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The Answer (1ª parte)

No lo tuvo nada fácil Ann. Nada fácil. A los 15 años tuvo a su primer hijo. Era madre soltera. El otro culpable puso pies en polvorosa al enterarse de que allí había un bombo. Ann vivía de lo que podía. Se apoyaba en su madre. Sobrevivía a base de contratos esporádicos. Robaba joyas y luego las revendía. Vivía en una vivienda de protección social. En un barrio complicado. Cuchillos, pistolas y cocaína. Vivía en el gueto. Vivía en Hampton, una ciudad de la bahía de Chesapeake, en el estado de Virginia, en el corazón del Estados Unidos confederado.

A su hijo le puso de nombre Allen, aunque todo el mundo lo conocía como Bubba Chuck. Con dificultades, Ann comenzó a trabajar en los astilleros y allí conoció a Michael Freeman. Se enamoraron. Y Michael aceptó hacerse cargo del paquete entero. Se convertiría en padre de Allen a tiempo completo. Un día, cuando Allen tenía diez años y su hermana menor contaba con siete, padre y padrastro se pegaron delante de los niños. El padre biológico perdió la pelea y nunca más volvió por Hampton.

Allen era un niño ultra competitivo. Sus tíos jugaban al baloncesto y allí aparecía aquel canijo para retarlos. Sus tíos jugaban al fútbol americano y allí aparecía él para desafiarlos. Allen se juntaba con malas compañías y su madre, desesperada, le obligaba a que practicase deporte. Y progresaba. Progresaba con celeridad. Tenía un deseo incasable por lograr la victoria y retorcía las normas a su favor para proclamarse vencedor. Era hábil y veloz y sentía que su mejora era constante. No sólo eso. Su palabra era palabra de Dios. Si decía que iba a hacer una cosa, no cesaba en el empeño hasta que la cumplía.

Era un niño flaco, no excesivamente alto, pero fuerte y con un torbellino por piernas. Se proclamaría campeón estatal tanto en fútbol americano como en baloncesto. Compaginaba ambos deportes y apenas dormía. Al principio no quería dedicarse al básquet dado que lo consideraba un deporte de blandos, pero todo cambió cuando alguien le dijo que al ser tan bajo nunca podría dedicarse al baloncesto. Allen, 183 centímetros de adulto, decidió que le daría en las narices a aquel bocachanclas.

Aquel David con mentalidad de Goliat había conocido a su novia durante el instituto. Se llamaba Tawanna y se convertiría en su pareja de por vida. Al baile de graduación Allen tuvo que llevar unos zapatos de su padre de la talla 42 a pesar de calzar un 44 dado que no tenía dinero para comprarse unos nuevos. En aquel momento la situación era extremadamente difícil, dado que su hermana pequeña necesitaba ayuda médica. Con todo, el futuro de Allen era esplendoroso. Elegido mejor jugador de instituto de Estados Unidos, tanto en baloncesto como en fútbol americano, tenía la posibilidad de obtener una beca deportiva en cualquier universidad del país.

Era la primavera de 1993.

El futuro de Allen Iverson era esplendoroso.

Meses antes del acto de graduación, Allen Iverson y varios colegas salieron a jugar a los bolos. Era el 14 de febrero de 1993. En un momento de la noche el alcohol y las drogas hicieron su aparición y se inició una pelea que enfrentó a una banda de negros con otra de blancos. Allen escapó a casa, pero por el camino detuvieron a tres de sus amigos. Rápidamente Allen, conocido por todos, fue incriminado por tenencia ilegal de armas, posesión de estupefacientes y agresión. Imputado, la noticia estalló justo antes de que se iniciase el verano.

El caso saltó a los noticiarios estatales. El jugador adolescente más famoso de todo Estados Unidos estaba imputado. Desde el comienzo dio la sensación de que el asunto tenía una connotación racista. Una grabación demostraría que Iverson fue de los primeros en escapar de la bolera. Dio igual. La fiscalía quería dar un escarmiento y la figura de Iverson era esencial para lograr su objetivo. Esperaron ocho meses para que cumpliese la mayoría de edad y poder juzgarlo como un adulto.

Le cayeron cinco años de cárcel y diez de inhabilitación deportiva.

Allen Iverson había tirado su futuro por el retrete y luego había tirado de la cadena.

Allen Iverson

Ann Iverson movilizó Roma con Santiago para defender a su hijo. Organizó boicots y manifestaciones y pidió entrevistas por tierra, mar y aire. A fin de cuentas, madre e hijo habían crecido juntos. Habían sido insultantemente jóvenes para todo. Hubo amenazas de muerte, cartas de odio y hasta acoso carcelario. Iverson trabajaba en la cocina y en la lavandería de la prisión, además de recibir continuos regalos de admiradores desde el exterior, lo que provocaba continuos celos y chantajes de otros presos para obtener prevendas.

Por el camino quedaba el futuro deportivo de Allen Iverson. Aun entonces podía decidir si optar por una beca universitaria de fútbol o por otra de baloncesto. La decisión fue fácil. Una vez se conoció la sentencia, ningún equipo de fútbol americano decidió apostar por Iverson. En baloncesto pasó más de lo mismo.

Salvo por un valiente.

El entrenador John Thompson.

John Thompson era desde 1975 el entrenador de la Universidad de Georgetown. Sumará un total de 24 presencias consecutivas en los playoffs por el título, récord aún vigente. Ocurre que Thompson era mucho más que eso. Era un negro de 208 centímetros con una disciplina que rozaba lo militar. No existía el éxito en el baloncesto sino existía el éxito en los estudios y no existía el éxito en los estudios sino existía el éxito como ser humano. Donde todos se echaron para atrás, John Thompson dio un paso hacia adelante. Thompson se reunió con Ann Iverson y le lanzó un salvavidas. Thompson confiaba en la inocencia de su hijo y le prometió a Ann que lo esperaría. Eso sí. Sería inflexible. A la mínima ruptura del código de honor, a la mínima torpeza, a la mínima salida de tono, sería expulsado de Georgetown y las puertas del baloncesto estarían cerradas para Allen Iverson de por vida.

Ann Iverson cogió a John Thompson del brazo, echó unas lágrimas y gritó:

¡Edúquelo!

John Thompson

Seis meses después de entrar en prisión llegaría el indulto. Después, ya iniciado 1995, la Corte de Apelación del Estado de Virginia revocaría la condena al demostrarse que Iverson no estaba en la bolera cuando la pelea se fue de madre. Sucedía que Iverson no había completado sus exámenes finales. Al entrar en prisión no había obtenido el título de bachillerato. Tuvo que ponerse a estudiar y lo hizo de la mano de una profesora que se prestó voluntaria a ayudarlo.

El asunto empezó mal. Muy mal. El primer día no se presentó a las clases particulares. Iverson se había ido con su pandilla a recuperar el tiempo perdido. El segundo día sucedió más de lo mismo. La profesora contactó con Ann y ambas se fueron en busca de Allen. Lo encontraron fumando marihuana y bebiendo cerveza. Ann se acercó a su hijo de 18 años y le propinó un par de puñetazos delante de todos sus amigos.

Al día siguiente Allen Iverson fue al instituto. Al acabar las clases se marchó a casa en virtud al toque de queda decretado por el juez a la espera de revocar su condena.

Acabaría graduándose con una media de notable alto.

Allen y Ann Iverson

Con un año de retraso Allen Iverson iniciaba su periplo en la Universidad de Georgetown. En su primer partido el público le gritaba jailbird (delicuente) cada vez que botaba el balón. Dio igual. El primer paso de Iverson era increíble casi tanto como su velocidad y su ansia por lograr la victoria. En su primer encuentro sumaría 40 puntos, el récord de siempre en un debut universitario. No fue ninguna sorpresa que fuese elegido el mejor novato de la temporada. Al año siguiente fue escogido como mejor defensor y MVP del campeonato. Sólo necesitó dos campañas para ser el máximo anotador de la historia de Georgetown.

Era el mejor tanto técnica como mentalmente. Jugaba con tobillos vendados, golpes en las costillas o heridas que a otros les habrían supuesto semanas de baja. Estaba siempre disponible, siempre liderando. Con el tiempo su cuerpo se tomaría cumplida venganza, mientras tanto el orgullo podía con todas las crudezas que apareciesen en su vida.

Por entonces nadie trabajaba en casa y la hermana de Allen estaba gravemente enferma. Iverson contaba con una oferta de patrocinio de Reebok si daba el salto a la NBA y su familia necesitaba imperiosamente el dinero. Pero Allen había dado su palabra al entrenador Thompson. Y su palabra era sagrada. Nunca antes ningún jugador había abandonado el ciclo universitario para irse a la NBA con John Thompson como entrenador. Iverson era consciente de ello y por mucho que su familia estuviese sufriendo sabía que no podía pedirle eso a su mentor.

No haría falta. Fue John Thompson el que organizó la rueda de prensa para que Allen Iverson marchase a la NBA a triunfar como jugador y a ganar el dinero que su familia necesitaba.

Allen Iverson fue elegido como número 1 del draft de la NBA por los Philadelphia 76rs. Por detrás de Iverson serían seleccionados Marcus Camby, Stephon Marbury, Ray Allen, Kobe Bryant, Peja Stojakovic o Jermaine O’Neal.

Con 183 centímetros de altura Allen Iverson era el jugador más bajo en la historia de la NBA en ser seleccionado en primera posición del draft. De pronto las dudas surgieron. ¿Sería capaz de mantener en la NBA el nivel mostrado en Georgetown? ¿Conseguiría el pequeño Iverson imponerse en el juego ultra físico de la NBA de finales de los 90?

Reebok, una empresa de ropa deportiva inglesa con no excesiva influencia en América, decidió apostar por Iverson. Fue presentado en una campaña publicitaria como pájaro que sale de una jaula.

¿Sería capaz Iverson de triunfar en la NBA?

Lo sería. Sería Iverson el encargado de responder a la pregunta.

Iverson sería la respuesta.

La Respuesta.

The Answer.

Ese será su apodo como jugador. El apodo con el que hará fortuna.

Continuará…

1º del Draft 1996

Otras historias de la NBA en tiempos de Iverson

El experimento Nowitzki (el europeo de siete pies que triunfó en América)

Los años de Jordan en Washington (cuando Air decidió darse un homenaje)

Kobe (la carrera de Bryant en dos artículos)

Los años negros de Estados Unidos (catástrofe de la selección USA entre 2002 y 2006)

Origen, evolución y explosión del lanzamiento exterior (el éxito del triple en dos artículos)

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El draft de Kobe Bryant (¿Es el draft de 1996 el mejor de la historia?)


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