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PSG vs Bayern (reflexiones)

Desde que la familia real catarí adquirió el PSG en 2011 con el objetivo primordial de cimentar su prestigio a través de la victoria en la Copa de Europa, se ha esperado con ansia en París, y en buena parte de Francia, la cita que le medirá al Bayern este domingo en el estadio Da Luz de Lisboa. Con no poca razón, pensaron que a través de la chequera conseguirían su objetivo a la primera. Las estrellas llegaron a borbotones hasta el acabose de hace un par de veranos al pagar 180 millones por Mbappé y arrebatarle a Neymar al Barça por 222 kilos.

Por más que la colección de estrellas sea insultante, el PSG lleva años adoleciendo de un plan de juego. Una vez que Rabiot escapó de un vestuario lleno de egos, únicamente Verratti es capaz de darle un sentido a la circulación del balón. Cuando allá por marzo Emmanuel Macron soltaba aquello de “estamos en guerra sanitaria”, el cuerpo técnico del PSG perdió el contacto con todos sus jugadores sudamericanos hasta nuevo aviso. El único que tuvo a bien comunicarse con sus patrones fue Cavani, el cual acabó contrato el 30 de junio, decidió no alargar el compromiso y no estará presente en la primera final de la historia del PSG en la Copa de Europa.

Edinson Cavani se subió al transatlántico parisino en 2013 y es el máximo goleador de la historia del club. El club, que hace apenas una semana celebró su quincuagésimo aniversario, decidió ‘homenajear’ al delantero uruguayo excluyéndolo de un cuadro de honor con los mejores jugadores que han pasado por el Parque de los Príncipes.

Y es que el PSG puede convertirse en campeón de Europa, pero tiene harto complicado dejar un legado.

El Bayern representa a la aristocracia europea. A pesar de que su palmarés es notablemente inferior al del Real Madrid, es el único club al que le puede tutear en mística y pedigrí. Y a la par que el Madrid, es igual de amado que de odiado. Los bávaros son después de los madrileños el equipo con más participaciones en semifinales y finales de Copa de Europa, aunque su ratio de victorias es mucho menor. De lo que si puede presumir el Bayern es de ser el equipo más regular, ya que es el único conjunto que ha jugado al menos una final de Copa de Europa en todas las décadas desde 1970 (1974, 1975, 1976, 1982, 1987, 1999, 2001, 2010, 2012, 2013 y 2020), lo que demuestra una continuidad en proyectos y resultados.

El Bayern personifica el clasicismo. Un conjunto que creció a través de un grupo excepcional de canteranos, la construcción de un gran estadio y el reconocimiento social y económico de una ciudad y de un país. El PSG es un invento de una metrópolis que nunca necesitó del fútbol para brillar, pero que lo ha adoptado de manera virtual para irradiar modernidad en plena revolución tecnológica y global.

Algún lector podrá cuestionar esta afirmación. Uno se puede preguntar qué diferencia habrá entre el PSG y el Bayern si ambos conjuntos amasan fortunas y compran activos arrebatándoselos a equipos con menor músculo financiero. Para expresar esa diferencia entre los llamados ‘grandes’, los equipos que son conocidos por aquellos aficionados al fútbol y también por los que sólo se asoman al deporte rey de tanto en tanto, podríamos clasificarlos en cuatro tipos distintos:

1. Equipos que desde su fundación aglutinaron el gusto de la mayor parte de su comunidad, convirtiéndoles en hegemónicos en su ciudad y en su comarca. Con el transcurrir de los años, se convirtieron en clubes dominantes en su país y la globalización los convirtió en marca a nivel europeo o mundial. Ese proceso histórico está basado en la aparición de un elemento interno (jugadores/entrenadores/presidentes) que se cristianizan en la piedra filosofal de la idiosincrasia y de los valores del club.

2. Clubes de rango abolengo, con una gran masa social y con un pasado lleno de triunfos, pero que no han sabido ni adaptarse ni sobrevivir a las leyes de la globalización. A pesar de no mantener el nivel competitivo son capaces de aglutinar una ingente masa social y de penetrar en el acervo social de todo un país.

3. Escuadras de reciente aparición en la élite que gracias a la globalización se han abierto paso en un mercado complejo y prefijado. Hay dos subtipos. Equipos de grandes ciudades que han utilizado con inteligencia sus recursos financieros para dar un salto en sus posibilidades. Y por otro lado, equipos de suburbios o de ciudades pequeñas que a través de un buen programa de fútbol base y una cuidada selección de personal han conseguido instalarse en la élite.

4. Y por último los nuevos ricos. Escuadras con mayor o menor tradición, o incluso totalmente artificiales, que han sido comprados por un magnate para conseguir el éxito en el menor tiempo posible. La falta de masa crítica hace que sin éxitos y sin dinero su influencia se evapore.

Durante esta Copa de Europa exprés hemos visto a varios de esos nuevos ricos. A un RB Leipzig sin masa social y con apenas una década de vida, y al Manchester City, con fuerte implantación social pero de escaso valor añadido hasta que fue adquirido por un jeque casi al mismo tiempo que un empresario de bebidas austriaco hacía lo mismo con el Leipzig. El músculo financiero del City es mayor y su presencia en la élite más palpable, pero ambos conjuntos sustentan su crecimiento en una liga fuerte y una metrópolis moderna. Sólo el tiempo y el dinero dirán si su arraigo en la sociedad será permanente.

El PSG, del mismo modo que el City, tiene un pasado al que aferrarse, pero su crecimiento ha sido igual de artificial. La diferencia con el Olympique de Lyon, brillante semifinalista, es abismal. Cuando el PSG se fundaba en 1970 el gran equipo galo era el Saint Ettiene. Ésta era una ciudad orgullosa de sí misma, de extracción carbonífera y cuna de la industria armamentística francesa. El Saint Ettiene (‘el rayo verde’) llegó a jugar la final de la Copa de Europa de 1976 -precisamente ante el Bayern-, antes de iniciar su declive al mismo tiempo que se desmantelaba la industria pesada de la ciudad.

Fue entonces, a finales de los 80, cuando a 60 kilómetros de allí emergió la ciudad de Lyon. Con vestigios romanos, un gran legado cultural, importantes universidades y vaca sagrada de la gastronomía francesa, Lyon volvió por sus fueros y a inicios del siglo XXI es una ciudad luminosa que pisoteó el legado de su vecina Saint Ettiene. Una era sucia y oscura y la otra radiante y vigorosa. De igual modo el Olympique de Lyon ocupó esa sinergia y se convirtió en un poderoso club ocupando y mejorando el legado del Saint Ettiene. Así, el Olympique de Lyon es un claro ejemplo de equipo (3) y el Saint Ettiene es de tipo (2).

Pero volvamos a la final. PSG-Bayern. Francia contra Alemania. Ha sido una Copa de Europa extraña en tiempos extraños. A partido único, sin público y con una temporada alargada en el calendario hasta el infinito. Desde 1987 no había un ratio de campeones tan bajo entre los cuartofinalistas (2/8) y desde 1991 no se habían presenciado una semifinales sin escuadras italianas, inglesas o españolas. El Bayern puede lograr su sexto título, empatar con el Liverpool (6) y situarse por detrás de AC Milan (7) y Real Madrid (13). Si gana el PSG será un nuevo club al que añadir al palmarés desde que el también proyecto millonario del Chelsea se coronase en 2012 al vencer en los penaltis, precisamente -otra vez-, al Bayern.

Veremos cual equipo y cuales jugadores desencantan la balanza, pero los focos apuntan a tres. En Francia todos los ojos estarán puestos en el parisino Kylian Mbappé. Si Mbappé hace un doblete las mentes pensantes de ‘France Football’ se rasgaran las vestiduras, ya que hace apenas un par de semanas se pegaron un tiro en el pie al anunciar que este año se dejaría desierto el palmarés del Balón de Oro. Con la liga francesa parada desde marzo y sin Eurocopa en el horizonte, no contaban con ver a algún gabacho triunfar en Lisboa.

Lo cierto es que las excusas fueron peregrinas. Que si la Copa de Europa se completa a un solo partido, que si no hay Eurocopa y que si no sabemos aún si volverán las ligas cuando llegue septiembre. Pero el caso es que sigue habiendo fútbol, y si no es Mbappé quizás sea Neymar el que se quede sin balón dorado. Por hambre y ganas, no hay futbolista que más lo reclame en esta burbuja lisboeta que el brasileño. Su nivel de compromiso con la Champions es inversamente proporcional al que demuestra en la Ligue 1.

La lógica dice que tanto Neymar como Mbappé tendrán otra oportunidad de ganar el Balón de Oro. No será ese el caso de Robert Lewandowski.

Estrella de una selección menor sin opciones en Mundial o Eurocopa, Lewandowski ha completado la temporada de su vida. Con 31 años, el polaco es el heredero de Lato y Boniek, y tiene en esta final la opción de coronarse como el gran ‘9’ de la última década. Alto, fuerte y corpulento, es capaz de encimar a los centrales y crearse su propio espacio en el área. Ostenta un sublime juego de espaldas y posee el instinto depredador necesario para completar segundas opciones. Es un ‘rara avis’, un ‘9’ de los que no quedan, pero, y ahí su excelso nivel, sabe dejarse caer a la banda, dispara con las dos piernas, juega al primer toque, ha aprendido a jugar de falso ‘9’ y posee una estética y una flexibilidad sólo comparable con la de Ibrahimovic.

El Bayern puede ser el primer equipo de siempre en proclamarse campeón ganando todos y cada uno de los partidos. Si lo hace lo hará fiel a su estilo. A la alemana. Como un pegador sin compasión. Monótono y molesto, a la espera de dar la estocada. El PSG buscará la gloria a la parisina. Con prisas, con ruido y con insolencia. Pero también con belleza, con arte y con harmonía. A lo parisino. A lo Neymar.

“Si mi teoría de la relatividad resulta exitosa, Alemania me reclamará como alemán y Francia declarará que soy ciudadano del mundo. Si mi teoría resulta equivocada, Francia dirá que yo soy alemán y Alemania declarará que soy judío”. Albert Einstein.


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