Copa Davis

Algunas curiosidades del tenis

Durante la Edad Media se practicaba en Europa un deporte muy popular entre las clases nobles, con cierta similitud a la pelota vasca, y que está considerado como predecesor de nuestro tenis. Para puntuar, aquellos participantes idearon un sistema de medición sexagesimal, el utilizado en la época. Al tomar con base el número 60 (para medir tiempos o ángulos) se asegura una gran cantidad de opciones divisibles. No existe número más pequeño que sea divisible por 1,2, 3, 4, 5 y 6.

Ese sistema sexagesimal seguirá vigente hasta finales del siglo XIX. De hecho, aunque el sistema métrico decimal fue creado en la Francia napoleónica, hasta 1884 no fue aceptado, y con muchas reticencias, por Gran Bretaña, por entonces primera potencia mundial. Y justamente con el transcurrir de aquel siglo la mano fue sustituida por la raqueta. Con ello, y con la aparición de la nueva cultura postindustrial del ocio, el tenis moderno nacería tal y como hoy lo conocemos.

He aquí el nacimiento del tenis y su peculiar forma de puntación para unos. Aquellos lores de flema británica tenían que establecer las reglas de su nuevo juguete. Y coincidió que esos jóvenes de rancio abolengo formaban en su mayoría parte de la Royal Navy. Contaban entre sus asuntos de debate establecer o no el sistema métrico decimal en la navegación o mantener la medición en millas náuticas.

Y, por supuesto, aquellos caballeros iban a defender la tradición y la idiosincrasia del Imperio Británico a capa y espada. Así pues, decidieron inspirarse en el sextante para establecer la puntuación del tenis. El sextante, por cierto, es un aparato inventado en Inglaterra en el siglo XVIII para medir la elevación del sol y conocer así su latitud. Hoy, con las satélites y el GPS, queda para los nostálgicos, pero durante cerca de dos siglos fue el utensilio más preciado de la imperial Royal Navy británica.

El sextante está dividido en cuatro partes que atañen a cuatro ángulos (15º, 30º, 45º y 60º) y corresponde con la sexta parte de una circunferencia, es decir, 360º; razón por la cual un set se divide en seis juegos. Posteriormente, los 45º fueron sustituidos por 40, porque su pronunciación inglesa (‘forty’ frente a ‘forty five’) hacía más fácil al árbitro cantar los puntos. Esta es la teoría más aceptada, pero hay muchas más.

Como producto snob y caballeresco, para los inventores del tenis la belleza del juego tenía que ser más importante que la victoria. Y en geometría pocas cosas hay más hermosas que una circunferencia. Símbolo de la perfección, una circunferencia tiene 360º y equivale a un set, el cual se divide en seis partes iguales (60º) que corresponden a cada juego del partido. Estos 60º se dividen en cuatro partes dando lugar a los diferentes tantos. El vencedor no sea el que consiga más puntos, sino el que antes llegue a la perfección.

Cabe señalar que el tenis es de los pocos deportes, sino el único, en el que el ganador no tiene por qué ser el que ha conseguido más puntos a lo largo de un partido.

Pero como las cosas a veces son mucho más simples, también deambula por los pasillos de la historia la teoría de que había un duque que no era muy ducho en matemáticas. Propuso contar de 15 en 15, pero como siempre sumaba mal, fuese la cantidad que fuese, al final la puntuación se quedó en los ya conocidos 15, 30 y 40.

Tenis proviene del francés ‘tenez’ y su uso deriva de que cuando el jugador ponía la pelota en movimiento gritaba ¡tenez!, que en castellano podríamos traducir por ‘¡ahí va! Luego los zapatos de corte deportivo que usaban los tenistas pasarían a ser conocidos como zapatos de tenis y así, como tenis, conocemos en buena parte del orbe a las bambas, zapatillas o playeras.

Antes de que se inventara la raqueta, los prototenistas golpeaban la pelota con un palo de golf. Ni que decir tiene que aquello era ardua tarea. No obstante, lo de sacudir a la bola con un madero común es la base del cricket. Mas es cierto que en el tenis el golpeo es constante y continuo y requiere de un utensilio con mayor área de recepción.

Al principio las pistas eran de hierba. De los cuatro Grand Slam tan sólo el parisino Roland Garros se disputaba sobre tierra batida. Podría parecer que mantener un cancha de hierba es más costoso que conservar una de polvo de arcilla, pero sucede justo lo contrario, y es la pista verde la más económica. Esto fue así hasta que aparecieron las pistas duras hechas a base de asfalto, plástico o cemento, y que hoy pueblan la mayoría de los torneos al ser las más baratas de construir y mantener.

Uno de los grandes problemas del tenis en el siglo XXI es la duración de los partidos. Para satisfacer a los ‘millennials’ se han ido ofreciendo modificaciones en los ‘tie-break’ para que los partidos no se conviertan en interminables. El objetivo es establecer un tope de puntos por el que no sea necesario ganar por dos de diferencia al rival para conquistar el ‘tie-break’. Experiencias de más de once horas de duración como las de John Isner y Nicolas Mahut en Wimbledon 2010 se antojan pavorosas (6-4, 3-6, 6-7, 7-6 y 70-68).

Las normas estandarizadas del tenis fueron probadas por vez primera en 1877 en el ‘All England Lawn Tennis and Croquet Club’, situado en Wimbledon, una pequeña y aristocrática población emplazada al suroeste de Londres. El torneo de Wimbledon es el alfa y el omega de la tradición tenística y sus ritos darían para un artículo por sí solo. En sus instalaciones sólo puede usarse el verde, púrpura y blanco. El blanco es el color obligatorio de la vestimenta de los tenistas y la tradición -o el machismo según se mire- se mantiene en el calificativo ‘Miss’ o ‘Mrs’ cuando el árbitro se refiere a una tenista. Al tenista, por supuesto, se le interpela por el apellido.

Y como no, si tanto en Francia, Estados Unidos y Australia al vencedor masculino y al femenino se les entrega una copa de campeones, en el torneo londinense a la copa de los hombres hay que contraponer una bandeja de plata que es concedida a las mujeres….

…para los que ven en esto connotaciones machistas, nada mejor que la historia de la ensaladera de la Copa Davis. Dicen que cuando Dwight Davis propuso crear una competición internacional entre los mejores tenistas de Estados Unidos y Gran Bretaña se olvidó de encargar un trofeo y tuvo que coger prestada una ensaladera de plata de casa de su abuela. No es más que una leyenda, porque la realidad es que Davis encargó a un joyero de Boston la confección de un trofeo de plata. Al parecer el orfebre, aunque residente en Estados Unidos, era un aristócrata británico. Quizás la bandeja de plata de Wimbledon fuera motivo de su extraña inspiración.

El trofeo de la Davis es uno de los más voluminosos del mundo. A su extraordinario tamaño contribuye un pedestal de madera que fue creado en 1932 para recoger el nombre de todos los campeones. Por ahora se le han añadido un total de tres pedestales y se espera que en 2036 haya que fabricar un cuarto pedestal.

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105 kilos de trofeo

Blancas, e incluso negras, eran las pelotas hasta la década de 1970. Fue entonces cuando la televisión pasó a interesarse por el deporte de la raqueta y obligó a pintar las bolas de amarillo o de amarillo verdoso, una tonalidad mucho más visible para el telespectador. La norma se hizo obligatoria en 1972, pero en Wimbledon, dónde sino, no lo sería hasta 1986.

Seguimos en Londres. A los afortunados que consiguen entrada o invitación para presenciar el torneo de Wimbledon se les invita a una taza de fresas con nata, ya que antes de que el Gran Londres arrasara con todo, las tierras de Wimbledon eran lugar de cultivo de una dulcísima variedad de fresas.

Sesudos estudios universitarios también se han preguntado porque los tenistas gritan. Los expertos concluyen que el tenista debe inhalar con la nariz y exhalar con la boca. A menudo, sin embargo, ocurre que el tenista, tras largos peloteos, ya no respira bien y emite gritos todavía más fuertes de lo habitual. Con esta técnica se imprime más fuerza al golpe y se relajan los músculos. Otros expertos, sin necesidad de estudios universitarios, sostienen que lo de los gritos es una técnica de intimidación y distracción ante el oponente a modo de hordas de bárbaros asaltando legiones.

Las primeras raquetas eran más pequeñas que las actuales y estaban fabricadas con cuerdas procedentes del intestino de una oveja y con carátula y mango de madera. Pronto lo de la oveja pasó a mejor vida, pero la madera siguió presente hasta finales de los 70. A finales del siglo XX tocó el turno del aluminio y en la actualidad las raquetas son de fibra de carbono y las cuerdas ultrarresistentes son sintéticas.

Los cuatro torneos más importantes (Open de Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open) configuran el ‘Grand Slam’. En categoría masculina conforman los únicos torneos donde se juega al mejor de cinco sets. El nombre proviene del bridge, un juego de cartas medieval y muy en boga entre las elites inglesas de inicios del siglo XX, y da nombre a una jugada victoriosa. Originalmente un tenista lograba el ‘Grand Slam’ cuando se alzaba con los cuatro torneos en el mismo año natural, aunque en la actualidad se acepta para el que lo consiga aun de forma alterna. Únicamente la alemana Steffi Graf ha logrado el ‘Golden Slam’, es decir, triunfar en el mismo año en los cuatro grandes torneos y lograr a mayores la medalla de oro en los Juegos Olímpicos.  

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Graf. Golden Slam 1988

Otras historias tenísticas

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Cuando España ganó la Davis sin Nadal

La pareja formada por Feliciano López y Fernando Verdasco estaba jugando en precisa sincronía y consiguió una considerable ventaja de 5-1 en el transcurso del tercer set. Pero en un arrebato de arrojo y coraje David Nalbaldian se llevó con él a Agustín Calleri para una igualada imposible a seis juegos. Tie-break. 6-6. Muerte súbita. La pareja que ganara aquel set se pondría con 2-1 de ventaja en el partido y con 2-1 de ventaja en la eliminatoria. Tendría la ventaja cuantitativa, pero sobre todo cualitativa, para ganar la Copa Davis de 2008.

Una semana antes de la disputa de la final, Rafa Nadal comparecía en rueda de prensa. El flamante número 1 del mundo acababa de cerrar la temporada que lo encumbró al olimpo de los dioses de la raqueta consiguiendo el doblete Roland Garros-Wimbledon. En la hierba londinense lo hizo incluyendo una épica y maratoniana victoria ante Roger Federer que en opinión de crítica y público está entre los más grandes partidos jamás disputados. Con Nadal en el equipo España era archifavorita para derrotar a Argentina en la final de la Copa Davis. Pero Nadal no iba a ser de la partida. Rafa Nadal padecía una inflamación de la rodilla y no volvería a las pistas hasta la siguiente temporada.

De pronto España había perdido gran parte de sus opciones de victoria. De los 80 periodistas acreditados para viajar a Argentina antes de aquella rueda de prensa, sólo 10 acabarían en el Cono Sur para contar una improbable victoria hispana.

No sólo la falta de Nadal enturbiaba el panorama español. Había otros pájaros de mal agüero. Meses atrás la Real Federación Española de Tenis (RFET) preguntó a los tenistas a quien preferirían como seleccionador. Estos dieron el nombre de Albert Costa. La costumbre era elegir a un tenista que llevase poco tiempo retirado y que incluso hubiese formado parte del circuito con los tenistas vigentes. La RFET dio el visto bueno de boquilla, pero convinieron hacer una oferta a Emilio Sánchez Vicario, un tenista destacado en los 80 pero desconectado de la actualidad tenística del momento.

Con ese panorama, con seleccionador y jugadores enfrentados, España derrotó a domicilio a Perú y a Alemania y se clasificó para las semifinales de la Copa Davis ante Estados Unidos. La selección jugaría en casa, en pista de tierra batida y con Nadal en perfecta ebullición.

La RFET volvió a preguntar a los jugadores. En este caso donde querían jugar la semifinal. La preferencia era una ciudad al nivel del mar, ya que a mayor altura la bola bota más alta por culpa de la densidad del aire favoreciendo a los jugadores más corpulentos y rápidos. En España los tenistas suelen ser especialistas en tierra batida, donde la bola bota baja y favorece el juego lento y de resistencia propio del tenis local. La RFET volvió a dar el visto bueno, pero nuevamente despedazaron su promesa. Una oferta mareante llevó la semifinal a Madrid, a 650 metros de altitud en la plaza de toros de Las Ventas. Fue entonces cuando Sánchez Vicario se ganó a los jugadores. Se alió con ellos y rompió relaciones con la RFET. Al acabar aquella Copa Davis dimitió y aún hoy no se habla con varios directivos de aquella época.

A pesar del problema de la altura, Nadal destrozó a Estados Unidos y clasificó a España para la final. Una vez se supo de la lesión del manacorí, Sánchez Vicario seleccionó para la final a David Ferrer (por entonces 12 del mundo), Fernando Verdasco (16), Feliciano López (30) y Marcel Granollers (56). Ninguno sabía lo que era vencer en un Masters 1000 y por descontado tampoco en un Grand Slam. Argentina contaba con David Nalbaldian (número 11 del mundo y con mucha diferencia el tenista con más experiencia y mejor palmarés de los presentes) Juan Martín del Potro (número 9 y que llegaba a la Copa Davis tras 26 partidos consecutivos sin perder y como la más firme promesa del tenis mundial), José Acasuso (38) y Agustín Calleri (60).

Los argentinos jugaban en casa, sus primeros espadas eran mejores sobre el papel y, esencialmente, eran unos monstruos de la desestabilización psicológica. Días antes de la final Del Potro se encargó de calentarla cuando declaró que iba «sacarle a Nadal los calzones del orto», en referencia a la costumbre de Rafa de sacarse los calzoncillos de la raja del culo entre punto y punto.

El inconveniente para los argentinos, por increíble que pareciese, es que en la final de la Copa Davis no iba a estar Rafael Nadal.

Argentina preparó una pista ultrarrápida a sabiendas de que a Nadal le gusta la lentitud del polvo de arcilla. El problema para los sudamericanos es que Nalbaldian era un excelso jugador de pista rápida y Del Potro de tierra batida, por lo que éste último se sintió perjudicado. Para contentar a Del Potro se llevó la final a Mar de Plata, ciudad al sur del país, cuando Nalbaldian y Calleri preferían jugar en Córdoba, de donde ambos eran nativos.

Así pues, el viernes tienen lugar los dos primeros partidos. En un pabellón arcaico, de techos bajos, con el público chillando y aullando y con los aficionados a ras de pista, aquello parecía más un partido de fútbol que uno de tenis. David Nalbaldian pasó como un ciclón por encima de David Ferrer (6-2; 6-3; 6-2) y ponía el 1-0 en una final al mejor de 5. Los pronósticos iban bien encaminados.

En el segundo encuentro se enfrentaban Del Potro y Feliciano López. Sobre el papel el argentino era superior, pero Feli es el único jugador español que prefiere la pista rápida a la tierra batida. Además el madrileño ya había jugado y perdido la final de la Copa Davis 2003 y tenía experiencia en esos derroteros. El caso es que Del Potro gana el primer set, pero a medida que avanza el partido Feliciano domina a un rival que es incapaz de restar con criterio. Feliciano acabará ganando en 4 sets y sonriendo a la grada cada vez que reciba una retahíla de insultos.

Llegamos así al sábado, cuando se juega el partido de dobles que suele decantar las eliminatorias. En principio era Del Potro el que iba a ser la pareja de Calleri, pero ante su debacle del día anterior es sustituido por Nalbaldian, que vuelve a ser un ciclón y comanda en el primer set.

La pareja española fue el gran acierto de Sánchez Vicario como seleccionador. Apostó por Verdasco y López en los cuartos ante Alemania. Una improbable pareja de zurdos que funcionó y solucionó el sempiterno problema español con el dobles. Al principio Verdasco se mostró dubitativo con el saque ante la presión de la grada y los continuos parones por culpa del ruido, pero se rehicieron con solvencia hasta ponerse por delante en el tercer set.

Con el citado 6-6, y en medio del tie-break, Calleri comete una doble falta en el saque por culpa del grito de un aficionado español en la grada y en la siguiente jugada Nalbaldian falla un resto fácil en la red. La pareja española gana el tercer set y el mundo se abre a los pies de los argentinos. Henchidos de moral, Feliciano y Verdasco ganan con facilidad y finiquitan con solvencia en el cuarto set. (7-5; 5.7; 6-7; 3-6).

Llegamos así al domingo con Argentina tocada pero no hundida. El cuarto partido iba a enfrentar a Del Potro y a Ferrer. Pero ambos están cagados. Jugarán Acasuso, el más inexperto de los albicelestes, y Verdasco, vencedor del dobles, pero el más inestable mentalmente.

Nerviosos y excitados ambos juegan un mal partido, pero Acasuso va creciendo en su tenis juego a juego y se pone con 2-1 de ventaja. Es entonces cuando Sánchez Vicario se lleva a Verdasco al vestuario con la excusa de ir al baño y con la ayuda de Feliciano le echa un rapapolvo al tenista madrileño. Le solicita que se olvide del ambiente y que empiece a jugar como si la pista fuese de tierra.

Dicho y hecho. Verdasco empieza a jugar puntos largos y a mover al pesado Acasuso de un lado al otro del rectángulo. El público acabará sin voz, Acasuso sin piernas y Verdasco se llevará la victoria por 3-6; 7-6; 6-4; 3-6 y 1-6.

El equipo español ganó la final por un global de 3-1. Era la sexta final y la tercera Copa Davis para España, quizás la más improbable de todas las ensaladeras ganadas. Al año siguiente España volvería a ganar (en casa ante la República Checa) con Nadal y Ferrer en los individuales y con la pareja formada por Verdasco y Feliciano en dobles. Argentina tuvo que esperar a 2016 para ganar su primera Davis comandados por Del Potro, pero ya sin Nalbaldian.

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Los cuatro mosqueteros de la Davis

Después de casi 125 años la Copa Davis va a sufrir su primer gran lavado de cara. En el tenis hiperprofesionalizado y comercial de la actualidad era inviable un torneo a cinco sets, con continuos cambios de tipo de superficie y con partidos por todo el globo que no sumaban puntos para el ranking ATP. Las estrellas intentan zafarse de las primeras rondas eliminatorias y cuando ya tienen un título en su palmarés pocos se comprometen a buscar un segundo o un tercer entorchado.

El tenis, y no sólo la Copa Davis, necesita un cambio. En la era de la instantaneidad y de los “highlights” ningún chaval aguanta cuatro o cinco horas delante del televisor viendo un partido, y mucho menos mañana y tarde engullendo una eliminatoria. Es un debate que está en otros deportes, el de la reducción del tiempo de juego, que choca frontalmente con los intereses televisivos a favor de ampliar las pausas para aumentar los ingresos publicitarios.

La tendencia es aumentar el espectáculo, pero con menos épica. Más momentos mágicos pero menos remontadas para el recuerdo.

La Copa Davis fue creada en 1900 por Dwight Davis (de ahí viene su nombre) un tenista estadounidense que concibió la idea de enfrentar anualmente a los mejores tenistas de Estados Unidos contra los de Gran Bretaña. Davis también fue quien donó el popular trofeo con forma de ensaladera, que se mantiene inalterable con el paso del tiempo y al que se le fueron incorporando refuerzos en forma de tablas de madera para inscribir año a año el nombre de los ganadores.

El trofeo no alcanzaría vuelo internacional y se convertiría en un tótem tenístico hasta los años 20. Durante seis años seguidos (1927-1932) los denominados cuatro mosqueteros franceses acabaron con el dominio anglosajón del deporte de la raqueta. Cuatro tenistas extraordinarios, cuatro personalidades completamente distintas y cuatro hombres que popularizaron un trofeo legendario.

Jean Borotra (1898) era considerado el mejor jugador cerca de la red. Procedía de Biarritz, había jugado a la pelota vasca y destacaba por la ‘txapela’ que utilizaba en todos los partidos. Henri Cochet (1897) era de Lyon, era el más enjuto de todos y sobresalía por una velocidad endiablada. Jacques Brugnon (1897) parisino de nacimiento, un ‘bon vivage’ de la época y el especialista en dobles del equipo. Por último, René Lacoste (1904) quien era el adelantado a su época. Era el único del cuarteto que tenía entrenador personal y que realizaba ejercicios de estiramientos previos a los encuentros. Característico de Lacoste era esperar el saque del rival agachado y con la boca abierta, mientras daba impetuosos giros a su raqueta cual cocodrilo espera a su presa. Con ese apodo pasaría a la historia y con ese apodo se haría millonario tras su retirada elaborando camisetas y zapatillas deportivas. Aunque todos procedían de buena familia (el tenis era un deporte elitista) representaban a distintas regiones de Francia con sus costumbres y sus estereotipos y pronto se convirtieron en leyenda. De hecho, la pista central de Roland Garros fue levantada en 1928 para ver los triunfos de los cuatro mosqueteros.

Los franceses, por lo general unos apasionados del tenis, nunca han vuelto a tener una generación de la misma categoría. Y la Copa Davis tuvo nunca tanto esplendor como entonces con los tumultuosos duelos entre franceses y estadounidenses. De 1900 a 1975 la Davis fue coto privado de países de habla inglesa con la excepción de aquellos seis años de gloria gala.

Tal fue la fama de esos cuatro jugadores que hasta el pueblo francés les supo perdonar sus devaneos con los nazis. Jean Borotra llegó a ser ministro de Educación y Deporte en la Francia de Vichy durante la II Guerra Mundial, cargo que ocupó hasta 1943 cuando se pasó al bando libre y luchó en la resistencia hasta que fue capturado y llevado a un campo de concentración cerca de Berlín. Henri Cochet, por su parte, participó en torneos tenísticos organizados por los nazis y fue un firme defensor de la figura del colaboracionista Petain. El único de los cuatro que siempre se mostró en contra de Hitler fue Lacoste, y tal vez por ello sea el más famoso del grupo.

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