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Suppenkasper (La venganza es un plato que se sirve frío)

Navidades de 1989. Llevaban más de tres años sin hablarse. El teléfono sonó en casa de los Stein. La esposa respondió a la llamada. “Es Franz”, le dijo a su marido. El cónyuge era Uli Stein, de profesión, portero de fútbol. Franz era Franz Beckenbauer, por entonces seleccionador nacional alemán y en el pasado mejor futbolista de la historia del fútbol teutón.

Beckenbauer: ¿Qué tal Uli? En 1986 dijiste que te retirabas de la selección. ¿Te gustaría volver?

Stein: Por supuesto. Representar a tu país es lo más grande que puedes hacer.

Beckenbauer: Bien. Me alegra saberlo. El año que viene seremos campeones del mundo y no puedo serlo sólo con Illgner y Köpke, te necesito a ti también.

Stein: Estaré preparado para lo que necesites.

Beckenbauer: Ahora me voy de vacaciones. En enero te volveré a llamar.

Uli Stein jamás recibió esa llamada.

Beckenbauer se convirtió en la primera y única persona en ser campeón del mundo como capitán en el campo y como seleccionador en el banquillo.

Lo hizo con Bodo Illgner como portero titular, Andreas Köpke como guardameta suplente…y Raimond Aumann como tercer portero.

La venganza es un plato que se sirve frío.

Beckenbauer y Stein

Tras fracasar en la Eurocopa de 1984, la Federación Alemana de Fútbol (DFB) decidió confiar el puesto de seleccionador a Franz Beckenbauer. Era una decisión arriesgada. Beckenbauer se había retirado apenas doce meses antes como una leyenda, pero no tenía experiencia alguna como seleccionador. Era un líder y se esperaba que transmitiese esa aura al vestuario. Ocurre que no era fácil. Al igual que Johan Cruyff, su íntima némesis, Beckenbauer se frustraba cuando ordenaba hacer algo a sus jugadores y observaba que eran incapaces de cumplir con su cometido. Franz pensaba que lo que para él era sencillo cuando calzaba botas de tacos también lo era para los demás. Nada más lejos de la realidad.

Alemania (República Federal Alemana u Alemania Occidental para ser más exactos) se presentó con solvencia para el Mundial de 1986 por delante de Portugal y Suecia en su grupo clasificatorio. Con todo había dudas. Se sufrió para ganar en Malta (2-3), se empató en casa ante Checoslovaquia (2-2) y se perdió en Stuttgart ante Portugal (0-1). Los críticos acusaban a Beckenbauer de actuar de manera impulsiva e intuitiva sin una estrategia clara de partido. Usaba un 5-3-2 apoyándose en el extraordinario físico y en la fortaleza defensiva de su selección perjudicando un juego técnico del que él era garante como futbolista. Preparaba durante altas horas de la madrugada sesiones de vídeo que luego era incapaz de trasladar a sus seleccionados, dado que él mismo las consideraba soporíferas.

Sucedía algo más. Beckenbauer no tenía pelos en la lengua. Decía lo que quería sabiendo que era voz autorizada y respetada. Antes del Mundial consideró que Alemania podría salir campeona, pero describió a sus chicos como “un conjunto sin talento” y consideró a la Bundesliga “un montón de basura” por ser incapaz de retener a futbolistas que marchaban a la Serie A italiana. Karl-Heinz Rummenigge, jugador del Internazionale y en el pasado compañero de Beckenbauer en el FC Bayern, exigió una reunión. Rummenigge era el capitán de Alemania y una voz tan autoritaria y respetada como la de Beckenbauer. Se limaron asperezas y el Káiser rebajó el tono de sus declaraciones al mismo tiempo que cuestionaba la indispensabilidad de Rummenigge en clara muestra de resentimiento al haberse sentido discutido.

Pero Rummenigge no era el único que alzó la voz en un vestuario donde los egos campaban a sus anchas. Si Rummenigge era la estrella, la voz cantante de aquel equipo era Toni Schumacher. En 1982 había golpeado al francés Battiston en una salida kamikaze que acabó con el galo hospitalizado y con el teutón mascando chicle con fría indiferencia. Sin embargo, en 1986 no estaba en su mejor momento y en el último amistoso antes del Mundial, frente a Países Bajos, Beckenbauer decidió darle la titularidad al habitual suplente Uli Stein, el cual realizó un excepcional partido.

Con todo este conglomerado de sensaciones la selección alemana viajó a México con semanas de antelación. En aquel Mundial todos los países tenían pánico a las condiciones extremas de los mexicas con partidos que se iban a disputar rozando los 40 grados centígrados y a más de 2.000 metros de altura. Con el objetivo de aclimatarse, las selecciones europeas se atrincheraron en hoteles haciendo tediosa y larguísima la espera. Coincidió, además, que todavía no estaba fracturada la tradicional relación entre prensa y deportistas (ni tampoco era tan ancha la diferencia salarial), por lo que era más que habitual que plumillas y futbolistas compartiesen hospedaje. Era, pues, cuestión de tiempo que todo estallase en el hotel de concentración alemán en la ciudad de Querétaro.

Alemania 86

Llegó el 4 de junio de 1986 y Alemania se dispuso a enfrentarse a Uruguay en el primer partido del grupo E del Mundial. No será hasta una hora antes del encuentro cuando Beckenbauer anuncie que Harald ‘Toni’ Schumacher será el portero titular y que Uli Stein será suplente. También será suplente Rummenigge, quién había llegado al Mundial con molestias en el tobillo. Entonces todo salta por los aires. Rummenigge acusa a Schumacher de sabotear su regreso a la titularidad para promover a Pierre Littbarski y a Klaus Allofs, sus compañeros en el FC Colonia. Rummenigge llamará mafioso a Schumacher y el asunto casi llega a las manos antes de que ambos amenacen con volverse a Alemania. Beckenbauer conseguirá sortear el conflicto, Schumacher será titular, Rummenigge entrará como suplente en el minuto 70 y Alemania empatará 1-1 ante Uruguay con gol de Allofs, uno de los mafiosos de Colonia. Ocurrió que, fiel a su estilo, Beckenbauer no se callará la boca y en la rueda de prensa posterior al choque soltará una perlita: “Una guardería no es nada comparable con el vestuario de esta selección”.

Al Káiser se le estaba yendo el asunto de las manos. Alemania venció a Escocia (2-1) pero sucumbió ante Dinamarca (0-2), por lo que se clasificó, pero únicamente como segunda de grupo. Se supo entonces que en las comidas de la plantilla había una mesa de disidentes integrada por los habituales suplentes Klaus Augenthaler, Dieter Hoeness, Ditmar Jakobs y Uli Stein donde las críticas a Beckenbauer eran implacables. Rummenigge seguía a su aire y Schumacher se hacía la víctima.

Fue entonces cuando la bomba explosionó. Días antes un periodista mexicano había publicado un artículo en el que contaba que varios jugadores alemanes escapaban de la concentración para dormir en casas particulares o en otros hoteles. Era obvio que había quien lo hacía por diversión, otros por sexo y otros, simplemente, porque no aguantaban estar encerrados. Beckenbauer cargó públicamente contra el periodista en términos racistas y se armó la marimorena. Y, peor aún fue cuando Beckenbauer quiso rectificar sus palabras y lo justificó como un comportamiento “sumamente alemán”. Quedaba claro que aquello se le iba de las manos.

Y así fue que la noche antes del partido ante Marruecos de octavos de final y, sabedores de que iban a ser suplentes, los cuatro jugadores de la mesa de frustrados decidieron irse de juerga. Augenthaler, Jakobs, Hoeness y Stein no volverían al hotel de concentración hasta pasadas las tres de la madrugada y lo harán gritando y bailando. Despertarán a toda la delegación, periodistas incluidos.

A la mañana siguiente Beckenbauer, exaltado y a grito pelado, llamó a los cuatro disidentes idiotas, pero Hoeness no se quedó atrás y replicó al Kaiser con igual fuerza. Beckenbauer decidió multar económicamente a los cuatro futbolistas siendo la multa más alta aplicada a Stein dado que se le consideraba la mente pensante de la fuga. La reacción de Stein fue furibunda anunciando que renunciaba a la selección y que se volvía para Alemania. Ante la sorpresa generalizada Augenthaler y Hoeness exigieron también sus billetes de vuelta para Europa y al órdago también se sumó un entonces adolescente de 20 años llamado Olaf Thon, quien le soltó otra bomba a Beckenbauer: “No voy a aprender nada aquí”.

Para desactivar la bomba la federación instó a Beckenbauer que retirase las multas, a lo que el Káiser hubo de aceptar no sin antes desafiar a los disidentes e incitarles a marchar ahora que habían sido perdonados. Nadie lo hizo, Beckenbauer quedó a los pies de los caballos, y en un partido horrible Alemania derrotó a Marruecos con un gol de Lotthar Matthäus en el último minuto.

Coach Beckenbauer

Alemania estaba en cuartos donde se enfrentaría a México. Pero las aguas estaban lejos de volver a su cauce. El run run era otro. ¿Por qué Beckenbauer había decidido que la multa a Stein fuese superior a la del resto de disidentes? No pasaron muchas horas antes de que se supiese la verdad.

El incidente de la sopa.

El payaso de la sopa.

Suppenkasper-Affäre (el caso del payaso de la sopa).

SK.

El día de autos, al mediodía, en la sobremesa, los futbolistas se inventaron un juego. Nombrar a las personas que estaban en el comedor, solo por unas iniciales. Cuando le tocó el turno al guardameta Uli Stein dijo SK. Todos se pusieron a pensar, a nadie se le ocurría quién podría ser. No había ningún jugador ni nadie del cuerpo técnico, ni siquiera los cocineros, con esas iniciales. Entonces, reveló de quién se trataba: “Suppenkasper, que está ahí sentado”. Todo el mundo se partió de risa menos Franz Beckenbauer.

Hay un cuento infantil alemán titulado Der Suppenkasper (el payaso de la sopa), de Heinrich Hoffmann, en 1845, que tiene como protagonista a un niño que se niega a comer sopa y se va poniendo enfermo progresivamente hasta que se muere. Es un cuento moralizante, bastante duro, y muy conocido en Alemania. Tanto que el término suppenkasper se ha quedado como insulto para alguien que tiene un comportamiento ñoño o infantil, también para alguien a quien no te puedes tomar en serio.

Y había algo más. En los 60, cuando Beckenbauer se destapaba como una estrella, protagonizó una campaña televisiva a favor de las sopas instantáneas Knorr. SK. Soup Knorr. Fuese gracioso o no lo fuese, la broma estaba bien tirada.

Llegados a este punto es necesario responder a la pregunta. ¿Quién era Uli Stein? Era especialmente bueno con los lanzamientos lejanos y también en el uno contra uno. Se posicionaba muy bien para cubrir los ángulos y era especialmente seguro atrapando centros laterales. No era de los que despejaba, sino de los que blocaba. No era tan espectacular ni era tan capaz de reflejos como Schumacher, pero era muy fiable. Para trasladarlo a términos españoles, Stein era Cañizares y Schumacher era Casillas. Uli Stein era un porterazo. Uli Stein era el portero del HSV Hamburgo con el que había sido campeón de la Bundesliga en 1982 y 1983 y campeón de la Copa de Europa ese mismo año.

Total, que el chiste de SK, el chiste de la sopa, circula de jugadores a periodistas y es replicado de inmediato por prensa y televisión de toda Alemania. Hoy diríamos que se convirtió en suceso viral y en carne de meme. Las burlas hacia Beckenbauer eran generalizadas y eso era mucho decir con una figura mitificada como era el Káiser.

Beckenbauer actuó con rapidez. Informó a Stein de que no lo incluiría en la convocatoria para el siguiente partido. Stein interpretó esto como una medida disciplinaria y pidió volver a Alemania. En este caso ningún compañero salió en su defensa (estaban a tres partidos de la final y los valientes se convirtieron en cobardes) y Stein cruzó el charco convirtiéndose en el único jugador alemán y en uno de los poquísimos en la historia que fue expulsado durante un Mundial por cuestiones disciplinarias. Al llegar al aeropuerto de Frankfurt, Uli Stein anunció a través de los medios de comunicación que se retiraba de la selección germana.

Uli Stein

Alemania superó con dificultades a México, vapuleó a Francia en semifinales y cayó en la final ante Argentina, en donde Rummenigge volvió a ser suplente y salió en la segunda parte para forzar una prórroga en una actuación prodigiosa. Aquel subcampeonato le dio una vida extra a Beckenbauer quien a partir de entonces se mostró más sereno y decidido. Pasó de ser un exjugador a un entrenador. Cayó en semifinales de la Eurocopa 1988 y resolvió darle el mando del equipo a Matthaüs, armar un equipo inquebrantable en defensa y apostar por el joven Klinsmann en la delantera en lugar del retirado Rummenigge. Alemania, ya unificada, lograría alzarse con el Mundial de Italia 90 con esta nueva configuración.

Uli Stein pasó a ser el chico malo del deporte germano. Desmantelado el HSV Hamburgo campeón tan sólo encontró acomodo en el Eintracht de Frankfurt. Pero, aunque fuese en un equipo menor, Stein siguió demostrando ser un portero de nivel. A la altura de la temporada 1989-90 la discusión estaba en si el mejor portero alemán era Illgner o si era Stein. Aumann, el portero del FC Bayern, era más que discutido y Köpke, entonces en el FC Nüremberg, era un proyecto aún verde.

Fue entonces cuando Franz Beckenbauer llamó por teléfono a Uli Stein.

Y fue entonces cuando ejecutó su venganza.

“La vengeance est un plat qui se mange froid (la venganza es un plato que se sirve frío)”. Expresión que tiene su origen en la novela Les liaisons dangereuses (Las amistades peligrosas) escrita por el francés Pierre Choderlos de Laclos en 1782.

Otras historias con Beckenbauer de protagonista

El partido del siglo (Alemania vs Italia 1970 en dos mitades)

Lutz Eigendorf (el Beckenbauer del Este)

El último partido de la RDA (antes de que Alemania se unificase para el Mundial 1990)

¿Por qué Alemania odia al Bayern? (el motivo de ser envidiado)

Panenka (la invención del penalti imposible en la Eurocopa 1976)

El puto amo (vida y obra de Franz Beckenbauer)


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