A los 50 años de la última Copa de Europa del Varese
Resultó que a inicios de los 60 iban juntos al colegio una serie de chavales. Por un lado, estaban Anastasi, Bettega y Gentile. Representaban la realidad de Italia. Eran todos de Varese, pequeña ciudad cercana a Suiza, pero todos tenían su historia. Fulvio Anastasi era hijo de sicilianos emigrados al norte en busca de fortuna. Roberto Bettega era de Varese de toda la vida y Claudio Gentile había nacido en Trípoli, a dónde su padre había ido a trabajar cuando Libia pertenecía a Italia. Todos acabarían siendo estrellas en la Juventus, en dónde cualquier chaval de Lombardía aspira a jugar.
No era así en el caso del baloncesto. En la masificada Turín el baloncesto era un pasatiempo del todo irrelevante. En Varese no. En Varese el baloncesto era religión. El culpable de todo era el empresario Giovanni Borghi. Cuando llega a la presidencia del Varese el equipo está en la segunda categoría y juega al aire libre, en una pista de cemento. Todo iba a cambiar de forma radical.
Aprendiz en una fábrica de Milán que acabó siendo destruida durante un bombardeo en la II Guerra Mundial, a la altura de 1943 Giovanni Borghi decidió emigrar a la coqueta Varese. Allí, junto a su padre, fundaría una pequeña empresa de cocinas industriales a la que bautizaron como Ignis. Resultó que en la posguerra Ignis sería una de las firmas señeras del boom económico italiano. Se convirtió en el mayor productor nacional de electrodomésticos y su éxito se trasladó a toda Europa Occidental. Su mayor triunfo radicó en un frigorífico con aislamiento térmico que pasaría a exportarse a gran escala. A mediados de los 60 era raro el hogar que no contase con una nevera Ignis.
Borghi, un hombre paternalista que saludaba todos los días a los empleados de su fábrica, pasó a tener en 1964 el control del Pallacanestro Varese, el club de baloncesto de la ciudad. Los colores del club, hasta entonces rojiblancos, cambiaron al amarillo y azul de Ignis y poco a poco Borghi comenzó a interesarse por la gestión del equipo con la idea de convertirlo en un gigante europeo. Ignis, un bicharraco que producía 8.000 neveras al día y que contaba con más de 7.000 empleados, sería absorbido por la neerlandesa Philips en 1969 con la complacencia de un Borghi que ya entonces había acabado rendido al baloncesto. De hecho, Ignis dejará de patrocinar al equipo en 1975 cuando Borghi fallezca. Después el equipo tendrá su canto del cisne bajo el patrocinio de Mobilgirgi (empresa de muebles) y Emerson (radios y televisores).
Pero no adelantemos acontecimientos. Volvamos a los años 60.
Resultó que además de Anastasi, Bettega y Gentile había otro compañero de colegio. Se llamaba Dino Meneghin y era alto, muy alto. Antes de llegar a la veintena había alcanzado los 2’06 de altura. Y aún había más. Un alero llamado Edoardo Rusconi y un base cerebral que respondía a la llamada de Aldo Ossola. Esos tres chicos se decidieron por el baloncesto. Seis internacionales, tres en fútbol y tres en baloncesto, criados en el mismo espacio de tiempo en una pequeña ciudad de apenas 80.000 habitantes.
Los tres últimos cambiarán la historia del baloncesto italiano para siempre.
En 1969 el Ignis Varese conseguirá por vez primera el doblete liga-copa. Lo hará cuatro veces seguidas más para sumar a mayores un total de siete ligas italianas entre el citado 1969 y 1978. Siendo esos logros extraordinarios, lo será aún más el encadenar un total de diez finales consecutivas de Copa de Europa entre 1970 y 1979, un hito nunca antes alcanzado y que nunca después será igualado.
En la temporada 1969-70 el Ignis Varese debutaba en la máxima competición continental. Como rivales, bicharracos de la época como el Slavia Praga y otros de toda la vida como el Estrella Roja, el Real Madrid o el CSKA Moscú. Serán los soviéticos los rivales de Varese en la final a celebrar en Sarajevo. Dino Meneghin anotaría 20 puntos y sumaría 13 rebotes mientras que Manuel Raga firmaría 19 puntos y el pívot suplente Ottorino Flaborea otros 14 tantos. El CSKA de Sergei Belov se tomaría la revancha al año siguiente, pero en 1972 el Ignis Varese volvería a ocupar el trono al vencer a Panathinaikos en semifinales y a la Jugoplastika Split en la final con 20 puntos de Raga y 21 tantos y 11 rechaces de un Meneghin, que había hecho olvidar la baja por una fractura de muñeca del ala-pívot titular Ivan Bisson. Con todo, la canasta ganadora (70-69) fue del suplente TonI Gennari.

Aquel Varese estaba compuesto por el quinteto Aldo Ossola-Edoardo Rusconi-Manuel Raga-Ivan Bisson y Dino Meneghin. Como suplentes estaban Marino Zanatta y Ottorino Flaborea, quién era íntimo de Meneghin y quién le enseñó a pivotar en la zona. Dino Meneghin era conocido como Il monumento nazionale. Se trataba de un armario empotrado de 206 centímetros, competidor como pocos, que no estaba exento de coordinación y talento ofensivo. El gran Dino había debutado con 16 años con el Varese y estiraría su carrera hasta los 45 años para compartir cancha con su hijo. Sumará siete títulos europeos (plusmarca histórica) con Varese y Olimpia Milano. Físico e intimidador, de barbilla habsburgiana, con unas medidas antropomórficamente perfectas e insólitas en un latino de la época, promedió 6’3 rebotes en su carrera, un dato más que destacable teniendo en cuenta los parámetros del baloncesto FIBA y su extensa longevidad. En sus años en Varese superaba con creces los 9 rechaces por encuentro.
Aunque hubo norteamericanos que pasaron por Varese, el toque internacional del equipo lo ponía un alero mexicano, un rara avis desproporcional. Se trataba de Manuel Raga, un fino alero de lanzamiento extraordinario quién había masacrado desde la larga distancia a Italia durante los Juegos Olímpicos mexicanos de 1968. Con dos muelles por pies, su lanzamiento en suspensión era precioso y además le permitía capturar múltiples rebotes en ataque y acometer el aro continuamente. Apodado Indio, por sus rasgos aborígenes, renunció a la NBA para triunfar en Europa, donde maravillaría con el Varese en seis exitosas temporadas.

Con todo es en la campaña 1972-73 cuando el Ignis Varese alcanza la perfección. Aquellos éxitos tenían dueño. El patrón respondía al nombre de Alexander ‘Aza’ Nikolic. Serbio, ex jugador internacional, es considerado el padre del baloncesto yugoslavo. Profesionalizó el baloncesto europeo y se hizo famoso por unos entrenamientos perfeccionados y por una preparación física desmesurada en la que se sabía cuándo se comenzaba, pero nunca cuando se acababa. “Vosotros cuando entráis en el gimnasio sois como los obreros que van a la fábrica. Ficháis, se trabaja, se suda, no se bromea. Cuando se acaba hacéis lo que os dé la gana”, decía a sus pupilos antes de entrenamientos que muchas veces superaban las tres horas. En los partidos cambiaba de táctica frecuentemente y tenía un libro de jugadas extenso cuando aquello era una rareza que tan sólo se practicaba en las universidades norteamericanas. Y será en Estados Unidos donde Nikolic encuentre al violín que haga al Varese alcanzar las notas musicales perfectas dentro del rectángulo de juego.
El Varese había contado con estadounidenses como el saltarín alero Rich Jones, el bostoniano John Fultz y tendrá en el futuro a otros como el fantasioso base Charly Yelverton o el pívot blanco Bill Campion. Pero el golpe de efecto, el momento que llevará a la perfección al Pallacanestro Varese, se dará cuando en 1972 fichen el alero Bob Morse.
Bob Morse había sido elegido en el Draft de la NBA por los Buffalo Braves. Le ofrecían un contrato de 40.000 dólares y un puesto como suplente. Resultó que Morse tenía como agente a Bill Madden, quien se había hecho famoso llevando a norteamericanos a Europa. Madden le habló de Varese, una pequeña ciudad italiana que le ofrecía 32.000 anuales pero la posibilidad de la gloria europea. Morse viajó una semana a Italia con los gastos pagos y anotó 35 puntos en un partido de preparación. Firmó por los varesinos con la idea de estar un par de años en Italia, acabar sus estudios de medicina y volverse a Estados Unidos. Nada más lejos de la realidad.
Morse era un alero blanco de 2’03 metros con un fabuloso lanzamiento a media distancia. En Europa tendría que jugar de ala-pívot en múltiples ocasiones saliendo continuamente de la zona para perdición de su defensor. Los inicios no fueron sencillos. Raga y Morse podrían jugar en Copa de Europa. No así en la liga italiana que entonces sólo permitía un extranjero por equipo. Nikolic hizo jugar uno contra uno al final de cada entrenamiento entre las dos estrellas. Saltaron chispas, pero la mayor altura y la mayor capacidad de rebote de Morse le hizo ser el elegido. Aquello no gustó. En su primer partido los varesinos lo abuchearon mientras pedían la vuelta de Raga. Bob Morse falló sus primeros seis tiros presa del pánico, pero acabaría rehaciéndose para anotar 45 tantos.
Fin del debate.
Morse anotaría 33 puntos en el partido de ida y 32 en el de vuelta en la semifinal italiana que enfrentó al Ignis Varese y al Olimpia Milano. En la final derrotaron por 71-66 al CSKA de Moscú con 25 puntos de Manuel Raga que hicieron inútiles los 36 de Belov. Con tres Copas de Europa el profesor Nikolic deja el banquillo ocupando su lugar el italiano Sandro Gamba en su primera experiencia como entrenador jefe. Si Nikolic ofrecía entrenamientos largos e intensos y una relación inexistente con los jugadores, Sandro Gamba fomenta una relación personal con sus pupilos y, especialmente, con Morse.

Si los 70 son del Varese, los 60 habían concluido con siete finales para el Real Madrid de las que había levantado cuatro títulos. En 1974 ambos contendientes se enfrentarán por vez primera en una final que se repetirá cuatro veces en los siguientes cinco años. En parte será un duelo entre Bob Morse y Walter Szczerbiak. Dos americanos, dos excelentes tiradores y dos jugadores que compartían posición. Su rivalidad está olvidada por el paso del tiempo y la escasez de imágenes en movimiento, pero marcó una época en el baloncesto europeo. En 1974 vencerá el Real Madrid (a pesar de los 25 de Meneghin y los 24 tantos de Morse), gracias a la entrada a diez minutos del final por vez primera en el partido de un base de 18 años que responde al nombre de Juan Antonio Corbalán. La revancha tendrá lugar al año siguiente, ya sin Manuel Raga en el equipo, pero sí con el atlético Charlie Yelverton, en la que el Mobilgirgi Varese (Ignis acababa de dejar el patrocinio del equipo) se presentaba sin Meneghin por una rotura de muñeca. Con Ivan Bisson haciendo de ala-pívot y con Yelverton eliminado por faltas, Sandro Gamba tuvo que tirar del desconocido Sergio Rizzi para los últimos minutos de partido. Rizzi, al igual que Corbalán lo fuese para el Madrid el año anterior, fue el elemento sorpresa que con 13 puntos en 13 minutos, que sumados a los 29 de Bob Morse, le daban la cuarta Copa de Europa al Pallacanestro Varese en 1975.
Antes de afrontar la temporada 1975-76 Bob Morse provocaba un cataclismo al anunciar que volvía a Estados Unidos. Intentaría conseguir una plaza en la NBA y, de no lograrlo, se centraría en su carrera de medicina. El Varese fichó a Bill Campion, un pívot grande pero inmóvil y aquello empezó muy mal al descolgarse de inmediato de la lucha por el título en Italia. Miembros de la directiva italiana hubieron de viajar a Estados Unidos y ofrecerle a Morse el doble de lo que ganaba. Bob aparcó la medicina y estiraría su carrera en Italia durante cinco años más.
Así que tocó repetir final. Real Madrid-Varese en Ginebra. En esta ocasión, por obra y gracia del nuevo patrocinador, el Mobilgirgi Varese viste con una preciosa camiseta blanquinegra reversible de la marca Fila que hoy en día se cotiza a precio de oro a través de internet. Al descanso se llegó con empate, pero un parcial de 0-7 con tantos de Meneghin hizo que los italianos se adelantasen en el marcador. El Madrid logró volver a acercarse, pero tres canastas consecutivas de Bob Morse le dieron el empujón final a un Varese que logró su quinta Copa de Europa al vencer al Real Madrid por 81-74 con 28 puntos de Morse (13/19 en tiros), 23 de Meneghin añadiendo 9 rebotes (y dejando a Luyk con apenas un par de puntos) y una perfecta defensa de Ossola sobre Cabrera y Corbalán.

Fueron cinco trofeos en seis temporadas. Un dominio absoluto del que ahora se cumple medio siglo. Aun alcanzaría Pallacanastro Varese otras tres finales de Copa de Europa. En 1977 el Maccabi Tel-Aviv supera de manera sorprendente a los italianos por un punto tras un error de Ossola quién, presionado, fue incapaz de darle el balón a Morse para que lanzase a la desesperada en busca del triunfo. El 1978, ya sin Sandro Gamba que había sido nombrado seleccionador italiano, el Varese cae ante el Real Madrid en una noche aciaga de Morse y maravillosa de Walter Szczerbiak, quién anota 26 puntos. Por último, en 1979, el Varese volverá a caer y en este caso de forma más sorprendente que ante el Maccabi. El rival en la final era el modestísimo Bosna de Sarajevo quién dependía de dos hombres, dado que todos los demás eran accesorios. Uno era el genial escolta Mirza Delibasic (30 puntos) y otro el ala-pívot Zarko Varajic (45 puntos y récord en una final). El KK Bosna venció por 96-93, a pesar de los 30 puntos de Bob Morse y en parte por culpa de la baja por lesión de Dino Meneghin.
Y ese fue el final. Cinco títulos en diez finales. Diez consecutivas. De 1970 a 1979. A Mobilgirgi le sucedió el patrocinio de la marca de electrónica Emerson y a partir de ahí la pequeña ciudad de Varese poco iba a poder hacer ante las gigantes Bolonia, Milán o Roma. Aldo Ossola se retiró en 1980 y Bob Morse lo dejó en 1981, mismo año en el que Dino Meneghin fichó por el Olimpia Milano. Desde entonces el Varese tan sólo ha sumado una liga italiana en 1999 bajo el liderazgo de Andrea Meneghin, nacido en Varese e hijo del Gran Dino. El club incluso ha pasado por la segunda categoría del baloncesto transalpino y sigue jugando en el pequeño y vetusto pabellón Lino Oldrini que se puso en pie gracias a la iniciativa de Giovanni Borghi, el dueño de Ignis, allá por 1964.
Hoy, medio siglo después de la consecución de su quinta y última Copa de Europa, el Pallacanestro Varese aún se mantiene como el quinto club con más títulos europeos y el cuarto en número de finales. Sus cinco títulos sólo son superados por los 11 del Real Madrid (3’5 millones de habitantes), los 8 del CSKA Moscú (13 millones), los 7 del Panathinaikos de Atenas (900.000 habitantes) y los 6 del Maccabi de Tel-Aviv (550.000 habitantes).
Y luego está el milagro setentero del Varese y sus humildes 80.000 habitantes.
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