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Y el Madrid lo ha vuelto a hacer

La final sin fin. La segunda parte de la interminable final de la Copa Libertadores parece ser que, si ningún barra brava lo impide, se va a jugar en Madrid, en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid vuelve a colgarse la medalla al mérito civil. Hay quien dice que es un tanto para el Gobierno de Pedro Sánchez, otros que para Manuela Carmena y los más que para Luis Rubiales y la Federación Española de Fútbol. Tonterías. Es un triunfo del Real Madrid. Otra condecoración en el uniforme. Otro motivo más para ser respetado. Otro motivo más para ser envidiado. Otro motivo para ser admirado. Otro motivo más para ser odiado.

El Real Madrid es como un tornado que todo lo engulle. La camiseta blanca trasmite una impronta y una carga de respetabilidad que se desparrama irremediablemente en el mundo del fútbol. El Real Madrid se hizo universal a finales de los 50, una década antes de que las reglas establecidas explotaran por los aires. El Real Madrid de Di Stéfano es el último club de fútbol caballeroso, elegante y gentleman y esa aura lo acompañará para siempre. Se trataba de un equipo victorioso de hombres maduros (salvo Gento todos rondaban o superaban la treintena) que no tenía nada que ver con lo que vino después. El Benfica era un equipo multirracial en un tiempo de racismo, el Inter practicaba un juego defensivo y aburrido y el fútbol alborotador de insolentes y melenudos que desplegaban los inconformistas del United y del Ajax se pasaba de provocador. El Madrid se quedó con la etiqueta de equipo caballeroso por excelencia porque fue la última gran escuadra antes de la revolución juvenil de los 60.

Únicamente 10.000 asientos, la mitad de los mismos para cada club, serán vendidos en Argentina. 12.000 serán para compromisos oficiales de los gerifaltes del fútbol, sus empresas y particulares (los beneficios de la venta de estos billetes irán íntegramente a las arcas del Real Madrid) y las 50.000 restantes serán para los aficionados de River y Boca que residan en España. Son más de 250.000 los argentinos que están censados en España y son ellos los que viven en un estado de fiesta permanente desde hace 10 días ante la posibilidad de disfrutar de un partido legendario a más de 10.000 kilómetros de casa.

El problema de seguridad es mayúsculo, aunque para los agoreros cabe recordar que en el encuentro de ida, disputado en la volcánica Argentina, no hubo ningún incidente. No obstante, los ánimos estarán excitados y el riesgo es evidente. Además, Madrid se enfrenta a un doble problema. Durante el Puente de la Constitución, la capital de España está abarrotada por miles de compatriotas que deciden pasar esos días de asueto en un destino cercano. Madrid se presta a ser visitado por sus luces y sus mercadillos navideños. Todo esto se traduce en un despliegue especial policial y de servicio de emergencias que aún encima se ve agravado por estar España en un nivel 4 de alerta terrorista.

Se estima que en un Madrid-Barça entre antidisturbios, caballería, agentes de subsuelo, policías, helicópteros y sanitarios hay unos 2.500 empleados públicos movilizados. Se comenta que para el River-Boca la cifra va a acercarse a los 5.000. Lo curioso es que mientras la ciudadanía, frecuentemente azuzada por partidos de izquierda (por lo menos hasta el 2-D), protesta y muestra su indignación por gastos semejantes ante la llegada de un mandatario extranjero o de una reunión económica, religiosa o política de alto nivel, no emite reproche cuando el gasto público va destinado a un evento deportivo. Es la “magia” del fútbol. Sólo en sueldos públicos (sin tener en cuenta destrozos de mobiliario urbano o servicios de limpieza) se habla de cifras próximas a los 650.000 euros.

En Argentina se ha montado un quilombo. En un primer momento la cancelación de la final se consideró una vergüenza nacional. Deportistas de renombre y diversas personalidades manifestaron su repulsa por lo sucedido y admitieron que no se podía jugar el partido de vuelta en Buenos Aires. Pero cuando se supo que la Conmebol iba a llevar la final a Madrid, el discurso cambió radicalmente.

Los pseudoperiodistas se pusieron la bandera como capa y empezaron a decir burradas sin sentido histórico. En ‘Clarín’ se preguntaban qué dirían Bolívar y San Martín si supieran que la final se jugaría en Madrid y en ’90 minutos de fútbol’ se rasgaban las vestiduras y proponían un revisionismo histórico y cambiar el nombre de ‘Copa Libertadores’ por ‘Copa Colonizadores de América’ o por ‘Copa Conquistadores de América’. La sensación generalizada en el país es que se está robando a Argentina algo que es suyo, cuando la realidad es que el Boca-River, aunque argentino por definición, es sudamericano por aclaración, porque la competición no es local, sino internacional. El problema, más allá de las quejas de Boca (que solicita la victoria por decreto, y con parte de razón) y de River (que solicita jugar en casa a puerta cerrada, y con parte de razón) es que la Conmebol puede llevar la final al lugar de su jurisdicción (Sudamérica) que desee y en cambio se lo ha llevado a España, a la querida-odiada España.

Bolívar y San Martín estudiaron y residieron en España, y San Martín, el héroe argentino, formó parte del ejército español que luchó contra las tropas napoleónicas en Bailén. Ambos tienen dos estatuas ecuestres en Madrid, y ambas fueron levantadas en la década de 1960, cuando en España gobernaba alguien tan poco libertador y tan poco proclive a la independencia de los pueblos iberoamericanos como Francisco Franco. Y por supuesto San Martín cuenta con honores en Bailén, en Palencia –de donde eran sus padres-, en lugares en los que residió como Cádiz, Málaga o Sevilla y hasta en Fisterra, quizás por aquello de que es el lugar de la Península más próximo a América.

Lo que si es cierto es que la final al disputarse en Europa se ha convertido en un injusto espectáculo de primera clase. Sin contar estancia y vuelo, únicamente con las entradas se va a producir un alza de precios descomunal. Para el Monumental se vendían tickets por 20 euros, en el Bernabéu las más baratas están en 80 euros. Como cuando toca Mundial, sólo podrán viajar los hinchas adinerados o los residentes en Europa. En Argentina el salario medio está en 365 euros y con la inflación en eterno desboque.

El caso es que en la próxima rueda de prensa, en la próxima junta de accionistas o en el próximo fichaje, Florentino Pérez subirá al estrado y podrá presumir de que el Santiago Bernabéu es ( y será) el único estadio del mundo que ha albergado, más allá de finales coperas y partidos de Liga ante el FC Barcelona, la final de la Copa de Europa (1957, 1969, 1980, 2010), la final de la Copa Intercontinental (1960), la final de la Eurocopa de naciones (1964), la final del Mundial (1982) y desde ahora la final de la Copa Libertadores (2018). Y den por hecho que si algún día la final de la Copa de Asia, de África o de lo que sea, se tiene que desplazar de sede, el lugar elegido será el Santiago Bernabéu.

Guste o no guste, el Madrid lo ha vuelto a hacer.

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River Plate – Boca Juniors

Cuando llega el rigor del invierno los erizos buscan un lugar en el que guarecerse. Desarmados por culpa del frío deciden juntarse para proporcionarse calor. Lamentablemente para ellos el juntarse implica pincharse, por lo que pegan un salto, reculan y vuelven a alejarse. Una vez calculado el punto exacto entre dolor y calor vuelven a acercarse hasta que determinan una distancia apropiada para darse ardor sin sufrir daño.

Acostumbrados a una versión eurocéntrica del mundo, tendemos a considerar que no existe acontecimiento futbolístico más relevante que un duelo entre el FC Barcelona y el Real Madrid. Si bien es cierto que por nivel futbolístico y por cuestiones socioculturales estamos ante el partido de fútbol más atractivo del momento, no debemos perder la perspectiva sobre otros encuentros. Para empezar, Madrid y Barcelona son dos ciudades en conflicto que se encuentran a 600 kilómetros de distancia. El mal llamado ‘clásico’ desde hace un par de décadas, por y obra gracia del marketing, ni siquiera es un enfrentamiento entre hermanos.

No recuerdo en que libro leí la historia del erizo, pero si puedo afirmar que no era un tratado de ciencias sociales ni un libro de naturaleza. Era una metáfora que explicaba porque las guerras civiles son las más dolorosas de entre todas las guerras. Las relaciones entre hermanos son las más profundas, pero a la vez son las más débiles, y encontrar el equilibrio entre el dolor y el amor se entorna siempre complicado.

Un derbi es un enfrentamiento entre hermanos. Entre vecinos de una misma ciudad. Entre familias y amigos. Es cierto que el desarrollo de los medios de transporte ha hecho que consideremos derbi luchas entre distancias kilométricas, pero la esencia del derbi sigue siendo una rivalidad de vecindario. Una final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y River Plate tiene una carga emocional de tal envergadura que ni Real Madrid ni FC Barcelona pueden comprender. Tan sólo una final de la Copa de Europa entre los protestantes y unionistas del Glasgow Rangers y los católicos y separatistas del Celtic de Glasgow podría asemejarse a lo que en estos días están viviendo en Argentina. Pero que los dos colosos del fútbol escocés lleguen a enfrentarse en una final europea suena a ciencia ficción.

Boca Juniors y River Plate ocupan un lugar privilegiado en una lista en la que destacan AC Milan vs Inter de Milan, Betis vs Sevilla, Fenerbahce vs Galatasaray, Real Madrid vs Atlético, Olympiakos vs Panathinaikos, Partizan de Belgrado vs Estrella Roja, Nacional vs Peñarol o Lazio vs Roma. ‘Conditio sine qua’ puede haber un gran derbi es que tiene que existir una gran urbe en la que tengan cabida dos equipos de nivel superlativo e igualitario.

En Buenos Aires no sólo hay dos equipos, hasta 12 de los 26 que conforman la Liga Argentina se concentran en lo que se denomina Gran Buenos Aires. No es más que la muestra de la pujanza de un área metropolitana donde viven 13 millones de personas, un tercio de la población del país. Además de Boca Juniors y de River Plate, Argentinos Juniors, Huracán, San Lorenzo de Almagro y Vélez Sarfield compiten por la supremacía de la ciudad. En la otra orilla del río Matanza (conocido por los bonaerenses como el Riachuelo), en lo que antaño eran cuadras y haciendas y hoy son bloques de edificios, están Independiente, Racing de Avellaneda, Lanús, Tigre, Banfield y Defensa y Justicia. En total hay censados en la ciudad hasta un total de 66 estadios de diferentes categorías.

Que Boca Juniors y River Plate disputen una final de la Copa Libertadores es la amplificación de la exageración. Realmente “en Argentina todo es hiperbólico” como señaló el periodista Andrés Burgo. Buenos Aires es el centro mundial del fútbol. Del fútbol de barrio y del fútbol profesional. A nadie se lo ocurre compartir estadio con otro rival y a nadie se le ocurre demoler un estadio añejo y canonizado por uno funcional e innovador por muchos dividendos que vaya a generar.

La final de la Copa Libertadores se juega a doble partido. Lo que pierde en especial lo gana en sentimental. El primer duelo se jugó en el estadio Alberto José Armando, que no es otro que ‘La Bombonera’, con su característica forma de D y su tribuna vertical. Pequeño y angosto, los dirigentes de Boca llevan años tratando de convencer a la hinchada para mudarse, pero las protestas de la afición hacen que todos los planes se aparquen. La vuelta se jugará en el Antonio Vespucio Liberti, que no es otro que el ‘Monumental’. Mucho más grande, los aficionados de River disfrutan de este coloso de hormigón desde 1938. Parece que tras incontables discusiones hay acuerdo para tirarlo y levantar otro en el mismo solar, pero todo bajo promesa de albergar la final del Mundial de 2030. Si no hay Mundial, no hay final. Y si no hay final, no hay estadio nuevo.

Mauricio Macri (hoy presidente de Argentina y en el pasado máximo responsable de Boca Juniors) pidió prudencia y dijo que lo mejor es que la final jamás se hubiese jugado. Seguro que recuerda los disturbios entre aficiones de los 80 y los 90 de los que él formó parte o los recientes sucesos del derbi de 2015. Para Macri la tragedia vendrá para el derrotado “porque el que pierda estará tres semanas metido en cama y tardará 20 años en recuperarse”. Estos días las farmacias dispensan ansiolíticos por doquier y los servicios de cardiología de los hospitales argentinos han recibido cientos de llamadas para adelantar los chequeos médicos antes de la disputa del segundo encuentro de la final.

No tenemos datos sobre el parte médico de Andrés Cunha, el bendito que arbitrará el encuentro de vuelta.

Han tenido que pasar casi 60 años para que estos dos acérrimos enemigos se desafíen en una final continental. Realmente hasta el año 2005 las reglas de la competición impedían que se enfrentasen en la final dos equipos del mismo país. Es la última etapa de dos escuadras que tienen el mismo origen.

En 1901 se fundó River Plate en el barrio de La Boca. En la desembocadura del Río Riachuelo estaba el arrabal donde los españoles depositaban el cargamento de plata proveniente de las minas de Perú antes de partir a Europa. Con la independencia de Argentina en el siglo XIX la población se desplazó hacia el interior de la llanura abandonando el antiguo puerto comercial. Sin embargo, con el cambio de siglo los emigrantes italianos se asentaron en La Boca y en 1905 un grupo de jóvenes fundó Boca Juniors, rápidamente conocidos como los xeneizes (genoveses) comenzando una intensa rivalidad con los franjirojos de River. Con el paso de los años Boca Juniors se adueñó del barrio y River emigró al norte, primero al barrio de Palermo y luego a Belgrano, barrio de palacetes y haciendas y ensanche financiero de clase media-alta desde mediados del siglo XX.

En España a menudo se hace una errónea comparativa entre River Plate y Real Madrid y entre Boca Juniors y FC Barcelona. Al igual que el Madrid, River tuvo un presidente visionario que construyó un estadio en una zona periférica que con el tiempo se convirtió en privilegiada. Además a los aficionados de River se los conoce como ‘millonarios’ porque cuando el profesionalismo se hizo realidad en los años 30, River se convirtió en el club hegemónico del país gracias a Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau, una delantera legendaria conocida como ‘La Máquina’.

Sin embargo, River es especialista en dilapidar finales. En 1966 ganaban por 2-0 a Peñarol en la final de la Copa Libertadores a falta de media hora para la conclusión y acabaron perdiendo el partido. Desde entonces los ‘millonarios’ pasaron a ser ‘los gallinas’. Nunca han tenido el hambre y el aura victoriosa de los madridistas.

A Boca se le asocia con el FC Barcelona. En parte porque en estos dos equipos jugó Maradona de la misma forma que Di Stéfano jugó en River y en el Real Madrid. Como Boca se mantuvo fiel al puerto y fiel a su barrio, se asocia ese sentimentalismo con el ‘més que un club’ catalán. Nada más lejos de la realidad. Boca es un depredador de títulos y de finales, tiene el colmillo de la victoria mucho más afilado que el Barça. En Boca no existe conciencia política, ni apoyo de la burguesía, ni juego bonito. En Boca lo que importa es ganar por encima de todas las cosas.

Boca y River. River y Boca. Están prácticamente empatados en lo que a títulos nacionales se refiere, por lo que la diferencia hay que buscarla en la Copa Libertadores. Boca Juniors aspira a ser el equipo más laureado del continente y conseguir su séptimo entorchado, mientras que River Plate cuenta con tan sólo 3 títulos, eso sí, el último en 2015 tras eliminar en semifinales a Boca. En todo caso es Independiente de Avellaneda con 7 Copas Libertadores el que más títulos tiene e incluso el también argentino Estudiantes de la Plata cuenta con 4 trofeos continentales.

No es cuestión de títulos, es cuestión de sentimientos. ‘La final de todos los tiempos’ como ha sido calificada en Sudamérica. “Un partido que va a acabar con una coronación y un entierro” según el periodista Manuel Jabois.

https://www.youtube.com/watch?v=ZDW-ceeMCn0

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Paris

Con motivo de la Exposición Universal de París de 1867, se le encargó a Víctor Hugo un libro sobre la capital francesa. La pequeña obra llevó por título ‘Elogio de Paris’ y puede ser considerada la primera guía moderna de la ‘ville lumière’ (ciudad de las luces). Es una declaración de amor a París, una reinterpretación de la historia de la urbe y un aplauso a su importancia en el devenir del desarrollo de la humanidad. Víctor Hugo utiliza cientos de adjetivos elogiosos para reivindicar la importancia de la antigua Lutecia en la cultura universal. “Sus libros, sus periódicos, su teatro, su industria, su arte, su ciencia, sus modas, lo bueno y lo malo, el bien y el mal, todo ello agita a las naciones del mundo y las guía”.

El resplandor de Paris no necesita del fútbol. Por lo menos no lo ha necesitado hasta ahora.

Ha habido 22 equipos que han ganado la Copa de Europa de fútbol representando a un total de 21 ciudades diferentes (Milán tiene dos equipos campeones). Si nos detenemos a examinar a estas urbes observaremos tres tipos distintos de localidades. Ciudades provinciales con fuerte desarrollo industrial (Turín, Liverpool, Manchester, Birmingham, Nottingham, Hamburgo, Dortmund, Rotterdam, Eindhoven y Marsella), ciudades provinciales que funcionan como segunda capital por motivos económicos, históricos o culturales (Milán, Glasgow, Barcelona, Ámsterdam, Múnich y Oporto) y capitales de países que necesitaron del deporte para reafirmarse durante una dictadura (Madrid, Lisboa, Bucarest y Belgrado).

Las cuatro capitales más grandes de Europa no tienen representación en este listado. Moscú, Londres, Paris y Berlín. La excepción es la quinta en la clasificación; Madrid. La sexta, Roma, tampoco ha ganado nunca la Copa de Europa de fútbol.

Ninguna de estas magníficas ciudades ha tenido la necesidad de enfatizar su relevancia a través de un club de fútbol. Todo lo que Víctor Hugo aplicaba a París puede ser aprovechado a todas ellas. Roma es igual al Coliseo; Moscú a la Plaza Roja; Berlín a la Puerta de Brandemburgo y Londres al Big Ben.

Dortmund es el Borussia, Eindhoven el PSV, Manchester es el United y Turín es la Juventus.

Alguien exclamará, ¡pero el Chelsea ganó en 2012 una Copa de Europa para Londres! Cierto. Ahí es a donde quería llegar. La victoria del Chelsea no es el esfuerzo de una ciudad, ni es fruto del desarrollo histórico de un club de fútbol. Ni siquiera el Chelsea es el gran equipo londinense, honor que ostenta el Arsenal o en su defecto el Tottenham. El triunfo del Chelsea es el reflejo de como el fútbol se ha convertido en el pasatiempo primordial de nuestro tiempo y en el principal motor económico de la cultura de ocio. El Chelsea es hoy una gran escuadra porque un acaudalado ruso decidió invertir una fortuna en comprar el equipo. En el siglo XIX mandabas construir una piscina de oro en tu mansión, encargabas alfombras persas e invitabas a tus conocidos para regodearte. Hoy, si eres millonario, compras un club de fútbol y haces lo mismo en el palco VIP de tu estadio.

Los parisinos nunca han tenido la necesidad de poseer un gran club de fútbol. Un parisino es ciudadano de la capital del mundo. Un parisino crea la Copa de Europa y observa como el resto del mundo lucha por conseguir el trofeo. Un parisino crea los Juegos Olímpicos para demostrar que la civilización griega y la francesa son el corazón y el alma del progreso. Un parisino organiza exposiciones universales porque su ciudad es el jardín de Occidente.

El Racing Club de France Colombes 92, conocido popularmente como ‘Racing de Paris’, conquistó una Liga francesa y varios títulos coperos en el período de entreguerras. Sin embargo, quebró a mediados de la década de 1960 y Paris quedó huérfano de fútbol de primer nivel. Por supuesto que hay decenas de clubes de menor categoría en la capital francesa, pero ninguno digno de mención, y muchísimo menos capaz de rivalizar con Stade de Reims, Saint Éttiene, Olympique de Marsella o Lyon, los grandes del fútbol francés. Más adelante, en la década de 1980, el modesto Red Star de Paris fue comprado por la empresa de armamento Matra, la cual invirtió millones en crear un equipo en torno a figuras como Francescoli, Madjer o Littbarski. En cinco temporadas sólo consiguió un subcampeonato, y la familia Matra abandonó el proyecto.

El Paris Saint Germain es un club relativamente joven. Fue creado en 1970 tras la fusión del Paris Football Club y el Stade Saint Germanois. Cuatro años después de su fusión alcanzaron la primera categoría del fútbol galo. En su escudo aparecen representados la Torre Eiffel y la flor de Lis de la monarquía borbónica, debido a que la corte de Luis XIV fue la que proporcionó notoriedad al arrabal parisino de Saint Germain.

El club no ganó ningún título liguero hasta 1986 y no tuvo su primera época de esplendor hasta la década de 1990 cuando fue comprado por Canal +. La corporación mediática fue la primera en intuir que la globalización del fútbol iba a hacer de Paris un mercado muy apetecible e infinitamente superior al de ciudades de provincia como Burdeos, Nantes o Lille. Se logró alzar la Recopa y varios títulos ligueros con jugadores como Ginola, Djorkaeff, Raí o Weah. Luego, con el PSG asentado como grande de Francia, vendrían Pauleta o Ronaldinho.

El gran cambio se producirá en 2011 tras la compra del club por parte de Qatar Investement Authority. Primero desbandaran a sus contrincantes franceses adquiriendo a las estrellas de otros equipos como Giuly, Matuidi o Ben Arfa, y luego asestarán poco a poco una puñalada al mercado internacional con futbolistas de la talla de Beckham, Ibrahimovic, Cavani, Di María, Thiago Silva o Neymar.

El PSG juega en el Parque de los Príncipes, una coqueta instalación insertada en el Bosque de Boulogne y cerca de las pistas de Roland Garros. Todo es muy ‘très chic’. No existe estadio que al ser imaginado evoque menos pasión y sudor. Todo lo contrario. Parece que vamos a acudir a ver una ópera o una obra de teatro y que bajando las escaleras del palco brotaran las pelucas, los tacones y los vestidos de vuelo. El Parque de los Príncipes. Es curioso. No hay nada más glamuroso y más monárquico que París, la capital de la democracia republicana.

El Paris Saint Germain va a ganar la Copa de Europa. Quizás eliminé al Real Madrid y sea este año. Tal vez no lo consiga y tenga que esperar otro año más. O quizás no habrá trono hasta dentro de una década. Pero la ganará. Igual que la ganó el Chelsea. E igual que la ganará la Roma o el Hertha de Berlin si algún magnate decide invertir su fortuna en el fútbol. Pero, por muchos trofeos que levante el PSG, para los parisinos y para el resto de los mortales (los turistas), Paris seguirá siendo la Torre Eiffel, Notre Dame, los Campos Elíseos y el Sena, pero nunca, nunca, nunca será un club de fútbol.

https://www.youtube.com/watch?v=Nm5UY9qE-eM

“París responde a todo lo que el corazón desea. Uno puede divertirse, aburrirse, reír, llorar o hacer lo que se le antoje sin llamar la atención, puesto que miles de personas hacen otro tanto…y cada uno como quiere”. Frédéric Chopin.

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Templos del fútbol (4ª parte y final. Wembley y Maracaná)

Si alguien ha tenido la paciencia, fuese por gusto o por convicción, de leer u hojear los tres anteriores artículos que versaban sobre los estadios de fútbol de ayer y de hoy y su significado en la arquitectura y en la sociedad contemporánea, debería haber notado que hay dos de ellos que no han sido reseñados. Cualquiera que se considere un buen aficionado se habrá percatado de que los dos grandes templos de ambos hemisferios han sido omitidos.

Al norte de este planeta está el más grande templo futbolístico de la antigüedad; que no es otro que Wembley. Sí, es cierto, Wembley sigue en pié. Pero es uno nuevo. No es Wembley. Lleva el mismo nombre y está en el mismo barrio londinense. Pero no es el mismo estadio. Por otra parte, en el hemisferio sur está el más grande santuario futbolístico aún en pie; Maracaná. Quizás el lugar con mayor aroma de fútbol y con mayor significado para un pueblo.

WEMBLEY (Londres. 1923-2002): Basta el nombre para evocar el mito. Un templo del fútbol mundial lleno de encanto, de desafíos legendarios disputados a la sombra de aquellas 39 gradas que llevan al palco real, para entrar por derecho propio en la historia del balompié. Ganar en Wembley no es como ganar en cualquier otro lugar. Es el estadio donde sólo juega la selección inglesa y donde se disputan la final de la F.A.Cup amén de alguna que otra final europea, siempre bajo la atenta mirada de la realeza británica. Es por eso que el Real Madrid, a pesar de su basta historia, nunca ha jugado en Wembley, por lo menos en el viejo Wembley.

Y es que en una decisión incomprensible se decidió demoler este símbolo del fútbol para edificar uno nuevo a escasas yardas. Un símbolo que nació de pie.

La leyenda prorrumpió en su primer encuentro. En la primera final copera del nuevo estadio. Se estima que en abril de 1923 acudieron unas 200.000 personas a presenciar el encuentro entre el Bolton Wanderers y el West Ham. Se sobrepasaba con más del doble la capacidad del campo y la gente saltó todas las barreras ocupando incluso el terreno de juego. Un policía a lomos de un caballo blanco, de nombre Billy, se colocó en el centro del campo y empezó a dar vueltas formando círculos cada vez de mayor diámetro. Poco a poco la gente se fue apelotonando fuera de las líneas del campo y se permitió que 130.000 de aquellos valientes presenciarán una final que pasó a la historia como la ‘The White horses final’ (la final del caballo blanco).

El estadio de Wembley (nombre de la villa al norte de Londres que lo acoge), se llamaba realmente Empire y fue construido con motivo de la Exposición del Imperio Británico de 1924 bajo orden de los arquitectos John Simpson y Maxwell Ayerton. El conjunto resultante fue una imponente cubierta y un único anillo de gradas con algo más de 100.000 espectadores, y, lo más extraordinario, con la mitad de ellos sentados, algo inaudito por aquel entonces. El exterior refleja la suntuosidad del proyecto con las fachadas de estilo victoriano y las dos torres blancas gemelas de 38 metros de alto que dan la bienvenida a la entrada principal. Esa majestuosidad lo ha diferenciado siempre del resto de estadios ingleses caracterizados por una arquitectura básica, integrada en el entorno y poco llamativa.

Wembley también era de leyenda por su pista de atletismo y por el encadenamiento de las gradas que daban continuidad al perímetro. Es decir, visualmente parecía que las gradas estaban próximas al césped a pesar de la separación creada con las ocho calles de tartán. En Wembley se celebraron los Juegos Olímpicos de 1948, cinco finales de la Copa de Europa y el evento más importante de la historia del fútbol inglés, la victoria ante Alemania por 4-2 en la final del Mundial de 1966. Pero quizás el hecho más selecto fuese la derrota de la selección inglesa ante la húngara por 3-6 en 1953 en el denominado “partido del siglo”. A raíz de aquella derrota se creó la Copa de Europa y la Eurocopa y los conjuntos británicos abandonaron definitivamente su aislacionismo y admitieron que su supuesta superioridad era inexistente.

El 7 de octubre de 2000 el estadio se despidió con una derrota inglesa ante la selección alemana. Dos años después comenzó la demolición. El nuevo estadio, de más de 90.000 espectadores, incorpora un arco de 113 metros que pretende igualar en misticismo a las dos torres blancas. ¿Qué hubiese costado haberlas mantenido? ¿Modernizar en vez de destruir? ¿O trasladar esas torres a un nuevo estadio? Eso sí, por lo menos han mantenido los mismo 39 escalones del viejo Wembley para llegar al palco real. El hilo conductor de un estadio que no debería haber dejado nunca de existir.

MARIO FILHO ‘MARACANÁ’ (Rio de Janeiro. 1950-): Maracaná es Brasil. La imagen de Brasil son las playas de Copacabana, el Carnaval de Río y el coloso de cemento. La unión de los brasileños con el fútbol es la conexión entre negros y blancos. En un mundo dominado por los blancos, los negros debían adaptarse a sus costumbres y hábitos si querían progresar en la sociedad. El fútbol permitió una unión de razas, pero la forma de jugar era muy distinta. Los chicos blancos jugaban de forma académica al estilo aprendido a través de los comerciantes ingleses. Los chicos negros jugaban saltando, sonriendo y bailando, incorporando al fútbol el baile aborigen de la capoeira. Al igual que ocurrió con el baloncesto en Estados Unidos, la forma de jugar de los negros fue vilipendiada, especialmente tras el Maracanazo. Pelé y los triunfos de la ‘canarinha’ en los Mundiales sirvieron de acicate para cohesionar al pueblo brasileño y para definirlo en una forma de jugar característica. Hoy el fútbol es global, pero entonces en Maracaná se dibujaba un fútbol de pobres que paladeaba la fortuna y el poder a través de la simbiosis de dos estirpes en un mismo estadio.

La edificación de un estadio con 170.000 asientos (en la final del Mundial de 1950 dicen que hubo más de 250.000) en el corazón de Rio de Janeiro fue idea de Eurico Gaspar Dutra, presidente de Brasil, pero fue profusamente elogiada por el periodista deportivo Mario Filho, en honor a quien están dedicadas unas instalaciones popularmente conocidas como Maracaná, por el nombre de un pequeño arroyo que circula por la zona y que también da nombre a un papagayo típico de Brasil. La historia de este estadio está ligada al 16 de julio de 1950 cuando Brasil y Uruguay se enfrentaron por el título de campeón del mundo. La historia es archiconocida y no merece la pena extenderse. Después de una liguilla final entre cuatro equipos (no había final) a los brasileños les llegaba con un empate. El título se daba por hecho e incluso Brasil se adelantó en el marcador. Dos goles uruguayos, el último de Ghiggia a diez minutos del final, dieron el título a los albicelestes y desencadenó en los brasileños la depuración, la desesperación, los suicidios (si, no estoy exagerando) y una herida que nunca ha sido cerrada llamada ‘Maracanazo’.

A pesar de que hoy el aforo es netamente inferior, sigue siendo un estadio imponente gracias a su forma elíptica casi circular. Destacan sobre manera las dos rampas exteriores a ambos lados que proporcionan una rápida forma de evacuación. Desde las afueras del parque de Maracaná da la sensación de que te adentras en una nave espacial. La atmosfera siempre alegre y calurosa ha sido compartida tanto por el Botafogo, como por el Flamengo y el Fluminense. Pero sobre todo por la selección brasileña. En Maracaná tuvo lugar el gol 1.000 de la carrera de Pelé en un encuentro entre el Santos y el Vasco da Gama.

En 1999 tuvo lugar una primera reforma que redujo de 140.000 a 100.000 el número de asientos. Las normas de confort y seguridad dejaron el estadio en 80.000 espectadores para el Mundial de 2014, aun siendo inmenso, muy lejos de lo que llegó a ser. Actualmente la visibilidad y la inclinación de las gradas son más acusadas y se construyó un sistema energético basado en la energía solar. También cuenta con un paseo de la fama al estilo hollywoodiense donde los grandes del fútbol carioca y mundial dejan sus huellas para la posteridad. Para ese Mundial se esperaba que Brasil borrara para siempre el recuerdo de 1950, pero una clamorosa derrota por 1-7 ante Alemania en semifinales sigue perpetuando el maleficio. Afortunadamente semejante tropiezo se produjo en el estadio Mineirao de Belo Horizonte y Maracaná y Rio de Janeiro se vieron aislados de una tragedia conocida como el ‘Mineirazo’.

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Templos del fútbol (3ª parte. Estadios de la actualidad)

Elaborar una lista con los 7 grandes templos del fútbol de la actualidad ha sido tremendamente complicado. He tenido que dejar fuera el increíble Azteca, el único estadio capaz de albergar dos finales mundiales, el inmenso Olímpico de Berlín, el coqueto Maksimir de Zagreb, el funcional Ullevi de Goteborg, el precioso Philips Stadium de Eindhoven, el señorial Ernest Happel de Viena, el práctico Velodrome de Marsella, el majestuoso Américo Vespucio Liberti -más conocido como Monumental de River Plate-, el original Luigi Ferraris de Génova, el pomposo estadio Luzhniki de Moscú, el intenso Westfalenstadion de Dortmund o incluso el Camp Nou barcelonés, una maravilla para los sentidos futbolística y estructuralmente y que aún por encima tiene el honor de ser el estadio europeo de mayor capacidad. También han tenido que ser descartados recintos de reciente construcción que aun siendo iconos del presente lo serán aún más en el futuro, caso del Olímpico de Estambul, el Allianz Arena de Münich, el Stade de France de París o el nuevo Wembley. Todos los que forman parte de esta lista cuentan con al menos 70 años de historias.

7. ALBERTO ARMANDO ‘LA BOMBONERA’ (Buenos Aires. 1940-): José Delpini, el ingeniero jefe, manifestó al acabar la construcción que el estadio le parecía una caja de bombones. Había quedado rebautizada para la posteridad la casa de Boca Juniors. La forma del estadio es similar a una D, con tres gradas unidas y una tercera, donde están los palcos, sencilla y aislada que no tiene nada que ver con el resto del estadio. Esto se debe a que se aprovecharon los terrenos donde había un viejo campo y que la existencia de viviendas en esa zona impedía hacer una grada con un ancho normal. También es fascinante la cantidad de colores del graderío, lo cual se debe a que el barrio bonaerense de Boca está formado por un conjunto de casas con fachadas muy llamativas. Seguramente el bombón más apetitoso del que hayan disfrutado sus 57.000 gargantas sea el de Diego Armando Maradona, probablemente el mejor futbolista de la historia.

6. SANTIAGO BERNABÉU. (Madrid. 1947-): Manuel Muñoz Monasterio propuso a Santiago Bernabéu edificar un nuevo estadio en el Paseo de la Castellana de Madrid. Ahí ya se encontraba el viejo estadio del Real Madrid y Bernabéu aún lo quiso llevar más lejos del centro, a una zona periférica y poco hospitalaria. Creía que con el paso del tiempo el estadio y la zona se revalorizarían, y a buena fe que lo hizo. La Castellana paso de ser un trazo hacia la nada a la columna vertebral de la ciudad. Aunque ahora tiene unos 75.000 espectadores, el Santiago Bernabéu llegó a tener 120.000 siendo uno de los más grandes del mundo. Originalmente tenía dos líneas de gradas a los que se les añadió un tercer anillo. Para ser sede mundialista en 1982 se construyó una nueva fachada totalmente blanca sobre la estructura de cemento armado y una cubierta que le daba a la atmósfera una incandescencia de la que nació el mito del ‘miedo escénico’, argumento felizmente inventado por Valdano. Después se añadieron las hoy características torres circulares en cada una de las esquinas del estadio. En el Bernabéu han tenido lugar las gestas más importantes del club más laureado del mundo, pero también varias finales europeas y hasta la fiesta de celebración de la victoria de Bahamontes en el Tour de 1959.

5. GIUSEPPE MEAZZA (Milán. 1926-): El estadio milanés ya fue rompedor en su día al eliminar las pistas de atletismo. De hecho, fue construido ante multitud de críticas. Se tenía miedo de que al pasar la moda del fútbol aquel coliseo de cemento quedara inservible para otras disciplinas. Piero Pirelli, presidente el AC Milan y de la famosa casa de neumáticos, quería un estadio de estilo inglés con 35.000 espectadores de capacidad y con la condición de que las gradas principales estuviesen a cubierto. Se inauguró en 1926 con el nombre de San Siro, pequeña iglesia próxima al estadio. Para el Mundial de 1934 soportó la ampliación y el cierre de los cuatro graderíos dejando su capacidad en 55.000 almas. Dado que el coste de la obra fue sufragado por el ayuntamiento milanés, el estadio pasó a titularidad pública por lo que el Internazionale empezó a jugar sus encuentros también en San Siro. Por aquel entonces la estrella del Inter y capitán de la selección italiana bicampeona del mundo era Giuseppe Meazza, con lo que en 1980 se renombró el estadio en su honor. Sin embargo, para los tifossi del AC Milan el recinto sigue siendo conocido como San Siro honrando los deseos de quien lo levantó en 1926.

Lo magnífico de este estadio es que en la remodelación de la década de 1960 se construyó un nuevo anillo de gradas superpuestas a las anteriores y que descansan sobre una estructura independiente. Ergo, para trasladarte a tu asiento debes acceder por una serie de rampas. Para el Mundial de 1990 se dejó definitivamente la capacidad en 85.000 almas creando un tercer graderío también autónomo. Para ello hubo que rebajar el terreno y hundirlo, por lo que la sensación es que estás en un foso y no en un graderío. La intensidad es similar a la de un pabellón. Se cubrieron también todos los fondos salvó el del este, ante la imposibilidad de hacerlo debido a la cercanía de las instalaciones de un hipódromo cercano. Aquellos abonados con asientos en la parte alta de ese fondo se empaparán en un día de lluvia. A cambio, por el mismo precio y con apenas girar el cuello, podrán disfrutar de una vista maravillosa del horizonte de Milán y de su excepcional catedral.

4. CENTENARIO (Montevideo. 1930-): Como homenaje a la selección ganadora de la medalla de oro futbolística en los Juegos de 1924 y 1928 se le otorgó la organización del primer Mundial de fútbol a Uruguay en 1930. Precisamente ese año se conmemoraba el centenario de la independencia uruguaya, así que se acometió la construcción de un coloso capaz de acoger a 100.000 espectadores (en la actualidad son 65.000 asientos). El arquitecto Juan Antonio Scasso proyectó cuatro graderíos siguiendo una estructura elíptica y equidistante en todas partes con el terreno de juego. Se bautizaron los cuatro fondos con los nombres de América (la principal), Olímpica, Colombes (lugar de la victoria en los JJ.OO de 1924) y Ámsterdam (lugar del triunfo en los JJ.OO de 1928). Sobre la llamada tribuna Olímpica despunta una torre de 100 metros de alto símbolo de la monumentalidad del proyecto y donde tendría que ondear la bandera de la selección campeona, que felizmente fue Uruguay. El estadio ha sufrido varios cambios pero su esencia es muy parecida, por lo menos a la espera de que Uruguay consiga la candidatura para el Mundial de 2030 al que aspira.

3. HAMPDEN PARK (Glasgow. 1903-): El estadio nacional inglés (aquí no juega ni el Celtic ni el Rangers) es hoy una multifuncional instalación de vanguardia que en 1903 era un gran hoyo. El gran hoyo. El afamado arquitecto escocés Archibald Leitch mandó construir el estadio en el parque de Hampden, al sur de Glasgow. Excavando y modelando la tierra se pudo realizar un sólido soporte para los espectadores sin tener que recurrir a las estructuras de madera de la época. Un incendio en 1945 hizo reducir sus 150.000 asientos a 55.000 aunque, eso sí, todos de asiento. La tribuna central pasó a ser cubierta y a finales del siglo pasado se cerró el estadio completamente. El encanto de Hampden reside en que al ser un gran hoyo la sensación de vértigo y de proximidad de los espectadores es brutal, aun existiendo una pista de atletismo. En Hampden se disputó la famosa final de la Copa de Europa en la que el Real Madrid de Di Stéfano arrolló por 7-3 al Eintracht finalizando se glorioso ciclo de cinco campeonatos consecutivos.

2. OLD TRAFFORD (Manchester. 1910-): El proyecto de Archibald Leitch es conocido como ‘the theatre of dreams’ (el teatro de los sueños). Y lo es porque John Davies, propietario del United, decidió llevar a su equipo a la otra punta de la ciudad, a la zona verde de Trafford Docks con la intención de simbolizar un resurgimiento económico y una nueva era lejos de calles estrechas y fábricas humeantes. Old Trafford presentaba amplias tribunas unidas a diferencia de lo habitual entonces en Inglaterra. Con un aforo de 80.000 personas y con la tribuna cubierta por una serie de pequeños techos articulados en capas colgantes ya era un estadio futurista en 1910. Un bombardeo alemán en la II Guerra Mundial lo destrozó casi por completo y tuvo que ser reconstruido. Se proyectaron dos niveles de gradas y en el centro de las mismas se colocó la tribuna, la primera vez que se hacía eso en un recinto. Pero más importante que el estadio era el césped. En una época de campos embarrados y con muchas calvas, Old Trafford se mantuvo impoluto durante décadas y con un césped inmaculado que permitía el juego de toque característico del Manchester United. Actualmente el estadio tiene capacidad para casi 70.000 almas y las gradas están totalmente cubiertas. En un muro de ladrillo de los exteriores están escritos los nombres de los históricos del equipo como Edwards, Charlton, Best, Keane, Giggs o Schmeichel. Al lado de ese muro se levanta una pared de ladrillo que a comienzos de este siglo fue recubierta con una vitrina de plexiglás. Desde el aire el estadio se asemeja a un gran almacén industrial que destaca ante las viviendas de ladrillo típicas de los alrededores.

1. ANFIELD ROAD (Liverpool. 1884-): Hablamos del estadio más antiguo en pie. De los de relevancia, quiero decir. ‘This is Anfield’ reza en el túnel de acceso al campo. Una forma de atención y respeto para todo aquel que entre en ese terreno de juego. Anfield Road, típico barrio victoriano de casas estrechas, era el hogar del Everton, el otro club de la ciudad, pero en 1892 John Houlding, antiguo presidente el Everton, decidió fundar el Liverpool. ¿Qué había sucedido? Que Houlding además de presidente era el dueño del estadio y ni corto ni perezoso decidió triplicó el alquiler de las instalaciones, por lo que los socios del Everton resolvieron echarlo de la presidencia, emigrar y comprar un nuevo terreno en Goodison Park para construir otro campo de juego. Houlding, propietario de un estadio pero sin equipo que lo ocupase, decidió fundar uno nuevo. Los hinchas del Everton aún se mofan de los del Liverpool por ello, pero el caso es que con un hecho especulativo nacía uno de los clubes más importantes del mundo.

La imagen actual es el resultado de muchas transformaciones aunque los cuatro graderíos siempre se han mantenido independientes y muy cerca del terreno de juego (45.000 espectadores). El más conocido es el fondo sur inaugurado en 1906 y que recibe el nombre de ‘The Kop’, en honor a los soldados ingleses (la mayoría de Liverpool) muertos un par de años en las ‘kopjes’, las colonias sudafricanas en la guerra entre británicos y zulúes. En su momento podía acoger a 30.000 espectadores de pie siendo la grada única más grande del mundo, honor que hoy ostenta el Westfalenstadion de Dortmund. En el exterior del estadio una verja de hierro con el lema del club ‘You’ll never walk alone’ (nunca caminarás sólo) conduce a una estatua de Bill Shankly, histórico entrenador, y a un mausoleo en recuerdo de los 96 aficionados muertos en Hillsborough en 1989 al desplomarse un graderío. Aunque en 2008 estaba prevista la construcción de un nuevo recinto, la presión de los aficionados consiguió paralizar el proyecto. Actualmente Anfield está en proceso de remodelación. No se destruirá, se remozará. Felizmente. Muy felizmente.

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Templos del fútbol (2ªparte. Estadios de la antigüedad)

Si recuerdan del artículo anterior vamos a tratar primeramente los 7 grandes templos futbolísticos de la antigüedad, o lo que es lo mismo, aquellos campos de fútbol de los que únicamente nos quedan evocaciones de recuerdos y momentos de magia en la retina. Quedan fuera de esta lista, coqueta pero a la fuerza demasiada corta, grandes estadios como los argentinos Doble Visera o Viejo Gasómetro, escenario de las gestas de Indepediente y de San Lorenzo de Almagro. Tampoco estarán en esta clasificación el antiguo Das Antas portugués, el Parc Lescure de Burdeos, el Vicente Calderón o el barcelonés Sarriá, donde tuvo lugar uno de los partidos más bellos de la historia de los mundiales entre Brasil y la Italia de un revivido Paolo Rossi. Y también se cae de este inventario el estadio De Meer de Amsterdam que para siempre estará ligado al Ajax y sobre todo a Johan Cruyff, el cual se crió a escasas calles de un campo al que luego se encargó de mitificar.

7. DELLE ALPI (Turín. 1990-2009): Situado sobre una pequeña colina se caracterizaba por estar sostenido sobre unas estacas de acero que sustentaban las cubiertas. Muy característicos también eran los dos arcos con forma de V inversa dispuestos en ambos fondos del campo. La cubierta estaba construida con elementos de aluminio y teflón muy innovadores para 1990, año en el que fue inaugurado un estadio a compartir entre la Juventus (el equipo de Italia) y el Torino (el equipo de Turín). En el encuentro inaugural, una selección de jugadores de ambos conjuntos se enfrentó al Porto. Algo insólito y lejos de la normalidad en la realidad de dos conjuntos irreconciliables. Con 70.000 espectadores de capacidad, el estadio Delle Alpi fue volado en 2009 y desde entonces la Juve juega en su nuevo y acogedor estadio sin pista de atletismo, mientras que el Torino juega en la reformada cancha municipal. El derbi de la Molle Antonelliana, el más antiguo de la Serie A, ya nunca más compartirá ubicación.

6. WHITE HART LANE (Londres. 1899-2017) Tottenham es un barrio al nordeste de Londres que da nombre al que es, junto al Arsenal, el gran club de la capital inglesa. Realmente ni siquiera es Londres, sino Haringey, una de tantas villas que las megaciudades se han ocupado de absorber. El estadio toma nombre de la tienda deportiva que se ubicaba cerca del recinto. Antes de la obligatoriedad de hacer sentadas todas las localidades, unas 70.000 personas se agolpaban en White Hart Lane. Lo más hermoso de aquel estadio es que hasta 1972 no se permitió la instalación de ningún tipo de valla publicitaria. En 1990 se culminó la grada de Park Lane que redujo definitivamente la capacidad a 37.000 espectadores. Demasiado pequeño para las exigencias actuales, se demolió este verano para construir un nuevo coliseo. La memoria de Jimmy Greaves, Glenn Hoddle, Osvaldo Ardiles o Teddy Sheringham quedó dañada para siempre.

5. COLOMBES (Paris. 1924-2006) Aquí me he permitido una pequeña licencia. El estadio Yves de Manoir sigue hoy en pie aunque desde 2006 es una minúscula instalación para 10.000 espectadores dedicada al rugby totalmente alejada de su glorioso pasado. El Olímpico de Colombes (barrio del extrarradio parisino y hoy rebautizado en honor al ex seleccionador de rugby francés) podía acoger a 60.000 almas en un estadio con una cubierta plana de hierro entre las dos gradas principales. En la pista de atletismo de esta arena tuvo lugar el duelo entre Harold Abrahams y Eric Lidell en los Juegos de 1924 inmortalizado en la película ‘Carros de Fuego’. También se disputó aquí la final del Mundial de 1938 y uno de los encuentros amistosos más recordados de todos los tiempos entre el Benfica de Eusebio y el Santos de Pelé. Y como no, en el estadio de Colombes se rodó la que quizás es la mejor película sobre fútbol de la historia, ‘Evasión o victoria’ de John Houston.

4. SAN MAMÉS (1913-2013): A orillas del río Nervión había una ermita dedicada a San Mamés. Ese fue el lugar elegido por el Athletic para levantar su estadio en 1913 y dado que el santo que da nombre a la capilla fue arrojado a las fieras por su fe cristiana, al conjunto bilbaíno se le conoce desde entonces como ‘Los leones’. El legendario Pichichi marcó el primer gol en ‘La Catedral’, un apodo que si bien en sus inicios tenía marcado carácter religioso con el tiempo adquiriría fenómeno de importancia ante el buen juego y los éxitos de conjunto vasco. El estadio formaba un conjunto coqueto de apenas 10.000 espectadores pero que fue ampliándose década a década hasta llegar a las 47.000 almas. En 1952 se construyó el famoso arco (semejante al del actual Wembley) que coronaba la tribuna central y que permitía la ausencia de columnas y por lo tanto una perfecta visibilidad. Diez años más tarde se cerró la última tribuna conocida popularmente con el nombre de Garay, defensa del Athletic que fue vendido al FC Barcelona y que proporcionó los dividendos necesarios para acometer dicha reforma. Lamentablemente en 2013 el Athletic decidió seguir la nueva moda de los estadios de reciente factura y construyó un nuevo San Mamés en unos terrenos adyacentes al antiguo. Otra de esas decisiones inexplicables, y mucho más en un conjunto pegado a las tradiciones y arraigado a la simbología vasca. El nuevo San Mamés es más grande, más moderno y más hermoso, pero no tiene encanto añejo. Por lo menos se decidió trasladar pieza por pieza el famoso arco e injertarlo al campo de entrenamiento de Lezama. Quizás los jóvenes cachorros del Athletic B cada vez que salten al campo adquieran el perfume futbolístico de Gorostiza, Gaínza, Zarra o Sarabia.

3. DA LUZ (Lisboa. 1954-2004): Un caso semejante al de San Mamés. Una auténtica aberración. Para la Eurocopa de 2004 el Gobierno portugués acometió una destrucción y modernización de sus estadios. Aparte del enorme coste económico, se pasó por encima de la historia. El nuevo Da Luz vino a sustituir al viejo Da Luz, cuando con un lavado de cara era más que suficiente. El viejo Da Luz (a apenas 300 metros del nuevo) tenía además algo de solidario. Fue sufragado con donaciones populares de los aficionados ante la imposibilidad del club de construirlo. Tenía una única grada elíptica capaz de acoger a 50.000 espectadores, aunque 10 años después se inauguró un segundo anillo que amplió su capacidad a los 80.000 y 15 años más tarde se abrió el tercer anillo que daba una capacidad récord mundial en aquel entonces de 120.000, reducida posteriormente al convertir las localidades de a pie en asientos. Aquella locura fue promovida por Eusebio, cuyo juego y cuyos éxitos llevaron al Benfica a la gloria mundial en la década de 1960. Su estatua adorna hoy la entrada en el nuevo Da Luz lisboeta.

2. RASUNDA (Solna. 1937-2013): Casi 50.000 espectadores vieron en este estadio en el verano de 1958 la eclosión de un joven brasileño de 17 años que respondía al nombre de Pelé. Situado en Solna, lugar donde descansan los restos de Alfred Nobel, Rasunda fue durante ocho décadas la casa de los encuentros de la selección sueca. Lo más característico eran los sectores que hay detrás de los fondos que, a diferencia de los de los lados, tienen dos niveles de gradas más altas que las tribunas principales. Llamativas también eran sus tribunas de colores y los sostenes metálicos que sujetaban las cubiertas que impedían una completa visión del terreno de juego. En 2013 la Federación Sueca ordenó demoler el estadio ante la construcción del Friends Arena, el nuevo recinto nacional sueco a las afueras de Estocolmo. Un dato más para la nostalgia; Rasunda fue el primer estadio en albergar la final del Mundial masculino y femenino.

1. HIGHBURY (Londres. 1913-2006): El estadio Arsenal, más conocido como Highbury por el nombre del barrio residencial londinense donde su ubica, siempre será recordado por su imponente entrada de estilo Art Decó adornada por el escudo del club y un cañón, dado que el Arsenal es conocido como los ‘gunners’ (cañoneros) al haber sido fundado en 1886 por trabajadores del arsenal de Woolwich. El estadio fue diseñado por Archibald Leitch, el arquitecto por excelencia del fútbol británico con casi 40 proyectos a sus espaldas. Su tribuna este estaba compuesta por una insólita cubierta de nueve arcos. En la década de 1930 se edificó la tribuna oeste con dos niveles superpuestos que se convirtieron en referencia para los restantes estadios europeos (por ejemplo la del Rasunda). Ya a finales del siglo XX, el coliseo se renovó con la adecuación de las plazas de a pie en sentadas descendiendo de 70 a 40.000 espectadores de capacidad. El estadio de Highbury era un exponente claro de la tradición inglesa que permitía al público el contacto directo con el campo y cuyos cimientos estaban enfrascados en medio de calles estrechas y de casas de estilo victoriano. A pesar de que tenía el status de bien arquitectónico (incluido su famoso marcador) fue derribado en 2006 para que el club se trasladase a unas nuevas instalaciones financiadas por dinero árabe en Ashburton Grove.

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Templos del fútbol (1ª parte. Introducción)

Ahora que por vez primera se cuestiona a Simeone en virtud de entrenador del Atlético de Madrid, muchos ponen como coartada que los colchoneros no se sienten cómodos en su nuevo estadio. Es evidente que hasta que el equipo gane algún título siempre habrá nostalgia por el Vicente Calderón. Y es normal. Aquel estadio era un símbolo de los madrileños (merengues incluidos) que congeniaba con el entorno de la metrópolis. Con una grada abierta para que transitase la ronda de circunvalación de la ciudad (de hecho una ingeniosa puerta de entrada estaba en los túneles de la M-30) y con otra a riberas del Manzanares, nunca tanto un estadio hizo por un río. Sucio y poco caudaloso, el río era indigno de una capital europea y el Calderón contribuía a darle notoriedad y a mitificarlo.

En absoluto estoy de acuerdo con la demolición de un estadio en beneficio del progreso, un eufemismo que dota de apariencia a una operación económica. Para un coruñés como yo la imagen del estadio de Riazor en la bahía del mismo nombre es tan icónica como la de la Casa del Hombre justo enfrente. Ambos son dos museos y ambos forman parte del cuerpo y de la idiosincrasia de la ciudad. Un estadio debe ser remodelado, rehabilitado, remozado, modernizado y engalanado, pero nunca derribado. Si heredas un piso antiguo en el centro de una ciudad lo que haces es reformarlo. De necios es tirarlo.

Con esa idea he querido hacer una lista con los mejores estadios de fútbol tanto los que hoy siguen en pie como los que ya han desaparecido. He escogido una visión eurocentrista para elaborar esta lista. Es indudable que hay templos deportivos en todos los continentes y dedicados a deportes irrelevantes bajo el prisma europeo como el fútbol americano, el bádminton o el críquet que deberían estar en esta clasificación. Pero dado que fue ‘la vieja Europa’ la que inventó el deporte moderno, y que a pesar de su actual declive su legado está presente en todo el mundo, su peso histórico le otorga preponderancia frente a otros recintos. Este pensamiento occidental permite la introducción de estadios latinoamericanos, el otro lugar del planeta que vive el fútbol con devoción y que tiene una historia digna de ser tomada en consideración.

Ergo hablamos de estadios y no de pabellones. Estos últimos son recintos polideportivos y multiusos que no podemos adscribir concretamente con el hecho deportivo. El fastuoso Madison Square Garden de Nueva York sirve tanto para presenciar partidos de baloncesto como homilías del Papa, conciertos de Beyoncé o mítines de Donald Trump. Un estadio funciona como templo futbolístico aunque esporádicamente sirva para otros eventos. Incluso, progresivamente, se han ido eliminado las pistas de atletismo de todos los recintos para que la identificación con un club y una afición sea aún más profunda.

¿Qué es un estadio? No es sólo un simple marco; es un evento deportivo, histórico y arquitectónico en sí. Es baluarte inexpugnable, símbolo de un club, reflejo de una cultura y protagonista de una ciudad. Son ejemplos de elegancia estética y soluciones técnicas y también de innovaciones tipológicas y tecnológicas. A menudo comparamos los estadios con el Anfiteatro Flavio, conocido por todos como el Coliseo de Roma. Realmente los estadios se asemejan a los prototipos del teatro griego, adaptados a unos desniveles naturales y abiertos al territorio circundante. Del anfiteatro romano adquieren la estructura cerrada y edificada.

La palabra estadio procede del latín ‘stadium’. Hablamos de un terreno plano rodeado por gradas de espectadores que cada vez en mayor medida son cerradas. De hecho, en Sudamérica se les suelen llamar canchas, vocablo que proviene del quechua ‘kancha’ que significa recinto cerrado. El estadio más antiguo del mundo del que se tiene constancia es el estadio de Olimpia (776 a.C) en Grecia. Sabemos que en el mundo griego cada cuatro años se celebraba una competición deportiva para conmemorar la paz, por lo que se concedía una tregua en todas las guerras en disputa.

—Las 7 maravillas—

En el siglo XVI, durante el Renacimiento clásico, se elaboró una lista con los monumentos más representativos de la Antigüedad. Se escogieron siete por ser un número recurrente en la cultura. Sólo una de las siete, la Gran Pirámide de Guiza sobrevive y sobrevivía por aquel entonces. Mucho después, en 2007, la empresa New Open World Corporation financió una elección de las siete maravillas vigentes en la actualidad a través de una votación en la que participaron más de 100 millones de personas. Por cierto, esa lista oficiosa (la UNESCO no le da validez) fue anunciada en una fastuosa ceremonia que tuvo lugar en un coliseo futbolístico, el Estadio da Luz de Lisboa.

Con esa simbología trataré de seleccionar los siete templos futbolísticos de la antigüedad y los siete templos del fútbol de la modernidad. Como toda lista tendrá un matiz subjetivo, pero intentaré darle una serie de parámetros para que prime la objetividad.

Al hacerlo renunciaré a darle preponderancia a estadios de gran significado deportivo pero de menor valor futbolístico. Templos que acogieron competiciones olímpicas o finales europeas como el Olímpico de Berlín están lejos de ser una referencia a pesar de su jerarquía histórica, su capacidad o la preeminencia de la ciudad que acoge esa infraestructura. ‘Templos del fútbol’ es el título del artículo. Y por mucho que me duela Owens y Hitler no forman parte de este elenco.

Del mismo modo quedarán fuera de la lista verdaderas maravillas arquitectónicas pero de exigua importancia deportiva como el increíble Marina Bay de Singapur cuyo terreno de juego está sobre el mar, el estadio de fútbol americano de los Jaguars de Jacksonville donde se puede seguir el encuentro mientras disfrutas de un baño en una piscina o el muchísimo más modesto estadio municipal de Braga cuyos fondos son las increíbles laderas de granito de una montaña.

Tampoco se han tenido en cuenta la magnitud de los estadios como elemento diferenciador. El Primero de Mayo de Pyonyang (150.000 almas), Buktit Jalil (115.000) de Kuala Lumpur o el Criquet Ground (105.000) de Melbourne no tienen cabida en este artículo. De igual manera no es obligatorio que sean estadios cuatro estrellas de la FIFA, aunque la mayoría si lo sean. Esta cualificación, la estrella Michelin del fútbol, es otorgada en función de las dimensiones, capacidad y asientos, iluminación, zonas VIP y medios de comunicación, palcos y megafonía, instalaciones sanitarias y sistema de vigilancia.

Lo que se ha tomado como eje principal de esta clasificación es el peso y tradición de los equipos que lo representan, así como el valor arquitectónico del recinto por sí mismo y en la preponderancia del barrio y de la ciudad donde se ha edificado. No se ha olvidado la majestuosidad de templos de reciente construcción, pero, es incuestionable, que ante caso de duda el valor histórico existente prima sobre el hipotético valor histórico de futuro. El Allianz Arena de Münich estará presente en una clasificación como ésta dentro de medio siglo, pero a día de hoy no tiene peso histórico para formar parte de este elenco.

Para los siete grandes estadios de la antigüedad me permitiré la licencia de hacer algo de trampa. La mayoría no existen en la actualidad pero también los hay que ya que aun no existiendo ya no cumplen la función para la que fueron diseñados. O bien ya no se utilizan habitualmente para disputar competiciones deportivas o bien han destruido o eliminado partes fundamentales de su estructura o de sus asientos. Esta última es la tendencia habitual en los complejos olímpicos del momento, que ven reducida bruscamente su capacidad una vez concluido el evento.

Como último comentario, se observará al concluir ambas listas que faltarán dos estadios esenciales. Esos dos me los guardaré para un artículo final. El escribiente espera que el ávido lector se dé cuenta de cuáles son esos dos recintos una vez concluya de exponer las dos clasificaciones.

“¿Ha entrado usted alguna vez a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío”. Eduardo Galeano

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