Cuando Oleg Blokhin ganó el Balón de Oro
Vamos con una serie de datos. Máximo goleador de todos los tiempos del Dinamo de Kiev, de la selección de la Unión Soviética y máximo goleador en la historia de la liga soviética. Futbolista con más partidos jugados con el Dinamo de Kiev y el único en superar la centena de internacionalidades con la URSS. Fue futbolista ucraniano del año nueve veces (récord) y soviético en tres ocasiones (también récord). Logró ocho ligas, cinco copas y venció en dos Recopas.
Su nombre es Oleg Vladimirovich Blokhin u Oleh Volodymyrovych Blokhin.
Y tiene un Balón de Oro.
El Balón de Oro de Oleg Blokhin es de los más polémicos conocidos. Fue en 1975. No estaba en el guion. En el guion de nadie. En los inicios de los 70 el tema era cosa de dos. Un terco holandés de nombre Johan Cruyff y un no menos testarudo alemán de nombre Franz Beckenbauer. Cruyff ganó tres pelotitas doradas entre 1971, 1973 y 1974. Beckenbauer logró dos esferas áureas en 1972 y 1976. En el 74 Beckenbauer logró el Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Cruyff y en el 76 fue Cruyff el que fue Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Beckenbauer. El Káiser ya había sido Balón de Bronce en 1966 tras despuntar jovencísimo en el Mundial de Inglaterra. Y aún hay más. Beckenbauer fue en cuatro ocasiones cuarto clasificado en la votación del Balón de Oro. Johan Cruyff fue medalla de chocolate en dos ocasiones.
Así pues, para 1975 estaba claro que el vencedor tendría que ser uno de los dos. Beckenbauer volvió a liderar al FC Bayern en la consecución de la Copa de Europa al derrotar al Leeds United. Cruyff, tras lograr el año anterior la primera liga del FC Barcelona en una década, había llevado al Barça hasta semifinales de la Copa de Europa, donde caerían ante los citados ingleses. Visto lo visto, y tras el triunfo de Cruyff en 1974 a pesar de caer Países Bajos en la final del Mundial ante la Alemania capitaneada por Beckenbauer, todo parecía indicar que el Káiser lograría alzarse con el trofeo.
Y así fue hasta que llegó la Supercopa de 1975 a disputarse a doble partido en el mes de septiembre, antes del inicio de la siguiente temporada. Hace ahora medio siglo de ello. Se enfrentaba el FC Bayern de Beckenbauer, vigente campeón de la Copa de Europa, y el Dinamo de Kiev, vigente vencedor de la Recopa de Europa. Los ucranianos habían machacado al Ferencvaros (3-0) en una plácida final tras derrotar antes al PSV o al Eintracht de Frankfurt. En aquel equipo destacaba un enorme portero llamado Eugeny Rudakov y un extremo zurdo que obedecía al responder como Oleg Blokhin.
Jugaban como los ángeles.

Justo doce meses antes de lograr el triunfo en la Recopa accedió al cargo de entrenador un ex lateral izquierdo del club llamado Valeri Lobanovsky. Su idea era simple; la suma de todas las partes alcanzará un objetivo colectivo. La nutrición, el estudio del cuerpo humano, los entrenamientos específicos y el trabajo de pretemporada se convertirán en habituales en el Dinamo. Aquella final ante el Ferencvaros vio todo aquel trabajo reflejado en el campo. Presión desde el primer minuto, espacios cerrados al perder el balón para limitar el ataque del rival e intercambio de posiciones al atacar.
El sistema era muy parecido al de Rinus Michels, Cruyff y la famosa Naranja Mecánica, pero el modelo artístico-futbolístico soviético de Lobanovsky tenía una notable diferencia. En el mundo occidental se premiaba y fomentaba el desarrollo personal, por lo que Johan Cruyff era una estrella que brillaba por encima del colectivo. Dentro del grupo a Cruyff se le permitía ser verso libre. En el modelo comunista el engranaje perfecto no daba lugar al centello del individuo, por lo que Oleg Blokhin no podía ser más que ninguno de sus compañeros.
Aquel año Blokhin había anotado 23 goles en 36 partidos partiendo desde la banda. De las asistencias no tenemos datos porque entonces no se recogían. Era implacable, potente y tenía la habilidad de disparar fuerte y ajustado con ambas piernas. Podía jugar en ambas bandas con igual destreza y poseía un cambio de ritmo endiablado que le permitía romper hacia adentro y asociarse con sus compañeros o salir por fuera y enviar centros medidos. También lanzaba faltas y lo hacía a las mil maravillas. Era brillante, pero debía asumir el libreto. Dos años antes había destacado en un encuentro europeo ante el Madrid, aquel donde García Remón se ganó el apodo de gato de Odessa tras detener mil y un disparos de Blokhin. Bernabéu trató en vano de acometer su fichaje para paliar la retirada de Gento, pero fue un imposible ante la rigidez y las normas de la Unión Soviética. El caso es que Blokhin ha hecho una temporada notable al ganar la liga soviética y la Recopa, pero es imposible que adelantase a Beckenbauer o a Cruyff en el trono del Balón de Oro.
Hasta que llega la Supercopa.
La ida se juega en el Olímpico muniqués. Es un partido de poder a poder. Hasta que llega el minuto veinte de la segunda parte. El Bayern pierde el balón y el Dinamo recupera en la frontal de su propia área. El balón le llega a Blokhin que comienza una galopada por el lado izquierdo del ataque hasta adentrarse en el área alemana. Coge el balón en su propio campo y al pasar del círculo central deja a un lado a Beckenbauer, quien es incapaz de seguir el ritmo. Con un cambio de compás escupe el acercamiento de Durnberger y frena en seco para encarar el área alemana. Entrando por el lado izquierdo, Oleg ingresa en el rectángulo donde hay cinco futbolistas muniqueses. Encara como torero al toro y con un simple regate se deshace de Durnberger que recula, de Horsmann, y luego deja patidifuso a Beckenbauer quien espera que saliera de izquierdas y nunca de derechas. Inmediatamente se le acerca Schwarzenbeck para cortarle con una patada, pero, con un cambio de ritmo, Blokhin lo deja atrás y fusila sin miramientos ante la salida de Sepp Maier.
Aquel gol dio la vuelta al mundo. Concretamente dio la vuelta a Europa Occidental. Durante los siguientes días en el futbol capitalista, el de este lado del Muro, sólo se hablaba de aquella flecha ucraniana. Lobanovsky supo captar el momento. El técnico podía simpatizar con la lucha de clases o con el poder del pueblo. Pero Lobanovsky era, ante todo, ucraniano. Sabía que el éxito de Blokhin era un éxito de Ucrania. Y eso era algo que en Moscú no gustaba. Así que no lo dudo ni un segundo. En el partido de vuelta iba a darle total libertad a Blokhin. Y la consigna era clara. Blokhin no tendría que desgastarse en defensa y sus compañeros lo buscarían una y otra vez en ataque. Además, Oleg podría deambular por cualquier lugar de la línea de ataque. El éxito de Blokhin era el éxito del Dinamo. Y el éxito del Dinamo era el éxito de Ucrania.
En el partido de vuelta el Dinamo de Kiev aplastó al FC Bayern de Maier, Beckenbauer, Rummenigge y Gerd Müller. Fue un monólogo ucraniano en donde Oleg Blokhin completó el mejor partido de su brillante carrera. Para muchos analistas fue una de las mejores actuaciones individuales que se recuerdan coronadas por dos goles que le dieron la victoria (2-0) y el titulo al conjunto de la capital ucraniana. Schwarzenbeck, el duro acompañante de Beckenbauer tanto en el Bayern como en la selección alemana, diría que sólo Cruyff le había hecho sufrir tanto en un partido como Blokhin.
Cuando en diciembre de ese año la revista France Football desveló el ganador del Balón de Oro el vencedor resultó ser Oleg Blokhin. Obtuvo 122 puntos, superando en la votación a Franz Beckenbauer (Balón de Plata con 42 puntos) y a Johan Cruyff (Balón de Bronce con 27 puntos). Por primera vez un jugador superaba la barrera de los 120 puntos en la votación final. Un total de 20 periodistas le otorgaron su total confianza (es decir los 5 puntos que le podían otorgar al primer jugador que eligiesen), algo inédito para un futbolista en los veinte años que contaba por entonces el trofeo. Y Blokhin era joven, insultantemente joven, dado que apenas contaba con 22 años.

La flecha ucraniana (podía correr los 100 metros en 11 segundos) estuvo ligado al Dinamo de Kiev toda su carrera y aun ganaría otra Recopa en 1986, en este caso junto a Igor Belanov. El Real Madrid trató de ficharlo una vez más. Sería en 1981 con intercesión de Ramón Mendoza, directivo blanco y empresario con contactos en la Unión Soviética, pero volvió a pinchar en hueso. Blokhin, ya muy aquejado de problemas en las rodillas, solo pudo irse a la modesta liga austriaca ya con 36 años.
Oleg Blokhin ganó el Balón de Oro de 1975 gracias a sus dos colosales actuaciones en la Supercopa de 1975. El año anterior había sido decimonoveno y al año siguiente será vigésimo. En 1981, el año que el Madrid volvería a intentar su fichaje, acabó quinto en las votaciones. Y ya está. Nunca pudo ni acercarse a aquella fantástica exhibición de 1975.
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