fútbol americano

17 de junio de 1994

Era viernes. 17 de junio de 1994. El verano tocaba nudillos en la puerta. En Berlín tropas británicas, francesas y estadounidenses abandonan sus puestos en los cuarteles de Berlín Occidental. Días más tarde lo harán los soviéticos del antes llamado Berlín Oriental poniendo fin a la Guerra Fría y al siglo XX antes de tiempo. Estados Unidos es dueño del planeta. Gran parte de su triunfo se debía a un poder blando labrado durante décadas en el que el deporte era eje trascendental.

Aquel 17 de junio la oferta deportiva en Estados Unidos iba a paralizar al país y a medio mundo. Desde primera hora de la mañana en Oakmont, Pensilvania, tendría lugar la segunda y última ronda del US Open de golf. Luego, a las 14:00 hora local, se inauguraría el Mundial de fútbol en el Soldier Field de Chicago con un encuentro entre Bolivia y Alemania, entonces vigente campeón. Con una hora de adelanto por mor de los usos horarios, la ciudad de Nueva York se paralizaría con miles de personas en sus aceras para ver los festejos que coronaban a los Rangers como campeones de la Stanley Cup de la NHL tras más de medio siglo de espera. Y luego, como fin de fiesta, el Madison Square Garden de la Gran Manzana sería testigo del quinto partido de las finales de la NBA que enfrentaba a los New York Knicks contra los Houston Rockets y que en aquel momento mostraban un empate a dos victorias al mejor de siete partidos.

Lo de las finales de la NBA estaba siendo el clímax de la aridez y de la aprensión. Knicks y Rockets disputaban una serie de playoffs siderúrgica con defensas agresivas y con anotaciones bajísimas, sinónimos de la negación del común de los aficionados. Si el baloncesto de la década de los 90 fue condenadamente duro, las finales de la NBA de 1994 fueron batallas en trincheras en cada jugada. Duro, ultra físico, con acometidas de hombres con pelos en el pecho. El culmen final de una época de hermetismo postindustrial. De hijos que a través del deporte honraban a sus padres y a sus abuelos obreros. Cuando para ganarse la vida había que TRABAJAR con mayúsculas. Los últimos coletazos de los Stallone, Schwarzenegger o Willis. La última época dorada de los hombres que no lloran.

Eran unas finales que pivotaban en dos hombres altos. Hakeem Olajuwon era un gigante con pajarita. Podría pasar por diplomático nigeriano con un puñado menos de centímetros. Criado baloncestísticamente en Houston buscaba para los Rockets su primer título de la NBA a través de unos pasos de baile que hipnotizaban a sus rivales debajo del aro. Mientras, Patrick Ewing era una montaña de músculos que había devuelto el orgullo a Nueva York, la meca del baloncesto. Los Knicks eran la franquicia más valiosa de la NBA, pero acumulaban dos décadas de fracasos en busca de un título que era primordial para la ciudad de Nueva York.

Cinco días antes del que sería un legendario 17 de junio, los Houston Rockets se ponían 2-1 en la eliminatoria recuperando la ventaja de campo al vencer por 89-93 en Nueva York. Sería esa la anotación más alta de una serie de defensas hipermusculadas y tensión armamentística. Olajuwon firmaba 21 puntos, 11 rebotes y 7 asistencias, pero era incapaz de emocionar a los televidentes. Michael Jordan se había retirado por vez primera para jugar al beisbol, Bird y Magic ya no estaban y la audiencia televisiva de la NBA había caído un 30%. Lo verdaderamente importante el 12 junio, cinco días antes del día D, era que los cadáveres de Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman aparecieron rodeados de un charco de sangre en un barrio residencial de Los Ángeles. La brutalidad había sido tal que Nicole tenía la laringe a la vista y Ronald era un coladero con agujeros en todo su cuerpo. Horas después la conmoción se adueñó de Estados Unidos cuando se encontraron manchas de sangre en el coche de OJ Simpson a apenas unos kilómetros de la escena del crimen. Era el principal sospechoso del asesinato de un crimen que se tornaba en pasional.

OJ Simpson y Nicole Brown

Aquel golpe de mortero conmocionó a Estados Unidos. Orenthal James Simpson era una celebridad. MVP de la NFL de 1973, considerado uno de los mejores jugadores de fútbol americano de siempre, su fama como deportista se mantenía tras su retirada gracias a su sonrisa, su encanto y su éxito como comentarista televisivo. Llevaba dos años divorciado de su segunda esposa, una camarera llamada Nicole. Simpson era negro. Nicole blanca, rubia y de ojos azules. Nicole mantenía entonces una relación con Ronald, un actor de poca monta.

Millones de estadounidenses se engancharon a la televisión para seguir todas las novedades sobre el caso con la única excepción de los neoyorkinos. El martes 14 de junio en el Madison Square Garden de Nueva York los Rangers vencerán a los Vancouver Canucks en el séptimo partido de la final de la NHL logrando la Stanley Cup de hockey para la ciudad de Nueva York por vez primera en medio siglo. Brian Leetch recibía el premio MVP como mejor jugador de la final y exaltaba a los aficionados a colapsar las calles del centro de Nueva York para celebrar el éxito en el paseo triunfal que tendría lugar el viernes 17 de junio. La Gran Manzana sería la capital mundial del hockey sobre hielo.

Un día antes, jueves 16, en la otra punta del país, a más de 4.000 kilómetros de distancia, se da eterna sepultura al cuerpo y al alma de Nicole. OJ Simpson había llegado a estar esposado, sin embargo, le permitieron acudir al último adiós a su ex esposa. De riguroso luto y con gafas de sol, Simpson se agachó ante el féretro descubierto y besó el rostro sin vida de la que había sido su segunda esposa. La mayoría de los presentes en la ceremonia abrieron los ojos entre estupefactos y conmovidos por lo visto. Justo al finalizar el entierro la policía hacía público un informe de cinco años atrás en los que se detallaba una paliza que OJ le había propinado a su mujer tras una discusión. Aquello llevó al juez a dictar la orden de detención que se haría efectiva el 17 de junio de aquel año 1994 tras la negociación con los abogados del acusado.

Nacía así el viernes 17 de junio de 1994. Día de sillon-ball. Salsa rosa, crónica negra y deporte. Mucho deporte.

Simpson pasó aquella noche en casa de Robert Kardashian (abogado amigo suyo y padre de las celebérrimas hermanas). Prensa de medio país esperaba a las puertas del domicilio a que OJ saliese y se presentase en la comisaría de policía correspondiente. OJ Simpson decidió tomárselo con calma. Mientras esto sucedía se iniciaba la penúltima jornada del US Open de golf en Pensilvania. Colin Montgomerie, gran favorito, pasó el corte rumbo a la ronda final en primera posición, aunque acabaría cediendo el título dos días más tarde ante el sudafricano Ernie Els. Sin embargo, lo trascendental de aquella mañana fue el último putt de Arnold Palmer quien era incapaz de pasar el corte y quedaba eliminado. Se ponía así fin a la carrera de Palmer, el hombre que popularizó el golf por todo el mundo. The King, como era conocido, logró a través de sus modestos orígenes y una popularidad basada en hablar sin pelos en la lengua, a que el golf pasase de jugarse en campos privados y elitistas a que fuese accesible para las clases medias mediante la construcción de campos públicos. La retirada de Palmer auguraba un 17 de junio lleno de emociones.

El adiós de Palmer

Mientras Simpson se negaba a salir de la mansión de los Kardashian en Los Ángeles, en el Medio Oeste, en el estadio Soldier Field de Chicago, tendría lugar la inauguración del Mundial de fútbol de 1994. A diferencia de los otros hechos del día, el fútbol pasaría sin más pena que gloria en el corazón de los estadounidenses, mas no así en el resto del mundo que aguardaba impaciente el inicio del evento deportivo más seguido del planeta. En todo caso, aquel Mundial era un intento de la FIFA de volver a introducirse con éxito en el mercado más suculento del planeta tras aquel primer éxito de los 70 con el Cosmos de Pelé. Era por ello que la ceremonia de inauguración, el único evento del Mundial que tendría por seguro la atención de los estadounidenses, debería salir perfecta.

A las 14.00 hora local echaba a rodar el balón. Alemania, vigente campeona, derrotaba a Bolivia por 1-0 en un mal partido que dejaba intuir los problemas que los teutones iban a tener para revalidar el título. Minutos antes del inicio del choque, Diana Ross, actriz y cantante de The Supremes, había sido la elegida para hacer disfrutar al público presente en el estadio y al que seguía el evento desde sus casas. Zapatillas blancas y traje rojo, la voluptuosa Ross comenzó a cantar I’m going out mientras se dirigía hacía una de las áreas rodeada de bailarines.

Allí había una portería preparada para partirse en dos cuando Diana convirtiera el gol pateando un penalti. También esperaba un grandilocuente arquero dando saltos con buzo amarillo y pantalón blanco con la única intención de dejarse marcar un gol. Diana se dispuso a marcar el tanto de su vida micrófono en mano y dio un puntapié con la derecha… que se fue un par de metros más allá del palo derecho. Los fuegos artificiales explotaron, la portería se abrió como el Mar Rojo ante Moisés y Diana Ross actuó como una reina del espectáculo. Le dio todo igual, se abrió camino hasta el escenario mientras la gente seguía aplaudiendo sin saber que había pasado ya que, al fin y al cabo, la mayoría de los allí presentes de fútbol sabían más bien poco.

https://www.youtube.com/watch?v=EyAC4bPe0wY

— OJ SIMPSON Y LA FINAL DE LA NBA —

Al mismo tiempo que en Chicago el teutón Jurgen Kiinsmann anotaba el primer gol del Mundial, la calle Broadway se atestaba de fanáticos del hockey para seguir a la comitiva de los Rangers camino al City Hall con las entonces fastuosas Torres Gemelas al fondo. La fiesta fue de aúpa, pero irremediablemente tuvo que acabar pronto porque a las 20.30 hora local el Madison Square Garden se volvía a vestir de gala para el quinto partido de la final de la NBA entre Knicks y Rockets. El resultado entonces era 2-2 y los Knicks tenían la oportunidad de ponerse por delante antes de que la serie viajase a Houston para los dos últimos encuentros. El choque iba a comenzar poco después del segundo y último partido de la jornada inaugural del Mundial de fútbol. Se trató del sorprendente empate a dos goles entre España y Corea del Sur en partido disputado en Dallas. Aquella igualada dejaba a los de Javier Clemente con la obligatoriedad de sacar algo positivo del siguiente choque ante Alemania para aspirar a los octavos de final.

Y a todo esto OJ Simpson seguía atrincherado en casa agotando hasta el límite su entrega ante la policía.

Knicks y Rockets se encontraban en titánica disputa cuando un ciudadano alerta a la policía de que ha visto a OJ Simpson empuñando un revólver viajando en un Ford Bronco. Era poco después de las 18.30 (hora de Los Ángeles) cuando OJ Simpson logró sortear a periodistas y curiosos para salir de casa junto a un amigo de la infancia, quien al volante de un Ford Bronco blanco llevaba a OJ Simpson en el asiento del copiloto. Mientras la camioneta avanzaba por las calles de Los Ángeles, OJ Simpson portaba una pistola sobre su sien anunciando a grito pelado que estaba dispuesto a quitarse la vida. La policía necesitó más de una hora para que el ex jugador accediera a salir del auto, tras prometerle que podría llamar por teléfono a su madre.

Aquello era la bomba. La caída de un héroe americano en pleno directo. Todas las cadenas de televisión conectaron para ver al Ford Blanco avanzando por la interestatal 405 con la policía de Los Ángeles persiguiéndole los talones. Y cuando digo todas las cadenas, digo todas. 120 millones de televidentes, incluidos los de la NBC. Fue tal el suceso que en pleno tercer cuarto con 59-53 a favor de los Knicks, la NBC decidió cortar la final de la NBA para ver el que quizás fue el primer reality show de la historia. David Stern, el mandamás de la NBA, cogió el teléfono para bufar y despotricar a los directivos de la NBC a quienes exigía que se volviese a conectar con el Madison. Lo más que consiguió fue que, en un pequeño recuadro y escudriñando la vista, pudiésemos ver a Ewing y a Olajuwon fajarse en medio de la zona buscando canastas imposibles. El resto de la pantalla era para aquel Ford Bronco rodeado de innumerables helicópteros y al menos una veintena de coches de policía.

La persecución duro cerca de hora y media a lo largo de unos 80 kilómetros. Varios ex compañeros y John McKay, el entrenador de Simpson en su época universitaria, conectaron con OJ a través de la radio para pedir que se entregara y no se matara. “Soy el único que merezco morir” y “voy al encuentro de Nicole” fueron dos de las escasas sentencias que Simpson acertó a decir. Finalmente, tras aparcar la camioneta delante de la puerta de su casa, la policía le ordenó soltar el arma y le permitió entrar en su domicilio. Allí, una vez dentro, le dio un beso a su hijo, otro a su madre, bebió un zumo de naranja (sí, verídico, no es una licencia artística) y se entregó a la policía mientras recibía una sonora ovación de los curiosos que allí se congregaban.

Iba OJ Simpson camino de la comisaría cuando Patrick Ewing emergió para con 25 puntos y 12 rebotes darle la victoria por 91-84 a los Knicks y ponerlos 3-2 por delante en la eliminatoria ante la indiferencia de todo el país. El único lugar de Estados Unidos donde no se hablaba de OJ Simpson era en Nueva York donde tras 54 años se había logrado la Stanley Cup de hockey y donde los Knicks estaban a un partido de lograr el anillo de la NBA tras el conseguido veintiún años atrás en 1973.

Olajuwon (izq) y Ewing (dch)

Acusado de doble asesinato, el juicio de OJ Simpson fue la muestra de cómo un buen equipo de abogados (cobraron en torno a seis millones de dólares) son capaces de hacer que la justicia no sea igual para todos. El juicio pasó de hacerse en la elitista y blanca Santa Mónica a celebrarse en una corte del centro de Los Ángeles para así asegurarse de que el jurado estuviese formado por una mayoría negra y jugar la baza de la discriminación racial (cabe recordar que OJ Simpson era negro y su ex mujer era blanca). Otra jugada maestra se dio cuando el abogado principal concedió una entrevista en televisión donde reveló grabaciones y datos personales del inspector de policía que llevaba el caso demostrando que era un racista compulsivo.

En todo caso la clave de la absolución de OJ Simpson fueron los guantes ensangrentados que fueron encontrados en su casa al poco del asesinato y que fueron congelados y descongelados varias veces durante el proceso. Tras requerimiento de su abogado, Simpson se los probó delante del jurado y entre muecas y gruñidos no lograba ponérselos argumentando que le quedaban pequeños. Aquella obra teatral convenció al jurado de la inocencia del acusado. Fueron 150 millones de personas las que siguieron en vilo los 134 días de juicio y la sentencia dada el 3 de octubre de 1995 que lo daba por no culpable. Había muestras de ADN de Simpson en toda la escena del crimen, las huellas de sus zapatos y los famosos guantes. Pero Simpson se libró de la cárcel.

En 1997 se celebró un juicio civil por el mismo crimen y ese jurado sí declaró a Simpson responsable del crimen, pero no suponía una revisión del juicio penal. Simplemente fue condenado a pagar 33 millones de dólares a los familiares de las dos víctimas. Un dinero que nunca llegó a abonar. Por entonces incluso el Estados Unidos negro dudaba de OJ Simpson, aunque mantenía esa aura de intachable gracias a un atractivo y a un carisma que explotaba en continuas apariciones en shows televisivos.

Con el tiempo, OJ Simpson fue apartado de la opinión pública. Sus desvaríos le llevaron a bromear sobre el tema e incluso a escribir una autobiografía en la que explicaba como habría asesinado a su ex mujer en el hipotético caso de haberlo hecho. Apartado entonces de la vida pública, sin apoyo social y acusado por las deudas fue detenido y condenado a prisión en 2008 por intento de robo a mano armada en Las Vegas. Saldría en libertad diez años después justo cuando la aparición de una navaja ensangrentada en una finca de su propiedad parecía reabrir el caso. Portaba ADN de Nicole, pero el caso nunca se pudo reabrir al no haber causa federal. Así pues, OJ Simpson fallecería en 2024 víctima de un cáncer sin nunca haber sido penado por un crimen que nadie duda ya que no hubiese cometido.

¿Y la final de la NBA? Justo al caer derrotados en el Madison Square Garden los ojos de Hakeem Olajuwon se clavaron en los del resto de sus compañeros y de su boca salieron palabras de tranquilidad y sosiego. Cuando la NBA lo había nombrado MVP el gigante nigeriano se había negado a recoger el premio sin que sus compañeros estuviesen delante. Estaba convencido de que iban a ser campeones. Mas a pesar del optimismo de Olajuwon los Knicks estuvieron a una canasta de proclamarse campeones. En el sexto encuentro, Olajuwon taponó un lanzamiento triple de John Starks en el último segundo, dando a los Rockets la victoria por 86-84 y forzando el séptimo partido. En el encuentro definitivo un Olajuwon sublime (27 puntos, 10 rebotes y 7 asistencias) le daba el título a Houston en un choque que quedará en el recuerdo por el horrendo partido de John Starks (0/11 en triples y 2/18 en tiros) quien, psicológicamente afectado por su fallo en el choque anterior, puso los clavos para cerrar la tumba de los Knicks en el encuentro final y decisivo.

El juicio de OJ Simpson duró año y medio y fue el fiel reflejo de como la raza, el dinero y la televisión pueden distorsionar e influir en el sistema judicial. OJ Simpson se convirtió en icono de la cultura popular estadounidense y en muestra clara de sus virtudes y sus defectos. Diversos estudios indican que, durante el veredicto, el uso de telefonía se redujo en un 60% y también descendió el uso de agua porque la gente no se atrevía a ir al baño para no perderse nada. El número de operaciones que se realizaron en Wall Street bajó un 41% aquel día e incluso el presidente Bill Clinton abandonó sus funciones para seguir lo que sucedía. Fueron 150 millones de televidentes, cerca del triple de los que siguieron la investidura de Barack Obama. La actuación de OJ Simpson fue perturbadoramente increíble, como lo fue la de Olajuwon en una serie de baloncesto memorable que se asemejó más a un duelo de rugby que a uno de baloncesto. Fueron siete partidos resueltos por una media de siete puntos de diferencia. Se tardaría más de una década en ver un séptimo partido de la final de la NBA, pero dio exactamente igual. Lo único que aquel 17 de junio de 1994 importaba era ver a OJ Simpson cabalgando en aquel legendario Ford Bronco de color blanco.

OJ y los guantes de la discordia

P.D: Ford decidió retirar la producción del Ford Bronco lo que tuvo el efecto no deseado de convertir a aquella furgoneta en un objeto de deseo. En 2021 Ford volvió a anunciar su producción, pero, por el camino, Mike Gilbert, ex agente de OJ Simpson, se hizo con la camioneta y la mantuvo en buen estado hasta que años después intentó su venta por un millón de dólares. Pecó de avaricioso y la venta no cuajó. Ahora el Ford Bronco reposa en el Museo Nacional del Crimen de Estados Unidos donde, evidentemente, es la estrella del recinto.

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Templos del deporte: Estados Unidos (1ª parte)

¿Qué es un estadio? No es sólo un simple marco; es un evento deportivo, histórico y arquitectónico en sí. Es baluarte inexpugnable, símbolo de un club, reflejo de una cultura y protagonista de una ciudad. Son ejemplos de elegancia estética y soluciones técnicas y también de innovaciones tipológicas y tecnológicas. A menudo comparamos los estadios con el Anfiteatro Flavio, conocido por todos como el Coliseo de Roma. Realmente los estadios se asemejan a los prototipos del teatro griego, adaptados a unos desniveles naturales y abiertos al territorio circundante. Del anfiteatro romano adquieren la estructura cerrada y edificada.

La palabra estadio procede del latín ‘stadium’. Hablamos de un terreno plano rodeado por gradas de espectadores que cada vez en mayor medida son cerradas. De hecho, en Sudamérica se les suelen llamar canchas, vocablo que proviene del quechua ‘kancha’ que significa recinto cerrado. El estadio más antiguo del mundo del que se tiene constancia es el estadio de Olimpia (776 a.C) en Grecia. Sabemos que en el mundo griego cada cuatro años se celebraba una competición deportiva para conmemorar la paz, por lo que se concedía una tregua en todas las guerras en disputa.

Si alguno de los que ha llegado hasta aquí me lee regularmente será consciente de conocer ya estas palabras. Estos mismos párrafos adornaban unos artículos que a finales de 2017 escribí y que titulé ‘templos del fútbol’. Fue en los albores de este blog. Más de 300 artículos atrás en el tiempo. A través de cuatro reportajes hablaba de los estadios de fútbol más reseñables, tanto del ayer como del hoy. Al final del presente articulo tenéis los enlaces correspondientes por si apetece leerlos o releerlos.

El caso es que aquellos cuatro artículos eran todos centrados en el deporte rey. Y fueron asumidos con una visión eurocéntrica. Lo cierto es que es indudable que hay templos deportivos en todos los continentes y dedicados a deportes irrelevantes bajo el prisma europeo como el fútbol americano, el béisbol o el criquet. Incluso hay estadios dedicados en exclusiva a la práctica del rugby y vetados al fútbol, siendo el rugby un deporte de tronío en buena parte de Europa Occidental.

Ergo hablamos de estadios y no de pabellones. Estos últimos son recintos polideportivos y multiusos que no podemos adscribir concretamente con el hecho deportivo. El fastuoso Madison Square Garden de Nueva York sirve tanto para presenciar partidos de baloncesto como homilías del Papa, conciertos de Beyoncé o mítines de Donald Trump. Un estadio funciona como templo del deporte, aunque esporádicamente sirva para otros eventos. Es cierto que existen pabellones donde se practica el baloncesto de forma regular como los fantásticos recintos de la Universidad de Syracuse o de la de Kentucky o el Arena de Belgrado en Europa, pero no son estadios en sentido estricto. Los estadios son por definición recintos abiertos (aunque ahora se techen), puros, genuinos, en comunión con la naturaleza. De hecho, y aunque ahora se haya perdido, la etimología correcta sería la de campo (recinto de hierba con gradas), estadio (recinto de hierba con gradas y pista de atletismo) y pabellón o arena (recinto polideportivo con gradas y cubierto).

Así entonces haré dos clasificaciones de diez estadios a través dos artículos diferentes. Es tal el volumen de recintos significativos que hay en Estados Unidos que me he visto obligado a dedicar un listado entero a los templos del deporte norteamericano. Como toda lista tendrá un matiz subjetivo, pero intentaré darle una serie de parámetros para que prime la objetividad.

Al hacerlo renunciaré a darle preponderancia a estadios de gran significado deportivo, pero que no son lugares regulares de práctica deportiva. El Olímpico de Montreal puede presumir de haber sido sede de unos Juegos Olímpicos o de estar adornado por la torre inclinada más alta del mundo, pero adolece como una mole inerte dado que ningún club ocupa sus instalaciones domingo tras domingo. Del mismo modo el Estadio Nacional de Pekín, aquel impresionante nido de pájaro que nos fascinó en 2008, sólo ha sido sede de otros cinco eventos 15 años después de su inauguración.

Quedarán fuera de la lista verdaderas maravillas arquitectónicas, pero de exigua importancia deportiva. Por ejemplo, el increíble Marina Bay de Singapur, cuyo terreno de juego está sobre el mar, el estadio de fútbol americano de los Jaguars de Jacksonville, donde se puede seguir el encuentro mientras disfrutas de un baño en una piscina, o el Fisht de Sochi, cuyas gradas parecen montañas nevadas. Tampoco el número de asientos ha sido la referencia, quedando excluidos recintos como el Beaver Stadium (106.500 espectadores), el Ohio Stadium (105.000), el Bryant Denny Stadium (101.000) o el Memorial de Nebraska (97.000), espacios colosales pero adscritos al deporte universitario de fuerte tradición en Estados Unidos, pero de escasa proyección internacional.

Lo que se ha tomado como eje principal de esta clasificación es el peso y tradición de los equipos que lo representan, así como el valor arquitectónico del recinto por sí mismo y su preponderancia en el barrio y en la ciudad donde se ha edificado. No se ha olvidado la majestuosidad de templos de reciente construcción, pero, es incuestionable, que ante caso de duda el valor histórico existente prima sobre el hipotético valor histórico de futuro. Así el fantástico Metlife Stadium (2011) donde juegan los New York Giants, el Empower Field (2001) de los Denver Broncos, el Gillette Stadium (2002) casa de los New England Patriots o el ATT Stadium (2009) de los Cowboys han sido descartados, no por su importancia o su magnificencia, sino por su escaso peso histórico.

Del mismo modo creo que es obligado hacer referencia a una serie de estadios que, demolidos, no ocupan el presente, pero que adornaron páginas gloriosas del pasado como el Giants Stadium (1976-2010) en el área metropolitana de Nueva York, el Foxboro Stadium (1971-2001) en el cinturón de Boston y el astronómico Kingdome (1972-2000) de Seattle.

Giants Stadium ends its 34-year run on Sunday | WSTM
Giants Stadium

— TEMPLOS DEL DEPORTE DE ESTADOS UNIDOS —

Vayamos entonces con los diez templos del deporte de Estados Unidos y nos guardaremos una sorpresa para el final. Siete de los recintos escogidos serán espacios donde habitualmente se juega al fútbol americano y tres serán hogar del béisbol. Considero que es una lista ecuánime al gusto de los estadounidenses. Hay 26 estados donde la liga más seguida es la NFL (fútbol), 13 donde es la MLB (béisbol), 10 donde domina la NBA (baloncesto) y en sólo uno la liga más seguida es la NHL (hockey sobre hielo) En todo caso veremos cómo los recintos dedicados al béisbol ocupan plazas de privilegio en mi lista por su singularidad y por su respeto hacia la tradición:

10. MICHIGAN STADIUM (fútbol americano): Ubicado en Ann Arbor, una pequeña ciudad universitaria situada a unos 70 kilómetros de Detroit, el Michigan Stadium es la casa de los Wolverines de la Universidad de Michigan. Inaugurado en 1927, el Michigan Stadium tiene una capacidad de 107.000 espectadores todos sentados en bancos corridos que lo convierten en el recinto de mayor capacidad de Estados Unidos. De hecho, cuatro de cada cinco habitantes censados en la ciudad cabrían en el estadio que acumula lleno tras lleno partido tras partido. No obstante, su extraordinario tamaño no es apreciable desde el exterior dado que la mayoría de los asientos están por debajo del nivel del suelo. El equipo ha ganado 11 títulos universitarios de fútbol y entre las leyendas que tienen su camiseta retirada está el número 48 del ex presidente Gerald Ford. Por entonces ninguna mujer podría ver las evoluciones del que en 1974 se convertiría en presidente, dado que hasta 1968 estaba prohibida la entrada al Michigan Stadium tanto a las mujeres como a los niños.

Michigan Stadium - Wikipedia
Michigan Stadium

9. SOLDIER FIELD (fútbol americano): Situado en un parque de Chicago a escasa distancia del Lago Michigan, el Soldier Field es un hermoso estadio para 61.500 espectadores inaugurado en 1922. El estadio honraba a los caídos en la I Guerra Mundial (campo del soldado) y no tenía un uso definido hasta que en los años 70 se convirtió en el hogar de los Chicago Bears campeones de la NFL en nueve ocasiones. El recinto tiene una característica forma ovalada que recuerda a una bala y durante muchos años contó con hierba sintética en una época donde se pensaba que aquello era progreso y futuro. Lo más característico del Soldier Field era su fachada, una conjunción de columnas grecorromanas que se elevaban por encima de las gradas. Esto hizo que con el tiempo el estadio fuese declarado patrimonio nacional, pero una profunda reforma acometida en 2003 hizo que se le fuese retirado el título.

Soldier Field - Wikipedia, la enciclopedia libre
Soldier Field

8. SANFORD STADIUM (fútbol americano): Justo lo contrario ocurre con el Sanford Stadium. Cuando se levantó, allá por 1927, el arquitecto hizo firmar un documento por el que si en el futuro se realizaban remodelaciones en el recinto sería de obligado cumplimiento mantener la estructura original. Y así ha sido. En el espacio de un siglo se han puesto luces, se han levantado nuevas gradas, se han creado palcos de prensa y se añadieron tribunas de lujo hasta dejar el aforo actual en 92.000 almas. Y todo manteniendo la característica estructura original con un fondo abierto a la ciudad de este recinto de Atenas (Georgia) donde juegan los Bulldogs, quienes han logrado tres títulos universitarios de fútbol americano, el último en 2021.

University of Georgia Athletics
Sanford Stadium

7. TIGER STADIUM (fútbol americano): El valle de la muerte. Ese es el nombre popular del estadio de la LSU, la Universidad Estatal de Louisiana, considerado el recinto deportivo más ruidoso de Estados Unidos. Numerosas remodelaciones han dejado su capacidad en 102.000 almas, diez veces más que cuando fue inaugurado en 1924. El espacio tenía forma de herradura y se encontró con la imposibilidad legislativa de ser cerrado al tener que gastarse los fondos necesarios para ello en una residencia de estudiantes. Se sorteó la prohibición construyendo la residencia en un anillo inferior debajo de los asientos del estadio. El Tiger Stadium, situado en Baton Rouge la capital del estado, también tiene la particularidad de ser uno de los poquísimos campos que mantiene las porterías con dos palos propias del rugby europeo y erradicadas por los postes en forma de Y típicos del fútbol americano.

Tiger Stadium – LSU
Tiger Stadium

6. DODGER STADIUM (béisbol): Los Dodgers nacieron como equipo de béisbol de Brooklyn, un barrio de Nueva York. Allí cosecharon numerosos éxitos hasta que en 1958 decidieron trasladarse a la otra punta del país donde vieron una oportunidad única para expandirse. Nacían así Los Ángeles Dodgers y con ello nació también su nuevo estadio. Se trataba entonces de uno de los pocos recintos financiado enteramente con capital privado. Se proyectó un inmenso recinto con capacidad para 56.000 espectadores que aun hoy sigue siendo el estadio de béisbol de mayor aforo. La construcción fue polémica ya que se hizo en un barranco del centro de la ciudad donde malvivían inmigrantes mexicanos que fueron expulsados de sus casas. Hoy, el Dodger Stadium se encuentra en el corazón de Los Ángeles y puede presumir de un récord de 856 de partidos de la MLB sin ser suspendidos por culpa de la lluvia desde abril de 1988 al mismo mes de 1999. En todo caso el Dodger Stadium fue el primer recinto para béisbol en tener gradas cubiertas (para el sol californiano, lógicamente). En abril, concretamente el día 15, en todo Estados Unidos se conmemora el día de Jackie Robinson, el histórico número 42 de los Dodgers quien fue el primer afroamericano en jugar en la MLB.

Dodgers Stadium Future Includes Contactless Tech, More Analytics And  Eventual Facial Recognition
Dodger Stadium

5. WRIGLEY FIELD (béisbol): Lo que antes era un barrio obrero al norte de Chicago hoy es un animado lugar cercano al lago donde rezuma el ambiente de la buena música y los buenos restaurantes. Allí, en el barrio del mismo nombre, se inauguró el Wrigley Field en 1916. El característico triángulo de los estadios de beisbol está rodeado por viviendas unifamiliares o edificios de un par de plantas alineados perfectamente, mientras al sur se ven los majestuosos rascacielos de la ciudad del viento. Con capacidad para 42.000 espectadores, es hogar de los Chicago Cubs ganadores tres veces de las Series Mundiales de la MLB (1907, 1908 y 2016). El Wrigley Field destaca por su fachada de ladrillo vista cubierta por hiedras y por su icónica marquesina de color rojo con el marcador hecho a mano. La MLB obligó a acolchar todas las paredes de sus recintos deportivos por seguridad, pero la hiedra hizo que Wrigley Field se librara de ello. Cuando la temporada comienza solo se ven enredaderas, pero la hiedra crece conforme avanza la temporada hasta cambiar a color rojo cuando llega el otoño. Todo en Wrigley Field suena a ancestral, incluyendo la posibilidad de ver un partido desde la terraza de uno de los edificios aledaños sin tener que pagar entrada. Desde 2020 Wrigley Field es patrimonio nacional de los Estados Unidos.

Wrigley Field - Wikipedia
Wrigley Field

4. LAMBEAU FIELD (fútbol americano): Green Bay es una pequeña ciudad de Wisconsin. Con poco más de 100.000 espectadores es la ciudad más pequeña en tener un equipo profesional deportivo de cualquiera de las cuatro grandes ligas. No solo eso, sino que los Green Bay Packers han ganado 13 títulos de la NFL y la franquicia es la única de todo el país en la que no hay un dueño y los propietarios son los socios. Desde 1957 los Packers juegan en Lambeau Field un recinto con capacidad para 81.000 espectadores y que honra a Curty Lambeau ex jugador y ex entrenador de los Packers. El estadio es conocido como el santuario del fútbol americano o la tundra congelada dado que hasta que en 2013 se instaló un sistema de calefacción subterránea lo habitual era bajar de los 10 grados bajo cero en la temporada invernal. A pesar de la inmensidad de su tamaño para lo pequeña de la ciudad, hay lista de espera de más de 25 años para conseguir asiento y es el recinto con más llenos consecutivos y el primero dedicado en exclusiva al fútbol americano en la historia de la NFL.

Lambeau Field | History, Description, & Facts | Britannica
Lambeau Field

3. ROSE BOWL (fútbol americano): Siglos atrás Pasadena era uno de esos lugares donde los misioneros españoles levantaron templos para cultivar la fe católica. Hoy Pasadena ha sido engullida como ciudad satélite de la gigantesca Los Ángeles. Pues allí, un medio de un parque, se proyectó el Rose Bowl con la finalidad de celebrar anualmente un partido que enfrentase a los lideres de fútbol americano del este y el oeste del país para determinar al campeón nacional. El estadio, y así mismo el torneo, pasó a llamarse coloquialmente como Bowl (tazón) dado que el recinto tenía dicha forma. De ahí que todos los torneos finales de fútbol americano desde entonces se llamen ‘Bowl’, incluido el hoy archiconocido torneo final de la Superbowl de la NFL. El Rose Bowl no solo alberga partidos de fútbol americano, sino que ha sido sede de las pruebas de ciclismo en pista en los JJ. OO de 1932 o del torneo de fútbol en los JJ. OO de 1984. También fue sede de la final del Mundial de fútbol de 1994 que enfrentó a Brasil e Italia con victoria de la canarinha.

Fue proyectado en 1922 para 40.000 espectadores y con forma de herradura, pero pronto se hizo pequeño y en 1928 fue cerrado para darle su luego icónica forma de tazón. Actualmente son 88.000 almas las que pueden presenciar los partidos de los Bruins de la Universidad de UCLA, aunque para el Rose Bowl universitario se pueden proyectar gradas móviles para alcanzar los 120.000 espectadores. Hoy el camino de entrada está rodeado de rosas de diversos colores que alegran la llegada de los aficionados. Pero el problema es que el camino puede ser odioso, dado que el Rose Bowl solo tiene una carretera de acceso, por lo que se pueden llegar a tardar más de dos horas en cubrir el escaso kilómetro que hay desde la salida de la autopista de Los Ángeles hasta la entrada del estadio.

How to Save the Rose Bowl | City Journal
Rose Bowl

2. FENWAY PARK (béisbol): Apenas suma 37.000 asientos siendo uno de los campos más pequeños de toda la MLB, es incómodo para el espectador, de difícil acceso y está enclaustrado en un parque que sobrevive fagocitado por el centro de Boston, pero no existe cancha de béisbol más icónica que Fenway Park. En 1912 se inauguró el estadio de los Boston Red Sox, un recinto asimétrico que se ha mantenido en esencia desde entonces. En 1999 miles de manifestantes se congregaron por las calles de la ciudad para impedir el derrumbe del recinto y la construcción de un nuevo estadio. Al igual que en Wrigley Field, aquí hay asientos con vista obstruida por culpa de las columnas (con tickets más baratos) y cuenta con mayor capacidad en los juegos nocturnos que en los diurnos, dado que por el día hay que colocar una lona negra en los asientos que están justo enfrente del bateador para que no pierda visibilidad por el sol. Todos los asientos de Fenway Park son verdes, salvo uno situado a 153 metros a donde fue parar una bola que cayó en la cabeza de un espectador en un partido de 1946. El hombre, indignado, protestó y preguntó a viva voz a que distancia se tendría uno que poner para estar a salvo de los golpes de una bola perdida. Desde entonces aquel asiento en rojo marca la distancia mínima recomendada para los que no quieren sustos innecesarios. Son algunas de las características de este templo. Pero hay más. En la pared izquierda se encuentra el llamado ‘Green monster’, un muro pintado de verde mucho más cerca de la pista de lo normal y que favorece a los bateadores diestros.

La rivalidad entre los Boston Red Sox y los New York Yankees es una de las más feroces del deporte estadounidense. La rivalidad se inicia en 1919 cuando los Red Sox traspasan a Babe Ruth a los Yankees en el que está considerado la peor decisión tomada en el mundo del béisbol. Nacía entonces ‘La maldición del Bambino’. Los Red Sox habían ganado tres títulos seguidos hasta la venta de Ruth y a partir de entonces encadenaron 86 años de sinsabores hasta que lograron las Series Mundiales en 2004. Una vez roto el maleficio han conseguido tres títulos más coronándose como el mejor club de lo que va de siglo XXI.

Red Sox requieren mascarillas en áreas interiores de Fenway Park –  Telemundo Nueva Inglaterra
Fenway Park

1. LOS ANGELES MEMORIAL COLISEUM (fútbol americano): Al igual que el Rose Bowl, el Los Ángeles Memorial Coliseum también es patrimonio nacional de Estados Unidos. Fueron construidos en la misma época, pero mientras el Rose Bowl se instaló en Pasadena, al norte de la ciudad, el Memorial Coliseum fue proyectado al sur, dentro del casco urbano de Los Ángeles. Apodado ‘The Grand Old Lady’ será el único estadio de la historia en albergar tres Juegos Olímpicos cuando sea sede de la edición de 2028 al igual que antes lo había sido en las de 1932 y 1984. Allí entraban 15.000 espectadores cuando fue inaugurado en 1923, aunque para los primeros Juegos Olímpicos la cifra ya se elevó a 100.000 almas. Hoy 78.000 espectadores siguen desde el coliseo los partidos de fútbol americano de los Trojans de la USC, al igual que fue sede durante muchos años de los encuentros de Los Ángeles Rams de la NFL, de la primera Super Bowl de la historia en 1967 y de numerosas finales de la Liga de Campeones de fútbol de la Concacaf.

La característica más llamativa es un arco en la entrada de la que cuelga el pebetero olímpico. Allí lleva desde 1932 y en 1984 se le añadieron un par de estatuas, una femenina y otra masculina, que representan a los atletas olímpicos. La configuración en forma de cuenco fue imitada del cercano Rose Bowl, aunque sin tanta profundidad. El Memorial Coliseum debe su nombre a que en su primigenie fue proyectado como un monumento a los caídos en la I Guerra Mundial. Pocos podrían pensar que en 2019 habría allí el palco de prensa más grande del país, asientos retráctiles o pasillos cubiertos con pantallas LED para ver lo que pasa a ras de césped.

Los Angeles Memorial Coliseum to Celebrate Centennial Anniversary in 2023 –  SportsTravel
LA Memorial Coliseum

BONUS: YANKEE STADIUM (béisbol): Cabe hacer una mención especial a uno de esos estadios desaparecidos pero que deben estar presentes en nuestras oraciones. El campo más icónico de Estados Unidos. Babe Ruth, aquel chico que marchó de Boston rumbo a Nueva York, se convertiría en un mito en la Gran Manzana. ‘La casa que Babe Ruth construyó’. Así era conocido el Yankee Stadium, el recinto inaugurado en 1923 para poder dar cabida a los miles y miles de hinchas que querían ver a Ruth. Ubicado en el barrio de Bronx, en la catedral del béisbol cabían 58.000 personas, aunque hubo épocas en las que hasta 80.000 personas se agolpaban en el recinto, una cantidad monstruosa para un estadio de béisbol. En 2009 se tiró el estadio y se construyó uno en una parcela adyacente. Pero no es lo mismo. Los Yankees son el Real Madrid del béisbol y Babe Ruth su Alfredo di Stéfano. Entre 1923 y la demolición de 2009 ganaron 27 títulos. Desde entonces, desde que están en su nueva casa, no saben lo que es el triunfo.

The Ballparks: Yankee Stadium (1923-2008)—This Great Game
Yankee Stadium

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El número 199

193 centímetros. 95 kilos. Demasiado liviano. Eso decían. No era rápido. Tampoco fuerte. Sí, tampoco fuerte. Hablamos de fútbol americano. De bestias físicas. Ni siquiera tenía un lanzamiento especial y era tosco en los movimientos. Esos eran los debes de Tom Brady. Lo que todos los ojeadores decían de él. Había apuntes positivos en las notas de los analistas. Tenía una tremenda tranquilidad en el pocket, esa área dentro del campo donde el quarterback es protegido durante unos segundos para que lance el balón al lugar adecuado. Contaba también con una ética de trabajo intachable y era una de esas personas a las que todo el mundo sigue y a las que todo el mundo tiene fe. No un jefe, pero si un líder. Un hombre con intangibles. Esas cosas que no miden las bases de datos pero que sirven para ganar partidos.

Tom Brady creció como fan de los San Francisco 49ers de Joe Montana, el gran equipo y el gran jugador de los 80. No podía ser de otro modo. Montana fue la inspiración para un chico que nació a escasos kilómetros de San Francisco y que vestía con devoción la casaca roja de los 49ers. Pero Brady no era Montana. Comenzó su periplo en el instituto como un don nadie, sin apenas minutos, y acabó su trayectoria como un buen jugador. Nada más que eso. Que nadie espere una historia de patito feo que aletea con fuerza hasta que se convierte en cisne. Cuando Brady acabó el instituto era uno más. Uno entre tantos. Bueno, nunca excelente.

El único que se fijó en él fue Gary Moeller, técnico de los Wolverines de Michigan, prestigiosa universidad situada en Ann Arbor, cerca de Detroit, en la otra punta del país. La idea de Moeller era utilizar a Brady como primer quarterback, pero, poco antes del inicio de la temporada, fue arrestado por un altercado en un restaurante en el que acabó a mamporros con varios de los allí presentes en claro estado de embriaguez. Obligado a dimitir, Brady perdió antes de comenzar al hombre que había apostado por su talento. Sin su valedor, pasó a ser un secundario. Comenzaría su primer año en la universidad como séptimo quarterback del equipo.

Before he became the premier postseason performer of his generation, Tom  Brady was a middling college quarterback who invited skepticism, even  scorn, from fans and his coaches. That was all—and that was
Brady en Michigan

Son 11 los jugadores que se baten en un campo de fútbol americano, aunque suman hasta 45 los que forman una plantilla profesional. Se trata de un deporte eminentemente físico donde la táctica es exhausta. Hay diferentes equipos en la ofensiva y en la defensiva y todos son dirigidos en el campo por el quarterback. Es éste el ‘10’ del equipo, el cerebro, el mariscal de campo, el que da sentido al ataque. En la ofensiva se sitúa detrás del centro y decide la jugada a realizar. Es la estrella y debe resolver en fracciones de segundo si jugar a la corta o a la larga. El quarterback es el káiser. Es la prima donna.

En el fútbol americano los cambios entre los jugadores son constantes para evitar la fatiga provocada por el derroche físico, por lo que es más que habitual que las posiciones se dupliquen, tripliquen, cuatripliquen o quintupliquen. Golpes y lesiones están al orden del día. No ocurre lo mismo con el cerebro del equipo. El quarterback está protegido por las alas defensivas, quienes se encargan de bloquear a los rivales que tratan de tumbar a la estrella rival. No son necesarios más de, a lo sumo, tres quarterbacks. Por lo que si eres nombrado séptimo quarterback de un equipo tu futuro no es nada halagüeño.

El primer año de Tom Brady se cerró en blanco. Hubo de acudir a un psicólogo. En el segundo año ascendió a tercer quarterback y en el tercero, era 1998, fue nombrado capitán del equipo. Y no era titular. Su ascendencia sobre el grupo trascendía fuera del campo. Tan sólo en 1999, en su cuarto y último año como universitario, logró hacerse con la titularidad y liderar a los Wolverines tanto fuera como dentro del rectángulo de juego.

Y ni siquiera entonces era una estrella. El ídolo de la afición y su rival para el puesto más preciado del fútbol americano era Drew Henson. Éste era un colosal deportista que competía a partes iguales tanto en béisbol como en fútbol americano y que acabaría siendo profesional en ambos deportes. Pero Brady fue poco a poco comiéndole la tostada hasta convertirse en referencia en el tramo final de la temporada. Se especializó como jugador de últimos minutos, donde mostraba un aplomo y una tranquilidad exultantes liderando a los Wolverines a remontadas apoteósicas.

Se llega así al año 2000. Draft de la National Football League (NFL). La selección de jugadores es larguísima. Las tres primeras rondas se eligen el sábado y las cuatro siguientes se celebran el domingo. Son siete en total. En la NBA, quizás el draft más conocido internacionalmente, son dos las rondas para un total de 60 deportistas. En la NFL son siete rondas para un total de 262 deportistas.

Brady no era el mejor atleta, no había ganado un campeonato universitario, no tenía excelsa mecánica ni el brazo más fuerte. No lanzaba en profundidad y se dudaba de la longevidad de su carrera por culpa de su físico. Tampoco contaba con los mejores números estadísticos y no era el mejor valorado. Tenía liderazgo, calma, inteligencia. No tenía miedo a nada y estaba dispuesto a aprender. Tenía intangibles. Pero como dijo Brian Billick, entrenador de los Baltimore Ravens, “cuando decimos que un jugador tiene intangibles, es un eufemismo para decir que no tenemos ni idea de lo que buscamos”. Lo único que parecía jugar a favor de Brady es que el año 2000 no era un buen año para los quarterbacks. La camada de cerebros era limitada y Brady contaba con poder encaramarse a los puestos altos del draft. En 1999 las tres primeras elecciones del draft habían sido quarterbacks y para el año 2000 solo se contaba con Chad Pennington en primera ronda. No había más quarterbacks que se pudiesen considerar titulares en una franquicia de la NFL.

Lo normal es que Brady fuese un jugador de rotación y no pasase de tres o cuatro temporadas en la NFL. Antes del draft tuvo lugar la ‘combine’. Se trata de una serie de pruebas físicas que ayudan a que los ojeadores tomen su decisión final. Brady corrió las 40 yardas en 5’28 segundos. Su marca combinada de salto vertical y de carrera fue la peor desde 1978. La peor entre 576 deportistas. Aquello hizo bajar aún más las expectativas. No era capaz de enviar el balón en campo abierto y se le veía como un jugador muy expuesto si se le sacaba del ‘pocket’. Inmóvil, lento y delgado.

Se había dictado sentencia.

Tom Brady se sienta en el sofá de la casa familiar junto a su padre, su madre y sus hermanas a ver la retransmisión del draft de la NFL que tiene lugar en el Madison Square Garden de Nueva York. Allí están los elegidos. Entre ellos Chad Pennington, quien es elegido en el puesto decimoctavo. No se vuelve a elegir a un quarterback hasta la tercera ronda. Es el puesto 65. El equipo que elige son los 49ers de San Francisco. Brady cuenta con ese puesto. Él y toda su familia. Todos ellos son socios de los 49ers. Brady es un chico de la casa.

Los San Francisco 49ers escogen a Giovanni Carmazzi.

Brady apaga la televisión y sale a lanzar unas bolas junto a su padre al jardín de la casa familiar.

En el puesto 75 se escoge a un tal Chris Redman, quien es el último seleccionado en ese primer día del draft.

Brady no duerme nada esperando a que llegue el domingo. Al segundo y último día del draft. Donde queda la morralla. Aquellos que no pasarán de jugadores de refresco. Solo Bill Rees, ojeador de los Chicago Bears, da un análisis positivo del defenestrado Brady: “Es bastante duro y preciso. Es un buen jugador reserva que con el tiempo pasará a titular”. Nadie olvida que sus compañeros en Michigan lo preferían a él como titular y que su deseo de ganar y liderazgo era intachable. Pero las pruebas físicas habían acabado con el poco crédito con el que contaba.

El nombre de Tom Brady tendría que salir rápido. No fue así. El domingo comenzó con la cuarta ronda. No se escogió a ningún quarterback. En la quinta hubo que esperar al puesto 163. Tampoco fue Brady el designado. Como había hecho el día anterior, volvió a apagar la televisión, cogió el bate de beisbol y se propuso lanzar la bola tan lejos como fuese posible. El 168 y el 183, ambos de la sexta ronda, también fueron números ocupados por quarterbacks.

Y en el puesto 199, en la sexta ronda, los New England Patriots seleccionaban a Tom Brady.

File:Tom Brady 2011 (cropped).JPG - Wikimedia Commons
Brady, el ’12’ de los Patriots

Los Patriots no lo habían escogido antes porque no necesitaban un quarterback en su plantilla. Tenían muchos y buenos. Pero habían valorado seleccionarlo si quedaba libre. Bill Belichick, técnico de los Patriots, consideraba que Brady tenía mentalidad ganadora. Tampoco se mostraba preocupado por el cuerpo de Tom porque sabía que se podía entrenar. Luego confesaría que estuvo a punto de no seleccionarlo porque al ver que caía tan bajo pensó que realmente no valdría la pena. Brady era como la chica que te gusta pero que tus amigos llaman fea. Al ver que los demás dudan acabas pensando que estás equivocado.

Días más tarde Tom Brady puso rumbo a Boston, se subió a un jeep amarillo y tuvo su primera conservación con Robert Kraft, propietario de los Patriots. Brady se cuadró ante el gran jefe, le miró a los ojos y le dijo que haberlo fichado había sido la mejor decisión que había tomado en su vida.

El primer año apenas jugó unos minutos. Era el cuarto quarterback del equipo. Pero su lenguaje corporal, su concentración, la alegría de sus ojos y su sonrisa en el vestuario lo hicieron ser indispensable para el bien del grupo. En su segundo año Drew Bledsoe, el quarterback titular del equipo, se lesionó y Brady alcanzó el puesto de titular.

Bajo el liderazgo de Tom Brady los New England Patriots lograron el título de la SuperBowl. Era 2001. Su segundo año como profesional.

Tom Brady fue elegido tres veces MVP de la temporada (2007, 2010 y 2017), ha ganado siete Superbowls (2001, 2003, 2004, 2014, 2016, 2018 y 2020), fue escogido en cinco ocasiones mejor jugador de la final (2001, 2003, 2014, 2016 y 2020), es el jugador con más partidos disputados en la historia de la NFL y tiene el mayor número de victorias tanto en total como en porcentaje de un quarterback en la historia de la liga. Para muchos analistas y aficionados, Tom Brady es el mejor jugador de fútbol americano de todos los tiempos.

Con 45 años aun jugaba en los Tampa Bay Buccaneers de la NFL. En 2019, a los 41 años, corrió las 40 yardas en 5,17 segundos. Once segundos más rápido que en aquella ‘combine’ previa al draft de 2000, cuando tenía 22 primaveras.

“Si volviésemos atrás en el tiempo y me dijeses que se iba a convertir en lo que se ha convertido te diría que no me tomases el pelo, como te hubiésemos dicho cualquiera de los que estábamos en ese equipo”. Drew Bledsoe, compañero de Brady en los New England Patriots.

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Es relativamente habitual que cuando un licenciado estadounidense acabe su carrera cruce el charco y haga una tournée por Europa. Algunos visitan Londres, muchos Roma y todos Paris. Hablamos de gente de cierto nivel intelectual, cultural e incluso económico. Gente que admira el estado de bienestar europeo y ese gusto por trabajar por vivir y no el vivir por el trabajar tan propio de Estados Unidos. Ven Europa con ojos románticos, como una suerte de club de países pequeños con PIB extraordinarios. Un paraíso para disfrutar de una jubilación que se antoja de las más longevas y satisfactorias del planeta.

Y, sin embargo, todos esos jóvenes bien alimentados y bien educados que critican la venta de armas en Estados Unidos y admiran los hospitales públicos europeos, se echan las manos a la cabeza cuando ven que nadie tiene secadora.

Algo propio del tercer mundo.

El 90% de los habitantes de Estados Unidos tienen secadora. Así como casas más grandes, armas en el salón y multitud de problemas cardiacos. Dicen que eso sucede porque el alcohol protege de los problemas de corazón y como los europeos están siempre borrachos bebiendo vino en las comidas…Que un norteamericano tenga una secadora no es una cuestión geográfica, sino cultural. Tanto la tiene el habitante invernal de Wisconsin como el del verano perpetuo de Florida. Tender la ropa al viento es de pobres. Antiguamente era cosa de negros. Los blancos, los blancos más humildes y de casas húmedas del interior de Chicago, tendían la ropa al lado de la caldera. Desde que en los 50 la secadora se hizo accesible y popular a nadie, independientemente de su nivel de renta, se le ocurriría tender la ropa al viento.

En Europa no es así. La ratio de ventas de secadoras es de 1/9 en relación a la de las lavadoras. Sólo en las grandes ciudades, en pisos de metros cuadrados escasos, se le ocurre a alguien montar una secadora. Y no es una cuestión geográfica. Puede que en el sur de Europa el sol abunde, pero de los Pirineos para arriba el astro rey suele desaparecer con prontitud. La construcción de patios de luces, los recovecos de un ático o un sencillo sótano o trastero son válidos para tender la ropa. Incluso se puede colgar al aire libre en pleno invierno. En Manchester o en Oslo a las camisetas se les da la vuelta en el radiador como de un filete se tratase. Es, simplemente, una cuestión cultural. Incluso medioambiental en las zonas más progres del Viejo Continente.

Aunque a menudo Occidente se considera como un todo, la evolución histórica, geográfica y sociopolítica de sus diferentes lugares ha dado lugar a notables diferencias culturales. La amplia extensión de ambos mundos hace que cada región tenga sus particularidades. Con todo, la cohesión de Estados Unidos como única nación hace más fácil la homogeneidad que en Europa. Así un irlandés o un polaco tiende a parecerse más al prototipo americano que a buena parte de los europeos. Peso a lo cual, las secadoras escasean tanto en Dublín como en Varsovia.

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Secado Made in Europe

Escasean las secadoras al igual que las distancias y el tiempo permanecen en dimensiones distintas. Si una iglesia del siglo XIX es moderna para un europeo es antigua para un estadounidense. Si una ciudad está de la playa a unos 100 kilómetros es lejos para un europeo, pero cerca para un estadounidense. Lo haremos en un coche manual y pequeño, frente a los automáticos y grandes de un norteamericano, los cuales no tendrán problema para aparcar en los parkings gigantes que abundan por Estados Unidos. Nuestra semana empieza el lunes, mes y año. La de ellos es mes, domingo y año. Sus colegios son de pago y nadie tiene la obligatoriedad de aprender otro idioma, cuando aquí en el sistema público chapurreas, al menos, tres hablas. Nuestras calles están llenas de historia y las suyas de números, al igual que sus nombres de pila suelen ser también apellidos y sus políticos han de servir en el ejército antes de dar el salto a la política.

Y el deporte. En Europa la historia deportiva se ha cimentado sobre el fútbol. A su alrededor pivotan multitud de disciplinas, pero ninguna de ellas forma parte del tronco central del deporte estadounidense. Tan solo el baloncesto ha conseguido penetrar en el acervo colectivo de ambos continentes. Pero fútbol americano, béisbol y hockey sobre hielo son elementos extraños para el común de los europeos.

Empero, no es la diferencia de gustos lo que separa a europeos y a estadounidenses. La diferencia radica en la forma de concebir que es el deporte. Podemos identificar hasta tres diferencias fundamentales en torno a dicha concepción: a) aficionados; b) sistema de competición; c) objetivos de los clubes.

A) Aficionados:

En Europa las simpatías tienen una dimensión cultural y geográfica. De lo local a lo nacional y de lo nacional a lo internacional. El conglomerado de ligas regionales, nacionales y europeas certifica y pone en valor los sentimientos de cada forofo. Esta distinción es irreal para un estadounidense. Para ellos el campeón de la NFL, la NBA, o la NHL o la MLB es el campeón del mundo. Solo los Juegos Olímpicos son considerados para los estadounidenses un verdadero test internacional en el que enarbolar la bandera nacional.

La densidad de población de Europa Occidental es enorme lo que unido a un número considerable de países hace fácil el desplazamiento de aficionados para ver a su equipo. Esto convierte un partido fuera de casa en una aventura y crea una identidad cultural social entre los aficionados y su equipo. La inmensidad de Estados Unidos (donde caben hasta 18 Francias) limita al televisor el seguimiento del deporte, por lo que hace poco permeable la identificación con los colores.

B) Sistema de competición:

El deporte europeo se basa en tres tipos de resultados: victoria local, empate y victoria visitante. De igual modo, cuando existe un torneo de eliminatoria directa se establece un sorteo. Dicho sorteo funcionaba como una lotería donde el azar hacía su aparición. Solo en tiempos modernos e, influido por la tendencia estadounidense, se establecieron los condicionantes y los cabezas de serie. Al otro lado del Atlántico toda liga sirve como un proceso de selección natural en el que los mejores se clasifican para un torneo final eliminatorio en el que los cabezas de serie se eligen por el porcentaje de victorias.

En la opinión del que escribe está diferencia radica en el concepto de justicia. Para un europeo el resultado de una liga regular demuestra quien ha sido el mejor a lo largo de un recorrido, Quien ha sido el más fuerte a lo largo de una temporada. Esto implica que los mejores ganarán, pero, por un sentido de justicia y caridad, deben existir otros torneos donde el débil tenga su oportunidad. En las eliminatorias (copas) el azar sirve como balanza de la justicia que demuestra que, aparentemente, todos somos iguales. Es como el pan de los pobres que mantiene la ilusión de la felicidad.

Para un estadounidense no existe sentido de la justicia que pueda hacer creer que los últimos clasificados de una liga merezcan tener alguna opción de victoria. Sin embargo, crean ligas que irremediablemente cuentan con ‘playoffs’ por el título para demostrar que la justicia es igual para todos. Los mejores siempre parten con ventaja, pero deben demostrarlo, tanto a la larga como en las distancias cortas. Aquí el que manda juega con las cartas marcadas, pero siempre tiene que jugar. La justicia es igual para todos. La incertidumbre del resultado, y he aquí el quid de la cuestión, es mayor en el deporte norteamericano, aunque la sensación para el aficionado es que es mayor en el deporte europeo.

C) Objetivos de los clubes:

El objetivo de cualquier club es lograr el éxito. En Europa existe un sistema de ascensos y descensos en el que los fondos económicos se distribuyen en función de la categoría y de forma solidaria entre clubes a través de entes nacionales e internacionales. Trepar en el escalafón, sea como sea, es el objetivo para lograr el éxito deportivo. En Estados Unidos un club es una franquicia, donde un propietario, a través de su dinero, mantiene a su equipo en una liga independientemente de sus resultados deportivos. Todo se basa en la solvencia y en el crecimiento económico, y solo a través de la financiación correcta se puede alcanzar el objetivo deportivo.

Este sistema repercute directamente en los deportistas. En Europa sus sueldos dependen de las vicisitudes de su equipo y son altamente variables. En Estados Unidos dependen de sus méritos deportivos y son intocables tanto a la baja como al alza hasta que vencen sus compromisos contractuales.

Esto lleva directamente a una forma frontalmente distinta de entender la captación del talento.

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Fiesta universitaria

— ¿POR QUE LOS DODGERS NO SON EL MADRID NI MESSI ES LEBRON? —

Pocos conocerán a Randy Livingston. Normal. En doce años de carrera profesional jugó en infinidad de equipos. Concretamente en catorce equipos. En alguno de ellos de manera testimonial. Fueron dos los partidos que jugó con los Golden State Warriors y cinco en los que defendió la camiseta de los Chicago Bulls. En los Idaho Stampede de la liga de desarrollo de la NBA llegó a militar en cinco diferentes ocasiones en un espacio de ocho años. Y sin embargo Randy Livingston es un jugador de baloncesto venerado allí donde nació.

Porque en Nueva Orleans, en el estado de Louisiana, Randy Livingston es una leyenda viva. Asistió al instituto Newman de su ciudad natal con cuyo equipo de baloncesto logró el título de mejor jugador de secundaria de Estados Unidos en 1992 y 1993. Después logró una beca deportiva que le permitía ir a cualquier universidad del país. Decidió quedarse en casa y estudiar en la LSU, la Universidad Estatal de Louisiana. Que luego una lesión de rodilla cerciorase su carrera fue del todo inoperante. Randy Livingston es un icono de su comunidad.

Historia parecida es la de Herschel Walker. Nacido en Wrightswille, en el estado de Georgia, Walker compitió en el instituto de su pequeño pueblo donde logró la hazaña de guiar a su colegio a ganar el campeonato estatal de secundaria de fútbol americano en 1979. Al igual que Livingston, Herschel Walker decidió quedarse en casa y apostar por la Universidad de Georgia, donde también fue elegido mejor jugador del país y en 1981 ganó el campeonato universitario de Estados Unidos. Pero a diferencia de Livingston, Walker tuvo una carrera profesional fructífera que le llevó de Nueva Jersey a Dallas y de Dallas a Minneapolis, aunque jamás alcanzó los éxitos que logró como amateur en Georgia. Hoy Walker lucha por ser senador republicano por su Georgia natal.

Viajemos a Europa. Zlatan Ibrahimovic nació en Malmö, la ciudad más meridional de Suecia. De padre bosnio y madre croata, apenas jugó 40 partidos con el club sueco antes de firmar por el Ajax de Ámsterdam. Ahí inició una carrera antológica que le ha llevado a anotar más de 500 goles y a ganar títulos con algunos de los clubes más importantes del mundo, caso del FC Barcelona, el Manchester United, el PSG o las tres grandes escuadras italianas (Inter, Milan y Juve). Ibra es un dios del fútbol. Su carrera profesional es infinitamente superior a la de Walker o Livingston. Pero Ibra no es un dios en Suecia. Nunca ha tenido una actuación relevante con su selección. Es más. Ha renunciado sistemáticamente a defender la camiseta nacional y ha solicitado regresar cuando le ha convenido. Ni siquiera en Malmö es un ídolo. A la estatua de Ibrahimovic que daba la bienvenida a la ciudad de Malmö le fue amputada la nariz y fue tirada al suelo cuando Zlatan decidió entrar en el accionariado del Hammarby IF, club de Estocolmo y tradicional rival del equipo de Malmö. No, definitivamente Ibrahimovic no es un referente para su comunidad.

En Estados Unidos no existen las subvenciones estatales deportivas. Tan solo aportes económicos de la administración local. La economía del país obedece a la ley de la oferta y la demanda, y así funciona su sistema deportivo. Son los colegios los que tratan de captar talento en función de la disciplina, la productividad, el trabajo y el control. No se busca el modelo europeo de ‘fair play’ sino el modelo de excelencia. Ganar por encima de todo. A través de donaciones, publicidad y eventos financian los colegios su estructura académica. Del colegio se pasa al instituto (high school), donde se crea un vínculo con la sociedad. Esos deportistas llevan el nombre del instituto a lo largo del estado (o del país) y dan notoriedad a los mecenas que han llevado a esa institución al éxito.

Esos deportistas son captados por universidades que ofrecen becas deportivas para completar unos estudios que son prohibitivos para buena parte de los estadounidenses. A cambio, la universidad podrá obtener ingentes beneficios gracias a los ingresos televisivos, venta de mercadotecnia o control de derechos de imagen. Hay que tener en cuenta que los partidos universitarios reúnen a miles de espectadores en directo y a millones por televisión. Un entrenador universitario de fútbol americano o de baloncesto gana más dinero que el rector de la universidad.

Los más exitosos de estos atletas pasarán a la rueda del deporte profesional, mientras que la mayoría de ellos acabarán sus licenciaturas y entrarán en el mercado de trabajo. Suceda lo que suceda habrán formado parte de una comunidad. Quizás Michael Jordan sea el deportista más grande de todos los tiempos. Y lo es por sus hazañas con los Chicago Bulls, pero Jordan lo que es, es un ‘Tar Heel’ de la universidad de Carolina del Norte. Allí se formó como persona y como deportista. Fue allí donde decidió vivir una vez retirado y fue allí donde decidió invertir millones de dólares para comprar una franquicia de la NBA y no en el Chicago donde se convirtió en el hombre más famoso del mundo.

No sucede lo mismo en Europa. Aquí el deporte es diversión y formación. Está tutelado por los entes públicos, los cuales construyen los recintos deportivos. La idea es crear buenos hábitos, fomentar el compañerismo y desarrollar las capacidades psicomotrices de los niños. Salvo casos extraordinarios, solo cuando el niño se convierte en adolescente se empieza a pensar en su carrera profesional como deportista.

Y aquí estriba la gran diferencia. Ibrahimovic no jugó para un instituto ni para una universidad. Fue captado por un club privado quien lo formó en sus categorías inferiores y lo convirtió en profesional cuando consideró que estuvo preparado. No existió red de seguridad. Tuvo que escoger entre estudiar o dedicarse al fútbol. En Europa nadie es recordado por los goles que metió en la universidad. Simplemente porque esa opción no existe para el deportista de élite. Tomas el control de tu vida joven, seguramente excesivamente joven, y a cambio eres libre de decidir donde y para quien jugar. Quizás construyas un vínculo con una ciudad y su club de fútbol, pero lo normal es que no eches raíces ni edifiques vínculos e intentes labrarte una carrera de éxito por ti mismo sin tener en cuenta a tu comunidad.

Herschel Walker says he's been transparent about past violence - has he?
Herschel Walker

Lionel Messi nació en la ciudad argentina de Rosario y se formó en las categorías inferiores de Newell’s Old Boys. Allí estuvo hasta los doce años, por lo que pocos tienen recuerdo de él. Es así porque las categorías inferiores fuera de Estados Unidos son objeto de divertimiento y recuerdo y solo en épocas recientes los datos y las estadísticas han tenido una razón de ser. Es el salto al profesionalismo lo que marca la diferencia en Europa. Es así que Messi se convirtió en profesional con el FC Barcelona a los 16 años. Es en Barcelona donde ha cosechado sus éxitos por todos conocidos y es en la Ciudad Condal donde se ha convertido en una figura imperecedera que traspasa los límites del deporte. Messi es argentino de corazón y de sentimiento y anhela ganar el Mundial con su país para sentirse querido y reconocido por los que lo vieron nacer. Pero por mucho que quiera y por mucho que lo desee Messi jamás será rosarino. Nunca será Maradona. Messi ha sido criado, modelado y tutelado por Can Barça. Messi es patrimonio catalán, a pesar de que nunca ha hablado catalán.

Lebron James nació en un barrio marginal de Akron, suburbio al sur de Cleveland. Estudió en el instituto católico de Saint Vicent y Saint Mary donde sus estadísticas fueron contabilizadas al milímetro y se convirtió en campeón nacional y mejor jugador del país. Declinó declinar formarse en una universidad y dio el salto al profesionalismo a través de los Cleveland Cavaliers. De inmediato se convirtió en el hombre del momento, aunque tuvo que marcharse a Miami para ganar su primer anillo de la NBA. En aquel instante se convirtió en un Judas, pero con el tiempo regresó a Cleveland para hacer campeones por vez primera a los Cavaliers. Hoy Lebron James es una de las pocas figuras deportivas que pueden hacer sombra a Leo Messi a nivel global, pero su impacto a nivel local es inimaginable para el bueno de Leo. Ha construido escuelas, orfanatos o museos en su ciudad natal y, sobre todo, se ha convertido en ejemplo y referente para la comunidad de Akron y de Cleveland, a la que siempre hace referencia en cada una de sus intervenciones públicas.

Al igual que en el caso de Lebron, es habitual que el deportista estadounidense devuelva parte de lo que le fue otorgado por su comunidad. Obviamente el sistema de bienestar europeo hace impensable que sea un mecenas quien tenga que construir una residencia de ancianos o una biblioteca. No solo eso. La existencia de un mecenas es criticable por cierta parte de la sociedad. La necesidad del mecenas en Estados Unidos es reflejo de un sistema social y económico opuesto. Pero en el caso que nos ocupa, la figura del mecenas deportista en Europa es difícil de ver debido a esa inexistencia de vínculos primigenios con la comunidad formativa.

🥇 [2022] *Lebron James: 5 enormes donaciones caritativas
Lebron King Caridad

El Real Madrid fue fundado en 1902. Camino de los 125 años de historia posee el palmarés más exitoso del fútbol mundial y en sus filas han militado alguno de los jugadores más famosos de todos los tiempos. Pero el Real Madrid podría estar un siglo sin ganar título alguno y su fama se mantendría inquebrantable. Su estadio es un museo en movimiento que se mantiene en el corazón de la ciudad desde tiempos pasados y su escudo y su camiseta apenas han sufrido pequeños cambios inapreciables para el aficionado medio. El club, aun profesionalizado y convertido en una empresa multinacional, sigue siendo propiedad de unos socios que con sus críticas y reproches pueden hacer cambiar el devenir de la entidad de una semana para otra. El Real Madrid es un club global, español, pero, sobre todo, es un club madrileño. No se entiende la ciudad de Madrid sin su Real.

Los Ángeles Dodgers son junto a los Yankees de Nueva York el club de béisbol más valioso del mundo. Son el buque insignia de una ciudad de cerca de cuatro millones de habitantes y un área metropolitana de 20 millones. Han ganado siete veces las Series Mundiales y su estadio es el de mayor capacidad del país. Pero los Dodgers no son de Los Ángeles. No lo son porque no son un club, son una franquicia. Los Dodgers nacieron en 1883 en la otra punta del país, concretamente en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Allí estuvieron hasta 1957, cuando el propietario decidió trasladar al equipo a California. Por el camino hay títulos en Brooklyn como en Los Ángeles, al igual que los Lakers de la NBA poseen entorchados en Minneapolis como en Los Ángeles. Nadie duda que los Dodgers son el equipo de L.A, pero ni su historia ni si cultura ni, quizás, su futuro, están en la ciudad que vio nacer a Hollywood.

La emoción es una pauta filogénicamente aprendida que se desencadena por un suceso intenso. La pertenencia, la identidad y la identificación con unos valores agravan ese sentimiento. En Europa ser de un club de fútbol es sinónimo de ser habitante de esa ciudad. Las rivalidades entre clubes crean resentimientos entre ciudades, aunque los odios solo ocupen el plano deportivo. Pertenecer a un equipo de fútbol es pertenecer a una secta religiosa con tradiciones centenarias. Implica formar parte de una tradición y un legado en el que por lo general el árbol genealógico ha tomado parte.

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De padres a hijos

“En Estados Unidos todo el mundo es de la opinión de que no tiene superiores sociales, ya que todos los hombres son iguales, pero no admitir que tiene inferiores sociales, ya que la doctrina de que todos los hombres son iguales sólo se aplica hacia arriba, y no hacia abajo”. Bertrand Russell.

“El ejemplo de Estados Unidos es absurdo. Si Estados Unidos estuviese en el centro de Europa no resistiría ni dos años la presión del resto de las monarquías”. Napoleón Bonaparte.

Otras reflexiones sobre el deporte

Los límites del ser humano (sobre los récords cometidos y los que están por venir)

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El sueño americano (by Vince Papale)

El sueño americano. ‘The American Dream’. Quizás la epopeya más grande del mundo contemporáneo. El sueño americano sirvió, y aún sirve, para unir a decenas de miles de personas de distintas procedencias en tiempos de crisis social. Estados Unidos era tierra de abundancia, de oportunidades y de destino. El sueño americano garantiza a través de la libertad la posibilidad de tener éxito y prosperidad en la escala social. El sueño americano era justicia social en una Europa de reyes y nobles.

Fue el capitalismo salvaje el que convirtió el sueño americano en una quimera. Con el tiempo el sueño pasó a ser el de conseguir infinitas riquezas y dejó a un lado la democracia social. Pero el sueño americano pervive en la conciencia de medio mundo y no parece que haya lugar mejor que Estados Unidos para que gracias al duro trabajo o a una habilidad especial obtengas la oportunidad que te permita progresar en la vida. La historia de Estados Unidos está llena de pequeñas microhistorias que de cuando en cuando nos recuerdan la existencia del sueño. La realidad es que pocos llegaran al éxito, pero el ideal americano estará mientras creamos que el sueño es alcanzable.

Vince Papale es una de esas elegidas personas que dan forma al ‘American Dream’. Su historia es fascinante, por insospechada, grandilocuente y llamativa. Como en toda buena historia la industria hollywoodiense tuvo la feliz idea de convertirla en película, y como en toda gran epopeya que vanagloria el sueño americano, fue la Disney quien se encargó de producirla. ‘Invencible’ (2006) es un largometraje mediocre, pero dio a conocer a este lado del Atlántico la historia del fichaje de Vince Papale por los Philadelphia Eagles de la NFL.

Los Philadelphia Eagles son uno de los equipos más relevantes de la liga de fútbol americano. Labraron su fama en la década de 1940 y reverdecieron laureles en 2018 al alzarse con el título de la Super Bowl, uno de los espectáculos más excesivos que el mundo ha parido. No obstante entre 1962 y 1976 los Philadelphia Eagles acumularon una única temporada con balance positivo, amontonando decenas de derrotas año tras año.

Para la temporada 1976/77 los Eagles, frustrados y exasperados, deciden dar un cambio de rumbo y contratar a Dick Vermeil como nuevo entrenador. Se trata de la primera experiencia en el banquillo profesional de un joven técnico que no cuenta con la devoción de los fanáticos. Ante el pesimismo generalizado y la moral decaída tanto de directiva como de aficionados, Vermeil decide dar un golpe de efecto que lleve a los Eagles a las portadas de los periódicos de todo el país.

En una llamativa rueda de prensa Vermeil anuncia que todos los ciudadanos de Philadelphia que lo deseen pueden presentarse en las instalaciones del club para realizar una prueba con los Eagles. En caso de que el resultado resulte satisfactorio pasaran a pertenecer a la disciplina de los Eagles de la NFL.

Era algo jamás visto en el deporte profesional. El sueño de todo deportista de sofá. Hacer una prueba con el equipo de tus amores. La riada de gente no se hizo esperar y miles de personas acudieron a la llamada de los Eagles.

Uno de esas personas que sangraba y sudaba por los Eagles era Vince Papale. Acumulaba algo más de una década como socio y jamás se perdía un partido de su equipo a pesar de los malos resultados acumulados temporada tras temporada. Tenía entonces 30 años y vivía ejerciendo de camarero entre semana y de portero de discoteca los sábados y domingos.

Papale sólo había jugado al fútbol americano de manera federada en el instituto. Obtuvo una beca deportiva en atletismo para cursar estudios universitarios y se convirtió en un especialista en salto con pértiga. No brillo en demasía, por lo que se centró en sacar su licenciatura en ADE. Sin embargo no lograba encontrar un trabajo estable y permanecía ahogado por las deudas.

Animado por sus colegas, Vince Papale acude a la llamada de los Eagles. A pesar de que se citan cientos de ex jugadores de fútbol universitarios, y aunque en un principio Vermeil se tomaba la convocatoria como una manera de aumentar la moral de la ciudad y nada más, Papale poco a poco va pasando los cortes ante la incredulidad general y finalmente consigue una plaza como jugador profesional.

Papale sigue siendo el único jugador novato de la historia de la NFL con más de 30 años, y por supuesto, el primero sin ninguna experiencia universitaria en el fútbol americano. Ahí radicaba toda la magia en torno al receptor de los Eagles. Todos los aficionados pasaron a ser Papale, uno de los suyos, la viva encarnación del sueño americano.

Aquel camarero, que sólo había jugado de manera federada al fútbol americano durante su época en el instituto, formaría parte de la plantilla de los Eagles durante tres temporadas. Nunca fue un jugador destacado (41 partidos en un trienio) y en la mayoría de los encuentros disponía de pocos minutos, pero todos sus compañeros siempre lo señalaron como el culpable de que los Eagles volviesen a los playoffs tras muchos años de ausencia y acumulasen tres campañas seguidas en la postemporada. Contaban que no había persona más implicada en los entrenamientos. Su ascendencia fue tal que lo escogieron capitán de los equipos especiales, una especie de jefe de los suplentes.

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Con el tiempo Papale fue elegido dentro del equipo ideal en la historia de los Eagles. Obviamente no por sus aptitudes, pero si por su actitud. La expresión ‘American Dream’ se usa a menudo y muchas veces sin sentido. En este caso son las palabras exactas para definir una historia que ni el mejor guionista de la Disney hubiera creado.

Vince Papale es hoy una leyenda en Philadelphia a la altura de Rocky (de hecho a Papale le suelen llamar el Rocky de verdad) y lo es también para cualquier aficionado al fútbol americano que sueña con jugar alguna vez con el equipo de sus sueños. Hoy Papale trabaja como comentarista de los Eagles en una emisora de radio y es un fiero activista contra el cáncer tras superar un tumor en el colón. Se estima que el número de colonoscopias realizadas en Philadelphia aumentó cerca de un 20% tras una campaña en la que Papale abogaba por acudir con prontitud al médico.

Otras historias de héroes americanos

Jim Thorpe: Un camino iluminado por un gran relámpago (la historia de un nativo americano hecho a sí mismo)

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¿Por qué nadie se acuerda de Bill Tilden? (tenis, sexo y glamour en una América recatada)

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Jim Thorpe: Un camino iluminado por un gran relámpago

Tras lograr las medallas de oro en las pruebas de decatlón y de pentatlón con unas marcas cósmicas en los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1912, Jim Thorpe se preparó para recibir sendas distinciones olímpicas de manos del rey Gustavo V de Suecia. El monarca, admirado por unos registros que perdurarían durante casi dos décadas, se acercó a aquel piel roja mientras le daba la presea y le espetó: “Usted, señor, es el atleta más grande del mundo”. En 1912 un rey era un rey, pero a Jim Thorpe pareció no importarle en demasía. Se encogió de hombros y contestó con un lacónico “gracias rey”. Cuando un par de semanas después un desfile de miles de personas recorra la Quinta Avenida de Nueva York y Broadway para honrarle, Jim Thorpe sólo acertará a señalar, sin darle la menor importancia al hecho; “Oí a la gente gritar mi nombre y no podía entender cómo una sola persona podía tener tantos amigos”.

Aquel hombre, a la vez tan admirado y tan sencillo, acabaría sus días en la indigencia y feneciendo en el más absoluto olvido.

Jacobus Franciscus ‘Jim’ Thorpe nació en 1888 en una reserva india del estado de Oklahoma. Su raíces serían motivo de escarnio para Donald Trump. Su padre era hijo de un irlandés y de un piel roja. Su madre era hija de un francés y de un indio potawatomi. Aunque le inculcaron la fe católica, Jim fue obligado a cursar sus estudios en la Carlisle School, un programa escolar creado por el Senado norteamericano para ‘civilizar’ a la nación india y que estuvo en funcionamiento hasta 1918. Allí el niño Thorpe era conocido como ‘Wa-tho-huk’, que podríamos traducir como ‘un camino iluminado por un gran relámpago’.

Y un relámpago es lo que era Jim Thorpe. Pasó su niñez pescando, cazando y cultivando con sus propias manos y cuando llegó a la adolescencia era un fornido chaval capaz de destacar en cualquier deporte. Huérfano de padre y madre antes de llegar a la veintena, probó con éxito en el beisbol y en el fútbol americano, hasta que se decantó por el atletismo. Así, con 24 años, adquirirá la gloria olímpica en Suecia. Y apenas unas semanas después de su fastuoso recibimiento en Nueva York se casará con Iva Millar, su amor de juventud.

Todo marchaba sobre ruedas, pero al poco de comenzar 1913 una investigación periodística descubre que Thorpe había cobrado un sueldo por jugar una liga de verano con un club de béisbol. Por entonces los atletas que acudían a los JJ.OO debían de ser amateurs, con lo que estaba penalizado el cobro de cualquier cantidad económica por hacer deporte. En la práctica la gran mayoría de atletas cobraban, ya fuese falsificando su nombre o bien aceptando un trabajo como mera formalidad con el que poder justificar los ingresos percibidos bajo cuerda. Jim Thorpe, un hombre casi analfabeto, pecó de ignorante y ni supo ni quiso defenderse de tales acusaciones. El Comité Olímpico Internacional le retiró sus medallas y la prensa estadounidense tiro de racismo para enfangar su legado.

Tocado, pero no hundido, Jim decidió dedicarse profesionalmente al fútbol americano y aparcar sus sueños olímpicos. Jugó en los New York Giants donde acumuló honores y grandes sumas de dinero que malgastó en tres matrimonios y múltiples desgracias familiares. Como hombre era un despojo, pero el reconocimiento de sus colegas de profesión permanecía intacto. Sus dos medallas de oro permanecieron recluidas en una caja fuerte en la sede central del COI de Lausana porque Ferdinand Bie y Hugo Wieslander, los segundos clasificados en Estocolmo, se negaron a aceptar aquellas preseas ante el fuerte respeto que sentían hacía Jim Thorpe.

En sus últimos años en los Giants apenas jugará víctima de sus abusos con el alcohol y cuando en 1926 se retire lo hará con una gran cantidad de deudas a sus espaldas. Sin el salvavidas del deporte la vida de Jim se hundirá por completo. Hacía años que su vida personal estaba rota. Desde que su hijo mayor falleciese al poco de nacer, Jim se había convertido en un alcohólico empedernido. Se divorcia de su primera esposa que le acusará de abandono del hogar y se casará en segundas nupcias con una mujer que le dilapidará todo su dinero.

Los pocos ahorros que le quedaban se esfumarán por culpa del crack bursátil de 1929 y a partir de ahí Jim Thorpe tendrá que malvivir para sostener a tres mujeres (reincidirá y volverá a pasar por la vicaría) y a siete hijos. Trabajó como albañil, estibador, portero de discoteca, guardia de seguridad y hasta de indio en varias películas de Hollywood. Pero es inútil. Los trabajos duran poco y el dinero se esfuma día tras día tras la barra de un bar.

Olvidado por el gran público, en 1950 salta la noticia de su hospitalización por culpa de un cáncer. Se descubre que vive con su tercera mujer en una caravana, deambulando de un lado a otro de Estados Unidos y presumiendo de ser un jefe indio. Al año siguiente Burt Lancaster protagonizará ‘Jim Thorpe. All-American’, una película que arrasará en taquilla pero por la que Jim no percibe ningún dólar. En 1931 había sido engatusado por un directivo de la Metro para que le cediera los derechos de su vida para el cine, por lo que no obtuvo beneficio alguno del éxito de la película. Cuando se corre la voz de su desgracia comienza una campaña pública para su socorro y afloran las donaciones públicas para ayudar al bueno de Jim. Recauda el dinero necesario para la operación, tiene un golpe de suerte y logra tumbar al cáncer pero el calor del público se desvanece y Thorpe retoma sus costumbres ebrias. Rodeado de sus siete hijos y de su tercera esposa instala su caravana en California donde, entre golpe y golpe de whisky, fallecerá en 1953 víctima de un ataque cardiaco.

No sería hasta 1982 cuando el COI restituya el honor de Jim Thorpe y Juan Antonio Samaranch haga entrega a sus herederos de las dos medallas de oro que le fueron birladas. Años más tarde, en 1999, serían los Estados Unidos los que devolverían el honor a Thorpe y a los piel rojas al considerarlo el tercer mejor deportista de la historia del país, tan sólo por detrás de Babe Ruth y de Michael Jordan. Pocos se acordaban entonces que ya había sido elegido el mejor deportista americano del primer cuarto de siglo y en 1950 el mejor de la primera mitad de la centuria.

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