franquismo

Sara Estévez

Sara había estudiado taquigrafía, mecanografía y contabilidad y sólo la Guerra Civil le impidió realizar estudios universitarios. El caso de Sara era extraño. Una mujer formada y capaz en los lúgubres años 40, los del miedo y el hambre. Sara tenía una buena posición, pero era de todo menos una afortunada. Huérfana de padre desde que era un bebé, vio como la mitad de sus ocho hermanos fallecerían antes de la mayoría de edad. Una de sus hermanas era maestra y sería quien se ocuparía de enseñarle a leer y a escribir.

Cuando las tropas de Franco entraron en Bilbao, Sara fue escogida junto a otros cientos de chicas para una exhibición gimnástica en San Mamés. Era la primera vez que entraba en el coliseo rojiblanco. Tenía 12 años. De ahí surgiría un flechazo. Cuando con 19 años cobre la paga del 18 de julio pasará a ser abonada del Athletic. Eran los años de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza. Años en los que el Athletic ganaba títulos por doquier y época donde los banderines del Athletic se exhibían con gran profusión en cafeterías y bares a lo largo y ancho de España.

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848 goles entre los cinco

Y nótese el escogido uso de las palabras. Las pagas extras se denominan pagas del 18 de julio. Los hombres eran socios del Athletic. Las mujeres eran abonadas. Los socios, además de un asiento, tenían voz y voto en las decisiones concernientes al club. Las abonadas tan sólo podían ver los partidos. Ni mandaban ni opinaban.

Además del fútbol, a Sara le encantaba la radio. Al acabar su jornada matinal solía acercarse a Radio Juventud de Bilbao, emisora del Movimiento, para narrar cuentos infantiles en directo. Por entonces para trabajar en la radio no hacía falta titulación alguna ni formación específica. Tan sólo buena dicción, buen timbre de voz y ganas de comerse el mundo. La femenina y cadenciosa voz de Sara Estévez era ideal para llegar a los niños y a los no tan niños de Vizcaya.

Hasta que un buen día de 1952 alguien preguntó en redacción a quien le gustaba el fútbol. Fueron muchos los que levantaron la mano. La siguiente cuestión era conocer quien estaría dispuesto a ser cronista deportivo. Eso ya era otro cantar. El periodismo deportivo estaba muy mal visto. Era una profesión de segunda en la que a menudo se usaban pseudónimos para no ser reconocido por otros compañeros.

Tan sólo una persona levantó la mano. Era Sara Estévez.

Se acababa de convertir en la primera periodista deportiva de España.

Pero nadie lo sabría. Sara escogió como pseudónimo el nombre de ‘Maraton’ y con ese nombre escribiría sus textos. “El símil de una persona que había corrido hasta la muerte para entregar una noticia era la mejor imagen que se podía dar del periodista, que lo que tiene que hacer es precisamente eso: esforzarse para dar la noticia de la mejor manera posible”, explicaría ya retirada sobre el porqué de la elección.

Sara iba a los entrenamientos, hacía entrevistas y redactaba las crónicas de los partidos del Athletic. Pero jamás locutaba. Los textos eran narrados por un tal Paco Blanco que “colocaba bien la voz” como se decía en la época. Era frecuente que los redactores no leyesen sus propios textos si la emisora consideraba que el periodista no contaba con una voz radiofónica. Pero en el caso de Sara no habría esa disyuntiva. Era impensable que una voz femenina hablase de fútbol en antena.

Sara Estévez fue la voz sin voz del Athletic en Radio Juventud durante dos décadas. Su sueldo era tan exiguo que nunca pudo dejar su trabajo como mecanógrafa. El público de San Mamés veneraba a ‘Maraton’, pero nadie amaba a Sara. Ella ocupaba su asiento de abonada en el estadio y con una libreta en las rodillas se dedicaba a escribir lo que sucedía. Después Paco Blanco locutaba y Sara escuchaba como una radioyente más.

Con el tiempo a ‘Maraton’ le dieron un programa propio llamado ‘Stadium’. Información seria enfocada en el Athletic y un comentario editorial valiente firmado por el propio ‘Maraton’. A la gente le gustaba. ‘Maraton’ apostaba por tal o por cual chico de la cantera y, efectivamente, esos eran los que triunfaban. Fue Sara la primera que apostó por Iribar. Nadie sabía quién era ese tal ‘Maraton’. Era de sobra conocido que, aunque la voz de Paco Blanco daba las noticias, no era él el que las escribía. Pero se suponía que la mente pensante detrás de todo aquello era un hombre. ¿Quién podría pensar que fuese una mujer? Era lo de menos. La palabra de ‘Maraton’ iba a misa.

El programa se emitía todos los domingos poco antes de la madrugada y se hizo célebre por dar todos los resultados de las categorías regionales vascas. La tarea era hercúlea en aquellos tiempos. Para ello Sara reclutó una red de colaboradores con los que contactaba a golpe de teléfono la tarde del domingo. Para el colaborador Sara no era ‘Maraton’. Era la secretaria que le daba los resultados a ‘Maraton’.

El éxito llevaría a la expansión del programa a todos los días de la semana. El editorial de ‘Maraton’ también pasó a ser diario. El anonimato le permitía ser dura en tiempos donde ser dura era ir contracorriente.

Fueron dos décadas de secretismo hasta que el paso del tiempo permitió que ‘Maraton’ se sacase la máscara sin miedo a ser lapidada. Era 1973 cuando Sara Estévez habló por vez primera delante de un micrófono. Para entonces su programa se había expandido de tal forma que contaba con información polideportiva y hasta contenía una sección sobre deportes vascos que se permitía hacer en euskera. Arrastre de piedras y corte de troncos en la misma radiofrecuencia que acababa sus emisiones radiando el ‘Cara al Sol’.

La noticia supuso un shock para muchos, pero los tiempos cambiaban y había otras muchas cosas por las que preocuparse en aquellos años del tardofranquismo. Con la llegada de la democracia aquellas empresas alimentadas por el Franquismo desaparecieron. Radio Nacional de España absorbió a unas cuantas emisoras, entre ellas a Radio Juventud, y en 1983 decidió cancelar ‘Stadium’.

Fue una tragedia. Si hasta entonces la vida de Sara había sido discreta ahora iba a recibir todo el cariño que las vicisitudes de su época le habían negado. Las demás periodistas se solidarizaron con Sara y la gente escribía cartas a los periódicos exigiendo su vuelta. Todo fue en vano. Fue el fin para la mecanógrafa tras casi dos décadas de anonimato y una como Sara Estévez. Fue recolocada en redacción y pasaría sus últimos años informando sobre terrorismo y política, algo que le aborrecía.

Sara se jubiló a los 65 pero pasaría las siguientes tres décadas escribiendo una columna de opinión deportiva en ‘El Correo Vasco’. Por uno de esos textos cobraba más que por días de trabajo cuando en vez de Sara era ‘Maraton’. Hoy, a los 97 años, no hay bilbaíno que no reconozca su cara ni hay aficionado del Athletic que no venere su trabajo. Es hija predilecta de su ciudad y cuando la muerte decida llevarla a su lado tendrá un más que merecido homenaje en el nuevo San Mamés.

La voz sin voz del periodismo deportivo | Deportes | EL PAÍS
Sara Estévez

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El largo camino a casa de Isidro Lángara (2ª parte)

Con las tropas franquistas asediando Bilbao, el gobierno vasco del PNV (conservador pero aliado con la izquierda para preservar su independencia) programó una operación de propaganda. La idea fue del Lehendakari José Antonio Aguirre, quien había sido jugador del Athletic. Fletó un avión que puso rumbo a París con algunos de los mejores futbolistas del momento para defender la causa republicana. El objetivo era servir de altavoz para pedir ayuda internacional y, de paso, obtener dinero a través de la celebración de diferentes partidos amigables.

Lángara no era ni mucho menos un significado político. De hecho, como vimos, pasó de ser un héroe izquierdista a estar a punto de ser ejecutado acusado de fascista. Si lo eran varios de los componentes de aquel conjunto como Luis Regueiro o Tomás Aguirre, declarados independentistas. Así que Lángara se dedicó a lo suyo. Meter goles. El primer partido fue ante el Racing de París y acabaría con victoria del combinado vasco con triplete del delantero de Pasajes. Fue el mismo día del bombardeo de Guernica. Luego habría partidos por Checoslovaquia, Polonia, Noruega, Finlandia, Dinamarca o la Unión Soviética. En Moscú se llegó a parar un choque para que el árbitro examinase las botas de Lángara ante la incredulidad general por la violencia de sus disparos.

Los bolos terminaron y la expedición regresó a Paris. Por entonces ya pocos dudaban de la victoria del llamado bando nacional y aquellos futbolistas temían, no por su futuro futbolístico, sino por sus vidas. Roberto Echevarría y Guillermo Gorostiza decidieron volver a España (éste último un extremo rapidísimo del Athletic apodado irónicamente ‘bala roja’) a través de Irún, hacer borrón y cuenta nueva y seguir con sus vidas en la España franquista. El resto cogió un barco en Le Havre y puso rumbo a México.

Lángara | El Penalty de Panenka
Lángara, abajo en el centro

Era 1937 cuando la expedición de futbolistas errantes llegó a Ciudad de México tras desembarcar en el puerto de Veracruz. Una muchedumbre de personas, algunas españolas de nacimiento y la mayoría de origen hispano, esperaba en la estación capitalina la llegada del esperado convoy. Arrollando hasta a niños y policías, los forofos buscaron con ahínco a Isidro Lángara, lo alzaron en hombros y lo sacaron en volandas de la estación.

No diríamos mentira alguna si afirmásemos que ninguno de los allí presentes había visto jugar nunca a Isidro Lángara. Salvo alguna que otra fotografía que atestiguase lo contrario, jamás algún mexicano le había visto tocar un balón. Y sin embargo la fama de Lángara era tal que todo buen aficionado al fútbol sabía de la excelencia de aquel brutal delantero gracias a la infinidad de artículos periodísticos que lo alababan.

Tras unos partidos amistosos en México aquellos chicos pasaron a Cuba, y de las Antillas a Argentina. Para entonces el ‘Tanque’ ya era conocido como ‘El Vasco’. Y para entonces Francisco Franco ya estaba bastante asentado en el poder como para exigir que esos desertores no pisaran un campo de fútbol. Argentina claudicó ante el miedo a las represalias y los exiliados tuvieron que volver a México, el último país de habla hispana simpatizante con la República.

Era noviembre de 1938 y aquel equipo pasó a integrarse en la liga mexicana con el nombre de Club Deportivo Euskadi. Quedaron segundos y Lángara consiguió el galardón de máximo goleador con 19 goles en 11 partidos. Memorable fue un gol de chilena anotado ante Raúl Estrada, considerado por muchos el mejor portero de América. Lángara, veinte metros más allá del arco, vio pasar el balón sobre su cabeza, dio media vuelta y, de espaldas a la portería, se lanzó al aire y la pescó con el pie derecho. La esférica fue por los aires directamente al gol y se metió en un ángulo, sin que Estrada pudiera hacer otra cosa que observar impávido lo que ocurría.

Tras dimes y diretes y tras un duro debate en el seno de la FIFA, en 1939 aquellos exiliados son libres para firmar por el equipo que quieran. Lángara, junto a José Iragorri y Ángel Zubieta (otro que merece capítulo aparte), firman por el argentino San Lorenzo de Almagro. En su primer partido Lángara le marcará cuatro goles a River Plate. Un hincha de River de 12 años llamado Alfredo di Stéfano padeció con admiración los latigazos de aquel vasco. En las filas de San Lorenzo pasará Lángara cinco temporadas, siendo otra vez máximo goleador y disfrutando de la vida en la neutral Argentina mientras el mundo se desquebrajaba en mil pedazos.

Libre de muerte y destrucción, en Argentina se jugaba entonces el mejor fútbol del mundo. Hasta el NO-DO se hacía eco del asunto e imágenes de aquel fenomenal San Lorenzo invadían los cines españoles. Pero por muchas imágenes que del ciclón se emitiesen jamás aparecía en los resúmenes un gol de Lángara, vetado y censurado por el Régimen.

442 | Isidro Lángara, el vasco dueño de Boedo
Goleador en Argentina

En 1942 Lángara volverá por vez primera a México donde sigue siendo un ídolo. En una gira de diez partidos amistosos, San Lorenzo anota 42 goles de los cuales 23 son obra de Lángara, incluidos siete tantos en una victoria por 9-1. Aun así, Lángara nunca estuvo del todo cómodo en Argentina. El uso y abuso del regate y del manoseo del balón nunca fueron plato de buen gusto para el ‘Tanque’, un hombre de acción que disparaba y después preguntaba.

Los latigazos de Lángara volverían a resurgir en México tras regresar a la capital de Centroamérica en 1943. Será en las filas del Real Club España, club fundado en 1912 por emigrantes españoles y el más importante de México durante la primera mitad del siglo XX. En la campaña 43/44 el RC España ganó su última Liga con Lángara en sus filas tras un desenlace agónico resuelto en la última jornada ante el CF Asturias, cuyos orígenes son más que obvios. Lángara fue otra vez máximo goleador, y lo será nuevamente en la campaña 45/46 superando todos sus registros conocidos con 40 tantos en 30 partidos.

Fue esa su última campaña en México. Con 34 años fue reclamado por la Patria. Resulta que Felipe Polo, cuñado del Generalísimo, era un acérrimo simpatizante del Real Oviedo. Estuvo años detrás de Carmen, su hermana y esposa de Franco, para que le levantasen el veto a Lángara y le permitiesen volver. En la capital de Asturias no se habían olvidado del hombre que con sus más de 200 goles había llevado a los carballones a la cima.

El problema es que tras el fin de la Guerra Civil se había aprobado el llamado Decreto Ley sobre Responsabilidades Políticas que perseguía a los que, habiéndoles pillado la guerra en zona republicana y consiguiesen llegar al extranjero, no hubiesen decidido regresar a la zona nacional. En el caso de los deportistas el veto era por 12 años.

Lángara llevaba fuera diez años, pero Carmen Polo intercedió y se permitió que Lángara volviese antes de tiempo.

Sabido de la buena nueva, Santiago Bernabéu quiso tirar de contactos y adelantarse a las intenciones del Real Oviedo. Pero pinchó en hueso. El Real Madrid acababa de fichar a Luis Molowny y estaba empantanado en la construcción de un nuevo y colosal estadio en la Castellana. Con todo, encareció el precio de Lángara que firmó por el Real Oviedo a razón de 100.000 pesetas anuales, con diferencia el contrato más alto jamás firmado por Carlos Tartiere, presidente del club carballón.

Isidro Lángara llegó en barco a Bilbao y de ahí en tren a Oviedo. Era agosto de 1946. Lángara hubo de apearse en Colloto, última parada antes de arribar en Oviedo, para evitar el gentío que le aguardaba en la estación. Allí le esperaba Herrerita, compañero de antes de la Guerra, y el presidente Tartiere. Se subieron al coche de este último y allí mismo firmaron el contrato. Al día siguiente Lángara ya estaba entrenando.

Real Oviedo: Con Lángara en el recuerdo
Vuelta a casa

Así fue como Lángara regresó de México para estirar su carrera un par de temporadas. Con algún kilo de más, y abundantes entradas, había ciertas dudas sobre su regreso. Las disipó todas en su primer año con 18 tantos en 20 partidos. No así en el segundo, donde apenas pudo jugar por culpa de las lesiones. Sería su adiós al fútbol profesional.

Abandonó a los 36, en declive físico, pero sobre todo mental, decepcionado por la España que reencontró. Nada tenía el Régimen contra él, pero aquel Oviedo no se parecía en nada al que conoció. Además, día sí y día también, veía pasear por el centro de Oviedo a Nieves, su novia de antes de la guerra, ahora felizmente casada con otro hombre. Así que Lángara decidió volver al lugar donde había pasado los mejores años de su vida. Comenzó una carrera en los banquillos que lo llevó por Chile, Argentina y, por supuesto, por su querido y añorado México. Dicen los que lo conocieron que jamás hablaba de su pasado como futbolista. Que el silencio y la discreción eran su religión.

Viajó frecuentemente a España. Madrid, Oviedo, Andoain. Siempre el mismo recorrido. No tuvo hijos. Tampoco domicilio habitual. Cuando le atacó el alzhéimer, ya en 1990, se estableció en Andoain, en casa de su sobrina, hasta que la muerte le sobrevino en agosto de 1992, cuando España disfrutaba de la resaca de unos históricos Juegos Olímpicos.

Desconocido, primero por el exilio y luego por el olvido, Lángara ha sido injustamente enterrado. Su nombre pasaría desapercibido durante el Franquismo y nadie se preocupó de recuperarlo tras la vuelta de la democracia. Los tambores de la historia resuenan para Pichichi o Belauste, como recuerdos del glorioso Athletic y de la plata olímpica de Amberes. También retumban para Zamora o Samitier, ambos emigrados y retornados, y ambos iconos de Madrid y Barcelona. Para Isidro Lángara Galarraga quedó el silencio. Un silencio que es estruendo al cruzar el charco. Lo normal ante el mejor goleador español de la historia. Lo normal ante uno de los mejores delanteros que ha parido la historia.

El Oviedo publica la biografía en inglés del histórico delantero  guipuzcoano Isidro Lángara | El Diario Vasco
Homenaje a Lángara (d) en Andoaín

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Paulino Uzcudun y el escándalo del estraperlo

En mayo de 1934 se reúnen en el hotel Ritz de Madrid los empresarios Daniel Strauss y Joachim Perlowitz con Joan Pich y Aurelio Lerroux, miembros del Partido Republicano Radical (PRR). Éste último es, además, sobrino de Alejandro Lerroux, presidente del Gobierno. La reunión obedecía a implantar en España un sistema de juego de apuestas basado en la ruleta, juego de apuestas prohibido en el medievo y que el Principado de Mónaco legalizó a mediados del siglo XIX iniciando un periodo de prosperidad en el pequeño país de la Costa Azul. Pich y Lerroux se comprometieron a gestionar la licencia, previo soborno, de un juego de casino fraudulento que daba la victoria a la casa y cuyo sistema se dio en llamar estraperlo, en un juego de palabras basado en la unión de los apellidos de los dos inventores.

Por entonces los juegos de azar estaban prohibidos en España al igual que en buena parte de Europa. La ruleta trucada del estraperlo pasaba a ser aceptada en los casinos de todo el país por los enormes beneficios que aquel ingenio iba a dar a sus promotores. Según el acuerdo, la plana mayor del PRR se llevaría un 10% de los beneficios, mientras que Alejandro Lerroux alcanzaría hasta el 25% de las mercedes. De esta forma, semanas después se constituye la sociedad explotadora del estraperlo en España que, y aquí viene lo interesante para este artículo, contará con tres socios a partes iguales; los citados Strauss y Perlowitz y el afamado boxeador Paulino Uzcudun.

Paulino Uzcudun era un mito viviente. Un vasco descomunal que desde niño había partido troncos a golpe de riñones y que prometía como aizcolari. Pero, en palabras de un cronista de la época, pronto demostró que “tenía más de árbol que de hombre”. Paulino aguantaba los golpes como un titán. Aunque en el País Vasco son frecuentes las hayas, Uzcudun se asemejaba más a un acebo, porque a su comedida altura (1,78) añadía más de 90 kilos de fuerza sobrenatural.

Uzcudun era un boxeador que no sabía boxear. Subía al cuadrilátero, recibía una hondonada de hostias y cuando el rival estaba agotado sacaba un par de heterodoxos guantazos que le daban la victoria. Como tantos boxeadores que lo fueron antes y como otros que lo serían después, Uzcudun era el boxeador tonto. El amansado. El que se subía al ring con la vitola de inútil y perdedor y acababa ganando por constancia y por echarle un par de huevos. Y como muchos antes y muchos después era el preferido del público que, como es bien sabido, siempre se alía con el más débil.

Paulino empezó a demoler hombres como quien derriba columnas de acero. Primero se convirtió en campeón de España de los pesos pesados y luego se alzó como campeón de Europa en tres ocasiones diferentes. En 1933 era el año de su asalto al título mundial. Se enfrentó a los estadounidenses Jack Delaney y Harry Willis antes de intentar la irrupción al trono que en aquel entonces tenía el italiano Primo Carnera. A pesar de que Carnera era el gran favorito solo pudo ganar a los puntos. Uzcudun aguantó una ristra de puñetazos durante los 12 asaltos sin caer al suelo ni una sola vez ganándose el respeto del público transalpino.

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En 1934 Uzcudun comenzó la preparación de su segundo asalto al título mundial que tendría lugar al año siguiente ante Joe Louis. Perdería por K.O., la primera vez en toda su carrera y seguidamente anunciaría su retirada. Pero lo más relevante para nuestra historia es que en uno de esos duelos de preparación se enfrentaría en mayo de aquel año al alemán Max Schmeling en Barcelona.

Aquel combate había sido ideado por Daniel Strauss. Aunque alemán, Strauss sabía hablar español y, con chanchullos o no, estaba claro de que era un hombre de negocios. En 1929 se había celebrado en Barcelona la Exposición Universal y, como suele pasar en estas ocasiones, una vez acabada la fiesta nadie sabía qué hacer con las instalaciones. Strauss propuso crear una especie de ciudad del deporte y como muestra de buena voluntad se encargó de organizar el citado combate.

Así, entre idas y venidas, el empresario chabacano y el solícito púgil se hicieron amigos. Parece ser que el primero engatusó al segundo o sencillamente ambos se cayeron bien, pero el caso es que Strauss reveló a Uzcudun el funcionamiento del sistema del estraperlo y Paulino descubrió una forma más sencilla de ganar miles de pesetas que partirse la cara en un cuadrilátero.

Y luego, lo antes explicado.

La avaricia de los implicados iba a acabar pronto con el asunto. Rafael Salazar Alonso, alcalde de Madrid, viendo que sus compañeros de partido en el Gobierno se estaban haciendo ricos solicitó un aumento de la mordida. Al negarse los demás al chantaje, filtró información confidencial a la policía que se presentó en el Casino de San Sebastián precintando a punta de pistola las ruletas del estraperlo. Meses después sería otro ministro, en este caso Eloy Vaquero, el que haría lo propio en el de Pollença al no estar conforme con el reparto de comisiones.

Con este panorama, y al ver que los casinos eran clausurados, Strauss amenazó a Lerroux con sacar toda la verdad a la luz pública si seguían las clausuras de los casinos donde se había implantado el sistema del estraperlo. Lerroux decidió ignorar la extorsión y hacer la vista gorda, pero semanas más tarde Strauss escribía a Niceto Alcalá-Zamora, jefe del Estado, explicándole toda la verdad. El asunto rápidamente pasó a las Cortes y el 29 de octubre de 1935 Alejandro Lerroux se vio obligado a dimitir. Alcalá-Zamora tuvo que plantar al partido centrista y mirar más a su derecha, a los católicos de la CEDA, algo de lo que siempre renegó, por lo que tuvo la excusa perfecta para disolver las Cortes y anunciar unas elecciones anticipadas. El PRR, el único partido de masas que de verdad creía en la República se partió en mil pedazos en medio de un ambiente guerracivilista. Cuando en febrero del año siguiente tengan lugar las elecciones, el PRR pasará de los 102 escaños de 1933 a los 5 que logró en 1936.

¿Y Uzcudun?

Cuando el escándalo salió a la luz estaba en Nueva York preparando el combate contra Joe Louis. Al volver comunicó su retirada y se encerró en su casa, de donde sólo saldría meses más tarde para declarar en el juicio del estraperlo. Explicó que lo habían engañado, que no sabía nada de la ilegalidad de la trama y salió de rositas del asunto.

Y la gente se olvidó de él. Día sí y día también había disturbios, encarcelados o muertos en algún lugar de España. Y si Paulino Uzcudun era o no era un estafador no tenía la mayor importancia.

Y estalló la Guerra Civil. Y Uzcudun, un hombre que según decía tenía el hacha, el frontón y la iglesia como sus tres devociones, ya se sabía con qué bando iba a comulgar. Era un falangista de camisa vieja, afiliado número 785. Parece ser que miembros anarquistas estuvieron a punto de asesinarlo, pero unos militantes del Partido Nacionalista Vasco (PNV) lograron ocultarlo en un piso de Zarautz, cerca de San Sebastián.

El PNV acabaría lamentándose de dicha decisión.

Uzcudun pasó a liderar pelotones de fusilamiento en la provincia de Guipúzcoa sembrando el terror entre republicanos, nacionalistas y comunistas. Francisco Umbral decía, aunque no está verificado, que visitaba las cárceles para usar a los presos rojos como espárrines antes de ser ejecutados. Dicen, y esto sí que está demostrado, que formó parte de un comando que intentó liberar al líder falangista Primo de Rivera sin éxito de su presidio alicantino.

Al finalizar la guerra Uzcudun se estableció en Madrid y, aunque pasó los últimos años de su vida enfermo, vivió cómodamente en el barrio castizo de Chamberí hasta su fallecimiento en 1985. No obstante no gozó de todo el amor del Franquismo que esperaba recibir. Se da por probado que Uzcudun era homosexual (aunque se casó y tuvo cuatro hijos) y a pesar de su compromiso con la causa nunca fue aceptado del todo por las élites franquistas. Cuando a mediados de los 60 surja otro aizcolari vasco, rudo y fuerte llamado José Manuel Urtain sin el peso de la Guerra Civil a sus espaldas, Paulino Uzcudun pasará a ser un lejano recuerdo.

Ironías de la vida, la dictadura se sustentaría en sus inicios en un floreciente mercado negro. Unas prácticas ilegales, pero profundamente aceptadas, que se dieron a conocer con el nombre de estraperlo, palabra que desde entonces es sinónimo de chanchullo, intriga o negocio fraudulento. Así, por extensión, se denominó también estraperlo al comercio ilegal de los artículos intervenidos por el Estado franquista o sujetos a racionamiento entre 1936 y 1952. Aquello que un par de empresarios piratas, unos políticos corruptos y un boxeador pusilánime crearon en tiempos republicanos quedó asociado a los años del hambre del primer Franquismo.

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Especial Navidad: Entrevista a Franco

Acudo a la entrevista a la hora acordada. Me han dicho que es estricto con los horarios. Dicen que ha estado orando. Es tal y como me habían comentado. Bajito, rechoncho y débil desde su infancia, había compensado su fragilidad física con una fuerte determinación y un deseo de poder. Francisco Franco, veterano de la Guerra de Marruecos, general, caudillo, jefe del Estado, ganador de una guerra e instaurador de un régimen dictatorial tan personal que fue conocido como ‘Franquismo’, me recibe para esta entrevista.

Misterdato (P): Antes de nada, felices fiestas. Son sus primeras navidades lejos del Valle de los Caídos. ¿Cómo lo lleva?

Francisco Franco (R): Déjeme a mí también felicitar las fiestas a todos los buenos españoles. Me encuentro bien, la verdad. Es una humillación y un deshonor que me hayan sacado del lugar en el que merecía estar. Pero estoy en El Pardo, en mi casa, cerca de mi mujer, por lo que éstas son mis primeras navidades a su lado desde hace 45 años.

P: ¿Sin rencores entonces?

Francisco Franco (R): ¡Qué remedio! La Iglesia admite a los homosexuales, el ejército está infestado de mujeres y de sudamericanos y el sexo… ya sabe que yo nunca fui amigo del sexo. Para mí el mejor sexo era el campo de batalla. Y ahora lo único que veo son imágenes obscenas mire hacia donde mire.

P: Bueno. En todo caso esto es un blog de deportes y por eso lo hemos traído hasta aquí. ¿A usted le gustaba el deporte?

Francisco Franco (R): Sinceramente no mucho. No entiendo como a usted le puede gustar. Recuerdo cuando Adolfo Hitler montó aquellos Juegos Olímpicos. Siempre estuvo un poco loco, parecía que representaba una comedia. Yo sirvo a España. Me parezco más a Salazar, un hombre modesto e inteligente. No me gustan esos estadios llenos. Yo prefiero la sencillez de la naturaleza. Mis días de descanso eran para pescar y para cazar. Fíjese todos los récords que tengo y nunca he presumido de ellos.

P: Pero seguía la liga de fútbol todos los domingos. Creo recordar que le tocó una quiniela.

Francisco Franco (R): Era una afición, me ayudaba Carmencita. Otras veces era Vicente (médico personal del Caudillo). Pero el fútbol nunca me gustó. Tengo jugado al tenis o al golf, pero eran compromisos sociales. Yo era de echar la partida, cazar y sobretodo pescar. Me encantaba navegar con el Azor. Podía estar durante horas peleando con los salmones y con los atunes como si de rojos se tratase. Los mataba a palos. Bueno, ¡eran atunes rojos! (risas). Una vez estuviera cerca de una hora para pescar a uno de más de 80 kilos. A veces me cansaba, pero no podía decirlo. Un Caudillo de España ni suda ni se fatiga.

P: Se dice que le ponían las presas a tiro.

Francisco Franco (R): Envidias. Propaganda marxista. Yo cazando era tan feliz como un burro en un prado verde. Si he gobernado con mano de hierro España y ajusticiado a miles de personas; ¿de verdad cree usted que un mísero animal se me iba a resistir?

P: Hombre, visto así.

Francisco Franco (R): El Azor me encantaba. En verano tengo competido en alguna regata en la ría de La Coruña. Y era una maravilla porque tenía un teléfono a bordo desde el que podía hablar con mis ministros sin moverme del medio del mar. Con la caza había más problemas porque después de cazar a la fiera, había que comerla. En mis últimos años mi médico me prohibió la caza, porque cada vez que íbamos al monte volvía con unos cuantos kilos de más. Carmen me tenía que ampliar el fajín de Generalísimo cada dos por tres.

P: No quisiera importunarle Excelencia, pero seguimos sin hablar de deportes. Se lo digo porque liquidar animales en desigualdad de oportunidades no es deporte. Así que si me lo permite vamos a cambiar de tercio. Dice usted que no le interesa el deporte, pero en 1941 creó la Delegación Nacional de Deportes (DND) quedando todo club y competición deportiva subordinada a Falange a imagen y semejanza de lo que Mussolini había hecho en Italia.

Francisco Franco (R): Para los españoles no hay ninguna política extranjera que pueda funcionar. Mussolini moldeó una ideología original y poderosa. Pero nosotros nos guiamos por el espíritu, la inteligencia y el corazón. Recuerde que la Falange fue siempre un partido residual, lo que yo creé fue el Movimiento Nacional para aglutinar a todas las sensibilidades.

P: No sé si le gusta el toreo, pero me está toreando.

Francisco Franco (R): Le contesto, no se preocupe. Mussolini controlaba todos y cada uno de los clubes y asociaciones deportivas que había en Italia, que eran más de 1.500. Todos los grandes estadios de Italia, y muchos aún están hoy en pie como en Génova o en Turín, fueron pagados por el Estado. En Italia se construyó un estadio nacional con el nombre de Estadio Nacional Fascista. Creo que hoy juega allí la selección de rugby. Yo no puse ni una peseta en un estadio de fútbol. En Italia, en Francia, en Portugal o en Inglaterra hay un estadio nacional. En España nunca lo hubo. En España son los socios los que con su dinero levantan los estadios como pasó con el Atlético de Bilbao o el Real Madrid, y si no son los ayuntamientos con ayuda de mecenas locales como el del Deportivo de La Coruña. ¡Nosotros no teníamos ni dinero ni deportistas! ¿Ha visto usted alguna infraestructura que lleve mi sello? Yo me dediqué en cuerpo y alma a los pantanos.

P: Habrá quien diga que el estadio nacional de España es el Santiago Bernabéu. ¿Usted es simpatizante del Real Madrid?

Francisco Franco (R): Yo sabía que después de la II Guerra Mundial vendría la era de la concordia europea. Por eso no me dejé convencer por Adolfo y no entré en la guerra. Yo nunca fui del Real Madrid, pero entendí que el Real Madrid era un instrumento ideal para llevar el nombre de España por toda Europa y para que el resto del continente entendiese que nuestra lucha era la lucha de todos ante el contubernio judeomasónico.

P: Pero, ¿ese uso del Real Madrid como instrumento internacional no estaba preparado desde dentro? ¿Qué me dice de aquello de que las Copas de Europa del Madrid eran compradas por Franco?

Francisco Franco (R): ¡Qué me hace gracia! Es mejor que los chistes de Gila ¡Si yo no pintaba nada en Europa! Fíjese que Holanda, con tres veces menos habitantes, tenía un PIB superior al nuestro. Sencillamente aprovechamos la oportunidad. Lo único que hicimos fue favorecer la nacionalización de jugadores oriundos, hermanos de la España sudamericana. Aquel Real Madrid contaba con Domínguez, Santamaría, Rial o Di Stéfano u otros como Puskas que fueron rápidamente españolizados. Pero todo esto era cosa de López Bravo y sobretodo de Fernando Castiella, que fue un gran ministro de exteriores y también un gran madridista.

P: Mencionaba usted a Puskas. Su nacionalización fue exprés.

Francisco Franco (R): Era una cuestión humanitaria. Ese hombre escapó de la barbarie roja para poder vivir en paz con su familia en España. Pero también lo hicimos con Kubala y jugó en el Barcelona. Cualquier persona que estuviese en contra del comunismo era bien recibida. Esa es una lucha de la que nunca desfalleceré. Recuerde que se me conoció como ‘El centinela de Occidente’.

P: También como ‘Paquita’ o como ‘Cerillita’, aunque imagino que eso son apodos que prefiere no recordar. Aunque es cierto que usted fue un célebre azote del comunismo. Recuerdo que no permitió que la selección de fútbol jugase en Moscú los cuartos de final de la Eurocopa de 1960 quedando automáticamente descalificada. Tampoco dejó que el Real Madrid de baloncesto jugase eliminatorias europeas en la URSS a pesar de que el Madrid paseaba el nombre de España por el continente. Y sin embargo usted estuvo presidiendo el palco del Bernabéu cuando España derrotó a la URSS en la final de la Eurocopa de 1964, ¿cómo fue eso posible?

Francisco Franco (R): ¡Qué remedio! ¿Usted cree que en los 50 iba a permitir que se emitiesen películas subidas de tono o que las mujeres fuesen enseñando las piernas? Y en mis últimos años de mandato todas lo hacían. En 1939 todos los clubes deportivos saludaban con el brazo en alto y la selección jugaba con camiseta azul. ¡Hay que evolucionar! ¡Cómo si no iba a aguantar 40 años en el poder! No quería que jugasen en la Unión Soviética porque podían ser contaminados con ideas marxistas que acabaran con la pureza de aquellos muchachos. En 1964 era una final, y era en España, no me quedó más remedio que aceptarlo. Los rusos estuvieron vigilados las 24 horas del día y tengo que decir que tuvieron un comportamiento esplendoroso. Realmente nunca tuvimos ningún problema con ellos. Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

P: ¿Era simpatizante de algún equipo?

Francisco Franco (R): Como ya le dije nunca he sido futbolero. Sí que es verdad que durante un tiempo simpatice con el Atlético Aviación, lo que hoy es el Atlético de Madrid, aunque sin mucho entusiasmo. Tenía ahí a muy buenos amigos como el comandante Luis Navarro o el alférez Salamanca. Además el entrenador era el ilustre Ricardo Zamora, una leyenda de nuestro fútbol, un poco rojillo, pero supimos enderezarlo a tiempo. Y luego, supongo que por afinidad con la patria chica, siempre me ha interesado lo que ha hecho el Racing de Ferrol, esa tan bella ciudad que lleva mi apellido.

P: A decir verdad ya no lo lleva –afortunadamente-, pero ya que habla del Racing podemos hablar de la primera final copera tras la Guerra Civil, la primera Copa del Generalísimo. Sevilla contra Racing de Ferrol y que usted obligó a que se celebrase en Montjuïc.

Francisco Franco (R): Como ya le comenté antes hay que evolucionar. Aquella final de Copa se celebró apenas un par de meses después del fin de la guerra. Sí, es verdad, hubo venganza. Pero hay que tener en cuenta el momento. Yo quise que aquel partido se jugase en Barcelona. Se escuchó el himno de España y luego el ‘Cara al sol’ y una multitud de catalanes alzó el brazo al cielo en señal de respeto. El partido lo presidió el General Moscardó, el héroe del alcázar de Toledo, y su hija fue quien hizo el saque de honor. Los futbolistas dejaron una corona de flores en un monolito en honor a los caídos por Dios y por la Patria. El monolito, por cierto, fue de obligada presencia durante unos cuantos años en todos los estadios de España sin excepción.

P: No me queda más remedio que preguntarle por el tema más candente del momento; Cataluña. Y si nos referimos al mundo del deporte hay que preguntarle por el FC Barcelona. Hay quien dice que todo lo que estamos a vivir en la actualidad tiene como origen y como culpable a Francisco Franco.

Francisco Franco (R): Eso es una gran mentira. El problema catalán viene de muy atrás, de las Guerras Carlistas y del desastre español del siglo XIX. Fue Espartero, allá por 1842, el que dijo que por el bien de España habría que bombardear Barcelona cada 50 años. No fue el Caudillo, fue el general Espartero, un político liberal, de esos que eran apreciados por la República y que nosotros siempre hemos odiado. A los dos años de mi fallecimiento en Barcelona borraron mi nombre del callejero. ¿Sabe cuándo le quitaron la calle a Espartero? En 2008. Ese sí que era un dictador, no yo. Eso es algo pueril. Tiene más poder el presidente de los Estados Unidos que él que yo tuve nunca. Cataluña es un problema y yo quise unificarla a través de la familia, los municipios y los sindicatos.

P: No vamos a entrar en vicisitudes políticas, ya le he dicho que este es un blog de deportes. Pero marchemos a varios hechos concretos. ¿Qué me dice del famoso 11-1 del Madrid al Barça en la Copa de 1943? Se dice que los jugadores catalanes recibieron órdenes de perder.

Francisco Franco (R): Rotundamente falso. Mi objetivo siempre fue que con el deporte todos los pueblos de España estuviesen hermanados. Seamos civilizados. ¿No se cantaba ‘Los segadores’ en el campo del Barcelona? ¿El estadio no se llama ‘Camp Nou’ en vez de ‘Campo Nuevo’? ¿Puse yo algún impedimento? ¿Sabe cuántas medallas me dieron? No una ni dos. Y la última en 1974 cuando el presidente era Montal, un catalanista acérrimo. Aquella eliminatoria fue una vergüenza para todo español. En la ida hubo un recibimiento espantoso con insultos y altercados a los madrileños (el Barça ganó 3-0) y en la vuelta pasó lo mismo con los barceloneses. Y no hubo más. Y fíjese de mi equidistancia con el tema que al acabar el partido cesé a ambos presidentes, tanto al del Real Madrid como al del FC Barcelona, por el mal comportamiento de la afición en ambos casos y por actos subversivos contra España. Gracias a esa decisión Bernabéu se convirtió en presidente del Madrid, ¿y sabe que fue lo primero que hizo? ¡Acusarme de beneficiar al Barcelona!

P: Pero no me negará que el catalanismo del FC Barcelona siempre ha sido mal visto por usted.

Francisco Franco (R): Pero lo que yo le digo es que Francisco Franco hizo todo lo posible para evitarlo. Fue Primo de Rivera el que cerró el campo de Les Corts cuando se pitó al himno nacional. ¡Yo nunca he cerrado el Camp Nou! Le reitero lo dicho, no existió lugar durante el Franquismo donde se hablara más catalán que dentro del estadio. Y nunca puse ningún impedimento a sabiendas de que sucedía continuamente. ¡Dejar hacer y callar! ¡Cómo Pedro Sánchez! ¡Somos tal para cual!

P: Humor negro, Excelencia.

Francisco Franco (R): Es lo que queda. Eso, y mis recuerdos.

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De la final de las botellas al caso Guruceta (2ª parte)

Poco menos de dos años después de la llamada ‘final de las botellas’, Real Madrid y FC Barcelona volvieron a cruzar sus caminos en la Copa del Generalísimo. En este caso se trataba de una eliminatoria de cuartos de final que se resolvería en el encuentro de vuelta, un choque que pasó a la posteridad como el del ‘caso Guruceta’. En ese interludio de 24 meses ocurrieron un par de hechos sobresalientes. En una entrevista veraniega Santiago Bernabéu, presidente madridista, declaró sin pelos en la lengua: “No están en lo cierto quienes digan que no quiero a Cataluña. La quiero y la admiro mucho, a pesar de los catalanes. Y a quien admiro de verdad es a Vilá-Reyes. Ser presidente en Cataluña de un club que se llama Español es digno de admiración”. En esas mismas fechas, Narcís de Carreras, presidente azulgrana, acuñaría en un acto público una expresión que llevaría el significado del barcelonismo a una nueva dimensión: “El Barcelona es algo más que un club de fútbol, es más que un lugar de esparcimiento donde los domingos vamos a ver jugar al equipo. Más que todas las cosas es un espíritu que llevamos muy arraigado dentro”.

La Liga 1969-70 finalizó con el Real Madrid sexto. Era la primera vez que los blancos no iban a disputar la Copa de Europa. Hasta entonces lo habían hecho siempre al ser vigentes campeones europeos o vigentes campeones de Liga. La única opción que tenían de competir en el continente la siguiente temporada era ganar la Copa y así clasificarse para la Recopa. Al FC Barcelona tampoco le había ido mucho mejor, pero al menos finalizó cuarto (llevaba diez años sin conquistar la Liga) y se había clasificado para la Copa de la UEFA. La Liga la había ganado el Atlético de Madrid en dura pugna con el Athletic de Bilbao.

Total, que en cuartos se enfrentan los dos gigantes en el único torneo que les puede permitir salvar la temporada. En el Barça Manolo Reina había sustituido en la portería a Sadurní, Olivella se había retirado y en el centro del campo Pereda había dejado su lugar a Marcial. El principal cambio del Real Madrid era Sebastián Fleitas, un delantero paraguayo que no dio resultado, y la entrada en el once titular de Goyo Benito, un joven y duro central que haría carrera en la casa blanca. Con estos mimbres el encuentro de ida tiene lugar en el Bernabéu y el Madrid gana por 2-0 con mucha polémica. Desde Barcelona se reclama que el segundo gol, obra de Amancio, tiene lugar en claro fuera de juego.

La vuelta se disputa en el Camp Nou el 6 de junio de 1970. Como árbitro se designó al guipuzcoano Emilio Guruceta, un prometedor colegiado que esa temporada había hecho su debut en Primera División. Se trataba de un trencilla autoritario pero dialogante, que dejaba jugar al estilo inglés, a imagen de lo que hoy podría ser Mateu Lahoz. Cuando en 1987 fallezca víctima de un accidente de circulación el diario ‘Marca’ instaurará un premio que llevará su nombre para designar al mejor árbitro de cada temporada.

La primera parte no tiene gran historia, pero al filo del descanso un latigazo de Rexach pega en el poste y se cuela dentro. El FC Barcelona gana 1-0 y tan sólo necesita otro gol para empatar la eliminatoria.

El Barça sale en tromba en la segunda mitad y se suceden las ocasiones en el área defendida por Junquera. Pero en el minuto 14 de ese período el Madrid recupera el balón y lanza un contraataque comandado por Velázquez. Comienza una carrera que lo ha de llevar hasta el área contraria momento en el que es derribado por detrás por Rifé (el mismo que había centrado en el autogol de Zunzunegui dos años atrás). Guruceta pita penalti.

El problema es que el derribo había sido fuera del área. Pero no por unos escasos centímetros, sino por unos cuantos metros. La dificultad estriba en que la caída no es limpia. Velázquez se va trastabillando y acaba con el cuerpo dentro del área. Pero no es excusa. El error es de bulto, tanto desde la televisión como dentro del campo.

El Camp Nou estalla. Hay lluvia de almohadillas (ya no había botellas, pero sigue habiendo incómodos asientos de cemento que son aderezados por cojines) y los jugadores del Barça hacen amago de marcharse del campo, pero son frenados por el inglés Buckingham, técnico azulgrana, y que al llevar poco tiempo en España no sabe de qué va la película. La lluvia de almohadillas no cesa y entre una cosa y otra pasarán casi nueve minutos hasta que Amancio lance el penalti e iguale el partido (1-1). Es entonces cuando Eladio, capitán azulgrana, se acerca a Guruceta y le aplaude en tono de guasa. Guruceta saca la cartulina roja de su bolsillo y expulsa al catalán. Un trueno recorre el Camp Nou y a las almohadillas le siguen unos cuantos espontáneos que invaden el campo. Como sería el ambiente que hasta los jugadores del Real Madrid le piden a Guruceta que rectifique y no expulse a Eladio, pero será como predicar en el desierto.

El partido sigue jugándose a trompicones con continuos lanzamientos de almohadillas y continuos parones en el juego mientras el público grita con ironía “¡campeones, campeones!” a los madridistas. A falta de diez minutos para el final Rifé cae en el área pero Guruceta no pita penalti. Más abucheos y nueva entrada de hinchas al rectángulo de juego. Emilio Guruceta decide dar por finalizado el partido y dar por válido el empate que clasifica al Real Madrid. En el acta del encuentro el colegiado vasco especificará que cayeron “más de 30.000 almohadillas” sobre el césped del Camp Nou.

El postpartido es de traca. Miles de aficionados barcelonistas se concentran en el entorno de la Plaza Canaletas gritando consignas que mezclan el deporte y la política hasta que la policía disuelve a los manifestantes. Bernabéu, fiel a su estilo, declara; “ha sido un penalti como una casa”. Pero lo que avivará el fuego son las declaraciones de Antonio Calderón, gerente madridista: “Ha pasado lo que suele pasar en cualquier pueblo”. De traca. Con menos los CDR te montan una barricada en Barcelona. Agustín Montal, un joven de 35 años que apenas unos meses antes había sustituido a Carreras en la presidencia azulgrana, no entra al trapo, y bien asesorado se limita a pedir que el partido se repita a partir del minuto 59, eso sí, eliminando de la escena el penalti que considera “un robo”.

La RFEF quiere dar por finiquitado el partido e imponer una sanción al FC Barcelona por el lanzamiento de objetos. Pero la indignación en Cataluña es brutal. El asunto pasa directamente al Consejo de Ministros. Y se decide intentar contentar a todos. En primer lugar el partido se da por terminado con la clasificación del Real Madrid a pesar de que faltan diez minutos por jugarse. En segundo término se castiga a Eladio con dos partidos de sanción por menosprecio al árbitro, pero a cambio se decide no clausurar el Camp Nou. Y por último se suspende de empleo y sueldo a Emilio Guruceta durante seis meses “por alteración del orden público”.

Pero eso no bastó para aplacar la indignación catalana. Era 1970 y lo que antes era sumisión ahora es rebeldía. Hubo que pasar a la pela. En las semanas siguientes el Consejo de Ministros libera 50 millones de pesetas que sirvieron para que el Barça construyera el Palau Blaugrana y la pista de hielo.

El Real Madrid eliminó al Athletic en semifinales y se clasificó para la final a disputar ante el Valencia. El partido se celebró en el Camp Nou en medio de un ambiente terrible hacia los madridistas que aun así lograron alzarse con el título tras vencer por 3-1. Cuando Franco entregue el trofeo a Gento, capitán madridista, el estadio se tornará vacío salvo por la presencia de unos cuantos miles de aficionados merengues.

Guruceta no volvió a arbitrar al FC Barcelona en más de 17 años de carrera. Muchos años después de su muerte una investigación de la UEFA demostró que había recibido un millón de francos suizos para facilitar la victoria del Anderlecht ante el Nottingham Forest (3-0) en las semifinales de la Copa de la UEFA de 1984. La noticia fue portada en la prensa deportiva catalana e intensificó el dolor por el recuerdo del ‘caso Guruceta’.

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De la final de las botellas al caso Guruceta (1ª parte)

Ahora que parece que por fin se va a disputar el Barça-Madrid es sugestivo rememorar otros clásicos plagados de odio, vísceras y altas dosis de política. En este blog ya hemos repasado la relación entre el FC Barcelona y la identidad catalana a través de una trilogía de artículos que nos llevaban desde los albores del nacionalismo hasta la Transición. En toda esta epopeya histórica tanto Madrid como Barça representan a disgusto o por convicción los papeles de españolidad y de catalanidad. Mas a pesar de los niveles de exaltación patriótica de la actualidad aún no se ha superado el cataclismo del bienio 1968-70, cuando en plenos estertores del Franquismo a la ‘final de las botellas’ le siguió el ‘caso Guruceta’.

La llamada ‘final de las botellas’ no es más que el calificativo con el que la posteridad recuerda la polémica final de Copa (entonces del Generalísimo) que enfrentó a FC Barcelona y a Real Madrid en 1968. Por entonces la Copa se empezaba a disputar en mayo una vez consumada la Liga. En el torneo de la regularidad el Real Madrid había ganado con claridad liderando la tabla desde el inicio de la segunda vuelta. Era el séptimo título consecutivo de los merengues. En la Copa vencieron al Sevilla y al Zaragoza para arrollar al Celta de Vigo en semifinales y clasificarse con holgura para la final.

El Barça tenía puestas sus esperanzas en la Copa. En semifinales se enfrentó al Atlético de Madrid, por aquel entonces club con más enjundia que los catalanes. En la ida ganaron los rojiblancos por 1-0 pero acabaron el duelo indignados por lo que consideraban un mal arbitraje. En la vuelta el Barça ganaba 2-1 a escasos segundos del final, lo que conducía a la prórroga (no había valor doble de los goles en campo contrario), pero el colegiado del encuentro aplicó un tiempo de descuento excesivo que permitió a Zaldúa anotar al filo del minuto 99 y clasificaba al Barça para la final.

El árbitro de ambos encuentros fue el mallorquín Antonio Rigo, acreditado colegiado con fama de barcelonista. Había dirigido 11 de los 30 partidos del Barça en aquel campeonato y también los cuartos de final ante el Athletic. La prensa madrileña sacó el látigo y en medio de aquel follón se conoció que Rigo iba a ser el árbitro de la final entre el FC Barcelona y el Real Madrid. Por si la polémica fuese poca hubo que retrasar varios días la final por problemas de agenda de Franco, lo que hizo sino aumentar la vorágine escritora de los periodistas.

El partido se iba a disputar el jueves 11 de julio de 1969, único día posible en la agenda del Caudillo. El Madrid no estaba de acuerdo con la designación arbitral y el Barça mostraba su indignación porque el choque se tendría que disputar en el Santiago Bernabéu, una ofensa contra la neutralidad de la final.

El Madrid tiene a tres titulares lesionados, el lateral Calpe, el cerebro Velázquez y la leyenda Gento. El Barça cuenta con su once de gala incluido a Carles Rexach, un joven extremo que había debutado esa temporada y que estaba considerado la gran perla del fútbol español. El Bernabéu estaba a reventar con más de 100.000 espectadores en las gradas con lógica mayoría madridista. En el palco de autoridades las vacas sagradas del Franquismo junto a Bernabéu, el presidente que convirtió al Real Madrid en el club de fútbol más importante del mundo, y a Narcís de Carreras, el presidente que acuñó la frase ‘més que un club’ y que ha definido la trascendencia social del FC Barcelona hasta nuestros días.

Apenas seis minutos después del pitido inicial, el azulgrana Rifé se interna por la banda izquierda y centra al corazón del área blanca. Zunzunegui se prepara para despejar el balón con una fuerte volea, pero con tan mal tino que se trastabilla y proyecta un perfecto remate que se cuela en la portería defendida por Betancort. Gol en propia puerta. Silencio sepulcral en el Bernabéu y el Barça se adelanta por 0-1.

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Zunzunegui anotó el tanto más desafortunado de su carrera

El Barça se echa atrás y el encuentro se convierte en un monólogo madridista. Minutos después Pereda, con la pierna en alto, golpea al madridista José Luis que queda largo rato conmocionado en el terreno de juego. Hay protestas en el graderío. Un poco más tarde es Serena el que es cazado con dureza por Gallego. Aún no había aparecido Cruyff por Barcelona y no se sabía lo que era el ‘fútbol total’. El Barça era un equipo que daba mucha leña, tal y como mandaban los cánones a finales de los 60.

Minutos después el propio Gallego caza a Pirri que vuela por los aires y sufre una luxación de clavícula. Pirri acabaría el partido con el brazo doblado hacia arriba anticipándose a la icónica imagen de Beckenbauer con el brazo en cabestrillo del Mundial de 1970. Es entonces cuando caen las primeras botellas al césped. Los aficionados iban al estadio con botellas de cristal. A diferencia de lo que ocurre en la actualidad aquellas botellas estaban llenas de alcohol, el cual, tras pasar por el tubo digestivo y ser descompuesto a partes iguales por el intestino y el hígado, viaja a través de la sangre hasta el cerebro para convertir al brazo de un ciudadano ejemplar en un arma de destrucción masiva.

Entre tanta mala leche también hay tiempo para el buen fútbol, donde resplandecen los regates de Amancio, pero mucho más las extraordinarias paradas del azulgrana Sadurní. Poco después del inicio de la segunda parte se desata la locura. Serena enfila el área y la parte en dos cual cuchillo hasta que es cazado por Eladio. Rigo dice que no ha pasado nada. Que siga el juego. Las botellas llueven sobre el Bernabéu. A decenas. A cientos. A miles. Botellas de cristal. De tercio de litro. De cerveza y también alguna de Coca-cola y de Kas. Lo normal entonces era tirar almohadillas. Aquello de las botellas era lo nunca visto.

El juego se para, pero minutos después hay otra entrada de juzgado de guardia. En este caso el derribado es Amancio. Vuelven a llover las botellas. Montones de botellas. Sadurní decide meterse dentro de su propia portería esperando que la red le proteja de los impactos. Los jugadores del Madrid se dirigen al público pidiéndoles que dejen de lanzar objetos, pero la masa está extasiada y no cesan de arrojar todo lo que tienen a mano.

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Sadurní recibió un aluvión de botellas dentro de su área

A partir de entonces, y hasta el final del choque, cada vez que un jugador del Barça tenga que sacar de banda o lanzar un córner recibirá como obsequio unas cuantas botellas. En el último cuarto de hora apenas se juega al fútbol y el Barça consigue aguantar el chaparrón y proclamarse campeón de Copa gracias al tempranero gol en propia meta de Zunzunegui.

El capitán Zaldúa se dirige al palco para recibir el trofeo de manos de Franco y el estadio grita de forma unánime ¡Rigo, campeón! visiblemente disconformes con la actuación del árbitro mallorquín. Aun cuando el Barça se retira al túnel de vestuarios caerán unas cuantas almohadillas sobre la cabeza de los futbolistas, una vez que las botellas han pasado a mejor vida.

Pero el intríngulis de la ‘final de las botellas’ tendrá lugar en el palco. Entre los presentes está Camilo Alonso Vega, veterano de las guerras de Marruecos y por entonces ministro de Gobernación. Al parecer su mujer se acerca a Bernabéu y le dice: “¡Qué desgracia, hemos perdido!”. Alonso Vega la acerca a su lado, la reprende y le indica que felicite al presidente del FC Barcelona. Ella se vuelve hacía Narcís de Carreras y le espeta: “Felicidades. Porque Cataluña también es España, ¿verdad?”, a lo que éste replica: “Señora, no fotem”, expresión que no necesita traducción.

En Barcelona se espera una fuerte sanción para el Real Madrid. La federación no hace nada. No es el Real Madrid el que ha organizado el partido. Al ser la final de Copa la organización corre a cargo de la propia Federación. Si la Federación decide sancionar, tendría que sancionarse a sí misma. Por lo que va a ser que no. Barcelona estalla de indignación. La única decisión que toma la RFEF es prohibir la venta de líquidos en botellas de cristal dentro de los estadios de fútbol. Desde entonces los vasos de plástico se hicieron un hueco en los graderíos del balompié español.

Por su parte el Real Madrid decidió recusar a Antonio Rigo. Nunca más volvió a dirigir a los de Chamartín. El FC Barcelona contraatacó haciendo lo propio con Ortiz de Mendíbil, uno de los mejores colegiados del mundo pero simpatizante madridista que en 1966 había alargado un Madrid-Barça durante 11 minutos hasta que los blancos marcaron el gol de la victoria. Rigo siguió arbitrando al resto de clubes de la Liga hasta que en 1975 fue obligado a retirarse al aparecer su nombre en una trama de corrupción que la llegada de la democracia dejó en el olvido.

Para el Barça que el Madrid no fuese sancionado tras la ‘final de las botellas’ era un síntoma más del poder del Madrid. Para los merengues que aquella final fuese dirigida por Rigo no hacía más que demostrar que las protestas llegadas desde Barcelona no eran más que lloreras, y que gracias a esas lloreras conseguían lo que querían.

Una vez retirado Antonio Rigo admitió que tras la ‘final de las botellas’ se hizo profundamente antimadridista. Obviamente para los blancos ya lo era antes de esa final. Lo único cierto es que aquella imagen del césped del Bernabéu lleno de botellas dio la vuelta al mundo y que el Barça consiguió sumar un nuevo título en su palmarés en casa del eterno rival.

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Rigo, el gran protagonista de ‘la final de las botellas’

P.D: Hubo que tirar de fotografías en prensa y de las crónicas de los periodistas para comprobar que hubo ‘final de las botellas’. Tanto en el resumen del NO-DO como en la retransmisión de TVE se evitó mostrar imágenes que incitasen a la polémica y a la violencia.

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