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El mito de los All Blacks y la nomenclatura del rugby

Deporte de bárbaros jugado por caballeros, el rugby es el más victoriano de los deportes ideados por los británicos. Un deporte en el que pie y mano están en continuo desacuerdo y en el que el balón es un verso libre y caprichoso. Deporte noble e inteligente, el único en el que para avanzar hay que retroceder. Las entrañas del rugby están en los libros de historia, en el honor y en el respeto, y su ideario está ligado a la construcción del Estado-nación. La nomenclatura del rugby, sus códigos y su doctrina forman parte de la idiosincrasia de cada país.

No existe equipo más respetado y más temido en el planeta rugby que la selección de Nueva Zelanda. Una vez completada la colonización de la isla por los británicos en el último tercio del siglo XIX, el rugby fue introducido entre la población autóctona como fórmula de asimilación. Los maorís pronto demostraron una destreza innata para el deporte del balón almendrado y el equipo nacional de Nueva Zelanda se colmó de jugadores maorís que derrotaban con facilidad a irlandeses, ingleses o australianos.

El mito de la invencibilidad de los neozelandeses nació en 1905. Los 29 integrantes de la selección de rugby de Nueva Zelanda embarcaron en Wellington para iniciar una gira que les llevaría a Europa. Subieron a bordo del SS Rimutaka y doblaron el Cabo de Hornos hasta llegar a Uruguay donde disputaron un partido de exhibición. Semanas antes de atracar en Montevideo, los 29 integrantes, de las más variopintas razas y profesiones, se conjuraron para poner en práctica un tipo de rugby distinto. Entrenaban en la cubierta del barco con calabazas e idearon nuevas técnicas nunca vistas en las Islas Británicas como las fintas evasivas o la melé con sólo dos delanteros.

Un mes más tarde, y tras una corta parada para descansar en Tenerife, los neozelandeses atracaban en Plymouth, la ciudad desde la cual los barcos británicos habían conquistado el  mundo. En su primer partido derrotaron con suma facilidad a Devon (4-55). Los neozelandeses fueron vitoreados y aclamados por el público. Agradecidos por el trato recibido decidieron despedirse interpretando una haka. Danza tradicional maorí considerada hoy una herramienta poderosa de persuasión, la haka no es más que un ritual autóctono que personifica el orgullo, la unidad y la fuerza de la tribu antes de una batalla.

Ganaron un total de 34 partidos en la gira y sacaron al rugby de sus prácticas más puristas. Aún hoy se discute si el rugby es un deporte de contacto o de evasión. Sudáfrica, Inglaterra o Australia son los defensores del orden y la dureza, mientras que Francia o Gales son atacantes compulsivos. Nueva Zelanda creó una armonía coral que un siglo después, y gane o pierda, hace que sea considerada una suerte de Brasil del rugby. Derrotaron a Escocia (7-12) y humillaron a Irlanda (0-15) y a Inglaterra (0-15) ante más de 75.000 conmocionados espectadores citados en el Crystal Palace de Londres. Acabaron la gira con un balance de 34-1, ganando en Paris a Francia (0-12) y perdiendo únicamente y con polémica ante Gales (3-0). Después de cuatro meses volvieron a Oceanía tras una insultante superioridad y un juego fresco y ofensivo de gran riqueza táctica que convirtieron a los ‘All Blacks’ en leyenda para el imaginario colectivo europeo.

Al parecer un tal Bill Wallace informó en su crónica en un diario londinense que los neozelandeses jugaban todos como ‘all backs’ (todos como tres cuartos). Por culpa de un error tipográfico lo que era ‘all backs’ se transformó en ‘all blacks’ (todos negros), y dado que los neozelandeses vestían con polo de color negro el traspié tuvo rápida aceptación y acogida. De hecho, cuando el equipo llegó a casa un par de meses después fueron recibidos por las autoridades de Nueva Zelanda en un acto ya bautizado como ‘the return of the All Blacks’.

Había nacido la leyenda de los ‘All Blacks’.

Además de como ‘All Blacks’ o ‘kiwis’ (la fruta típica del país) a la selección de Nueva Zelanda también se le conoce como ‘el XV del helecho plateado’. Llevado con orgullo en la camiseta a la altura del corazón, es un tipo de helecho único tanto por su tamaño como por su color y que es originario de los Alpes del Sur, la cordillera que atraviesa de norte a sur el país. Otro uso más residual es el de ‘el XV de la nube blanca’ que hace honor a la perpetua niebla que asola a buena parte del archipiélago.

LA NOMENCLATURA DEL RUGBY

Al igual que a los ‘All blacks’ a los ‘Pumas’ argentinos también se les conoce así por culpa de un malentendido. Durante una gira por Sudáfrica en 1965 un semanario sudafricano les puso ese mote por el animal que lucían en la pechera de su camiseta. En realidad el animal era un jaguar. Al norte de Argentina, en los más inhóspito de las comarcas de Jujuy y la Salta habita el jaguar, pero para la posteridad ha quedado el sobrenombre de pumas para la escuadra albiceleste.

Australia también luce un animal en su polo de juego. En su caso se trata del canguro. La selección es conocida como los ‘Wallabies’, la raza de marsupial típica del país. De hecho, dato para los puristas, el wallaby es el más pequeño de la familia de los canguros. Otro nombre usado con asiduidad por los bicampeones del mundo es el de ‘aussies’, que no es más que el nombre con el que los nativos se referían a su isla antes de la llegada de los europeos.

A Sudáfrica se le conoce como los ‘Springboks’ en honor a la gacela habitual de las sabanas del África austral y que brilla en el escudo de la selección desde hace más de un siglo. Lo curioso es que incluyeron la gacela en sus camisetas en una gira que hicieron por Gran Bretaña en 1906, justo un año después de la de los ‘All Blacks’, y precisamente para que no hubiese confusión ni error de ningún tipo como les había ocurrido a los neozelandeses. En 1994 el gobierno presidido por Nelson Mandela se planteó eliminar la gacela de la camiseta, ya que el ‘Springbok’ era para la comunidad negra un símbolo de opresión racista. Al final se mantuvo el emblema de la gacela y se añadió una protea, la flor típica de la zona y que convive con la gacela como símbolo de la unión de los dos pueblos.

Países poco afortunados en el mundo del rugby también incorporan los animales para su identificación. Los portugueses adoptaron el lobo (común al norte del río Duero) y los estadounidenses las águilas, animal que también se repite en el distintivo de Namibia y de Tonga. Costa de Marfil adoptó el elefante por razones obvias, Paraguay el yacaré (una subespecie del jaguar), México la serpiente (animal precolombino símbolo de la divinidad), Zimbabue es ‘el XV del sable’ (un antílope de gran tamaño) y Rusia se apropió del oso (que ya fue la mascota de los JJ.OO de Moscú). Son todos animales identificativos de la nación, como es el caso de la paloma en el escudo de Tonga. La selección española es ‘el XV del león’. Aunque es común la identificación de España con el toro, lo cierto es que en la mitología de la nación el león es una alegoría de España desde la época de la Reconquista. Los leones del Congreso fueron bautizados como Daoíz y Velarde en honor a los héroes de la Guerra de la Independencia y cómo emblema de honor, respeto y fiereza.

País pequeño, pero muy respetado en el planeta rugby, es Fiyi. Al igual que los ‘All Blacks’, los fiyianos interpretan su propia haka antes de los partidos. Visten con camiseta blanca y en su pechera llevan una palmera. Los fiyianos suelen jugar al rugby en la playa y usan los cocos como balón. Selección en continuo crecimiento es Japón, habitualmente representado con el cerezo. Es un árbol muy común en el país y que en la época de florecimiento deja unas estampas impregnadas de rosa y blanco que hacen las delicias de nativos y visitantes.

Siguiendo con lo motivos florales, Canadá cuenta con la hoja de arce, que engalana su bandera nacional y que es común a lo largo y ancho del país. Rumanía adoptó como emblema el roble e Italia tiró de historia y apostó por la corona de laureles que lucían los generales romanos después de cada triunfo en el campo de batalla.

Existen símbolos más complejos como el de Samoa, un escudo con una palmera, una perla y la Cruz del Sur, la constelación que señala el Polo Sur. Georgia cuenta en su distintivo con un sol con siete alas. Pero lo más llamativo para los que usamos el castellano es su sobrenombre de ‘el XV de los lelos’, apodo despectivo por estos lares pero que hace referencia a un juego ancestral que se practicaba en las llanuras georgianas y que se asemejaba al rugby.

LA ARISTOCRACIA DEL RUGBY

El ‘XV del gallo’ es motivo de mofa y de orgullo a partes iguales. Si bien es cierto que gallo deriva de la palabra galo, nombre con el que el Imperio Romano se refería a buena parte de lo que hoy es Francia, pronto los franceses adoptaron como emblema al gallo. Sin ser un símbolo oficial representa el orgullo y la grandeza francesa y para el resto del mundo su suficiencia y su vanidad. Su chauvinismo. A Francia también se le conoce como ‘les bleus’ por el intenso azul de su camiseta de juego.

En Gales el rugby es el deporte nacional y en el ratio practicantes/habitantes incluso superan a Nueva Zelanda. Los galeses utilizan como símbolo a un dragón, en este caso un animal mitológico. El dragón proviene de la colonización romana, pues era un emblema que los ejércitos usaban en sus estandartes. Pero su uso en la idiosincrasia galesa viene de mucho más atrás. La leyenda cuenta que existía un dragón de color blanco que representaba el mal y un dragón de color rojo adalid del bien. El mago Berlín fue quien los liberó de su lucha y de esa pelea resultó vencedor el dragón rojo. Siglos más tarde el rey de Gales Uther Pendragon decidió tomar como emblema de Gales el dragón.

Los galeses también son conocidos como ‘el XV del puerro’ y por las tres plumas de un avestruz. El puerro data del siglo VI, cuando los galeses junto a otros pueblos celtas combatieron ante los sajones. Los aliados celtas decidieron colocar un puerro sobre sus cascos para distinguirse del enemigo resultando victoriosos de la contienda. Por su parte las plumas de avestruz datan del siglo XIV, cuando tras la batalla de Crecy (1346) una coalición de británicos y bohemios derrotó a los franceses. Fruto de esa unión el rey de Bohemia concedió al príncipe de Gales las tres plumas de avestruz para añadir a su escudo heráldico como símbolo de su honor.

El escudo de la selección inglesa de rugby se remonta al siglo XV. Por aquel entonces se produjo una guerra civil por el trono de Inglaterra entre la Casa de Lancaster y la Casa de York. Los primeros tenían como símbolo una rosa roja mientras que los segundos lucían como emblema una rosa blanca, por ello la disputa pasó a la posteridad con el nombre de la Guerra de las Dos Rosas. El conflicto terminó en 1485 con la victoria de Enrique Tudor de la Casa de Lancaster. Pero Enrique, sabiamente, decidió casarse con Elisabeth de York, uniendo las dos casas para siempre y creando la dinastía de los Tudor. Fue entonces cuando se estableció como emblema de los Tudor una rosa roja que en su interior porta una pequeña rosa blanca. A pesar de que hoy la familia real inglesa pertenece a la dinastía de los Windsor, la selección de rugby de Inglaterra sigue siendo conocida como el ‘XV de la rosa’.

Escocia es para todos el ‘XV del cardo’, nombre que proviene de una batalla contra los vikingos en el siglo XI. Los nórdicos desembarcaron en las inhóspitas tierras altas escocesas y la leyenda cuenta que los gritos de dolor de los vikingos al pisar encima de los cardos fue lo que alertó a los escoceses. El ejército se puso en marcha y pudieron detenerlos antes de que llegasen a los núcleos de población.

Irlanda es el ‘XV del trébol’ por cuestiones puramente religiosas. Se dice que en el siglo V San Patricio llegó a las costas irlandesas y recorrió la isla de cabo a rabo introduciendo el cristianismo en Irlanda. Para que los nativos comprendiesen la complejidad del misterio de la Santísima Trinidad arrancó un trébol del suelo. San Patricio les contó que al igual que las tres hojas del trébol conforman una única planta, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo representaban una sola persona. Irlanda, al igual que Polonia, no se puede entender sin el cristianismo. Más allá de la espiritualidad, el catolicismo está intrínsecamente unido a la nación, y, por supuesto, a su selección de rugby.

 “Mi tío jugaba al rugby y mi padre jugaba al fútbol americano. Solían discutir cuál de los dos deportes era el más rudo y todos coincidían en que era el rugby. Es un gran juego de equipo. No vale con tener un par de estrellas. Es un deporte en el que para tener éxito los quince jugadores deben jugar al mismo nivel”. Clint Eastwood, director de cine y aficionado al rugby.


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