juegos olímpicos

El ama de casa voladora

Sólo hay una mujer que haya conseguido cuatro oros olímpicos en unos mismos Juegos Olímpicos. Ni Marion Jones, ni Florence Griffith, ni Wilma Rudolph. Mantuvo su récord del mundo de los 100 metros lisos vigente durante nueve años y durante 14 años batió 20 récords distintos. No era negra. Ni siquiera era atleta, sino que era nadadora. Y su entrenador era un machista convencido, un detractor del deporte femenino.

Fanny Koen era una prometedora nadadora holandesa con un fuerte tren inferior y unos no tan excelentes músculos superiores. Un entrenador y periodista famoso por sus comentarios en contra de las mujeres la observó un día que estaba haciendo un reportaje y agudizó los sentidos ante lo que vio. Jan Blankers, que así se llamaba el interfecto, la observó y le animó a probar en la pista de tartán. Fanny tenía diecisiete años. Blankers unos cuantos más. Blankers era el seleccionador nacional. Un año después la incluyó en el equipo nacional holandés de atletismo. Ya no era Fanny Koen, era Fany Blankers-Koen. Su entrenador no sólo se había quedado prendado por sus virtudes como atleta, también por sus virtudes como mujer.

Su primer éxito fue a los 20 años al obtener el bronce en el Europeo de atletismo de 1938. Era la atleta del futuro y llenaba páginas y páginas de los periódicos. Nadie entendía como una mujer casada se podía dedicar al deporte. Por aquel entonces cuando una fémina contraía matrimonio abandonaba lo que estaba haciendo para dedicarse a cuidar a su familia y a su hogar. Koen fue enormemente criticada. Desafortunadamente la II Guerra Mundial llegó para acabar lo que los críticos comenzaban a sembrar.

“La ama de casa voladora”, apodo que le fue puesto por un periodista inglés, tuvo la suerte de llevar una vida relativamente decente y no dejó de entrenar durante la contienda, como ella misma manifestó, para mantenerse viva. Compitió en las pocas pruebas que durante la guerra se celebraron, contra rivales provenientes de países neutrales o de los por entonces vencedores y en poco tiempo perdedores.

Para 1946 la paz había vuelto a Europa y se disputaron unos austeros campeonatos continentales en Oslo, país que no había sido arrasado por las bombas. Fanny acababa de dar a luz a su segundo hijo, pero su continuo entrenamiento y su disciplina dieron sus frutos y logró un oro en vallas y otro en el relevo 4×100. Aun así el regusto fue amargo. Poseía los récords del mundo no sólo en las pruebas de velocidad, sino también en salto de longitud, salto de altura y pentatlón. La siguiente cita eran los Juegos Olímpicos de 1948 en Londres.

Doce años en deporte es una eternidad. Muchos quedaron en el camino. Otros vieron pasar sus mejores años. Sólo dos oros olímpicos en Berlín lo volvieron a ser en Londres, el checo Jan Brzak en piragüismo y la húngara Ilona Elek en esgrima. Un verdadero milagro y en dos países muy castigados por la II Guerra Mundial. Pero sorpresivamente la estrella no fue otra que Blankers-Koen.

En la cita londinense Fanny contaba con 30 años y dos hijos. Tuvo que eliminar de su programa el salto de longitud por temor a no recuperarse a tiempo para el resto de pruebas. Compitió en los hoy desaparecidos 80 metros vallas, 100 metros, 200 metros y en el relevo 4×100. Sí, tenía las mejores marcas, pero también era la más veterana de las atletas.

Su potencia no encontró respuesta en ninguna de las pruebas.

Su oro más sufrido se produjo en la prueba de vallas donde los jueces tuvieron que acudir a la foto-finish para determinar si había ganado el oro ella o la británica Maureen Gardner. La decisión se retrasó varios minutos y durante la espera sonó el God Save The King. Durante unos instantes Fanny se asustó, pero los acordes de tan majestuoso himno nacional sonaban en honor a Jorge VI que acababa de entrar en el palco de Wembley. Fanny respiró aliviada.

Fue recibida como una heroína en Amsterdam. Un carruaje tirado por caballos llevaba en volandas a una mujer que estaba ayudando a levantar la moral de una nación destrozada por la ocupación nazi. El ayuntamiento le regaló algo tan holandés como una bicicleta y la reina Juliana le concedió la Orden de Nassau a lo que Blankers-Koen contestó; “tanto por correr unos pocos metros”, dejando para la posteridad una de las mejores perlas deportivas de la historia. Consiguió tres oros más en el siguiente campeonato europeo pero para los Juegos Olímpicos de 1952, ya con 34 años, no obtuvo ninguna medalla olímpica.

La IAAF (Federación Internacional de Atletismo) la escogió en 1999 como la mejor atleta del siglo XX. Tres años después le rindieron un nuevo homenaje, aunque lamentablemente ella no sabía quién era esa rubia, alta y desgarbada que corría con el pelo al aire. Sentada en una silla de ruedas y aquejada de alzheimer, se limitó a preguntar si de verdad era ella la chica que proyectaban en la televisión. Se fue en 2004, Su marido ya lo había hecho 30 años antes convencido del valor de la mujer en el deporte.

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Pequeña historia de los países muertos (2ª parte)

Dentro de los tres tipos de estados muertos, nos habíamos quedado con aquellos que acabaron explosionando en la historia. Esbozáramos la trayectoria olímpica de Checoslovaquia y de Yugoslavia pero comentábamos que había un par de países cuya aparición en los JJOO no había tenido relación exacta con su surgimiento en el atlas de la historia. Estos dos estados fueron dos colosos; el primero deportivamente y el segundo histórica y deportivamente.

—RDA y RFA—

Tras la división en bloques de Alemania y la nueva delimitación de fronteras surgidas tras la II Guerra Mundial, en 1948 se formó un bloque capitalista en torno a Alemania Occidental y uno comunista en Alemania Oriental. Entre medias quedó Berlín, como islote y símbolo de división del mundo. Para 1949 ya existían bajo registro de ley “dos Alemanias”. Los himnos eran distintos y la bandera idéntica, eso sí, cambiado el águila real del Sacro Imperio Romano Germánico (RFA) por la hoz y el martillo (RDA).

Sin embargo, en el mundo del deporte esa separación era, de momento, ficticia. A Alemania se le prohibió competir en los JJOO de Londres de 1948 al ser considerada culpable de guerra por los vencedores. Tuvo que esperar hasta 1952 para volver al torneo y lo hizo de forma grupal a pesar de que ya existían los dos estados. Aún se podía cruzar libremente de Münich a Dresde o de Hamburgo a Röstock, por lo que el deporte arreglaba las fracturas de la vida diaria. En las ceremonias de medallas se usaba una bandera alemana cuyo escudo eran los aros olímpicos, y como himno se empleaba parte de una sinfonía de Beethoven.

Dicha unión duró hasta la competición olímpica de Tokio en 1964. Un año antes se había levantado el Muro de Berlín y decretada la prohibición de viajar libremente del este al oeste. Para México 1968 ya compitieron separadamente la RFA y la RDA, aunque mantuvieron el paripé de la bandera y el himno. Sería en 1972, en los JJOO celebrados en Münich (RFA) cuando se produzca la separación definitiva. Paradójicamente la Guerra Fría parecía que se calentaba olimpiada a olimpiada.

Una vez reunificada Alemania en 1990, la nación teutona ya compite como una sola desde Barcelona 1992. Lo más extraordinario de todo es que la RDA se mantiene como octava nación en la historia del medallero participando únicamente en cinco citas olímpicas.

Pasó de las 25 obtenidas en México a las 102 logradas en Seúl cuatro lustros después. Durante 20 años la RDA causó admiración en el mundo entero por unos logros achacados a la disciplina y a una preparación metódica. Incluso se valoró su entrega en disciplinas individuales en las cuales se pueden obtener mayor número de medallas. A pesar de algún caso aislado de positivo a comienzos de la década de 1980, lo rudimentario de los controles antidopaje de la época permitió que hasta la caída del Muro de Berlín no se supiese con certeza aquello que se intuía, el dopaje de estado en la RDA.

—URSS—

El estado muerto por antonomasia no puede ser otro que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), paraíso comunista para unos, creación de Satanás en la tierra para otros. Históricamente hablando, la importancia de la URSS es inmensa y quizás idéntica a imperios desaparecidos como el mongol, el azteca o incluso el romano. Si nos referimos a su incidencia en el panorama deportivo, nos reseñamos a una pieza gigantesca en el crecimiento y evolución de esta forma de vida del siglo XX.

En la Unión Soviética el deporte ocupaba un lugar de privilegio en la educación de la juventud. Era igualitaria entre hombre y mujer como no ocurría en cualquier otro lugar del planeta. Las enseñanzas deportivas eran obligatorias tanto en la educación primaria como en las profesiones industriales (lo que ahora damos en llamar FP) y por supuesto en los estudios universitarios. Pero no sólo eso, instituciones como las fuerzas armadas y policiales, empresas o granjas cooperativas organizaban actividades deportivas en sus descansos y fundaban clubes que competían entre sí en diferentes torneos. Todo ello estaba controlado por los sindicatos y ministerios, que, por otra parte, veían como su trabajo de control y extorsión era facilitado mediante el deporte.

De hecho, quizás el primer ministerio del deporte que un estado jamás tuvo fue creado en 1923 a través del Comisionarado Supremo de la Cultura Física. No obstante, la URSS, creada en 1917, no compitió en unos JJOO hasta 1952 debido a que para el Politburó eran sinónimo de degradación capitalista. Para los guardianes de la ideología, los JJOO no resaltaban el verdadero espíritu deportivo. Sólo al descubrir el papel de la propaganda en el contexto de la Guerra Fría, los dirigentes soviéticos se animaron a participar en las citas olímpicas.

En aquella competición disputada en Helsinki, la URSS obtuvo 71 medallas, a tan sólo cinco de distancia de los EE.UU con una amplia historia olímpica a sus espaldas. Cuatro años después ya fue el primer país del medallero. Competió hasta Seúl 1988, con la única excepción de Los Ángeles 1984 cuando un estúpido boicot político impidió a sus deportistas participar en el torneo. Cuatro años antes se había celebrado la cita en Moscú, donde la URSS y la RDA arrasaron en el medallero en una exaltación de las virtudes del comunismo.

https://www.youtube.com/watch?v=kdNwa0yMuzM

La URSS estaba formada por una federación de 15 repúblicas independientes. El núcleo central era Rusia y su capital Moscú desde donde se dirigía un proceso de rusificación del resto de pueblos. Como heredera del llamado Imperio comunista, la Federación Rusa de la actualidad nunca ha llegado ni siquiera a pensar en acercarse a EE.UU (la potencia por excelencia con el permiso de la emergente China) ni a los niveles de excelencia deportiva que alcanzó la URSS entre mediados y finales del siglo pasado. Un pequeño dato estadístico:

Medallas de 1996 a 2016
EE.UU. 630
Rusia 427
URSS (ficticio) 862

El poder deportivo de las 15 repúblicas era inmenso y cada una de ellas estaba especializada en diferentes disciplinas. Además de Rusia se pueden dividir en:

1. Europa Oriental (Bielorrusia, Ucrania y Moldavia): Compitieron junto a Rusia formando el Equipo Unificado en 1992, cuando aún se estaba desmembrado la URSS, y lo hacen de forma independiente desde 1996. Ucrania ha conseguido 115 medallas por las 85 de Bielorrusia.

2. Repúblicas del Cáucaso (Georgia, Armenia y Azerbaiyán): También formaron parte del Equipo Unificado. Tienen un nivel deportivo parejo, aunque destacan las 44 preseas obtenidas por los azerbaiyanos.

3. Asia central (Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán): Son las repúblicas de menor importancia deportiva, con la excepción de los kazajos. Kazajistán es el noveno país en extensión del planeta y fuente de gas natural. Su poder económico le sirve para competir en pruebas europeas a pesar de ser geográficamente asiático. Acumula 53 medallas olímpicas.

4. Repúblicas bálticas (Letonia, Lituania y Estonia): Compitieron libremente en Barcelona 1992 tras obtener su independencia un año antes. Los estonios cuentan con 33 preseas, por 21 de Lituania y 19 de Letonia.

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Pequeña historia de los países muertos (1ª parte)

La diferencia entre la geografía física y la política es que esta última trata de la distribución del territorio en virtud al espacio que ocupa el ser humano. Dicha distribución se realiza a través de los estados, los cuales son provisionales y transitorios, por lo que los mapas cambian en función de lo que el ser humano se proponga o decida. Alguno argumentará que el ser humano también tiene la capacidad de modificar la geografía física a su antojo con infraestructuras o con el cambio climático, pongamos por caso, y es cierto, pero aunque seamos tan imbéciles para descongelar un glaciar, quemar un bosque o disecar un río, la diferencia entre mudar el clima y mudar una frontera es mayúscula.

Actualmente el mundo esta dividido en 194 estados. Deportivamente somos unos cuantos más. El COI siempre ha sido muy pragmático con las identidades nacionales. Y decía que actualmente somos 194 porque los países (vamos a simplificar para una buena narrativa del artículo, aunque lo correcto es diferenciar estados y países) son como los seres vivos; nacen, crecen, se reproducen y mueren.

Países muertos los hay a patadas. Desde pequeños condados hasta grandes imperios. Deportivamente también los hay desde bañeras con vela a portaviones del deporte. Vamos a centrarnos en aquellos que alguna vez lograron la gloria olímpica en unos Juegos Olímpicos de verano. Los dividiremos en tres categorías; uniones circunstanciales, No-estados y estados muertos.

—Uniones circunstanciales—

Son aquellas acometidas por varios estados para mejorar su papel en la competición ante el escaso bagaje deportivo que tenían por ellas mismas. Además, sirven como altavoz de reivindicaciones en el tablero geopolítico mundial.

A) Australasia: En los JJOO de Londres en 1908 y en los siguientes de Estocolmo, Australia y Nueva Zelanda compitieron en conjunto obteniendo buenos resultados. Esta unión se mantuvo hasta la I Guerra Mundial y les dio notables éxitos en otros ámbitos como el tenis. Australasia conquistó 5 torneos de Copa Davis durante ese periodo.

B) Federación de las Indias Orientales: Para los JJOO de Roma en 1960 los jóvenes estados de Trinidad y Tobago, Jamaica y Barbados compitieron bajo la misma bandera. Los dos primeros ya habían saltado a la palestra olímpica de forma independiente tras lograr su independencia años atrás, mientras que la isla de Barbados tuvo que esperar a 1968 para ver ondear su bandera en el estadio olímpico.

C) Equipo mixto: En las tres primeras ediciones de los JJOO modernos (1896, 1900, 1904) varios atletas en distintas pruebas compartieron equipo en diferentes disciplinas. Por aquel entonces todavía no había distinción entre países y se podían hallar equipos de polo participados por jinetes españoles y franceses o de lucha entre atletas rusos y otomanos.

—No-estados—

Serían aquellos territorios que sin ser formalmente estados tienen una serie de identidades históricas, culturales, étnicas y/o lingüísticas que les convierten en territorios comunes. Por diversas circunstancias forman parte de un estado de mayor tamaño en el que conviven diversas identidades.

A) Bohemia: A través de un acuerdo firmado por el Imperio Austrohúngaro, el Reino de Bohemia compitió de forma independiente en los cuatro JJOO celebrados entre los años 1900 y 1912. Bohemia es una de las tres regiones históricas de Chequia, cuya capital, Praga, fue nombrada también la capital del nuevo estado de Checoslovaquia creado tras la finalización de la I Guerra Mundial.

B) Antillas neerlandesas: Se trata de un conjunto de islas del Mar Caribe que pertenecían a los Países Bajos y que compitieron en los JJOO entre 1952 y 1984. Aunque no eran un estado, disponían de un estatuto autónomo parecido al de otras islas como Guam respecto a EE.UU o Martinica en relación a Francia. Sus habitantes no podían participar en las elecciones parlamentarias. Aruba y Curaçao (dos de la tres Antillas) forman desde 2010 una federación independiente, y la primera ya obtuvo presea olímpica en los pasados JJOO de Río de Janeiro.

—Estados muertos—

Serían aquellos estados que por vicisitudes de la historia ya son sólo un recuerdo. Su desaparición pudo ser a través de la disgregación, o por mor de la unión de varios estados formando uno de nuevo cuño.

A) Checoslovaquia: Compitió por vez primera en 1920 y lo hizo hasta los JJOO de Barcelona en 1992. Al año siguiente, y tras un acuerdo diplomático, se formaron dos nuevos estados, Chequia y Eslovaquia, con puesta de largo en Atlanta 1996. Checoslovaquia obtuvo 168 medallas olímpicas y quizás su deportista más emblemático sea Emil Zatopek vencedor en 5.000, 10.000 y maratón en una misma edición olímpica, hazaña jamás igualada. También en el recuerdo quedará la gimnasta Vera Caslavska, la reina de los JJOO de México, fallecida recientemente.

B) Yugoslavia: El país de los eslavos también fue creado a raíz del fin de la I Guerra Mundial, por lo que compitió por vez primera en Amberes 1920 y por última ocasión en 1988. Su disolución como estado fue producto de una guerra, por lo que es bastante más compleja que la de los checoeslovacos. En 1992 las repúblicas de Eslovenia, Croacia y Bosnia ya compitieron de forma independiente. Para 1996 Macedonia se uniría al club. En 1996 también volvió a contender Yugoslavia, bajo cuya bandera estaban Serbia (país hegemónico en la zona y heredero del antiguo estado) y Montenegro. Para Sidney 2000 ya se había eliminado el nombre de Yugoslavia y quedaba el de Serbia y Montenegro. Para acabar con este batiburrillo de nombres y fechas, en Pekín 2008 por primera vez compitieron Serbia y Montenegro de forma independiente. Quizás en Tokio 2020 veamos a la última de las repúblicas ex yugoslavas en liza, Kosovo. Son 94 las medallas conseguidas por la delegación paneslava, destacando sus éxitos en deportes de equipo, fundamentalmente el baloncesto.

Todos estos países participaron en los JJOO desde su creación hasta su disolución como estados. Sin embargo hay otros dos en los que la cronología histórica es diferente a la cronología deportiva. Ambos dejaron pasar unos cuantos años antes de aventurarse en la aventura olímpica por diversas circunstancias. Por su importancia, tanto histórica como olímpica, les dedicaremos unos cuantos párrafos más en el siguiente artículo.

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El relámpago humano

Jamaica logró su independencia hace poco más de medio siglo. La isla del ron y de la caña de azúcar para los británicos, hoy se afianza como destino playero y da a conocer su nombre al mundo a través de dos formas de cultura popular; la música y el deporte. El ska y, fundamentalmente, el reggae nacieron en Jamaica y la imagen de Bob Marley ha sido adoptada como símbolo de esta isla caribeña. Pero existe un pilar fundamental para llevar el perfil de Jamaica al mundo, tiene lugar cada cuatro años y son los Juegos Olímpicos. Concretamente es su prueba reina; el atletismo.

De las 77 medallas que los atletas jamaicanos han obtenido en citas olímpicas 76 han sido en la pista de tartán. Y la velocidad es la reina de todas las salsas. Hay diferentes teorías. Hay quien dice que es por la climatología. Hay quien asegura que se debe a la mezcla histórica de razas en la isla. Y hay quien lo achaca a los maravillosos planes de entrenamiento importados de Estados Unidos y al apoyo del dinero público.

Usain Bolt es el icono de un país nacido para la velocidad. “El relámpago humano” ha roto todas las previsiones de técnicos, especialistas y antropólogos y ha llevado los 100 metros lisos a un nivel superior. Su retirada supone el fin de una hegemonía y la inmediata búsqueda de un icono que supere unas marcas que parecen venidas del más allá.

A Bolt, como a Blake, Powell, Campbell o Ann-Fraser, lo captaron en la escuela y se lo llevaron a un centro de alto rendimiento con los mejores instructores nacionales y extranjeros. La selección natural existe, pero en Jamaica se prepara a los niños para ser estrellas del atletismo.

Con una zancada descomunal y con 1’96 metros de altura, Bolt se inició corriendo los 200 metros, pero Glen Mills (su entrenador) le obligó a competir en el hectómetro. A pesar de tener una pierna más larga que otra y una escoliosis que le hacía ser carne de lesiones continuas, Mills sabía que si era capaz de cuidar su cuerpo, compensar la diferencia de piernas en la pisada y ponerse recto rápidamente en la salida, sus zancadas mucho más largas le permitirían obtener registros descollantes.

Ese era el plan para los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008. Pero Bolt nunca había ganado un 100. Ni siquiera había conseguido una medalla en un campeonato.

Se llevó el oro y batió el récord del mundo. 9’69”. No sólo consiguió ganar. Arrasó. Dejó de correr en los últimos metros e hizo que nos preguntáramos a cuánto podría llegar. Cambió la velocidad para siempre. La había llevado a nuevos límites. Un hombre alto podía ser fisiológicamente veloz. Del mismo modo que los hombres de más de dos metros que tiran triples cambiaron el baloncesto, Bolt cambió el atletismo. ¿Qué marca podría lograr? ¿Cuál era el límite?

En plenitud física y psíquica, Bolt se plantó en los mundiales del año siguiente celebrados en Berlín dispuesto a destrozar sus plusmarcas (también había batido el récord de 200 metros, aunque este exprimiéndose al máximo). Todo lo que hizo en aquel campeonato fue prodigioso. Pero no sólo en cuanto a marcas. Su sencillez, su sonrisa, su alegría. Esa manera de disfrutar impulsó el atletismo entre los niños y adolescentes en un momento en el que sólo se hablaba de dopaje.

Bolt voló aquella tarde veraniega de agosto. 9’58’’. Lo primero es la salida. Debido a la altura, como hemos dicho extraordinaria para un velocista, es en la salida de tacos donde el jamaicano tenía el mayor hándicap. Normalmente comenzaba las carreras en los vagones traseros para ir seccionado a sus rivales con el paso de los metros. El día del récord la salida de Bolt fue correcta, similar a la de Tyson Gay, manteniendo un perfecto ángulo recto entre tobillo, rodilla y hombro, generando la fuerza idónea en las rodillas al salir de los tacos.

Esa arrancada permitió que con el primer y segundo paso Bolt adelantase a sus rivales. A los 20 metros ya iba liderando la prueba. A partir de ahí todo fue mucho más fácil. Corrió a 37,6 km/h con una velocidad punta de 45 km/h. Pista rápida y viento favorable (0,9 m/s), dentro de la legalidad. Tuvo la capacidad de mantener la velocidad punta durante casi 70 metros cuando lo normal para un atleta de 100 es conservar ese esfuerzo máximo en unos 45-50 metros. Una barbaridad.

Y lo mejor de todo se produjo en el sprint final. Bolt se mantuvo con la cabeza erguida y con el cuerpo perfectamente erecto cuando el ácido láctico ataca a las piernas y los corredores pierden la postura necesitando la ayuda de los riñones para impulsarse. Usain entró en meta de forma majestuosa, totalmente erguido y únicamente girando el cuello a su izquierda para buscar el marcador electrónico y cerciorarse de la maravillosa marca que había logrado. 9’58’’.

Y una cosa más. También tuvo la suerte de tener grandes rivales que le obligaron a exprimirse y llegar al cénit. Sin una némesis no hay esfuerzo supremo. Aquel día cinco atletas bajaron de 10 segundos. Tyson Gay fue segundo con un increíble 9’71”, por entonces la tercera mejor marca de todos los tiempos tras las dos alucinantes acometidas de Bolt. Y hasta cinco velocistas consiguieron bajar de la decena de segundos.

Cuatro días después competía en 200 metros y lo volvió a hacer. 19’19”. Bárbaro. Se había tardado 22 años en batir el récord de Michael Johnson y Bolt lo hizo dos veces en apenas 12 meses. Primero en Pekín y luego en Berlín.

Por todo esto 60.000 gargantas corearon su nombre durante media hora tras su última carrera celebrada en el Mundial de Londres. No pudo acabar. Un tirón le impidió concluír su último baile. Llevaba nueve años consiguiendo victoria tras victoria. Pero a nadie le importaba. Tocaba rendir pleitesía al “relámpago humano”.

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Una historia de agua y sangre en la Guerra Fría

Los JJOO de Melbourne de 1956 iban a ser los de la confraternidad. Tras el fin de la II Guerra Mundial, Londres acogió una cita olímpica marcada por la ausencia de los perdedores de la contienda. Fueron unos JJOO austeros. Para 1952 en Helsinki entró en la competición olímpica la URSS (con victoria en el ránking de medallas) pero el ambiente estaba enrarecido entre soviéticos y norteamericanos por culpa de la Guerra de Corea. La elección de la ciudad australiana en 1956 y su impecable organización pretendía dar una aire neutral y de amistad a la competición.

1956 fue un año duro en Hungría. Un grupo de intelectuales y estudiantes se manifestaron, con el apoyo de parte de la población, para pedir libertades democráticas. La policía abrió fuego y provocó decenas de muertos. La revuelta se extendió por todo el país y Moscú movilizó sus recursos para sofocar a los exaltados. El 4 de noviembre los tanques soviéticos desfilaron por Budapest y dejaron casi 3.000 muertos en la capital húngara. Hubo una purga, y quien pudo marchó del país. Los casos de Puskás y Kócsis son muy conocidos en España.

La delegación húngara fue recibida con aplausos y cada uno de sus integrantes era animado por la afición australiana durante los JJOO. La simpatía del bloque occidental con los húngaros era notoria.

Hungría era una potencia en waterpolo masculino. Junto a la URSS y Yugoslavia, la otra favorita, se clasificó para una liguilla final de seis equipos en donde los dos primeros clasificados disputarían un último encuentro para dilucidar quien se llevaría el oro. La penúltima jornada estaba previsto un choque entre húngaros y soviéticos.

Aquel 6 de diciembre (los Juegos se disputaban en el verano austral) los espectadores en el Westpac Centre de Melbourne vieron un partido de waterpolo que más bien parecía un combate de lucha libre. Agarrones, golpes, insultos y puñetazos se sucedieron durante toda la primera parte ante la incapacidad de los árbitros, que influenciados por el ambiente y por la política, dejaban pegar un poco más a los húngaros.

Al poco de concluir, Hungría iba ganando por 4-0. Con todo decidido, Valentín Prokopov (URSS) abrió un pómulo a Ervin Zador (Hungría) y comenzó una tangana que acabó con la piscina bañada en sangre. En las fotos a color de la época se observa que no es una hipérbole.

Pronto la policía australiana se tira a la pileta a intentar poner orden. A la trifulca también se suman los miembros de los banquillos de cada equipo, en este caso para alterar el orden. El público saltó de las gradas y al final miembros de la organización consiguieron evacuar al equipo soviético a un vestuario. El partido fue suspendido a falta de un minuto para el final dándose como vencedor a los magiares.

Hungría venció en el encuentro definitivo a Yugoslavia y se alzó con el oro ante la algarabía popular. Zador, sancionado, no pudo jugar la final. Él y la mayoría de sus compañeros decidieron no volver a Budapest y se exiliaron en diferentes países. Zador emigró a Estados Unidos y se convirtió en profesor de natación. Además de por su porte atlético y su acento europeo, era un hombre que imponía en la distancias cortas debido a una cicatriz en su pómulo derecho. Uno de aquellos alumnos que le tenían pánico era un niño de 10 años que pronto lograría la fama olímpica. Se llamaba Mark Spitz.

Las imágenes son de una recreación para un documental estadounidense de 2006 titulado Freedom’s Fury.

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Como escoger el nombre de un equipo de fútbol

Como deportivista que soy, un chascarrillo que circula al norte del Rande es el nuevo nombre del Real Club Celta de Vigo ante el órdago de su presidente de llevar el estadio lejos del ayuntamiento vigués. Real Cerca de Vigo, Rápido de Marín, Ajax de Moaña, Spartak de Porriño…Nombres legendarios e históricos de clubes de gran solera, muchos de ellos repetidos por la geografía europea.

Seguro que en algún artículo, en un blog o en alguna revista habrás leído algo sobre el nombre de los clubes deportivos y su referencia a la mitología o a la historia de su país. Es un tema muy manido, al que tampoco hay nada nuevo que aportar. Pero, ¿quién sabe? Quizás el google te ha llevado a este blog al buscar información sobre el tema, o he conseguido despertar tu curiosidad, o, quizás, nunca te habías parado a pensar sobre esta materia.

La inmensa mayoría de los clubes de fútbol surgieron a caballo entre el siglo XIX y el siglo XX. Es una época de oro para el Estado-Nación y para el simbolismo entre el país y el ciudadano. Bajo ese contexto, muchos clubes adoptan un nombre que evoca la situación política del país, valores identitarios en el nacimiento de la nación o simplemente un carácter mitológico.

Situación política del país

En los países del bloque comunista, los distintos sindicatos creaban su propio club deportivo, lo que a su vez permitía al Estado un control persona a persona del trabajador fuera de su horario de trabajo. Así el CSKA era el equipo del ejército, y por lo tanto el más poderoso del país, el Dinamo la sociedad polideportiva de la policía, el Torpedo el club del sindicato del automóvil y el Lokomotiv el equipo de los trabajadores del ferrocarril.

En España o Portugal, como en otros países europeos, se siguió la tradición inglesa de dotar al equipo con el nombre de la ciudad o barrio y añadirle un adjetivo relacionado con el deporte (Athletic, Sporting, Football y sus variantes en castellano). No obstante, hay decenas de excepciones. En España, por ejemplo, múltiples equipos lucen con orgullo el apelativo de Real, que hace un siglo era sinónimo de status social y otorgaba preeminencia dentro de la competencia local (por ejemplo el Real Club Deportivo y el Club Coruña en la capital herculina). En Inglaterra, por otra parte, también surgieron clubes unidos a distintos sindicatos obreros u católicos, tales como el Arsenal (trabajadores del depósito de armas), West Ham (obreros de una acería del oeste de Londres) o el Aston Villa (feligreses y diáconos de la iglesia Villa Cross de Birmingham).

Valores identitarios en el nacimiento de la nación

Los tenemos de muy diversa índole. Muchas veces se debe a un héroe o símbolo de la nación. En Portugal el club de Barcelos se llama Gil Vicente, en distinción al mayor dramaturgo luso de la historia. Otros como el Shakhtar Donetsk toman su nombre de Stakhanov (Estajanov para nosotros) el héroe del trabajo en la URSS. Y también los hay de carácter religioso caso del San Patrick’s Athletic irlandés que bebe su denominación de San Patricio, el santo patrón del país isleño.

No obstante, la mayoría son personajes relacionados con gestas guerreras. El FK Obilic de Belgrado (héroe de la batalla de Kosovo en el siglo XIV), Arminia Bielefeld (Arminia es Herrmann el protagonista bárbaro en la batalla de Teotoburgo ante el Imperio Romano), o el Levski Sofia (de Vasil Levski héroe antiturco) son ejemplos de ello.

Por último, también los hay que simplemente son símbolo de identidad pero sin causa histórica concreta. Así, el Austria Viena toma el nombre de la nación y el Viking FC noruego o el Celta de Vigo recogen una simbología de los pueblos en su designación.

Carácter mitológico

Al recuperarse en 1896 la tradición griega de celebrar unos Juegos Olímpicos cada cuatro años, la Europa de entre siglos bebía de la mitología como símbolo de modernidad, educación e inteligencia. La gimnasia, el culto al cuerpo y la práctica deportiva se recuperó como status social y como exaltación del ser humano. Los equipos adoptaron el nombre de dioses con los que pretendían identificarse y transmitir una serie de valores.

Obviamente abundan los ejemplos. Aris de Salónica (Ares, dios de la guerra), Apollon de Nicosia (Apolo, dios del sol y de la luz), Heracles (Hércules, con múltiples equipos por toda Europa), Fortuna de Sittard, Sparta de Praga (referente a los espartanos y a su ética de trabajo), Ajax de Amsterdam (héroe de la guerra de Troya), Atlante de México (el titán Atlas), Olympiakos de Atenas (en referencia a Olympia), Atalanta de Bérgamo (atleta de la mitología griega).

Y para acabar con este artículo nada mejor que hacerlo con el club de fútbol más antiguo del mundo, el Sheffield Football Club fundado en 1857 y que actualmente deambula por categorías semiprofesionales inglesas. Nunca debemos confundirlo con los más conocidos Sheffield United y Sheffield Wednesday, los otros dos equipos de la ciudad de Yorkshire.

 

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Minuto de silencio en los JJOO

Hace unos días, medios de comunicación europeos se hacían eco de un suceso acaecido en un encuentro clasificatorio para el Mundial de Fútbol de 2018 entre las selecciones de Australia y Arabia Saudita. Los jugadores arábigos declinaron mantener el minuto de silencio en memoria de los atentados yihadistas de Londres. La federación del país asiático emitió un comunicado en el que señalaba que estos sangrientos sucesos eran ajenos a su cultura.

Olvidamos en Europa que atentados terroristas asolan al mundo día tras día y nadie se rasga las vestiduras porque en un campo de fútbol danés o portugués no se tenga en cuenta las decenas de muertos por una bomba en Tanzania o en Indonesia. El motivo es el mismo; es ajeno a nuestro radio de influencia, interés o cultura.

Pero, ¿de dónde viene lo del minuto de silencio? Como tantas otras tradiciones asociadas al deporte, este simbólico gesto proviene de la guerra. El australiano Edward Honey, soldado y periodista (otras fuentes dicen que la idea fue del surafricano Percy Filipatrick), veía con recelo que para celebrar la victoria de la Commonwealth en la I Guerra Mundial tuviesen lugar desfiles y festejos. Para él, la mejor forma de honrar a los caídos en el campo de batalla era un homenaje de silencio simbolizando el respeto y el sacrificio. La idea fue llevada a cabo bajo el auspicio del London Evening News y el beneplácito del rey Jorge V el 11-11-1919 a las 11:00. Justo un año después del fin de la guerra, tuvo lugar el primer minuto de silencio de la historia. En realidad, no fueron 60 segundos, sino 120, tradición que en Australia, país natal de Honey, se sigue manteniendo a día de hoy.

Aunque habitual en los terrenos de juego, el minuto de silencio no llegó a los Juegos Olímpicos hasta 2012, y no lo hizo sin polémica. Los estatutos del COI impiden que se realice ningún tipo de homenaje que pueda tener matices políticos o de conflicto entre países. Pero una mujer, Andre Spitzer, estuvo batallando 40 años para romper este estricto protocolo.

El marido de Andre y otros 10 deportistas israelís fueron asesinados por un comando palestino en la villa olímpica de Múnich durante la celebración de los JJOO de 1972. Olimpiada tras olimpiada los abogados de Spitzer toparon con la burocracia del COI, pero finalmente en Londres tuvo lugar el primer minuto de silencio -y quizás el último- de la historia del olimpismo. Eso sí, no fue en la ceremonia de inauguración, se quedó en la intimidad de la villa olímpica. Y no busquen vídeos en youtube, tan sólo una foto atestigua un momento histórico al que el COI quiso darle la menor importancia posible.

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