ciencia y tecnología

El fútbol en el futuro. El fútbol en 2050

Allá por 1964 en el rotativo barcelonés ‘El Mundo Deportivo’ les dio por hacer un ejercicio de ciencia ficción y elucubrar como sería el fútbol por el año 2000. Como suele pasar en este tipo de predicciones, hubo tanto aciertos como errores. A mediados de los 60 se comenzaron a televisar los partidos y desde muchas tribunas se profetizaba que eso iba a acabar con la presencia del público en las gradas. ‘El Mundo Deportivo’ acertó al señalar que la televisión “ampliará en millones de personas los aficionados al fútbol creando ídolos mundiales”. En el artículo también se anotaba, con buen tino, que “se reducirá la capacidad de los estadios para que todo el mundo pueda estar sentado”, que “un aparato de radar indicará si un balón ha traspasado la raya para saber si ha sido gol” y que los estadios contarían “con aparcamiento, restaurantes y hasta estaciones de metro debajo de los campos”. Sin embargo, el artículo fantaseaba demasiado al indicar que “el partido se vería a oscuras mientras un foco seguiría al balón” o que los estadios contarían “con helipuerto en las tribunas” para llevar al recinto a las grandes personalidades.

No se puede decir que los fallos sean demasiados. De hecho se puede decir que los aciertos superan ampliamente a los errores. Vamos a intentar hacer lo mismo y presagiar cómo será el mundo del fútbol a 30 o 40 años vista. Vamos a bosquejar un decálogo. E intentaremos no equivocarnos, aunque si lo hacemos tanto dará. Poca gente leerá este artículo, y, podríamos aventurar, que nadie lo releerá allá por 2050.

1. EL BIG DATA SUBSTITUIRÁ AL ENTRENADOR: Poco a poco los románticos iremos desapareciendo. La tecnología llegará al siguiente nivel. Se recogerá información en tiempo real y se analizará el rendimiento, los riesgos y las oportunidades de cada jugador y su influencia en el resto del equipo. Habrá sensores en las espinilleras y chips en la piel que analizarán la temperatura del jugador y su nivel de esfuerzo. Se elaborarán las mejores estrategias y tácticas en cada momento y se considerarán los riesgos de lesión o de expulsión de un futbolista en tiempo real. El cuerpo técnico de un equipo de fútbol se ampliará a imagen y semejanza de los deportes americanos y contará con diversos especialistas para cada concepto del juego. La idea de entrenador-padre-motivador desaparecerá por completo.

2. MENOS FÚTBOL PERO MÁS VELOZ: La tendencia indica que cada vez se juega menos al fútbol, cada vez hay menos tiempo efectivo de juego. Con las nuevas tecnologías los parones serán más acusados y habrá partidos en los que menos del 40% del tiempo sea juego efectivo o real. A cambio los encuentros tendrán cada vez más pases y serán más rápidos debido al incremento sustancial tanto de la técnica como de las condiciones físicas. En las ligas potentes, como las española, los equipos serán capaces de desenvolverse en uno o dos toques. La diferencia entre los mejores y los peores estará en la rapidez de la ejecución. Habrá mucha más velocidad en los encuentros.

3. BALÓN INTELIGENTE: El balón será capaz de hincharse o deshincharse y cambiar de peso en función de las condiciones climatológicas. Tendrá un sensor por el que cambiará de color cada vez que traspase la línea de banda y salga fuera del terreno de juego. Hará lo mismo cada vez que haya un gol. Desaparecerán por completo las polémicas por los goles fantasmas.

4. MUNDIAL DE 48 CLUBES Y LIGA EUROPEA: El Mundial de fútbol contará con 48 clubes e incluso podría llegar a ampliarse realizando rondas previas clasificatorias de las que estarían exentos las grandes selecciones. En Europa habrá 3 o 4 competiciones europeas en formato de liga (Champions A, B, C, D), con los consiguientes ascensos y descensos. La primera Liga sería la Copa de Europa en la que seguirían existiendo las rondas eliminatorias a partir de cuartos de final. Estas ligas no substituirán a las ligas nacionales, pero aumentarán los ingresos de los grandes clubes. Los partidos de las ligas europeas pasarán a jugarse el fin de semana (los primeros cambios ya los vamos a ver en 2024).

5. CHINA SUBSTITUIRÁ A SUDAMÉRICA: Las ligas más fuertes y los mejores jugadores seguirán estando en Europa, pero China substituirá en importancia y relevancia a los campeonatos brasileño y argentino. Un país de 1.500 millones de habitantes, primera potencia económica mundial y que, a diferencia de Estados Unidos, ha apostado por un programa de formación desde la infancia obtendrá beneficios. Los buenos jugadores de Europa del Este o de Sudamérica que no puedan hacer carrera en los transatlánticos europeos acabarán en China.

6. VISIÓN TV: Los jugadores llevarán incorporadas lentes de contacto que permitirán al espectador una visión 3D desde su casa. Incluso podría haber cámaras en la camiseta. A cambio de una cuota, el espectador podrá pinchar varias cámaras con imágenes que le ofrecerán los distintos drones que sobrevolarán el campo.

7. ABOLICIÓN DE LAS TANDAS DE PENALTIS: En un primer momento se corregirá el sistema de lanzamiento a semejanza del ‘tie-break’ del tenis. Con el paso del tiempo se podría evolucionar a un sistema parecido al del hockey donde el atacante arranca con el balón desde poco más adelante del centro del campo y dispone de unos segundos para encarar al portero y decidir que jugada ejecutar. La International Board ya lo ha implantado en categorías inferiores.

8. ACUMULACIÓN DE FALTAS: Dado que el juego cada vez será más lento por las interrupciones del VAR y de otros avances tecnológicos, se castigará con tarjeta amarilla la reiteración de un número determinado de faltas. Al igual que ocurre en el fútbol sala, el objetivo es que disminuyan los parones y el juego violento. Para evitar las pérdidas de tiempo al final de los partidos, los gurús también defienden que los últimos 5 minutos de juego y el descuento se realicen con tiempo real de juego.

9. ÁRBITROS PROFESIONALES: Al igual que los jugadores, los árbitros de Primera División y de élite mundial tendrán que ser profesionales y dedicarse en exclusiva a su profesión.

10. GANAR. El que más goles marque, el que más veces introduzca el esférico en la portería rival, es el que gana.

Eso no cambiará jamás.

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El récord imposible de Marita Koch

En el antaño majestuoso boulevard ‘Unter den linden’ (bajo los tilos) está el corazón de Prusia y el lugar de confraternización y encuentro entre lo que hasta hace apenas tres décadas eran dos Alemanias. Esa amplia avenida berlinesa que comienza en la Puerta de Brandenburgo cuenta con varios edificios de interés. Alguno de ellos consiguió milagrosamente sobrevivir a la II Guerra Mundial. Es el caso del edificio del Arsenal de Artillería que desde 1987 alberga el Museo de Historia de Alemania. Una de las secciones del museo está dedicada a la República Democrática Alemana (RDA), la parte oriental de un país que estuvo casi medio siglo separado por la Guerra Fría. Llama la atención que en una de las vitrinas de la exposición hay una pequeña caja de esteroides. Se trata de unas pastillas conocidas como Oral Turinabol. A través de ese blíster de píldoras se puede trazar la historia del deporte en la RDA. De hecho hasta se puede esbozar la misma historia de la RDA. Una historia de dopaje de Estado.

El legado más perdurable del socialismo de laboratorio no está en obras sociales, ni en colosales construcciones públicas, ni en la calidad de la enseñanza. Está en legendarios registros deportivos. El dopaje de Estado en la RDA está demostrado, comprobado, analizado y reprobado. Algo que en menor medida se verificó en todos los países comunistas, pero que en ningún lugar fue tan descarado y premeditado que en Alemania Oriental. La RDA, un país de 17 millones de habitantes, llegó a ser segundo en la tabla de medallas durante los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988 con 102 preseas. Alemania, unificada, con cerca de 80 millones de habitantes, ni se ha acercado a esas cifras, descendiendo de las 82 logradas en Barcelona´92 a las 42 de los Juegos Olímpicos de Río de 2016.

El dopaje de Estado comenzó en la RDA en 1974 y se estima que en década y media unos 15.000 deportistas pasaron por el laboratorio del dopaje. La obra maestra de esta locura pseudocientífica tuvo lugar el 6 de octubre de 1985 en Canberra y estuvo protagonizada por la atleta Marita Koch.

La prueba de los 400 metros lisos está considerada la más agónica del atletismo. Se requiere mantener durante una vuelta al estadio la explosividad de una carrera de velocidad y resistir al déficit de oxígeno y al aumento del ácido láctico con la mentalidad de un fondista. Marita Koch llevaba años siendo la reina de la distancia, pero aquella tarde no sólo ganó, sino que humilló a sus rivales. Pocas veces se ha visto superioridad tan apabullante entre seres supuestamente iguales. La exageración del enunciado adquiere significado al ver la grabación de la carrera. Aupada por un vigoroso tren inferior, Koch sacó una ventaja excesiva a sus rivales desde la curva para marcar un inaudito 47’60’’.

Koch pulverizó el récord mundial de 400 metros femeninos con una facilidad pasmosa. Corriendo por la calle número 2 su suficiencia fue tal que hasta se consideró que no había hecho lo máximo, con la intención de batir el récord en una carrera posterior. Para comprender la magnitud de la marca es necesario señalar que el récord sigue vigente más de 30 años después y que campeonas olímpicas como Marie Jose-Perec, Cathy Freeman o Sanya Richards ni se han acercado a los 48 segundos.

El récord de España de Sandra Myers está en 49’69’’. Comparar la marca de Koch con la de Myers es como comparar el jamón de cebo ibérico con la mortadela siciliana.

Koch nunca dio positivo en los arcaicos controles antidopajes de aquellos años. Hoy, superados los 60, sigue negando la mayor. De sobra es conocido y reconocido por muchos de sus compañeros que el Oral Turinabol, los esteroides que aceleraban el crecimiento muscular sostenido, tenían barra libre en los campus de entrenamiento. El Turinabol, un medicamento diseñado y comercializado en la RDA, es el causante de que muchas de aquellas chicas hoy parezcan hombres e incluso hayan tenido que cambiar de sexo.

El Oral Turinabol era consumido mayoritariamente por mujeres. Era un esteroide anabólico-androgénico que fue creado por Jenapharm, una compañía farmacéutica con sede en Jena, ciudad de renombre gracias a Napoleón. La multinacional sigue en activo gracias a sus progresos en el campo de la fertilidad, algo, cuanto menos chocante, cuando desde hace años se sabe que a las atletas de Alemania Oriental se les inseminaba artificialmente para que la producción de hormonas aumentase durante el embarazo y, una vez alcanzado el rendimiento óptimo para la competición, se les obligaba a abortar.

Koch, como la mayor parte de atletas del bloque comunista, evitaba las competiciones menores para así sortear los controles, participando sólo en las dos o tres pruebas importantes del año logrando victorias cual Sputniks. Una vez logrado el récord del mundo Koch no tenía nada más que demostrar y mucho que ocultar. Alegó problemas en el tendón de Aquiles y se retiró a los 29 años.

Hoy repudiada, lo cierto es que a mediados de los 80 Marita Koch era una figura legendaria. Para el emergente movimiento feminista era una heroína que estaba demostrando que podía romper las leyes biológicas y superar las marcas de los hombres. Además, para sorpresa de machistas y misóginos, Koch no era fea. Se casó con su entrenador (que también era su camello), tuvo una hija, se dejó el pelo largo y pasó de marimacho a mujer atractiva.

Tan solo otra mujer, la checa Jarmila Kratochvilova, consiguió bajar de 48 segundos en los 400 metros. Kratochvilova tiene el otro récord prohibido en el atletismo los 1’53’28’’ en los 800 metros desde 1983, que si bien son estratosféricos parecen más reales que los 400 de Koch. Aunque es ‘vox populi’ que Kratochvilova era producto del doping, su caso se adscribe más al de hombre que nació con el cuerpo de una mujer. De aspecto andrógino, musculada y fisiológicamente hombruna, nunca pareció una fémina. Al igual que le ocurre a la sudafricana Caster Semenya (que en 2018 ha ganado 25 de 28 carreras sin el beneplácito de la IAAF) la controversia radica en su sexo.

Al caer el Muro de Berlín y pasar a ser públicos los archivos de la policía secreta de la RDA se descubrió la existencia del ‘Plan Estatal 14.25’ un programa sistemático de dopaje al que ningún deportista se podía negar y que dio a la RDA más de 400 medallas de oro en competiciones de atletismo y natación durante 15 años. Fue tal la vergüenza que la IAAF intentó en el año 2001 borrar todos los récords existentes en atletismo y empezar de cero, aunque tan controvertida idea no logró materializarse.

Marita Koch sigue diciendo que la única razón por la que se dedicó al atletismo era porque era la única forma que le permitía escapar de la RDA y conocer otros países. Siempre cuenta, medio en broma y medio en serio, que si en su primera competición internacional en vez de disputarse en Atenas hubiese tenido lugar en un sitio menos atractivo como Polonia hubiese dejado el atletismo. Sigue afirmando que nunca se dopó y que no sabe que es el Oral Turinabol.

Siguen siendo curiosas afirmaciones para alguien que además de una atleta voraz y fanática del atletismo es también licenciada en medicina.

“Me siento confuso, y, sin embargo, al término de mi vida, tengo la certeza de que la RDA no fue fundada en vano. Dejó planteado el hecho de que el socialismo puede existir y ser mejor que el capitalismo. Fue un experimento que fracasó. Pero la humanidad no ha abandonado jamás la búsqueda de nuevas verdades y caminos a causa de un experimento fracasado”. Erich Honecker, presidente de la RDA (1976-1989).

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Apuntes sobre el maratón

Existen diversas barreras fisiológicas que los deportistas de élite han roto para así desmontar los tratados de la medicina y de la biología médica. Se ha bajado de los 4 minutos en la milla, de los 10 segundos en los 100 metros lisos y parece que más pronto que tarde también se ultrajarán las 2 horas en la prueba del maratón. Aprovechando la buena climatología y la planísima orografía de la ciudad de Berlín, el keniano Eliud Kipchoge batió el pasado 16 de septiembre de 2018 el récord del mundo de maratón (42 kilómetros y 195 metros), estableciéndolo en 2h 1m 39s, siendo el primer ser humano que baja de las 2h 2m.

La disciplina del maratón es la prueba más simbólica del atletismo. La carrera de la resistencia. Bebe de la leyenda de Filípides, quien en el año 490 a.C. recorrió los aproximadamente 42 kilómetros entre Maratón y Atenas para comunicar a los atenienses que la coalición de ciudades-Estado griegas habían derrotado al ejército persa. Una vez acabado el encargo se dice que Filípides cayó al suelo víctima de un paro cardíaco.

La hazaña es lustrosa, pero es ficción. Aunque lo interesante es que, haciendo válido el dicho, la realidad supera a la ficción. Y con creces.

Según el historiador Herodoto, los vigías de Atenas observaron en un amanecer como la armada persa se dirigía a desembarcar en el puerto de Maratón. Los atenienses encargaron a un joven llamado Filípides que se desplazara a la ciudad aliada de Esparta para pedir refuerzos. En total eran algo más de 200 kilómetros. Parece ser que Filípides pernoctó a mitad de camino, y efectivamente, al llegar a Esparta y dar el mensaje se desplomó en el suelo y falleció en el acto.

Así pues, si a alguien le parece poco un maratón siempre puede emular a Filípides y disputar un sparthalón, la salvajada de carrera entre Atenas y Esparta que se celebra anualmente el último fin de semana de septiembre y que es 6 veces más larga que un maratón.

Cuando en 1896 se disputaron en Atenas los primeros Juegos Olímpicos modernos, el maratón iba a ser la prueba estrella. Se fijó en 42 kilómetros la distancia, en parte por la errónea leyenda de Filípides y en parte porque ya se consideraba de por sí una distancia sobrehumana. Era un trayecto que no formaba parte del concepto moderno del atletismo y que no era practicado en ningún instituto o universidad tanto europea como estadounidense. Sin embargo, Pierre de Coubertin, presidente del Comité Olímpico Internacional, decidió crear esa prueba como homenaje a los orígenes helenos del olimpismo.

Para orgullo del joven nacionalismo griego, el primer vencedor olímpico de maratón fue Spiridon Louis, un vendedor de agua de 24 años que como preparación estuvo un par de días antes del evento sin comer ni beber. Como regalo por su triunfo recibió un carro y un caballo con los que poder ejercer su costoso trabajo por las calles de Atenas sin cargar con pesados barriles de madera llenos del preciado líquido. En Grecia, la expresión ´égine Louis´ (haz como Louis) es sinónimo de hacer algo con mucha celeridad.

Doce años después los Juegos Olímpicos tuvieron lugar en Londres. Se dice que fue la edición que salvó al olimpismo. Por primera vez se construyó un estadio olímpico, se concentró el calendario en dos semanas (salvo un par de deportes) y lo más importante, para el tema que nos ocupa, se estableció la distancia definitiva del maratón, 42 kilómetros y 195 metros.

En plena época imperial, la metrópolis de Londres convirtió el maratón en un homenaje a la realeza británica. La prueba saldría del castillo de Windsor para finalizar en el estadio olímpico, justo delante de la tribuna real, presidida por el rey Jorge V. El problema es que aunque el rey iba a estar en el estadio, el resto de la familia real se quedaría en el castillo. Era un día lluvioso y no se contemplaba que la reina y el Príncipe de Gales bajasen al jardín a mezclarse con la plebe, por lo que hubo que pintar la línea de salida justo debajo del balcón de la puerta Este del castillo. Ese ligero cambio implicó la añadidura de 195 metros a los 42 kilómetros de la prueba, quedando para la posteridad el establecimiento de tan curiosa distancia y dotando de más literatura a la leyenda del maratón.

En aquella edición de 1908 salió victorioso el estadounidense John Hayes, si bien el vencedor moral de la prueba fue el italiano Dorando Pietri. Totalmente deshidratado, Pietri entró en el estadio olímpico en un destacado primer lugar pero desorientado y a un tris del derrumbe. Empezó a dar la vuelta final en sentido contrario, por lo que los jueces tuvieron que ayudarle a girar 180 grados ante los vítores de una multitud compungida. Pietri llegó a caerse al suelo hasta en cinco ocasiones antes de cruzar la línea de llegada, y en todas ellas tanto jueces como aficionados (entre ellos el escritor Arthur Conan Doyle) se ocuparon de levantarlo y redirigirlo hacia la meta. Más mal que bien llegó el primero, pero minutos después fue justamente descalificado por haber recibido ayuda externa. Hayes se llevó el oro olímpico, aunque Pietri se convirtió en una celebridad en la época y hasta recibió un trofeo de plata de manos de la reina Alejandra.

Lo cierto es que el ser humano está programado para recorrer grandes distancias. Según biólogos y antropólogos todo se debe a que, a diferencia de otros mamíferos, tenemos capacidad para disipar el sudor mientras corremos. De ahí que el ser humano pudiese sobrevivir pacientemente en la sabana africana corriendo detrás de sus presas e incluso a la espera de que estas falleciesen a causa de un golpe de calor. Esta misma teoría evolutiva explica porque hemos desarrollado nuestra capacidad de aguante y en contra no hemos hecho lo mismo con la explosividad muscular tan típica de otros mamíferos depredadores.

Está estimado que para correr un maratón en menos de 2 horas hay que mantener una media de 21 km/h, similar, por ejemplo, a la de un ciclista subiendo un puerto con una pendiente media del 10% y con el hándicap de llevar el peso de un utensilio de 7 kilos de peso. En algo más de un siglo se ha rebajado en casi 1 hora el tiempo de Spiridon Louis de 1896.

No sabemos si el hombre que pasará a la historia será Kipchoge o algún otro, pero, se puede asegurar que procederá de África, y rizando el rizo, hasta podríamos ajustar y decir que surgirá de África Oriental. Un estilo de vida donde no existe el transporte a motor y donde la múltiple actividad física realizada desde niño se expone a más de 2.000 metros de altura, concede a keniatas, ugandeses o etíopes una considerable ventaja. Si a esto añadimos que por una cuestión social correr es la única forma de salir de un modo de vida primitivo, tenemos el caldo de cultivo para presenciar un nuevo hito en la evolución de la especie humana.

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A propósito del VAR

Cada 4 años, entre finales del mes de mayo e inicios del mes de junio, se produce un pico en la venta de aparatos de televisión. Coincide en el tiempo con los avances tecnológicos en materia de definición de las distintas marcas comerciales. Primero el sonido estéreo, luego el color, más adelante la alta definición, más tarde la TDT y ahora el 4K. Y coincide en el tiempo con la celebración del evento deportivo más seguido en el mundo, la Copa Mundial de Fútbol. A los que se preparan para un mes de junio de `sillón-ball` conviene hacerles un par de aclaraciones. En esta edición habrá dos novedades; un cuarto cambio en caso de que el partido tenga prórroga, y la aparición del VAR (Video Assistant Referee).

Aún está por ver el sistema que se implantará en la Liga española. En el método más aceptado por la FIFA un colegiado instalado en el palco es el encargado de ver las jugadas conflictivas por circuito cerrado y a través de un sistema de escucha le dice al árbitro principal lo que ha sucedido. Tendrá a su disposición un total de 35 cámaras a las que podrá acceder desde el centro de mando. Existe un segundo método que es menos inclusivo y que es el que parece ser que se implantará en la Liga la próxima temporada. En éste, el árbitro para el partido y se dirige a la zona de los banquillos donde él mismo, con la ayuda de unos cascos y un aparato televisivo, examina la jugada y toma una decisión en compañía de sus jueces de línea.

La utilización del VAR se hará en cuatro supuestos; 1) validez de los goles, 2) señalización de penaltis, 3) amonestación por roja directa y 4) aclaración de duda ante que jugador ha cometido una falta. Los estudios de la FIFA esgrimen que el porcentaje de acierto es superior al 98% y que sólo representa un 1% de parálisis en el ritmo del partido. Los partidarios argumentan que con el VAR los árbitros podrán percibir todo lo que los aficionados ven desde su casa y que, además, será el colegiado el que tenga la última palabra sobre la decisión a tomar. Se dice que es justo darle una herramienta al árbitro para que no sea engañado. Y es cierto. Y es de justicia. Acabará con situaciones bochornosas por su claridad al ser vistas por televisión y que llevan a confusión y a improperios indiscriminados hacia el colegiado.

Pero a mí no me gusta.

En Derecho Civil existe la ‘teoría de la interpretación objetiva de la ley’. Se trata de una interpretación dinámica de la ley orientada al sentido que tienen las propias normas en el momento de ser aplicadas. Se basa en la creencia de que la ley, una vez promulgada y en vigor, adquiere vida propia y va conformando su contenido normativo en función de las circunstancias y necesidades sociales….Hagámoslo más fácil. Si no hubiese interpretación no habría ‘una primera vez` o ‘un primer caso’, ni haría falta contratar a un abogado. Sin interpretación, todos los casos serían idénticos. Con interpretación, existen condicionantes. Es más, si no hubiese interpretación no haría falta ni médicos, ni policías, ni profesores, ni jueces, ni periodistas. Cualquiera podría aprenderse la teoría y ejecutarla. No habría falta nadie especializado para interpretarla.

El problema se da en las jugadas opinables, donde la frontera entre el acierto y el error es muy fina. Donde la subjetividad es parte del arbitraje. Es aquel que estudia el reglamento el que tiene capacidad para adaptar la ley al contexto existente.

El reglamento arbitral está lleno de interpretaciones. Decisiones que no debe resolver la inteligencia artificial. En el fútbol, la infracción por tocar el balón con las manos está entre los tradicionales objetos de disputa. En España un pase interceptado con las manos suele ser tarjeta amarilla, en competición europea es raro que eso suceda. Ambas son decisiones correctas. El reglamento sugiere que es el colegiado el que debe interpretar si existe voluntariedad y si afecta al discurrir del juego. Lo mismo sucede con la, ya muy aceptada por el público, ley de la ventaja, acción totalmente interpretativa por el árbitro. Y así podríamos seguir con varios ejemplos más, como el tiempo añadido (el cuarto árbitro dictamina un tiempo estimativo informativo, pero el árbitro principal puede acortarlo o alargarlo a su antojo, por muchas protestas que haya) o el fuera de juego, donde es el colegiado el que tiene potestad para aplicarlo o no aplicarlo en caso de duda.

Y todo ello es lógico; ¿acaso un elemento de figuración compleja debe tener unilateralmente sólo un tipo de interpretación?

La UEFA ha probado con la utilización de los jueces de fondo, elevando el número de colegiados a cinco por encuentro. Es igual. Diez ojos no solucionan un problema de interpretación. Y 35 cámaras tampoco lo harán.

El VAR no sólo va a influir en la rectificación de posibles errores, sino en el ritmo de juego. Cada intervención del VAR será un parón y un reinicio. Aumentaran los arrebatos y las piruetas, se verán perjudicados los equipos que pregonan la posesión del balón, los que maduran poco a poco al contrario, distrayéndole con el balón de un lado para otro.

Y esto va a ser tremendamente perjudicial para el fútbol. Creará confusión. En Estados Unidos, donde el espectáculo deportivo dura varias horas, se están estudiando formas de acortar los tiempos de juego y de televisión, ya que están comprobando que los ‘millennials’ prefieren ver resúmenes con las mejores jugadas y no el partido entero. Las nuevas generaciones quieren información instantánea y no están dispuestos a sentarse delante del televisor durante un par de horas.

El fútbol es un juego dinámico en el que no hay goles. Hay otros deportes que tienen muchas interrupciones pero también muchos tantos. Infinidad de tantos. Si un partido de fútbol acaba sin goles y aún encima le quitas el dinamismo…difícilmente vas a enganchar a nuevos aficionados. Y corres el riesgo de provocar hartazgo en los viejos fans.

¿Hay que descartar entonces las nuevas tecnologías? Por supuesto que no. El ojo del halcón es una medida más que necesaria y que no requiere de un problema de interpretación. Es una ayuda tecnológica que determina si el balón cruza o no la línea de gol. Ahí no hay discusión posible.

Pero la solución sigue estando en mejorar la formación de los árbitros. Se dice que son unos ladrones, que están comprados. No. No es eso. Son malos. Y son humanos. Tienen sus equipos favoritos (como todos nosotros), les aflige la presión y el ambiente, y les afecta la importancia del encuentro y de los jugadores a los que están dirigiendo. Les falta personalidad.

Les falta profesionalización.

El arbitraje está regulado por la FIFA y sus distintas federaciones. No existe un mercado libre como ocurre con el de los futbolistas. De este modo, las distintas ligas europeas no pueden contratar a los mejores colegiados. Árbitros como el húngaro Victor Kassai, el suizo Massimo Busacca o el portugués Pedro Proença, todos ellos galardonados con el título de mejor colegiado del mundo, tuvieron que arbitrar en ligas menores. Lo lógico sería que arbitrasen en España, Inglaterra o Italia, con un sueldo millonario que les permitiese dedicarse en exclusiva al arbitraje y sin la sospecha de favorecer a uno u a otro equipo dado su condición de extranjero.

Esa sí que sería la verdadera revolución del arbitraje y no llenar el terreno de juego de cámaras y de colegiados. Porque a veces da la sensación de que nos olvidamos que el fútbol está pensado para los que juegan y para los que se acercan al campo a verlo, y no para los que nos sentamos en el sofá con el mando en la mano. Esos, aunque ahora ya no lo parezca, deberían ser los menos importantes.

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Jutta Kleinschmidt. Mujeres y deportes de motor

Si hay alguien que se toma la molestia semana tras semana en seguir este blog, o simplemente se detiene por interés a leer alguno de los artículos, comprobará que en las 67 reflexiones publicadas hasta el momento nunca he hablado acerca de deportes de motor. No hay sitio para la velocidad ni para la resistencia. Ni para coches ni para motocicletas. Ni para Senna ni para Rossi.

¡Y anda que no hay historias sobre ruedas dignas de ser contadas! Y muchas. Adelantamientos increíbles. Carreras ganadas por centésimas. Campeonatos conquistados en la última curva. Y muertes. Cuantiosas muertes. Pero es que considero que los deportes de motor no son deportes en un término estricto de la acepción. Deporte es toda aquella competición reglada en la que compiten al menos dos personas o equipos y en la que en igualdad de condiciones se realiza un esfuerzo físico y/o mental para lograr un resultado ante el rival o ante el cronómetro.

En los deportes de motor, la pieza clave es el vehículo. Es cierto que sólo un buen piloto es capaz de lograr una victoria, pero más cierto aún es que ningún piloto, por bueno que sea, es capaz de ganar si no tiene un vehículo adecuado. No existe igualdad y no es el deportista, sino los ingenieros y los mecánicos, los que marcan la diferencia. Tampoco es deporte la caza o la pesca, pero por distintos motivos, porque es una lucha entre un ser humano y un animal. Pero sí que es deporte el ajedrez, porque es una competición reglada entre iguales con un gran desgaste mental. De hecho, en el caso de los e-sports, que ni sigo, ni entiendo, ni me gustan (y hasta podría decir que me parecen odiosos) no me queda más remedio que admitir que son un deporte, porque el desgaste psicológico, y en algún caso físico, es evidente. En los deportes de motor también hay ese desgaste, obviamente, pero a diferencia de los e-sports, donde la máquina es la misma para los contendientes, en la F-1 o en Moto GP no se puede decir lo mismo.

El argumento que suelen utilizar los defensores de los deportes de motor es que los condicionantes externos existen en todos los deportes. Es cierto. Un futbolista de primer nivel tiene acceso a servicios médicos, materiales o métodos de entrenamiento superiores a los de un futbolista de categoría inferior. Es más, en los deportes de equipo la desigualdad es evidente porque a golpe de talonario se reúnen juntos los mejores jugadores imposibilitando la victoria de los equipos modestos. No obstante, sigue siendo una lucha entre iguales y con las mismas reglas. Utilizando como ejemplo del fútbol, se trata de 11 hombres contra 11 hombres vestidos con botas de fútbol y jugando dentro de un terreno de juego con medidas estándares. En la F-1 los pilotos pueden tener la misma preparación, el circuito y las reglas son las mismas para todos, pero los monoplazas son totalmente distintos. Y es el monoplaza el que determina las opciones de victoria. Un balón, una piragua o unas botas no son determinantes. Un vehículo sí que lo es.

He aquí mis razones, las cuales pueden o no pueden ser compartidas. Para gustos colores, que dice el refrán. Intentaré rizar más el rizo, aun sabiendo que me dispongo a entrar en arenas movedizas. Sólo hay un deporte en el que las mujeres pueden y deben competir de tú a tú con los hombres; los deportes de motor.

Las mujeres están en clara desventaja respecto a los hombres. De hecho, en pleno auge del movimiento feminista, pocos campos hay tan machistas como el del mundo deportivo. Las comparaciones sexistas, miradas lascivas o comentarios impropios en medios de comunicación están presentes en el día a día. Y no es justo. La mujer tiene, o debería tener, los mismos derechos que el hombre. Pero que deba existir igualdad de derechos no quiere decir que seamos biológicamente iguales. Eso es irrefutable.

Un mantra habitual es que los hombres y las mujeres deberían cobrar lo mismo. Y así debería ser en el ámbito público, en el deporte de base y en el deporte subvencionado. Otra cosa es en el deporte profesional, donde opera la ley de la oferta y la demanda (guste o no guste). A menudo se cita que en países como Noruega o Dinamarca los chicos de la selección de balonmano renunciaron a parte de su prima para aumentar la recibida por las chicas y equiparar así el sueldo entre la selección masculina y la femenina. Hecho más que loable. Lo que se suele omitir, es que las chicas deberían cobrar más, no lo mismo. Y es que en Noruega la audiencia televisiva y el aforo de los pabellones en los partidos femeninos son superiores a los masculinos.

Por lo tanto, es una falsa igualdad.

Biológicamente los hombres son más fuertes, altos o rápidos que las mujeres. Eso implica que un tenista golpeará la bola más lejos, un ciclista correrá más kilómetros y un atleta será más rápido. Y cuando un ser humano compra una entrada o paga un abono televisivo quiere ver a los mejores. Quiere ver a los que hacen lo extraordinario. Y por eso unos generan más dinero. Y si la tarta es más grande, el trozo que te llevas a casa también. ¡Pero lo mismo pasa al revés! Las gimnastas tienen contratos más elevados que los gimnastas. ¿Por qué? Porque ningún hombre por mucho entrenamiento que realice puede llegar al nivel de contorsión al que llega una mujer. Nunca será tan extraordinario.

Nunca nos referimos a técnica. La técnica es independiente a las condiciones físicas. La capacidad de anotar triples, de lanzar una bola curva de beisbol o de realizar un regate es unisex. En ese caso no existe diferenciación ninguna. La habilidad es de todos.

¿Por qué hay árbitros que son mujeres en competiciones masculinas y sin embargo hay ligas masculinas y femeninas de forma distinta? ¿Machismo? Existe, y mucho. Pero no es eso. Ese concepto es erróneo. No se puede hacer una liga unisex porque físicamente las diferencias son abismales. Existen los 100 metros lisos masculinos y los 100 metros lisos femeninos. Y también los 100 masculinos para discapacitados y los 100 femeninos para discapacitados. ¿Es machismo? ¿Es discriminación? ¿Es racismo? No. Es la naturaleza. Existen esas 4 competiciones distintas, porque existe la igualdad de derechos. Pero existen 4 competiciones distintas porque existe la desigualdad biológica.

—JUTTA KLEINSCHMIDT—

¿Dónde pueden competir en igualdad hombres y mujeres? En los deportes de motor. Dada la preeminencia de la máquina en estas disciplinas, las diferencias biológicas son inapreciables. Y es aquí donde debería estar la verdadera lucha del movimiento feminista y donde se debería permitir la coexistencia entre hombres y mujeres y desterrar un machismo recalcitrante con olor a gasolina.

Quizás, la pionera, fue la alemana Jutta Kleinschmidt. Física e ingeniera, fue la primera mujer que consiguió la victoria en el Rally Dakar en la categoría de coches.

Kleinschmidt trabajaba en el departamento técnico de BMW a finales de los años 80 y competía en alguna prueba de motos en su tiempo libre. Consiguió convencer a su empresa de que le pagase una moto de competición para competir en el rally Dakar, y así hizo. En 1993 recibió la oferta de Jean Louis Schlesser, uno de los grandes del Dakar de todos los tiempos, para ser su copiloto en la categoría de coches. Como el mundo es machista se hablaba más de la relación sentimental entre ambos que de las dotes de conducción de la alemana. Cuatro años después conseguiría ya con su propio coche su primera victoria parcial dejando atrás todas esas tonterías. Y para 2001, bajo los mandos de un Mitsubishi, Kleinschmidt lograría la victoria global en el París-Dakar.

Fue una victoria muy polémica, ya que antes de la etapa decisiva los líderes eran el japonés Masuoka y el francés Schlesser, pero un par de accidentes y unas sanciones por conducta antideportiva, otorgaron de rebote la victoria a Kleinschmidt. Daba igual. Había sido segunda y tercera en varias ocasiones. Su valía estaba demostrada. Era una victoria de pleno derecho.

En el periódico ´El Mundo´ se leía lo siguiente´. “Siempre se dijo que el Dakar era para hombres duros. Hasta que hoy Jutta Kleinschmidt ha sido la más dura. Más dura y más rápida que todos. Se acabaron los chistes machistas (…) ¿Dónde mejor que aquí, que somos hombres, hombres duros sin lavar ni afeitar, obligados a usar el suelo por servicio y a comer con las manos llenas de grasa? Pues se acabó. ¡Cualquiera se levanta ahora a hacer una broma sobre una mujer! Jutta nos ha ganado a todos (…) Tiene un coche muy rápido y unas manos portentosas para conducir. Es tan fría y agresiva dentro del coche como amable cuando se baja (…) se cuentan maravillas de ella como conductora y como persona (…) No sólo lo hace bien, sino que se emplea con una fuerza y una fiereza que ya hubiesen querido muchos. Le sobran energías para conducir (…) ¿sexo débil? ¿Débil Jutta? ¿En qué?”.

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Los límites del ser humano

Los deportes individuales tienen un hándicap frente a los colectivos. Estos últimos representan un sentimiento de identidad unitario a los que jamás podrá llegar un único deportista por sí mismo. Ergo, el llanero solitario otorga un plus al aficionado; no sólo compite contra otros, también lo hace contra el tiempo. La gracia del atletismo o de la natación no sólo está en ganar. La emoción, la leyenda y la atención del público radican en batir récords, acabar con lo nunca visto. Luchar contra la historia. Luchar contra el tiempo.

Hace unos años los científicos del Instituto de Investigación Biomédica del Deporte en Francia aseveraron que en dos décadas, allá por 2030 o quizás 2040, la raza humana alcanzará el límite de sus capacidades fisiológicas. No se podrá correr más rápido, saltar más alto ni ser más fuerte. Se analizaron más de 3000 récords mundiales de atletismo, natación, ciclismo y patinaje y testificaron que entre 1896 (año de los primeros Juegos Olímpicos) y 1968 se superaron frecuentemente y con notable margen las diferentes marcas deportivas. Desde entonces esa diferencia se produce de forma más lánguida y paulatina. Consideraron que a comienzo del siglo XX el ser humano funcionaba con el 75% de sus capacidades fisiológicas frente al 99% de la actualidad. Con estos datos científicos aseveraron que en 2027 sólo se mejoraran las marcas mundiales en un 0,05%. Desarrollaron para ello una curva matemática llamada asíntota que llegará al 100% de rendimiento humano en un cuarto de siglo.

Bajo este prisma se supone que en 2050 tendremos que medir los récords del mundo de maratón en centésimas, los de levantamiento de pesas en gramos y para los 100 metros lisos tendremos que decirle al Iphone 50 que nos calcule los nanosegundos de rigor.

¿Se nace o se hace? A grandes rasgos somos todos iguales, pero unos resaltamos más que otros en función de las barreras genéticas. Ahí se nace. Luego existen diferentes barreras alimenticias, de hábitat, sociales y de entrenamiento. Ahí se hace. La superélite necesita nacer y hacerse, fundamentalmente en los deportes contranatura. En las disciplinas de equipo (fútbol) o cara a cara (tenis) es más importante el hacerse que el nacer. En aquellas contra la naturaleza (atletismo) es más importante el nacer que el hacerse.

Tras casi 150 años de historia del deporte moderno, la evolución y profesionalización de los entrenamientos y de los utensilios de apoyo para la competición ha ido borrando e igualando las barreras del hacerse. Cualquier nadador o ciclista aficionado puede igualarse en alimentación o en régimen de entrenamiento con un deportista de élite. Sólo cuestiones económicas pueden impedírselo, pero el hiperprofesionalizado e hiperpublicitario mundo deportivo es quizás el único ámbito de la vida que puede convertir a un pobre en millonario. Todo ello ha eliminado barreras y facilitando que aquellos dotados genéticamente maximicen su potencial y logren la máxima eficacia en una disciplina.

Según el citado estudio francés, se argumenta que mientras se mantengan las actuales reglas y no se permitan que las drogas aumenten la capacidad de los deportistas y los cuerpos no sean modificados con órganos y músculos artificiales, no veremos más récords del mundo. Pero como siempre el ser humano se guarda la capacidad de sorprendernos y de llevarle la contraria a la ciencia. No estaba previsto un Usain Bolt y apareció. Y otro nuevo aparecerá. Porque el ser humano no es sólo cerebro, también es alma.

Mike Powell saltó 8,95 en 1991 batiendo la legendaria marca de Bob Beamon de 8,90. Inalcanzable. Dicen. Se batirá. Claro que se batirá. Se pasará de los 9 metros. Los velocistas practicaban la longitud en tiempos pasados. La falta de interés del público y su menor repercusión económica han dañado a las disciplinas de saltos y de lanzamientos. Ahora mismo no interesan. Pero volverá su momento. Y un patrocinador sabrá aprovecharlo y exprimir los genes de un atleta que salte más de 9 metros.

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Pero hay otros factores diferenciales. Muchos otros que los científicos franceses no valoraron. Ya se sabe que los profesionales del raciocinio se olvidan frecuentemente del poder del corazón.

La cabeza. El deseo. La voluntad. El arresto. La fe. La ambición. La presión. En definitiva, la psicología. Poder con lo que se te viene encima. Tener avaricia por conseguir lo inalcanzable. Y el rival. Sin un rival no puedes exprimir tus virtudes. Sin rival no hay presión ni ambición. Todo gran campeón necesita su némesis, alguien que le lleve al límite.

Y el tercer factor es la suerte. Ante la dictadura de la tecnología nos olvidamos de que el deporte es un juego de azar. Y todo componente de azar se puede preparar y prevenir pero nunca eliminar. Una caída, una lesión, o una enfermedad pueden trastocar años de preparación. Y `un buen día´ puede convertirte en leyenda.

En un simposio celebrado en 1982 la holandesa Wil van Breukelen, entrenadora de natación, afirmó que “las chicas con las uñas pintadas no ganan nunca”. Entendía que ese aspecto revelaba un interés ajeno al deporte que les convertía en débiles. Evidentemente es una tontería. Pero es el aspecto psicológico de la aseveración lo que hay que analizar. Si la chica en cuestión piensa que si pinta las uñas no va a ganar, no va a ganar. Si el deportista está convencido de que si come una barra energética va a ganar, va a ganar. Si está convencido de que si come un pastel de crema va a ganar, va a ganar. La ciencia seguirá avanzando, los entrenamientos mejorando, los genes serán seleccionados y los caballos continuarán ganando y los asnos perdiendo. Pero una cosa debe quedar clara. Si el asno tiene fe posiblemente no le llegue para ganar, pero un pura sangre – por muy pura sangre que sea- si no tiene fe tampoco ganará.

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