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Cuando Messi fue a los Juegos Olímpicos

El Real Madrid había ganado la Liga con holgura. Fueron 18 puntos de ventaja sobre un Barça que acabaría tercero. En Europa las cosas no le fueron bien a ninguno de los dos. El caso es que los azulgranas llevaban dos años sin hincarle el diente a trofeo alguno. Ese año el Madrid les había metido un 4-1 en el Bernabéu y luego, tras un empate sin goles en el Camp Nou ante el Getafe FC y una derrota ante el Madrid también en casa, hubo un levantamiento de los socios que proclamaron una moción de censura ante Joan Laporta.

Hubo más noes que síes ante Laporta, pero para descabalgar al presidente del caballo había que lograr 2/3 de los votos. No fue así. El 61% de los socios votó a favor de la moción de censura, números importantes pero insuficientes. Laporta recibió una bombona de oxígeno y decidió apelar a los sentimientos. Tenía cerrada la contratación de José Mourinho, antiguo ayudante azulgrana y por entonces sin equipo tras su exitoso paso por Porto y Chelsea. Cambió de idea como quien cambia de chaqueta. Tenía a buena parte de la masa social encima y decidió hacer de tribunero.

José Mourinho acabaría marchándose a vivir a Milán y Joan Laporta decidió ascender del filial a Pep Guardiola y convertirlo en entrenador del FC Barcelona. No creía en él, sin embargo, decidió seguir el consejo de Johan Cruyff, quien fue el que le convenció de dar el arriesgado paso. Laporta, fiel cruyffista (para Joan ni Guardiola ni Messi estarán nunca a la altura de Cruyff), decidió apostar por alguien que le haría ganarse al público…siempre y cuando hubiera resultados.

Guardiola entró en el vestuario con la guadaña preparada. No necesitó más que un par de días para darse cuenta de que la piedra angular para su proyecto era Lionel Messi. Exigió la marcha de Ronaldinho, Deco y Eto’o, los tres bicharracos que le habían dado la segunda Copa de Europa al Barça apenas dos temporadas antes. Laporta, atado de pies y manos, hubo de claudicar. Los dos primeros se marcharon por la puerta de atrás y Eto’o conseguiría hacer cambiar de opinión a Guardiola a base de sudor en los entrenamientos.

Entonces surgió un problema. Leo Messi fue convocado por la selección argentina para disputar el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos de Pekín. Verano del 2008. Messi está loco por la música. Tiene veinte primaveras y sabe que es la única y la última ocasión de su vida para ir a unos Juegos. El Barça no tenía intención alguna de cederlo dado que se trataba de una competición del COI (Comité Olímpico Internacional) al margen de la FIFA. En estos casos los clubes ceden a jugadores sub-21 que o bien son promesas o bien no son trascendentales para el primer equipo. Ese no era el caso de Messi. Aquel verano le habían dado las llaves del castillo y su obligación era defender el escudo azulgrana contra viento y marea.

Messi se enfurruñó. Se empeñó en ir a Pekín. Estaba insoportable y no le dirigía la palabra a Guardiola. El asunto acabaría en los tribunales deportivos (TAS) con el silencio cómplice de la prensa barcelonesa. El TAS fue claro en su veredicto y le dio la razón al FC Barcelona, poseedor de los derechos sobre el jugador.

Aquello se enquistó de tal manera que Guardiola decidió reunirse con Laporta. Mejor un Messi feliz durante nueve meses que uno infeliz durante once mensualidades. Sería la primera vez de muchas en las que los deseos de Messi se excedan sobre lo deseado por el club.

Valdría la pena.

Messi viajó a China con la selección argentina. Eso sí, lo haría con un acompañante a tiempo completo del staff técnico del FC Barcelona. Se trataba de Pepe Costa cuya misión, primordialmente, fue la de vigilar la alimentación de Messi. Por entonces, Leo abusaba de las pizzas y de los asados, lo que le provocaba frecuentes problemas musculares. Si algo buscaba Guardiola era que Messi ascendiese tan a lo alto como Ronaldinho pero que no sufriese se brusca caída. Uno de sus primeros objetivos es que Messi pasase a controlar sus comidas. Leo recibió el OK apenas una semana antes del inicio de los Juegos. Voló a Barcelona desde Italia, donde el club había jugado un amistoso, para obtener el visado y puso rumbo a China previó acuerdo entre Argentina y el FC Barcelona de un seguro millonario que cubriese una posible lesión del astro sudamericano durante el torneo.

El oro de Lionel Messi

Argentina, vigente campeona olímpica, presentó un equipo extraordinario. Además de Messi estaban Lavezzi, Gago, Agüero, Di María y los mayores de 23 años Riquelme y Mascherano. Entrenaba Marcelo Bielsa. Messi anotó ante Costa Rica en el partido inaugural, para luego ganar a Costa de Marfil, Australia y Serbia. En cuartos eliminaron a Holanda y en semifinales tocó duelo ante Brasil. Ganaron los argentinos por 3-0 con dos de Agüero y un gol de Riquelme.

La final fue ante Nigeria. En 1996 los africanos habían tumbado sorprendentemente a Argentina en la que hasta la fecha es el gran triunfo del fútbol africano. En 2008 la victoria fue para los sudamericanos por 1-0 con tanto de Ángel Di María a pase de Leo Messi. Con el oro bajo el cuello, Messi fue a ver un partido de la selección estadounidense de baloncesto, le pidió un autógrafo a Kobe Bryant y cogió un vuelo a Barcelona con una sonrisa de oreja a oreja.

En Barcelona lo esperaban con los brazos abiertos. El Barça de Guardiola había perdido el primer partido de Liga ante el Numancia. Tardaría mes y medio en encaramarse a puestos de Liga de Campeones y no será hasta la novena jornada cuando alcance el primer puesto. A partir de entonces el éxtasis. El Barça ganó del tirón Liga, Copa, Copa de Europa, Supercopa española y europea y Mundial de Clubes. A esa hazaña se le dio en llamar el Sextete. Y la gesta tuvo a Lionel Messi como estrella. Se perdió el inicio de la competición y no obstante le bastaría para anotar 38 goles y dar 17 asistencias en 51 partidos de azulgrana entre Liga, Copa y Copa de Europa.

Al finalizar la temporada 2008/09 ganará el Balón de Oro con el mayor margen logrado frente al segundo clasificado.

Acabará sumando ocho.

Ya lo había dicho Guardiola; mejor nueve meses de un Messi feliz que once meses de un Messi enfadado.

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