arbitraje

Cuando Florentino quiso ser Laporta

Cuando han pasado tres semanas desde que Florentino Pérez perdiese los papeles en su primera comparecencia ante la prensa en ¡once años! y a la espera de la resolución electoral de este domingo, es conveniente hacer un análisis de todo lo dicho en aquella tarde de mayo. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid desde 2009 de forma ininterrumpida y en un primer mandato entre 2000 y 2006, ha sido el mejor dirigente que ha tenido el conjunto merengue en su historia. Cabeza privilegiada para los negocios, fue capaz de convertir un legendario club de fútbol con una estructura decimonónica en una multinacional deportiva capaz de conseguir al mismo tiempo los más prestigiosos éxitos deportivos con los mayores beneficios empresariales.

Es por ello tan extraño que una mente tan clara patinase de tal manera cuando el pasado 12 de mayo Florentino soltó una demencial perorata en la sala de prensa de Valdebebas. Hay quién comentó que era un discurso de Trump con la energía de Biden. No le faltaba razón. José Ángel Sánchez, director general del Real Madrid, intentó evitar que Florentino compareciese hasta el último momento y durante la rueda de prensa pretendió finiquitarla en varias ocasiones sin que Florentino diese el visto bueno. Y es que Florentino comenzó errático, con un discurso desestructurado, saltando de un tema a otro y visiblemente nervioso, dado que por vez primera en dos décadas era consciente de que tenía un rival para optar a la presidencia del Real Madrid. Entonces escuchó alguna que otra risa con alguna respuesta y se vino arriba.

Y entonces decidió ser Joan Laporta.

Si el Real Madrid tiene un jefe de prensa o un asesor de comunicación (obviamente tiene a ambos, aunque están bien escondidos) deberían haber sido despedidos minutos después de acabar aquel esperpento. Florentino se ha ganado el respeto, la admiración y el temor de propios y ajenos en este último cuarto de siglo como un gestor implacable y pragmático que hace lo necesario para ganar, tanto en la vida como en el deporte. Su traje y su corbata dan seguridad, infunden acato y son la representación del poderío y del señorío del Real Madrid. El Real Madrid es un club señor. Un club modélico. Un club serio. Y también despiadado en el rectángulo de juego. Así lo es también Florentino. Y también despiadado fuera del rectángulo de juego.

Justo lo contrario a lo sucedido en esa histórica rueda de prensa. Florentino decidió ser populista, atacar a medios, inventarse rivales, ver conspiraciones allá donde hay errores. Quiso ser Laporta. Quiso mazarse a cubatas y sobar a veinteañeras en Luz de Gas. Quiso ser llorón. Quiso ser colega de todos. Quiso ponerse por delante del escudo. Quiso ser més que un club, cuando no lo es. El Real Madrid es el club más grande del mundo. Pero es eso, un club de fútbol. Ni el FC Barcelona es Catalunya ni el Real Madrid es España. En definitiva, Florentino fue chabacano, despectivo e intentó inútilmente ser gracioso. Y quedó muy mal. A Laporta le funciona porque es así. Florentino es un respetado señor de negocios que maneja una empresa de 170.000 empleados con una discretísima vida personal. Laporta es un marrullero abogado implicado en una colección de negocios que han acabado en desastres financieros y llegó a tener una relación sentimental con una actriz erótica.

Florentino obvió los fundamentos inspirados en Bernabéu con los que ha cimentado su mandato. Nadie por encima del club. Nadie. Ni Casillas, ni Cristiano ni Sergio Ramos. El Madrid por encima de cualquiera; de su estrella, de su entrenador o hasta de su presidente. La conclusión se desprende de las palabras del propio Florentino, cuando repite que el club pertenece a sus socios. Pero unos socios que sólo el ser superior puede conducir por el camino de los éxitos y la prosperidad. Se desprecia a quien intente cuestionarlo.

Santiago Bernabéu falleció a los 83 años tras 35 en el sillón presidencial. Florentino siempre lo ha citado como su alter ego (puede superarlo en edad y tiempo en la poltrona) y ha replicado o mejorado algunos de sus logros, con hasta siete Copas de Europa. La presidencia de Bernabéu no fue ajena a polémicas, incluso a enfrentamientos con los poderes políticos y periodísticos. Pero falleció y el Madrid siguió ganando. Como pasará el día que falte Florentino (sea o no sea este domingo).

Bernabéu dejó un legado deportivo y moral. Al marchar dejó al club con problemas económicos.

Florentino dejará un legado deportivo y económico. Al marchar dejará al club con un grave problema moral.

¿Por qué Florentino perdió el norte?

De 79 años, a Florentino el tiempo le va atrapando. Pierde influencia y reflejos. Al día siguiente, y viendo el desastre montado, se organizó una entrevista en La Sexta junto a Josep Pedrerol, su periodista fetiche. Allí mantuvo su discurso, pero se minimizaron daños. En esa sesión de baño y masaje se vio a un Florentino institucional en una posición mucho más coherente que la mantenida el día anterior. El contenido era similar, la formas las adecuadas.

Florentino en su salsa

Analicemos pues todas y cada una de sus sentencias. Las hay ciertas, las hay falsas y las hay medias verdades. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Ir contra Florentino no es ir contra el Real Madrid, al igual que posicionarse a su favor no es hacerlo a favor del Real Madrid. Ni España es Pedro Sánchez ni Donald Trump es Estados Unidos. Ni siquiera el Papa León XIV es Palabra de Dios. Tan sólo es el más alto representante de la Iglesia Católica. Florentino tiró de manual de política actual. No reconocer errores propios, achacar todos los males a campañas contra su persona, señalar a los medios de comunicación y, en definitiva, usar la institución para zanjar enojos personales y ejecutar vendettas.

La gente pasa y las instituciones quedan. Nadie es imprescindible. Florentino Pérez debería tener una estatua en la entrada del Santiago Bernabéu. O quizás debería renombrarse la tribuna principal del estadio con su nombre. Eso está fuera de toda duda. La pregunta no es esa. La pregunta es si la situación moral e institucional del Real Madrid es la correcta y de si Florentino tiene las herramientas suficientes para solucionarla.

1. “El que se quiera presentar, que se presente, es su oportunidad, le invito a que lo haga. Me tendrán que echar a tiros”. MEDIA VERDAD. Días después de ganar la Copa de Europa, Lorenzo Sanz convocó elecciones a la presidencia del Real Madrid. Era el año 2000. Florentino apenas tuvo unos días para armar una candidatura y luego ganar las elecciones con una campaña electoral legendaria coronada por el fichaje de Luis Figo. No está haciendo nada que no le hubiesen hecho a él. Además, es absolutamente legal y cumple con los estatutos. Ocurre que a lo largo de estos años ha modificado los requisitos retorciéndolos de tal manera que es necesario contar con dos décadas de antigüedad como socio y sumar un patrimonio propio que represente el 15% del presupuesto. Es licito convocar elecciones con urgencia, pero moralmente es inconsistente. y garantiza que sea él el que le abra las puertas del Bernabéu al Papa el mismo día que los socios pasan por las urnas.

2. “Soy el mejor presidente de la historia” CIERTO. Hay un dato tan clarificador que el debate se vuelve inútil. Como presidente, Florentino Pérez tiene siete Copas de Europa. Él sólo ha ganado más que el Liverpool FC, el FC Bayern o el FC Barcelona y las mismas que el AC Milan. También cuenta con tres Copas de Europa de baloncesto, superando las dos que tiene el FC Barcelona. Lo más glorioso es que a esos éxitos deportivos se suma un fabuloso éxito económico. ¿El mejor? Sin discusión.

3. “He tomado la decisión de darme de baja de ABC. Sacaron hasta un diario, Relevo, pagado por La Liga, que le ha hecho perder a Vocento 25 millones de euros. Hay una confabulación de periodistas que se creen que mandan en el Madrid. Hizo mucho daño José María García”. MEDIA VERDAD. A inicios de los 80, cuando José María García estaba en su auge, los periodistas compartían entrenamientos con directivos y futbolistas. La relación era estrecha y las diferencias salariales entre plumillas y deportistas asumibles. Participaban en noches de juerga y confidencias. Topos, cotillas y ganas de rajar siempre ha habido. García es hijo de su tiempo (y, por cierto, seguidor del Real Madrid).

A inicios de los 90 los capitanes de los equipos grandes (Zubizarreta, Hierro…) empezaron a protegerse de los medios y los clubes contrataron jefes de prensa con la misión de controlar a los jugadores. Las costumbres cambiaron (más fiestas privadas y menos exposición pública), la diferencia salarial se expandió y luego las redes sociales emergieron para que el deportista diga lo que quiera sin contar con los medios. Tiene razón Florentino cuando dice que Relevo, un medio deportivo que fracasó, tenía una línea editorial belicista contra su persona (ojo, no contra el Real Madrid). Pero no lo es cuando comenta que hay una confabulación. Un día después de su rajada contra ABC, el diario monárquico madrileño dedicaba buena parte de su información a la polémica creada. Había críticas a Florentino Pérez, como también un artículo de elogio del periodista Juanma Rodríguez en el que consideraba a Florentino “un irreductible en su afán de defender al Real Madrid ante todos”. Esa diversidad de opiniones en un mismo medio se llama libertad de opinión.

El periodista, al igual que en los 80, busca la noticia. La diferencia radica en que ahora no comparte copas, partida de cartas o conversaciones en un aparcamiento después del entrenamiento con el futbolista. Ahora lo hace con el jardinero, el médico, el portero o el secretario. También con el entorno (amigos, familiares, patrocinadores y representantes) dirigidos por futbolistas que quieren dar su versión, pero sin dejar huella de lo comentado.

4. “Me han dicho que tengo cáncer terminal y yo sin enterarme”. MEDIA VERDAD. Florentino salió como toro empitonado por culpa de un artículo de ABC en el que se decía que estaba “cansado”. Ese entrecomillado provenía de una fuente (un directivo del Madrid) que le comentó al periodista que Pérez estaba cansado de tanta crítica contra el club y su persona. Nada más que eso. Nunca ningún medio serio ha publicado que Florentino tenga cáncer.

Hablamos antes de las filtraciones y del entorno. Es lo que Florentino llama el grupo de las eléctricas (Iberdrola) y Enrique Riquelme quienes alimentaron ese rumor en meses pasados. Del rumor se hizo eco José Álvarez, un modesto ex futbolista que actualmente ejerce como colaborador en El Chiringuito de La Sexta. El rumor salió y murió en el mismo sitio. Lo más curioso del asunto es que el director del programa es Josep Pedrerol, el periodista más cercano y uno de los poquísimos con hilo directo con Florentino Pérez. Y, sin embargo, no se conoce crítica alguna (al menos pública) del presidente del Real Madrid ni a La Sexta (donde también está García Ferreras, ex director de comunicación del club blanco) ni al citado colaborador.

5. “Hay una confabulación de periodistas, ultras, reventas y un señor con acento mexicano que quieren quitarle el Real Madrid a los socios” FALSO. Hay periodistas que no están de acuerdo con su gestión, hay ultras que están enfadados (Florentino con acierto los apartó del Bernabéu) por la mala marcha del equipo y hay un empresario con nacionalidad española que quiere ser presidente del Real Madrid. No hay una confabulación. En tiempos de posverdad todo aquel que detenta el poder considera que todo es una confabulación. O yo o el caos. Simplemente hay libertad de opinión y diferentes criterios de actuación.

6. “Somos el club más valioso del mundo. Somos la admiración del mundo” CIERTO. El Real Madrid del año 2000, con la Champions League recién conquistada de la mano de Lorenzo Sanz, era una ruina. Florentino Pérez avaló con su patrimonio una deuda que se acercaba a los 150 millones de euros. Por entonces el presupuesto anual del Real Madrid era de unos 200 millones de euros. En 2025 el Real Madrid ingresó más de 1.130 millones de euros y, según Forbes, es el club de fútbol más valioso del mundo con un valor estimado de 6.750 millones de dólares. “Yo he puesto dinero de mi patrimonio para que los jugadores cobrasen. Cuando entré aquí no cobraba ni la papelera de la esquina. Pregúntenle a la mujer de Bodo Illgner o al padre de Roberto Carlos”, espetó Florentino en la rueda de prensa. Absolutamente verídico.

7. “El caso Negreira es el mayor caso de corrupción del mundo. Es una corrupción sistémica. Hemos tenido que escuchar al presidente del comité de árbitros diciendo que son cosas que tenemos que olvidar. ¿Pero cómo lo vamos a olvidar? Yo he ganado siete Champions y siete Ligas, y miren, tenía que haber ganado 14, las otras me las han robado”. MEDIA VERDAD. Entre 2001 y 2018 el FC Barcelona pagó a Enrique Negreira, vicepresidente del Comité de Árbitros, un montante de 8’4 millones de euros con hasta cuatro juntas directivas diferentes. El FC Barcelona se defiende de la acusación argumentando que era un dinero destinado a elaborar unos informes arbitrales de los que ningún entrenador azulgrana sabe nada. Es obvio que hubo pago bajo cuerda. Ahora la justicia tiene que probar que ese dinero llegó a los colegiados e influyó en sus decisiones.

¿Le han quitado siete Ligas al Madrid? Eso es un brindis al sol. Es fácil considerar un error (involuntario o no) en una final como el motivo que desnivela un partido. A lo largo de 38 partidos hay que analizar cientos de variables. Expulsiones, penaltis o fueras de juego en todos los campos y en todos los equipos. ¿Quién puede decir que esa Liga que reclama el Madrid no tendría que haber sido para el Atlético? Quizás el Madrid fue más perjudicado que el Barça, pero quizás el Atlético o el Athletic fueron más perjudicados que el Madrid. O quizás una decisión arbitral a favor del Madrid fue causa del descenso del Levante. Es un juego muy peligroso.

No obstante, la principal debilidad del argumento de Florentino está en los tiempos de actuación. El caso Negreira estalló en febrero de 2023 (por cierto, a través de una radio barcelonesa y Laporta, al igual que Florentino con el madrileño ABC, despotricó contra una conspiración que quería acabar con el Barça y con Cataluña) y días después todos los equipos de La Liga, con la excepción del Real Madrid, emitieron un comunicado condenando los hechos. La Liga se presentó como acusación, tarde y mal, pero lo hizo antes que el Real Madrid. A la altura de diciembre de 2024, casi dos años después de que el Caso Negreira saliese a la luz, conociendo el enfado de socios y aficionados, Florentino sorprendió con un discurso en la Asamblea del Real Madrid en el que consideró que “Madrid y Barça se tienen que ayudar” y que “si nos abstraemos de los rifirrafes y de las cosas del forofismo el Madrid es el más grande y el Barça uno de los más grandes”. Por entonces Laporta y Florentino eran uña y carne en el asunto de la Superliga y el Caso Negreira era secundario. Laporta usó a Florentino como clínex, se bajó del barco, ganó las elecciones del Barça tirando de antimadridismo y ahora, tres años después, Florentino considera el Caso Negreira “el mayor escándalo de la historia del fútbol” cuando antes había negado la mayor.

8. “No es la primera vez que dos jugadores se pegan, lo han hecho casi todas las temporadas. En un vestuario se pegan todos los días. Siempre hay reyertas. La diferencia es que esta vez lo han contado. Y eso es lo peor, la filtración. Sabemos quién lo ha contado. ¡Se pegan todos los días!” FALSO. Cualquiera que haya jugado al fútbol, profesionalmente o en una liga de barrio, sabe que hay patadas, insultos y rifirrafes entre compañeros. Otra cosa es que uno acabe en el hospital con una brecha en la cabeza. Eso no es normal. Como no lo es que otros dos se líen a puñetazos, que otro mande a la mierda al entrenador cuando lo cambian delante de 80.000 personas o que otro vaya al despacho del presidente a exigir la titularidad. La prueba de que no es normal es que el club sancionó con 500.000 euros a Valverde y a Tchouameni. Si hay peleas todos los días; ¿Por qué es la única multa disciplinaria que ha trascendido en dos décadas de presidencia de Florentino?

La noticia trasciende porque son los propios interesados los que quieren hacerla pública. Para que el aficionado sea consciente de lo que ocurre, bien sea por egoísmo para salvar su propio culo o bien sea porque hay una preocupación sincera de la deriva que está tomado el vestuario (¿Carvajal?). ¡Ya le gustaría a algún periodista tener acceso directo a esa pelea!

9. “Los socios del Real Madrid no tienen que criticar a sus jugadores ni tienen que pitarles.” FALSO. Dos pancartas hubo en contra de Florentino en el primer partido del Real Madrid tras la histórica rueda de prensa. Ambas fueron retiradas. Los socios del Real Madrid pueden criticar a presidente, entrenador y jugadores. Pueden y hasta deben. La presión del público es una realidad inevitable en la carrera de un futbolista de élite. No hablamos de una empresa. Hablamos de una empresa deportiva. Un lugar donde los resultados sobre el rectángulo de juego son mucho más importantes que los resultados bancarios. El fútbol es un instrumento de identidad colectiva, de unión y desahogo social y de tradición e identificación familiar y grupal. Si aquellos que son representantes públicos de esos sentimientos no hacen lo que el aficionado considera suficiente tienen y deben de ser criticados.

10. “Estamos negociando para seguir consiguiendo cosas que le hagan bien al fútbol. Durante el Mundial de clubes conseguimos, por ejemplo, que el fútbol fuera gratis para que lo pudieran ver los niños de África. Y todas esas cosas las está consiguiendo el Real Madrid”. MEDIA VERDAD. Se excusa Florentino de que el Madrid ha tenido un mal año por culpa de una plaga de lesiones. No hubo pretemporada, argumenta, debido a que se disputó el Mundial de Clubes. Torneo avalado por Pérez por beneficio económico y que se vio gratis en África (en España también) por el escaso interés de las plataformas de pago por hacerse con sus derechos.

Lo cierto es que Florentino patinó al querer montar la Superliga. La negativa de la UEFA le hizo echarse en brazos de la FIFA para la implantación del Mundial de Clubes. Consiguió que la UEFA cambiase el formato de grupos de la Liga de Campeones aumentando así los ingresos, pero se quedó solo en el barco para crear una liga paralela sin el paraguas de la UEFA. Florentino lo sabe y lo demostró muy bien al criticar los fallos en el arbitraje en el partido de cuartos ante el Bayern calificándolos de “errores” pero nunca cargando contra la UEFA. Un par de años antes, el Real Madrid estaba enfrentado a la UEFA y el club vociferaba contra Ceferin, los arbitrajes y, desde su medio televisivo, se señalaba que la UEFA estaba conchabada con el PSG para que ganase la Copa de Europa. Por entonces absolutamente nada se decía del Caso Negreira. Hoy hay paz con la UEFA y guerra abierta con el Barça.

11. “¿Quedar segundo es malo? ¿Qué tiene que hacer entonces el Manchester United? ¿El Atlético de Madrid? Suicidarse. Yo tengo más Champions que el FC Barcelona”. FALSO. La vara de medir del Real Madrid es su sala de trofeos. 37 trofeos en 26 temporadas de Florentino como presidente. 1’6 por temporada. 132 trofeos en 124 años de historia. 1’06 por temporada en la historia del Real Madrid. El Madrid es el mejor. Y el que más gana. Quedar segundo es una derrota. Ese es el nivel de exigencia. El más alto que existe en el deporte mundial. No obstante, no es una bala única. En Estados Unidos sólo hay un trofeo en juego. Los Lakers pueden ganar la NBA o no ganarla. En Europa hay tres balas. La Champions (caza mayor), la Liga (caza menor) y la Copa (bala de fogueo). El Real Madrid suma dos temporadas sin ninguno de esos tres trofeos. Es un fracaso. Guste o no guste.

Florentino Pérez suma siete Copas de Europa en el siglo XXI. Registro rimbombante. También lo es que entre 2003 y 2006 el Real Madrid estuviese tres temporadas sin levantar un trofeo por vez primera desde tiempos de la II Guerra Mundial. Por entonces Florentino era el presidente. También lo es ahora que suma dos campañas en blanco. Nadie apostaría a que el año que viene se repite el rosco, pero la posibilidad existe. En 2000 el FC Barcelona sumaba 16 ligas y el Real Madrid 27. En 2026 el Barça cuenta con 29 y el Real Madrid con 36. Desde 1990 el Real Madrid sólo ha sumado dos ligas consecutivas en 2007 y 2008 cuando Ramón Calderón era presidente. Siendo Florentino Pérez el mandamás del equipo merengue nunca ha campeonado en dos años consecutivos.

12. “Todo lo que se hace en el Bernabéu es por la ciudad de Madrid. Nosotros ganamos solo el 1% de los conciertos y de los parkings”. MEDIA VERDAD. Es cierto. El negocio de los conciertos es residual para los ingresos del Real Madrid. Además, los tribunales le han dado la razón y, una vez debidamente insonorizado, el Bernabéu podrá acoger nuevamente conciertos. Sin embargo, para acometer la reforma del estadio, valorada en 1.400 millones de euros, el Real Madrid firmó un acuerdo con el grupo inversor Sixth Street y el conglomerado estadounidense de entretenimiento Legends Hospitality por el que obtuvo 360 millones de euros a cambio de ceder el 30% de los ingresos de los conciertos…Si no hay conciertos, se pueden reclamar esos 360 millones.

13. “Yo no ficho a los jugadores. Es cosa de la dirección deportiva.” MEDIA VERDAD. Parece obvio que Florentino no fichó a desastres como Woodgate, Pablo García, Adebayor, Gravesen, Sahin, Lucas Silva o Jovic. También parece obvio que no fue Florentino el responsable de aciertos como Özil, Varane, Casemiro o Güler. Igualmente es obvio que es Florentino el que elige a las vacas sagradas e impone su criterio. Tanto en el campo como en el banquillo.

¿Quién es el director deportivo del Real Madrid? El Real Madrid está dirigido por un triunvirato formado por Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Juni Calafat que hacen y deshacen en todos los asuntos del club. Por cierto, con notable acierto en vistas de los resultados. ¿Quién es el director de fútbol? Santiago Solari ocupa el cargo desde finales de 2023 sin que le recordemos presencia pública alguna.

14. “Mbappé es el mejor…es el mejor jugador del Real Madrid y su misión sólo es meter goles”. MEDIA VERDAD. En la entrevista con Pedrerol hubo un silencio clarificador. Florentino catalogó a Vinicius como “uno de los mejores jugadores del Madrid” y a Mbappé como “el mejor” dejando claro cuál es su prioridad. Pero el silencio más llamativo fue cuando pareció referirse a Mbappé como el mejor del mundo y rectificó catalogándolo únicamente como el mejor del Madrid. Florentino sabe que se equivocó al ir de la mano de Vinicius al negarse a ir a la gala de entrega del Balón de Oro. Fue un acto impropio del señorío que caracterizó tradicionalmente al Real Madrid. Ahora, en paz con la UEFA y con la prensa internacional, templa gaitas y se cuida muy mucho de calificar como mejor del mundo a uno de sus jugadores.

La misión de Kylian Mbappé es meter goles. Cumple con creces. Lo ha hecho y lo seguirá haciendo. Pero para pasar a formar parte del santoral del Real Madrid no es suficiente. Decir públicamente que el entrenador le ha dicho que es el cuarto delantero del equipo e irse de parranda cuando el Real Madrid camina hacia el abismo, no ayuda.

15. “No sé por qué dije lo de malcriar a los jugadores. En 2006 tenía mucho trabajo y por eso me fui. Yo nunca hablo con los jugadores”. MEDIA VERDAD. Cuenta Ronaldo que un día Florentino le invitó a cenar y le pidió que saliese menos de fiesta y que pasase más tiempo en casa como Figo. En su primera etapa Florentino era íntimo de Figo, Zidane, Ronaldo o Roberto Carlos. Era por entonces un hombre de mediana edad que sintonizaba bien con ese grupo de treintañeros. Hubo tanta manga ancha que aquello de los Galácticos acabó por explotar.

En esta segunda etapa Florentino ha aprendido la lección. Dejó de ir en el mismo avión que los jugadores y ha puesto una especie de barrera entre su despacho y el vestuario. Ayuda también que enfila los últimos años de su vida y que es más difícil que pueda conectar con jóvenes futbolistas. Florentino y Ronaldo son amigos. Florentino y Mbappé tienen una buena relación, pero nunca llegarán a ser íntimos.

Florentino

El Real Madrid es el club deportivo más grande del mundo. Tan sólo Los Ángeles Lakers y los New York Yankees tienen tal nivel de consenso planetario. El Real Madrid es la élite. Un sueño. Lo máximo a lo que puede aspirar un futbolista. El escalón superior. Ganar un Mundial con Brasil, ganar el Tour de Francia siendo francés, la NBA con los Lakers, las Grandes Ligas de Beisbol con los Yankees, Wimbledon siendo inglés, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos con tu país o ganar la Copa de Europa con el Real Madrid, son los Everest en el mundo del deporte.

Yo no me apostaría ni un céntimo a que el Real Madrid no gana un título la temporada que viene. Y con Florentino como presidente, por supuesto. Pero el Real Madrid es mucho más que eso. Es un estatus diferente. Un plus diferencial. Algo distinto a lo que tienen los demás.

Las siete Copas de Europa (seis en diez años) de Florentino son el árbol que no deja ver el bosque. Si el Real Madrid quiere seguir siendo el rey no sólo lo tiene que hacer a base de títulos. También siendo superior a los demás tanto en el fondo como en las formas. En el campo, y también en el palco. Quien aspira a perpetuarse en un cargo acaba perdiendo el sentido de la medida.

Rey de Europa

Alfredo Di Stéfano fue la piedra sobre la que el Real Madrid edificó un imperio. Pero tras las cinco primeras Copas de Europa, la derrota en la final de Viena ante el Inter, en 1964, provocó que Di Stéfano criticara la táctica del entrenador, Miguel Muñoz. Bernabéu no lo toleró. “¡Que ese hijo de puta no vuelva!”. Di Stéfano no volvería al Real Madrid hasta después de la muerte del presidente. Y el Madrid siguió ganando. Muñoz echaría diez años más en el banquillo hasta que Bernabéu se cansó de él. Y el Madrid siguió ganando. Luego falleció Bernabéu. Y no pasó nada. En la siguiente temporada se ganó la Liga y luego se llegó a la final de la Copa de Europa por vez primera en quince años.

Y es que Santiago Bernabéu ganó seis Copas de Europa en diez años. Y luego estuvo doce sin ganar ninguna. Y no pasó nada. Luego el Madrid ganó otras nueve tras su fallecimiento.

Y muchas más que va a ganar. El Madrid siempre ganará. Con Florentino o sin Florentino.

La pregunta es el legado que va a querer dejar. Tanto en las victorias como en las derrotas.

¿El nivel de exigencia es desmesurado?

Por supuesto. Es el Real Madrid.

Otras historias del Real Madrid del siglo XXI

Y el Madrid lo ha vuelto a hacer (cuando el Madrid consiguió que la final de la Intercontinental se jugase en España)

 Mourinho en la prehistoria (antes de que Mou fuese The Special One)

Cuando Puyol secó a Figo (la vuelta de Judas al Camp Nou)

La decadencia de Europa (un comentario sobre la Superliga)

El Mundial de Clubes que nunca se jugó (la edición fantasma del año 2001)

¿Cuál ha sido el mejor equipo de la historia de la Champions? (¿el Madrid del 60, el Ajax del 73, el Milan del 90 o el Madrid de 2017?)

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Unas apesadumbradas líneas sobre el arbitraje

Desconozco si ha hecho más daño Enríquez Negreira al arbitraje o si la responsabilidad del VAR es mayor que la del interfecto que cobraba a sueldo del FC Barcelona. Y me explico. Para el que quiera mirar desapasionadamente esta historia vayamos al trienio ignominioso del Real Madrid, cuando en época de los Galácticos se acumularon tres años sin títulos, algo nunca visto desde tiempos de la Guerra Civil. El Barça apoyó a Ángel María Villar como presidente de la RFEF mientras que el Real Madrid (Florentino) echó los restos por Gerardo González. El Madrid perdió esa batalla y la consecuencia fueron años de trato arbitral sospechoso al que el periodista Alfredo Relaño bautizaría como Villarato. Coincidió esos malos años con dudas y errores que, una vez conocidos los pagos, confirmaron las acusaciones de conspiración provenientes de Madrid. Luego alcanzaría Ramón Calderón la presidencia merengue y las aguas volverían a su causa. Las jugadas fronterizas seguirían existiendo, los de Barcelona echarán la culpa a los de Madrid, los de Madrid a los de Barcelona y los años duros del procés harán de todo un drama. Pero lo cierto es que la mano de Negreira no hay que verla en los años de excelencia prolongada de Guardiola y Messi (campeones sin ningún género de duda), sino más atrás en el tiempo, cuando Negreira mandaba de verdad y Florentino aun no era un semidios y hubo de dimitir en 2006 al haber “malcriado a sus jugadores”.

Ocurre que lo de Negreira forma parte de la inocencia. El fútbol de siempre. El de la calle. El trampas. El de la mano de Dios. A mi Dépor le quitaron una Liga unos maletines. Un quítame allá esas pajas. Guruceta es el nombre del premio que se otorga al mejor árbitro de la temporada ¡A Guruceta lo condenaron por aceptar un maletín del Anderlecht en un partido de Copa del UEFA! ¡Y es el árbitro más reputado de nuestra historia! (y uno de sus linieres era Enríquez Negreira) El fútbol es imperfecto. El fútbol es un juego rural, jugado a lo largo, hacia el horizonte, basado en unas reglas simples y básicas y en el que un juez (el árbitro) determina aciertos y faltas. El baloncesto, su alter ego capitalino, es un juego urbano, jugado a lo alto, hacia el cielo, basado en unas reglas complejas y donde son necesarios interponer dos o tres jueces que dictaminen sentencia. El básket tiene múltiples parones, mientras que el fútbol fluye. Dado que un partido de fútbol puede terminar sin un tanto, la diversión radica en todo lo que ocurre, lícito e ilícito, durante hora y media de juego. En el básket la polémica es secundaria dado que en cada minuto veremos al menos una canasta.

Árbitros caseros, defensas que pegan patadas o delanteros que simulan penaltis forman parte de la imperfección. El VAR es otra cosa. El VAR lo ha jodido todo.

Uno de los motivos del éxito del fútbol radica en su sencillez. Cuando en 1863 se creó el primer reglamento contaba con 18 artículos. Años más tarde sería reducido a 13 y para 1925 estaban establecidas las 17 reglas básicas. Por el contrario, en las últimas dos décadas el número de reglas ha aumentado en más de un tercio. El número fijo para cada futbolista, el gol de oro, el gol de plata, el tiempo exacto del descuento, las manos voluntarias e involuntarias, el aumento en el número de sustituciones, los tiempos muertos en medio de los partidos…Son todo parches que no han producido avances. Desde que en 1992 se les prohibió a los porteros coger el balón con las manos tras el pase de un compañero, no ha habido ningún cambio en las reglas que haya hecho evolucionar al fútbol.

No sólo evolucionar, sino involucionar. A la deidad tecnológica de la modernidad y el progreso había que buscarle un lugar en el fútbol. Ese invento diabólico es el VAR. Se podrá decir que el VAR es una maravilla que reduce los fallos en los penaltis y en los fueras de juego. La realidad es que sólo lo hace en los errores de bulto y, a cambio, enmaraña más el juego, resta autoridad al árbitro principal y hace más soporífero el partido alargándolo innecesariamente. El VAR está alejando de los estadios tanto a los aficionados veteranos como a la Generación Z, a los que no les gusta un juego que cada vez es más lento y cansino.

En Derecho Civil existe la ‘teoría de la interpretación objetiva de la ley’. Se trata de una interpretación dinámica de la ley orientada al sentido que tienen las propias normas en el momento de ser aplicadas. Se basa en la creencia de que la ley, una vez promulgada y en vigor, adquiere vida propia y va conformando su contenido normativo en función de las circunstancias y necesidades sociales…Hagámoslo más fácil. Si no hubiese interpretación no habría ‘una primera vez` o ‘un primer caso’, ni haría falta contratar a un abogado. Sin interpretación, todos los casos serían idénticos. Con interpretación, existen condicionantes. Es más, si no hubiese interpretación no haría falta ni médicos, ni policías, ni profesores, ni jueces, ni periodistas. Cualquiera podría aprenderse la teoría y ejecutarla. No habría falta nadie especializado para interpretarla.

El problema se da en las jugadas opinables, donde la frontera entre el acierto y el error es muy fina. Donde la subjetividad es parte del arbitraje. Es aquel que estudia el reglamento el que tiene capacidad para adaptar la ley al contexto existente.

El reglamento arbitral está lleno de interpretaciones. Decisiones que no debe resolver la inteligencia artificial. En el fútbol, la infracción por tocar el balón con las manos está entre los tradicionales objetos de disputa. En España un pase interceptado con las manos suele ser tarjeta amarilla, en competición europea es raro que eso suceda. Ambas son decisiones correctas. El reglamento sugiere que es el colegiado el que debe interpretar si existe voluntariedad y si afecta al discurrir del juego. Lo mismo sucede con la, ya muy aceptada por el público, ley de la ventaja, acción totalmente interpretativa por el árbitro. Y así podríamos seguir con varios ejemplos más, como el tiempo añadido (el cuarto árbitro dictamina un tiempo estimativo informativo, pero el árbitro principal puede acortarlo o alargarlo a su antojo, por muchas protestas que haya) o el fuera de juego, donde es el colegiado el que tiene potestad para aplicarlo o no aplicarlo en caso de duda.

¿He dicho sugiere? Tendría que haber dicho sugería. Todo esto es pasado.

Diez ojos no solucionan un problema de interpretación. Y 35 cámaras tampoco lo hacen.

Las XVII reglas

El VAR se pensó para cosas gordas. Cosas gordas era un fuera de juego clamoroso, un penalti escandaloso o una entrada con los tacos terrorífica. Desde que entró en cosas menores se ha liado. Y, peor, no todos los árbitros de esa sala maléfica se entrometen en lo mismo. No todos ven las cosas igual, sobre todo las manos, con las que tanto lío se ha armado y que cada verano cambian de criterio. Antes era simple. Mano que va a balón es infracción. Balón que va a mano es involuntaria. Ahora en cada pretemporada se cambia de criterio. Lo mismo sucede con los pisotones, convertidos en chivo expiatorio de una caza de brujas. En las áreas se empuja y se agarra a placer, pero con los pisotones y las manos a los ejecutores de la sala de las mil pantallas se les hace la boca agua. Hay más árbitros de VAR que de campo: 22. No existe arbitraje, sino un pandemónium que convierte este arbitraje a dúo en algo variable e irritante por caprichoso. Estamos peor. Mucho peor.

Tiempos pasados fueron mejores.

Si. El balón es mejor, los campos son mejores, los aficionados también lo son. ¿Los presidentes? Por descontado. ¿La realización televisiva? Por supuesto. ¿Los jugadores? Más rápidos y más atléticos. ¿Los técnicos? Excelentemente mejor preparados. ¡Hasta la corrupción! Se da por hecho que ningún futbolista profesional cobra en B y a nadie se le pasa por la cabeza que un colegiado acepte sobornos en 2025. El fútbol de hoy es mejor que el de antes, salvo en un asunto. Un asunto crucial.

El reglamento y su interpretación. El VAR.

Cuando se empezaba a discutir sobre si VAR sí o VAR no, algunos sostenían que el rechazo procedía de quienes temían que desaparecieran las polémicas, de las que existiría una dependencia morbosa. Con el VAR todo sería cristalino. Una tesis ingenua, de gente ignorante en fútbol. Pues no. Antes, dictaba la norma, en caso de dudas ante un fuera de juego el árbitro daba por buena la posición. ¿Fulanito tiene la pezuña por delante del defensa? Siga el juego. Error inapreciable. Ahora no. Hay que tirar una línea. Si la pezuña sale del mapa, se cancela la jugada. Bueno, antes hay que ver como sigue la jugada, se marca el gol, se celebra, luego se revisa y más tarde se cancela. ¿En caso de duda? Paramos el juego y el VAR decide. No decide, dicen los defensores del bicho. Pero indica. Si tú ante 60.000 gargantas no lo has visto y un fulano sentado tranquilamente delante del televisor te insinúa tu error, ¿cómo narices no le vas a hacer caso? Ahora hay, en la práctica, dos árbitros, el de campo y el de fuera. Guste o no, cada árbitro es un factor de irritación, y ahora tenemos dos en vez de uno. Dos fuerzas que pretenden colaborar, pero que son diametralmente opuestas.

Los agarrones en el área se permiten ya abiertamente, salvo casos de inmovilización extrema. O a los porteros se les deja perder el tiempo a su libre albedrío, nunca se aplica la norma de los seis segundos y el consiguiente castigo con indirecto. ¿Libre indirecto? ¿Alguien recuerda un libre indirecto en la última década? La visión clásica del juego. Eso no existe. El fútbol es simple y sencillo. De ahí su éxito. Ahora no. Se han inculcado mil y una instrucciones estúpidas a los árbitros y se ha perdido la esencia natural del fútbol. No existe el libre albedrío, ni de jugadores ni de árbitros.

Se les ha privado de la facultad de interpretar la ley. Ya no son árbitros. Son marionetas. Donde antes había instinto y dominio de la filosofía de juego ahora tiramos unas líneas con unos muñecos 3D.

Tirando líneas…

Hace un par de años Sergio Busquets dijo aquello de que jugaban a ciegas; que ya no sabían qué es mano y qué no. Nos han quitado la ilusión. Al menos al que escribe. El VAR llegó para remover cimientos. Retocar reglas y enredar interpretaciones con resultado catastrófico. Cada intervención del VAR es un parón y un reinicio. Aumentan los arrebatos y las piruetas. Las celebraciones de gol están untadas de cloroformo.

El fútbol se ha americanizado. Estados Unidos colonizó el mundo libre durante el siglo XX y sólo el deporte resistió a sus cantos de sirena. Unicamente el baloncesto, deporte norteamericano, tiene presencia universal. Se dice que el fútbol no tiene éxito en Estados Unidos por la escasez de tantos. Ocurre que la razón fundamental es que al estadounidense lo que le gusta es el deporte que, a través de la televisión, le permite ejercer de entrenador. Eso es el VAR. Americanizar el juego. Hacerlo netamente televisivo. Es indiferente que el periodista esté en el campo para narrar el choque. Lo hace desde el plató televisivo. Es indiferente que el árbitro esté mal colocado. Llega con que desde el VAR analicen bien la repetición de la jugada. El frame es el nuevo reglamento. El frame es palabra de Dios.

Antes todo era sencillo. Comprensible para un niño o para el adulto que se acercaba por primera vez al juego. Todo ligaba a una lógica natural basada en la regla matriz; prohibido el uso de las manos. A partir de eso, unas faltas graves, sancionables con libre directo, unas leves, con libre indirecto, el fuera de juego, muy entendible si se capta su esencia, y un principio de lealtad al juego y de obediencia al árbitro. Eso, las medidas del campo, del balón, del tiempo y demás, todo bien sintetizado en XIV Reglas de redacción sencilla y traducibles a mil lenguas. Cristalinas, cortas y naturales.

Como explicaba párrafos atrás, el catecismo fue redactado en 1863 y en 1925 se le dio su estructura actual añadiendo la modificación de la regla del fuera de juego. Se pasó de 14 a 17. Las XVII reglas del fútbol. Y no fue una ocurrencia de una mañana. Fueron seis décadas de materia gris.

La regla XVIII era el sentido común.

Eso ya no existe. Se ha perdido para siempre. Las reglas del inglés Stanley Rous son ahora confusas y continuamente manoseadas por burócratas tecnológicos.

Andar con descubrimientos para mejorar el fútbol cuando ya tiene un siglo y medio requiere la audacia del ignorante. Hasta al siempre ilustre Pierluigi Collina, ahora mandamás del silbato, se le ha ocurrido prohibir los rechaces tras penalti. Si es gol, gol. Si el portero rechaza o el balón va al palo, el juego se para y se saca de puerta. Tremenda chorrada. Como el saque de centro para atrás (revisen al Brasil de los 70 y como nada más sacar de centro iban al ataque), el bote neutral alterno tras disputa y gilipolleces varias.

Fútbol moderno

¿Y qué hacer? No lo sé. La tecnología vino para no marchar. Pero la solución sigue estando en mejorar la formación de los árbitros. Se dice que son unos ladrones, que están comprados. No. No es eso. Son malos. Y son humanos. Tienen sus equipos favoritos (como todos nosotros), les aflige la presión y el ambiente, y les afecta la importancia del encuentro y de los jugadores a los que están dirigiendo. Les falta personalidad. ¡Y aún encima tienen a unos colegas intrigando en una sala brumosa llamada VAR!

¡Pueden estar solos! No necesitan ayudas externas. Lo que les falta es profesionalización.

El arbitraje está regulado por la FIFA y sus distintas federaciones. No existe un mercado libre como ocurre con el de los futbolistas. De este modo, las distintas ligas europeas no pueden contratar a los mejores colegiados. Árbitros como el polaco Szymon Marciniak, el húngaro Victor Kassai, el suizo Massimo Busacca o el eslovaco Damir Skomina, todos ellos galardonados con el título de mejor colegiado del mundo, tuvieron que arbitrar en ligas menores. Lo lógico sería que arbitrasen en España, Inglaterra o Italia, con un sueldo millonario que les permitiese dedicarse en exclusiva al arbitraje y sin la sospecha de favorecer a uno u a otro equipo dada su condición de extranjero. Según el CIS el 46% de los españoles son del Real Madrid y el 35% del FC Barcelona. O lo que es lo mismo; 81 de cada 100 españoles son del Madrid y del Barça. O lo que es lo mismo; 8 de cada 10 árbitros tiene un sesgo subjetivo a favor o en contra del Barça y del Madrid. ¿No sería mejor localizar a los colegiados fuera de nuestras fronteras en busca de la imparcialidad?

Esa sí que sería la verdadera revolución del arbitraje y no llenar el terreno de juego de cámaras y de colegiados. Que el VAR se meta en lo gordo y que deje el resto a la libre interpretación del trencilla. Porque a veces da la sensación de que nos olvidamos que el fútbol está pensado para los que juegan y para los que se acercan al campo a verlo y no para los que se sientan en el sofá con el mando en la mano. Esos, aunque ahora ya no lo parezca, deberían ser los menos importantes.

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Judy Guinness

Heather Seymour ‘Judy’ Guinness era hija del banquero y político irlandés Henry Seymour Guinness. Éste fue senador y director del Banco de Irlanda tras lograr la independencia y antes había sido pieza clave para dotar a los rebeldes de infraestructura económica para sostener la guerra contra el ejército británico. La familia Guinness poseía importantes activos a través de la banca, la política, la religión y, esencialmente, la fabricación de cerveza. El caso es que Judy era hija de este afamado prohombre irlandés.

Cosmopolita y aristocrática, Judy era un tanto rebelde. Más allá de prepararse para encontrar un marido adecuado gustaba de practicar deporte, hecho en su mayoría insólito a principios del siglo XX. Pronto destacó en esgrima y consiguió clasificarse como una de las favoritas para lograr la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932. Judy Guinness tenía entonces 22 años y estaba ante un hecho extraordinario. Y es que tan sólo cuatro años antes se había abierto la autorización para que las féminas compitiesen en los Juegos Olímpicos. Entre la primera edición fechada en 1896 y los de París de 1924 tuvieron lugar siete ediciones en los que los únicos participantes habían sido hombres.

Guinness fue pasando eliminatorias hasta que se encontró en la final con la austriaca Ellen Preiss. Nacida en Berlin, Preiss vivía en Viena desde que tenía 18 años. Era una estrella de la esgrima e incluso acabaría siendo nombrado deportista del año en Austria por encima de futbolistas o esquiadores. Logrará tener el récord Guinness (curiosamente) de ser la deportista olímpica con la vida deportiva más longeva al haber competido en Los Ángeles 1932 y en Melbourne 1956. Por tanto, aquellos de Los Ángeles serían sus primeros Juegos Olímpicos. Quiso competir por Alemania, como era de recibo, pero le fue denegado el derecho. Lo haría siempre bajo bandera austriaca, incluyendo la edición de Berlín 1936 donde será una de las pocas deportistas judías que conseguiría una presea olímpica.

La final de esgrima individual femenina de 1932 tenía por tanto a Preiss como favorita frente a Guinness. Sin embargo, la trayectoria de Judy a lo largo de la competición había sido tan notoria como la de Ellen. De hecho, ambas llegaron a la final empatadas en número de victorias y en número de tocados, por lo que hizo falta un combate de desempate para dictaminar a la ganadora de la medalla de oro.

La modalidad en la que Guinness y Preis competían era la de florete. La esgrima consta de tres especialidades; espada, sable y florete y todas ellas tienen su propia reglamentación. En el florete se obtiene un punto cuando se toca el torso del oponente. Cualquier otro lugar atacado tanto por encima como por debajo de la cintura es inválido. Cada toque en el torso del rival otorga un punto ganando aquel que obtiene más toques en un determinado tiempo. La duración del combate y el número de tocadas ha ido variando con el transcurrir de los años.

Así pues, Judy Guinness iba venciendo por 4-3 en una final que ganaba la primera que llegaba a cinco tocados o cuando finalizase el límite del tiempo. Y es entonces, a un escaso espadazo de la medalla de oro, cuando decide parar el combate.

Se acerca a los jueces y explica que la victoria debe ser para Preis. Al inicio del combate hubo un tocado de la austriaca que no fue contabilizado. Un error de ese tipo era más que habitual. Estamos en 1932 y no hay tecnología suficiente para adjudicar puntos de forma automática. Práctica común eran fallos de los árbitros y minutos y minutos de deliberación, fundamentalmente en las carreras de velocidad del atletismo, para decidir los puestos en el pódium.

Guinness explica que no le dio importancia a ese error. Sabía que podía suceder y que seguramente el ‘favor arbitral’ le sería devuelto a Preis a lo largo del duelo. Sin embargo, no fue así, sino todo lo contrario. Al poco de acabar Judy Guinness notó como la espada volvía a impactar sobre su torso sin que los jueces lo apercibiesen. Habían sido dos veces. Dos errores a su favor. Si lo jueces se hubiesen percatado, el triunfo tendría que haber sido para Preis por 4-5.

Aquello fue un acontecimiento notorio. Algunos la tildaron de estúpida, de ingenua, de niña tonta. Pronto fue tachada de adolescente inmadura y muchos hombres criticaron el parco espíritu competitivo de las mujeres. Una muestra más de que debiera ser vetada la presencia de las féminas en la práctica deportiva. Otros clamaron por su sentido de la justicia, por su excelsa educación y por mostrar los valores del deporte olímpico, algo, que, para muchos otros, demostraba la excelencia moral de la mujer.

El caso es que Judy Guinness acababa de renunciar a la medalla de oro. Se auto conformaba con la presea de plata.

Judy Guinness, un noble gesto por el que pasó a la historia de los Juegos  Olímpicos - Libertad Digital
Preis (centro) y Guinness (derecha)

Con la medalla de plata al cuello Judy cumplió con lo que su padre y la sociedad le demandaba y pasó por la vicaría. Pero Judy no se iba a casar con un hombre al uso. El elegido fue un aristócrata, sí, pero no un aristócrata de traje de tweed y puro al calor de una chimenea. Judy se casó con un piloto de carreras. Así que si él podía disfrutar del deporte ella no iba a ser menos. Para los Juegos Olímpicos de 1936 habría un nuevo duelo entre Judy Guinness y Ellen Preis. Mejor dicho, entre Judy Hughes, que era su apellido de casada, y Ellen Preis.

Judy y Ellen se enfrentaron en los octavos de final de florete individual y la victoria fue nuevamente para la austriaca. Esta vez de forma rotunda. Ambas se dieron un fuerte abrazo y continuaron con sus caminos. Ellen Preis lograría el bronce y repetiría el tercer puesto en Londres 1948. Acabaría siendo catedrática de Artes Escénicas en la Universidad de Viena y dando gracias eternas a Guinness por su honradez. Sin ella, nunca habría sido oro olímpico.

Para Judy Guinness fueron sus últimos Juegos Olímpicos. Su temerario marido falleció en un accidente de avión y hubo de casarse en segundas nupcias con un hacendado. Estalló la II Guerra Mundial y pasó a ejercer de ama de casa en Rhodesia, hoy Zimbabue. Enfermó y falleció joven, a los 42 años de edad.

Judy Guinness by sara madinelli
Judy Guinness

Pocos años después del icónico gesto de Judy Guinness nacía en tierras ucranianas, entonces Unión Soviética, Boris Onishchenko. A la altura de 1976 había sido campeón mundial de pentatlón moderno y campeón mundial y olímpico por equipos. Los de 1976 iban a ser sus terceros Juegos Olímpicos y la última oportunidad de salir victorioso en la prueba individual de la mayor competición deportiva del planeta.

El pentatlón moderno consta de cinco pruebas; natación (200 metros), salto ecuestre, atletismo (800 metros), tiro con pistola y esgrima. Onishchenko marchaba detrás del británico Jim Fox cuando tendría lugar la prueba de esgrima en la modalidad de espada. Onishchenko ganó por un punto de diferencia, pero la delegación británica pronto emitió una protesta. Estamos en 1976. Ya existe tecnología. Cuando el cuadro de puntuación del traje nota una estocada con una fuerza superior a 750 gramos un interruptor salta y formaliza el punto. Cuando Onishchenko embiste con la espada se ve claramente como su estocada es al aire y, sin embargo, el interruptor de Fox se acciona. Aquello no tenía sentido.

Rápidamente se descubrió que la espada de Onishchenko había sido modificada ilegalmente para incluir un interruptor que le permitía registrar un toque sin hacer ningún contacto con su oponente. Aquel escándalo se resolvió con la expulsión del soviético de los Juegos Olímpicos tras uno de los actos de mayor mezquindad de la historia del deporte. A Onishchenko se le prohibió a perpetuidad practicar deporte de competición y le fueron retiradas todas las condecoraciones y privilegios que la Unión Soviética le hubiera otorgado.

Unos tanto y otros tan poco.

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Boris Onishchenko

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La mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo

Puede ser un sargento, un brigada o un subteniente. Caza mayor es teniente o comandante. Palabras mayores. El modus operandi se inicia con una vigilancia exhaustiva que oscila entre las semanas o los meses. El objetivo es detectar problemas. Los económicos son los distinguidos. Puedes estar atrapado en deudas o sencillamente deseas mejorar el nivel de vida de los tuyos. Luego están los que meramente son ambiciosos de por sí. O los que no tienen por divisa ni el honor ni la bandera. El caso es dar con un elegido. Detectadas las debilidades, primero la amistad y la codicia y luego, una vez hechizado, el miedo que pronto pasará a ser pánico.

Una vez acabada la caza mayor toca apresar a la caza menor. Suele ser más simple. Ante todo, porque hacen falta menos billetes y menos arrestos. En segundo lugar, porque cuentas con la autoridad y el terror que el oficial impone en el subordinado. Es entonces cuando puede descargar el alijo. Una y otra vez. Captadas las ovejas negras dentro de la Guardia Civil la banda de narcos puede operar a su antojo.

Hay más implicados. Muchos más. Marineros, amas de casa, estanqueros, camioneros, pelagatos variados o empleados de banca que callan, guardan y financian, pero, una vez manoseada la autoridad, todo es mucho más simple. Así funcionó en las Rías Baixas de los 80, así funciona en la actualidad en el Campo de Gibraltar y así operaban, operan y operarán los narcotraficantes tanto en España como en buena parte del globo.

Y con todo hay redadas. Y cuantiosas. Y los narcos caen y los capos acaban en la cárcel. El problema es que el trono está siempre caliente. En todo caso, repito, hay redadas. De vez en cuando el teniente corrupto debe hacer alguna operación y el narco le entrega alguna pieza prescindible para salvaguardar las formas. Pero en las muchas simplemente no puede mantener el control.

No puede porque hay gente que es intocable. Guardias miedosos que no quieren saber nada del asunto o guardias honrados que antes darían la vida que aceptar sobornos. Los más son los que podríamos llamar guardias felices, que disfrutan con su tranquila vida y prefieren mirar para otro lado y cerrar los ojos ante lo que intuyen, pero, angustiados por su conciencia, se ven en la obligación de contarlo cuando lo saben. Son estos los más peligrosos. A los miedosos y a los honrados no se les intenta tocar, pero son los guardias felices, los que conforman la silenciosa mayoría, los que pueden joder la operación. El oficial corrupto tiene que colocarlos en un segundo plano en una acción contra el narcotráfico o simplemente apartarlos deliberadamente de conversaciones o del acceso a papeles que son comprometidos. Porque éstos no sabes cómo respiran. Ni se van a apartar como los miedosos, ni los vas a mandar a hacer otras operaciones de más enjundia como a los honrados. A los otros, a los que conforman esa silenciosa mayoría, los tienes que tener cerca y arriesgarte a que, simplemente, hagan bien su trabajo.

En 2014 el FC Barcelona y el Atlético de Madrid se enfrentaron en el Camp Nou en la última jornada de Liga. El empate bastaba a los colchoneros para obtener el título dos décadas después de su último alirón. Lo lograron (1-1), aunque por el camino Mateu Lahoz anuló un gol por fuera de juego de Leo Messi que le hubiese dado la victoria y el trofeo al Barça.

Desde la ‘cova’ (si, en Barcelona también hay ‘caverna’ como en Madrid y también hay palcos elitistas convertidos en reservados para tejer corruptelas) se vocifera que de haber existido compraventa de árbitros a favor del Barça no se hubiera anulado ese gol a Leo Messi.

El Barça, Gaspart, Laporta o Bartomeu (o a algún directivo al que le carguen el muerto), pónganle el nombre que quieran, es el capo. Es el delincuente. José María Enríquez Negreira el teniente corrupto. Mateu Lahoz, tan buen árbitro como prepotente y cargante, es un guardia civil de los que darían la vida antes que aceptar sobornos. Comprar al teniente no implica tener todo el control. Pero que no tengas todo el control no quiere decir que no puedas realizar tu negocio.

Quién es Enríquez Negreira, el ex árbitro que cobró 1.4 millones del  Barcelona por servicios de asesoramiento | Goal.com Espana
Enríquez Negreira

El árbitro nació como cura, como juez de paz. Fútbol a lo largo, dos palos en el horizonte y un hombre de negro para dictar sentencia. Respetable y respetado. Si el fútbol nació en 1863 el árbitro lo hizo en 1891. Hasta entonces un representante de cada equipo, dos en total, discutían las decisiones comprometidas. Cuando el juego pasó de ser juego a lo más importante de los menos importante, se vio que así no se iba a ningún lado. Se designó un juez neutral y los dos representantes se hubieron de convertir en jueces de línea.

Así fue desde entonces hasta hace bien poco. El árbitro era mayor para imponer respeto. Y era malo. Lo era porque no era profesional. Era periodista, médico, abogado, profesor o quizás policía. Siempre una profesión liberal que le permitiese ausentarse dos o tres días de cuando en cuando para cumplir con su hobby.

Era normal que aquel hombre de negro se equivocase. Lo era porque no era su oficio, aunque lo pareciese, y lo era porque dos ojos siguiendo a veintidós personas, un balón y miles en las gradas escudillando lo que haces es harto complicado. La imagen que tenemos del árbitro es la de un enterrador vestido de negro, sin gracia ni salero y una profunda barriga cervecera. Era así hace 100 años y era así hasta hace poco más de dos décadas. Al Enríquez Martínez, allá a inicios de los 80, le puso de mote José María García ‘míster angulas’ porque el afamado periodista cazó al electico colegiado metiéndose en un lujoso restaurante un platazo de angulas un par de horas antes de un partido en La Romareda.

Esa es otra. El árbitro era tratado con palmitas. No es nada nuevo. Un representante del equipo que ejercía de local solía ir a recibirlo al aeropuerto, taxi pago, estancia en un buen hotel y comida y reloj de regalo. Nada nuevo bajo el sol. Sin televisión o con televisión de pascuas en ramos, miles de almas gritando y un acojone generalizado. ¿Quién es el guapo que iba a pitar en contra del conjunto de casa? Que el valiente levante la mano.

La llegada de la televisión por pago y las decenas de cámaras cambiaron el panorama. También las gradas de asiento. Jugar fuera o en casa no es como antaño. Todo son tapetes verdes, ya no hay ultras y el juez está sobreprotegido. Hasta se cuidan. Ya no hay árbitros gordos y el negro ha pasado a mejor vida. Colores por doquier. Y tienen ayuda. Primero vino el cuarto árbitro, luego la sala VAR, la VOR y un ejército de jueces que deben hacer el trabajo de uno sólo. Y lo hacen peor. Los jueces de línea bajan los brazos a sabiendas de que sus decisiones serán corregidas. Y el árbitro duerme tranquilo sabiendo de que ahora la culpa caerá sobre esos señores de la sala brumosa que habitan en algún lugar de las gradas.

LaLiga Santander 2019 - 20: Los árbitros plantean reducir la presencia en  la sala VOR y mamparas de separación | Marca.com
¿Árbitros?

No se entiende que en un negocio millonario los impartidores de justicia sigan sin ser profesionales. Si el mejor árbitro del mundo es chileno, ¿por qué no arbitra en Inglaterra o en España? Son las federaciones las que manejan los árbitros mientras que las ligas son entidades privadas independientes. He aquí un problema que afecta a todos los países. ¿Cómo entender que si la Premier tiene la mejor liga del planeta no cuente con los mejores árbitros? Con ello se mejoraría la calidad y, de paso, desaparecerían las suspicacias.

Porque suspicacias las hay. La norma indica que un colegiado no puede arbitrar a ningún equipo de su tierra. Un madrileño jamás pitará a Madrid o Atlético, pero tampoco al Leganés o al Rayo Majadahonda. El tal Enríquez Negreira, catalán, nunca pudo arbitrar al Barça. Con esto, se dice, hay neutralidad. Tontería supina. Como si nacer en Cudillero o en Salou impidiese a uno ser del Madrid. Según el CIS los blancos (39%) y los azulgranas (25%) suman el 64% de los forofos en España. Y son muchos más. Porque luego están los que tienen a Madrid o Barça como segundo equipo porque por mucho que adores al Hércules pocas alegrías tendrás en tu vida. Con lo cual, más allá de fallos o errores deliberados, lo que trabaja es el subconsciente. Y hay opciones, muchas opciones, de que toque dirigir un partido de tu equipo favorito ante una atmósfera sobrecogedora de 70 o 80.000 personas y, ante la duda, ya será tu psique quien tome la decisión.

La mayoría de las veces no hay que pagarle a nadie. La mayoría de las veces los colegiados se equivocan inconscientemente a favor de Real Madrid o del FC Barcelona. Algunos hasta benefician al Atlético, el más llorón de los llorones. Son todos los demás los que tienen que ejercer el verdadero derecho del pataleo.

Y con todo, de vez en cuando toca pagar.

El Barça de Laporta bate al de Bartomeu en deuda a corto plazo
Laporta y Bartomeu

“Ya han salido los sepulcros blanqueados, las ratas de sacristía, los blanqueadores de los de siempre, los miserables que han sacado la cabeza de su madriguera de roedores con la lujuria descontrolada de quien apunta el delito ajeno sabiendo perfectamente el funcionamiento del mismo. Ya sabemos quiénes son, los serviles del régimen, los que no hacen periodismo real sino que trabajan como portavoces encubiertos del primer gran club estado que ha tenido el fútbol: el entretenimiento de un régimen dictatorial que tenía al Madrid como el circo necesario para complacer los fines de semana de la población (…) una parte de la España periodística está completamente contaminada por la peste bubónica del poder, y la revuelta debe ser precisamente contra ese ejército de la calumnia que aprovecha las mierdas que nosotros debemos resolver para hundirnos aún un poco más”. Esto es lo que decía ‘L’Esportiu’ cuando el asunto Negreira salió a la luz, nada extraño en un periódico deportivo que desde 2017 luce un lazo amarillo en su portada. Lo llamativo es lo que su editorial decía a continuación:

“Es preocupante ver a Laporta encubriendo a Bartomeu, el presidente de la herencia envenenada, porque resulta que realmente no está protegiendo la verdad, sino que se está cubriendo los hombros porque si tiras atrás llegas a su primer mandato, donde curiosamente, en la directiva estaba el triunvirato de Laporta, Rosell y Bartomeu. Dicho de otro modo, el Laporta del 2023 está salvaguardando el honor del Laporta del 2003 (…) El Barça hace y hará bien en protegerse, pero convendría también que aclarara varios interrogantes para disipar la sombra de duda que genera el caso. La clave no es que el club reciba asesoramiento arbitral. Lo hacen la mayoría, ya sea con empleados en nómina o contratando servicios externos. El problema es el precio desmedido que se ha pagado por el servicio y al que se ha pagado. Que Enríquez Negreira fuera vicepresidente del comité técnico de árbitros mientras una empresa suya cobraba por asesorar a un club genera un conflicto de intereses muy difícil, si no imposible, de justificar (…) La relación es cara, fea y, aunque la investigación se centra entre el 2016 y el 2018, varias directivas reconocen que se prolongó durante muchos años, con distintos mandatos y distintos presidentes. Esto es lo primero que debería aclarar el Barça. ¿Cuándo empezó todo? Han pasado auditorías, se han analizado detalles y han salido facturas entre anecdóticas y ridículas. Y hasta ahora nada había trascendido de eso. Si realmente hace tantos años que dura, ¿lo sabían todos los presidentes? ¿Sabían que la empresa que tenía contratada era propiedad de un cargo arbitral en activo? Éticamente, al menos, cuesta explicar (…) sólo el hecho de relacionar el club y el estamento arbitral en un caso que se está investigando obliga al club a proteger la honorabilidad y la reputación. Con contundencia, y con las explicaciones que haga falta. Cuanta más luz ponga, mejor. No basta con apelar al victimismo”.

Por muchas vueltas que se le dé es difícil explicar lo del asunto Enríquez o caso Negreira, como más les guste. No se le puede adivinar otro fin al dinero que el Barça le estaba dando al vicepresidente del Comité de Árbitros que el que todos estamos pensando. Tampoco ayuda que el periodo de pagos denunciado desde el primer día por SER Catalunya de 2016 a 2018 coincide al milímetro con los 746 días que estuvo el Barça sin recibir un penalti en contra. Un compadreo institucionalizado desde 2001 a 2018, que, casualidades de la vida, finalizó justo cuando Negreira dejó su cargo como vicepresidente.

Investigaciones periodísticas y judiciales seguirán su trabajo pero los años de gloria del Barça, años en los que hasta el madridista más recalcitrante admitía haber visto el fútbol más armonioso jamás conocido, años en los que hasta en la intimidad el líder de los Ultra Sur gritaba con orgullo los goles de Iniesta y Xavi por haberle dado a España su primer y único Mundial, están quedando manchados por fichajes adulterados, espionaje entre compañeros, prebendas, tráficos de favores y negocios entre futbolistas y directivos. El Barça ganó ligas de forma honrada pero por culpa de unos patanes la mancha será eterna.

Y no es cosa de la caverna madridista. La noticia fue dada por el programa ‘Que t’hi jugues’ de SER Catalunya y pronto difundida con celeridad por medios catalanes y simpatizantes del barcelonismo. Porque los pagos parece que vienen de lejos, de 2001, con lo cual no es cosa de un presidente corrupto sino de una línea institucional, de un modus operandi que se remonta atrás en el tiempo.

Ni La Moreneta, en un soberbio acto de fe, puede creerse que el pastizal empleado por el Barça para sobornar a Negreira fuese para otra cosa que obtener un retorno basado en un trato de favor. Lo chusco, y ese es otro tema, es que el tal Enríquez Negreira fuese un listo y no hiciese tanto como prometía. Igual no hubo tantos favores como el Barça pretendía. Es probable. Porque, así y todo, en todos estos años ni el Barça ha ganado todas las ligas ni siempre los árbitros se han equivocado a su favor. Recordemos que hay árbitros, y son la mayoría silenciosa, que como los guardia civiles son intocables. ¿Negreira fue más listo que Laporta y compañía? ¿Fue un vende humos sin demasiada influencia? Pues seguramente sí. Pero eso no excluye de delito.

¿Cómo puede ser que se una auditoria descubriese que Laporta gastó 24 euros en una pollería con la tarjeta del club y que nadie en todos estos años supiese que Enríquez Negreira facturase siete millones de euros? Dicen las hordas barcelonistas que lo hacen todos los clubes. Es cierto, pero las ramas no dejan ver los árboles. El Madrid tiene como asesor a Megia Dávila, un ex árbitro sin cargo alguno, he ahí la diferencia. Y según han manifestado estos días diferentes directivos de Primera todos los equipos cuentan con una figura de este tipo que les indica si fulano o mengano es más propenso a sacar tarjetas, si es dialogante o si ese fin de semana le va a dar por sancionar las manos. El sueldo de estos asesores externos ronda los 25.000 anuales. Al parecer Enríquez Negreira guardaba 500.000 por año trabajado.

El complejo de inferioridad que Cruyff denunció cuando arribó en el 74 y que en buena parte consiguió eliminar con el Dream Team parece instalado en la conciencia del barcelonismo. Da la sensación de que como en el palco del Bernabéu hay tanta influencia el Barça se ve en la necesidad de igualarlo. A pesar de los increíbles éxitos deportivos de los últimos años se entiende que ese complejo de inferioridad solo puede ser rebatido en el palco. La mente enfermiza del entorno del Barça cree que sin tráfico de influencias nunca serán tan poderosos como el Madrid. Como un círculo vicioso retroalimentado por el nacionalismo catalán, lo importante no son tus triunfos, sino pasar por encima de tu alter ego capitalino.

Lleva tantos años el Barca subido a un relato enfermizo que acepta el caso Negreira como hecho ocurrido y vergonzoso, pero con la autoridad de no tener que dar ninguna explicación. El silencio por bandera. Y nadie levantará la voz. Nadie. Si el Barça fuese descendido administrativamente a Segunda ríete tú de las manifestaciones del 11-S. Jamás hubo tanta gente en la calle en Vigo y en Sevilla que cuando allá por los 90 celestes y sevillistas estuvieron a un tris de bajar a 2ºB vía decreto judicial. Ni reconversión industrial, ni crisis, ni muertos, ni nacionalismo. Lo que mueve el cotarro es el fútbol. El sentimiento.

Es el caso Enríquez Negreira como mínimo un inmoral conflicto de intereses. Lo dirá la justicia, no la deportiva, sino la ordinaria (tela marinera lo de este país que tiene más miedo a meterse con un club de fútbol que con un cartel de la droga). Los indicios son demoledores, aunque las pruebas atentan más contra Enríquez Negreira que contra el FC Barcelona. Por ahora se ha cazado al teniente de la Guardia Civil y, aunque todo se intuye, no hay forma de cazar al delincuente. Solo el paso del tiempo dictará sentencia. Hasta quizás tengan razón en Barcelona y todo es producto de la envidia madridista ante la mejor época de la historia blaugrana. Pues hasta quizás. En estos años el Barça ganó 22 títulos nacionales y el Madrid únicamente 10 contando minucias como las supercopas. Pero el caso es que todo esto cheira mal, muy mal. El seny, el mès que un club, está tocado. Con una sombra muy fea sobre el tramo de su historia que más títulos nacionales concentró y con una serie de jugadores maravillosos e irrepetibles que están entre los mejores que ha parido el fútbol mundial.

Y es que la mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo.

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