fútbol

Cuando Abdón Porte decidió suicidarse

“El día que no esté en condiciones de jugar para Nacional me pegó un tiro”. No fue una, sino varias, las veces que Abdón Porte dijo tal afirmación años antes de morir. Nunca nadie se lo tomó en serio. Para Porte no existía hecho mayor en la vida que jugar al fútbol. A medida que los años pasaban y el cuerpo se desgastaba, Porte percibía que su existencia no tenía sentido si no podía disfrutar de su más loca pasión. Abdón Porte avisó. No hizo más que cumplir con sus amenazas.

Pivote aguerrido, comprometido y fabuloso en el juego aéreo, Abdón Porte fichó por el Nacional de Montevideo en 1911 a los 18 años de edad. Pronto se afianzó como líder de los tricolores ayudándolos a ganar por vez primera tres títulos ligueros consecutivos en 1915, 1916 y 1917. Abdón Porte no sólo era el líder en la cancha, con su carisma y su entrega se convirtió en el favorito de la hinchada. Abdón Porte era el ídolo de Nacional.

Tenaz y combativo en un fútbol donde no se preguntaba antes de soltar la pierna, pronto comenzó su declive al no responder su físico a lo que pretendía su mente. Varias lesiones habían minado su despliegue. Para 1918 la directiva de Nacional ficha a Alfredo Zibechi, un centrocampista que actuaba en su misma posición y que poseía la misma garra pero mayor calidad técnica y que, a mayores, era titular indiscutible en la selección nacional. El presidente de Nacional se reunió con Porte y le explicó la situación. Le agradeció los servicios prestados y le conminó a buscarse un nuevo equipo. Era joven, apenas tenía 25 años, y mucho fútbol por delante. También le propusieron quedarse en Nacional, pero a sabiendas que sus oportunidades serían escasas.

Abdón Porte, la leyenda que se suicidó en el centro del campo - BeSoccer
Abdón Porte (1893-1918)

A Abdón Porte le dio igual. Nadie le iba a decir lo que tenía que hacer. Decidió quedarse en Nacional. Incluso comenzó la temporada de titular, aunque al poco dejó su sitio en el once a Zibechi. En una época donde no existían los cambios ser suplente era la nada. Aun así la situación no era tan mala como se esperaba y a Porte se le veía feliz. Tan feliz como siempre.

El 4 de marzo, tras una victoria por 3-1 ante Charley FC en la que Abdon Porte jugó como titular, la plantilla se reunió para comentar el triunfo rodeados de algunas bebidas. La cita se prolongó hasta avanzada la noche. Pocos se percataron de que Abdon Porte fue uno de los primeros que se marchó para tomar un tranvía que lo llevaría hasta su trágico final.

Se dirigió hasta el estadio Gran Parque Central (aun hoy en pie y sede de los partidos de Nacional) con dos cartas en un bolsillo y un revólver en el otro. Una vez bajó del autobús se aventuró a entrar en el estadio. Tenía una copia de las llaves de la verja principal. Se aproximó al círculo central y sólo Dios y sus pensamientos saben lo que le pasó por la cabeza para sacarse el arma de la chaqueta y pegarse un tiro a la altura del corazón.

A la mañana siguiente un operario del club encontró el cuerpo sin vida de Abdon Porte junto a las dos misivas guardadas debajo de un sombrero de paja. Una de ellas estaba dirigida tanto a su madre como a su novia, con la que apenas un mes más tarde pretendía casarse y nunca nadie supo de su contenido. La otra era para José María Delgado, presidente del Club Atlético Nacional de Montevideo.

Decía lo siguiente:

“Querido Doctor José María Delgado. Le pido a usted y demás compañeros que hagan por mí como yo hice por ustedes: hagan por mi familia y por mi querida madre. Adiós querido amigo de la vida (…) Nacional aunque en polvo convertido y en polvo siempre amante. No olvidaré un instante lo mucho que te he querido. Adiós para siempre”. Abdón Porte solicitaba en dicha carta ser enterrado junto a Carlos y Bolívar Céspedes, dos hermanos que habían fallecido con la misma edad que Porte años atrás víctimas de la viruela, y que también habían sido futbolistas de Nacional.

La conmoción en Uruguay fue brutal, en especial cuando los compañeros de Porte explicaban que en numerosas ocasiones había amenazado con suicidarse el día que dejase de jugar al fútbol. Ante la perspectiva de ser eliminado del equipo, optó por auto eliminarse. El entierro fue multitudinario y la directiva de Nacional decidió renombrar la tribuna principal del estadio Gran Parque Central con el nombre de Abdón Porte. Ya bien entrado el siglo XXI en cada partido que juega Nacional aún se puede ver una pancarta en la grada con un claro mensaje a sus jugadores: `Por la sangre de Abdón’.

De Abdón a Polti: historia de un mártir - Panenka
Gloria o muerte

No solo la afición de Nacional, sino buena parte de los uruguayos exaltan la figura de Abdón Porte como quintaesencia de la garra charrúa. Cuando se cumplieron los cien años de su muerte se presentó una camiseta conmemorativa de color sangre que causó admiración y repugnancia a partes iguales. Para unos es lamentable y preocupante semejante exaltación del suicidio. Para otros lo que hizo Abdón Porte es una estupidez, pero una estupidez sublime e inolvidable que lo convirtió en leyenda.

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Cómo de obsceno es el sueldo de un futbolista

El debate no es cuánto gana Leo Messi. No parece probable que los mandamases del FC Barcelona sean propensos al suicidio. Se supone que el sueldo de Messi está acorde a los beneficios que le genera al Barça (otra cosa es que el coronavirus haya puesto todo patas arriba). Un segundo motivo de discusión es saber cómo de lícito es ocultar un contrato cuando el Barça no es una sociedad anónima y sigue, aunque de soslayo, siendo propiedad de sus asociados. Al no haber público en el Camp Nou nos hemos quedado sin saber la opinión del respetable, aunque me aventuro a pensar que los aplausos ganarían en clara ventaja a los silbidos. Puestos a culpar a alguien por el cráter económico del Barça me da que el socio echaría más en cuenta excesos llamados Philippe Coutinho o Ousmane Dembelé que otros que obedecen al nombre de Leo Messi.

Lo que el diario ‘El Mundo’ aireó con clarines y timbales (con mucha diferencia la mejor redacción de investigación periodística de España, a pesar de cierto tufo a amarillismo) no fue el sueldo de Messi en sí (70 millones fijos anuales), sino unas disparatadas cláusulas que pueden hacer que el astro alcance los 140 kilos por temporada. Entre las más insólitas están los 39 millones que cobrará por fidelidad el día que se vaya del Barça (¿?), la posibilidad de quedar libre si Cataluña declarase la independencia o un bono por partidos jugados en el que se contabilizan aquellos que Messi no puede disputar por lesión (¿?).

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Solo faltan los céntimos

Decía que el debate no es cuánto gana Messi. Se supone que obedeciendo a la ley de la oferta y la demanda si llega a ganar 140 kilos al año es que al menos genera otros 140 al Barça. La pregunta y el debate es cuánto de obsceno es el sueldo de Messi. Y la respuesta es obvia. Es muy obsceno. Incontable e ilimitadamente obsceno.

Pero, ¿cuánto de obsceno?

Cuando en 1928 nace en España la Liga de Fútbol Profesional el sueldo medio de aquellos primeros asalariados rondaba los 40 euros (de la época) por temporada. Son los tiempos de Ricardo Zamora, la primera gran estrella del fútbol en España y el mejor portero del mundo en los años 30, por el que el Real Madrid pagó 900 euros al RCD Espanyol por su traspaso. Zamora firmó un contrato que le reportaba 215 euros al año.

Dada la relevancia futbolística, mediática y económica del Real Madrid, no existe mejor paño para apreciar la evolución del sueldo de los futbolistas. Entre la Guerra Civil, la inflación y la aguda crisis económica, la ficha de Zamora no fue superada hasta que en 1953 Alfredo Di Stéfano llegó a España. ‘La Saeta Rubia’ fue la comidilla en todo el país por un fichaje que se disputaron Barça y Madrid en el que finalmente los blancos salieron ganadores. Hubo desidia por parte azulgrana, pero también tráfico de influencias. El caso es que el Gobierno hubo de autorizar al Madrid a pagar la entonces escandalosa cifra de 4.000 euros anuales a beneficio de Di Stéfano. Para el año 1962 obtendría un contrato récord de 25.000 euros anuales, a lo que habría que añadir las correspondientes primas.

¿Eso era mucho? Pues sí. Di Stéfano cobraba 200 salarios mínimos anuales por temporada. Kubala, estrella azulgrana, cobraba menos que ‘La Saeta Rubia’, pero aun así  era un total de unos 150 salarios mínimos al año. Como veremos, aunque inmensas, son cifras ridículas si las comparamos con los sueldos millonarios de la actualidad.

Aunque Kopa, Puskás o Amancio superaron con amplitud los 10.000 euros por temporada, nadie se acercó al sueldo de Di Stéfano hasta que en los 70 el mercado internacional se volvió a abrir de par en par. Cruyff aterrizó en Barcelona con un traspaso que fue récord mundial y el Madrid contraatacó firmando a Gunter Netzer a razón de 115.000 euros anuales.

En 1979 Laurie Cunningham se convertía, además del primer negro en ser internacional con Inglaterra, en el fichaje más caro del momento. El Real Madrid le hizo un contrato de 78.000 euros anuales. Dicha cifra representaba un total de 48 sueldos mínimos anuales. Era mucho, pero era menos que en época de Di Stéfano.

Hubo que esperar a los 80 para el siguiente gran salto. En 1985 Emilio Butragueño fue el primer madridista en firmar un contrato de 100 millones de pesetas al año (600.000 euros) que llegaría a ser de 2 millones de euros tras diferentes renovaciones, misma cantidad que cobraba el croata Robert Prosinecki o el montenegrino Pedja Mijatovic.

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El Buitre. A 100 kilos de pesetas al año

—LA LEY BOSMAN—

En 1996 la llamada Ley Bosman permitió la libre circulación de jugadores europeos, por lo que el fútbol entró de lleno en el libre mercado de la oferta y demanda. Los clubes más poderosos aumentaron sus ofertas y los futbolistas vieron como su capacidad negociadora para obtener mejores contratos se ensanchaba exponencialmente. La Ley coincidió en el tiempo con la aparición del fútbol en emisión bajo pago y el desarrollo de internet. Ambos hechos llevaron a que las mejores ligas europeas formasen parte de la vida cotidiana en todos los rincones del planeta. La globalización es el motivo principal por el que cada vez más firmas comerciales centran hoy en día sus objetivos hacia las grandes estrellas futbolísticas como íconos de una juventud que, en buena parte, han dejado a un lado a los ídolos del cine y de la música (chicas incluidas).

Tras la aprobación de la Ley Bosman los sueldos se dispararon. Raúl fue el primer jugador merengue que firmó un contrato de 1.000 millones de pesetas por temporada (6 millones de euros), cifra igualada y luego superada (ya se sabe que las renovaciones siempre son al alza) por Figo, Zidane o Ronaldo. Kaká sería el primero en firmar por 10 millones de euros al año, misma cifra de un Cristiano Ronaldo que paso a paso llegó a cobrar 30 kilos antes de marcharse a Italia.

Florentino tuvo suerte de largarlo antes de que el coronavirus hiciese su aparición. O quizás no. Quizás mejor haberlos invertido en Cristiano que en Jovic, Militao, Mendy, Rodrigo y hasta Hazard, que inesperadamente oposita a Prosinecki.

La influencia y la locura que la Ley Bosman generó en el fútbol de cambio de siglo se puede observar en el precio de las contrataciones de los futbolistas. Desde que en 1893 el Aston Villa pagase unos 80 euros al WBA por el fichaje del escocés Willie Greaves, la progresión en aumento ha sido un fiel reflejo de la economía mundial. De Inglaterra se pasó a Italia previo paso por Argentina. Fue un argentino, Bernabe Ferreyra, el que mantuvo el récord de traspaso durante más tiempo, un total de 17 años entre 1932 y 1949 fiel reflejo de las vicisitudes de la II Guerra Mundial. Después, tan sólo el Barça con Cruyff y Maradona osó discutir el trono de los fichajes galácticos a Italia hasta la entrada de la Ley Bosman en 1996.

A partir de entonces un récord que solía durar unos años pasó a ser roto verano tras verano. Shearer (Newcastle) en el 96, Ronaldo (FC Barcelona) en el 97, Denilson (Real Betis) en el 98, Vieri (Inter Milan) en el 99, Figo (Real Madrid) y Hernán Crespo (SS Lazio) ambos en el año 2000, hasta que el Madrid rompió la banca fichando a Zidane en 2001 por 77 millones de euros. Otros lo superarían después, pero teniendo en cuenta la inflación, la contratación de Zidane fue el fichaje más caro de la historia hasta que el PSG pagó 222 millones por Neymar en el verano de 2017.

La burbuja estalló con la crisis financiera del 2008. A inicios del siglo XXI los sueldos estaban tan inflados que había futbolistas de Tercera División con salarios que les permitían vivir con holgura, y en Primera Autonómica se llegaban a pagar 1.000 euros mensuales. En la actualidad, hasta en Tercera División, hay jugadores que únicamente cobran bonos en función de los resultados y de los desplazamientos.

En la década de 2010 los salarios de los futbolistas volvieron a aumentar. Antes de la pandemia el sueldo bruto de un futbolista de Primera División se estimaba en 4 millones de euros anuales. Sólo entre 2013 y 2018 los sueldos de los jugadores habían crecido un 20% y representaban entre el 50% y el 70% del presupuesto de un club de fútbol. El salario mínimo de un futbolista profesional prepandemia era de 155.000 anuales por los 10.300 que representaban el salario mínimo de un trabajador. No es necesario señalar que en ninguna otra profesión ve aumentar sus ingresos fijos un 20% en un lustro. La pandemia ha roto con esa progresión. Siempre hubo y habrá cracks, pero para el futbolista medio, haber debutado en 1996 y retirarse en 2008 significa haberse hecho inmensamente millonario.

En los últimos 40 años mientras que el salario mínimo apenas ha aumentado un 10% el sueldo de los futbolistas se ha multiplicado cerca de un 200%. Netzer o Cruyff vivían muy bien, pero lo que ocurre en la actualidad es demencial. Contaba que Di Stéfano tenía 200 salarios mínimos anuales. Mucho, ¿verdad? Pues ni siquiera hablemos de Messi o de Cristiano, los Di Stéfano del momento. Se estima que Sergio Ramos, quizás el buque insignia del Madrid actual, cobra 15 millones de euros al año. Dicha cifra representa 1190 salarios mínimos anuales…y habría que añadir los contratos publicitarios.

Lo cierto es que la desigualdad entre los más ricos y los más pobres no deja de aumentar en todo el mundo. El directivo medio en Estados Unidos gana 104 veces lo que su trabajador, cuando esa diferencia era de 25 veces en los años 70 según ‘The New York Times’. Poco puede hacer el currante para que esto cambie. Pero cuando ese trabajador paga 300 euros para ir al Camp Nou o al Bernabéu está ratificando el sueldo de los 22 multimillonarios a los que luego critica por acaudalados cuando no juegan como a él le gusta.

Hoy en día Messi cobra unas 30 o 40 veces más que Di Stéfano en su época. Pero es que Messi cobra más que ningún otro deportista (según ‘Forbes’ solo es superado por Roger Federer, pero únicamente si se cuentan los ingresos por publicidad). Es normal. Es el mejor en el deporte más seguido. Leo Messi es producto de la globalización del fútbol. Ni siquiera los ídolos de la NBA llegan a establecerse por todas las esquinas del globo terráqueo como lo hacen los astros del balompié. Messi vende el 85% de las camisetas del Barça y es un filón turístico para Barcelona y Cataluña.

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Rey Midas

Pero para el forofo no existe la mercadotecnia ni las giras millonarias por Asia. Para el trabajador lo que gana Messi es obsceno, aunque los directivos del Barça digan que es rentable. Y es obsceno, ilimitadamente obsceno, porque aunque Lebron James sea archimillonario lo es por ejercer su trabajo en la nación más poderosa del mundo. Que Messi sea el deportista mejor pagado del mundo ejerciendo su trabajo en un país que no está entre los 15 más ricos del planeta y que pelea con Grecia por tener la tasa de paro más alta de la Unión Europea es obsceno. Irremediablemente obsceno.

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¿Por qué Uruguay lleva cuatro estrellas de campeón del mundo en la camiseta?

Camino del siglo del inicio del primer Mundial de fútbol, únicamente ocho naciones pueden presumir de ser campeonas mundiales. A la más reciente España (1), se le unen Inglaterra (1), Argentina (2), Francia (2), Alemania (4), Italia (4) y la plusmarquista Brasil (5). Falta uno en la lista; Uruguay. Tiene 2 Mundiales de fútbol (1930 y 1950) y sin embargo 4 estrellas están cosidas sobre el escudo que adorna su camiseta. Cualquier charrúa dirá que su país ha ganado 4 Copas del Mundo de fútbol. Y los más ‘frikis’ hasta argumentarán que tienen 5 títulos en su palmarés. De ser así, no habría nación más laureada en la historia del fútbol.

¿Cómo es que Uruguay tiene cuatro estrellas en su camiseta? Un viaje a la Wikipedia nos dará una rápida respuesta. Dos obedecen a sus títulos de la Copa del Mundo y las otras dos dan fe de sus triunfos en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928. Pero eso no es motivo suficiente. El fútbol fue por primera vez disciplina olímpica en 1908, repitió en 1912 (ambas con victoria de Gran Bretaña) y se refrendaría en Amberes 1920 con triunfo de la anfitriona Bélgica ante España. Así pues, ¿por qué se ha de reconocer las victorias de Uruguay en esos dos Juegos Olímpicos como victorias mundiales y no sucede lo mismo con las anteriores?

Debemos retroceder al año 1921. Por aquel entonces tuvo lugar el congreso de la FIFA en el que fue elegido presidente el francés Jules Rimet. Era Jules Rimet un hombre empecinado. Abogado de profesión y árbitro aficionado, nunca jugó al fútbol pero demostró unas dotes organizativas y políticas de primer nivel. Su deseo era crear una Copa del Mundo de fútbol. Pero era un deseo a medio plazo. Sabía que ante la negativa inglesa a participar y con un mundo en proceso de reconstrucción tras el fin de la I Guerra Mundial, debía esperar unos cuantos años. Apostó por una solución de compromiso. La decisión que tomó en aquel congreso de 1921 era que mientras ese momento llegara “la Federación Internacional reconocerá el Torneo Olímpico de Fútbol como un Campeonato del mundo amateur si éste es organizado conforme a los reglamentos”. Así entonces, la competición de fútbol de 1924 a celebrar en los JJ.OO de Paris iba a tener rango de Copa del Mundo.

En aquellos tiempos el fútbol sudamericano era un desconocido. Fueron escoceses los que llevaron el juego a los puertos de Montevideo y de Buenos Aires. Y este hecho es significativo, dado que a diferencia de los ingleses, los escoceses propugnaban un juego de pase y movimiento. Pronto los hijos de la inmigración italiana y española convertirían aquello en un fútbol dinámico donde la garra y el gambeteo iban de la mano.

La selección de fútbol de la República Oriental del Uruguay era la vigente campeona de América. Pero que un país del otro lado del charco viajase a Europa se antojaba harto complicado. Había que afrontar un largo y pesado viaje en barco y solicitar una ausencia de un par de meses en el puesto de trabajo para poder prepararse y competir. La competición sólo daba permiso a la participación de amateurs, aunque era por todos sabido que la mayoría de los futbolistas cobraban bajo cuerda.

Atilio Narancio, presidente de la federación charrúa, vio en los JJ.OO de 1924 la oportunidad de elevar el nombre de su país a los altares. Vendió varias de sus propiedades para sufragar una expedición que iba a convertir en el sueño de su vida. Convenció a los más escépticos con una serie de partidos amistosos para sacar cuartos y, esencialmente, prometió la gloria eterna a los jugadores que viajasen con él a Francia.

La selección uruguaya desembarcó en el puerto de Vigo el 6 de abril de 1924 con una calurosa bienvenida de los aficionados gallegos, la inmensa mayoría de ellos con familiares repartidos por el país sudamericano. Era la primera vez que una selección sudamericana de fútbol viajaba a Europa. Y causó sensación. Disputaron nueve partidos amistosos en España, para saldar el consabido balance de cuentas, y salieron victoriosos en todos ellos. Impresión causaron las contundentes victorias ante el Real Madrid y Athletic de Bilbao, los dos grandes equipos del momento. Habían viajado en tercera clase en un barco que tardó mes y medio en cruzar el Atlántico, pero ya se vislumbraba que volverían a casa con billete de primera.

Vigo, con la selección de Uruguay - Faro de Vigo
Vigo. 6-IV-24. Llegan los uruguayos

De Madrid a París serían unas 30 horas de tren y más de 3.000 espectadores (una cifra considerable en la época) verían la fácil victoria de los exóticos uruguayos ante Yugoslavia (7-0) en el primer partido del torneo. Después vencieron a Estados Unidos (3-0), Francia (5-1), Holanda (2-1) y a Suiza en la final (3-0). Uruguay había arrasado. El impacto fue tal que se estima en cerca del millón de mapamundis se vendieron en París y alrededores tras la victoria uruguaya, para poder así ubicar al pequeño país latinoamericano en el mundo. No era para menos, Paris contaba con más habitantes que la totalidad del Uruguay. En Montevideo se decretó fiesta nacional y se emitieron sellos conmemorativos. No era una victoria deportiva, era un éxito cultural y una prueba de que las jóvenes naciones sudamericanas podían competir con los viejos estados europeos.

Toda Europa, salvo los orgullosos y profesionales ingleses, celebró el triunfo uruguayo como un triunfo del refinamiento. Las imágenes de la época nos enseñan lo que hoy conocemos como estilo sudamericano. Pases al primer toque y decenas de gambetas. Con un ritmo y una velocidad notablemente inferior al fútbol del siglo XXI, pero muy alejado del prototipo inglés de fuerza, balón el aire y todos al área.

Fue tan extraordinaria la actuación de aquella selección charrúa, que al acabar la final el público parisino que abarrotaba el Estadio Olímpico de Colombes (ahora ya no eran 3.000 sino 45.000 almas) irrumpió con una sonora ovación. Pierre de Coubertin (presidente del COI) se dirigió al seleccionador uruguayo y le propuso dar una vuelta al campo para que los jugadores fuesen saludando al público. Había nacido la ‘vuelta olímpica’. No sólo eso. Un par de meses después, Uruguay disputó un partido amistoso ante Argentina para conmemorar el triunfo. Al cuarto de hora de partido, el delantero argentino Cesáreo Onzari anotaba un gol directo desde saque de esquina. Era el primer tanto que Uruguay encajaba tras ser proclamada campeona olímpica y aquel gol fue bautizado por la prensa como “el gol a los olímpicos”. De ahí nació la expresión ‘gol olímpico’ para referirse al tanto anotado directamente desde saque de esquina. Un término que surgió de la admiración por esa gran selección.

Juegos Olímpicos 1924 - AUF
«Campeones del mundo». 1924

Tal y como afirmé líneas atrás, los jugadores uruguayos eran amateurs, aunque por todos es sabido que los casos de profesionalismo encubierto eran evidentes en muchas disciplinas. Donde más en el fútbol, que había crecido de tal manera que hacía sombra a los propios JJ.OO. Esto fue notorio en Ámsterdam en 1928. Los uruguayos volvieron a lograr la presea de oro tras vencer sucesivamente a Holanda (2-0), Alemania (4-1), Italia (3-2) y a Argentina (2-1) en el encuentro por el título y tras un partido de desempate, en una antesala de la final de la Copa del Mundo de dos años después. Sin embargo, fue esta una victoria mucho más costosa, ya que los equipos europeos acudieron con los mejores jugadores de sus ligas, todos ellos falsos amateurs.

El COI, consciente de que era imposible controlar el amateurismo en el fútbol, prescindió de la disciplina balompédica en 1932. Recuperó el fútbol en 1936 bajo la estricta norma de prescindir de futbolistas profesionales la cual se mantendría vigente hasta 1988 imponiendo, eso sí, unas restricciones de edad, convirtiéndose el fútbol en los JJ.OO en una especie de Mundial sub-23. La FIFA se desmarcó de esa decisión, dejo de considerar los JJ.OO como competición mundial y pudo poner en marcha el proyecto que tenía en mente.

Fue entonces cuando Jules Rimet decide crear una competición propia a celebrar cada cuatro años, que se alternase con los JJ.OO y que llevaría el nombre de Copa del Mundo. La aprobación del primer Mundial tuvo lugar en un Congreso Extraordinario de la FIFA celebrado en el salón del Consejo del Ciento de Barcelona en 1929. Dado que Uruguay era la vigente campeona olímpica se dio por hecho que sería el país organizador, aunque Hungría e Italia también presentaron su candidatura. Al final el Mundial de 1930 se celebraría en el país sudamericano con tan sólo 13 países inscritos. Las naciones europeas (excepto Francia, Bélgica, Rumanía y Yugoslavia) se negaron a acudir esgrimiendo motivos económicos y de calendario.

El boicot no tuvo efecto. El Mundial de 1930 fue un éxito y detrás del primero vendrían todos los demás. La organización uruguaya fue ejemplar. Todas las fuerzas vivas de la nación y los cerca de 2 millones de habitantes que entonces tenía el pequeño país latinoamericano se volcaron en el Mundial y en la construcción del estadio Centenario, que fue bautizado con ese nombre porque en 1930 la competición futbolística iba a coincidir en el tiempo con los fastos por la celebración del centenario de la Independencia de Uruguay. Por cierto, las cuatro tribunas del estadio están bautizadas con los evocadores nombres de América, Colombes, Ámsterdam y Olímpica, un homenaje a los éxitos futbolísticos del país.

Uruguay ganó aquel Mundial de 1930 al igual que había vencido en los JJ.OO de 1924 y 1928. Pelé cuenta como el único jugador que ha ganado 3 Mundiales (1958, 1962 y 1970), pero es un dato no del todo cierto. Hasta 6 jugadores uruguayos fueron vencedores en las 2 ediciones de los JJ.OO y en el primer Mundial. El capitán del combinado era Jose Nasazzi, un fenomenal central apodado ‘El Mariscal’ y que era temido por los delanteros. La figura del equipo era Héctor Scarone, uno de los mejores puntas del mundo en la década de 1920 y que jugaría en Europa en el FC Barcelona y en el Inter de Milán. El acompañante de Scarone era Pedro Petrone, máximo goleador en los JJ.OO de Paris. El centro del campo era comandado por José Andrade, un mediocentro rocoso que está considerado por los historiadores como el primer gran jugador de raza negra. Y nos faltan dos extremos, ambos de origen español. Por un lado estaba Santos Urdinarán, apodado ‘Vasquito’. El otro extremo era Pedro Cea, uno de los jugadores más aclamados al desembarcar la expedición uruguaya en Vigo porque había nacido en el pueblo gallego de Redondela antes de emigrar con sus padres al país charrúa (también era nacido en Redondela Lorenzo Fernández, que fue campeón olímpico en 1928 y del mundo en 1930).

Pero aún hay más. Si el lector recuerda, en el primer párrafo de este artículo anunciaba que los más ‘frikis’ dan a Uruguay 5 títulos de la Copa del Mundo. Y éste último, además, vale doble.

Uruguay es el único país que cuenta con una Copa de Oro de Campeones Mundiales.

En diciembre de 1980, con motivo de los 50 años de la creación del primer Mundial, la FIFA organizó una competición a lo que solo podían acudir aquellos equipos que habían sido campeones mundiales (en aquel entonces eran Uruguay, Italia, Brasil, Alemania, Inglaterra y Argentina). Los ingleses, fieles a su legendaria flema, renunciaron a ir, por lo que la FIFA invitó a Holanda por haber sido subcampeona en 1974 y 1978. Se formaron dos grupos con tres equipos saliendo finalistas los vencedores de grupo. A la final se clasificaron Uruguay, que ejercía de país anfitrión, y Brasil. En la finalísima, disputada el 10 de enero de 1981, los uruguayos vencieron por 2-1 con goles de Barrios y Vitorino haciendo inútil el tanto del brasileño Sócrates.

He aquí el pentacampeonato uruguayo.

Según los estatutos de la FIFA en 2030 se debe celebrar una nueva Copa de Oro de Campeones Mundiales. El problema es que 2030 también es año de Mundial y el calendario internacional está mucho más saturado de lo que estaba en 1980. Veremos lo que Infantino y compañía inventan, pero mientras tanto, y a la espera de saber quién ganará el Mundial de Qatar, Uruguay puede seguir presumiendo de tener 4+1 Copa del Mundo de fútbol.

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Un Balón de Oro para los europeos (1995-2020). Una historia contrafactual

Clasificar. Desde pequeños tendemos a agrupar, ya sea por colores, por tamaños o por formas. Es algo innato a la especie humana y todo se lo debemos al desarrollo de nuestro cerebro. Desde hace miles de años hacemos listas y clasificaciones que nos permiten recordar y memorizar y, de hecho, el orden es de las cosas más humanas que existen. Clasificamos porque nuestra mente nos dice que dentro de nuestro ser hay un orden y nuestro cerebro lo necesita para ayudarle a facilitarnos la vida.

Por eso nos gusta tanto clasificar. Por eso hacemos y rehacemos historias. ¿Qué pasaría sí? ¿Y si hubiésemos hecho esto asá? ¿Y si ponemos esto otro aquí? Hacemos continuas clasificaciones y exploramos que hubiese sucedido si las decisiones fuesen otras. Hacemos historias contrafactuales.

Despedimos 2020 con buena parte del mundo en precario y empapados de una psicosis colectiva. En estos meses hemos cerrado fronteras, exteriores e interiores, y nos hemos puesto a mirar con aire de desprecio (con más si cabe) a aquellos que vienen de fuera. En Europa los duros muros de cemento de la construcción europea hace tiempo que dejaron paso al adobe y la pandemia no ayuda a revertir esta decrépita situación. Estamos a escasas fechas de que el brexit sea una realidad y los europeos vuelvan a ser extranjeros en el Reino Unido. A escasos días de que la Premier League vuelva a 1995.

Pero, ¿qué hubiese pasado si no hubiese existido la Ley Bosman? Ya en otro artículo trate de responder a esta pregunta y busqué unos vencedores de la Copa de Europa contrafactuales. Pero el motivo del artículo de este viernes no es grupal, sino individual.

Robert Lewandowski ha sido galardonado con el premio ‘The Best’ que la FIFA otorga al mejor futbolista en un año natural. Es el único premio que el delantero polaco ha ganado este año. Le han robado el otro. ‘France Football’ decidió hace unos meses no dar este año el Balón de Oro según explicaron “por las circunstancias excepcionales por la pandemia del coronavirus”. A cambio se han inventado una chapuza en la que buscan el mejor once de la historia obviando el propio historial del premio y recolocando a futbolistas en posiciones que no son las suyas para no solaparse con otros favoritos.

Y todo ello como si no hubiese habido fútbol profesional este año. Como si Lewandowski y compañía llevasen desde marzo encerrados en casa sin calzarse las botas de tacos.

Lewandowski, ganador del The Best 2020
The Best 2020

2020 es el año que en el que a Robert Lewandowski le han hurtado un más que merecido Balón de Oro. Sucedería en el trono a Leo Messi que, con seis trofeos, es el hombre récord. No obstante, si los jugadores no europeos hubiesen tenido libre acceso al trofeo desde 1956, año de su creación, el recordman sería Pelé con 7 entorchados tal y como expliqué tiempo atrás.

Pero en este caso la pregunta es otra. ¿Qué hubiese pasado si en 1995 las fronteras siguiesen cerradas y el Balón de Oro continuase siendo coto cerrado para los europeos? ¿Qué hubiese sucedido si Weah, Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho, Kaká o Messi no pudiesen haber ganado el Balón de Oro?

Vamos a ello entonces. Un Balón de Oro (1995-2020) en el que sólo puedan participar los europeos. En mayúsculas estarían aquellos que lo ganaron en la realidad. En minúsculas aquellos usurpadores del trono:

1995 Jürgen Klinsmann (Alemania) Bayern Munich

1996 MATTHIAS SAMMER (Alemania) Borussia Dortmund

1997 Predrag Mijatovic (Montenegro) Real Madrid

1998 ZINEDINE ZIDANE (Francia) Juventus

1999 David Beckham (Inglaterra) Manchester United

2000 LUIS FIGO (Portugal) FC Barcelona / Real Madrid

2001 MICHAEL OWEN (Inglaterra) Liverpool FC

2002 Oliver Kahn (Alemania) Bayern Munich

2003 PAVEL NEDVED (Chequia) Juventus

2004 ANDREI SHEVCHENKO (Ucrania) AC Milan

2005 Frank Lampard (Inglaterra) Chelsea

2006 FABIO CANNAVARO (Italia) Juventus / Real Madrid

2007 Cristiano Ronaldo (Portugal) Manchester United

2008 CRISTIANO RONALDO (Portugal) Manchester United

2009 Cristiano Ronaldo (Portugal) Real Madrid

2010 Andrés Iniesta (España) FC Barcelona

2011 Cristiano Ronaldo (Portugal) Real Madrid

2012 Cristiano Ronaldo (Portugal) Real Madrid

2013 CRISTIANO RONALDO (Portugal) Real Madrid

2014 CRISTIANO RONALDO (Portugal) Real Madrid

2015 Cristiano Ronaldo (Portugal) Real Madrid

2016 CRISTIANO RONALDO (Portugal) Real Madrid

2017 CRISTIANO RONALDO (Portugal) Real Madrid

2018 LUKA MODRIC (Croacia) Real Madrid

2019 Virgil Van Dijk (Países Bajos) Liverpool FC

Es interesante recordar que hay dos jugadores no europeos que antes de 1995 ganaron el Balón de Oro. Son los casos de Alfredo Di Stéfano (argentino nacionalizado español) y Omar Sívori (argentino nacionalizado italiano). El tercero en discordia sería Eusebio, que es el primer nativo africano que ganó el Balón de Oro. Sin embargo, el caso de Eusebio es sumamente controvertido. Nació en Maputo, que hoy es capital de Mozambique, pero en enero de 1942, cuando Eusebio vino a este mundo, era Lourenço Marques y pertenecía a Portugal. Eusebio nunca renegó de sus orígenes pero siempre se consideró así mismo portugués.

Sin Di Stéfano en la ecuación, el defensa inglés Billy Wright (1957) y el delantero francés Raymond Kopa (1959) hubiesen ganado el Balón de Oro. Sin Sívori (1961) el español Luis Suárez sumaría un nuevo trofeo al que había ganado el año anterior. Y una cosa más. Sin los dos delanteros argentinos en liza, Ferenc Puskás hubiese subido al pódium de un Balón de Oro que le llegó tarde y viejo, cuando años atrás el nombre de Puskás tronaba por el Viejo Continente.

Ampliemos ahora el foco. Primero, segundo y tercero. Nuevamente en mayúsculas los que ocupan un puesto real y en minúsculas los que representan un puesto contrafactual:

1995 Klinsmann / Litmanen / Del Piero

1996 SAMMER / Shearer / Del Piero

1997 Mijatovic / Zidane / Bergkamp

1998 ZIDANE / SUKER / Owen

1999 BECKHAM / Shevchenko / Figo

2000 FIGO / ZIDANE / SHEVCHENKO

2001 OWEN / RAÚL / KAHN

2002 Kahn / Zidane / Ballack

2003 NEDVED / HENRY / MALDINI

2004 SHEVCHENKO / DECO / Henry

2005 Lampard / Gerrard / Henry

2006 CANNAVARO / BUFFON / HENRY

2007 Cristiano Ronaldo / Pirlo / Van Nistelrooy

2008 CRISTIANO RONALDO / Fernando Torres / Casillas

2009 Cristiano Ronaldo / Xavi / Iniesta

2010 Iniesta / Xavi / Sneijder

2011 Cristiano Ronaldo / Xavi / Iniesta

2012 Cristiano Ronaldo / Iniesta / Xavi

2013 CRISTIANO RONALDO / Ribery / Ibrahimovic

2014 CRISTIANO RONALDO / Neuer / Robben

2015 Cristiano Ronaldo / Lewandowski / Thomas Müller

2016 CRISTIANO RONALDO / Griezmann / Bale

2017 CRISTIANO RONALDO / Buffon / Modric

2018 LUKA MODRIC / CRISTIANO RONALDO / GRIEZMANN

2019 Virgil Van Dijk / Cristiano Ronaldo / Mbappé

A lo que habría que añadir el trofeo que este año ‘France Football’ ha decidido no otorgar:

2020

Robert Lewandowski (Polonia) Bayern Munich Oro

Kylian Mbappé (Francia) PSG Plata

Manuel Neuer (Alemania) Bayern Munich Bronce

Así pues saldrían beneficiados de soslayo depuradas técnicas como las de Ibrahimovic, afamados fantasistas como Del Piero, tremendos goleadores como Suker o Van Nistelrooy, todocampistas como Ballack o Gerrard, cerebros privilegiados como Pirlo o un corazón soberbio como el de Thomas Müller.

Triunfadores saldrían defensas aseados como Virgil Van Dijk y delanteros de colmillo afilado como Klinsmann y Mijatovic. David Beckham sería el primer Balón de Oro inglés en dos décadas y Andrés Iniesta el primero español en media centuria. Oliver Kahn hubiese sido el segundo Balón de Oro bajo palos sucediendo al mítico Lev Yashin.

20/03/1999: Oliver Kahn establece un récord en la Bundesliga
Kahn, ¿Balón de Oro?

Pero el gran beneficiado sería Cristiano Ronaldo que sin Messi de por medio doblaría sus registros actuales y alcanzaría los 10 trofeos del Balón de Oro. Bien es cierto que durante un lustro el Balón de Oro tuvo una tumultuosa convivencia con el FIFA World Player en la que la entrada en las votaciones de capitanes y entrenadores de selecciones de todo el mundo desvirtuó la idiosincrasia del trofeo.

Así, para los puristas, 2012 (Iniesta), y, especialmente, 2013 con Frank Ribery y, quizás, aunque solo quizás, 2014 (Neuer), el trofeo no debería haber sido para Cristiano (ni tampoco para Messi). Pero sea como fuere, es indudable que Cristiano es uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, y, sin duda alguna, el futbolista europeo más dominante de la historia cuya longevidad es aún más extraordinaria que su capacidad futbolística.

Esta afirmación coge más vuelo si tenemos en cuenta que de los cuatro grandes (Di Stéfano, Cruyff, Pelé y Maradona) tan sólo hay uno que sea europeo y el que será quinto cuando se retire (Messi) también nació allende los mares. Que Cruyff sea más grande que Cristiano sólo se sostiene porque el mediapunta holandés es el fundador de un estilo, porque los números, el colmillo y la persistencia de Cristiano no tienen parangón en la vieja Europa.

https://www.youtube.com/watch?v=vUyXa1SOeXQ
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La semana mágica de Paolo Rossi

29 de junio de 1982. Barcelona. Estadio de Sarriá. 44.000 espectadores en las gradas. 18:30 horas. Alrededor del minuto 60 de partido. Paolo Rossi, el delantero centro de la selección italiana, recibe en solitario al contraataque, se interna en el área pequeña y es incapaz de levantar el balón por encima de Fillol, cancerbero argentino. Es un mano a mano clarísimo. Era el cuarto partido consecutivo en el que Rossi salía de titular en el Mundial y el cuarto consecutivo en que abandonaba el encuentro sin anotar un tanto. Italia triunfa, pero Rossi fracasa, titula la prensa transalpina. Italia venció a Argentina y se jugará el pase a semifinales ante Brasil, la indiscutible favorita del torneo.

Con 14 años Luciano Moggi lo captó para la Juventus procedente de la Cattolica de Virtus. Era un delantero oportunista, no exento de técnica, pero que destacaba por estar en el lugar preciso en el momento justo. Paolo Rossi era una prometedora estrella pero sufre tres lesiones distintas de menisco antes de los 18 años. Se recuperaría, pero a los 30 ya estaría retirado. El caso es que la Juve se deshace de él y lo manda al Vicenza que estaba en la Serie B. El primer año es el máximo goleador de Segunda y asciende a Primera. La segunda temporada repite ‘Pichichi’ en la Serie A y deja a su modesto equipo en puestos europeos. Pablito había renacido.

Va al Mundial del 78 y se sale. Italia alcanza las semifinales. Y llega el escándalo. El Perugia, un modesto, ofrece una millonada. La Juve se echa atrás. Entonces los italianos sólo podían salir del país con el equivalente a 65 euros de la actualidad. El fichaje de Rossi cuesta 5 millones de hoy, pero el sueldo de Rossi sigue siendo modesto. Los jugadores exigen cobrar más. Los equipos pagar menos impuestos. Se rumorea que se amañan partidos. Nunca se probó que Paolo Rossi cobrara ninguna mordida, pero al igual que a la hora de meter goles estaba en el lugar preciso en el momento justo, el escándalo del ‘Tottonero’ le salpicará de lleno. Un coloso como el AC Milan es castigado con el descenso a la Serie B y una figura como Paolo Rossi estará dos años sancionada sin jugar. Era 1980.

Archivo:Paolo Rossi Vicenza.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre
Pablito

Enzo Bearzot siempre creyó en su inocencia. El seleccionador ‘azzurro’ lo estimaba como futbolista y como hombre. Fue su medicina durante dos largos años. Creía en ese delantero oportunista. Tras sólo tres partidos jugados en dos largos años decide convocarlo para el Mundial 82. Le da la posibilidad de forjarse un destino. Rossi jugará la primera fase del Mundial como un futbolista encadenado. La prensa quiere a Roberto Pruzzo y no a un chico tramposo y falto de forma. Bearzot decide que ningún jugador hable con los medios. Sólo hablará él. Dice que pone a Rossi de titular “por una cuestión moral”. El escándalo está servido. Italia está a punto de irse a casa en la primera fase. Las críticas son duras. Pero Rossi, con el 20 a la espalda, seguirá siendo el 9 titular.

5 de junio de 1982. Barcelona. Estadio de Sarriá. 44.000 espectadores. 17:20. Minuto 5 de partido. Centro al área, Rossi arranca una décima de segundo antes que su defensor y de cabeza cruza el balón. Es el gol más importante de la carrera de Pablito. El que le abre las puertas del paraíso tras 365 minutos en el averno. Luego vendría el segundo en el que Rossi volvió a ser Pablito el oportunista al ganarle el balón a Toninho Cerezo y anotar un gol de pillería. En el tercero demostró que nadie era capaz de defenderlo. Aquella tarde sólo un hombre podía entrometerse entre Brasil y las semifinales. Rossi anotó un ‘hat-trick’ en el que fue el partido más hermoso de todo el Mundial.

https://www.youtube.com/watch?v=fser8knw8Ws

Brasil del 82 era como el Brasil del 70 pero no tenía ni portero ni gol. Era como bailar con tu hermana. Todo era hermoso hasta que llegabas al final. Rossi, el proscrito, el delantero que había jugado tres partidos en dos años, que no había marcado ningún gol en el Mundial, volvió a ser Pablito. En una época donde se marcaba al hombre, Rossi era el delantero que se escabullía, el pillo que se escurría y bailaba con el balón hasta llevarlo a la línea de gol.

8 de junio de 1982. Barcelona. Camp Nou. 60.000 espectadores. 17:15 horas. Italia contra Polonia. Semifinales. Italia ya no tenía a un delantero. Tenía a un héroe nacional. Paolo Rossi anotó otros dos goles tocando apenas un par de balones. No podía haber escogido un mejor momento para resucitar. Italia volvía a la final de un Mundial tras haber perdido ante Brasil doce años antes.

Cuando Enzo Bearzot llegó a la ‘Nazionale’ siete años atrás decidió apostar por algunos jóvenes que conocía de las categorías inferiores. Concretamente dos de ellos se mostraron indispensables. Antonio Cabrini en la defensa y Paolo Rossi en la delantera. Esos dos futbolistas eran innegociables. Bearzot era un hombre culto. No era un entrenador al uso, era como un pintor que sabía cómo combinar colores. Y Paolo Rossi era como el azul, el azul de Italia, el azul del cielo y del mar. Como ese color que permite enlazar con los demás.

11 de junio de 1982. Madrid. Santiago Bernabéu. 90.000 espectadores. 20:00 horas. Italia contra Alemania Federal. Final del Mundial. El sueño de una vida. Minuto 57 de partido. Tardelli abre a la derecha, Gentile recibe el balón y centra al área donde cayendo y todo potencia aparece Rossi que entre su cabeza y su corazón abre el marcador. Esta vez solo fue un gol, pero se dice que en una final el primero vale por tres. Alemania venía de una extenuante prórroga ante Francia, Rummenigge estaba tocado y los teutones bajaron los brazos. Italia acabaría ganando 3-1 y lograría el que hasta el momento era su tercer Mundial.

Paolo Rossi jugó 7 partidos en aquel Mundial y anotó 6 goles distribuidos en apenas 230 minutos. Fue el máximo goleador. En dos años disputó únicamente 10 partidos oficiales marcando 7 tantos. Al acabar el Mundial firmó por la Juventus, su amor de adolescencia, tuvo un par de años mediocres y se apagó. Paolo Rossi fue una estrella fugaz. Fue un héroe que entró en combustión durante una semana mágica para ingresar en el olimpo de los dioses. Es uno de los únicos 8 futbolistas que han ganado la Copa de Europa, el Mundial y el Balón de Oro. Un Balón de Oro, aquel de 1982, que es uno de los más baratos de siempre, porque a Paolo Rossi tan sólo le hizo falta una semana para justificar un año. Para justificar una carrera. Para justificar una vida.

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Maradona (2ª parte): Demonio

Diego Armando Maradona Franco era de ascendencia gallega. Algunos buscaron a los Maradona por Ribadeo, pero es el Franco (que deriva de los franceses que en el medievo se asentaron en Santiago y alrededores al hacer el Camino) lo que le delata. Ya se sabe que gallegos hay en todas partes. Y en Galicia triunfa un dicho para aquellos que deambulan por la vida con enfermedad perpetua. ‘Nunca gastou salud’, se dice. Maradona no es que no gastara salud. La tenía toda, pero la derrochó, la precipitó por el retrete y se encargó de tirar de la cadena. No hizo daño a los aficionados. Lo que hizo fue hacerse daño a sí mismo.

Maradona fue ángel, pero también fue demonio. Sin el balón todo en él fue pelearse con la vida. Mejor hubiese sido que se fuese joven. Ahora ya no habrá más noticias malas. El Maradona entrenador, el Maradona presentador, el Maradona directivo, el Maradona embajador. Todos fueron parodias. Ojalá no hubiesen existido. El ángel de cara sucia pasó a ser un demonio con rabo. Y sus tonterías y sus desmanes, que antes sólo le dañaban a él, pasaron a dañar a quienes le idolatraban.

Vergüenza ajena.

Arremetió contra gigantes y molinos. Llamó corrupta, mafiosa, loca y ladrona a la FIFA (lo peor es que tenía razón). Dicen que era izquierdista. Fue amigo de Chávez, de Maduro y de Fidel Castro. Del comandante cubano tenía un tatuaje en la pierna de meter goles. Se creía un caudillo, un guerrero del pueblo, un hombre venido del cielo. Digo que se decía izquierdista pero es harto dudoso ponerle dicho calificativo. Era un hombre perdido que iba a contracorriente y que tenía la mordacidad justa para la respuesta veloz.

Le han cantado Sabina, Manu Chao, Calamaro o Los Chikos del Maíz, grupo de cabecera del vicepresidente Pablo Iglesias. Son todos simpatizantes de izquierdas. Lo cual es normal porque todos, incluyendo Maradona, han defendido, con mayor o menor vehemencia, la igualdad social, el control estatal de la economía, el pacifismo o el anticonsumismo. Eso sí, resulta más que chocante esa oda al Maradona persona, cuando Maradona fue homófobo, misógino, corrupto y violento. Hasta era creyente. Mientras ellos creen en D10S, Maradona creía en Dios. “Y eso que sé que lo puteé”, dijo en una de sus últimas entrevistas.

De todas las habidas, la más célebre de las canciones dedicadas al Pelusa es una maravillosa cumbia de un tal Rodrigo, un joven cantante argentino que falleció antes de cumplir la treintena. La canción, como no podía ser de otro modo, se llama ‘La mano de Dios’.

El gol de la mano de Dios es una oda al rencor, a la falsedad y a la pillería. Es pura viveza criolla. Es el fin justificando los medios. “Me sentí como si le robara la billetera a los ingleses”. Ni ya fallecido podrán en la anglicana Inglaterra perdonar semejante desvergüenza. Maradona fue como el soldado que aparece en las películas con la bandera y la clava en medio del bombardeo. Arriba las Malvinas. Arrima el puño a la cabeza tan veloz y tan rápido que hubiese que haber tirado de VAR para que el demonio no su hubiese llevado por delante al ángel.

Con VAR no existiría la mano de Dios.

Al haber leído esto tú mismo has sentido una punzada en el corazón y te ha dado pena.

Somos ángeles y también demonios.

https://www.youtube.com/watch?v=M4nOe6P77kA

Sus amistades fueron fruto del interés. Chupópteros que se aprovecharon de un politoxicómano. Mafiosos que le pasaron el brazo por encima del hombro y acabaron clavándole un cuchillo por la espalda. Líderes de izquierdas que le pagaron una y otra vez su estancia en una clínica de rehabilitación a cambio de propaganda mundial.

No se sabe las veces que cayó y se volvió a levantar. Dicen que el Pelusa era un barrilete cósmico, que estaba gordo. La realidad es que los kilos nunca fueron carga para gambetear. La carga de Diego se llamaba Maradona. “Necesito que me necesiten”, dijo en cierta ocasión. Todos aquellos en los que confió le engañaron. Cuando era pequeño dormía abrazado al balón, no porque le gustara, sino porque tenía miedo a que se lo robaran.

Maradona es víctima, sí, pero sobretodo es culpable. Maradona es demonio. A veces porque fue incapaz de vencer a la tentación, pero en su mayoría porque quiso. “Tengo dos hijas legítimas, los demás son hijos de la plata o de la equivocación”. Media vida se la ha dejado como politoxicómano. La otra media se la llevaron los tribunales. Ha tenido litigios por culpa de sus hijos ilegítimos, por golpear a sus parejas, por un intento de violación, por compañías espurias con menores y por evadir impuestos. Hemos visto videos del Pelusa dormido, exaltado o borracho. Ha mandado a muchos a mamarla y nos ha enseñado un par de veces sus posaderas. Otras ha intentado hablarnos, pero no hemos entendido nada de lo que su boca se había propuesto contar.

“Me cortaron las piernas”, señaló cuándo dio positivo por cocaína en el Mundial de Estados Unidos. Jugó, venció, meó y perdió, dijo de él Eduardo Galeano. El mundo enteró arremetió contra la FIFA. En lugares tan lejanos como Bangladesh se enarboló la bandera argentina y hubo barricadas en las calles. Pocos recordaban que un par de años antes la FIFA había puesto dinero de su bolsillo para buscarle acomodo en Sevilla e intentar que el genio volviese a salir de la lámpara. Fue el primero de muchos e infructuosos intentos.

Tiempo atrás ya la había liado en Buenos Aires y en Barcelona. Antes de ser ídolo en Boca pisoteó la camiseta xeneize porque sus compañeros no se la pasaban. En Barcelona le pusieron un investigador privado y él les recompensó con unos cuantos regates, un puñado de goles inverosímiles y una parodia de Bruce Lee en una final de la Copa del Rey. “Cataluña es un gran lugar para vivir, pero no para ser futbolista”.

En Nápoles fue rey aunque antes fue proscrito. Su vida en Nápoles excedió el mundo de las celebridades. El recorrido de humano a mito lo dividió en dos, porque fue mito en vida, cumplió sus sueños, pero no fue dueño de su destino. Pero un rey no sólo es digno de elogio y de admiración, también tiene obligaciones y responsabilidades. Y Maradona las obvió todas.

Y es que Maradona fue un circo. Fue trapecista, acróbata, escapista, pero también elefante, payaso, tragafuegos y hasta hombre bala. Una vez acabó disparando con un rifle a un grupo de periodistas que le esperaban a la puerta de su casa. Por supuesto no fue detenido.

Maradona no es ejemplo de nada. Pudo tener un retiro feliz, rodeado de familia y de amigos y quizás con un cargo en Argentina para llevar el Mundial a Sudamérica o como embajador de la FIFA por el tercer mundo. Podría haber sido presidente honorífico de Boca o reinventarse como analista deportivo. Pero a la inversa ha sido un buen ejemplo. Es el ejemplo de como una adicción te hace sufrir a ti y a los tuyos y acaba quebrándote la vida. Maradona es el ejemplo de los males de la droga, de cómo te acorta la vida. Porque Maradona se fue a los 60, pero hacía 20 años que estaba muerto. Maradona había fagotizado a Diego.

También podríamos ser indulgentes. Desde niño fue una esperanza, desde adolescente fue estrella. No es fácil domar a semejantes leones, pero eso no lo exime de su culpa. Menotti dijo que Maradona fue como un gato al que subieron a un árbol y nadie le dijo como bajar. Puede ser verdad y quizás sea el más grande, pero su idolatría no puede, no debe, salir del rectángulo de juego.

La muerte no hace prisioneros, pero pronto se olvidarán las broncas, las peleas, los insultos o las detenciones y quedarán las rabonas, los caños y los goles. Porque cuando Maradona resuene volveremos a la brillantez y comprobaremos en cada vídeo que Maradona cada día juega mejor.

Con la muerte lo malo se olvida y lo bueno prospera. Queda el ángel y se olvida al demonio.

Lamentablemente. ¿O no?

Maradona en Sinaloa, la capital de la cocaína en América Latina; ¡atascado!  - Libertad Bajo Palabra
Demonio

“Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha. ¿Sabes qué jugador hubiera sido yo de no haber tomado drogas? Fui, soy y seré drogadicto”. Diego Armando Maradona.

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Maradona (1ª parte): Ángel

Se ha dicho, se está diciendo y se dirá tanto sobre Maradona que tejer un nuevo camino en una selva de conocimiento se antoja imposible. Para intentar comprender como un futbolista de una nación secundaria ha sido capaz de abrir informativos y copar portadas de periódicos generalistas de medio mundo quizá nada mejor que trasladarse a Rosario, una ciudad situada al noroeste de Buenos Aires. Allí, hace un par de décadas, se fundó la iglesia Maradoniana y ha ido creciendo hasta sumar más de 500.000 fieles que rinden culto a D10S, rezan el padrenuestro del Diego y siguen los diez mandamientos en los que el súmmum es amar a Maradona sobre todas las cosas.

De todo lo que he leído sobre D10S lo que más me impactó son unas palabras de Emilio Butragueño en un reportaje sobre México 86 que vi hace ya unos cuantos años. Butragueño, descollante estrella en aquella cita con un póker de goles ante Dinamarca, declaraba que la superioridad de Maradona era tan apabullante que hubiese sido campeón del mundo con cualquiera de las selecciones octavo finalistas. Parece una bravuconada teniendo en cuenta que en ese grupo de 16 selecciones estaban Paraguay, Bulgaria o Marruecos, pero si uno repasa los vídeos de aquel Mundial descubrirá que lo imposible se hizo carne. Maradona practicó un fútbol tan sublime que sus compañeros tuvieron que defenderse y pedir perdón por no ser lo suficientemente buenos.

Quizás Maradona es el más grande. Es cierto, no se debe comparar épocas distintas. Pero la grandeza del Pelusa, su mote favorito puesto por su madre debido a su frondosa mata de pelo, radica en que ganó él sólo. Ni en Nápoles ni en Argentina (por favor, echen un vistazo a la plantilla albiceleste de finales de los 80 y compárenla con la de inicios del 2010) tuvo acompañantes que al menos fuesen capaces de amamantar sus ubres. Pelé ganó con cómplices excelentes, Cruyff fue dueño de un estilo pero no sometió con su fútbol y tan sólo Di Stéfano convirtió en grande a un equipo. Pero es que Maradona lo hizo por partida doble. Lo hizo al sur de Italia y lo hizo convirtiéndose en prócer de una nación. Fue Di Stéfano, pero al mismo tiempo fue Carlos Gardel y Evita Perón.

Cuando se quiere comparar a Messi con Maradona en Argentina se llevan las manos a la cabeza. El principal axioma es que Leo es un pecho frío, gambetea, pero no enamora. Pero el problema de fondo es otro. Messi fue moldeado en una de las mejores escuelas futbolísticas del mundo y ha estado rodeado de los mejores jugadores del planeta. Maradona aprendió sólo, en un barrio privado de luz y de agua corriente y tuvo que cargar a sus espaldas con compañeros que sin él hubiesen naufragado. El debe del Pelusa es que su brillo fue efímero mientras que el de Messi es extraordinariamente longevo. Maradona tuvo 20 años de carrera. Siete fueron de crecimiento, cinco de esplendor y en el resto hubo más de demonio que de ángel.

Maradona tenía la pata izquierda más sensible que ha parido el fútbol. Le hemos visto dar toques a llaveros, bolas de papel de aluminio, botellas y, dicen, que hasta cartones de leche. Una vez se le contaron 79 golpecitos a una naranja. Decía Di Stéfano que el baloncesto no le interesaba porque no tenía nada de especial acariciar un balón con una mano. Maradona tenía en su pie siniestro más sensibilidad que la mayoría de los mortales en su mano derecha. Sus calentamientos son tan recordados como sus exhibiciones en los partidos. El deplorable año que pasó en Sevilla dejó pinceladas de su arte, pero quizá ninguna como una legendaria durante una tarde napolitana de 1989.

https://www.youtube.com/watch?v=s7ZjU-6iSwk

Maradona es D10S porque jugaba en un fútbol donde los entrenamientos se hacían con espinilleras, los partidos se bailaban alrededor del barro y los defensas en vez de piernas tenían tijeras. La colección de patadas que guardaba Maradona en sus tobillos es enciclopédica. Y no se caía. Seguía y seguía. Un pecho caliente. Era como Messi, pero más gordo (barrilete cósmico), más visceral, más humano. “Pelé es Beethoven, pero yo soy Ron Wood, Keith Richards y Bono, todos juntos. Porque yo soy la pasión del fútbol”, dijo el Pelusa en una ocasión.

Dejó goles increíbles. Seguramente el más famoso de todos los tiempos. Una carrera contra la historia bajo un sol abrasador donde un ser escuálido, diminuto y a la vez gigantesco durmió la pelota con su empeine hasta llevarla a las redes inglesas. Jorge Valdano diría que a medida que pasaban los segundos pasó de reclamar un pase a rezar para que no le llegara el balón, y así poder apreciar aquella sonrisa de un niño, aquella camiseta azul de un rey y aquel pantalón negro que tumbaba cinturas inglesas.

Maradona es Argentina, es Nápoles, pero también es Boca. Pocos recuerdan que se hizo famoso en Argentinos Juniors, primero como pibe que gambeteaba, hacía malabares en los descansos de los partidos de los mayores y anotaba tantos lanzando desde detrás de la portería. Después, de adolescente, como competidor y goleador implacable. Hugo Gatti lo llamó pequeño gordito y al domingo siguiente Maradona le metería cuatro goles en un partido. Fue su último año en Argentinos. La temporada siguiente Gatti le rendirá pleitesía cuando el Pelusa se convierta en el faro de Boca.

Era un genio salvaje, en palabras de Santiago Segurola. Fantasía con botas, pura imaginación. No ganó el Balón de Oro, de aquella no podías ganarlo si no eras europeo, pero ni falta que hizo. Platini, el chico perfecto, el otro ’10’ que le discutía su reinado en los 80 ha sido taxativo: “Zidane hacía con un balón lo que Maradona hacía con una naranja”. Conviene recordar que cuando Zizou se retiró Platini se apresuró a decir que Zidane había sido mejor futbolista que él. También es preciso acordarse que cuando Maradona y Platini se retaban en un rectángulo de juego el Calcio era, y con amplia diferencia, la liga más fuerte del mundo.

En Nápoles Maradona sustituyó a San Gennaro. Dio orgullo a los ‘terroni’, a los inferiores, a los olvidados del sur de Italia, y todo a pesar de cambiar las jornadas de entrenamiento por los días de fiesta. Los perros iban con pelucas del Pelusa y la estatua de Dante llevaba una camiseta del 10. Nos quedan sus vídeos, una colección de diferentes maravillas. Como aquella vaselina imposible ante el Estrella Roja o aquella parábola perfecta dentro del área en un duelo trascendental ante la Juve.

Su estela en el fútbol, en el deporte, es colosal. Elevó lo extraordinario a lo cotidiano y por vez primera lo hizo a color y con todos y cada uno de sus partidos televisados. Era fuerte, ágil, felino. Era un futbolista que hacía realidad los sueños. No sé si fue un napolitano o fue un argentino, pero alguien tuvo la fortuna de decir que a Maradona no se le juzga por lo que hizo en su vida, se le ama por lo que hizo en las nuestras.

La gente que quiere al fútbol quiere a Brasil. La gente que ama el fútbol ama a Argentina. Sus ojos maliciosos, su cabello descuidado y su sonrisa descarada lo convirtieron en un cara sucia. La gente lo adora igual que adoró a Lady Di. La gente lo quiso a pesar de sus defectos. Gracias a sus defectos. Porque era humano. Maradona es la perfección de la imperfección. En Argentina es el pibe lindo. El chico de la calle. Habilidad, picardía y diversión antes de que la responsabilidad matase al fútbol.

Una vez que los primeros europeos se asentaron en Sudamérica y soltaron amarras con la patria, los sudamericanos (los criollos) comenzaron a autogobernarse y a luchar por su prosperidad siguiendo sus propias reglas. En la psique del sudamericano nunca se va a confiar en las leyes como un código benigno que promete seguridad, sino como algo a evadir. Por eso Messi nunca será Maradona. Porque además de gambetear, hay que protestar, hay que luchar. Hay que ser un ángel con cara sucia.

Los 10 mejores goles de la carrera de Maradona
El Diego

“Sólo por lo que hizo en esos 100 metros por 70 le valió la pena la vida. A él y a la gente. Toda Argentina le llora y todo aquel al que le gusta el fútbol también. Hasta la pelota llora.” Jorge Valdano, compañero de Maradona en el Mundial de México 1986.

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¿Qué futbolista ha sido más veces internacional con España? Una historia contrafactual

Sergio Ramos se ha convertido esta semana en el futbolista europeo con más partidos internacionales con su selección, con la nada desdeñable cifra de 178 choques. Acaba el año 2020 superando al italiano Gianluigi Buffon (177) y a escasa distancia del egipcio Ahmed Hassan (184) que es el plusmarquista mundial. Si ninguna lesión de gravedad lo impide, Ramos alcanzará dicha cifra durante la Eurocopa de 2021.

Los guarismos de Ramos son monstruosos y, por lógica aplastante, si es el futbolista europeo con más internacionalidades también lo tiene que ser vistiendo la elástica española. No obstante, Ramos ha formado parte de la época más gloriosa del fútbol nacional y ha crecido en un fútbol de fechas saturadas. ¿Qué hubiese pasado si en época de Zamora hubiese habido un torneo internacional cada par de veranos? ¿Qué hubiese sucedido si en tiempos de Gento los mundiales fuesen de 32 equipos? ¿Qué hubiese acaecido si en era de Arconada la selección disputase 15 partidos al año? ¿Hubiese sido Ramos el jugador con más partidos internacionales?

Toca una de mis historias contrafactuales.

Para aquellos principiantes en este blog conviene explicar que historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta;  ¿qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción pero desde un punto de vista histórico. Se basa en datos, personajes y relaciones reales para crear una nueva realidad. No vale con decir que si en los 80 se hubiesen jugado más partidos Butragueño hubiese jugado más partidos que Ramos porque sí. Conviene explicarlo. En este blog ya lo hemos hecho en relación a los Balones de Oro que nunca ganó Pelé o a la realidad alternativa de la Copa de Europa si no existiese la Ley Bosman.

Bajo esta premisa considero tres diferentes variantes a la hora de dilucidar quién debería o podría ser el futbolista con más partidos jugados con la selección española:

A) Número de partidos disputados por el futbolista en porcentaje sobre el total de la selección:

Desde que debutó en Salamanca en un amigable ante China el 26 de marzo de 2005, Sergio Ramos ha jugado 178 partidos con la selección española. España ha saltado al campo en 207 ocasiones. Por lo tanto, Sergio Ramos ha jugado el 85,9% de los partidos posibles. Una salvajada en la que se demuestra tanto su fortaleza técnica como física, su longevidad en el tiempo y una confianza desmesurada de sus capacidades por parte de los distintos seleccionadores.

Gento jugó 43 partidos desde que debutó en 1955 en un amistoso ante Inglaterra en el Bernabéu hasta su retiro en octubre de 1969, en un histórico choque disputado en el 12 de octubre en La Línea de la Concepción. Futbolista longevo, el único hexacampeón europeo de la historia, sumó un total de 44 internacionalidades. Representa un discreto 53,7 % de los encuentros en liza.

Podemos irnos a un portero, a sabiendas que los guardametas suelen disputar más partidos. Ricardo Zamora debutó en Amberes en 1920 y jugó su último partido 16 años después ante Alemania en un amistoso en Montjuic. En total fueron 46 los encuentros disputados por Zamora en un total de 56 partidos internacionales posibles. Da un 82,1%.

Iribar (49 choques) debutó como internacional en 1964 ante Irlanda y lo dejó ante Alemania en 1976 durante la fase de clasificación para la Eurocopa de dicho año. Doce campañas. Menos que los antes citados. En teoría sus 49 partidos (récord en la época), que fueron comprimidos en 66 choques, tendrían que ser el récord. Y no es así. Nos quedamos en un 74,2%.

El problema de esta variable es el de las sustituciones. En un siglo de fútbol internacional hemos pasado de la ausencia de sustituciones a los cinco cambios del presente. Además, hace más de medio siglo era raro que los amistosos fuesen causa de rotaciones o probaturas. Es más, si una vaca sagrada (caso de Gento) no iba a jugar, se quedaba en casa. Raro era tenerlo en el banquillo y mucho menos en la grada.

Lo ideal sería comprobar el número de minutos jugados por cada jugador en cada partido y a partir de ahí dilucidar cuál ha sido el más utilizado. En todo caso conviene recordar que este blog es para mí un hobby y no una fuente de ingresos. No cobro por ello (se admiten donaciones) y no tengo tiempo ni ganas de hacerle el trabajo a unos cuantos periodistas de la redacción de ‘Marca’ para que mañana publiquen un artículo.

EQUIPOS DE FÚTBOL: SELECCIÓN DE ESPAÑA en la temporada 1965-66
Mundial 66

B) Partidos jugados por temporada:

Sergio Ramos ha jugado un total de 178 partidos en 15 años, lo que hace una media de 11,8 partidos por temporada. Una cifra extraordinaria, que está cerca de ser igualada por Gerard Piqué, durante muchos años compañero en el centro de la zaga española, con un total de 102 encuentros distribuidos en 9 años (11,3 por campaña).

Si tomamos como referencia los ejemplos anteriores, Gento únicamente disputó 3,1 encuentros internacional por temporada, Ricardo Zamora 2,8 e Iribar un total de 4,1. Incluso si llevamos el foco a un jugador más contemporáneo como Fernando Hierro, además inmediato antecesor de Ramos con España y el Real Madrid, el total es de 89 encuentros en 13 temporadas, o lo que es lo mismo son 6,8 por campaña.

Obviamente Ramos demuestra un historial vacío de lesiones y una desmesurada confianza de los técnicos, pero la variedad en el número de partidos hace que está variable sea errónea. Así, mientras que en la década de los 20 España jugó 33 encuentros, en los duros 40 únicamente fueron 18 choques, en la década de los 60 un total de 62, en los 90 se llegaron a los 97 partidos internacionales y en la gloriosa década para la selección que empezó en el años 2010 se han llegado a jugar un total de ¡130 partidos! Mientras Piru Gaínza sentaba cátedra pegado a la cal izquierda de San Mamés apenas contó con oportunidades de brillar en el enclaustrado mundo internacional de los 40 y comienzos de los 50. Un jugador mucho menor como Iker Muniain ha tenido infinidad de oportunidades para ser internacional. Concretamente lo ha sido en dos ocasiones y muy espaciadas en el tiempo, lo que habla de las facilidades logísticas actuales para vestir la absoluta.

GAINZA (Selección Española - 1950) Rev. Pulgarcito | Seleccion de futbol de  españa, Seleccion española de futbol, Equipo de fútbol
Gaínza. Leyenda de los 40-50

C) Ajustar el número de partidos internacionales anuales a los parámetros actuales:

Quizás el mejor método, para nada el más justo, es ver cuantos partidos ha jugado la selección anualmente desde que Ramos es internacional. Son un total de 13,8 por temporada. Aplicaremos un factor corrector que elevará la cifra a 14, cantidad que sería la real si el coronavirus no se hubiese puesto en nuestras vidas y se hubiese celebrado la Eurocopa el verano pasado.

Si aplicamos un factor de 14 partidos por temporada tendremos una situación más real de quien es el jugador que podría llevar con orgullo la bandera de ser el futbolista español con más internacionalidades.

El problema radica en que hay jugadores que despuntaron con rapidez para volver a la selección pasados unos cuantos años. Pongamos el ejemplo del citado Muniain. Son dos partidos con siete años de diferencia. Si aplicamos nuestro factor corrector sumaría un total de 98 encuentros, lo que es totalmente irreal porque en el caso de Muniain no han sido solo dos internacionalidades por falta de partidos, sino por defecto de cualidades. Existen también las lesiones, sin ellas, quizás Casillas hubiese llegado a los 224 partidos. Hasta Ramos de vez en cuando se lesiona o necesita un descanso, porque si no en vez de 178 llevaría más de 200 encuentros.

D) La ecuación de Misterdato:

Es por eso que he intentado realizar una ecuación que nos ayude a seleccionar los jugadores españoles con más internacionalidades en una historia contrafactual. Pero en primer lugar vamos con el listado real una vez finalizado el año 2020. He escogido a todos aquellos futbolistas con más de 100 partidos. Después he seleccionado a jugadores que por haber sido capitanes, haber ostentando en su día el récord de partidos o de goles o por haber sido bandera de la selección en su momento, son dignos de recordar. En total son 38 los jugadores:

1. Sergio Ramos 178   

2. Iker Casillas 167 

3. Xavi Hernández 133

4. Andrés Iniesta 131 

5. Andoni Zubizarreta 126

6. David Silva 125

7. Sergio Busquets 120

8. Xabi Alonso 114

9. Fernando Torres 110

10. Cesc Fábregas 110

11. Raúl González 102

12. Gerard Piqué 102

13. Carles Puyol 100

14. David Villa 98

15. Fernando Hierro 89

16. José Antonio Camacho 81

17. Rafael Gordillo 75

18. Emilio Butragueño 69

19. Luis Arconada 68

20. Carlos Santillana 56

21. José Ángel Iribar 49   

22. Ricardo Zamora 46    

23. Francisco Gento 43 

24. Amancio Amaro 42  

25. José Martínez ‘Pirri’ 41 

26. Juan Manuel Asensi 41 

27. Enrique Castro ‘Quini’ 35

28. Antonio Ramallets 35 

29. Piru Gaínza 33 

30. Luis Suárez 32 

31. Alfredo Di Stéfano 31 

32. Jacinto Quincoces 25 

33. Estanislao Basora 22 

34. Telmo Zarra 20 

35. Ladislao Kubala 19 

36. Ferran Olivella 18

37. Marcelino Martínez 14

38. Isidro Lángara 12 

Bien, vamos ahora con el listado contrafactual. Para ello he premiado la confianza y la longevidad. En primer lugar he calculado en 7 el número de partidos internacionales anuales jugados por España. Son un total de 710 partidos en 100 años desde el debut en los Juegos Olímpicos de Amberes. He multiplicado los años internacionales de cada futbolista por 7 y luego he aplicado una variable de calidad en función del % de partidos jugados del total de la selección multiplicado por 1.

Por ejemplo, Sergio Ramos sumaría 105 (15 años como internacional a razón de 7 choques por temporada) y ha jugado el 85,9 de todos los partidos posibles disputados por la selección durante estos cinco lustros. Dicha cifra ha sido multiplicada por 1 dando como total 1,859. Así entonces, en esta historia contrafactual Sergio Ramos suma 195 internacionalidades (105 x 1,859).

Con lo cual esta sería la lista de futbolistas con más partidos jugados con España en una historia contrafactual:

1. Ricardo Zamora 204 (112 x 1,821) 

2. Iker Casillas 200 (112 x 1,787)

3. Sergio Ramos 195 (105 x 1,859)

4. Andoni Zubizarreta 176 (91 x 1,933)

5. Xavi Hernández 170  (98 x 1,734)

6. Fernando Hierro 152 (91 x 1,672)

7. José Antonio Camacho 151 (91 x 1,669)

8. Francisco Gento 150 (98 x 1,531)

9. David Silva 150 (84 x 1,786)

10. Andrés Iniesta 148 (84 x 1,76)

11. Carles Puyol 147 (91 x 1,617)

12. José Ángel Iribar 146 (84 x 1,741)

13. Luis Suárez 143 (105 x 1,359)

14. Amancio Amaro 139 (84 x 1,656)

15. Sergio Busquets 137 (77 x 1,789)

16. Piru Gaínza 136 (70 x 1,942)

17. Raúl González 134 (70 x 1,91)

18. Xabi Alonso 133 (77 x 1,726)

19. José Martínez ‘Pirri’ 133 (84 x 1,585)

20. Fernando Torres 132 (77 x 1,714)

21. David Villa 132 (84 x 1,573)

22. Antonio Ramallets 130 (77 x 1,686)

23. Cesc Fábregas 122 (70 x 1,743)

24. Juan Manuel ‘Asensi’ 121 (77 x 1,577)

25. Rafael Gordillo 119 (70 x 1,669)

26. Enrique Castro ‘Quini’ 118 (84 x 1,406)

27. Carlos Santillana 114 (70 x 1,629)

28. Gerard Piqué 112 (63 x 1,784)

29. Jacinto Quincoces 108 (56 x 1,925)

30. Emilio Butragueño 106 (56 x 1,896)

31. Luis Arconada 104 (56 x 1,85)

32. Ladislao Kubala 85 (56 x 1,527)

33. Estanislao Basora 84 (56 x 1,5)

34. Ferran Olivella 83 (56 x 1,49)

35. Telmo Zarra 82 (42 x 1,952)

36. Alfredo Di Stéfano 56 (28 x 2)

37. Isidro Lángara 49 (28 x 1,75)

38. Marcelino Martínez 46 (32 x 1,437)

Según la historia contrafactual, tanto Casillas como Zamora superarían a Ramos en número de internacionalidades, aunque lo normal sería que al acabar el 2021 Ramos se convirtiera en el plusmarquista. Mención especial para Telmo Zarra y Alfredo Di Stéfano. El delantero del Athletic únicamente se perdió un partido internacional de los que pudo haber jugado en su día y acabó su carrera internacional con una media de un gol por encuentro. El caso del punta del Real Madrid es más extraordinario porque entre 1957 y 1961 jugó todos los partidos posibles con España. La pena para él es que una lesión le impidió acudir al Mundial de 1962 y que debutó con la selección a los 31 años. Hubiese pasado de los 200 choques en esta historia contrafactual si diez años antes, poco después de los 20, no hubiese defendido el escudo de Argentina.

Ramos mantiene el hambre y la exuberancia física para conservar la exigencia tanto en el Real Madrid como con la selección española. Hay genes, pero también trabajo y ambición. Son legión sus ‘haters’, a lo que contribuyen sus paletadas y desmanes varios como aquella vez que le se cayó la Copa del Rey de un autobús o aquel penalti que mandó al segundo anillo del Bernabéu. Pero Ramos es todo virtud, primero lateral y luego central, alma de delantero, y con derecho propio, uno de los mejores defensores que ha parido el fútbol mundial.

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Lutz Eigendorf: El Beckenbauer del Este

Una de las múltiples diferencias que había entre la Alemania del Este (RDA) y la Alemania Occidental (RFA) estaba en la posibilidad de adquirir un vehículo. En la RDA había un número limitado de modelos de fabricación propia a los que se podía acceder en función del estatus laboral y de la disposición familiar. Para alcanzar un coche de importación hacía falta un salvoconducto oficial, un muy probable soborno y una espera de meses o incluso años. En la RFA el acceso al vehículo obedecía a términos capitalistas. Si tienes dinero te lo compras. Si no lo tienes no te lo compras. Así que una de las primeras cosas que Lutz Eigendorf hizo al escapar a la RFA fue comprarse un deportivo, un Alfa Romeo GTV-6.

Mucho antes de realizar tal compra, Lutz Eigendorf era el ojito derecho de los jefazos de la RDA. En 1974 la RFA había ganado el Mundial de fútbol en el que habían ejercido como anfitriones, pero a la RDA le quedó la satisfacción de haber vencido a sus vecinos en la fase de grupos tras un gol de Sparwasser que se tornó en mítico. Aquello, unido a los éxitos internacionales del Magdeburgo, envalentonó a los dirigentes de la RDA en su pesquisa por lograr el éxito a través del deporte. Fueron los inicios del dopaje de Estado y también de la búsqueda del nuevo Franz Beckenbauer, el jugador alemán nacido al otro lado del muro que por entonces era una de las estrellas más rutilantes del planeta fútbol.

El elegido fue Lutz Eigendorf, un elegante futbolista que militaba en el Dinamo de Berlín. Tenía porte, buena presencia y una notable calidad técnica. Erich Mielke lo nombró capitán con apenas 22 años. Es preciso explicar que Mielke, además de máximo responsable del Dinamo de Berlín, era el director de la Stasi, la policía secreta de la RDA. Mucho antes, de jovenzuelo, combatiera en la Guerra Civil española enrolado en las Brigadas Internacionales. Cuando sus obligaciones de espionaje y de asesinatos se lo permitían, a Mielke le encantaba dirigir la Oberliga a su antojo y promover los amaños necesarios para que su Dinamo se proclamase campeón.

Eigendorf era un privilegiado. Era tratado en palmitas por el Partido Comunista. Se había casado con la chica más popular del instituto y era padre de una niña de dos años. Tenía una buena casa y acceso al mejor coche que la RDA le podía dar. Pronto fue apodado el Beckenbauer del Este y pasó a ser cara cotidiana en los medios como representación del éxito en la Alemania comunista.

Pero Eigendorf no era feliz. Desde que fuese reclutado como joven proyecto futbolista a los 14 años vivía bajo estricto control. Le decían lo que tenía que hacer, cuando y como hacerlo. Se ahogaba. Y tenía envidia. Tenía envidia del verdadero Beckenbauer y de todo lo que se estaba perdiendo. Así que, sin comunicárselo a su esposa, decidió emprender una nueva vida.

El Dinamo de Berlín jugaba un partido amistoso ante el FC Kaiserlautern a más de 600 kilómetros rumbo a la libertad. El encuentro se disputó sin mayor noticia y en el viaje de vuelta el autobús paró para repostar antes de entrar en la RDA. A pesar de la vigilancia, era en esas ocasiones cuando los futbolistas aprovechaban para hacer alguna compra e introducir objetos de contrabando en el país. Las autoridades solían hacer la vista gorda, para así mantener a sus estrellas contentas. Pero Eigendorf tenía otro plan en la cabeza. Se escabulló, subió a un taxi y le dijo al conductor que lo llevase de vuelta a Kaiserlautern, concretamente a las oficinas del club renano. Una vez bajó del vehículo, se reunió con el presidente, se ofreció como defensa central y firmó un papel en blanco.

Acababa de ser contratado por el FC Kaiserlautern. Acababa de desertar.

Dado que tenía mujer e hija, la Stasi jamás se podría haber imaginado que Eigendorf desertase. Mielke estalló en cólera y puso en marcha la llamada ‘Operación Rosa’ con el objetivo de hacerle la vida imposible a Eigendorf. Pusieron en nómina a un agente encubierto, un tal Peter Hommann, con el objetivo de seducir a la mujer de Eigendorf y ponerla en su contra.

Erich Mielke - Maestro del miedo | TV | DW | 06.02.2018
Mielke. Maestro del terror

Quién sabe lo que pensaría esa mujer de un marido que en su búsqueda de la libertad había convertido en infierno su vida y la de su hija, pero el caso es que Gabriele, así se llamaba la mujer, acabó pidiendo el divorcio y casándose con el tal Hommann. Es más, el agente, no se sabe si por celo amoroso o por celo laboral, acabaría también adoptando a la hija del desertor.

Quién sabe, también, lo que pensaría aquel joven en busca de la libertad. Eigendorf tenía larvada una insatisfacción. Se había casado muy pronto y había tenido una hija que no quería. Hay documentación al respecto. Como que cometió al menos un par de infidelidades al poco de casarse. Al igual que cualquier veinteañero estaba fascinado por la libertad. Habitaba en lo más profundo de su ser una frustración por no haber vivido al límite, por no haber tenido aventuras. Pesó mucho más la fascinación por cruzar el Muro que el pesar por dejar mujer e hija al otro lado.

Así que el plan de Mielke, la ‘Operación Rosa’, no había dado los frutos previstos. Mielke se subía por las paredes y su paciencia se agotó cuando Eigendorf dio una entrevista a una televisión occidental pegado al propio Muro y con un plano televisivo en el que al fondo se veían los focos del Friedrich-Ludwig-Jahn-Sportpatk, la casa del Dinamo. Aquello era intolerable. Por si su deserción fuese poca afrenta, Eigendorf aprovechaba toda ocasión para denunciar en público las condiciones de vida de la RDA y al régimen comunista.

En todas y cada una de las reuniones que Mielke mantenía en su despacho con sus subordinados de la Stasi recordaba que el objetivo número uno era Eigendorf. Ni disidentes políticos, ni espías occidentales. El diablo con patas era ese sucio futbolista. Mielke se sentía dolido, engañado y humillado, y no precisamente por ese orden.

Según los papeles desclasificados una vez que Alemania volvió a ser una, Lutz Eigendorf llegó a tener hasta 50 agentes diferentes de la Stasi ocupándose de su vigilancia. Todas las noches un par de espías de la Stasi hacían vigilancia en las puertas de su casa de Braunschweig donde volvió a casarse y tuvo un segundo hijo. Uno de esos agentes era un tal Klaus Schlosser que velozmente lo engatusó hasta convertirse en su mejor amigo.

Y es que Eigendorf pronto cambió el FC Kaiserlautern por el más modesto Eintracht Braunschweig. Ya fuese porque el nivel en la Oberliga era inferior a la Bundesliga (lo cual se certificó con la caída del Muro), o quizás mentalmente exhausto y deprimido al sentirse perseguido, Eigendorf bajó considerablemente su rendimiento. Fueron tres años mediocres en Renania antes de pasar a las filas del modesto conjunto cuya ciudad es más conocida por un licor de hierbas llamado Jägermeister que por su club de fútbol.

Y así llegamos a la noche del 6 de marzo de 1983. Como tantas otras veces Eigendorf salió a pasar el rato y como tantas otras veces cogió su Alfa Romeo GTV-6 para acercarse a su bar habitual. El caso es que cuando cerca de las once de la noche se dirigía a su casa perdió el control del vehículo y se estrelló contra un árbol falleciendo en el acto. La tasa de alcohol en sangre era de 2,2 por lo que la conclusión era obvia. Estaba borracho. Muy borracho. Muy, muy borracho.

El problema es que Eigendorf apenas bebía. Si acaso un par de cervezas. Se interrogó a los que estaban en el bar aquella noche y todos dijeron que apenas había consumido. Sus compañeros de equipo y amigos dijeron lo mismo. Era imposible que Eigendorf hubiese bebido tanto. Además, estaba haciendo un cursillo de piloto de avionetas y tenía clase al día siguiente. Conociendo lo importante que era aquello para él, todos descartaban por completo que se hubiese emborrachado.

Lutz Eigendorf... el día que un futbolista 'condenado a muerte' jugó en el  Bernabéu | Marca.com
El Alfa Romeo hizo pum

Hubo que esperar al año 2010 para que un antiguo colaborador de la Stasi presentase de forma anónima en unos juzgados unos documentos fechados en 1983 en la RDA en la que se contemplaban las órdenes para asesinar a Eigendorf. Al parecer dos agentes de la Stasi habrían secuestrado al futbolista obligándole a ingerir una alta cantidad de alcohol antes de dejarle volver a coger el coche para provocar su accidente.

Una vez que el escándalo salió a la luz, a las pesquisas policiales le siguieron las investigaciones históricas y los reportajes periodísticos. Se desveló un probable envenenamiento a través de la piel, y la existencia de un segundo vehículo (del que nada se supo en 1983) que deslumbró a Eigendorf desde un lateral de la carretera justo en el momento en el que perdió el control de su vehículo. Estas certezas echaron por tierra la teoría popular, comúnmente aceptada, de que la Stasi, simple y llanamente, lo que había hecho era cortarle los frenos del Alfa Romeo.

Se estima que sólo en la década de 1970 más de 500 deportistas desertaron de la RDA. Ninguno tan importante como Lutz Eigendorf. Su aventura apenas duró tres años antes de ser asesinado con 26 primaveras. De su primera mujer no se supo mucho más. De su segunda mujer se sabe que vivió con miedo y con antidepresivos hasta que el Muro cayó. Schlosser, su supuesto mejor amigo, recibió 500 marcos en forma de gratificación por parte de la Stasi y hoy disfruta de una apacible jubilación sin admitir preguntas. Tras la reunificación alemana de 1990, el Dinamo de Berlín deambula por categorías regionales y Mielke tuvo que pasar un par de años en prisión, aunque por su avanzada edad pudo fallecer plácidamente en su hogar a los 92 años de edad.

Un total de 66 años más de los que vivió Lutz Eigendorf.

El «Beckenbauer del Este» que fue víctima de la Stasi
El Beckenbauer del Este
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¿Por qué los futbolistas brasileños tienen apodos?

Pelé, Garrincha o Rivaldo. Todos ellos son sobrenombres. Son todos motes. ¿Por qué los futbolistas brasileños tienen apodos? A decir verdad no son sólo los brasileños, también entre portugueses anda el juego. Y lo cierto es que no es cosa sólo de futbolistas. Es raro que en portugués no se ponga apodo a cualquiera. Da igual que se deportista, ministro o mediopensionista.

El idioma portugués está considerado una lengua dulce y agradable. Es el séptimo idioma mundial en número de hablantes maternos. Lo que en castellano es un apodo en portugués es un ‘apelido’. Prácticamente todo el mundo tiene un ‘apelido’, sea por una característica física, un rasgo familiar, un nombre o por una cualidad o condición psicológica.

Pero la pregunta no tiene respuesta certera más allá de la famosa sonoridad del portugués. Hay estudiosos que lo atribuyen a la dulzura típica de Brasil. Según estos filólogos, fue a través del mestizaje como esa proliferación de apodos se hizo un hueco en el uso del lenguaje. Otros argumentan que el origen está en la madre Portugal, donde era tradición poner nombres compuestos a los recién nacidos (uno escogido por los padres y otro por los padrinos), por lo que en ocasiones era necesario buscar un apodo que contentara a las cuatro partes.

Lo de los apellidos resulta algo lioso, ya que la mujer, al casarse, cambia su nombre y adopta algunos de los apellidos de su marido. Aún ya andado el siglo XXI continúan siendo minoría las mujeres que no lo hacen. Hay que tener en cuenta que el último apellido que aparece en el carné de identidad es el del padre, el llamado, por los lusos, nombre de familia. Es decir, que una hipotética mujer portuguesa llamada Paula María Rodrigues Teixeira Gomes, acaba por ser tratada como Paula Gomes, de forma simplificada. Su marido se podría llamar perfectamente Rui Pedro Bento Teixeira Gomes, al que llaman Rui Gomes. En este posible caso la mujer guarda el apellido Rodrigues de su familia y ha adoptado otros dos de su esposo.

Pero la fama mundial de los apodos, de los ‘apelidos’, se la dio el triunfo brasileño en el Mundial de 1958. Aquel equipo estaba liderado por dos fenómenos, un imberbe llamado Edson Arantes y un adolescente que respondía al nombre de Manoel dos Santos. El primero no era otro que Pelé, que tenía ese apodo porque cuando era pequeño admiraba al portero del equipo donde militaba su padre, que no era otro que un tal Bilé. Como de Bilé se pasó a Pelé ya es un misterio.

Y sí, Pelé de pequeño quería ser portero.

A Manoel le pusieron el apodo de Garrincha, que no es más que un pájaro amazónico grotesco y en apariencia torpe, pero que es desesperadamente veloz. Manoel, uno de los mejores regateadores de la historia en buena medida gracias a sus piernas torcidas, se ajustaba como anillo al dedo a dicho ‘apelido’. En aquel Mundial disputado en Suecia, los periodistas bromeaban con que la alineación carioca estaba formada por Dida, Dadé, Didí, Dodó y Dudú ante tal cantidad de apodos y nombres impronunciables. Además de por su calidad, una de las razones del éxito de Pelé es que fue aceptado rápidamente por los suecos porque Pelle (con dos eles) es un nombre común en Suecia, mucho más fácil de recordar (para los nórdicos) que los Dida y Didí de turno.

Un lío, ¿verdad?

No obstante hubo un tiempo en el que los apodos pasaron a ser clandestinos. Durante la travesía en el desierto del fútbol brasileño (1970-1994) hubo voces poderosas que pidieron eliminar los ‘apelidos’ por considerarlos infantiles y humillantes. Eran tiempos donde la boca se llenaba al escuchar en las crónicas periodísticas a los majestuosos Marco Van Basten, Karl-Heinz Rummenigge o Diego Armando Maradona. Felizmente la idea no llegó a buen puerto. Y en ciertos casos hasta sería contraproducente. Junior, lateral izquierdo de la ‘canarinha’ en los 80, era el apodo de Leovegildo Lins.

Cumple diferenciar apodos de diminutivos. Los Zé Roberto, Zé Elías o Zé Castro no son más que pepes. Zé es Pepe, al igual que Chico es Fran, Mané es Manu, Drica es Adri, Beto es Rober o Binho es Robson. Aunque sí, éste último es mucho más rebuscado.

También hay una serie de apodos que tuvieron que contraerse o expandirse para conseguir su lugar en el mundo. Ronaldo Nazario nació futbolísticamente como Ronaldinho hasta que explotó y se convirtió en Ronaldo. Ronaldinho (el del Barça) era jugador de tronío para ser Ronaldo, pero como ya había uno contemporáneo, y tan bueno o más que él, se quedó con el sufijo –inho. Al mismo tiempo surgió otro Ronaldo, este central y de menor enjundia, y se quedó en Ronaldao.

Al igual que Ronaldos hay decenas de Luisaos. Otra opción es añadir al ‘apelido’ un apellido en función de su lugar de nacimiento. Gaucho, Paulista, Pernambucano… Una vuelta de tuerca a esta idea fue la de ex delantero del AC Milan Alexandre Rodrigues, que se puso Alexandre Pato en honor al pueblo donde nació (en España existe el archiconocido caso de Carlos Alonso, que pasó a ser Carlos Santillana, preciosa población cántabra).

Los hay bastante divertidos. Carlos Caetano Blenidorm fue el capitán de la selección carioca durante la victoria en el Mundial de 1994. Dunga, apodo del personaje, recibe el nombre por su parecido con Mudito, uno de los siete enanitos. Dopey en su versión original en inglés, Mudito en castellano y Dunga en portugués. Cuando Dunga asumió el cargo de seleccionador brasuca en 2006 un canal de televisión brasileño envió a una periodista disfrazada de Blancanieves y a los otros seis enanitos para entrevistarlo y darle la enhorabuena.

Más jugosos son los de Vágner Silva, el delantero del amor. Este clásico del fútbol de inicio de siglo pasó a ser conocido como Vágner Love cuando en una de sus primeras convocatorias con el Palmeiras fue sorprendido en plena faena por su entrenador en la habitación de su hotel. A Ricardo Izecson le pusieron Kaká porque su hermano era incapaz de pronunciar la palabra Ricardo y le hizo gracia llamarle Kaká. A Givanildo Vieira le quedó el apodo de Hulk por su parecido con la bestia verde. A José Roberto da Gama en cambio le pusieron Bebeto por su cara angelical que resiste al paso del tiempo.

Para la opinión pública, fuera de casos puntuales, no existen conflictos intergrupales y florecen los chistes, los estereotipos o las obscenidades. Pero desde arriba lo políticamente incorrecto avanza a pasos agigantados. Si lo de Hulk para muchos pudiese ser hoy ofensivo, imagínense con unos clásicos del siglo pasado. Ricardo Rogerio (Alemao, por ser rubio), Claudio Ibrahim Vaz (Branco –obvio-), Antonio Carlos (Negro –obvio-), Joao Ferreira (Bigode, por su estrafalario mostacho) o Nilton Pinheiro (Batata, con problemas para la contención de peso por culpa de las patatas fritas).

Eduardo Gonçalves no es otro que Tostao, uno de los héroes del Brasil del 70. Se dice que era tan bueno que cuando era un niño jugaba contra adolescentes y los volvía locos con sus regates. Por eso aquellos chavales le pusieron el apodo de Tostao, una moneda medieval de plata, pequeña en tamaño pero de inmenso valor.

Son sólo varios ejemplos. Pero hay muchos más. Los portugueses son más comedidos, pero también han aportado parte a este galimatías. Manuel Gomes (Nené), Luis Filipe Madeira (Figo), Luis Carlos Almeida (Nani) o Pedro Miguel Carreiro (Pauleta) son algunos ejemplos.

Los ’apelidos’ perviven, pero la globalización hace sus efectos. En el Mundial de 2018 la selección brasileña mostró diminutivos, pero no así apodos. El diario ‘O Globo’ escribió un bonito editorial lamentando la ausencia de ‘apelidos’, en su buen juicio,  “una muestra más de que el fútbol brasileño es cada vez más corporativo y menos irreverente”. Y añadía que “en un país que siempre fue creativo en colocar apodos, un nombre común no sobrevive a una carrera mediocre”.

Este verano el Benfica ha fichado a Éverton Sousa Soares. Procedente del Gremio, internacional con Brasil, fue máximo goleador de la Copa América de 2019 y ha dado el salto a Europa este verano a los 24 años. Cuando con 18 años debutó con el Gremio nadie sabía quién era ese tal Éverton. Su ‘apelido’ era Cebolinha, por su cara redonda en forma de chupa chups similar a un dibujo animado popular en Brasil.

Ahora que quiere triunfar en Europa, prefiere ser conocido como Éverton. De la ‘cebolinha’ no queda ni la ‘raicinha’.

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