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Premios Laureus (Historia contrafactual 1930-2026)

Cuando este artículo salga a la luz Lionel Andrés Messi Cuccittini estará a punto de acudir en Oviedo a la entrega del Premio Princesa de Asturias del Deporte. Supongo que será la primera y la última vez que acuda a Vetusta, dado que nunca se ha enfrentado al Real Oviedo como futbolista. El caso es que recibirá uno de los escasos galardones deportivos con los que aún no había adornado su palmarés. No es moco de pavo. El Príncipe de Asturias es un prestigioso reconocimiento y el más distinguido en España y América Latina. Creado en 1987, premia a deportistas, ya sea de forma individual o colectiva, primando la trayectoria antes que la gloria en un año puntual.

Al otro lado del globo, The Asian Awards está considerado el más acreditado de la comunidad asiática. Abarca negocios, ciencia y arte y, por supuesto, cuenta con categoría deportiva. Ocurre que fueron creados en 2010 y, aunque exitosos, todavía no cuentan con el peso que la tradición otorga a este tipo de festejos.

No había unos Oscar del deporte. Es complejo equilibrar a deportistas de diferentes disciplinas. Mucho más yuxtaponer un deporte colectivo con uno individual. Y más aun mezclar machos y féminas. Con todo, en el año 2000 se crearon los Premios Laureus (Academia Laureus World Sports). El invento nació en Montecarlo bajo el padrinazgo de Nelson Mandela y el dinero de Mercedes-Benz. Ahora es un bicharraco de más de 150 millones de espectadores a nivel mundial en el que hay decenas de patrocinadores que convencen a metrópolis de medio mundo para ejercer de anfitriones. El jurado, eso sí, está formado por 60 deportistas de reconocido prestigio.

El caso es que en esta historia contrafactual me he propuesto galardonar a los mejores deportistas de todos los tiempos año a año. Empresa harto complicada. Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál cómo el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual de los Premios Laureus he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1920. ¿Motivo? Tras finalizar la I Guerra Mundial el deporte pasa a ser centro social y económico en Estados Unidos, nuevo amo del planeta. La profesionalización es una realidad y el beisbol, el fútbol americano y el boxeo mueven cantidades ingentes de dinero. Luego, en 1924 se celebran en Paris los primeros Juegos Olímpicos modernos, aquellos que los catapultaron hacia la fama mundial y que darían el pistoletazo de salida para construir un evento de masas planetario.

Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. En la primera mitad del siglo XX el centro del universo deportivo es Estados Unidos. Los deportes antes citados, y otros como golf o tenis, son los que mueven tanto fama como dinero. También las estrellas olímpicas son dignas de admiración a nivel global. Será tras la II Guerra Mundial cuando Europa pueda competir de tú a tú con las estrellas estadounidenses y cuando el fútbol se expanda de tal forma que, fenómenos como Pelé o Maradona procedentes del Cono Sur, se conviertan en iconos igual de seguidos y admirados desde Nueva Zelanda a Canadá. Pero eso tardará en el tiempo. Paavo Nurmi, Joe Louis, Babe Ruth o Joe Dimaggio serán hegemónicos durante años por ser grandes campeones, pero también por contar con escasa competencia global.

Babe Ruth (1921, 1929, 1931, 1932 y 1933)

Para realizar este listado he tenido en cuenta el palmarés olímpico, así como los campeonatos mundiales de diferentes disciplinas. También revistas generalistas como Time, deportivas como Sports Illustrated o periódicos como L’Equipé. Y también, por descontado, la influencia de los diferentes deportes y su seguimiento a través de los cinco continentes. Y es que no es lo mismo ganar cinco mundiales de ping-pong o de voleibol que ganar únicamente un torneo de Wimbledon o un oro olímpico en los 100 metros lisos. Tampoco es lo mismo brillar de forma individual y lograr ganar un Tour de Francia tras 21 días de esfuerzo individual a lograr la victoria en un campeonato del mundo gracias al apoyo de tus compañeros de equipo.

Eddy Merckx (1971)

Hay años donde es tal la cantidad de grandes campeones que coinciden con sus éxitos que es inevitable dejar a alguno en el olvido. Es tal el caso del golfista ganador de cinco grandes Byron Nelson (1941), de Arnold Palmer (1960), vencedor de siete grandes, Severiano Ballesteros (1984), triunfador en cinco majors y de Jack Nicklaus, considerado el mejor golfista de siempre pero que coincidió en el tiempo con bestias deportivas de todas las disciplinas en diferentes años. Es el golf un deporte muy agradecido en lo individual, pero sin excesiva influencia entre el pueblo. Así ocurre en la natación y en casos como los de la germana Kristin Otto (seis medallas de oro en 1988), Ian Thorpe (cinco oros olímpicos), Caleb Dressel (nueve oros olímpicos) o Léon Marchand (héroe francés con cuatro oros en 2024). Y lo mismo podría decirse de la gimnasia, caso del bielorruso Vitaly Scherbo (seis oros en 1992).

Existen también leyendas en deportes minoritarios de distinto pelaje. Jon Jones (artes marciales mixtas), Tony Hawk (skater) o el inglés Steve Redgrave (remo). Y luego hay leyendas del deporte rey que, aun así, no consiguen superar a otros fenómenos interplanetarios. Son Ferenc Puskás (1954), estrella del Real Madrid y de la selección húngara, el holandés Johan Cruyff (1974) y el alemán Franz Beckenbauer (1974), el extraordinario 1984 del francés Michel Platini y el también glorioso 1998 de Zinedine Zidane.

El tenis es, sin duda, el deporte más beneficiado. Se trata del colectivo individual con más adeptos a lo largo de los cinco continentes. Con todo, gigantes como Roy Emerson (12 Grand Slams), Chris Evert (18 grandes), André Agassi (ocho Grand Slams) o Jannik Sinner (cinco Grand Slams de momento) no han tenido cabida en esta lista al coincidir su mejor año con otros aún más extraordinarios. También quedan fuera oros olímpicos como la estadounidense Wilma Rudolph (1960), el keniata Kipchoge Keino (1968), el ruso Serguei Bubka (1988), el cubano Javier Sotomayor (1996), la australiana Cathy Freeman (2000), la croata Janica Kostelic (2002), el keniata Kenenisa Bekele (2008), la estadounidense Lindsey Vonn (2010), la jamaicana Shelly-Ann Fraser-Pryce (2020) y el esquiador noruego Johannes Klæbo (2026). Todos palidecieron ante otros éxitos olímpicos, futbolísticos o tenísticos. Especialmente dolorosa ha sido la exclusión del británico Mo Farah, doble campeón olímpico en 5.000 y 10.000 metros en 2012 y 2016.

He dejado también fuera a cuatro leyendas de la NBA como Kareem Abdul-Jabbar, Shaquille O’Neal, Kobe Bryant y Dirk Nowitzki. También han estado en la terna para finalmente quedarse fuera un icono del boxeo como Mike Tyson o Wayne Gretzky, leyenda del hockey sobre hielo. También el neozelandés estrella de los All Blacks Jonah Lomu (1995) y el bicampeón de la NFL Payton Manning.

Para finalizar comentar tres decisiones que pueden ser controvertidas. Le he dado el galardón de 1999 a Lance Armstrong, quien ganó el Tour de Francia tras superar un tumor testicular con metástasis. Aunque es cierto que le fue desposeído el título por dopaje, también lo es que hizo del ciclismo un deporte popular en Estados Unidos y que su imagen ayudó a vender 80 millones de pulseras cuya recaudación, junto a otra multitud de actos benéficos, sumó más de 500 millones de dólares para financiar la investigación oncológica. Por otro lado, he otorgado ex aequo los premios de 1985 y 1987 a Magic Johnson y a Larry Bird, dado que no se puede entender la globalización de la NBA sin comprender la rivalidad entre esos dos feroces competidores, primero enemigos y más tarde amigos. Hice lo mismo en 1977 con Alberto Juantorena (400 y 800 metros) y Edwin Moses (400 vallas), quienes estuvieron largos años imbatidos y que pertenecen a una época donde los atletas eran portadas de periódicos.

Para 2026, presente año, a pesar de haber habido Juegos Olímpicos de Invierno y siendo penado para lo individual el extraordinario desempeño global de la selección española en el Mundial de Estados Unidos, he decidido premiar a Armand Duplantis. Atleta sueco de 26 años, ganador en tres ocasiones del premio al mejor atleta del mundo y dos veces oro olímpico, este verano se proclamó por séptima vez campeón del mundo en salto de pértiga estableciendo por ¡decimoquinta ocasión! en su carrera un récord del mundo.

Armand Duplantis (2026)

Así pues, vamos con la lista de los ganadores al premio de mejor deportista del mundo. Además de haber sido grandes deportistas muchos de ellos pertenecen a la época más romántica y artesanal del deporte. Sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.

1920 Paavo Nurmi (Finlandia) Atletismo

1921 Babe Ruth (USA) Beisbol

1922 Paavo Nurmi (Finlandia) Atletismo

1923 Jim Thorpe (USA) Fútbol americano

1924 Paavo Nurmi (Finlandia) Atletismo                     

1925 Paavo Nurmi (Finlandia) Atletismo

1926 Bobby Jones (USA) Golf

1927 René Lacoste (Francia) Tenis

1928 Johnny Weissmüller (USA) Natación

1929 Babe Ruth (USA) Beisbol

1930 Bobby Jones (USA) Golf

1931 Babe Ruth (USA) Beisbol

1932 Babe Ruth (USA) Beisbol

1933 Babe Ruth (USA) Beisbol

1934 Fred Perry (Inglaterra) Tenis

1935 Fred Perry (Inglaterra) Tenis

1936 Jesse Owens (USA) Atletismo

1937 Joe Louis (USA) Boxeo

1938 Don Budge (USA) Tenis

1939 Matthias Sindelar (Austria) Fútbol

1940 Joe DiMaggio (USA) Beisbol

1941 Joe DiMaggio (USA) Beisbol

1942 Günder Hagg (Suecia) Atletismo

1943 Joe Louis (USA) Boxeo 

1944 Joe Louis (USA) Boxeo  

1945 Günder Hagg (Suecia) Atletismo

1946 Joe Louis (USA) Boxeo

1947 Joe DiMaggio (USA) Beisbol                

1948 Fanny Blankers-Koen (Países Bajos) Atletismo

1949 Fausto Coppi (Italia) Ciclismo

1950 Jackie Robinson (USA) Beisbol

1951 Sugar Ray Robinson (USA) Boxeo

1952 Emil Zatopek (Chequia) Atletismo

1953 Rocky Marciano (USA) Boxeo

1954 Roger Bannister (Inglaterra) Atletismo

1955 Mickey Mantle (USA) Beisbol  

1956 Larisa Latynina (Ucrania) Gimnasia

1957 Alfredo Di Stéfano (Argentina) Fútbol

1958 Pelé (Brasil) Fútbol

1959 Pelé (Brasil) Fútbol

1960 Abebe Bikila (Etiopía) Atletismo            

1961 Pelé (Brasil) Fútbol      

1962 Wilt Chamberlain (USA) Baloncesto

1963 Bill Russell (USA) Baloncesto 

1964 Don Schollander (USA) Natación

1965 Muhammad Ali (USA) Boxeo

1966 Muhammad Ali (USA) Boxeo   

1967 Muhammad Ali (USA) Boxeo   

1968 Bob Beamon (USA) Atletismo 

1969 Rod Laver (Australia) Tenis

1970 Pelé (Brasil) Fútbol

1971 Eddy Merckx (Bélgica) Ciclismo

1972 Mark Spitz (USA) Natación

1973 Billie Jean King (USA) Tenis 

1974 Muhammad Ali (USA) Boxeo

1975 Muhammad Ali (USA) Boxeo

1976 Nadia Comaneci (Rumanía) Gimnasia 

1977 Alberto Juantorena (Cuba) Atletismo

          Edwin Moses (USA) Atletismo

1978 Björn Borg (Suecia) Tenis                 

1979 Björn Borg (Suecia) Tenis

1980 Björn Borg (Suecia) Tenis

1981 John McEnroe (USA) Tenis

1982 Joe Montana (USA) Fútbol americano

1983 Martina Navratilova (Chequia) Tenis

1984 Carl Lewis (USA) Atletismo 

1985 Larry Bird (USA) Baloncesto

         Magic Johnson (USA) Baloncesto

1986 Diego Maradona (Argentina) Fútbol

1987 Magic Johnson (USA) Baloncesto

          Larry Bird (USA) Baloncesto 

1988 Steffi Graf (Alemania) Tenis  

1989 Diego Maradona (Argentina) Fútbol 

1990 Diego Maradona (Argentina) Fútbol 

1991 Michael Jordan (USA) Baloncesto

1992 Michael Jordan (USA) Baloncesto

1993 Michael Jordan (USA) Baloncesto

1994 Serguei Bubka (Ucrania) Atletismo

1995 Miguel Induráin (España) Ciclismo

1996 Michael Johnson (USA) Atletismo

1997 Michael Jordan (USA) Baloncesto

1998 Michael Jordan (USA) Baloncesto 

1999 Lance Armstrong (USA) Ciclismo

2000 Tiger Woods (USA) Golf  

2001 Tiger Woods (USA) Golf

2002 Ronaldo (Brasil) Fútbol

2003 Jonny Wilkinson (Inglaterra) Rugby

2004 Hicham El Guerrouj (Marruecos) Atletismo

2005 Yelena Isinbayeva (Rusia) Atletismo

2006 Roger Federer (Suiza) Tenis  

2007 Roger Federer (Suiza) Tenis

2008 Michael Phelps (USA) Natación 

2009 Usain Bolt (Jamaica) Atletismo                  

2010 Rafael Nadal (España) Tenis

2011 Lionel Messi (Argentina) Fútbol  

2012 Usain Bolt (Jamaica) Atletismo

2013 Lebron James (USA) Baloncesto

2014 Cristiano Ronaldo (Portugal) Fútbol              

2015 Serena Williams (USA) Tenis 

2016 Michael Phelps (USA) Natación

2017 Stephen Curry (USA) Baloncesto 

2018 Tom Brady (USA) Fútbol americano

2019 Eliud Kipchoge (Kenia) Atletismo           

2020 Lebron James (USA) Baloncesto   

2021 Katie Ledecky (USA) Natación

2022 Lionel Messi (Argentina) Fútbol    

2023 Novak Djokovic (Serbia) Tenis

2024 Simone Biles (USA) Gimnasia

2025 Tadej Pogaçar (Eslovenia) Ciclismo

2026 Armand Duplantis (Suecia) Atletismo

Ali (1965, 1966, 1967, 1974 y 1975)

Deportistas con más premios Laureus de todos los tiempos

1. Babe Ruth (1921, 1926, 1929, 1932 y 1933) 5

1. Muhammad Ali (1965, 1966, 1967, 1974 y 1975) 5

1. Michael Jordan (1991, 1992, 1993, 1997 y 1998) 5

2. Paavo Nurmi (1920, 1922, 1924 y 1925) 4

2. Pelé (1958, 1959, 1961 y 1970) 4

3. Joe Louis (1937, 1943, 1944 y 1946) 4

3. Joe DiMaggio (1940, 1941 y 1947) 3

3. Björn Borg (1978, 1979 y 1980) 3

3. Diego Maradona (1986, 1989 y 1990) 3

Jordan (1991, 1992, 1993, 1997 y 1998)

Otras historias contrafactuales

Balón de oro alemán (el mejor entre 1930 y 2026)

Balón de oro brasileño (el mejor entre 1930 y 2025)

Balón de Oro español (el mejor entre 1930 y 2023)

Un Balón de Oro para los europeos (una historia alternativa entre 1995 y 2020)

Los siete balones de oro de Pelé (cuando ‘O Rei’ estaba vetado y no pudo ganar el trofeo)

Historia contrafactual del Balón de Oro (una historia alternativa que se inicia en 1930)

Historia contractual del Balón de Oro de los porteros (los mejores guardametas de todos los tiempos)

Historia contrafactual del Balón de Oro de los defensas (¿y si el Balón de Oro premiase a los destructores en vez de a los constructores?)

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Cuando Geesink humilló al judo japonés

Cuando Tokio organizó en 1964 los Juegos Olímpicos, el mundo fue consciente de primera mano de lo que se dio en llamar ‘el milagro japonés’. Arrasado tras la II Guerra Mundial y ocupado por el ejército estadounidense, el gobierno nipón transformó su industria pesada de guerra en industria tecnológica y utilizó mano de obra barata que escapaba de países comunistas del entorno como China o Corea en su propio beneficio. En época de los JJ.OO, Japón crecía anualmente más de un 5% y estaba a punto de superar a todas las potencias europeas. (Querido lector, sí has leído mis dos últimos artículos ya estarás al tanto de ello).

Japón se preparaba para una fiesta. Y la fiesta iba a tener de todo. Como gesto de aprecio a la ciudad anfitriona, el COI permite añadir al programa olímpico un deporte con fuerte arraigo en la comunidad. Algunos no pasan de esa edición (por ejemplo el hockey a patines en Barcelona 92) y otros debutan para no marcharse (taekwondo en Seúl 88). Éste último caso fue el del judo, que apareció por primera vez en Tokio y que ahora es un clásico olímpico.

El judo, cuyo significado se puede traducir como ‘camino de la flexibilidad’, fue creado por un maestro japonés a finales del siglo XIX. ‘Grosso modo’ consiste en la traslación de técnicas medievales de combate cuerpo a cuerpo al ejercicio deportivo. Para los nipones es una disciplina cuasi sagrada. Es una muestra de respeto y de equilibrio entre mente y cuerpo. Es una filosofía de vida y una representación de los valores educativos del pueblo japonés.

El gobierno japonés diseñó un fastuoso pabellón para 15.000 espectadores conocido como ‘Nippon Budokan’. No hubo otras disciplinas que mancillasen el lugar. Se bosquejó únicamente para las competiciones de judo y sólo se ha permitido que otros deportes de contacto como el karate tengan cabida en sus instalaciones. Incluso, con el transcurrir de las décadas, se ha utilizado para conciertos, eso sí, con la protesta de los tradicionalistas y hasta con amenaza de bombas incluidas.

Nippon Budokan (日本武道館) | 3D Warehouse
Nippon Budokan

Pero volvamos a 1964. A la competición de judo. Había cuatro categorías diferentes; 68 kilos, 80 kilos, más de 80 y la categoría abierta, la reina de la competición, sin limitaciones. Por entonces sólo había competición masculina, así que eran cuatro las medallas de oro en juego. Japón contaba con ellas. Con todas ellas. Consiguió las tres primeras y faltaba la traca final. La categoría reina. El encargado de defender el orgullo nacional y subir al alto del pódium era Akio Kaminaga.

Akio Kaminaga Imagens e fotografias de stock - Getty Images
Akio Kaminaga

Kaminaga nació en la costera ciudad de Sendai tres años antes del inicio de la II Guerra Mundial. Privado de infancia, no comenzaría hasta la adolescencia tardía a practicar judo. Con celeridad se convirtió en un gran atleta y ganó tres campeonatos nacionales, algo que nunca antes se había hecho. Era el elegido para ganar la primera medalla áurea olímpica en la historia del judo.

Pero, como las cosas no suelen salir como están programadas, Kaminaga sufrió una lesión en el ligamento de su rodilla derecha poco antes de comenzar los JJ.OO. Kaminaga no estaba dispuesto a renunciar a los Juegos y ocultó sus molestias tanto como le fue posible. Su talento le permitió alcanzar la final olímpica yendo de menos a más. En semifinales venció a su oponente en apenas cuatro segundos, una victoria tan rápida que se grabaría en el libro de los récords durante tres décadas.

Parecía pan comido. Pero minutos antes, en la otra semifinal, el otro clasificado había vencido a su contrincante con un ippon en la nada desdeñable cifra de 12 segundos. El rival de Kaminaga sería Anton Geesink.

El neerlandés Anton Geesink era un veterano judoka que por aquel entonces acumulaba 21 medallas de oro en campeonatos europeos. Sobre el papel un rival formidable. Para la afición y los medios nipones un don nadie. Europa era al judo como el agua al aceite. ¿Cómo iba a perder un japonés una medalla de oro en judo?

En realidad Geesink había ganado el primer campeonato del mundo de la disciplina celebrado un par de años antes, pero los japoneses no se lo tomaron en serio. Al igual que hicieron los ingleses con el fútbol durante décadas, los nipones despreciaban los torneos mundiales. Se consideraban garantes de la pureza del judo y no veían interés en participar en torneos con otros países.

Los JJ.OO iban a servir para demostrar la hegemonía de Japón. Aquel 23 de octubre de 1964 se suspendió la actividad en el Parlamento, se paralizó la jornada en las fábricas y aquellos que no tenían aparato de televisión se agolparon en los escaparates de los comercios para ver el espectáculo.

Geesink era un armario empotrado de 111 kilos, frente a los 107 de Kaminaga. Además el tulipán le sacaba un palmo de cabeza al crisantemo. Geesink era una bestia en el suelo. Grande, musculado pero ágil, si te cazaba era implacable. Kaminaga era un relámpago, un dolor de muelas continuo con una técnica exquisita. El combate duró algo más de nueve minutos, hasta que Geesink inmovilizó con una llave a Kaminaga durante más de 30 segundos. Según las reglas si después de medio minuto el judoka no se da zafado de su rival se le da el combate por perdido.

Hubo un silencio sepulcral. Geesink reaccionó con prontitud y desde el suelo indicó a su equipo, extendiendo su mano derecha, que no saltaran al tatami para celebrar la victoria. El público se dio cuenta del detalle de respeto y los más de 15.000 espectadores se pusieron de pie para aplaudir al neerlandés. Fue una ovación emotiva, de profundo reconocimiento, pero irremediablemente breve. Y es que inmediatamente el público se sentó y las lágrimas hicieron su aparición en el pabellón. Los llantos y la pena invadieron el ‘Nippon Budokan’.

Kaminaga.
Respeto

Apesadumbrados por la vergüenza, Kaminaga y los suyos se retiraron a los vestuarios a llorar la derrota. Los cronistas olímpicos que presenciaron el histórico momento comentaron que nunca se ha celebrado ni se celebrará una ceremonia de entrega de medallas tan triste, y, a la vez, tan respetuosa.

Geesink se convirtió en un ídolo en Japón a la altura de las estrellas futbolísticas de hoy en día. Por su parte Kaminaga fue expulsado del equipo nacional y fue repudiado por sus compatriotas. Durante un tiempo se rumoreó que se había hecho el harakiri por vergüenza al haber fallado al emperador y al pueblo japonés. El cuchicheo desapareció unos años más tarde cuando fue rehabilitado por el Gobierno y fue designado el entrenador del equipo olímpico japonés para los Juegos Olímpicos de 1972.

No obstante sí que hubo un suicidio relacionado con esta historia. Por aquel entonces sólo podía ir a los JJ.OO un atleta de cada país en función de cada categoría. Kaminaga fue el elegido para la categoría abierta por delante de Isao Inokuma, un judoka que estaba en mejor forma, pero que pesaba unos 25 kilos menos que su compatriota. La frustración de Inokuma fue tal que se preparó concienzudamente para derrotar a Geesink en el mundial del año siguiente. Dicho enfrentamiento no llegó nunca a producirse, porque el neerlandés, conquistado el oro olímpico, estaba satisfecho con su carrera y anunció su retirada.

Dicen que Inomura siguió entrenándose año tras año con la esperanza de poder combatir algún día contra Geesink y devolver el honor a su emperador. Su tortura derivó en locura, hasta que en 2001 se hizo el harakiri y se quitó la vida.

Archivo:Akio Kaminaga, Anton Geesink, Ted Boronovskis, Klaus Glahn 1964.jpg  - Wikipedia, la enciclopedia libre
Geesink recibiendo el oro

“¿Qué siento al ver a toda esa gente llorando? Soy muy feliz. El judo ha salido de Japón y se va a extender por todo el mundo”. Anton Geesink.

Otros héroes olímpicos

El relámpago humano (Usain Bolt y sus récords sobrehumanos)

El ama de casa voladora (la heroína del atletismo mundial)

Frank Shorter (el hombre que hizo que el mundo corriese)

Vitaly Scherbo (alcohol, extorsión, secuestros, enfermedad y gloria olímpica)

La princesa de los pies descalzos (Guerra Fría, racismo y envidias en Los Ángeles 84)

Un camino iluminado por un gran relámpago (vida y obra de Jim Thorpe)

Black Power (John Carlos y Tommie Smith alzando el puño en México 68)

El rey de la milla (como El Guerrouj se citó con Alá para lograr el oro olímpico)

Tokio 64 (los JJ.OO de Geesink y Kaminaga en dos artículos)

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