Archivos

The Answer (2ª parte)

En los años 70 la NBA era una competición desconocida. Ni siquiera se transmitía por televisión y los encuentros de playoffs únicamente eran comprados para emitir en diferido. La cocaína era común a cualquier vestuario y el juego palidecía en comparación al de la época de los duelos entre los Lakers de Jerry West y los Celtics de Bill Russell. La población blanca le daba la espalda y los negros se sentían mucho más identificados con la extravagante ABA. Ocurrió que Lakers y Celtics retomaron su esplendor gracias a Magic Johnson y a Larry Bird y la NBA, que desde 1984 estaba dirigida por un judío as de los negocios llamado David Stern, explotó al máximo el filón negro vs blanco. Al mismo tiempo surgió Michael Jordan y la NBA se convirtió en una máquina de hacer dinero que a los pocos años afrontaría el salto internacional.

Así que a la altura de 1996 la NBA es una empresa afinadamente pulida donde todo el mundo viste de traje, da ruedas de prensa y se comporta de manera intachable fuera de la pista para vender un producto que tiene que ser universal, familiar y perfecto.

Hasta que llega Allen Iverson.

The Answer.

Iverson lleva rastas, cadenas de oro en el cuello y ropa excesivamente ancha. Allen Iverson era cool. Iverson hizo cool a Reebok, firma que se aprovecharía de su éxito para introducirse en el mundo del hip-hop. Allen Iverson era un matón de barrio. Un cachorrillo de dientes afilados. Iverson era un antisistema. El vivo reflejo del empoderamiento de la juventud que crecía en los barrios marginados de las inmensas metrópolis estadounidenses.

Iverson podría ser contracultural, pero era un obrero del baloncesto. Un tipo de los de antes. Un trabajador de cuello azul. Elegido como primera elección del draft de 1996 por los Sixers, caería de pie en Philadelphia. Ciudad industrial, Philadelphia bendijo a Iverson como uno de los suyos. Allen era una tormenta que encajó con la cultura del esfuerzo de Pensilvania. Era un artista con el corazón de un guerrero que no dudaba en tirarse al barro para ayudar al compañero.

Anotó 37 puntos en su estreno superando el récord de un novato en posesión del gigantesco Wilt Chamberlain. Su uno contra uno era absolutamente indefendible. Se trataba de un cambio de mano rapidísimo en el que el hombro sin balón descendía grotescamente hacia el suelo haciendo que el bote del balón fuera a ras de pista. La rapidez del movimiento y la escasa altura de Iverson, (183 centímetros es una cifra modestísima para un baloncestista profesional) hicieron de esa jugada impugnable, incluido para un Michael Jordan que tuvo que sufrirla en sus carnes al poco de iniciarse la temporada. Iverson no inventó la jugada, pero sí que la perfeccionó y la hizo tan universal que hoy su crossover es imitado por la inmensa mayoría de bases y escoltas tanto profesionales como aficionados.

No es de extrañar que Allen Iverson fuese escogido como novato del año ni tampoco que fuese carne de fotos y autógrafos durante el All-Star. Más allá del tótem Jordan, Iverson se convirtió de inmediato en el favorito del público. Fue una estrella en el fin de semana de las estrellas y semanas después se convertiría en el segundo jugador más joven en lograr 50 puntos en un partido de la NBA. Acabaría el año con 23’5 puntos y 7’5 asistencias por choque, cifras extraordinarias para un novato.

Con Jordan próximo a la retirada, parecía claro en quién iba a pivotar el futuro de la NBA. En Philadelphia brillaba Allen Iverson y en Los Ángeles despuntaba Kobe Bryant. Ocurre que mientras Bryant era un chico modelo, Iverson representaba el lado oscuro de la fuerza. En aquel All-Star no apareció de etiqueta tal y como mandaba el protocolo y se ganó las críticas, no sólo de directivos, sino de pesos pesados de las canchas como Charles Barkley o Karl Malone. Por entonces se contaba que Iverson tenía un sequito de cuarenta personas y que mantenía con su sueldo a cerca de un centenar de vecinos de su madre en el gueto.

Los resultados, además, no acompañaban. Brillaba en lo individual, pero el equipo no funcionaba. Para la campaña 1997-98 los 76rs contrataron como técnico a Larry Brown. Se trataba de un entrenador de método, organizado y de los que consideraban que el colectivo estaba por encima de las individualidades. Iverson y Brown eran como el agua y el aceite. Oían, pero no escuchaban. Aquello no funcionaba. Brown cambiaba a Iverson en el primer cuarto y lo mantenía en el banquillo durante muchos minutos para que espabilase. Iverson llegaba tarde a los entrenamientos o se iba antes de tiempo para demostrar que era él quien mandaba.

A mitad de temporada el asunto estalló. Iverson explotó en un entrenamiento y por poco no llegan a las manos. Ambos fueron a ver al presidente de los Sixers. O él o yo. El presidente llamó a los dos al orden y fue muy claro. Quería a los dos. Y era inflexible al respecto. A Brown le acusó de carcelero negro y a Iverson de niñato engreído. La reunión a tres bandas acabaría entre lágrimas y con técnico y pupilo abrazados.

Esa temporada ganarían nueve partidos más que en la anterior para luego sumar seis temporadas consecutivas luchando por el campeonato. Brown y Iverson discutieron cada día en cada una de esas temporadas. Pero se querían y se respetaban.

Iverson comprendió que aun siendo el mejor lo sería mucho más si conseguía involucrar a sus compañeros. Al hacerlos a ellos mejores, también se beneficiaría su propio juego. Por su parte, Brown decidió colocar a Iverson de escolta para darle más libertad en ataque y así liberarlo de las responsabilidades organizativas de un base. Ocurrió que Iverson metió una marcha más en ataque para convertirse en una máquina ofensiva perfecta (será cuatro veces máximo anotador de la temporada, cifra sólo superada por Michael Jordan y Wilt Chamberlain) mientras sus compañeros le permitían tomar una bocanada de aire cuando bajaba a defender.

Todo eclosionaría en la temporada 2000-01. Reforzados en la posición de pívot por Dikembe Mutombo, los Philadelphia 76rs dieron un salto de calidad que les permitió optar al título. Esa temporada Allen Iverson fue el líder de la NBA en anotación y robos de balón además de lograr el MVP de la temporada al amasar 31’1 puntos por partido y llevar a los Sixers al liderado de la Conferencia Este con un balance de 56 victorias y 26 derrotas. Aquel grupo era un mix pluscuamperfecto entre talento y sacrificio. Iverson comprendió el valor de cada pase y, mientras tanto, McKie, Snow o Ratliff protegían, defendían, reboteaban o se tiraban al suelo por el bien del colectivo.

En primera ronda toca jugar ante Indiana. Los Pacers acumulaban dos años consecutivos superando a los 76rs en playoffs. Los fantasmas harían su aparición cuando ganen en Philadelphia en el primer partido y roben el factor cancha. Sería un espejismo. Iverson anotará 45 puntos en el segundo partido y 32 y 33 en los dos siguientes para certificar el pase de los 76rs a la segunda ronda. El siguiente rival serían los Toronto Raptors de Vince Carter. Los de Canadá son más grandes, fuertes y atléticos y se llevarán también el primer partido. A partir de entonces hay un intercambio de golpes entre dos jugadores gigantescos. Iverson anota 54 puntos para que Philadelphia se lleve el segundo choque, en la que fue la mayor anotación de un jugador de los Sixers en un partido de playoff. En el tercer encuentro Carter firmará 50 puntos para dar la victoria a Toronto y firmando, por su parte, la mayor anotación de uno de Toronto en la postemporada. En el séptimo y decisivo, las dos estrellas cometerán error tras error, y el encuentro se decidirá en el último suspiro. Vince Carter fallará un tiro decisivo que permite que Philadelphia gane a Toronto por 88-87 y Allen Iverson pase de ronda.

The Answer

En la Final de la Conferencia Este Philadelphia se enfrentaba a Milwaukee. En esta ocasión los 76rs se llevaron el primer encuentro, pero nuevamente habría que llegar a un séptimo y definitivo choque. Esta vez no hubo emoción alguna dado que Philadelphia venció por 108-91 con 44 puntos y 7 asistencias de Iverson y 23 puntos y 19 rebotes de Dikembe Mutombo.

En la final tocaban Los Ángeles Lakers. Palabras mayores. Los Lakers habían vencido a Blazers, Kings y Spurs por paliza. Sumaban 11 victorias y ninguna derrota en playoffs. No competían ante los 76rs, sino ante la historia. Nunca antes un equipo había ganado el anillo sin perder partido alguno de playoffs. Shaquille O’Neal, Kobe Bryant y compañía no sólo eran los vigentes campeones y esperaban repetir título, sino que pretendían ser los mejores Lakers de todos los tiempos. Pretendían hacer algo que ni West, ni Chamberlain, ni Abdul-Jabbar ni Magic Johnson habían hecho antes.

Los Lakers tenían el factor cancha a su favor, una plantilla superior y habían gozado de una semana de descanso. Allen Iverson tenía un golpe en la cadera, un diente roto y su cuerpo de 183 centímetros y 72 kilos estaba en las últimas. Sería un milagro que Philadelphia plantase cara a los Lakers, pero Iverson fue tajante en la rueda de prensa antes del primer partido: “Nunca en mi vida me he sentido como David ante Goliat”.

Aquel primer partido seria igualadísimo y se resolvería en la prórroga. Fueron 53 minutos de baloncesto real. Allen Iverson apenas pasaría tres segundos en el banquillo. Los Sixers vencieron a domicilio a los Lakers por 101-107 con 48 puntos del pequeño escolta. No sólo eso. Repartió seis asistencias y robo cinco balones. Resultó indefendible a pesar de sufrir dobles defensas durante todo el partido. Para el recuerdo una canasta ante Tyronn Lue en la que éste acabará en el suelo con Iverson sorteándolo tras anotar para no acabar pisándolo.

La realidad haría acto de presencia y los Lakers ganarían los cuatro partidos siguientes para llevarse el título de la NBA. Lo hicieron con un portentoso balance de 15-1, pero sin poder presumir de obtener la perfección. Shaquille O’Neal fue elegido MVP con 30’4 puntos y 15’4 rebotes por partido, mientras que Kobe Bryant sumó 29’4 pts, 7’3 rebotes y 6’1 asistencias. Ocurre que el verdadero héroe fue Allen Iverson quien, con un equipo inferior, rozó la proeza con 32’9 puntos, 4’7 rebotes y 6’1 asistencias por noche. Cuando los Sixers fueron recibidos a su vuelta a Philadelphia fueron absorbidos como héroes. En 2001 se podía afirmar que Allen Iverson era la persona más querida y conocida de Pensilvania superando a Benjamin Franklin.

Aquel verano, antes del inicio de la siguiente temporada, una ola de raperos firmará contratos con Reebok. Iverson es un icono de la moda. Representa al chico marginado de barrio. Va de fiesta. Más de lo habitual. Al comenzar los entrenamientos decide montar un grupo de música junto a unos amigos. Las letras son ofensivas, estilo gansta. Muerte a la autoridad. Huele a podrido. Lo sancionan. Se defiende metiendo 58 puntos ante Houston. Está en la cima. Es intocable.

O eso piensa.

Su forma de vestir, su forma de hablar y hasta su peinado fueron vistos como una amenaza y un descenso a las calles más oscuras. Lo tildan de thug (pandillero). Sus trenzas, tatuajes y cadenas de oro eran tan visibles como sus penetraciones imposibles entre torres de carne. Representaba una autenticidad callejera que la NBA ni quería ni sabía gestionar en ese momento.

David Stern, el factótum de la NBA, lo sanciona. No le gusta como imagen de la NBA. Stern promociona a Kobe Bryant e intenta ningunear a Iverson. Presionada, Universal Records cancela el contrato musical con Iverson a menos que cambie las letras. Iverson no lo hará. Su popularidad no desciende. Al contrario. Se incrementa. Stern tendrá que acabar cediendo y el código de vestimenta se relaja. Los pantalones anchos, los collares de oro y las rastas empiezan a aparecer con calzador.

Todo estallaría semanas más tarde. La temporada 01-02 debía ser la de la consagración. Mutombo tenía 36 años y estaba en su último año de contrato. Era ahora o nunca. Sucedió que en un tiroteo fallecerá el mejor amigo de Iverson. Su mano derecha. La persona que, junto a su madre y a su esposa, siempre estuvo a su lado. Era una mala influencia, sí, pero también quién se encargaba de parar a otras malas influencias que se acercaban a Iverson. El juego de Allen cayó en picado. Tenía el talento y ese era el año para desarrollarlo y obtener el máximo potencial. No sería así. Allen Iverson sería el máximo anotador de la temporada, pero los 76rs cayeron en primera ronda de playoffs ante los Boston Celtics.

Fue durante esa eliminatoria por el título cuando todo reventó. La prensa de Philadelphia tenía un acuerdo no escrito con Iverson de no hablar de su vida privada mientras que el equipo funcionase. No era el caso entonces. Había entonces rumores de traspaso. Un periodista le preguntó a Iverson por haber faltado a un entrenamiento y la contestación del escolta pasa a formar parte de los momentos más extraordinarios jamás escuchados en una rueda de prensa. Se encaró con el plumilla mientras repetía indignado la palabra practice (entrenamiento) una y otra vez. Una y otra vez. “¿Soy el jugador franquicia de este equipo y quieres hablar de entrenamientos? ¿A quién le importan los entrenamientos?”.

Aquella rueda de prensa se convertiría en un fenómeno viral antes de que existiese el concepto. Será su meme, su lema y su condena.

¿A quién le importan los entrenamientos?

Iverson no volvería nunca más a ni siquiera acercarse a la posibilidad de ganar un título. Por entonces Michael Jordan anunciaba su segunda retirada y la NBA veía como sus audiencias bajaban más de un 30%. Stern entró en pánico. Volvió a introducir el código de vestimenta y excluyó la cultura hip-hop de la competición. Se llegó al punto de eliminar digitalmente los tatuajes de Iverson en las fotos oficiales de la NBA.

La fama entre los jóvenes de Iverson seguía intacta, pero su impacto en la cancha se resentía. Pasaba a ser un satélite externo dentro del universo NBA. Larry Brown dimitía como técnico de Philadelphia y se culpaba a Iverson de los malos resultados del equipo. Por el camino Iverson será acusado de malos tratos por su esposa y se verá involucrado en un tiroteo entre bandas. Aparecerán después las lesiones. The Answer llega a la treintena y los excesos empiezan a hacer presencia en un cuerpo que ha sido maltratado tanto dentro como fuera de la cancha en la durante la última década.

Fracasará junto al resto de componentes de la selección estadounidense en los Juegos de Atenas de 2004 y dos años después será traspasado a Denver. Jugará también en Memphis y en Detroit, así como cobrará una millonada por hacer una bomba de humo en Turquía antes de volver a Philadelphia, su casa, para retirarse. Por entonces es un highlight andante. Un jugador de apariciones fugaces que enamoran al público, pero que no aportan nada al colectivo.

Retirado en 2011 gastará su fortuna en casinos y en alcohol hasta que recibe el perdón de su esposa, aquella adolescente que se enamoró de él cuando aún era Bubba Chuck. Hoy se declara abstemio tras dejar el alcohol apoyado por una profunda creencia en Jesucristo. Actualmente trabaja junto a Shaquille O’Neal como imagen y consejero de Reebok y sus camisetas y zapatillas siguen entre las más vendidas no solo en el mundo del baloncesto, sino en el de cultura del hip-hop y de los subsuelos de las grandes ciudades, aquellos barrios olvidados a los que él contribuyó a darles visibilidad.

Catorce temporadas en la NBA y MVP del año 2001, Allen Iverson fue uno de los mejores bases de su tiempo, lo que ya anunciaba en 1996 cuando fue número uno del Draft seleccionado por los Philadelphia 76ers. Ocurre que también fue alguien que revolucionó la estética en el baloncesto rompiendo pautas que hasta entonces se consideraban inamovibles. Allen Iverson fue el primero en convertir su piel en un lienzo público, el primero en usar ropa ancha, cadenas de oro y abalorios varios y en taparse la cabeza con gorras en las ruedas de prensa. Abrió una puerta que estaba cerrada y que permitió que muchos jóvenes pudiesen ser auténticos.

“Iverson era veloz, tenía un manejo de balón perfecto y era todo voluntad. Su deseo de ganar y su valentía por atacar a cualquiera lo hacía especial…Todos fuimos afortunados de que no midiese 1’98 en vez de 1’83”. Kobe Bryant, cinco veces ganador de la NBA y rival de Allen Iverson.

Otras historias de la NBA de tiempos de Iverson

The Answer (primera parte del presente artículo)

El experimento Nowitzki (el europeo de siete pies que triunfó en América)

Los años de Jordan en Washington (cuando Air decidió darse un homenaje)

Kobe (la carrera de Bryant en dos artículos)

Los años negros de Estados Unidos (catástrofe de la selección USA entre 2002 y 2006)

Origen, evolución y explosión del lanzamiento exterior (el éxito del triple en dos artículos)

Gasol(la carrera NBA de Pau Gasol)

El draft de Kobe Bryant (¿Es el draft de 1996 el mejor de la historia?)


¿Quieres recibir un email cada vez que se publique una entrada nueva?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.