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Gerard Piqué. Políticamente incorrecto

En Francia, cuando un niño hace una pregunta embarazosa de esas a las que los padres no saben que responder se le llama cariñosamente ‘l’enfant terrible’. Esa expresión pronto pasó a ser una coletilla que se le concedía a aquellos jóvenes y no tan jóvenes con opiniones, comentarios o acciones que vamos a tildar de incorrectas o desmesuradas. En los tiempos modernos esa conducta ha pasado de ser socarrona o divertida a grosera o incívica. Se la ha puesto la etiqueta de ‘políticamente incorrecto’.

Gerard Piqué es un magnífico futbolista. Posiblemente se trate del mejor central de su generación y probablemente es uno de los cincuenta mejores defensas de todos los tiempos. Rápido, altivo, con buen juego de pies y de cabeza, sus méritos sobre el césped se solapan con sus comentarios más allá del rectángulo de juego. La última de sus chiquilladas tuvo lugar en el derbi barcelonés ante el Espanyol cuando tildó despectivamente al conjunto blanquiazul por tener su estadio en Cornellá (población limítrofe a Barcelona) y por ser presidido por un empresario chino.

https://www.youtube.com/watch?v=Ap_tD5aXP84

Todo lo que Piqué dijo es cierto. Sin cortapisas. El problema no son las palabras. Al final las palabras no son más que la unión de un conjunto de letras. El problema es el uso que se hace de ellas. Lo que significan esas palabras. El cuándo, el cómo y el porqué de expulsarlas por la boca. Es la interpretación, el contexto y la entonación lo que hace que una frase se convierta en algo más hiriente que una espita de pólvora.

Piqué es un maestro en el arte de herir, en el sarcasmo y en lo soez. Piqué se ha ganado el odio o la indiferencia de muchos que admiran su compostura y su carácter como futbolista.

Pero tal y como esto es cierto, y hasta es admitido por muchos aficionados del Barça, lo que Piqué dijo sobre el Espanyol es íntegramente cierto. Absolutamente cierto. Es un club que se está desarraigando de su lugar de origen, que se ha trasladado a otra localidad y cuya propiedad está en manos de propietarios asiáticos. Guste o no guste. Y hasta el más perico lo debe de admitir. Piqué actúa con sarcasmo y con la voluntad de herir. Quienes se sintieron ofendidos también lo sabían. Y todos, ofendidos o no, sabían que la ofensa es lo que hiere. La mentira no puede hacer daño porque es mentira. La verdad duele, porque es real.

Es por ello que he querido recordar alguna frase ‘políticamente incorrecta’. No quiero defender al deportista que perpetro esa ofensa. Piqué se equivocó, como tantas otras veces. Pero no mintió, hirió con la verdad. Simplemente quiero hacer constatar que vivimos en unos tiempos ‘happy flower’ y que muchas veces nos rasgamos las vestiduras por comentarios que sí, son groseros, pero lo son porque son verdad. Los Piqués de turno son estúpidos e insoportables por decirlo. Pero son por expresarlo, no porque lo que digan no sea verdad.

MARADONA: “Espero que los napolitanos me apoyen. Nápoles no es Italia. El norte les pide que sean italianos por una noche mientras los insultan los 364 demás días del año. Deberían animar a Argentina”.

En la semifinal del Mundial de Italia en 1990 se enfrentaron en Nápoles la Argentina del ídolo local y la selección italiana. Maradona pidió el apoyo del público, pero los napolitanos finalmente animaron a su selección. Durante una semana la polémica fue colosal y meses después Maradona daba positivo por cocaína y abandonaba la liga italiana. Se sabía que consumía desde años atrás, pero no fue hasta ese momento cuando fue sancionado.

Todo lo que dijo Maradona era hiriente, pero era verdad. El sentimiento italiano en Nápoles era y es limitado y el amor al astro argentino era grandioso. En el opulento norte se utiliza la expresión racista ‘terrone’ para referirse a los inmigrantes napolitanos y sicilianos.

CRISTIANO RONALDO: “Me pitan porque soy guapo, rico y un gran futbolista”.

El Real Madrid había vencido 6-2 al Dinamo de Zagreb en un partido de la primera fase de Liga de Campeones, pero Cristiano decidió buscar gol tras gol sin obtener premio en varias jugadas cuando sus compañeros estaban desmarcados. El público del Bernabéu lo despidió con pitos, y el escándalo fue de órdago. Fue la primera de muchas ocasiones en las que Cristiano Ronaldo se hizo de rogar y exigió cariño a la afición blanca.

Al igual que Piqué, Cristiano es un futbolista tan extraordinario como inaguantable fuera del terreno de juego. Todo lo que dijo puede ser calificado de vanidoso o egocéntrico. Pero todo ello también era la simple y llana realidad.

JOSE MOURINHO: “No me llaméis arrogante. Pero soy campeón de Europa y soy especial. Wenger, Ferguson o Benítez nunca serán tan especiales como yo”.

El mérito de la sentencia es que tuvo lugar en la previa de las semifinales de la Liga de Campeones del 2010. El Inter (comandado por Mourinho) eliminó al Barça, y luego derrotó en la final al Bayern consiguiendo su primer título en 45 años y el segundo como entrenador para el portugués.

Fanfarrón como pocos, en lo que a títulos se refiere pocos pueden competir con Mourinho. Quizás Ferguson, pero nunca sus odiados Wenger y Benítez.

DAVOR SUKER: “La pretemporada está siendo muy dura. Nos levantamos a las 9 de la mañana”.

Las críticas al exnovio de Ana Obregón fueron terroríficas. La afición del Real Madrid exige tanto o más que la calidad, el esfuerzo y la entrega continúa de sus jugadores. La relación de Suker y de la grada nunca fue la misma y pronto fue sustituido por Morientes. Las comparaciones con mineros, obreros y demás miembros del proletariado surgieron de manera inmediata.

Fuera de tiesto, estúpida o sin sentido, así podríamos calificar la sentencia. Más, hagamos un esfuerzo y llevémosla al contexto y al limitado cerebro de un futbolista profesional. Los equipos de fútbol suelen entrenar como máximo dos horas y a media mañana. En pretemporada las sesiones o son vespertinas o si son matinales son mucho más suaves. Entrenar en julio a las 09:00 a.m es un sacrificio para un futbolista. Políticamente incorrecto. Sí. Estupidez. Sí. Mentira. No.

JOHN BENJAMIN TOSHACK: “El domingo me cargaría a todos los jugadores. El martes, sólo a ocho. El jueves creo que los culpables son dos o tres. Al final acaban jugando los mismos 11 cabrones de siempre”.

Corría el año 1999 y esa y otras sentencias memorables le costaron el puesto a mitad de temporada al entrenador galés del Real Madrid. Fue acusado de maltratar psicológicamente a la plantilla, de no saber imponerse en el vestuario y la prensa inició una campaña de desprestigio considerándolo un entrenador anticuado y desfasado.

Toshack no hizo otra cosa que manifestar una realidad que ocurre en todos los equipos y, primordialmente, en los grandes equipos. Tras un mal partido, las estrellas son criticadas y se anuncian cambios. Al final, la presión presidencial, de los medios y de la afición hace que el entrenador vuelva a alinear a las estrellas relegando al banquillo a los jugadores con menos nombre.

VUJADIN BOSKOV: “Prefiero perder un partido por nueve goles, que nueve partidos por un gol”.

Amistoso de pretemporada en 1979 entre el Bayern y el Real Madrid y a los madrileños les caen nueve goles. Vergüenza y humillación, pero el bueno de Boskov, el de frases tan memorables como “fútbol es futbol” prefiere quitar hierro al asunto. La prensa madrileña se lanzó a degüello y apeló al honor y a los valores merengues.

Boskov tenía razón. Es de Perogrullo. Y además era pretemporada, No tenía importancia. Una derrota es derrota sea como sea. Su frase sólo es la constatación de un hecho.

ALLEN IVERSON: “No voy a entrenar a nadie que gane más dinero que yo. No habría respeto”.

Así contestó Iverson cuando en la rueda de prensa en la que anunciaba su retirada le preguntaban si tenía pensado ser entrenador. Fue calificado como prepotente, soberbio y niño mimado, algo que, por otra parte, fue siempre su etiqueta de presentación en una carrera problemática y volcánica en la NBA.

Las palabras son irrespetuosas. Si nos centramos en el contexto veremos que no. Lo que Iverson manifestaba como ‘enfant terrible’ que fue durante toda su vida profesional es que los jugadores tienen mucho poder económico y no pueden tener respeto por la figura de un entrenador con un puesto de trabajo precario y con un sueldo notablemente inferior al de las estrellas de los equipos. Lo que hizo Iverson fue diagnosticar un problema. El problema de la falta de respeto y de disciplina en los vestuarios.

NOVAK DJOKOVIC: “Tenemos más espectadores que en los partidos de chicas. Nosotros debemos ganar más”.

La frase políticamente incorrecta por excelencia. Ha sido pronunciada por Djokovic recientemente, pero al igual que para él, es un mantra para todos los tenistas. Las críticas del movimiento feminista al mundo del deporte son, han sido y serán salvajes. En plena lucha por la paridad de salarios y la igualdad de oportunidades, el tenis, quizás la disciplina femenina más seguida tanto por hombres como por mujeres, siempre está en el centro de la polémica por la igualdad de salarios.

Lo cierto es que hay equipos, deportistas y disciplinas que generan más ingresos, y por lo tanto más beneficios. La igualdad y la paridad deben estar presentes en el deporte aficionado. En el deporte profesional el seguimiento del público funciona de corrector como la oferta de la ley y la demanda lo hace en el mercado. Y lo cierto es que por agresividad, fondo físico, potencia, velocidad y plasticidad, el tenis masculino es más seguido que el femenino, y por lo tanto es de lógica que los tenistas obtengan más ingresos que sus compañeras féminas.

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Los límites del ser humano

Los deportes individuales tienen un hándicap frente a los colectivos. Estos últimos representan un sentimiento de identidad unitario a los que jamás podrá llegar un único deportista por sí mismo. Ergo, el llanero solitario otorga un plus al aficionado; no sólo compite contra otros, también lo hace contra el tiempo. La gracia del atletismo o de la natación no sólo está en ganar. La emoción, la leyenda y la atención del público radican en batir récords, acabar con lo nunca visto. Luchar contra la historia. Luchar contra el tiempo.

Hace unos años los científicos del Instituto de Investigación Biomédica del Deporte en Francia aseveraron que en dos décadas, allá por 2030 o quizás 2040, la raza humana alcanzará el límite de sus capacidades fisiológicas. No se podrá correr más rápido, saltar más alto ni ser más fuerte. Se analizaron más de 3000 récords mundiales de atletismo, natación, ciclismo y patinaje y testificaron que entre 1896 (año de los primeros Juegos Olímpicos) y 1968 se superaron frecuentemente y con notable margen las diferentes marcas deportivas. Desde entonces esa diferencia se produce de forma más lánguida y paulatina. Consideraron que a comienzo del siglo XX el ser humano funcionaba con el 75% de sus capacidades fisiológicas frente al 99% de la actualidad. Con estos datos científicos aseveraron que en 2027 sólo se mejoraran las marcas mundiales en un 0,05%. Desarrollaron para ello una curva matemática llamada asíntota que llegará al 100% de rendimiento humano en un cuarto de siglo.

Bajo este prisma se supone que en 2050 tendremos que medir los récords del mundo de maratón en centésimas, los de levantamiento de pesas en gramos y para los 100 metros lisos tendremos que decirle al Iphone 50 que nos calcule los nanosegundos de rigor.

¿Se nace o se hace? A grandes rasgos somos todos iguales, pero unos resaltamos más que otros en función de las barreras genéticas. Ahí se nace. Luego existen diferentes barreras alimenticias, de hábitat, sociales y de entrenamiento. Ahí se hace. La superélite necesita nacer y hacerse, fundamentalmente en los deportes contranatura. En las disciplinas de equipo (fútbol) o cara a cara (tenis) es más importante el hacerse que el nacer. En aquellas contra la naturaleza (atletismo) es más importante el nacer que el hacerse.

Tras casi 150 años de historia del deporte moderno, la evolución y profesionalización de los entrenamientos y de los utensilios de apoyo para la competición ha ido borrando e igualando las barreras del hacerse. Cualquier nadador o ciclista aficionado puede igualarse en alimentación o en régimen de entrenamiento con un deportista de élite. Sólo cuestiones económicas pueden impedírselo, pero el hiperprofesionalizado e hiperpublicitario mundo deportivo es quizás el único ámbito de la vida que puede convertir a un pobre en millonario. Todo ello ha eliminado barreras y facilitando que aquellos dotados genéticamente maximicen su potencial y logren la máxima eficacia en una disciplina.

Según el citado estudio francés, se argumenta que mientras se mantengan las actuales reglas y no se permitan que las drogas aumenten la capacidad de los deportistas y los cuerpos no sean modificados con órganos y músculos artificiales, no veremos más récords del mundo. Pero como siempre el ser humano se guarda la capacidad de sorprendernos y de llevarle la contraria a la ciencia. No estaba previsto un Usain Bolt y apareció. Y otro nuevo aparecerá. Porque el ser humano no es sólo cerebro, también es alma.

Mike Powell saltó 8,95 en 1991 batiendo la legendaria marca de Bob Beamon de 8,90. Inalcanzable. Dicen. Se batirá. Claro que se batirá. Se pasará de los 9 metros. Los velocistas practicaban la longitud en tiempos pasados. La falta de interés del público y su menor repercusión económica han dañado a las disciplinas de saltos y de lanzamientos. Ahora mismo no interesan. Pero volverá su momento. Y un patrocinador sabrá aprovecharlo y exprimir los genes de un atleta que salte más de 9 metros.

https://www.youtube.com/watch?v=aU4sT-fqXts

Pero hay otros factores diferenciales. Muchos otros que los científicos franceses no valoraron. Ya se sabe que los profesionales del raciocinio se olvidan frecuentemente del poder del corazón.

La cabeza. El deseo. La voluntad. El arresto. La fe. La ambición. La presión. En definitiva, la psicología. Poder con lo que se te viene encima. Tener avaricia por conseguir lo inalcanzable. Y el rival. Sin un rival no puedes exprimir tus virtudes. Sin rival no hay presión ni ambición. Todo gran campeón necesita su némesis, alguien que le lleve al límite.

Y el tercer factor es la suerte. Ante la dictadura de la tecnología nos olvidamos de que el deporte es un juego de azar. Y todo componente de azar se puede preparar y prevenir pero nunca eliminar. Una caída, una lesión, o una enfermedad pueden trastocar años de preparación. Y `un buen día´ puede convertirte en leyenda.

En un simposio celebrado en 1982 la holandesa Wil van Breukelen, entrenadora de natación, afirmó que “las chicas con las uñas pintadas no ganan nunca”. Entendía que ese aspecto revelaba un interés ajeno al deporte que les convertía en débiles. Evidentemente es una tontería. Pero es el aspecto psicológico de la aseveración lo que hay que analizar. Si la chica en cuestión piensa que si pinta las uñas no va a ganar, no va a ganar. Si el deportista está convencido de que si come una barra energética va a ganar, va a ganar. Si está convencido de que si come un pastel de crema va a ganar, va a ganar. La ciencia seguirá avanzando, los entrenamientos mejorando, los genes serán seleccionados y los caballos continuarán ganando y los asnos perdiendo. Pero una cosa debe quedar clara. Si el asno tiene fe posiblemente no le llegue para ganar, pero un pura sangre – por muy pura sangre que sea- si no tiene fe tampoco ganará.

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Templos del fútbol (4ª parte y final. Wembley y Maracaná)

Si alguien ha tenido la paciencia, fuese por gusto o por convicción, de leer u hojear los tres anteriores artículos que versaban sobre los estadios de fútbol de ayer y de hoy y su significado en la arquitectura y en la sociedad contemporánea, debería haber notado que hay dos de ellos que no han sido reseñados. Cualquiera que se considere un buen aficionado se habrá percatado de que los dos grandes templos de ambos hemisferios han sido omitidos.

Al norte de este planeta está el más grande templo futbolístico de la antigüedad; que no es otro que Wembley. Sí, es cierto, Wembley sigue en pié. Pero es uno nuevo. No es Wembley. Lleva el mismo nombre y está en el mismo barrio londinense. Pero no es el mismo estadio. Por otra parte, en el hemisferio sur está el más grande santuario futbolístico aún en pie; Maracaná. Quizás el lugar con mayor aroma de fútbol y con mayor significado para un pueblo.

WEMBLEY (Londres. 1923-2002): Basta el nombre para evocar el mito. Un templo del fútbol mundial lleno de encanto, de desafíos legendarios disputados a la sombra de aquellas 39 gradas que llevan al palco real, para entrar por derecho propio en la historia del balompié. Ganar en Wembley no es como ganar en cualquier otro lugar. Es el estadio donde sólo juega la selección inglesa y donde se disputan la final de la F.A.Cup amén de alguna que otra final europea, siempre bajo la atenta mirada de la realeza británica. Es por eso que el Real Madrid, a pesar de su basta historia, nunca ha jugado en Wembley, por lo menos en el viejo Wembley.

Y es que en una decisión incomprensible se decidió demoler este símbolo del fútbol para edificar uno nuevo a escasas yardas. Un símbolo que nació de pie.

La leyenda prorrumpió en su primer encuentro. En la primera final copera del nuevo estadio. Se estima que en abril de 1923 acudieron unas 200.000 personas a presenciar el encuentro entre el Bolton Wanderers y el West Ham. Se sobrepasaba con más del doble la capacidad del campo y la gente saltó todas las barreras ocupando incluso el terreno de juego. Un policía a lomos de un caballo blanco, de nombre Billy, se colocó en el centro del campo y empezó a dar vueltas formando círculos cada vez de mayor diámetro. Poco a poco la gente se fue apelotonando fuera de las líneas del campo y se permitió que 130.000 de aquellos valientes presenciarán una final que pasó a la historia como la ‘The White horses final’ (la final del caballo blanco).

El estadio de Wembley (nombre de la villa al norte de Londres que lo acoge), se llamaba realmente Empire y fue construido con motivo de la Exposición del Imperio Británico de 1924 bajo orden de los arquitectos John Simpson y Maxwell Ayerton. El conjunto resultante fue una imponente cubierta y un único anillo de gradas con algo más de 100.000 espectadores, y, lo más extraordinario, con la mitad de ellos sentados, algo inaudito por aquel entonces. El exterior refleja la suntuosidad del proyecto con las fachadas de estilo victoriano y las dos torres blancas gemelas de 38 metros de alto que dan la bienvenida a la entrada principal. Esa majestuosidad lo ha diferenciado siempre del resto de estadios ingleses caracterizados por una arquitectura básica, integrada en el entorno y poco llamativa.

Wembley también era de leyenda por su pista de atletismo y por el encadenamiento de las gradas que daban continuidad al perímetro. Es decir, visualmente parecía que las gradas estaban próximas al césped a pesar de la separación creada con las ocho calles de tartán. En Wembley se celebraron los Juegos Olímpicos de 1948, cinco finales de la Copa de Europa y el evento más importante de la historia del fútbol inglés, la victoria ante Alemania por 4-2 en la final del Mundial de 1966. Pero quizás el hecho más selecto fuese la derrota de la selección inglesa ante la húngara por 3-6 en 1953 en el denominado “partido del siglo”. A raíz de aquella derrota se creó la Copa de Europa y la Eurocopa y los conjuntos británicos abandonaron definitivamente su aislacionismo y admitieron que su supuesta superioridad era inexistente.

El 7 de octubre de 2000 el estadio se despidió con una derrota inglesa ante la selección alemana. Dos años después comenzó la demolición. El nuevo estadio, de más de 90.000 espectadores, incorpora un arco de 113 metros que pretende igualar en misticismo a las dos torres blancas. ¿Qué hubiese costado haberlas mantenido? ¿Modernizar en vez de destruir? ¿O trasladar esas torres a un nuevo estadio? Eso sí, por lo menos han mantenido los mismo 39 escalones del viejo Wembley para llegar al palco real. El hilo conductor de un estadio que no debería haber dejado nunca de existir.

MARIO FILHO ‘MARACANÁ’ (Rio de Janeiro. 1950-): Maracaná es Brasil. La imagen de Brasil son las playas de Copacabana, el Carnaval de Río y el coloso de cemento. La unión de los brasileños con el fútbol es la conexión entre negros y blancos. En un mundo dominado por los blancos, los negros debían adaptarse a sus costumbres y hábitos si querían progresar en la sociedad. El fútbol permitió una unión de razas, pero la forma de jugar era muy distinta. Los chicos blancos jugaban de forma académica al estilo aprendido a través de los comerciantes ingleses. Los chicos negros jugaban saltando, sonriendo y bailando, incorporando al fútbol el baile aborigen de la capoeira. Al igual que ocurrió con el baloncesto en Estados Unidos, la forma de jugar de los negros fue vilipendiada, especialmente tras el Maracanazo. Pelé y los triunfos de la ‘canarinha’ en los Mundiales sirvieron de acicate para cohesionar al pueblo brasileño y para definirlo en una forma de jugar característica. Hoy el fútbol es global, pero entonces en Maracaná se dibujaba un fútbol de pobres que paladeaba la fortuna y el poder a través de la simbiosis de dos estirpes en un mismo estadio.

La edificación de un estadio con 170.000 asientos (en la final del Mundial de 1950 dicen que hubo más de 250.000) en el corazón de Rio de Janeiro fue idea de Eurico Gaspar Dutra, presidente de Brasil, pero fue profusamente elogiada por el periodista deportivo Mario Filho, en honor a quien están dedicadas unas instalaciones popularmente conocidas como Maracaná, por el nombre de un pequeño arroyo que circula por la zona y que también da nombre a un papagayo típico de Brasil. La historia de este estadio está ligada al 16 de julio de 1950 cuando Brasil y Uruguay se enfrentaron por el título de campeón del mundo. La historia es archiconocida y no merece la pena extenderse. Después de una liguilla final entre cuatro equipos (no había final) a los brasileños les llegaba con un empate. El título se daba por hecho e incluso Brasil se adelantó en el marcador. Dos goles uruguayos, el último de Ghiggia a diez minutos del final, dieron el título a los albicelestes y desencadenó en los brasileños la depuración, la desesperación, los suicidios (si, no estoy exagerando) y una herida que nunca ha sido cerrada llamada ‘Maracanazo’.

A pesar de que hoy el aforo es netamente inferior, sigue siendo un estadio imponente gracias a su forma elíptica casi circular. Destacan sobre manera las dos rampas exteriores a ambos lados que proporcionan una rápida forma de evacuación. Desde las afueras del parque de Maracaná da la sensación de que te adentras en una nave espacial. La atmosfera siempre alegre y calurosa ha sido compartida tanto por el Botafogo, como por el Flamengo y el Fluminense. Pero sobre todo por la selección brasileña. En Maracaná tuvo lugar el gol 1.000 de la carrera de Pelé en un encuentro entre el Santos y el Vasco da Gama.

En 1999 tuvo lugar una primera reforma que redujo de 140.000 a 100.000 el número de asientos. Las normas de confort y seguridad dejaron el estadio en 80.000 espectadores para el Mundial de 2014, aun siendo inmenso, muy lejos de lo que llegó a ser. Actualmente la visibilidad y la inclinación de las gradas son más acusadas y se construyó un sistema energético basado en la energía solar. También cuenta con un paseo de la fama al estilo hollywoodiense donde los grandes del fútbol carioca y mundial dejan sus huellas para la posteridad. Para ese Mundial se esperaba que Brasil borrara para siempre el recuerdo de 1950, pero una clamorosa derrota por 1-7 ante Alemania en semifinales sigue perpetuando el maleficio. Afortunadamente semejante tropiezo se produjo en el estadio Mineirao de Belo Horizonte y Maracaná y Rio de Janeiro se vieron aislados de una tragedia conocida como el ‘Mineirazo’.

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Templos del fútbol (3ª parte. Estadios de la actualidad)

Elaborar una lista con los 7 grandes templos del fútbol de la actualidad ha sido tremendamente complicado. He tenido que dejar fuera el increíble Azteca, el único estadio capaz de albergar dos finales mundiales, el inmenso Olímpico de Berlín, el coqueto Maksimir de Zagreb, el funcional Ullevi de Goteborg, el precioso Philips Stadium de Eindhoven, el señorial Ernest Happel de Viena, el práctico Velodrome de Marsella, el majestuoso Américo Vespucio Liberti -más conocido como Monumental de River Plate-, el original Luigi Ferraris de Génova, el pomposo estadio Luzhniki de Moscú, el intenso Westfalenstadion de Dortmund o incluso el Camp Nou barcelonés, una maravilla para los sentidos futbolística y estructuralmente y que aún por encima tiene el honor de ser el estadio europeo de mayor capacidad. También han tenido que ser descartados recintos de reciente construcción que aun siendo iconos del presente lo serán aún más en el futuro, caso del Olímpico de Estambul, el Allianz Arena de Münich, el Stade de France de París o el nuevo Wembley. Todos los que forman parte de esta lista cuentan con al menos 70 años de historias.

7. ALBERTO ARMANDO ‘LA BOMBONERA’ (Buenos Aires. 1940-): José Delpini, el ingeniero jefe, manifestó al acabar la construcción que el estadio le parecía una caja de bombones. Había quedado rebautizada para la posteridad la casa de Boca Juniors. La forma del estadio es similar a una D, con tres gradas unidas y una tercera, donde están los palcos, sencilla y aislada que no tiene nada que ver con el resto del estadio. Esto se debe a que se aprovecharon los terrenos donde había un viejo campo y que la existencia de viviendas en esa zona impedía hacer una grada con un ancho normal. También es fascinante la cantidad de colores del graderío, lo cual se debe a que el barrio bonaerense de Boca está formado por un conjunto de casas con fachadas muy llamativas. Seguramente el bombón más apetitoso del que hayan disfrutado sus 57.000 gargantas sea el de Diego Armando Maradona, probablemente el mejor futbolista de la historia.

6. SANTIAGO BERNABÉU. (Madrid. 1947-): Manuel Muñoz Monasterio propuso a Santiago Bernabéu edificar un nuevo estadio en el Paseo de la Castellana de Madrid. Ahí ya se encontraba el viejo estadio del Real Madrid y Bernabéu aún lo quiso llevar más lejos del centro, a una zona periférica y poco hospitalaria. Creía que con el paso del tiempo el estadio y la zona se revalorizarían, y a buena fe que lo hizo. La Castellana paso de ser un trazo hacia la nada a la columna vertebral de la ciudad. Aunque ahora tiene unos 75.000 espectadores, el Santiago Bernabéu llegó a tener 120.000 siendo uno de los más grandes del mundo. Originalmente tenía dos líneas de gradas a los que se les añadió un tercer anillo. Para ser sede mundialista en 1982 se construyó una nueva fachada totalmente blanca sobre la estructura de cemento armado y una cubierta que le daba a la atmósfera una incandescencia de la que nació el mito del ‘miedo escénico’, argumento felizmente inventado por Valdano. Después se añadieron las hoy características torres circulares en cada una de las esquinas del estadio. En el Bernabéu han tenido lugar las gestas más importantes del club más laureado del mundo, pero también varias finales europeas y hasta la fiesta de celebración de la victoria de Bahamontes en el Tour de 1959.

5. GIUSEPPE MEAZZA (Milán. 1926-): El estadio milanés ya fue rompedor en su día al eliminar las pistas de atletismo. De hecho, fue construido ante multitud de críticas. Se tenía miedo de que al pasar la moda del fútbol aquel coliseo de cemento quedara inservible para otras disciplinas. Piero Pirelli, presidente el AC Milan y de la famosa casa de neumáticos, quería un estadio de estilo inglés con 35.000 espectadores de capacidad y con la condición de que las gradas principales estuviesen a cubierto. Se inauguró en 1926 con el nombre de San Siro, pequeña iglesia próxima al estadio. Para el Mundial de 1934 soportó la ampliación y el cierre de los cuatro graderíos dejando su capacidad en 55.000 almas. Dado que el coste de la obra fue sufragado por el ayuntamiento milanés, el estadio pasó a titularidad pública por lo que el Internazionale empezó a jugar sus encuentros también en San Siro. Por aquel entonces la estrella del Inter y capitán de la selección italiana bicampeona del mundo era Giuseppe Meazza, con lo que en 1980 se renombró el estadio en su honor. Sin embargo, para los tifossi del AC Milan el recinto sigue siendo conocido como San Siro honrando los deseos de quien lo levantó en 1926.

Lo magnífico de este estadio es que en la remodelación de la década de 1960 se construyó un nuevo anillo de gradas superpuestas a las anteriores y que descansan sobre una estructura independiente. Ergo, para trasladarte a tu asiento debes acceder por una serie de rampas. Para el Mundial de 1990 se dejó definitivamente la capacidad en 85.000 almas creando un tercer graderío también autónomo. Para ello hubo que rebajar el terreno y hundirlo, por lo que la sensación es que estás en un foso y no en un graderío. La intensidad es similar a la de un pabellón. Se cubrieron también todos los fondos salvó el del este, ante la imposibilidad de hacerlo debido a la cercanía de las instalaciones de un hipódromo cercano. Aquellos abonados con asientos en la parte alta de ese fondo se empaparán en un día de lluvia. A cambio, por el mismo precio y con apenas girar el cuello, podrán disfrutar de una vista maravillosa del horizonte de Milán y de su excepcional catedral.

4. CENTENARIO (Montevideo. 1930-): Como homenaje a la selección ganadora de la medalla de oro futbolística en los Juegos de 1924 y 1928 se le otorgó la organización del primer Mundial de fútbol a Uruguay en 1930. Precisamente ese año se conmemoraba el centenario de la independencia uruguaya, así que se acometió la construcción de un coloso capaz de acoger a 100.000 espectadores (en la actualidad son 65.000 asientos). El arquitecto Juan Antonio Scasso proyectó cuatro graderíos siguiendo una estructura elíptica y equidistante en todas partes con el terreno de juego. Se bautizaron los cuatro fondos con los nombres de América (la principal), Olímpica, Colombes (lugar de la victoria en los JJ.OO de 1924) y Ámsterdam (lugar del triunfo en los JJ.OO de 1928). Sobre la llamada tribuna Olímpica despunta una torre de 100 metros de alto símbolo de la monumentalidad del proyecto y donde tendría que ondear la bandera de la selección campeona, que felizmente fue Uruguay. El estadio ha sufrido varios cambios pero su esencia es muy parecida, por lo menos a la espera de que Uruguay consiga la candidatura para el Mundial de 2030 al que aspira.

3. HAMPDEN PARK (Glasgow. 1903-): El estadio nacional inglés (aquí no juega ni el Celtic ni el Rangers) es hoy una multifuncional instalación de vanguardia que en 1903 era un gran hoyo. El gran hoyo. El afamado arquitecto escocés Archibald Leitch mandó construir el estadio en el parque de Hampden, al sur de Glasgow. Excavando y modelando la tierra se pudo realizar un sólido soporte para los espectadores sin tener que recurrir a las estructuras de madera de la época. Un incendio en 1945 hizo reducir sus 150.000 asientos a 55.000 aunque, eso sí, todos de asiento. La tribuna central pasó a ser cubierta y a finales del siglo pasado se cerró el estadio completamente. El encanto de Hampden reside en que al ser un gran hoyo la sensación de vértigo y de proximidad de los espectadores es brutal, aun existiendo una pista de atletismo. En Hampden se disputó la famosa final de la Copa de Europa en la que el Real Madrid de Di Stéfano arrolló por 7-3 al Eintracht finalizando se glorioso ciclo de cinco campeonatos consecutivos.

2. OLD TRAFFORD (Manchester. 1910-): El proyecto de Archibald Leitch es conocido como ‘the theatre of dreams’ (el teatro de los sueños). Y lo es porque John Davies, propietario del United, decidió llevar a su equipo a la otra punta de la ciudad, a la zona verde de Trafford Docks con la intención de simbolizar un resurgimiento económico y una nueva era lejos de calles estrechas y fábricas humeantes. Old Trafford presentaba amplias tribunas unidas a diferencia de lo habitual entonces en Inglaterra. Con un aforo de 80.000 personas y con la tribuna cubierta por una serie de pequeños techos articulados en capas colgantes ya era un estadio futurista en 1910. Un bombardeo alemán en la II Guerra Mundial lo destrozó casi por completo y tuvo que ser reconstruido. Se proyectaron dos niveles de gradas y en el centro de las mismas se colocó la tribuna, la primera vez que se hacía eso en un recinto. Pero más importante que el estadio era el césped. En una época de campos embarrados y con muchas calvas, Old Trafford se mantuvo impoluto durante décadas y con un césped inmaculado que permitía el juego de toque característico del Manchester United. Actualmente el estadio tiene capacidad para casi 70.000 almas y las gradas están totalmente cubiertas. En un muro de ladrillo de los exteriores están escritos los nombres de los históricos del equipo como Edwards, Charlton, Best, Keane, Giggs o Schmeichel. Al lado de ese muro se levanta una pared de ladrillo que a comienzos de este siglo fue recubierta con una vitrina de plexiglás. Desde el aire el estadio se asemeja a un gran almacén industrial que destaca ante las viviendas de ladrillo típicas de los alrededores.

1. ANFIELD ROAD (Liverpool. 1884-): Hablamos del estadio más antiguo en pie. De los de relevancia, quiero decir. ‘This is Anfield’ reza en el túnel de acceso al campo. Una forma de atención y respeto para todo aquel que entre en ese terreno de juego. Anfield Road, típico barrio victoriano de casas estrechas, era el hogar del Everton, el otro club de la ciudad, pero en 1892 John Houlding, antiguo presidente el Everton, decidió fundar el Liverpool. ¿Qué había sucedido? Que Houlding además de presidente era el dueño del estadio y ni corto ni perezoso decidió triplicó el alquiler de las instalaciones, por lo que los socios del Everton resolvieron echarlo de la presidencia, emigrar y comprar un nuevo terreno en Goodison Park para construir otro campo de juego. Houlding, propietario de un estadio pero sin equipo que lo ocupase, decidió fundar uno nuevo. Los hinchas del Everton aún se mofan de los del Liverpool por ello, pero el caso es que con un hecho especulativo nacía uno de los clubes más importantes del mundo.

La imagen actual es el resultado de muchas transformaciones aunque los cuatro graderíos siempre se han mantenido independientes y muy cerca del terreno de juego (45.000 espectadores). El más conocido es el fondo sur inaugurado en 1906 y que recibe el nombre de ‘The Kop’, en honor a los soldados ingleses (la mayoría de Liverpool) muertos un par de años en las ‘kopjes’, las colonias sudafricanas en la guerra entre británicos y zulúes. En su momento podía acoger a 30.000 espectadores de pie siendo la grada única más grande del mundo, honor que hoy ostenta el Westfalenstadion de Dortmund. En el exterior del estadio una verja de hierro con el lema del club ‘You’ll never walk alone’ (nunca caminarás sólo) conduce a una estatua de Bill Shankly, histórico entrenador, y a un mausoleo en recuerdo de los 96 aficionados muertos en Hillsborough en 1989 al desplomarse un graderío. Aunque en 2008 estaba prevista la construcción de un nuevo recinto, la presión de los aficionados consiguió paralizar el proyecto. Actualmente Anfield está en proceso de remodelación. No se destruirá, se remozará. Felizmente. Muy felizmente.

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Templos del fútbol (2ªparte. Estadios de la antigüedad)

Si recuerdan del artículo anterior vamos a tratar primeramente los 7 grandes templos futbolísticos de la antigüedad, o lo que es lo mismo, aquellos campos de fútbol de los que únicamente nos quedan evocaciones de recuerdos y momentos de magia en la retina. Quedan fuera de esta lista, coqueta pero a la fuerza demasiada corta, grandes estadios como los argentinos Doble Visera o Viejo Gasómetro, escenario de las gestas de Indepediente y de San Lorenzo de Almagro. Tampoco estarán en esta clasificación el antiguo Das Antas portugués, el Parc Lescure de Burdeos, el Vicente Calderón o el barcelonés Sarriá, donde tuvo lugar uno de los partidos más bellos de la historia de los mundiales entre Brasil y la Italia de un revivido Paolo Rossi. Y también se cae de este inventario el estadio De Meer de Amsterdam que para siempre estará ligado al Ajax y sobre todo a Johan Cruyff, el cual se crió a escasas calles de un campo al que luego se encargó de mitificar.

7. DELLE ALPI (Turín. 1990-2009): Situado sobre una pequeña colina se caracterizaba por estar sostenido sobre unas estacas de acero que sustentaban las cubiertas. Muy característicos también eran los dos arcos con forma de V inversa dispuestos en ambos fondos del campo. La cubierta estaba construida con elementos de aluminio y teflón muy innovadores para 1990, año en el que fue inaugurado un estadio a compartir entre la Juventus (el equipo de Italia) y el Torino (el equipo de Turín). En el encuentro inaugural, una selección de jugadores de ambos conjuntos se enfrentó al Porto. Algo insólito y lejos de la normalidad en la realidad de dos conjuntos irreconciliables. Con 70.000 espectadores de capacidad, el estadio Delle Alpi fue volado en 2009 y desde entonces la Juve juega en su nuevo y acogedor estadio sin pista de atletismo, mientras que el Torino juega en la reformada cancha municipal. El derbi de la Molle Antonelliana, el más antiguo de la Serie A, ya nunca más compartirá ubicación.

6. WHITE HART LANE (Londres. 1899-2017) Tottenham es un barrio al nordeste de Londres que da nombre al que es, junto al Arsenal, el gran club de la capital inglesa. Realmente ni siquiera es Londres, sino Haringey, una de tantas villas que las megaciudades se han ocupado de absorber. El estadio toma nombre de la tienda deportiva que se ubicaba cerca del recinto. Antes de la obligatoriedad de hacer sentadas todas las localidades, unas 70.000 personas se agolpaban en White Hart Lane. Lo más hermoso de aquel estadio es que hasta 1972 no se permitió la instalación de ningún tipo de valla publicitaria. En 1990 se culminó la grada de Park Lane que redujo definitivamente la capacidad a 37.000 espectadores. Demasiado pequeño para las exigencias actuales, se demolió este verano para construir un nuevo coliseo. La memoria de Jimmy Greaves, Glenn Hoddle, Osvaldo Ardiles o Teddy Sheringham quedó dañada para siempre.

5. COLOMBES (Paris. 1924-2006) Aquí me he permitido una pequeña licencia. El estadio Yves de Manoir sigue hoy en pie aunque desde 2006 es una minúscula instalación para 10.000 espectadores dedicada al rugby totalmente alejada de su glorioso pasado. El Olímpico de Colombes (barrio del extrarradio parisino y hoy rebautizado en honor al ex seleccionador de rugby francés) podía acoger a 60.000 almas en un estadio con una cubierta plana de hierro entre las dos gradas principales. En la pista de atletismo de esta arena tuvo lugar el duelo entre Harold Abrahams y Eric Lidell en los Juegos de 1924 inmortalizado en la película ‘Carros de Fuego’. También se disputó aquí la final del Mundial de 1938 y uno de los encuentros amistosos más recordados de todos los tiempos entre el Benfica de Eusebio y el Santos de Pelé. Y como no, en el estadio de Colombes se rodó la que quizás es la mejor película sobre fútbol de la historia, ‘Evasión o victoria’ de John Houston.

4. SAN MAMÉS (1913-2013): A orillas del río Nervión había una ermita dedicada a San Mamés. Ese fue el lugar elegido por el Athletic para levantar su estadio en 1913 y dado que el santo que da nombre a la capilla fue arrojado a las fieras por su fe cristiana, al conjunto bilbaíno se le conoce desde entonces como ‘Los leones’. El legendario Pichichi marcó el primer gol en ‘La Catedral’, un apodo que si bien en sus inicios tenía marcado carácter religioso con el tiempo adquiriría fenómeno de importancia ante el buen juego y los éxitos de conjunto vasco. El estadio formaba un conjunto coqueto de apenas 10.000 espectadores pero que fue ampliándose década a década hasta llegar a las 47.000 almas. En 1952 se construyó el famoso arco (semejante al del actual Wembley) que coronaba la tribuna central y que permitía la ausencia de columnas y por lo tanto una perfecta visibilidad. Diez años más tarde se cerró la última tribuna conocida popularmente con el nombre de Garay, defensa del Athletic que fue vendido al FC Barcelona y que proporcionó los dividendos necesarios para acometer dicha reforma. Lamentablemente en 2013 el Athletic decidió seguir la nueva moda de los estadios de reciente factura y construyó un nuevo San Mamés en unos terrenos adyacentes al antiguo. Otra de esas decisiones inexplicables, y mucho más en un conjunto pegado a las tradiciones y arraigado a la simbología vasca. El nuevo San Mamés es más grande, más moderno y más hermoso, pero no tiene encanto añejo. Por lo menos se decidió trasladar pieza por pieza el famoso arco e injertarlo al campo de entrenamiento de Lezama. Quizás los jóvenes cachorros del Athletic B cada vez que salten al campo adquieran el perfume futbolístico de Gorostiza, Gaínza, Zarra o Sarabia.

3. DA LUZ (Lisboa. 1954-2004): Un caso semejante al de San Mamés. Una auténtica aberración. Para la Eurocopa de 2004 el Gobierno portugués acometió una destrucción y modernización de sus estadios. Aparte del enorme coste económico, se pasó por encima de la historia. El nuevo Da Luz vino a sustituir al viejo Da Luz, cuando con un lavado de cara era más que suficiente. El viejo Da Luz (a apenas 300 metros del nuevo) tenía además algo de solidario. Fue sufragado con donaciones populares de los aficionados ante la imposibilidad del club de construirlo. Tenía una única grada elíptica capaz de acoger a 50.000 espectadores, aunque 10 años después se inauguró un segundo anillo que amplió su capacidad a los 80.000 y 15 años más tarde se abrió el tercer anillo que daba una capacidad récord mundial en aquel entonces de 120.000, reducida posteriormente al convertir las localidades de a pie en asientos. Aquella locura fue promovida por Eusebio, cuyo juego y cuyos éxitos llevaron al Benfica a la gloria mundial en la década de 1960. Su estatua adorna hoy la entrada en el nuevo Da Luz lisboeta.

2. RASUNDA (Solna. 1937-2013): Casi 50.000 espectadores vieron en este estadio en el verano de 1958 la eclosión de un joven brasileño de 17 años que respondía al nombre de Pelé. Situado en Solna, lugar donde descansan los restos de Alfred Nobel, Rasunda fue durante ocho décadas la casa de los encuentros de la selección sueca. Lo más característico eran los sectores que hay detrás de los fondos que, a diferencia de los de los lados, tienen dos niveles de gradas más altas que las tribunas principales. Llamativas también eran sus tribunas de colores y los sostenes metálicos que sujetaban las cubiertas que impedían una completa visión del terreno de juego. En 2013 la Federación Sueca ordenó demoler el estadio ante la construcción del Friends Arena, el nuevo recinto nacional sueco a las afueras de Estocolmo. Un dato más para la nostalgia; Rasunda fue el primer estadio en albergar la final del Mundial masculino y femenino.

1. HIGHBURY (Londres. 1913-2006): El estadio Arsenal, más conocido como Highbury por el nombre del barrio residencial londinense donde su ubica, siempre será recordado por su imponente entrada de estilo Art Decó adornada por el escudo del club y un cañón, dado que el Arsenal es conocido como los ‘gunners’ (cañoneros) al haber sido fundado en 1886 por trabajadores del arsenal de Woolwich. El estadio fue diseñado por Archibald Leitch, el arquitecto por excelencia del fútbol británico con casi 40 proyectos a sus espaldas. Su tribuna este estaba compuesta por una insólita cubierta de nueve arcos. En la década de 1930 se edificó la tribuna oeste con dos niveles superpuestos que se convirtieron en referencia para los restantes estadios europeos (por ejemplo la del Rasunda). Ya a finales del siglo XX, el coliseo se renovó con la adecuación de las plazas de a pie en sentadas descendiendo de 70 a 40.000 espectadores de capacidad. El estadio de Highbury era un exponente claro de la tradición inglesa que permitía al público el contacto directo con el campo y cuyos cimientos estaban enfrascados en medio de calles estrechas y de casas de estilo victoriano. A pesar de que tenía el status de bien arquitectónico (incluido su famoso marcador) fue derribado en 2006 para que el club se trasladase a unas nuevas instalaciones financiadas por dinero árabe en Ashburton Grove.

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Templos del fútbol (1ª parte. Introducción)

Ahora que por vez primera se cuestiona a Simeone en virtud de entrenador del Atlético de Madrid, muchos ponen como coartada que los colchoneros no se sienten cómodos en su nuevo estadio. Es evidente que hasta que el equipo gane algún título siempre habrá nostalgia por el Vicente Calderón. Y es normal. Aquel estadio era un símbolo de los madrileños (merengues incluidos) que congeniaba con el entorno de la metrópolis. Con una grada abierta para que transitase la ronda de circunvalación de la ciudad (de hecho una ingeniosa puerta de entrada estaba en los túneles de la M-30) y con otra a riberas del Manzanares, nunca tanto un estadio hizo por un río. Sucio y poco caudaloso, el río era indigno de una capital europea y el Calderón contribuía a darle notoriedad y a mitificarlo.

En absoluto estoy de acuerdo con la demolición de un estadio en beneficio del progreso, un eufemismo que dota de apariencia a una operación económica. Para un coruñés como yo la imagen del estadio de Riazor en la bahía del mismo nombre es tan icónica como la de la Casa del Hombre justo enfrente. Ambos son dos museos y ambos forman parte del cuerpo y de la idiosincrasia de la ciudad. Un estadio debe ser remodelado, rehabilitado, remozado, modernizado y engalanado, pero nunca derribado. Si heredas un piso antiguo en el centro de una ciudad lo que haces es reformarlo. De necios es tirarlo.

Con esa idea he querido hacer una lista con los mejores estadios de fútbol tanto los que hoy siguen en pie como los que ya han desaparecido. He escogido una visión eurocentrista para elaborar esta lista. Es indudable que hay templos deportivos en todos los continentes y dedicados a deportes irrelevantes bajo el prisma europeo como el fútbol americano, el bádminton o el críquet que deberían estar en esta clasificación. Pero dado que fue ‘la vieja Europa’ la que inventó el deporte moderno, y que a pesar de su actual declive su legado está presente en todo el mundo, su peso histórico le otorga preponderancia frente a otros recintos. Este pensamiento occidental permite la introducción de estadios latinoamericanos, el otro lugar del planeta que vive el fútbol con devoción y que tiene una historia digna de ser tomada en consideración.

Ergo hablamos de estadios y no de pabellones. Estos últimos son recintos polideportivos y multiusos que no podemos adscribir concretamente con el hecho deportivo. El fastuoso Madison Square Garden de Nueva York sirve tanto para presenciar partidos de baloncesto como homilías del Papa, conciertos de Beyoncé o mítines de Donald Trump. Un estadio funciona como templo futbolístico aunque esporádicamente sirva para otros eventos. Incluso, progresivamente, se han ido eliminado las pistas de atletismo de todos los recintos para que la identificación con un club y una afición sea aún más profunda.

¿Qué es un estadio? No es sólo un simple marco; es un evento deportivo, histórico y arquitectónico en sí. Es baluarte inexpugnable, símbolo de un club, reflejo de una cultura y protagonista de una ciudad. Son ejemplos de elegancia estética y soluciones técnicas y también de innovaciones tipológicas y tecnológicas. A menudo comparamos los estadios con el Anfiteatro Flavio, conocido por todos como el Coliseo de Roma. Realmente los estadios se asemejan a los prototipos del teatro griego, adaptados a unos desniveles naturales y abiertos al territorio circundante. Del anfiteatro romano adquieren la estructura cerrada y edificada.

La palabra estadio procede del latín ‘stadium’. Hablamos de un terreno plano rodeado por gradas de espectadores que cada vez en mayor medida son cerradas. De hecho, en Sudamérica se les suelen llamar canchas, vocablo que proviene del quechua ‘kancha’ que significa recinto cerrado. El estadio más antiguo del mundo del que se tiene constancia es el estadio de Olimpia (776 a.C) en Grecia. Sabemos que en el mundo griego cada cuatro años se celebraba una competición deportiva para conmemorar la paz, por lo que se concedía una tregua en todas las guerras en disputa.

—Las 7 maravillas—

En el siglo XVI, durante el Renacimiento clásico, se elaboró una lista con los monumentos más representativos de la Antigüedad. Se escogieron siete por ser un número recurrente en la cultura. Sólo una de las siete, la Gran Pirámide de Guiza sobrevive y sobrevivía por aquel entonces. Mucho después, en 2007, la empresa New Open World Corporation financió una elección de las siete maravillas vigentes en la actualidad a través de una votación en la que participaron más de 100 millones de personas. Por cierto, esa lista oficiosa (la UNESCO no le da validez) fue anunciada en una fastuosa ceremonia que tuvo lugar en un coliseo futbolístico, el Estadio da Luz de Lisboa.

Con esa simbología trataré de seleccionar los siete templos futbolísticos de la antigüedad y los siete templos del fútbol de la modernidad. Como toda lista tendrá un matiz subjetivo, pero intentaré darle una serie de parámetros para que prime la objetividad.

Al hacerlo renunciaré a darle preponderancia a estadios de gran significado deportivo pero de menor valor futbolístico. Templos que acogieron competiciones olímpicas o finales europeas como el Olímpico de Berlín están lejos de ser una referencia a pesar de su jerarquía histórica, su capacidad o la preeminencia de la ciudad que acoge esa infraestructura. ‘Templos del fútbol’ es el título del artículo. Y por mucho que me duela Owens y Hitler no forman parte de este elenco.

Del mismo modo quedarán fuera de la lista verdaderas maravillas arquitectónicas pero de exigua importancia deportiva como el increíble Marina Bay de Singapur cuyo terreno de juego está sobre el mar, el estadio de fútbol americano de los Jaguars de Jacksonville donde se puede seguir el encuentro mientras disfrutas de un baño en una piscina o el muchísimo más modesto estadio municipal de Braga cuyos fondos son las increíbles laderas de granito de una montaña.

Tampoco se han tenido en cuenta la magnitud de los estadios como elemento diferenciador. El Primero de Mayo de Pyonyang (150.000 almas), Buktit Jalil (115.000) de Kuala Lumpur o el Criquet Ground (105.000) de Melbourne no tienen cabida en este artículo. De igual manera no es obligatorio que sean estadios cuatro estrellas de la FIFA, aunque la mayoría si lo sean. Esta cualificación, la estrella Michelin del fútbol, es otorgada en función de las dimensiones, capacidad y asientos, iluminación, zonas VIP y medios de comunicación, palcos y megafonía, instalaciones sanitarias y sistema de vigilancia.

Lo que se ha tomado como eje principal de esta clasificación es el peso y tradición de los equipos que lo representan, así como el valor arquitectónico del recinto por sí mismo y en la preponderancia del barrio y de la ciudad donde se ha edificado. No se ha olvidado la majestuosidad de templos de reciente construcción, pero, es incuestionable, que ante caso de duda el valor histórico existente prima sobre el hipotético valor histórico de futuro. El Allianz Arena de Münich estará presente en una clasificación como ésta dentro de medio siglo, pero a día de hoy no tiene peso histórico para formar parte de este elenco.

Para los siete grandes estadios de la antigüedad me permitiré la licencia de hacer algo de trampa. La mayoría no existen en la actualidad pero también los hay que ya que aun no existiendo ya no cumplen la función para la que fueron diseñados. O bien ya no se utilizan habitualmente para disputar competiciones deportivas o bien han destruido o eliminado partes fundamentales de su estructura o de sus asientos. Esta última es la tendencia habitual en los complejos olímpicos del momento, que ven reducida bruscamente su capacidad una vez concluido el evento.

Como último comentario, se observará al concluir ambas listas que faltarán dos estadios esenciales. Esos dos me los guardaré para un artículo final. El escribiente espera que el ávido lector se dé cuenta de cuáles son esos dos recintos una vez concluya de exponer las dos clasificaciones.

“¿Ha entrado usted alguna vez a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío”. Eduardo Galeano

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¡No tinc por! también en el deporte

Según la enciclopedia Espasa, que para los niños del baby-boom es como la wikipedia para los millennials, el terrorismo es en un primer significado “una sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror” y en una segunda acepción es la “actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos”.

El terrorismo se produce cuando desde fuera del sistema se quiere cambiar parte o la totalidad del sistema. Esto no tiene por qué producir rechazo. De hecho, hasta hace poco menos de un siglo, era una forma más de hacer política, al igual que lo era la guerra. Como bien argumentó von Clausewitz ésta no es más que una continuación de las relaciones políticas con otros medios. Para aquellos que no tenían la opción económica de formar un ejército quedaban los actos del terror. España ganó una Guerra de Independencia a base de terrorismo…y militares y armas inglesas.

Existen infinidad de hechos históricos que han nacido fuera de las leyes y de los que ahora nos vanagloriamos. Seguramente el más trascendental es el corte de la cabeza de Luis XVI. Un regicidio, una permuta social, un cambio de paradigma económico. Un puro acto terrorista. La perspectiva del acto, el paso del tiempo, o las consecuencias futuras, hacen que la varita de la historia le dé un carácter terrorista, un barniz de mal menor o sencillamente se legitime algo que no estaba legitimado. El tiempo, por ejemplo, ha considerado como algo permisivo el asesinato perpetrado por ETA de Carrero Blanco en 1973. Apenas dos años después, la muerte de, pongamos por caso Adolfo Suárez, se hubiese considerado el mayor atropello terrorista de la historia de España.

El problema, para los terroristas, es que desde hace medio siglo hemos decidido (y menos mal que lo hemos hecho) resolver todos los problemas dentro de la legalidad. Y cuando la legalidad no nos convence usamos un método, muchas veces naíf y edulcorado, basado en manifestaciones sociales y en cambiar las leyes para cambiar el sistema. Es un procedimiento imperfecto, pero deja las balas guardadas en el cajón del olvido. De este modo, hoy en día ningún grupo terrorista será aceptado socialmente aunque sus propósitos sean loables, que de todos modos no lo son, y mientras seguiremos con la palabra y la solidaridad, y otras muchas veces con velas, ositos de peluches, pos-it y alguna que otra ñoñería.

Lógicamente el deporte es lugar escogido por los terroristas para amplificar su acción violenta y llegar a más público con un doble objetivo; aumentar el terror y conseguir un altavoz de sus actos. Parafraseando a Clausewitz el deporte hoy es una continuación de las acciones políticas. La tan manida frase de no hay que mezclar deporte y política es una cruel paradoja. Es difícil separar ante semejante sobredimensión y mediatización del deporte. Para los neonatos en la materia cabe recordar que cuando los JJOO se pusieron en marcha en 1896 los atletas competían de forma individual y sin distinción de fronteras. Fue en 1932, en Los Ángeles, cuando se implementó el izado de bandera nacional, el himno, la ceremonia del pódium y de modo retrospectivo se calculó las medallas por países. Estados Unidos, inmersa en la Gran Depresión, diseñó todo con el beneplácito del COI para a través del deporte fomentar el orgullo nacional.

Fue durante una competición olímpica cuando tuvo lugar el atentado más recordado por la repercusión del evento, el impacto mediático y el número de víctimas. La muerte de once atletas israelís en un acto perpetrado por comando palestino llamado Septiembre Negro durante los JJOO de Múnich 1972 y que ya comentamos en este blog.

También en los JJOO, pero en este caso de 1996 celebrados en Atlanta, una bomba reivindicada por un grupo de extrema derecha estalló dentro del complejo olímpico dejando tras de sí un muerto y más de una decena de heridos.

Ha habido atentados genuinamente europeos, si entendemos por ello reclamaciones nacionales fruto de tensiones políticas dentro de los distintos estados europeos. El IRA, en castellano Ejercito Republicano Irlandés, atentó en Manchester durante el Mundial de Fútbol de 1966 ocasionando más de dos centenares de heridos al detonar un camión lleno de diferentes explosivos en el centro de la ciudad. En España, 17 personas resultaron heridas en el año 2002 al estallar cerca del Santiago Bernabéu un coche bomba puesto por un comando de ETA antes del inicio de un encuentro entre el Real Madrid y la Real Sociedad.

En otros lugares del mundo, hechos lejanos y anodinos para nosotros, son igual de dolorosos y aprensivos, aunque cambiemos el balón de fútbol por el bate de criquet. También en 2002 un ataque suicida contra la selección de críquet de Nueva Zelanda dejó 14 muertos en el hotel donde se hospedaba el conjunto oceánico. Igualmente jugadores de criquet eran, en este caso de Sri Lanka, las víctimas que fueron atacadas por un grupo armado izquierdista dejando siete fallecidos y seis heridos.

Muy mediático también fue la muerte de tres personas y cientos de heridos en la maratón de Boston de 2015. Dos jóvenes de origen checheno colocaron dos artefactos en la línea de meta. De mucha más suerte disfrutaron los miembros de la selección de fútbol de Togo, a los que rebeldes angoleños acribillaron a balazos cuando iban camino de disputar un partido de la Copa de África. Salieron ilesos de tal peripecia aunque abandonaron el campeonato negándose a jugar.

Son muestras, desgraciadamente pocas entre muchas, de cómo decisiones estúpidas pueden llenar de lágrimas y sangre el mayor proceso de entretenimiento, exaltación del cuerpo, la mente, la juventud y la modernidad. El deporte.

Y si a estúpido, necio y dolorido nos referimos, lo que todos tenemos en mente en estos días es un tipo de terrorismo terrorífico por su simplicidad, su desconocimiento y su barbarie; el yihadismo. Un caso muy conocido por todos es el del atentado perpetrado en 2015 durante un amistoso entre Francia y Alemania. Aquel día fallecieron 129 personas en París, aunque finalmente se evitó la masacre en Saint Denis. También se salvó Dortmund la temporada pasada cuando una bomba explosionó cerca del autobús de los jugadores. No fue un atentado yihadista, fue ideada por un empresario ruso y tuvo motivos bursátiles. Pero sé, avispado lector, que pensabas que lo era. Se nos ha colado en nuestro imaginario, como nos pasará cada vez que oigamos que ha habido un atropello o un acuchillamiento en cualquier ciudad europea.

“En nuestro mundo moderno, el hambre en masa, el estancamiento económico, la catástrofe medioambiental, la inestabilidad política y el terrorismo no se pueden poner en cuarentena dentro de las fronteras nacionales”. Willy Brandt, canciller de Alemania…. ¡en 1969!

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Una historia de provincias ricas y provincias pobres

Julio es un mes de inicio de vacaciones. Los periodistas se exprimen la mollera para buscar temas de los que tratar. El más común es el de la rumorología. Los fichajes del verano tienen la capacidad de ilusionar al aficionado. Al final, salir de la rutina siempre es motivo de esperanza y entusiasmo. Da igual la circunstancia. Comer en un sitio nuevo, comprar una camiseta o conocer a una persona. Lo nuevo siempre es llamativo. El otro tema estrella es hacer balance. Como fue la temporada, como pudo haber sido y ver en que se podría haber mejorado.

Esta semana estuve leyendo uno de esos artículos típicos de estas fechas. Lo firmaba Cudeiro en El País y trataba sobre provincias pobres y ricas en el fútbol español. Aprovechando el ascenso del Girona a Primera División, explicaba que hay 15 provincias españolas (contando Ceuta y Melilla) que nunca han tenido a su equipo principal en la categoría reina del balompié estatal. Explicaba que sólo una de ellas es costera (Lugo) y que la mayoría formaban una especie de cordón sanitario alrededor de la Comunidad de Madrid, que aglutina la riqueza de la meseta peninsular.

A mayores, el artículo incidía en que Segovia, Ávila, Cuenca, Teruel y Zamora, así como las dos ciudades autónomas africanas ni siquiera han tenido representante en la segunda categoría del fútbol nacional. El artículo se completaba con varias afirmaciones de dirigentes de alguno de estos equipos sin renombre solicitando ayudas públicas y quejándose de la falta de patrocinadores.

Siendo cierto todo lo que Cudeiro cuenta, también lo es lo ineptos que somos a la hora de ver un problema y tratar de buscarle una solución. Es innegable que estas provincias tienen graves problemas estructurales. Un Estado cuyo motor de crecimiento económico está ligado al tercer sector, conlleva a sus habitantes a desplazarse a lugares costeros o a grandes polos administrativos, despoblando el interior del país. Las condiciones climatológicas que desplazan al turismo a la costa, también llevan al lado del mar al grueso de la población. En segundo lugar, la mejora de las comunicaciones también facilita desplazamientos laborales y de residencia entre provincias cuya distancia pueda ser salvada fácilmente en un día, lo que explica el agujero negro alrededor de Madrid que reseñaba Cudeiro.

Lo que se debe es buscar una solución, en vez de quejarse del problema. Y muchas provincias lo han hecho o lo hicieron, con mayor o menor fortuna, en su momento. Aprovechando los fondos europeos y el impulso que el Estado le dio al deporte desde inicios de la década de 1980, todas las ciudades equiparon sus barrios con recintos polideportivos. En las comarcas del interior, donde el frío invita a quedarse en casa, esto supuso un aumento exponencial de la práctica deportiva, de lo que se beneficiaron muchas disciplinas.

Las ciudades de Lugo y Ourense, pueden presumir de tener a los dos equipos más representativos del baloncesto gallego. El Breogán y el COB ahora luchan por regresar a la ACB, pero en tiempos pasados eran habituales sus duelos contra el Real Madrid o el Barcelona. Lo mismo ocurría con el Magia de Huesca o el Cáceres C.B., que llegó a jugar una final de la Copa del Rey y unas semifinales europeas. Nos queda Palencia, que salvo problemas económicos de última hora debutará en la ACB en el próximo mes de octubre.

Otras ciudades apostaron fuerte por el fútbol, pero por el de salón. Por Segovia pasaron algunos de los mejores jugadores del mundo y los segovianos tienen la fortuna de presumir de haber ganado una Copa de Europa en el año 2000. También Zamora tuvo un paso, aunque en este caso efímero, entre los mejores del fútbol sala.

No obstante, el otro deporte que junto al baloncesto se lleva el premio gordo, es el balonmano. Toledo, Cuenca y Guadalajara han contado o cuentan con un equipo en la Liga ASOBAL. Y es en esta disciplina donde encontramos el proyecto más ambicioso y más exitoso allende del fútbol; el balonmano Ciudad Real. Hasta que el Atlético de Madrid y los problemas económicos hicieron tumbar el proyecto, el Quijote Arena de la ciudad manchega vio a su equipo ganar 5 títulos ligueros y 3 Copas de Europa entre otros trofeos.

Hasta en las ciudades autónomas vemos ejemplos de éxito deportivo. En Melilla disfrutan del voleibol de élite desde hace unos años. Y en Ceuta podemos hacer una pequeña trampa. El Atlético Tetuán llegó a jugar en Primera División a mediados de los 50, y la estructura de dicho club pasó a Ceuta después de la independencia de Marruecos.

Llegados a este punto nos quedan Teruel y Ávila. La ciudad turolense fue la última capital de provincia española con acceso a la red de autopistas. Cuenta con un clima extremo y está aislada de cualquier otro lugar de importancia. Por ende, no llega a los 40.000 habitantes, por lo que exceptuando su labor administrativo, realmente podríamos hablar de una villa de pequeña entidad y no de una ciudad. Eso sí, no en Teruel, pero si dentro de su provincia, está el circuito automovilístico de Alcañíz, donde se celebra anualmente una de las pruebas del Campeonato del Mundo de Motociclismo.

Realmente la única provincia sin ningún tipo de importancia deportiva ni histórica ni actual es Ávila. Sus murallas y sus calles empedradas patrimonio de la humanidad han sido testigos de emocionantes finales de etapa de la Vuelta a España, pero Ávila debe ser considerada como el yermo deportivo del panorama español. El verdadero agujero negro.

No todo es fútbol. Existe la forma de hacer visible tu ciudad y de conseguir que sus ciudadanos se sientan orgullosos de un éxito colectivo. Y ni siquiera hemos hablado del deporte femenino. Un coto por explorar, y que con visión de futuro es sinónimo de éxito. Y sino que pregunten en Salamanca, donde el baloncesto femenino tiene más seguidores que el fútbol masculino.

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Minuto de silencio en los JJOO

Hace unos días, medios de comunicación europeos se hacían eco de un suceso acaecido en un encuentro clasificatorio para el Mundial de Fútbol de 2018 entre las selecciones de Australia y Arabia Saudita. Los jugadores arábigos declinaron mantener el minuto de silencio en memoria de los atentados yihadistas de Londres. La federación del país asiático emitió un comunicado en el que señalaba que estos sangrientos sucesos eran ajenos a su cultura.

Olvidamos en Europa que atentados terroristas asolan al mundo día tras día y nadie se rasga las vestiduras porque en un campo de fútbol danés o portugués no se tenga en cuenta las decenas de muertos por una bomba en Tanzania o en Indonesia. El motivo es el mismo; es ajeno a nuestro radio de influencia, interés o cultura.

Pero, ¿de dónde viene lo del minuto de silencio? Como tantas otras tradiciones asociadas al deporte, este simbólico gesto proviene de la guerra. El australiano Edward Honey, soldado y periodista (otras fuentes dicen que la idea fue del surafricano Percy Filipatrick), veía con recelo que para celebrar la victoria de la Commonwealth en la I Guerra Mundial tuviesen lugar desfiles y festejos. Para él, la mejor forma de honrar a los caídos en el campo de batalla era un homenaje de silencio simbolizando el respeto y el sacrificio. La idea fue llevada a cabo bajo el auspicio del London Evening News y el beneplácito del rey Jorge V el 11-11-1919 a las 11:00. Justo un año después del fin de la guerra, tuvo lugar el primer minuto de silencio de la historia. En realidad, no fueron 60 segundos, sino 120, tradición que en Australia, país natal de Honey, se sigue manteniendo a día de hoy.

Aunque habitual en los terrenos de juego, el minuto de silencio no llegó a los Juegos Olímpicos hasta 2012, y no lo hizo sin polémica. Los estatutos del COI impiden que se realice ningún tipo de homenaje que pueda tener matices políticos o de conflicto entre países. Pero una mujer, Andre Spitzer, estuvo batallando 40 años para romper este estricto protocolo.

El marido de Andre y otros 10 deportistas israelís fueron asesinados por un comando palestino en la villa olímpica de Múnich durante la celebración de los JJOO de 1972. Olimpiada tras olimpiada los abogados de Spitzer toparon con la burocracia del COI, pero finalmente en Londres tuvo lugar el primer minuto de silencio -y quizás el último- de la historia del olimpismo. Eso sí, no fue en la ceremonia de inauguración, se quedó en la intimidad de la villa olímpica. Y no busquen vídeos en youtube, tan sólo una foto atestigua un momento histórico al que el COI quiso darle la menor importancia posible.

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Muy breves líneas sobre Pepe Domingo Castaño

La empresa radiofónica tiene la particularidad que depende de su material humano más que del poder de su imagen. Hecho sin parangón en cualquier otro medio de comunicación, escogemos a quien queremos escuchar y no a la empresa que queremos oír. Esto provoca curiosidades como que un señor al borde de los 75 años sea el ancla de un programa deportivo. Y lo más extraordinario, que su masa de fieles oyentes se sitúe en la adolescencia y que estos mozos lo consideren uno más de su pandilla.

Pepe Domingo Castaño ha conseguido elevar la publicidad radiofónica en España a la categoría de arte. Y lo ha hecho con una dicción espantosa y un tono de voz lánguido, inexpresivo y neutro.

El animador supone un papel fundamental en la programación deportiva radiada. Funciona como el locutor del circo o como el speaker de un evento deportivo norteamericano. Al igual que en los espectáculos made in USA, es tan importante -o más- el continente como el contenido. Para tantas horas de duración es necesario mantener atento al espectador. Y lo maravilloso del animador es que no parece que esté haciendo publicidad. De hecho, si nos paramos a analizar, observaremos como hay más cuñas publicitarias que intervenciones del Pepe Domingo de turno, pero siempre pensaremos que ocurre justo al revés.

Castaño ha sabido conectar perfectamente la programación y la publicidad, logrando que los que le escuchemos hagamos de todo lo mismo. La radio logra lo que ningún otro medio ha conseguido, que no desviemos la atención ante el parón promocional.

El animador no vende nada, sencillamente cuenta una historia. Pepe Domingo ha perfeccionado una escuela que nació en la Cadena SER y cuyo ideólogo fue Bobby Deglané. Este pionero de la radio española se había curtido en el Circo Price de Madrid como animador de combates de boxeo y en 1952 puso en marcha, junto a Vicente Marco, Carrusel Deportivo para el seguimiento de la jornada liguera y, lo más importante, de la quiniela. Reciente invento del aparato franquista, las apuestas deportivas tuvieron un impacto inmediato para unos ciudadanos pobres y ávidos de sueños de riquezas imposibles. Desde entonces las tardes radiofónicas del fin de semana, son un tiempo de emoción, carcajadas, agitación e incertidumbre, donde el deporte pasa a ser sólo el envoltorio de un programa de radio.

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