Archivos

Lew Hoad

Lewis Allan Hoad nació en una barriada de Sydney una mañana de noviembre de 1934. Lew fue un niño enfermo. Necesitado y enfermo. No supo lo que era una raqueta hasta los cinco años de edad. Y no era una raqueta. Era un palo que sostenía un aro de metal. La pelota se la habían regalado. No era nueva, por supuesto. Era usada. Y la circunferencia distaba mucho de ser perfecta. No hablemos de pista de tenis. Evidentemente eso sería una quimera. Lew golpeaba con fuerza una pared de ladrillo que hacía las veces de parte de atrás de la humilde casa familiar.

Aquello se convirtió en una obsesión. Se levantaba a las cinco de la mañana para golpear con fuerza la pelota. Los vecinos, fuese por caridad o para sacárselo de encima, hicieron una colecta para comprarle una raqueta y pagarle una entrada en el club de tenis del barrio. No se sabe bien como aquel niño de físico endeble y técnica autodidacta, con diez años ya competía en su primer torneo. Ni siquiera llegaba a la altura de la red, pero su golpeo era efectivo y hermoso al mismo tiempo. Jugó entonces un partido con Ken Rosewall, de su misma edad y futuro ganador de ocho Grand Slam, quien le venció por un apabullante 6-0 y 6-0. Fue entonces cuando Lew decidió unirse a un gimnasio. El pequeño Lew dedicaría los siguientes años de su vida a entrenar durante siete horas diarias. Pronto se convirtió en el favorito del polideportivo y Lew será invitado a comer por unos y por otros al ver que aquel chaval famélico apenas podía sostenerse en pie vencido por el hambre.

Un par de años después los preadolescentes Ken Rosewall y Lew Head volvieron a enfrentarse en un torneo infantil. Esta vez fueron tres sets. Rosewall ganó por 6-0, 6-0 y 6-0.

Lew se marchó llorando a casa.

Meses después ambos contendientes volvieron a enfrentarse. Esta vez era la final del campeonato de Australia sub-12. A dos sets. Rosewall ganó por 6-0 y 6-0.

Lew se marchó llorando a casa.

Y decidió dejar el tenis para siempre. Tenía 12 años.

Los siguientes dos años se los pasó en la escuela. Finalizó sus estudios y se puso a buscar trabajo. Camino de los 15 años Lew Hoad se convertía en encordador de raquetas para la marca Dunlop. Tras dejar el tenis, Lew había encontrado un trabajo donde su cometido era quitarle las cuerdas viejas a las raquetas para colocar unas nuevas o bien tensar las viejas para que mantuviesen su elasticidad.

Algo brotó de nuevo en Lew y empezó a jugar al tenis aprovechando las instalaciones que Dunlop tenía tras su fábrica en Sydney. Dado que los mejores jugadores del país iban de tanto en tanto a la tienda, Lew aprovechaba para hacerles preguntas y también ejercía de sparring en los entrenamientos cuando se lo solicitaban. Sin darse cuenta contaba ya con 17 años. Era 1951. Y decidía volver a competir.

Se apuntó al campeonato australiano junior. No fue cabeza de serie en ninguna de las rondas eliminatorias, pero fue pasando todas ellas hasta que se plantó en la final. Su rival, como no podía ser de otra forma, era Ken Rosewall. El archifavorito Ken Rosewall.

Lew Hoad ganó el partido y el torneo. 7-5 y 7-5.

Fue el último torneo de juveniles de ambos. Su siguiente aparición ya sería con los mayores. Rosewall se acercó a Head y, tras felicitarle por el triunfo, le preguntó si querría formar pareja de dobles junto a él.

Durante los años siguientes la pareja formada por Lew Hoad y Ken Rosewall llegaría a nueve finales de Grand Slam ganando seis de ellas. También formarían equipo en la Copa Davis. Y también saldrían victoriosos.

Hoad y Rosewall

En la Davis Lew Hoad se destapó como un jugador asombroso tanto en dobles como en individuales. En 1955 Australia firmó el mejor año en la historia de la centenaria competición. Ganó todas las eliminatorias fuera de casa y todas por un aplastante 0-5. México, Canadá, Japón e Italia antes de viajar a Estados Unidos para enfrentarse a los norteamericanos. Lew jugó los dos individuales y el dobles para firmar otro 0-5. Era un primer espada, pero seguía sin ganar un Grand Slam individual. Mientras, Rosewall añadía a su triunfo en la Davis un torneo tras otro.

Al fin, en 1956, los dos viejos amigos se enfrentaron en la final del Open de Australia. Hoad se llevó el título por 6-3, 3-6, 7-5 y 6-4. No acabó ahí la racha. Hoad se llevaría también Roland Garros al vencer al sueco Sven Davidson y Wimbledon al derrotar nuevamente a Ken Rosewall. Increíblemente Hoad, que apenas siete meses antes tan sólo sumaba una final de Grand Slam, acababa de vencer en tres de los cuatro Grand Slam del circuito.

Tenía la opción de lograr la victoria en el Open de Estados Unidos y lograr los cuatro Grand Slam en un año. Algo inédito en dos décadas, dado que no se lograba desde 1938 cuando la proeza fue firmada por el estadounidense Don Budge. Hoad llegó a la final del torneo con una autoridad incontestable al perder únicamente un set en seis partidos. En la final, como no podía ser de otra forma, le esperaba Ken Rosewall. Hoad se adelantó por 6-4, ocurre que acabó cediendo en cuatro sets por 2-6, 3-6 y 3-6. El consuelo para Lew fue ser número 1 del mundo al finalizar el año.

A Hoad aún le dio para ganar otro Wimbledon antes de dar el salto al profesionalismo (un año antes ya lo había dado Rosewall). Aquella estúpida diferenciación entre aficionados y profesionales duraría hasta 1968 y no permitió que muchos jóvenes jugadores engordaran su palmarés. Hoad dejó de competir en los Grand Slam con apenas 26 años.

Lew Hoad

De Hoad todo el mundo hablaba maravillas. Hasta Pancho González, considerado el jugador más arisco y solitario de su generación, lo consideraba un amigo. Lew era simpático, amable, generoso y era un jugador indefendible. Dicen que no tenía un patrón de juego. Era capaz de avanzar a la red y a los pocos minutos desplegar un juego de derecha desde el fondo de la pista. Podía ganar al servicio, con bola liftada o mediante saque y volea y era capaz de hacerlo durante el mismo set o durante el mismo juego. Aquel niño enclenque se convirtió en un adulto musculado que manejaba la raqueta con tal fuerza que la convertía en un arma arrojadiza. Su obsesión por realizar pesas será tan enfermiza que acabará retirándose por problemas de espalda. Al ser operado se descubrió que tenía rotos dos discos vertebrales desplazados con herniación.

Cuando abandonó la práctica del tenis, Lew se fue a vivir a España, concretamente a Fuengirola, donde abrió una escuela de tenis, muy frecuentada durante los siguientes años por gente famosa, entre ellos, actores muy conocidos, como Sean Connery, Charlton Heston, cantantes como Frank Sinatra o hasta miembros de la realeza caso de Diana de Gales. Aquellos largos, lujosos y privilegiados viajes en avión de los 60 hicieron que su esposa y sus hijos recalasen en España. Lew tenía entonces que emprender un nuevo viaje a Sudáfrica antes de volver a la Península Ibérica para continuar con la gira europea. Su esposa se enamorará de la Costa del Sol y la familia acabó comprando un terreno en el que además del club de tenis se abrirá restaurante y hotel y se le dotará de siete pistas de tenis y otras tantas de pádel.

Su apego a España fue tal que entre 1970 y 1974 fue seleccionador nacional para la Copa Davis. Hoad falleció en 1994, antes de cumplir los 60 años, por culpa de un ataque al corazón, aunque ya arrastraba una enfermedad oncológica en el último lustro.

“El mejor tenista anterior a la era profesional de 1968 fue Lew Hoad, sin lugar a dudas. Tenía poder, volea y explosividad”. Rod Laver, ganador de 11 Grand Slam y contemporáneo de Hoad.

Otras historias de tenistas hechos a sí mismos

Guillermo Vilas (un rey sin corona)

¿Por qué nadie se acuerda de Bill Tilden? (el campeón olvidado por ser homosexual)

La revolución feminista de Suzanne Lenglen (una mujer enseñando los tobillos en la década de 1920)

Boris Becker (auge y caída de un sex-symbol alemán)

Cuando Michael Chang ganó Roland Garros (el desconocido que ganaba mandando globos a sus rivales)

Las lágrimas de Martina Navratilova (la historia de la más grande tenista del siglo XX)

Arthur Ashe (la lucha antirracista de un intelectual del tenis)


¿Quieres recibir un email cada vez que se publique una entrada nueva?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.