en bicicleta, que para mantener el equilibrio debes seguir moviéndote. De esa frase alguien sacó que me gustaba andar en bici. Es falso. Como que soy un tipo solitario y alejado de mi familia o que tenía el mismo conjunto de pantalón y jersey repetido en mi armario para poner una y otra vez. Sencillamente soy un tipo tímido y de pocas palabras. Pero tengo unos hijos maravillosos y no compro ropa porque me parece algo insustancial.

P: ¿Es cierto que nunca llevaba calcetines?

Einstein (R): Lo es. Tampoco usaba el peine. Me parecía una pérdida de tiempo innecesaria. ¡Si tu intención es aprender y abrir la mente hazlo con sencillez, la elegancia déjasela a los sastres! Tanto lo uno como lo otro. Y si observa, normalmente visto con chaqueta de cuero. Eso es porque tengo alergia a la lana. ¡Y no busque muchos libros en mi biblioteca! Lo único que necesito es una papelera para poder tirar todos mis errores.

P: Volvamos al deporte. Quizás ese gusto por el béisbol se debe a que usted era un hombre paciente. El béisbol es un deporte de paso lento que requiere concentración y paciencia y donde las matemáticas forman parte de su idiosincrasia.

Einstein (R): Yo soy un hombre con mucha paciencia, aunque no me considero un buen profesor. Y es cierto que en el béisbol hace falta paciencia, pero también imaginación. No puedes repetir un mismo lanzamiento. Si quieres un resultado distinto no puedes hacer siempre lo mismo. Recuerde que la imaginación es más importante que el conocimiento.

P: Me decía antes que no era cierto lo de que le gustara andar en bicicleta. Lo que sí será cierto es que era un auténtico andarín.

Einstein (R): Efectivamente. La mejor manera de liberarse de la tensión mental es dando un largo paseo. A menudo estaba tan absorto en mi trabajo que olvidaba almorzar, pero lo que nunca perdonaba era mi paseo diario. Podía hacerlo solo o con mi mujer. En verano también me gustaba salir a navegar con mi bote. Es maravilloso para la mente.

P: Es llamativo que un científico se interese por el béisbol. En realidad, es llamativo que se interese por cualquier deporte. No suele ser una relación que tenga muchos adeptos.

Einstein (R): Al contrario. Yo simplemente era observador de un juego y me dedicaba a dar un largo paseo diario, de unos diez kilómetros, pero hay científicos que eran amplios devotos de la disciplina deportiva. Un paisano suyo, Ramón y Cajal, era un obsesionado de las pesas. Una vez perdió un pulso con un amigo y decidió fortalecer sus bíceps y sus pectorales. Tenía una circunferencia torácica de 112 centímetros.

P: Vaya.

Einstein (R): Hubble, el astrónomo, fue un gran peso pesado que dejó el boxeo para dedicarse por completo a la ciencia. Alan Turing, el matemático, corría maratones para desestresarse. Era tan bueno que estuvo a punto de ir a los Juegos Olímpicos de 1948. Su mejor marca apenas excedía en 11 minutos al ganador de aquellos Juegos. Y luego también estaba Rosalind Franklin, la descubridora del ADN, que era una atleta de primer nivel. Destacaba en cricket, tenis, ciclismo y hockey.

P: Interesante. Una última cuestión, señor Einstein. Usted es, entre otras cosas, un icono del pop tras aquella famosa fotografía con la lengua de fuera. ¿Me podría explicar cómo se le ocurrió posar así?

Einstein (R): Fue tras una cena. Había ido a un restaurante a celebrar mi 72º cumpleaños. A la salida había un montón de periodistas y me saqué la lengua con la idea de que las fotos fuesen malas y no las publicasen. Y ya ve, luego se convirtió en mi imagen más célebre. ¡Qué le vamos a hacer!

P: Ha sido un placer señor Einstein. Ya sé que no he estado a la altura, espero por lo menos haber sido de su agrado.

Einstein (R): No se martirice. Recuerde que todos somos muy ignorantes, lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas. Y recuerde, el día que usted se muera no sabrá que está muerto y no sufrirá por ello, pero será duro para los que lo rodean… Lo mismo sucede cuando eres un imbécil.

Albert Einstein: cómo el científico organizaba su tiempo (y por qué a veces  se olvidaba hasta de almorzar) - BBC News Mundo
Albert

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“Me veo en los cromos vestido de blanco y me da un no sé qué”. “Para un jugador del Barça es gratificante que le piten en el Bernabéu”. “No me acerco ni diez metros a una televisión ni borracho”. “A mí me vale el ritmo, me va la adversidad, porque soy gilipollas”. “Si no te gusta mi estilo me importa un bledo, por decirlo de manera educada”. “Los catalanes son la hostia y están adelantados a los españoles en general”. “Pregunta lo que quieras y yo contesto lo que me apetezca”. “¿Hablar con la prensa? Para mí es un juego de niños”. “Pletórico es un adjetivo calificativo para decir como estoy”. “Soy el mejor seleccionador que hay sobre la faz de la tierra”. “En todos los vestuarios hay un gilipollas”. “¿Convocados? El que tengo aquí colgado”.

Luis Enrique Martínez es un chaval poligonero. No es despectivo. Es el nombre del barrio gijonés donde creció a caballo entre los 70 y los 80. Los años del Naval Xixón, de las barricadas en los altos hornos, de los neumáticos quemados a la entrada de los astilleros. De un tipo de vida que fue y que finalizó por obra y gracia de la Unión Europea. Luis Enrique era un chulo, un ‘playu’, uno de esos lideres del barrio que no se achanta ante nadie. Un tipo con lengua viperina, que va de frente y que todo lo sabe. Cuando el Madrid pagó al Sporting 250 millones por su fichaje lo primero que hizo fue comprarse un deportivo rojo. Lo mismo que tantos y tantos hicieron antes y harán después. Pero Lucho hizo algo más. Se encargó de pasar una tarde calle arriba y calle abajo cruzando el Polígono para que todos vieran quien conducía ese Opel Calibra rojo recién estrenado.

No hace falta que me extienda mucho más para explicar quién es. Jugador de Sporting de Gijón, Real Madrid y FC Barcelona. Reconocido entrenador de los azulgranas y seleccionador nacional. Se trata de Luis Enrique Martínez. Persona maleducada, irrespetuosa y soberbia para algunos. Divertida, sincera y graciosa para otros. Para mí, por cierto, encaja mejor con la primera definición. El caso es que Luis Enrique no deja indiferente a nadie. No existen las medianías con él. Pero no es de Luis Enrique de quien voy a hablar en este artículo, aunque parezca lo contrario.

Vamos a hablar de periodismo.

A Luis Enrique le ha dado por hacer de streamer durante el Mundial de Qatar. ¿Qué es un streamer? Es un anglicismo derivado de la palabra ‘streaming’ que consiste en emitir contenido audiovisual en primera persona, sea en directo o grabado, para compartir ideas, entretenimiento u opiniones con quien se desee. Y aquí está la madre del cordero. Es un mensaje entre el que quiere enviar información y el que la quiere recibir sin que exista un intermediario. Sin que exista un periodista.

He aquí el problema. La profesión periodística ha estallado contra la decisión de Luis Enrique. Ya no era santo de devoción de los medios, pero tras lo del streaming menos todavía. Argumentan que es una forma de Luis para cobrarse facturas y para demostrarle a la prensa que es del todo innecesaria necesaria. Os provoco porque me sois inútiles, viene a decir el seleccionador.

El Sporting, con Luis Enrique y La Roja | El Comercio
Lucho

La realidad es que la decisión de Luis Enrique obedece a dos circunstancias. La primera es su predisposición a atribuirse el mensaje y ser el foco de los medios para llamar la atención y descargar de responsabilidades a sus jugadores. Cuenta Ronaldo Nazario que cuando le dio por hacerse aquel estrafalario peinado en el Mundial de Corea lo hizo porque la prensa debatía sobre si podría jugar la final tras una lesión muscular durante la semifinal. Fue hacerse aquel esperpéntico triángulo en el pelo y nadie volvió referirse a la lesión. Luis Enrique forma parte de esta estirpe de entrenadores que convoca a una cohorte de legionarios que moriría por el centurión a cambio de recibir por ellos todos los golpes venidos del exterior.

La segunda realidad obedece al hecho de comunicar un mensaje. Lo que hace Luis Enrique es, con perdón de la expresión, más viejo que cagar. Se llama comunicación corporativa. Desde que Julio César escribiera en primera persona su crónica sobre la invasión y toma de la Galia por parte del ejército romano hasta que en tiempos presentes a Hugo Chávez le dio por formar su propio programa de televisión bajo el nombre en ‘Aló Presidente’, la comunicación corporativa se basa en controlar el mensaje que queremos transmitir a nuestros clientes (nuestro público). Es lo que hacen las empresas, tanto de forma interna como externa, pero también los particulares, desde el mismo momento en que ellos tienen conciencia por sí mismos ser un hecho noticiable.

Si bien la comunicación corporativa es antigua, el hecho de que un individuo actúe por sí mismo sin la existencia de filtros de forma masiva es reciente. Se debe a la popularización de las redes sociales y a los diferentes canales surgidos gracias a internet, pero también a la existencia de representantes e ingresos ajenos a la práctica deportiva que han convertido al deportista en una empresa. Mientras los deportes minoritarios y los deportistas semi anónimos buscan desesperados a la prensa para contar su relato y obtener visibilidad, una centena de deportistas de élite renuncian a los medios tradicionales sabiéndose poseedores de la potestad de poder controlar el relato y así poder comunicarse con sus seguidores sin intermediarios.

Ese es el quid de la cuestión. El intermediario. Esa es la labor del periodista. Filtrar, interpretar, analizar y transmitir la información al receptor para que este tome sus propias decisiones. Y son dos partes irremplazables e interconectadas. El periodista tiene que coger ese bruto, ponerle forma y a partir de ahí transmitir una idea. Pero ojo. El receptor no debería tomar la palabra del periodista como la palabra de Dios, sino aceptarla y compararla con otras interpretaciones y después tomar una decisión propia.

Esa es pues la función del periodista. La de masticador de la realidad. El receptor no tiene por qué saber de todo y, aunque tenga acceso prácticamente ilimitado a cualquier información a través de la red, ni tiene tiempo para consumirlo todo ni tiene capacidad analítica para interpretar todo lo que le llega. Es por eso que la labor del periodista ni ha desaparecido ni va a desaparecer, porque sin periodista no existe interpretación alguna.

El problema es que el periodista, los medios y la profesión en su totalidad hace tiempo que han dejado de practicar el periodismo. ¿Qué diferencia hay entre en una rueda de prensa y un directo de Twitch? Ninguna si las preguntas están teledirigidas. ¿Qué valor tiene una comparecencia sin preguntas? ¿Qué valor tiene una hagiografía, una entrevista en la que solo hay baño y jabón? No hay entrevistas incisivas, no hay denuncia, no hay investigación. Todo es griterío, espectáculo y oda al deportista. No existen los ataques con fundamento ni la denuncia como sustento.

¿Qué Luis Enrique es streamer? De puertas afuera hay crítica e indignación por la falta de respeto contra la profesión. De puertas adentro es la felicidad absoluta. Cuantas más plataformas, mejor. Cuanto más se hable, más fácil es rellenar parrillas informativas. Twitch no da información, pero da titulares. Los primeros que siguen a Luis Enrique son aquellos que lo critican. No existe forma más sencilla de conseguir contenidos. Podemos saber lo que piensa, cuál es su estado de ánimo, como está la moral de los jugadores, que sucede en la concentración…

A la hora de publicar este artículo España está a las puertas de disputar los octavos de final del Mundial ante Marruecos. De cómo y hasta donde llegue la selección influirán las críticas a Lucho. Una de las más recurrentes es que el deportista metido a streamer (Luis Enrique en este caso) pierde el tiempo con estos asuntos en vez de centrarse en su trabajo. No obstante, ¿no es tan cierto que la hora y media que pasa Luis Enrique como streamer la hubiese pasado en otros tiempos entrando en directo primero en la COPE, luego en la SER, después en Onda Cero, más tarde en RNE y para acabar en Radio Marca? ¿Si las cosas van mal, lo criticarán? Claro. ¿Y si no lo hiciera? Seguro que también.

Luis Enrique debuta en Twitch: "Me gusta mucho lo de Luis Padrique" | Onda  Cero Radio
Twitchenrique

Así visto parece que el deportista que decide ser su propio medio de comunicación tiene todas la de ganar. Pero no es oro todo lo que reluce. Iniciar una fuente de preguntas abiertas a todo el mundo obliga a contestar a todos, algo imposible por gustos (haters) o por tiempo. Y, sobre todo, abre un melón informativo en el que todo vale. Si el Luis Enrique de turno permite que el internauta le pregunte sobre su mujer, sobre lo que come, sobre sus vacaciones, sobre el sexo entre su hija y su yerno, o sobre si es hijo de Amunike, da carta blanca al periodista para abrir un melón peligroso en el que se le pueda preguntar lo que se quiera. Decidir exponer tu vida privada al público por decisión propia legitima al periodista a meter las narices en el asunto.

Y ese es un punto de no retorno.

No sabemos si Luis Enrique seguirá como seleccionador después del Mundial. Como dije hace unas líneas dependerá de lo que pasé los próximos días. Pero haga lo que haga en el futuro lo que es seguro es que seguirá haciendo el cabra. Y como él tantos y tantos que reniegan de los medios para transmitir su mensaje. Es legítimo y hasta es beneficioso para el periodista porque tiene más material que comunicar. Pero es peligroso tanto para la profesión como para el receptor. Que el receptor no sea consciente de ello es razonable. Que el periodista no sea capaz de hacer entender al receptor de la importancia de su trabajo es decepcionante. Pero que ni los periodistas ni los medios no sean capaces de ejercer de informantes es humillante e indignante para la profesión.

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Historia contrafactual del Balón de Oro de los defensas (1930-2022)

Volvemos con una de las secciones favoritos de mis pocos, pero fieles lectores. Las historias contrafactuales. Este año 2022 es el año de la revolución del Balón de Oro. Por vez primera contará la temporada natural en lugar del año natural. Un cambio en el modelo que era clamor popular desde hace décadas. Lástima que coincida con la aberración de hacer un Mundial en noviembre lo que, sin duda alguna, acabará desvirtuando al ganador.

El caso es que el Balón de Oro volverá a coronar al mejor jugador del mundo. Un jugador que irremediablemente será ofensivo. Así ha sido en la inmensa mayoría de las ocasiones. Únicamente Lev Yashin (1963), Franz Beckenbauer (1972 y 1976), Lotthar Matthäus (1990), Matthias Sammer (1996) y Fabio Cannavaro (2006) rompen con el estereotipo.

Sabedor de la querencia de público y crítica por el futbolista ofensivo determinante, ‘France Football’ decidió acertadamente crear un premio específico para porteros en 2019 bautizado con el nombre de Lev Yashin en honor al único arquero capaz de ganar el galardón general. La idea, aun siendo buena, imposibilita de facto que un guardameta venza en el Balón de Oro.

¿Y qué pasa con los defensas? La posibilidad de que un jugador de corte defensivo gane un premio individual es ínfima. Y las veces que ha ocurrido se ha minusvalorado tal logro. El triunfo personal de un defensa se asocia a una victoria colectiva falta de brillo e interés. La Italia de Cannavaro a la Alemania de Sammer son recordados como conjuntos rocosos y soporíferos y sus trofeos personales como los más baratos jamás otorgados. A Matthäus lo salva su buena prensa, sus latigazos desde fuera del área y la mística de la reunificación germana de 1990. Sólo Beckenbauer pisaba la hierba con ternura. Jugó de libero porque le dio la real gana, pero podía haber sido lo que hubiese querido. Y, con todo, pocos perdonan que aquella Alemania venciese a los Países Bajos de Cruyff o que aquel Bayern derrotase al fútbol champagne del Saint Étienne.

West Germany 1974: Beckenbauer pulls strings on and off the pitch | Sports  | China Daily
El Kaiser

Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.

Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.

Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro de defensas he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.

Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. La mayoría no sabe, por ejemplo, que la Copa de Europa no cogió vuelo hasta unos cuantos años después de empezar. El vuelo se lo dio precisamente el Real Madrid ganando cinco de forma consecutiva, pero su valor era ínfimo comparado con el presente. Si uno tiene un poco de consideración por el pasado sabrá que los encuentros amistosos internacionales eran considerados como pequeñas copas del mundo y era en ellos donde se veía el verdadero nivel de los grandes futbolistas. Y uno también sabrá que la diferencia entre las ligas era mínima. Ser el defensa más destacado en Austria tenía al menos tanta importancia como tendría en España.

Para los escépticos es importante señalar que la diferencia Europa-América no será efectiva hasta mediados de los 60. El milagro económico de la posguerra hará que Europa pase por encima de Sudamérica, lo que, como no podía ser de otro modo, se reflejará en la industria futbolística. El proceso culminará en los 90 con la aprobación de la Ley Bosman y la ruina definitiva de las ligas de fútbol iberoamericanas. Pero entre 1930 y 1960 el nivel de equipos y jugadores sudamericanos y europeos occidentales era parejo. De hecho, en los años 40 la preponderancia del fútbol latinoamericano fue total frente a una Europa que estaba desmembrándose en el campo de batalla.

Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, UEFA, Conmebol y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS, Balón de Oro, ‘World Soccer’, ‘El Gráfico’, ‘Don Balón’ o ‘Guerin Sportivo’. Tan solo he decidido tomarme la licencia de darle el Balón de Oro de los defensas de 2004 a Roberto Ayala en lugar de a Traianos Dellas, sorprendentemente vencedor con la selección griega de la Eurocopa de aquel año y considerado por todos los organismos oficiales el mejor ‘stopper’ de aquella temporada.

Dellas back in Greek fold - Eurosport
El efímero Dellas

Decía en párrafos anteriores que no se puede comparar épocas distintas, pero sí sujetos en el mismo espacio tiempo. Eso hace que fuera de series como Elías Figueroa o Héctor Chumpitaz no cuenten con ningún trofeo al coincidir con el tiempo con Franz Beckenbauer (1971, 1972, 1973, 1974, 1975 y 1976). Por parte contraria, futbolistas históricamente menores como Carlos Sosa tienen dos (1944 y 1946) porque destacaron en un mundo donde el fútbol se esfumó por culpa de la II Guerra Mundial.

Del mismo modo, hay equipos cuyo sistema defensivo será recordado y admirado hasta el fin de los tiempos donde un solista acalló las virtudes del resto de la orquesta. El interista Tarcisio Burgnich, el juventino Claudio Gentile o el milanista Alessandro Nesta no poseen ningún trofeo al acabar eclipsados por sus compañeros de equipo y de selección Giacinto Facchetti (1963, 1964, 1965 y 1968), Gaetano Scirea (1982 y 1984) y Paolo Maldini (1994, 1995, 2003 y 2005) respectivamente.

Todos estos defensas son excepcionales y todos son fruto de la evolución de la posición. ¿Es mejor Cafú de lo que fue Djalma Santos? Quizás sí. Es más grande, más rápido, más flexible, está mejor entrenado y lleva desde niño preparándose física y mentalmente para ser un deportista de élite. Pero si Djalma no hubiese sido el primer lateral derecho de largo recorrido de la historia de la selección brasileña quizás nunca hubiesen surgido los Carlos Alberto, Roberto Carlos o Marcelo del futuro.

He tenido que realizar diversos malabares para adecuar que es un defensa. Lo he acotado como cualquiera de los miembros de la primera línea de jugadores por delante del portero. Entiendo que meter en la misma categoría a Dani Alves, Daniel Passarella o Philip Lahm es sumamente complicado. Espero que se entienda la intencionalidad de que cualquiera de estos futbolistas tiene como primer cometido mirar hacia su propia portería antes de abalanzarse hasta la contraria.

De igual modo ha habido que descartar a diversos futbolistas por no formar parte de esa primera línea defensiva. Es el caso de Ernst Ocwirk, Valeri Voronin, Gerhard Hannapi, Paul Breitner, Javier Mascherano o Joshua Kimmich. Todos ellos han sido candidatos a formar parte de los ganadores de esta historia contrafactual, pero han sido descartados porque en los años donde podían haber salido victoriosos jugaban como centrocampistas. En el caso concreto de Mascherano en 2015 es cierto que formaba como central en el Barça, sin embargo, era pivote con Argentina.

Otros como Beckenbauer o Matthäus podrían tener unos cuantos trofeos más pero solo se le han contabilizado los años en los que jugaron como defensas. En el caso del ‘Kaiser’ su dominio podría ser apabullante, pero en sus primeros años formó como un fenomenal volante. Por último, quiero hacer una pequeña mención a jugadores que no salen en este listado como Robert Jonquet, Joan Segarra, Silvio Marzolini, Luiz Pereira, Manuel Amorós, Eric Gerets, Miodrag Belodedici, Giorgio Chiellini o a David Alaba, al que le doy el galardón de 2020 y al que le hubiera dado el de 2022, aunque ‘France Football’ ha considerado que el mejor defensa de este año ha sido el central neerlandés Virgil van Dijk.

Supercopa de España: La puntualidad de David Alaba | Deportes | EL PAÍS
David Alaba

Así pues, vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro defensas. Además de haber sido grandes futbolistas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.

Los ganadores entre 1930 y 2022 serían los siguientes:

1930 José Nassazi (Uruguay) CA Bella Vista

1931 Umberto Caligaris (Italia) Juventus FC

1932 Jacinto Quincoces (España) Real Madrid

1933 Jacinto Quincoces (España) Real Madrid

1934 Eddie Hapgood (Inglaterra) Arsenal FC

1935 José Nassazi (Uruguay) Nacional Montevideo

1936 Eddie Hapgood (Inglaterra) Arsenal FC

1937 Miguel Andreolo (Italia) Bolonia FC

1938 Alfredo Foni (Italia) Juventus FC

1939 Joe Mercer (Inglaterra) Everton FC

1940 Paul Janes (Alemania) Fortuna Düsseldorf

1941 Miguel Andreolo (Italia) Bolonia FC

1942 Domingos da Guía (Brasil) CR Flamengo  

1943 Domingos da Guía (Brasil) CR Flamengo

1944 Carlos Sosa (Argentina) Boca Juniors

1945 Domingos da Guía (Brasil) SC Corinthians

1946 Carlos Sosa (Argentina) Boca Juniors

1947 Neil Franklin (Inglaterra) Stoke City

1948 Erik Nilsson (Suecia) Malmoe FF

1949 Johhny Carey (Irlanda) Manchester United

1950 Jose Bauer (Brasil) Sao Paulo

1951 Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton

1952 Gyula Lorant (Hungría) Honved

1953 Mihaly Lantos (Hungría) MTK Budapest

1954 Gyula Lorant (Hungría) Honved

1955 Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton

1956 Igor Netto (Rusia) Spartak Moscú

1957 Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton

1958 Nilton Santos (Brasil) Botafogo FR

1959 Nilton Santos (Brasil) Botafogo FR

1960 José Santamaría (España) Real Madrid

1961 Germano (Portugal) SL Benfica

1962 Djalma Santos (Brasil) SE Palmeiras

1963 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1964 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1965 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1966 Bobby Moore (Inglaterra) West Ham

1967 Roberto Perfumo (Argentina) Racing Avellaneda

1968 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1969 Karl-Heinz Schnellinger (Alemania) AC Milan

1970 Carlos Alberto (Brasil) Santos FC

1971 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1972 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1973 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1974 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1975 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1976 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1977 Berti Vogts (Alemania) Borussia Mönchengladbach

1978 Daniel Passarella (Argentina) River Plate

1979 Ruud Krol (Países Bajos) AFC Ajax

1980 Karl-Heinz Forster (Alemania) VFB Stuttgart

1981 Junior (Brasil) Flamengo FC

1982 Gaetano Scirea (Italia) Juventus FC

1983 Manfred Kaltz (Alemania) Hamburgo SV

1984 Gaetano Scirea (Italia) Juventus FC

1985 Hans-Peter Briegel (Alemania) Hellas Verona

1986 Óscar Ruggeri (Argentina) River Plate

1987 Andreas Brehme (Alemania) Bayern Münich

1988 Ronald Koeman (Países Bajos) PSV Eindhoven

1989 Franco Baresi (Italia) AC Milan

1990 Andreas Brehme (Alemania) Inter Milan

1991 Giuseppe Bergomi (Italia) Inter Milan

1992 Ronald Koeman (Países Bajos) FC Barcelona

1993 Franco Baresi (Italia) AC Milan

1994 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

1995 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

1996 Matthias Sammer (Alemania) Borussia Dortmund

1997 Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid

1998 Marcel Desailly (Francia) AC Milan / Chelsea FC

1999 Cafú (Brasil) AS Roma

2000 Lilian Thuram (Francia) Parma FC

2001 Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid

2002 Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid

2003 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

2004 Roberto Ayala (Argentina) Valencia CF

2005 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

2006 Fabio Cannavaro (Italia) Juventus FC / Real Madrid

2007 Dani Alves (Brasil) Sevilla FC

2008 Nemanja Vidic (Serbia) Manchester United

2009 Carles Puyol (España) FC Barcelona

2010 Carles Puyol (España) FC Barcelona

2011 Gerard Piqué (España) FC Barcelona

2012 Sergio Ramos (España) Real Madrid

2013 Philipp Lahm (Alemania) Bayern Münich

2014 Philipp Lahm (Alemania) Bayern Münich

2015 Gerard Piqué (España) FC Barcelona

2016 Pepe (Portugal) Real Madrid

2017 Sergio Ramos (España) Real Madrid

2018 Raphaël Varane (Francia) Real Madrid

2019 Virgil Van Dijk (Países Bajos) Liverpool FC

2020 David Alaba (Austria) Bayern Münich

2021 Leonardo Bonucci (Italia) Juventus FC

2022 Virgil van Dijk (Países Bajos) Liverpool FC

Ante lo cual, y según la historia contrafactual formulada, la lista de los más laureados defensas con el Balón de Oro (1930-2022) sería la siguiente:

1. Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich (1971, 1972, 1973, 1974, 1975 y 1976) 6

2. Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan (1963, 1964, 1965 y 1968) 4

2. Paolo Maldini (Italia) AC Milan (1994, 1995, 2003 y 2007) 4

3. Domingos da Guía (Brasil) CR Flamengo / SC Corinthians (1942, 1943 y 1945) 3

3. Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton (1951, 1955 y 1957) 3

3. Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid (1997, 2001 y 2002) 3

Giacinto Facchetti - Wikipedia, la enciclopedia libre
Facchetti (63, 64, 65, 68)

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Los siete balones de Oro de Pelé (¿y si ‘O Rei’ pudiese haber ganado el Balón de Oro?)

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El show de Perico

El Tour de 1989 comenzaba con un gran favorito. No era otro que Pedro Delgado. El escalador segoviano era el vigente campeón del Tour y apenas un par de meses atrás había vitoreado en la Vuelta. Había progresado notablemente en las contrarrelojes y mantenía su mística relación con la alta montaña. De hecho, su triunfo en España se finiquitó en una clara victoria en la crono final de Medina del Campo. En la lista de notorios también estaban tres campeones del Tour; Laurent Fignon (1983 y 1984), Greg Lemond (1986) y Stephen Roche (1987), pero todos ellos parecían por detrás del español porque, ya fuese de una forma u otra, las lesiones habían cercenado sus carreras. Ya más lejos quedaban el francés Charly Mottet o el irregular escalador colombiano Lucho Herrera.

Aquel año el Tour realizaba un recorrido contrario a las agujas del reloj. Se salía de Luxemburgo para pasar las primeras etapas en tierras belgas. Luego traslado aéreo hasta Normandía para recorrer la costa atlántica dirección sur hasta tropezar con los Pirineos. Transición por la Provenza, los colosos de los Alpes y fin de fiesta en Paris. La salida tendría lugar el 1 de julio en Luxemburgo. Era la primera vez que la ‘Gran Depart’ se acometería en el Gran Ducado, un minúsculo país incrustado entre Alemania, Bélgica y Francia.

Se trataba de una etapa prólogo. Una contrarreloj de 7.800 metros de longitud con salida en una rampa con cabina acristalada colocada en la Plaza de Paris y meta en la amplía Avenida de la Libertad. El cielo es gris, pero es capaz de contener la lluvia. Como vigente ganador del Tour, Pedro Delgado saldrá el último. Lo hará con el número 1 a la espalda de su maillot. Su turno será a las 17.17 hora local.

Justo antes que Perico el corredor que tiene que salir es el irlandés Sean Kelly. Lo hace un minuto antes que Delgado. En ese momento lo normal es que el ciclista del Reynolds estuviese cercano a la rampa, en la escalerilla que da acceso al soporte desde donde dos jueces lo mantendrían en vertical antes de liberarlo.

Pero Pedro no está.

En la escena se ve a un hombre haciendo aspavientos. Se trata de Carlos Vidales, su mecánico de confianza, desesperado al no encontrar por ningún lado al vigente ganador del Tour. También exasperado, pero básicamente con un cabreo de tres pares de c… está José Miguel Echávarri, director del equipo, y que espera al volante del coche que va a seguir durante toda la etapa el recorrido del ciclista segoviano.

Los segundos pasan volando.

Y Perico sigue sin aparecer.

Son las 17.17 horas. Los jueces ponen el crono en marcha. Un señor de llamativa americana de color rojo encoge los hombros en señar de incredulidad. Detrás de él otro juez de corte marcial echa un vistazo a su reloj mientras dicta sentencia con su mirada. Echávarri sale del coche como pollo sin cabeza y pega gritos a los cuatro vientos. Vidales había desaparecido de la escena mientras proclamaba el nombre de ¡Perico! con la ayuda de las decenas de periodistas que salen tras él.

El caso es tremebundo. Aparece también en escena Arturo Romaní, vicepresidente del Banco Español de Crédito (Banesto), que estaba en el Tour para firmar el acuerdo por el que Reynolds, el equipo navarro del papel de aluminio, se iba a convertir en el gigante Banesto. Romaní no entiende nada. ¡Pero es que nadie entiende nada!

De pronto una estela amarilla ilumina el plomizo día luxemburgués. Con pelo ensortijado, cinta envolviendo la cabeza y bicicleta con rueda lenticular trasera, se abre paso Pedro Delgado. Atolondrado, se enfrenta a las cámaras de televisión y a los fotógrafos de la prensa. Hay codazos, insultos y kilos y kilos de tensión hasta que Perico aparece en la rampa.

Se baja de la bici y sube con ella a cuestas la escalerilla. Se sienta. Recibe el empujón del juez principal y comienza la etapa.

Lo hace a las 17.19 horas de la tarde y 26 segundos. O lo que es lo mismo. Con dos minutos y 26 segundos de retraso.

La bronca que le cayó a Vidales debió ser de aúpa. Lo cierto es que había sido Delgado el que le había dicho al mecánico que quería estar solo, por lo que Vidales se acercó a atender a William Palacio, colombiano del equipo Reynolds. Aunque peor debió de ser la diatriba que Romaní hubo de echarle a Echávarri preguntándose donde narices estaba invirtiendo su dinero.

El neerlandés Erik Breukink ganó el prólogo y se vistió con el maillot amarillo. Entre los favoritos los mejores situados fueron Greg Lemond y Laurent Fignon, ambos a seis segundos de Breukink. A la misma distancia también quedó Sean Kelly. Mottet llegó nueve segundos más tarde e Induráin lo hizo a 10 segundos del vencedor de la etapa. Con todo lo sucedido, los nervios, la rabia y la tensión, Pedro Delgado no hizo mala contrarreloj al acabar a 14 segundos de distancia del vencedor.

A 14 segundos si no se tiene en cuenta el retraso inicial.

Pedro Delgado, el vigente ganador del Tour, comenzaba el Tour de 1989 como farolillo rojo a 2’40’’ del maillot amarillo.

Una auténtica burrada tras menos de ocho kilómetros de Tour a sus espaldas.

Delgado cruza la línea de meta y una horda de periodistas acude a su encuentro. Se muestra sonriente, sereno. Podría ser una cara de póker, pero para aquellos que conocen a Perico no es más que su pose habitual. Simpático y cercano, su éxito lleva años fraguándose tanto dentro como fuera de las carreras. Lo que en otros podría parecer impostura, en Perico es naturalidad. Atiende a Televisión Española con una media sonrisa y explica que lo sucedido ha sido un despiste. Un estúpido despiste del que sólo él tiene culpa. Mas se muestra confiado y tranquilo a pesar del tiempo perdido y argumenta que por delante hay 21 etapas y más de 3.000 kilómetros de recorrido para darle la vuelta a la situación.

Pocos hubiesen tomado con tal naturalidad semejante error. Pero así era Delgado. Jocoso, simpático, despistado y alocado. ‘Le fou’. Ese fue el apodo que años atrás le pusieron en Francia tras un descenso a tumba abierta por los Pirineos a más de 90 km/h con la cabeza besando la rueda delantera. Perico era una celebridad por su forma de correr y por valorar con la misma naturalidad las victorias y las derrotas.

Pero tan sencilla explicación no era válida en un mundo racional. ¿Cómo narices va a llegar tarde a la salida el deportista principal del mayor espectáculo ciclista jamás realizado? Lo cierto es que entonces no existía una separación estricta entre deportistas, prensa y espectadores como ocurre en la actualidad. La delimitación con vallas era precaria. Además, el caos solía ser especial cuando las etapas salían o llegaban fuera de Francia, donde los países se veían superados por el volumen de gente y mercancías que mueve el Tour. Era la primera vez que el Tour salía de Luxemburgo y no existía ni el rigor ni la disciplina ni la meticulosidad necesaria para llevar todo a buen puerto.

No obstante, la culpa era de Perico. Tampoco había que darle más vueltas. En una contrarreloj en una Paris-Niza estuvo a punto de pasarle lo mismo. Entonces no existían los rodillos para hacer calentamiento, por lo que a Delgado le gustaba estirar las piernas y forzar el tiempo al máximo. Como había hecho su tocayo, estuvo jugando con el lobo hasta que acabó comiéndose a las ovejas.

Perdidos: cuando el ciclista no llega
Inexplicable

Durante esos primeros días la prensa se hizo eco de varias posibles causas del famoso despiste intentando dar explicación a lo inexplicable. Se dijo que Perico había llegado tarde porque estaba tomando un café. También se comentó que el retraso se debía a una amenaza de atentado por parte de ETA. Fuera de España se insinuó que la tardanza había sido pactada con la organización del Tour para compensar el cerrar de ojos por un positivo por dopaje en la edición del año anterior, donde Perico había salido victorioso. Otra parte de la prensa aceptó las explicaciones de Perico y sencillamente se dedicaron a llamar tonto al segoviano. Lo cual, por cierto, no era faltar a la verdad.

Con los años la versión oficial de que simple y llanamente había sido un despiste salió victoriosa. No obstante, hubo un ‘casus belli’ que permitió a Delgado salir del paso. El día anterior Romaní había traído un obsequio en nombre de Mario Conde, director de Banesto, para todos los componentes del equipo. Se trataba de un reloj con tres agujas en forma de B, una blanca, otra azul y la última roja, cumpliendo con los colores del nuevo patrocinador. Era original, pero no era demasiado práctico para conocer la hora. Ni a Delgado ni al resto del equipo les entusiasmaba el reloj, pero se vieron en la obligación de usarlo durante el prólogo como acto de buena fe. El caso es que Delgado intuyó en esas agujas que tenía diez minutos de margen…y el resultado es historia.

Sonriente y despreocupado Delgado dejó pasar la tarde esperando que el trascurrir del tiempo volviese poner todo a su sitio. Error. Llegó el ocaso y la tensión hizo estallar todo en mil pedazos. Jodido, no pegó ojo en toda la noche. Primero serio, después triste y finalmente lloroso, se dio cuenta de que la cagada había sido hercúlea. La culpa se hizo suya. Porque jamás culpó a nadie del estropicio. Siempre se culpó a sí mismo. Aquella larguísima noche de insomnio se vio entre la espada y la pared. Se le ofreció un somnífero, pero lo rechazó. Ya había probado la medicina de Morfeo cuando abandonó el Tour de 1986 tras el fallecimiento de su madre y tras la acusación de dopaje del Tour del año anterior, pero en este caso rechazó la pastilla. Tenía que mantener hacia el exterior la imagen de que estaba bien, de que no había ningún problema.

Sin pegar ojo, un Delgado con muy mala cara se presenta la mañana del 2 de julio para disputar la segunda etapa del Tour. Nadie cuenta con que vaya a ganar la carrera, pero sí en que se convierta en el agitador oficial, en el hombre que a base de espectáculo determine quién y cómo la ganará. La prensa acorrala al segoviano, pero esta vez sin éxito. No hay sonrisas ni contestaciones dicharacheras. Solo respuestas secas y rostro circunspecto.

La segunda etapa contaba con dos sectores. Práctica habitual en el Tour de hace décadas, consistía en una etapa en línea matutina y en una contrarreloj vespertina. En este caso era una vuelta por el Gran Ducado de unos 150 kilómetros y una crono por equipos por los alrededores de la ciudad de Luxemburgo de 46 kilómetros. Y será en la crono donde se le vean las costuras a Perico. La tensión y la falta de sueño harán que a diez kilómetros del final se quede. El Reynolds tiene que aflojar el ritmo e Induráin y Gorospe se ponen a su lado para protegerlo. La carretera tiende ligeramente a bajar y parece que el problema se soluciona, pero en el siguiente repecho Delgado vuelve a quedarse. Es el quinto ciclista el que marca el tiempo en la crono por equipos y existía la opción de abandonarlo a su suerte. Pero por entonces nadie se planteaba dar todos los galones a Induráin. A fin de cuentas, Delgado seguía siendo el vigente ganador del Tour.

Parlamento Ciclista - Pedro Delgado Robledo - El Baúl de los Recuerdos
Reynolds 1989

Total, que sus compañeros le esperan y traspasan la línea de meta con Delgado formando parte de los nueve ciclistas del Reynolds. El equipo navarro es el último en la contrarreloj. A 4’32’’ del Super-U de Laurent Fignon. El francés le sacaba ya a Perico 7’20’’ en la general. Era la segunda etapa y el Tour era una quimera.

Y aun hubo más. Antes de la jornada de descanso de tres días después, el Tour tenía que afrontar dos larguísimas etapas de 250 kilómetros por tierras belgas. Fignon se encargaría de colocarse en paralelo de Delgado para hacer ‘trash-talking’ y recordarle una y otra vez al español que había tirado el Tour por la borda. Todo aquello minaba la moral de un Delgado que malgastaba fuerzas en ataques sin sentido contra el pelotón buscando la heroica ante las risas del parisino.

Tras la jornada de descanso, Delgado realizó una descomunal contrarreloj en la que prácticamente igualó los tiempos de Lemond y Fignon, dos consumados especialistas. Después llegaron los Pirineos con exhibiciones día sí y día también de Delgado y con victoria de etapa de un Induráin que pedía paso. Luego Perico se consolida como el mejor en la subida al Alpe d’Huez, culminando una prodigiosa remontada desde el último puesto de la clasificación que lo lleva al tercer lugar de la clasificación general.

Greg Lemond gana el Tour de Francia de 1989 tras una emocionante contrarreloj final por tan solo ocho segundos de ventaja a Laurent Fignon. Pedro Delgado es tercero a 3’34’’ del estadounidense. Les ha quitado más de tres minutos a ambos si descontamos lo perdido en las dos primeras etapas.

Aquel Tour tenía que haber sido de Perico.

Perico más fuerte y Lemmond más listo. Fignon el pupas - La Grada Sports
Fignon, Lemond y Delgado

Cuando al año siguiente Pedro Delgado se presente en Poitiers, en el parque temático de Futuroscope, para acometer el prólogo del Tour de 1990 las preguntas son inevitables. Con esa actitud desenfadada, delgadiana, podríamos decir, ante la vida, comenta ante los medios que había pedido salir ese año a la organización del Tour con 2’40’’ de ventaja. Con el tiempo el propio Delgado fabricará sus propios memes en cada una de las entrevistas que le hagan. Una vez diría que le había detenido la policía por culpa de una infracción de tráfico. Otra vez que se había ido a calentar con una chica. En cierta ocasión dijo que había sido abducido por un OVNI. Daba igual si tenía gracia o no, pero Pedro Delgado siempre consiguió darle normalidad a un suceso del todo anormal.

“Nunca me sentí tan bien como aquel año, ni siquiera el año que gané el Tour. Fue mi ocasión perdida. Me encontraba tan bien físicamente que andaba con una pierna”. Pedro Delgado sobre el Tour de Francia de 1989.

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Sara Estévez

Sara había estudiado taquigrafía, mecanografía y contabilidad y sólo la Guerra Civil le impidió realizar estudios universitarios. El caso de Sara era extraño. Una mujer formada y capaz en los lúgubres años 40, los del miedo y el hambre. Sara tenía una buena posición, pero era de todo menos una afortunada. Huérfana de padre desde que era un bebé, vio como la mitad de sus ocho hermanos fallecerían antes de la mayoría de edad. Una de sus hermanas era maestra y sería quien se ocuparía de enseñarle a leer y a escribir.

Cuando las tropas de Franco entraron en Bilbao, Sara fue escogida junto a otros cientos de chicas para una exhibición gimnástica en San Mamés. Era la primera vez que entraba en el coliseo rojiblanco. Tenía 12 años. De ahí surgiría un flechazo. Cuando con 19 años cobre la paga del 18 de julio pasará a ser abonada del Athletic. Eran los años de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza. Años en los que el Athletic ganaba títulos por doquier y época donde los banderines del Athletic se exhibían con gran profusión en cafeterías y bares a lo largo y ancho de España.

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848 goles entre los cinco

Y nótese el escogido uso de las palabras. Las pagas extras se denominan pagas del 18 de julio. Los hombres eran socios del Athletic. Las mujeres eran abonadas. Los socios, además de un asiento, tenían voz y voto en las decisiones concernientes al club. Las abonadas tan sólo podían ver los partidos. Ni mandaban ni opinaban.

Además del fútbol, a Sara le encantaba la radio. Al acabar su jornada matinal solía acercarse a Radio Juventud de Bilbao, emisora del Movimiento, para narrar cuentos infantiles en directo. Por entonces para trabajar en la radio no hacía falta titulación alguna ni formación específica. Tan sólo buena dicción, buen timbre de voz y ganas de comerse el mundo. La femenina y cadenciosa voz de Sara Estévez era ideal para llegar a los niños y a los no tan niños de Vizcaya.

Hasta que un buen día de 1952 alguien preguntó en redacción a quien le gustaba el fútbol. Fueron muchos los que levantaron la mano. La siguiente cuestión era conocer quien estaría dispuesto a ser cronista deportivo. Eso ya era otro cantar. El periodismo deportivo estaba muy mal visto. Era una profesión de segunda en la que a menudo se usaban pseudónimos para no ser reconocido por otros compañeros.

Tan sólo una persona levantó la mano. Era Sara Estévez.

Se acababa de convertir en la primera periodista deportiva de España.

Pero nadie lo sabría. Sara escogió como pseudónimo el nombre de ‘Maraton’ y con ese nombre escribiría sus textos. “El símil de una persona que había corrido hasta la muerte para entregar una noticia era la mejor imagen que se podía dar del periodista, que lo que tiene que hacer es precisamente eso: esforzarse para dar la noticia de la mejor manera posible”, explicaría ya retirada sobre el porqué de la elección.

Sara iba a los entrenamientos, hacía entrevistas y redactaba las crónicas de los partidos del Athletic. Pero jamás locutaba. Los textos eran narrados por un tal Paco Blanco que “colocaba bien la voz” como se decía en la época. Era frecuente que los redactores no leyesen sus propios textos si la emisora consideraba que el periodista no contaba con una voz radiofónica. Pero en el caso de Sara no habría esa disyuntiva. Era impensable que una voz femenina hablase de fútbol en antena.

Sara Estévez fue la voz sin voz del Athletic en Radio Juventud durante dos décadas. Su sueldo era tan exiguo que nunca pudo dejar su trabajo como mecanógrafa. El público de San Mamés veneraba a ‘Maraton’, pero nadie amaba a Sara. Ella ocupaba su asiento de abonada en el estadio y con una libreta en las rodillas se dedicaba a escribir lo que sucedía. Después Paco Blanco locutaba y Sara escuchaba como una radioyente más.

Con el tiempo a ‘Maraton’ le dieron un programa propio llamado ‘Stadium’. Información seria enfocada en el Athletic y un comentario editorial valiente firmado por el propio ‘Maraton’. A la gente le gustaba. ‘Maraton’ apostaba por tal o por cual chico de la cantera y, efectivamente, esos eran los que triunfaban. Fue Sara la primera que apostó por Iribar. Nadie sabía quién era ese tal ‘Maraton’. Era de sobra conocido que, aunque la voz de Paco Blanco daba las noticias, no era él el que las escribía. Pero se suponía que la mente pensante detrás de todo aquello era un hombre. ¿Quién podría pensar que fuese una mujer? Era lo de menos. La palabra de ‘Maraton’ iba a misa.

El programa se emitía todos los domingos poco antes de la madrugada y se hizo célebre por dar todos los resultados de las categorías regionales vascas. La tarea era hercúlea en aquellos tiempos. Para ello Sara reclutó una red de colaboradores con los que contactaba a golpe de teléfono la tarde del domingo. Para el colaborador Sara no era ‘Maraton’. Era la secretaria que le daba los resultados a ‘Maraton’.

El éxito llevaría a la expansión del programa a todos los días de la semana. El editorial de ‘Maraton’ también pasó a ser diario. El anonimato le permitía ser dura en tiempos donde ser dura era ir contracorriente.

Fueron dos décadas de secretismo hasta que el paso del tiempo permitió que ‘Maraton’ se sacase la máscara sin miedo a ser lapidada. Era 1973 cuando Sara Estévez habló por vez primera delante de un micrófono. Para entonces su programa se había expandido de tal forma que contaba con información polideportiva y hasta contenía una sección sobre deportes vascos que se permitía hacer en euskera. Arrastre de piedras y corte de troncos en la misma radiofrecuencia que acababa sus emisiones radiando el ‘Cara al Sol’.

La noticia supuso un shock para muchos, pero los tiempos cambiaban y había otras muchas cosas por las que preocuparse en aquellos años del tardofranquismo. Con la llegada de la democracia aquellas empresas alimentadas por el Franquismo desaparecieron. Radio Nacional de España absorbió a unas cuantas emisoras, entre ellas a Radio Juventud, y en 1983 decidió cancelar ‘Stadium’.

Fue una tragedia. Si hasta entonces la vida de Sara había sido discreta ahora iba a recibir todo el cariño que las vicisitudes de su época le habían negado. Las demás periodistas se solidarizaron con Sara y la gente escribía cartas a los periódicos exigiendo su vuelta. Todo fue en vano. Fue el fin para la mecanógrafa tras casi dos décadas de anonimato y una como Sara Estévez. Fue recolocada en redacción y pasaría sus últimos años informando sobre terrorismo y política, algo que le aborrecía.

Sara se jubiló a los 65 pero pasaría las siguientes tres décadas escribiendo una columna de opinión deportiva en ‘El Correo Vasco’. Por uno de esos textos cobraba más que por días de trabajo cuando en vez de Sara era ‘Maraton’. Hoy, a los 97 años, no hay bilbaíno que no reconozca su cara ni hay aficionado del Athletic que no venere su trabajo. Es hija predilecta de su ciudad y cuando la muerte decida llevarla a su lado tendrá un más que merecido homenaje en el nuevo San Mamés.

La voz sin voz del periodismo deportivo | Deportes | EL PAÍS
Sara Estévez

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Cuando la izquierda acabó con el boxeo español

Londres. 1968. José Legrá, un cubano que apenas unos años antes había obtenido el pasaporte español, se enfrenta en Gales a Howard Winstone con la intención de lograr el título mundial de peso pluma. El combate es transmitido en directo por Televisión Española y serán legión los que vean el triunfo del ‘Puma de Baracoa’ y su celebración en el ring entonando el ‘La, la, la’ de Massiel junto a Matías Prats padre. Cuando Legrá aterrice en Barajas, cientos de españoles le estarán esperando en la terminal del aeropuerto. Aquellos cientos se convertirán en miles cuando Legrá se pasee por el centro de Madrid camino de una audiencia en el Pardo con Francisco Franco.

k98k on Twitter: "Y si Don José Legrá llegar a ganar una medalla olímpica,  Franco le hace alcalde del Ferrol. https://t.co/T9LQMdC9gr" / Twitter
Franco (i) y Legrá (d)

Quizás fue ese el cénit del boxeo español. En los años 20 y 30 del siglo pasado había brillado Paulino Uzcudun, un aizcolari que llegó a luchar por el título de los pesados ante Primo Carnera. También fue loor de multitudes Baltasar Sangchili, que en 1935 obtuvo el título de campeón del mundo en peso gallo. Pero fue tras el triunfo de José Legrá cuando aparecieron campeones como Perico Fernández o José Durán, a los que la televisión se encargó de convertir en celebridades. De hecho, los más populares, caso de Alfredo Evangelista, José Manuel Urtain o Pedro Carrasco, se convirtieron en fenómenos audiovisuales sin lograr el cetro universal.

El boxeo formaba entonces parte de la trilogía clásica del deporte español. Junto al fútbol y el ciclismo, el boxeo contaba con multitud de simpatizantes y practicantes. No existía una conciencia deportiva ni había un desarrollo económico ligado al hecho deportivo, por lo que el resto de disciplinas vivían de la aparición de locos visionarios. Pioneros como Santana, Nieto, Fernández Ochoa, Buscató, Perramón o Ballesteros eran gotas en medio del mar, un mar bravo y agitado que no hacía prisioneros. Porque si el tenis, el esquí o hasta el baloncesto eran vistos como deportes de ricos o de patio de colegio, el boxeo, al igual que el fútbol y el ciclismo, compartían la etiqueta del esfuerzo y el sacrificio.

Eran tiempos donde los futbolistas eran hombres de pelo en pecho que metían la pierna sin hacer preguntas. Tiempo de ciclistas agonistas a los que se le exigía dejarse la bilis en puertos interminables de carreteras impracticables y tiempo, también, de boxeadores feroces que pensasen más en su alma que en su rostro. En definitiva, tres deportes y tres formas de entender esos deportes, en los que el coraje, el arrojo y la bravura eran intrínsecos a la disciplina. Simplemente eran el reflejo del momento. Todos compartían valores socialmente admirados.

Esto fue así hasta que la sociedad española decidió cambiar su escala de valores. Como bien dijo Alfonso Guerra, que en los 80 sería vicepresidente del Gobierno, “a España no la iba a conocer ni la madre que la parió”. Lo cierto es que la secularización del país fue vertiginosa, el surgimiento del feminismo voraz y la liberación sexual colosal. Todo ello alentando por las instituciones públicas a través de una cultura juvenil íntegramente nueva que tendrá en prensa, música, cine o moda un lienzo por estrenar.

Son los 80 los años de nacimiento del pijoprogre. En esencia un ser que presume de cultura y bagaje lector (sea real o no) y que vive en un mundo simbólico más que material, aunque en realidad suele hacer lo contrario de lo que dice. Ven al pueblo como una masa a la que hay que instruir, pero no tienen el menor interés en comprender su cultura o en hacerles partícipes de la transformación en marcha. No es nada nuevo en la historia. Los progres siempre han errado al descalificar a los otros. Siempre los han considerado inferiormente intelectuales, ya fuese durante el Renacimiento o bien en época de la Ilustración. En la nueva España democrática ‘Extremoduro’ llenaba pabellones y ‘Camela’ se hinchaba a vender casetes, mientras en ‘El País’ o en ‘Diario 16’ las portadas eran para grupos de la movida madrileña que juntaban a 400 o 500 personas en una sala de conciertos. Pero lo primero era ‘carca’ y lo segundo era ‘progre’. Son tiempos de leer el ‘Marca’ a escondidas y de llevar ‘El País’ con orgullo debajo del brazo.

Evidentemente sigue habiendo hombres con pelo en pecho y voluntad de acero, que no se andan con circunloquios y que tienen los pulmones negros de tanto fumar. La garra, el coraje, la lucha o el sacrificio, todos adjetivos adscritos a la hombría, siguieron, y aún siguen, formando parte del acervo cultural. El fútbol de golpes en la cadera y patadas a la espinilla claudicó ante el primer toque y los estadios de diseño, pero el esfuerzo y la furia siguen siendo valores esenciales para un aficionado al deporte rey. El ciclismo abandonó el rechinar de dientes y las etapas kilométricas por los potenciómetros y los pinganillos, pero la valentía y las penalidades siguen siendo indispensables para alentar a la afición. El boxeo, en cambio, no ha sabido adaptarse a una nueva realidad.

Ni supo, ni sabe, ni le dejaron.

En mayo de 1976 salía a la calle el diario ‘El País’, un proyecto de clara vocación democrática que junto a su coetáneo ‘Diario 16’ tenía como objetivo dar una bocanada de aire fresco a una prensa que hasta entonces estaba dirigida por el Régimen. Con esa aura de modernidad que buscaba alejarse con celeridad de un pasado que consideraban rancio, los jóvenes redactores de ‘El País’ no encontraban sinónimo más acertado de arcaico que el boxeo. De este modo, en noviembre de 1977 reflejaban en su libro de estilo que quedaba prohibido informar de boxeo bajo los siguientes términos: “El periódico no publica informaciones sobre la competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad”.

Tras el golpe de Estado fracasado del 23-F ‘El País’ se consagrará como el diario hegemónico en lengua española, liderazgo que aun ostenta en la actualidad. Juan Luis Cebrián, director en aquellos años, era un claro enemigo del boxeo y bajo su mandato asestó una herida profunda a un deporte que comenzaba una larga decadencia.

La herida pasó de ser profunda a mortal cuando el PSOE arrase en las elecciones generales de 1982 y la izquierda alcance el poder en España casi cinco décadas después. La nueva dirección de RTVE decide suprimir el boxeo de la programación televisiva con el mismo afán de modernidad que propugnaba ‘El País’. Durante tres años (1986-1989) Pilar Miró, sorprendentemente, recuperó el boxeo para la televisión, pero tras la llegada a la dirección de Luis Solana fue definitivamente suprimido. “Ofrecer imágenes de unos señores pegándose bofetadas es lamentable. Eso no es deporte, y recuerda más a los gladiadores del circo romano, por su violencia descarnada y gratuita”.

Se resuelve la incógnita: Juan Luis Cebrián será el primer director de EL  PAÍS tras lograr el apoyo de los accionistas Areilza y Fraga - La  Hemeroteca del Buitre
Juan Luis Cebrián (1976)

No solo es que no se emitiesen combates, fuesen en directo o en diferido, es que tampoco había lugar para reportajes o crónicas en los informativos diarios. La polémica fue de aúpa, dado que por entonces el madrileño Poli Díaz era campeón de Europa de peso ligero y a sus veladas tenían acudido los entonces ministros Manuel Chaves o Joaquín Almunia. Este último declaró preguntado al respecto: “El boxeo tiene aspectos demasiado duros, pero también es deporte y arte. Pero como aficionado no me preocupo. Ahora vendrán los canales privados”. Ya en su congreso de 1978, el PSOE había hecho público el comunicado siguiente para posicionarse en la polémica: «El boxeo exige, más que ningún otro deporte, unas medidas de seguridad que quienes lo asumen como negocio ignoran porque no están atentos a otra cosa que, a la productividad de dicho negocio, con desprecio absoluto a los que lo protagonizan”.

‘El País’ decidió en su momento no recoger el nombre de víctimas de violación o de protagonistas de suicidios, decisiones que contaron con el aplauso de colegas de profesión y del público general. Lo del boxeo tuvo sus defensores y sus detractores, pero lo que saltaba a la vista era el uso del término “sórdido”. Era sórdido porque el boxeo incitaba a lo primitivo, a la violencia entre seres humanos, al espectáculo de la masa que pide sangre de los gladiadores. Para ‘El País’ el boxeo “no es un deporte, es una pelea de gallos entre personas que atenta contra la dignidad del ser humano”. Curiosamente ‘El País’ considera a los toros anacrónicos y crueles con el toro, pero nunca sórdidos porque el mundo que lo rodea no lo es y no existe violencia entre seres humanos.

El golpe de gracia tuvo lugar cuando en 1993 el grupo PRISA, del que formaba parte ‘El País’, decide adquirir el diario deportivo ‘As’. Para dirigir el rotativo madrileño se elige a Julián García Candau, antiguo jefe de deportes de ‘El País’. Una de sus primeras decisiones es suprimir el boxeo de las páginas de ‘As’. La decisión es un impacto de terribles consecuencias, y mucho más teniendo en cuenta que, cuando a finales de los 60 ‘As’ lanza su entonces revolucionario suplemento a color, el boxeo acumulará decenas de portadas y cientos de reportajes.

Paradójicamente, mientras la prensa de izquierdas boicoteaba el boxeo para hacerse progre, urdía un plan para sacar redito empresarial a costa de los púgiles. Como había dicho el ministro Joaquín Almunia, no había de que preocuparse. Era el fin de la televisión pública como único método de información y entretenimiento. En 1990 se inauguraba en España la televisión privada y PRISA fundaba ‘Canal +’, que contaba con la particularidad de que muchos de sus contenidos eran de pago. La apuesta era adquirir los derechos del fútbol nacional e internacional y de películas de primer nivel para luego obligar al televidente a adscribirse. Lo que muchos olvidan es que en sus primeros años la mayor rentabilidad de ‘Canal +’ estuvo en el cine porno, los toros y el boxeo. Todo muy carca y nada progre.

De esta forma, la misma izquierda que renegaba del boxeo en papel gustaba de ofrecer combates de Mike Tyson o del Poli Diaz. ‘El Potro de Vallecas’ recuperó el interés por un deporte en clara decadencia y convirtió sus combates por el título europeo y mundial en acontecimientos televisivos. Será su caída en desgracia por culpa de la cocaína y la heroína lo que aparque al boxeo de forma definitiva del primer plano y, de paso, llene de argumentos a la izquierda para cerrar de una vez por todas el mundo del boxeo a ojos de la opinión pública.

https://www.youtube.com/watch?v=D85fXn7QosE

En la actualidad el boxeo profesional es irrelevante en la realidad del deporte español. Tan sólo Javier Castillejo a finales de los 90 brilló como una supernova en este oscuro universo. Sin embargo, el boxeo vive un repentino auge en gimnasios y academias de toda índole como formula desestresante para combatir la vorágine del día a día. Es significativo su éxito entre las mujeres (Joana Pastrana fue campeona del mundo de peso mínimo) para adquirir conocimientos de autodefensa y como tratamiento psicológico para mejorar la autoestima.

El fenómeno no es exclusivo de España. El boxeo internacional lleva años en franca decadencia. Los expertos consideran que los promotores ascienden al olimpo a púgiles mediáticos y con carisma con independencia de cuál sea su nivel en el ring. Se habla de campeones prefabricados a los que se le buscan rivales de nivel medio para asegurarse de que se mantengan en la cima durante mucho tiempo. Otros entendidos consideran que el gran problema es la variedad de pesos y campeonatos a nivel mundial y claman ante la imperiosa necesidad de unificar criterios para que los campeones ganen credibilidad.

Sin ser estos motivos irrelevantes, el problema en cuestión es ajeno al boxeo. Para el mundo occidental el boxeo es una suerte de justa medieval donde dos seres humanos combaten noblemente para ver quién es el más fuerte. Al desterrar los puños por la ley y el ojo por ojo en beneficio de la balanza de la justicia, el boxeo ha quedado como algo arcaico y rancio. En Asia, el uso de armas de fuego en combate fue más tardío lo que, unido a una idea del combate como bien cultural, bien educativo y de buena salud, hizo de las artes marciales un reclamo progresista. El resto fue cosa de la globalización. Donde antes mandaba el boxeo ahora lo hace el karate, el kick boxing o el muay thai.

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