El caso Tamara Crow

El caso Tamara Crow

Tamara Crow Declerq nació en 1977. Profesora de Educación Física y licenciada en Comunicación y Sociología, mientras estudiaba se ganaba la vida como socorrista. Era en Berkeley, California. Era también buena deportista y lo intentó con éxito en distancias cortas. Ocurría que apenas pesaba 40 kilos, era menuda, y con su escasa musculatura no podía competir al alto nivel. Alguien le dijo de cambiar a la natación sincronizada y lo hizo con éxito. La selección de Estados Unidos, con Tamara en sus filas, quedó cuarta en el Mundial de 2001 y optaba a medalla para los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004.

Resultó que la vida de Tamara cambiaría un 16 de febrero de 2003. En algún momento perdió el control del Nissan Pathfinder que conducía. Llevaba en el asiento de copiloto a su novio Cody Tatto y en la parte de atrás a un niño de doce años llamado Brett Slinger, al que Cody daba clases particulares y que en aquel momento estaba a su cargo. Viajaban de regreso a su vivienda de Walnet Grove en Minnesota procedentes de la estación de esquí de Sierra Nevada, sita en California. Nevaba con fuerza, Tamara perdió el control del vehículo, derrapó y se estampó contra un árbol. Tamara se rompió un brazo y se dañó la espalda, lesiones de las que se recuperó sin consecuencias.

Tanto Cody como Brett fallecieron en el acto. Cody, quien iba en la parte de atrás sin cinturón de seguridad, atravesó una ventanilla e impactó de lleno contra un árbol. Brett, quien iba como copiloto, golpeó su cabeza contra el volante antes de que una rama le atravesara el cuerpo.

Tamara y Cody

La investigación policial subsiguiente desveló que Tamara y su novio habían estado bailando y bebiendo toda la noche, para luego despertar a Brett a primera hora de la mañana, coger el coche y poner rumbo a Walnet Grove. Al parecer Cody era el que iba a conducir, pero había bebido tanto que le pidió a su novia que se pusiese al volante. Cody iba de reenganche, mientras que Tamara apenas había echado una cabezada de un par de horas antes de ponerse al volante a eso de las 5 de la mañana.

Tamara dio negativo en el control de alcoholemia. Según indicó sintió una fuerza que empujaba el coche con potencia en el momento del accidente. y argumentó en su descargo que, debido a la fuerte nevada, apenas sobrepasaba los 60 km/h. Sin embargo, un empleado de una gasolinera aseguró haberlos visto pasar minutos antes del accidente a mucha más velocidad. La policía forense certificaría también que el vehículo iba a una velocidad excesiva en el momento del impacto.

Mas de 1.000 personas acudieron al sepelio de Brett, preadolescente fallecido. Se renombró a su instituto como Brett Slinger y se retiró el número 11 que lucía en su camiseta de beisbol.

El juicio se celebró en enero del año olímpico. A escasos 200 días del inicio de los Juegos Olímpicos. Tamara Crow fue acusada de dos homicidios involuntarios y condenada a 90 días de cárcel, más tres de libertad vigilada y a indemnizar a los padres del niño con una cantidad ligeramente superior a los 30.000 dólares.

Las medallistas de 2003

La realidad es que Tamara no tenía que haberse puesto al volante al alba. La realidad es que ni siquiera tenía que haberse subido a ese coche. Había tenido una dura semana de entrenamiento y al llegar el fin de semana su novio se acercó junto al pequeño para recogerla, hacerle una visita y, de paso, disfrutar del sábado. No sólo ella salió de fiesta, también parte del equipo de sincronizada y hasta el entrenador se animó a tomarse una noche de desconexión. Brett, el pequeño de esta historia, y alumno de Cody en el instituto, se había animado al largo viaje con la promesa de pasar el fin de semana practicando snowboard.

El caso es que a instancias del Comité Olímpico de Estados Unidos y gracias a la influencia de la familia Crow (sus antepasados habían sido cargos de relevancia en el ejército), el juez aceptó aplazar el cumplimiento de la sanción hasta finalizar los Juegos Olímpicos. “El Comité Olímpico de Estados Unidos y la natación sincronizada tienen un código de conducta que no ha sido quebrantado. Un delito menor no constituye ninguna violación de dicho código. No ha ocurrido nada que impida a Tamara participar”.

Delito menor. Si. Homicidio involuntario. ¿Consecuencia? Dos fallecidos.

Se montó un pollo.

El padre del niño fallecido recorrió platós televisivos y cubrió páginas de periódico con declaraciones incendiarias en contra de la decisión. Estados Unidos se dividió en dos. Los que se apenaban por Tamara y los que clamaban por la injusticia de que pudiese disfrutar de la fiesta olímpica. “Con esta decisión la señorita Crow no paga suficiente por lo que ha sucedido. Ella no interrumpe su sueño olímpico, pero el de mi hijo, que jugaba al béisbol en Stanford y soñaba con llegar a las grandes ligas, sí”, declaró el afectado progenitor.

El juez decidió mantener su benevolente sentencia y dispuso que Tamara entrase en prisión en octubre, una vez regresase de Grecia. Así fue que Crow, junto al resto de sus compañeras y al son de la música de El Señor de los Anillos, ganó la medalla de bronce en Atenas justó por delante de la delegación española que finalizó en cuarta posición. “Durante estos meses lo único que he hecho es estar en la piscina tanto de día como de noche. No era por ganar una medalla en los Juegos, era porque es la única forma que tenía de sobrevivir. De lo contrario, simplemente me metería en la cama y lloraría”, declararía Tamara a los medios con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa.

Cumplida su pena, con una placa de metal en el brazo de por vida, Tamara Crow hubo de dejar la natación sincronizada. Fue al psicólogo, practicó buceo y abrazó a Jesucristo. Ha pedido perdón, pero nunca se declaró culpable, algo que ha hecho que la opinión pública estadounidense siga dividida en torno a aquella polémica sentencia.

Actualmente ejerce de entrenadora de sincronizada y vive una vida en completo anonimato.

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